Por una vez, Sorceress olvidó las apariencias y abrazó a Teela como lo haría una madre.

-Calma, Teela. No hay de qué preocuparse. Lo que has visto no es el futuro -ella limpió una lágrima de la mejilla de Teela-, el agua es el elemento de las emociones; las Aguas de la Visión revelan lo que sientes, de una forma que puedas entenderlo.

-¿Mis sentimientos?

-Creo que es bastante claro para ti ahora, lo que quieres y lo que no. Así que actúa en consecuencia.

Sorceress fue a buscar un poco de té azul para ayudar a Teela a recuperarse de la conmoción.

En la pacífica sala de alquimia, Teela tuvo tiempo para pensar acerca de su visión, y sobre la última vez que había hablado con Adam.

Teela se dio cuenta de que combatir era la interacción que había aprendido a dominar con Adam, y no sabía cómo ajustarse a que fueran amantes. Había sido un salto demasiado grande. Se sentía torpe cuando se trataba de lazos afectuosos. Aunque, ¿quién podía culparla? Había crecido rodeada sobre todo de hombres rudos.

Durante años, se había enorgullecido de sus habilidades de combate y se burlaba de Adam por no estar a su nivel. Pero ahora podía ver que Adam tenía habilidades de las que ella carecía. Era en momentos como este cuando añoraba una figura materna.

Sorceress volvió con las bebidas calientes y luego entregó a Teela una gran manzana roja.

-¿Ves? No está podrida, lo prometo -bromeó Sorceress.

Ambas rieron y esto ayudó a Teela a aligerar su estado de ánimo.

-Eso me ayudó realmente -afirmó Teela -la manera en que leíste el significado de mi visión, ¡tan acertadamente!

Sorceress contestó:

-Excepto... que no lo hice -y miró tranquilamente a la chica, dejando que la verdad en sus palabras cayera por su propio peso. Teela sonrió cuando se dio cuenta de que Sorceress tenía razón.

Después de terminar el té, Teela se preparó para volver al Palacio Real.

-Querida, eres siempre bienvenida en el Castillo de Grayskull. Lo digo en serio -dijo Sorceress cuando Teela partía.

Ya que estaba viajando en un Sky-sled, Teela podía detenerse un rato en el lago Vistaverde para disfrutar del paisaje. Al parecer, Adam tuvo una idea similar, porque él también estaba allí.

Adam se encontraba sentado bajo la sombra de un árbol, leyendo.

-Ley de comercio –dijo, levantando el extenso libro para que ella pudiera verlo cuando se detuvo junto a él-, no he sido capaz de terminarlo. Pensé que un cambio de aire podría ayudar, pero no está funcionando.

Él no le sonrió, pero era claro que no estaba de humor para pelear.

Ella se sentó a su lado y sus ojos se encontraron.

-Adam... lo que dije anoche fue desconsiderado. Y azotar la puerta, no estuvo bien. Te pido disculpas, por todo eso.

-Gracias Teela. Significa mucho para mí.

La suave forma en que él respondió, la hizo sentirse a gusto otra vez.

Después de unos momentos en silencio, Teela dijo:

-No sé cómo hacer esto, esta cosa de la cercanía. Estoy tan fuera de mi elemento.

-Pero, ¿te gusta? -preguntó a Adam, tratando de no sonar preocupado.

-Sí. Mucho –respondió ella con una tímida sonrisa.

-Entonces vamos a resolverlo juntos -Adam le sonrió-. Ya sabes, esta "cosa de la cercanía" no es solo tuya.

-¿Qué es lo que acabas de decir? -Teela fue asaltada por una fuerte sensación de déjà-vu.

Adam supo que había sonado demasiado como He-Man y cambió rápidamente sus palabras.

-Lo que quería decir es que si tú no eres una experta, yo tampoco, pero eso no debe detenernos.

Teela mostró que estaba de acuerdo reclinando la cabeza sobre el hombro de Adam.

No tenía sentido negar la fuerte atracción que sentía por Adam. El lado físico de la misma había sido suficiente para pasar por encima de su sentido del decoro. Pero también había un sentimiento, revoloteando tímidamente en su pecho, que la conectaba al gentil corazón de Adam. Ese sentimiento había estado allí durante mucho tiempo, sólo más apagado. Tal vez la situación actual sólo lo estaba desenterrando. Suspiró profundamente.

Sin pensarlo, dejó escapar las palabras:

-¡Cielos, sí que tu olor es delicioso!

Sólo después de que oyó Adam exaltarse, se dio cuenta de que había hablado en voz alta y levantó la cabeza para encontrar a Adam con mejillas sonrosadas y la boca abierta.

-Teela, ¡tú sí que sabes cómo hacerme ruborizar!

Ella le lanzó una mirada maliciosa.

-Tendrás que pagarlo con besos –advirtió Adam e inmediatamente comenzó a llenar su cara con pequeños besos, lo que la hizo reír incontrolablemente.

Teela le hizo señas de detenerse y ofreció:

-¡Está bien! Lo pagaré en una sola exhibición.

Ella se acercó y rozó sus labios con los de él. Adam acariciaba suavemente uno de sus muslos, mientras ella recorría con sus manos el pecho de él, de arriba y abajo.

Sus besos se hicieron más profundos.

Él llevó su mano a la cintura de Teela y la atrajo hacia sí, hablando justo en su oído.

-Me estoy sintiendo salvaje, rodeado de naturaleza -luego le mordisqueó el lóbulo de la oreja y la besó en el cuello tan decididamente, que le hizo latir el corazón más rápidamente.

La mano de él comenzó a subirle por el costado y ella se sorprendió de cómo su cuerpo respondía a su tacto. Ahora que sabía de lo que era capaz, lo deseó aún más. Ella quería su mano fuera más lejos, justo hacia...

Algo chapoteó ruidosamente en el agua, sobresaltándolos y haciendo que miraran en esa dirección. Era ni más ni menos que Cringer, pescando torpemente a la orilla del lago, a unos 100 metros de allí.

-¡Estás aquí con Cringer! ¿Por qué no me lo dijiste? –dijo Teela con voz aguda.

Adam abrió la boca para hablar, pero le tomó unos segundos lograr articular palabra.

-¡Lo olvidé! ¡Y es totalmente por tu culpa!

Teela trató de parecer enojada, pero falló adorablemente cuando Adam empezó a reír.

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