Capítulo VI: Entrega total
Miroku llego a la mitad del camino en donde comenzó a observar pequeños restos del traje de exterminadora, sintiéndose morir continuo acercándose y allí la vio… Estaba tan indefensa, parecía que una bestia la había atacado y rápidamente se acercó para llevársela en brazos continuo su camino cargándola a ella.
La exterminadora luchaba por despertar se sentía abrumada solamente era soledad y se volvió a sentir muy frágil; volvió a ser una niña y comenzó a llorar.
Sabía que no deseaba ser tocada por otro hombre o en este caso la entidad que había estado sobre ella; de repente sus ojos se abrieron y encontraron sus amados zafiros.
-Sanguito, ¿estás bien?
-Sabía que vendrías por mí
-Por supuesto.- la beso con delicadeza.
Le dio a su novia la bolsa que contenía su traje de aldeana, ella lo tomo gustosa y se cambió rápidamente; cuando llegaron sus amigos la pareja ya iba saliendo del camino.
-Que bien, no les sucedió nada.
-Por supuesto, Kagome.- ella sonrio.
-Creo que debemos ir al castillo y descansar.
Los cuatro jóvenes retornaron su camino rumbo a la casa del terrateniente, fueron a las habitaciones que él les proporciono y decidieron descansar.
XXX
Era medianoche y él no podía dormir. Necesitaba hacer ese viaje, busco un pergamino en blanco y escribió una nota, debía avisarle a su prometida.
Entro a la habitación de las chicas, las vio dormidas y puso la carta cerca de Sango… Se marchó en las sombras, pero justo cuando iba a abordar a Kirara una sombra lo saco de sus pensamientos.
Era la figura de Sango tras él y por fin había logrado huir del castillo, a paso presuroso se dirigió hacia donde estaba el.
-Miroku, porque huyes.- preocupada le pregunto.
-No es eso, debo salir a ver a mi maestro.
-Pues, ¿quieras o no?- hizo una pausa-Viajaré contigo.
Sin más remedio el chico asentó con la cabeza, algo de alegría le daba al saber que su novia no estaría lejos de él.
XXX
Luego de un par de horas de viaje, ambos llegaron al templo buscado. Todo era tranquilidad y se acercaron rápidamente a la choza del monje, tocando la puerta.
-Mushin, soy yo Miroku- subió la voz- Ábreme.
-Excelencia…
Se escuchó un ruido, frente a ellos estaba el maestro del ojiazul, totalmente sobrio y somnoliento.
-Sucede algo, ¿hijo?- bostezo- Soy las dos de la madrugada-No pudiste esperar hasta mañana- vio a la chica- Hola exterminadora, gusto en verla.
-Es un placer.- hizo una reverencia.
-Necesitaba venir a hablar contigo, maestro.- reverencia- Si desea hablamos de esto en la mañana.
El viejo monje dirigió a su discípulo y la prometida de este a una habitación al fondo del pasillo del templo, ambos decidieron descansar y se acostaron en dos tatamis uno junto al otro.
Las horas pasaron y logro llegar el amanecer el ojiazul se fue a buscar a su maestro, mientras dejaba descansar a la chica.
XXX
El joven de ojos zafiros lo encontró desayunando, no era extraño verlo comer arroz y mirar las hojas del árbol.
-¿Sucede algo, Miroku?
-Por supuesto-se acercó a él- Le entrego un diario- No entiendo que hace el nombre de mi abuelo y si eso tenga que ver con un demonio que ataca mujeres embarazadas.
-Mmm, no recuerdo- suspiro- Tu abuelo era un ser de luz muy poderoso; hijo planeo ir de compras al mercado cercano con Hashi y espero que no te moleste estar cerca de Sango.
-Para nada.- Contestando resignado.
XXX
Regreso a la habitación donde había dejado a la castaña, vio que estaba sentada en la cama tallándose los ojos y esto le provoco una sonrisa. Ella sintió su presencia y le sonrió como saludo.
-Miroku, buenos días…
-Buenos días, querida- sonrió- ¿Te pasa algo?
-Nada olvídalo- un rubor comenzó a invadir el rostro de ella- Me da pena decírtelo.
Él se acercó a donde estaba ella, la beso en la frente intentando alentarla.
-Cuando me necesites, dime.- Le brindo una sonrisa.
Ella lo miraba fijamente, el monje intentaba pararse pero unos brazos lo sujetaron firmemente y ella tímidamente hablo.
-Ayer me asuste bastante, Miroku.
-Descuida…
-Sé que no me sucedió nada y pero deseo ser tuya.- La chica tomo la cinta de su kimono blanco, la desato y mostro su desnuda figura a él.
Sango, yo….- Él tuvo dificultad de pasar saliva y un beso por parte de ella fue suficiente para motivarlo.
Miroku comenzaba a acelerar el ritmo del beso, mientras que rápidamente se tumbaba sobre la chica, admiro los pechos de su chica y le quito la prenda que cubría su desnudez. Sus labios comenzaron a descender desde su boca, al cuello y finalmente quedaron prendidos en el pecho de la chica, él se deleitó saboreando los dos senos bien formados de la chica.
El monje se deleitó con cada parte del cuerpo de la mujer que amaba, sintiéndose satisfecho al escuchar gemidos y verla ruborizada con los ojos cerrados, le susurró al oído.
-Sango, no seré capaz de detenerme.
-Pues no lo hagas.- Lo cayo con un beso y con sus manos quito la prenda que cubría al chico.
Totalmente desnudos el acerco sus dedos a la intimidad de su novia, fue introduciendo uno a uno hasta que noto que comenzó a sentir una humedad que delataba que ella también lo disfrutaba y ella no se quedaba atrás sus torpes dedos comenzaban a tocar el miembro del chico.
-Miroku, ¿por qué me haces esperar?- Cerrando los ojos.
-Debo de prepararte, preciosa- saco sus dedos y revelo la excitación de ella- Veo que ya estas lista.
-Hazlo ya…
El monje no espero más, nunca había experimentado este lado salvaje de su Sango y pero entonces recordó los preservativos que le regalo la chica del futuro; dejo un poco de tocar a su novia y se lo colocó. Comenzó delicadamente a introducirse en el virginal interior de ella, unas pequeñas gotas de sangre salieron, no espero mucho tiempo a que se adaptara y comenzó a aumentar el ritmo rápidamente, mientras que ella le respondía subiendo las piernas aumentando la intensidad.
El continúo realizando movimientos rápidos, cambiaron de posiciones para disfrutar aún más su unión, ella demostró sus habilidades guerreras subiendo la intensidad y se excito al escuchar los gemidos que le hacía provocarle.
-Sango, eres la mujer más hermosa.- Besándola con recelo.
-Excelencia, deseaba que fuera el único.
-Eres mía, preciosa- susurro al oído- Te prometo hacerte el amor todos los días y para demostrarte con ello mi amor.
-Miroku… ahh más.- Siento el intenso movimiento, con ello llegando alcanzar el orgasmo.
Y yo a ti- Llegando a alcanzar el clímax y soltando toda su esencia dentro del preservativo- Deseaba hacerte mía.
Con un beso se fundieron, volviéndose a entregar al deseo y la pasión que sentían uno por el otro. Se abrazaron al llegar tres veces al máximo, agotados se dejaron llevar por los brazos de Morfeo.
