Tal como habían acordado, Adam regresó pocos días más tarde, otra vez disfrazado de guardia. Cuando Teela abrió la puerta, él dijo:

-No puedo quedarme, hay alguien mirándonos.

-Adam, no me importa si saben que pasé la noche en compañía. Tengo derecho a una vida privada. Entra.

-Sí, tienes derecho a una vida privada, pero no quiero a nadie hablando de ti si puedo evitarlo. Créeme, es lo mejor. Voy a encontrar una manera.

-Sabes que no puedes convocarme para fines sexuales, ¿cierto?

Adam se sintió herido por la broma oscura. Teela podía notar que él estaba enojado, por el aspecto de su rostro.

-Desde luego que lo sé. Teela, a veces eres demasiado áspera conmigo. Para con eso, ahora somos adultos.

Teela desvió la mirada.

-Nos reuniremos otra vez, pronto. Extraoficialmente -dijo Adam, enfáticamente. Y se giró para marcharse.

Adam escuchó a Teela azotar la puerta detrás de él y eso lo enfureció.

-Eso hace cuando está enojada. Esperemos que se le pase pronto –dijo para sí, tratando de apaciguar su propia frustración.

Él había pensado que las cosas entre ellos irían maravillosamente, después de haber compartido algo tan hermoso. Aunque, como lo demostraba el reciente episodio, eso también volvía los asuntos más sensibles.

Así que eso era lo que su mentor de salud había tratado de explicarle, tanto tiempo atrás, al decir que "el acto del amor no es un sustituto, sino un magnificador", al tiempo que el anciano advertía sobre "los azares de la promiscuidad". No había manera en que, a sus 15 años, el despistado de Adam pudiera haber encontrado sentido alguno en aquel pomposo discurso.

Aquí estaba él, años más tarde, aún confundido por las implicaciones del "acto del amor".

Adam no entendía por qué Teela era tan combativa todo el tiempo, especialmente con él. Sobre todo con él. Sólo con él. Ahora que lo pensaba, nadie más era objeto de sus ataques.

Por contraste, ella se mostraba tan tranquila y agradable cerca de He-Man, siempre se reía de sus bromas, e incluso la había pillado mirándolo con ojos chispeantes de admiración. Adam casi se sentía celoso de él… ¿mismo? Bueno, eso ya era suficiente rareza para una noche. Mejor sería intentar a dormir un poco.

Teela estaba muy irritada. A veces, Adam se sentía herido tan fácilmente, y se mostraba muy convencido de que las cosas serían a su manera. Estaba tan seguro que se reunirían otra vez... ¿y si ella decidía ponerle fin para darle una lección? Eso le enseñaría.

Ella se fue a la cama, sabiendo que sería inútil y que no tendría ningún descanso esa noche. Las horas que logró dormir, soñó con el Castillo de Grayskull y sintió la necesidad de ir allí.

Por razones poco claras para ella, se sentía como en casa en el antiguo castillo, y por supuesto estaba la presencia cálida y acogedora de Sorceress. Tendría que esperar hasta la mañana y la noche parecía eterna.

Sorceress se sorprendió por la temprana visita y el evidente malestar en el rostro de la joven.

Teela ofreció su ayuda en cualquier tarea que Sorceress necesitara.

-He estado descuidando mi biblioteca por demasiado tiempo, tu ayuda es más que bienvenida -dijo Sorceress.

Pasó una hora entera, con las dos mujeres desempolvando y acomodando libros, casi en completo silencio. Entonces Teela, sin hacer contacto visual, finalmente compartió su sentir.

-Me he metido en una situación espinosa, y continúa complicándose -sólo se quedó allí, con aspecto abatido-. Sé que yo misma lo provoqué, pero ahora ya no sé cómo lidiar con esto.

Sorceress vio que la energía vital de Teela estaba alterada alrededor de su pecho y su cabeza.

-Esta situación requiere de la Aguas de la Visión -fue la conclusión de Sorceress.

De inmediato, preparó una poción y vertió tres gotas en una gran copa de plata, llena de agua pura. Le dijo a Teela que se sentara en un sillón y que tomara seis pequeños sorbos de la copa. Cuando Teela cerró los ojos, Sorceress dejó caer nueve gotas de agua sobre la frente de Teela. Para la novena gota, Teela estaba en profundo trance.

-¿Qué es lo que ves, Teela?

Los ojos de Teela se movían por debajo de sus párpados mientras exploraban la escena en su mente.

-Tengo una manzana roja y grande en mi mano, es hermosa; la miro durante mucho tiempo. La guardo en mi bolsa para más tarde. Pero luego me apetece muchísimo, así que la tomo en mi mano otra vez y la huelo. Entonces le doy una mordida.

-¿Qué pasa después?

-Cae de mi mano, o yo la tiro, no lo sé. Pero no hago nada; sólo la dejo allí y la miro pudrirse. Eso es todo, la visión se ha ido.

Sorceress ayudó a Teela a salir cuidadosamente del trance. Tenía una expresión tranquila mientras explicaba la visión.

-Una manzana a menudo simboliza un corazón, podría ser tuyo o puede representar alguien a quien quieres. ¿Qué crees que significa morder la manzana?

Le tomó unos segundos a Teela captar el significado de la imagen.

-Que dejé de mirar y actué de acuerdo a mis impulsos.

-Y, ¿te gustó su sabor?

-Sí, era dulce y fragante; el olor era delicioso, casi como un perfume.

Sorceress le sonrió.

-Entonces, esta vez tus impulsos estaban en lo correcto.

De repente, Teela se sintió agitada al comprender.

-Pero luego se cae y se pudre y... y... no quiero que eso suceda. ¡Debe haber una manera de evitarlo! Sorceress, por favor, ¡dime qué hacer!

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