Notas de la Autora: Luego de la primera vez juntos, Miroku descubrirá los secretos de su familia y Sango comenzara a inquietarse por algo.
Descubriremos que es lo que sucede con el joven Terrateniente.
Espero les guste, saludos y dejen sus comentarios!
Capítulo VII: El diario de Miatsu y el demonio
Miroku abría sus ojos zafiros, mientras se sentaba en el futon. La exterminadora seguía dormida a su lado, le dio un tierno beso en la frente y ella le sonrió.
Lentamente levanto, dejándola descansar, se colocó una yukata color blanca que tenía a su lado, se dirigió al recinto donde sabría encontraría a su maestro.
Camino observando y recordando lo mucho que había crecido en este templo desde que su padre lo había dejado siendo un niño inocente, como había aprendido de algunos hábitos de su mentor.
Pese a eso, siempre había deseado conocer a una mujer que lograra hacerlo feliz y con la que lograran formar una familia que era lo que Naraku le había arrebatado.
Llego al santuario donde su maestro estaba meditando se sentó a su lado y cerró los ojos, agradeciendo a Buda por todas las bendiciones.
XXX
Dentro de la mansión del terrateniente, un inquieto hanyou esperaba inquieto a su novia en la puerta. Cuando sintió su olor acercarse a el, comenzó a quejarse de los minutos de tardanza.
-Kagome, porque eres tan lenta- reprochándole y mientras le quitaba la mochila.
-Inuyasha, nunca cambiaras- suspirando- Por cierto, Inuyasha ¿Dónde está Kuranosuke?
-No lo sé- disgustado- Tal vez en su estudio leyendo algo.
-Es que me extraña que este tan tranquilo después de que Sango y Miroku salieron….
A unos cuantos pasos de ellos, una figura de un hombre los observaba inquieto esperando tener alguna noticia del paradero de la joven exterminadora.
XXX
Luego de meditar por unas cuantas horas los dos monjes, se retiraron con una reverencia del santuario. Lentamente caminaron por largo pasillo del templo y el viejo monje le pidió a su aprendiz que escuchara, el descubrimiento que había ocurrido días atrás.
Flash Back
Días antes de la llegada de la pareja, Mushin se encontraba limpiando su biblioteca. Hasta que algo pareció llamar su atención, era un extraño cuaderno que había permanecido oculto en un rincón, leyó con atención una nota que decía allí.
Al abrirlo detecto, un antiguo japonés. No lo había visto en textos desde que él era muy joven. Solamente había conocido a alguien que lo escribía y esa persona se llamaba Miatsu, el abuelo de Miroku.
Leía página por página, lo escrito en el diario, anotaciones de los sucesos más relevantes. Hasta narraba el nacimiento de su hijo Misato la trágica muerte de su esposa Hina. Y es que no era de extrañarse todas las mujeres que amaban a un Houshi tenían una maldición, al dar a luz a su bebe fallecían en el parto o simplemente desaparecían.
-Es algo extraño eso- mientras fumaba su pipa.
Continuo leyendo y una anotación en otro color resalto su vista, su compañero mencionaba que esto era una obra de un poderoso demonio. Al principio su esposa se encontraba escéptica, pero al nacer su hijo se deprimió y fallecio al poco tiempo.
Luego continuaba un párrafo que hizo preocuparse.
-La única manera de lograr ver al demonio… Es que una mujer tenga ascendencia con un miembro de la familia Houshi y la maldición se romperá cuando nazca una mujer, aunque la madre será llevada al otro mundo.
Fin de Flash Back
Miroku quedó pasmado, analizo por un momento las palabras dichas por Mushin, llegando a la conclusión de que pronto tratarían con este ser; ya que Sango y el estaban planeando tener su familia pronto.
-Debes prepararte, hijo- mientras bebía un poco de sake.
-¿Por qué, maestro?- mirándolo confundido- Sango y yo…
-Descuida, mi discípulo- evitando la mirada directa-Es una inquietud tal vez mia, pero algo me dice que pronto Sango quedara encinta.
