¿Qué es lo que Adam va a decirle a Teela? ¿Y cómo reaccionará ella? Están a punto de saberlo...

Teela subió andando todo el camino hasta los Jardines Privados, la apartada y hermosa zona del palacio conocida solo por la familia real y sus amistades más cercanas, donde Teela había pasado muchas horas de su infancia, bajo el cuidado de la propia reina Marlena. Llegó unos minutos antes para esperar al príncipe Adam, así que se sorprendió al ver que ya estaba allí.

-He sido convocada y asisto, príncipe Adam.

-Sólo Adam -pidió él.

-Esta es una reunión oficial, su Alteza -Teela sabía ser exasperante sin decir una sola palabra inadecuada.

-Sólo lo hice porque no me dejaste opción. No he sido capaz de encontrarte por dos semanas seguidas.

-Al ejercer un derecho real, príncipe Adam, no es necesario dar explicaciones.

-Has estado evitándome intencionalmente.

Ella no se atrevió negarlo. Pero, ¿por qué tenía que hacerlo notar? ¿No estaba ya su orgullo satisfecho? ¿Qué esperaba, una confesión escrita? La ira comenzó a escalarle por el pecho. Lo mejor que pudo hacer fue quedarse en silencio.

-Por favor, Teela, déjalo. Nos conocemos muy bien, desde la infancia. Más que una oficial de alto rango, te considero una amiga.

Teela sintió su cara ponerse roja y sus ojos, llorosos, sin poder mantener su careta de frialdad,

-¡Entonces debes saber lo difícil y humillante que es esta situación para mí! ¿No podías sólo dejarme disimular, en el nombre de esa la amistad?

-Teela, ¡en verdad quería pasar la noche contigo! -dijo Adam casi demasiado alto.

Teela se congeló por un momento, con los ojos bien abiertos, toda la ira había dejado su cuerpo cuando preguntó en voz baja:

-Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

-Déjame ser claro en algo: fue lo más difícil de resistir. Pero, verás, tú estabas apenas consciente y yo también estaba muy bebido. No podía arriesgarme a que lo lamentaras a la mañana siguiente. Porque me importas profundamente, debes saberlo. Esa es la razón.

Sus dulces ojos azules no mentían. Él no la había rechazado, él tenía su bienestar en mente. Esta explicación calmaba su orgullo herido.

-Es un motivo honorable, no puedo discutir con eso. Y... bueno... si me das tiempo... seremos buenos amigos otra vez, pronto.

-Eso no es lo que quise decir -dijo él, incapaz de reprimir una sonrisa.

-Entonces... ¿qué...?"

Él se acercó lentamente, colocándose a un paso de ella, mirándola directo a los ojos, con una voz profunda, dijo:

-Teela, todavía quiero pasar la noche contigo -unió su frente con la suya, en un ruego íntimo-. Invítame, invítame ahora...

Adam le levantó barbilla con su mano y besó a Teela profundamente. Ella respondió vacilante, con el corazón latiendo más rápido. Cuando él se separó de ella, pudo leer la agitación de las emociones en sus ojos, por lo que sonrió y dijo con una voz suave:

-O cuando sea que estés lista.

Y luego se alejó.

Adam la dejó sola, porque sentía qué tan agitada estaba ella, y ponerla bajo demasiada presión nunca había ido bien para ninguno de los dos.

Teela estaba atontada por el encuentro. Durante las últimas dos semanas había sentido la inseguridad y la desesperación morderle los talones, a pesar de lo rápido que había estado corriendo y entrenando y ocultándose.

Él había evolucionado de ese joven que ella encontraba atractivo pero también algo soso, a un hombre pleno con fuerte moral y una mente aguda. Como si la innegable química entre ellos no fuera lo bastante confusa, ella realmente se preocupaba por su felicidad, más allá de sus deberes militares. Durante años y años ella había ignorado los sentimientos que tenía, sobre todo por su propia paz mental, pero ahora...

Al meditar sobre aquello, se dio cuenta de que tenía que encontrar fuerza en su propia vulnerabilidad. Podría ser orgullosa y alejarse, pero ¿cuál sería el mérito en eso? Podría desdeñar lo que había pasado como una mera excitación sexual incitada por (montones de) alcohol y luego perder la oportunidad de estar con él, la posibilidad de... ¿ser feliz? Le tomó mucho más coraje admitir que estaba enamorándose de Adam, que guíar a las tropas en cualquier batalla que pudiera recordar.

Vaya, vaya... quién lo hubiera dicho... ¿y ahora, cómo responderá Teela? Si les gusta lo que leen, por favor, comenten...