Sí, ya sé... me he quedado detrás con la versión en español, pero es trabajo arduo escribir y traducir... ¡Muchas cosas pasan en este capítulo! espero que les guste.

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Duncan y Teela entraron en la sala de observación del paso del Ave Plateada, donde He-Man y Mekaneck estaban esperando. Había algunos mapas dispuestos sobre una mesa central. La habitación estaba insonorizada, pero de vez en cuando, algún relámpago de la batalla afuera era visible a través de las ventanas.

He-Man miró a Teela y le ofreció una cálida sonrisa. Tomó toda su fuerza de voluntad para no abrazarla y decirle lo feliz que estaba de reunirse con ella. Estaba realmente agotado debido los velos sobre velos que ocultaban su verdadera naturaleza. Él no era un príncipe cobarde, ni era un héroe sin aspiraciones románticas, y no quería esconder más su amor por Teela.

Teela se sentó al lado de He-Man, y sin siquiera notarlo, él se acercó a ella. Él le posó una mano en el hombro y frotó suavemente su espalda. Se suponía que sería un simple gesto amistoso, pero resultó algo incómodo, porque estaba subconscientemente cargado con un grado de intimidad que sólo He-Man sabía que compartían. Teela tuvo una repentina excitación. Se estremeció al tiempo que un intenso deseo por He-Man la estrujaba por dentro.

Se apresuró fuera de la sala sin una explicación, en total conmoción. Encontró un almacén oscuro y se encerró en él. ¿Cómo podía ella albergar tan lascivos sentimientos por un hombre, justo después de que había declarado abiertamente su amor por otro? Fue incapaz de reprimir las lágrimas, se sentía tan culpable porque no podía entender lo que acababa de suceder.

La parte más desconcertante era que ella nunca había sentido algo tan intenso por He-Man, para nada. Ella lo admiraba mucho, lo encontraba guapo y agradable, pero hasta ahí llegaba.

Tal vez era sólo otra señal de que ella y Adam no debían estar juntos. Este pensamiento la hizo sentir una profunda tristeza. Había llorado mucho más desde que comenzó su romance con Adam, que en los diez años anteriores y aquello se estaba volviendo agotador.

Teela se limpió las lágrimas y se recompuso lo mejor que pudo. Eternia necesitaba de ella y no pensaba fallar en su deber.

-Algo se metió en mi ojo -fue la excusa burda que dio cuando volvió a la reunión.

He-Man la miró, preocupado, pero no dijo una palabra.

Se decidió que Mekanek y Man-At-Arms guiarían a las tropas para hacer frente a las fuerzas armadas de Skeletor, mientras Teela y He-Man neutralizarían el Mega-taladro que Skeletor operaba desde lejos para dañar la presa.

He-Man y Teela rodearon el lago con el Attack-Track, pero la última parte del camino la hicieron a pie, para llegar al Mega-taldro con los explosivos, sin ser descubiertoes.

En su camino a la presa roja, He-Man pudo ver que Teela estaba inquieta. No estaba tan pendiente de su entorno como como de costumbre, de hecho, tropezó y casi cayó un par de veces.

Él le lanzó a una mirada inquisitiva después de la segunda vez.

-Tengo demasiadas cosas en mi mente ahora mismo -explicó ella-, pero voy a prestar más atención.

Él quería decir algo para consolarla, para hacerle saber qué tan amada era, pero todo lo que pudo decir fue:

-El Príncipe Adam quería asegurarse de que haría mi mejor esfuerzo para mantenerte a salvo.

-Veo que Adam confía en otros para asuntos sensibles.

He-Man tomó una larga pausa antes de agregar:

-Es por el mayor interés del reino que él permanece en Eternos.

-Es lo que sigo escuchando -afirmó Teela sin sarcasmo. No tenía ninguna razón para dudar de Duncan o He-Man, pero era tan difícil entender por qué todo el mundo era tan protector con Adam.

-Si fuera la mejor manera de ayudar a su país, con gusto tomaría mi lugar, puedo atestiguarlo -quería desesperadamente decirle su secreto y poner fin a esta miseria. Pero ahora era muy peligroso dar a conocer algo de esa magnitud, porque ella ya estaba angustiada. Decidió que tan pronto como Adam pudiera verla otra vez, le revelaría su verdadera identidad.

Justo después de que colocaron los explosivos en el Mega-taladro, corrieron hacia una cueva cercana, para protegerse de los escombros que estallarían en cuestión de segundos.

-¡Cuidado! -advirtió He-Man, cuando su bota rozó una flor-dardo por accidente y sus astillas venenosas volaron muy cerca de él, casi alcanzando una de sus piernas.

Encontraron un lugar desde donde podría ver la explosión y estar protegidos al mismo tiempo. He-Man pidió a Teela permanecer detrás de él, mientras esperaban.

El cabello de He-Man le bloqueaba parcialmente la vista, así que lo apartó de su cara y lo dejó por detrás de su oreja. Desde donde se encontraba, Teela pudo ver la inconfundible marca púrpura en el cuello de él, la misma que había dejado en el cuello de Adam no hacía mucho, un signo que era testimonio de sus más íntimos momentos. Teela miró más de cerca, era exactamente la misma marca, en idéntico sitio. Aquello no podía ser, pero así era. El torbellino de implicaciones la hizo sentir aturdida.

-¡¿Adam?! –lo llamó ella, incapaz de creer lo que veía.

-¿Sí?

Sólo después de contestar, él se dio cuenta de que estaba allí como He-Man. Miró hacia atrás para encontrar el rostro aterrorizado de Teela.

Ella dio un paso hacia atrás, conteniendo la respiración, su lenguaje corporal revelaba su febril estado mental.

-Yo... puedo explicar... –él no pudo terminar la frase, interrumpido por la enorme explosión.

En la confusión del momento, sacudida por la explosión, Teela pisó por error una flor-dardo. La planta liberó violentamente sus astillas, punzando el muslo de Teela. Ella cayó sobre sus rodillas, con un horrible grito, He-Man se apresuró en su ayuda, pero el dolor era tan intenso que ella se desmayó en sus brazos.