El ojiazul se asombró, decidió hacer una referencia se dirigió hacia la habitación donde una hermosa exterminadora descansaba.
XXX
Ella corría desesperada sosteniendo a su hijo, mientras Kagome iba llegando al lugar junto a Kirara. Miroku se encontraba al lado de ella. Peleando junto a Inuyasha el demonio estaba acercándose.
-Rápido, debes huir- decía el chico de ojos azules.
-No, Miroku- desperada y sus ojos se llenaban de lágrimas- Por favor, hazlo por nuestro pequeño.
-Rápido, inútiles- gritaba un hanyou- Sango, por favor… Este demonio es muy poderoso, tú eres la que corre más peligro.
La mirada del joven monje fue la clave de todo, tomando el rostro de Sango, le dio un tierno de beso en los labios fríos de la chica y se marchó sin decir palabras. Ella intentaba correr al lado de su amiga, pero algo lo impidió. No podía moverse y sentía el terror.
Rápidamente su amiga se acercó volando sobre Kirara.
-Por favor, Kagome- decía ella- toma al bebe y apártalo de aquí, llévalo junto a Kaede y Kohaku.
Rápidamente la azabache, recibió al pequeño niño entre sus brazos y lo cubrió con la manta. Por un momento la exterminadora tuvo una ligera tranquilidad, que termino al sentir una extraña sensación de algo sostenía sus pies.
-Gracias, Kagome- suspirando y mirando a su amiga junto a su hijo- Dile a Miroku, que cuide a nuestro hijo….
La pelinegra soltó un aterrorizante grito, al ver a su amiga siendo devorada por el suelo, mientras unos pasos rápidos se acercaban a ellas, eran Miroku e Inuyasha.
-Sangoooooooooooo
Ella despertó de ese escalofriante sueño. Era algo difícil de creer después de lo acontecido la noche anterior, al volverse mujer con el único hombre que amaba. Se levantó cubriendo su desnudez con la sabana, mientras observaba las ligeras manchas de sangre prueba de su primera vez.
Escucho unos ligeros pasos acercándose a la habitación, se puso algo nerviosa y se tranquilizó al ver al joven monje entrar con una bandeja de comida.
-Hola dormilona- suspirando y colocando la comida a su lado- Pensé que tenías hambre…
-Muchas gracias, su excelencia- ruborizada y cubriéndose con la sabana- Usted, ¿ya comió?
-Deja de hablarme de tu- decía el, acercándose y tomando su mentón- Llámame por mi nombre, si no es que quieres que vuelva a hacerte hacerlo gritar como anoche.
-Pero es que...- mientras fue callada por el beso del joven- Miroku, por favor hazme tuya de nuevo.
El sonrió de nuevo para sus adentros, mientras quitaba la sabana del cuerpo de la castaña. Observo su perfecta figura con atención, ella lo miraba con la cara sonrojada.
La acostó sobre la cama, poniéndose el arriba y sin palabras comenzó a deleitarse con cada parte de ese cuerpo perfecto. Sango simplemente soltaba gemidos de excitación y eso hacía que el joven no parara.
Al contrario, el monje bajo a la vagina de la chica y comenzó a disfrutarla con su boca; la castaña comenzó a sentirse aún más excitada.
-Miroku, por favor- decía ella mirándolo fijamente- Necesito sentirte dentro de mí, como ayer…
Él se detuvo, se desnudó la coloco sobre él, le introdujo por completo su miembro excitado y la chica soltó un ligero grito, que fue callado por la boca de él. Lentamente ella comenzó a moverse, sintiendo una excitación indescriptible, pese a lo que había visto en libros que llevaba Kagome. No era comparación para lo que sentía en este momento.
Las embestidas comenzaron a ser más fuertes, esto ocasiono que luego Miroku la tomara y comenzara a cambiar sus posiciones, llevándola a la locura.
Finalmente la puso en cuatro, quedo excitado al ver el gran trasero de la chica. Continuo entrando en ella de forma ruda, mientras Sango gemía y en ese momento fue cuando sentía que terminaba.
