Adam había estado vagando por los jardines toda la mañana. Trató de hacer algo útil, pero estaba agotado por la última aventura de He-Man de la noche anterior. Demasiado cansado para seguir practicando tiro con arco, decidió que era mejor volver a sus aposentos, para escribir esa temida disertación sobre la ley de comercio que debía presentar a sus mentores, o al menos responder algunas cartas. Cringer, por qué no, continuaba durmiendo cerca de la ventana.
Sobre su escritorio, vio una gran caja de cartón atada con cuerda simple. Reconoció que ese cordel era exactamente el mismo utilizado por la milicia para todo tipo de propósitos. Este paquete tendría que haberlo dejado Teela, tenía que ser.
Dentro de la caja había un uniforme, completo con botas, armadura y casco. En la parte inferior, Adam encontró una nota.
"Este uniforme necesita aprobación tanto militar como real. Su opinión se espera a las 11."
Esta era la respuesta que había estado esperando durante ya muchos días.
Ella había tenido tiempo para pensárselo bien ¡y lo estaba invitando a visitarla!
Aunque sus aposentos privados eran espaciosos, ahí nunca había sentido privacidad completa. Alguien podría llamar a su puerta en cualquier momento, con un mensaje o una petición... así que llevó el paquete a su lugar favorito, el salón de entrenamiento. Aparte del adiestramiento regular que tenía, y las horas regulares de limpieza, el resto del tiempo nadie entraba en el lugar.
Se probó el uniforme y le ajustó perfectamente. Teela lo conocía mejor de lo que él pensaba, era una sorpresa agradable.
Después de la puesta del sol, se fue al mercado del río, en parte para probar el disfraz y sobre todo para distraerse de… los planes que tenía para la noche. Buscó algo para comer y luego vagabundeó en busca de un pequeño presente de Teela. ¿Flores? ¿Vino? No parecían apropiados. Pero él no quería llegar con las manos vacías, así que se decidió por un chal púrpura.
Llegó a las once en punto a lugar de Teela. Ella abrió la puerta y rápidamente lo dejó entrar. Vestía la túnica de algodón crudo que siempre llevaba cuando estaba en casa. Su cabello estaba simplemente trenzado hacha un lado.
-Te sienta bien -dijo Teela para romper el silencio, en referencia al uniforme que Adam llevaba.
-Elegiste la talla correcta -respondió mientras se quitaba el casco-. Ah, traje algo para ti-, sacó el chal que había envuelto alrededor de su cuello y se lo entregó a Teela.
Ella lo agradeció sinceramente y se envolvió en él.
-Por favor, siéntate. Tengo un poco de infusión de hierba solar, si quieres -sin esperar a que él respondiera, sirvió dos vasos.
Adam notó que esta vez había dos sillas y esto lo hizo sonreír. Empezaron a tomar sus bebidas en silencio.
Fue un momento incómodo y maravilloso.
Adam tomó la mano de Teela y empezó a hablar acerca de su día, como si fuese la cosa más natural del mundo. Unos momentos después, Teela se sentía a gusto de la mano de Adam; se sentía bien.
Poco después, Adam la atrajo suavemente hacia él, invitándola a sentarse en su regazo sin una sola palabra. Luego comenzaron a besarse suavemente, sin prisas. Esto continuó hasta que ambos hicieron una pausa y se miraron a los ojos. Sabían que el momento había llegadoo.
Ella guio a Adam junto a la cama, donde se desnudaron mutuamente.
Teela miró detenidamente el cuerpo desnudo de Adam, y esto lo hizo ruborizarse un poco. La manera que ella lo miraba con fascinación, sólo sirvió para alimentar su deseo.
Empezaron a besarse otra vez, incesantemente. Él le pasó la mano por el costado hasta posarla su cadera. La atrajo aún más y besó su cuello. La escuchó respirar con fuerza mientras bajaba hasta sus senos, besando y acariciando. No se detuvo hasta que pudo oírla jadear suavemente.
Adam tenía una forma de mirarla con devoción y dulzura y deseo al mismo tiempo que derribó cualquier resistencia que ella pudiera conservar. Ahí mismo supo que podía confiar en él; se sentía plenamente aceptada exactamente como era y eso hacía toda la diferencia en el mundo para ella.
Al poco rato, estaban recostados en la cama, explorándose mutuamente. Teela era un poco tímida al principio, pero escuchar a Adam gimiendo su nombre la volvió más atrevida. Su cuerpo decía lo que ella no se atrevía a pronunciar en voz alta.
Rodaron sobre la cama y la tensión creció mientras sus cuerpos se acercaban más.
-¡Ya! -ordenó ella, tanto como lo rogaba.
Ella fijó sus ojos en los de él, al tiempo que lo sentía entrar, lentamente al principio, acompasando sus ritmos. Era difícil para Adam contenerse al sentir sus caderas moviéndose ansiosamente debajo de él, así que se detuvo un momento, recreándose al mirarla. Incluso en la tenue luz de la lámpara de la mesilla, Adam podía ver el alegre rubor en las mejillas de Teela. Esto lo hizo sentir orgulloso y también le derritió el corazón.
Se recostaron sobre sus costados, para prolongar el placentero contacto. La cadencia de sus movimientos comenzó a acelerarse otra vez, y cuando Teela alcanzó el clímax, Adam se dejó ir para unirse a ella en el éxtasis.
Y así, hicieron el amor por primera… y segunda vez aquella noche.
+++ todavía queda mucho por contar ;)