-Mi amor, voy a terminar- decía el ojiazul.
-Yo también, Miroku- entre gemidos- hazlo dentro de mí.
Así cumpliendo la petición de su amada castaña, el chico derramo toda su esencia dentro de ella. Al salir, observo con atención los restos de semen, y lo que sucedió a continuación le excito bastante.
La chica acerco su boca a su miembro, comenzó a limpiar los restos del líquido, mientras el jalaba su cabello de la chica, ella continuaba con los ojos cerrados.
-Oh, Sango me vas a volver loco- gimiendo- Vas a hacer que termine de nuevo.
Ella no protesto y simplemente continuo hasta que el soltó toda su esencia dentro de su boca, él la miro asombrado como lo pasaba sin ningún asco.
Continuaron haciendo el amor por horas y horas entregándose sin medir alguna consecuencia, pues el amor entre ellos valía cualquier riesgo. Finalmente terminaron muy entrada la noche, ella cayo desvanecida y el abrazaba dulcemente observando la cicatriz de su espalda.
-Miroku, te amo- dijo entre sueños.
-Yo a ti, hermosa- suspirando- Siempre y para toda la vida.
XXX
El joven castaño se encontraba en su habitación, observando en la ventana con la mirada perdida. No dejaba de pensar en Sango ni un solo segundo, quien no había después de marcharse con ese monje.
Pero unos toques en su habitación, lo hicieron romper su concentración.
-Adelante- suspirando desganado al ver a su joven sirvienta.
-Señor Takeda- decía la sirvienta acercándole un plato- Me preocupo que no tomara algún alimento…
Él se colocó tras de ella y disculpándose por hacerla sobresaltar.
-Descuida, bella Maki… eres muy bella- mirándola fijamente- No deseo cenar otro alimento, solo con una condición….
Se sentó en la cama y le pidió que hiciera lo mismo.
-¿Cuál, mi señor?- decía sonrojada la chica.
-Que me hagas sentir el hombre más feliz del mundo- mirándola con dulzura.
-¿Cómo es eso?- decía la inocente chica de dieciséis años.
-Desnúdate y ven a la cama conmigo…
Sin palabras la chica, decidió cumplir la orden de su señor, se quitó toda su ropa y quedo desnuda. Luego se colocó a su lado, él le pidió que lo desnudara con lentitud.
La chica acepto sin oponerse, ya desnudo le amarro las manos con una cuerda, y le pidió que metiera en su boca. Ella realizo la orden, el joven suspiro entre gemidos como ella torpemente probaba todo, no dejo que se apartara hasta que se derramo en ella.
La chica trago todo el semen, sin ningún respiro él la aventó en la cama y se acostó sobre ella, fuertemente se introdujo dentro de ella. La chica soltó un grito al ser penetrada salvajemente, mientras el continuaba excitándose aún más.
Las penetraciones era cada vez más salvajes, la pobre de la chica no hacía más que tratar de soportar lo que su amo hacía con ella y mientras el soltaba cantidades de esperma en su virginal vagina.
-Señor Takeda, deténgase por favor- gemía la chica.
-Oh, Maki debía hacer esto hace tiempo- riendo con malicia.
La chica se asustó del comentario de su amo, cuando volteo a verlo vio la cosa más espantosa del mundo. El joven Takeda tenía los ojos completamente de color rojo, unas marcas en el rostro y una expresión llena de malicia.
-Pronto darás a luz a un pequeño niño- riendo y mientras veía a la chica aterrorizada- Es lo que quiero hacer a todas a aquellas mujeres, aumentar mi descendencia…
Finalmente termino, la chica soltó un grito que hizo estremecer el lugar y el trono los dedos ella cayo desvanecido en la cama, borro la mente de la chica y la desapareció. Comenzó a vestirse, mirándose en un espejo.
-Pronto tendré a Sango y seria solo mía y no de ningún monje tendrá esa fuerza tan poderosa para mí - sonriendo con malicia- Aunque pensándolo, Kagome no está nada mal y con esa energía tendría los hijos más fuertes…
