Prompt #11. Demasiado fuerte para morir. Tabla Quemaduras de pólvora.
Sangre y dolor
It's in their eyes
It's unspoken
Don't even know they're out to do you harm
Can't even see the pulse beating
In the axle of your arm
Twilight singers - Too tough to die
Sangre y dolor. Tanto dolor al mismo tiempo, de diferentes partes del cuerpo, que en cierto modo el sentir unos desgarres cancelaba el percibir los otros. Tanta sangre que en algún momento le cubrió los ojos y ya no pudo ver más que algo de negro bajo una película roja.
Percibía el mundo con dificultad. En cierta instancia se creyó segura, casi rescatada antes de tiempo pero a medida que sus fuerzas se drenaban con el calor, aferrarse a la idea de que la presencia de su escuadrón equivalía a un escape de la situación, fue solo un sueño que terminaría pronto.
Alguien le hablaba. La sostenía y tocaba. Alrededor luchaban. Olor a azufre y sangre de otros.
—No puedes morir, Shinoa Hiragi.
La voz se sostenía en un fondo de terciopelo vivo. Le costó enfocar los ojos de quien tenía frente a sí.
—No puedo hacer más. Perdió mucha sangre. Y cuando intenté cerrar la herida…
Mitsu, quebrada, la tibieza de sus lágrimas barriéndole el rostro. Trató de alzar una mano para acariciar su figura borrosa a un lado pero estaba demasiado débil, así que se limitó a sonreír.
¿Iba a irse así, luego de que le pasara aquello? Qué poco honor. Deseó que guardaran el secreto. A Guren le habían dado celos de Yu, suaves como perfume de niña pero presentes en su leve saña obligada para marcar los tantos con Shinoa. Si se enteraba, le dolería aún más. Pobre Guren, que había sufrido tanto y que solo intentó protegerlos a todos.
(E incluso entonces, en un remolino, no rescataba mucho más que la vergüenza y el dolor de ser ultrajada de muchas maneras, sin situar una más que instintivamente.)
—No me entiendes, Mitsuba Sanguu. Ella no puede morir. ¿Sabes lo que significaría para Yu el haberla matado? Tenemos que arreglar esto…—frías demandas de Mika. También un poco al borde del llanto. Era tan grave, entonces…
—¡Ya te he dicho que no sé! –exclamó Mitsuba, al borde de un ataque de nervios.
—Pues yo sí. Tengo algo que…puede salvarla. No es lo mejor pero si es todo lo que tenemos…
Silencio. Sin duda se miraron entre ellos.
—¡No, no te dejaré! –aulló Mitsuba, poniéndose de pie de golpe.
Demasiado tarde. Antes de que sacara su arma, Mika realizó un movimiento violento que estampó a la orgullosa hija de los Sanguu contra la pared.
—Bien…—susurró, volviéndose a Shinoa—. Ahora, como te dije, Shinoa Hiragi…no puedes morir…Por Yu no puedo dejarte –dijo tal vez más para sí mismo, mordiéndose la muñeca y acercándose mucho a Shinoa, tanto como el Príncipe Encantador a Aurora en las historias de su infancia que siempre le despertaron más inquietud que deseo.
—¡Ya no sé cómo decírtelo para que te entre en la cabeza, vampiro! –exclamó Mitsuba, con su voz hastiada pero al borde de un llanto de frustración de los que evitaba desde que hubiera entrado a la armada pero que le brotaban cada tanto, sobre todo cuando se exaltaban sus nervios.
Era curioso cómo eso no había cambiado. Shinoa podía darse cuenta, pensó sonriendo, mirando de reojo a su amiga, que seguía siendo la misma adolescente fuerte y enérgica de siempre, a la cual admiraba, cuando no reprobaba.
—No tiene que entrarme nada porque ninguna palabra tuya hace sentido cuando se trata de ella –respondió Mika, mordiéndose la lengua fríamente, temblando poseído por el desprecio. Era más evidente que nunca que toleraba al grupo por Yu. Y…
—¡Crecimos juntas! La conozco mejor que nadie. ¿Cómo te atreves…? –le increpó Mitsu, estremecida por la cólera, empujando la puerta de la habitación que compartían, pretendiendo cerrársela en la cara a Mika.
—Ella ya no es la humana que conocías…—insistió él, manteniendo el brazo contra la madera pulida, sin retroceder un milímetro.
—¡Incluso un vampiro recuerda…!
—Ella ya no es algo que puedas entender.
Mitsuba calló de repente. Se volvió hacia Shinoa, sentada frente al espejo del tocador en el que solían arreglarse ambas.
—Me necesita –recalcó él. Más el ímpetu de Mitsuba regresó de repente, cargando con todo contra su oponente.
—¡Y tú qué sabes! Para los de tu clase eres un niño como nosotros. ¡No vas a darme órdenes luego de hacer lo que hiciste! ¡¿QUIÉN TE CREES QUE…?! —Mika la cortó en seco, sujetando su muñeca, sin duda con la particular fuerza sobrenatural que caracterizaba a los suyos. Y le clavó los ojos tan profundamente que si el viejo hotel hubiera sido un campo de batalla y dichos ojos, sus colmillos, Mitsu hubiera muerto sin remedio en décimas de segundos, antes de llegar a desangrarse.
—…yo la hice. Ella es mía. Y de Yu.
Probablemente lo único más grande que el miedo en Mitsu fue su ira, que le cubrió la cara de morado. Ninguno de esos sentimientos le permitieron verbalizar nada más. Y Mika prosiguió, echándole una fugaz mirada a Shinoa, dándole a entender que su voz se volvía más suave por ella, más que por Mitsuba.
—Solo quiero que venga conmigo a verlo a él. Va a despertar de un momento a otro y es preciso explicarle lo sucedido.
—Ella necesita dormir.
—No es verdad. Su cuerpo está sano ya.
—¿Has pensado que tal vez no quiera verlo?
—¡¿Por qué no querría?!
—¡¿CÓMO PUEDES SER TAN INSENSIBLE?! ¡Te odio!
—¡Pues ódiame! ¡ELLA VIENE CONMIGO!
La voz de Mika fue tan potente que hizo temblar las paredes. Pasos desde la escalera indicaron que los demás subían a asegurarse de que todo estuviese en orden.
—Pienso ir, padre –soltó de repente Shinoa. Los dos se volvieron, estupefactos hacia ella.
—¿Qué? –preguntó incrédula Mitsuba.
—¿"Padre…"? –repitió Mika…encantado.
Shinoa nunca había tenido tal figura presente en su vida. Era más una fantasía: si hubiera nacido en tal otra familia, de haber sido normal (como Mahiru tanto hubiera querido que fueran), un padre hubiera sido, tal vez, aquel individuo bondadoso que paga las cuentas, usa traje y reparte tanto abrazos como gritos. Su experiencia mezclaba a Guren, Shinya y Kureto más que a la sombra temible de Tenri, que estaba más relacionada con una muerte segura debido a alguna equivocación o desobediencia que valiera o no la pena máxima.
Sin embargo, en el poco tiempo transcurrido desde su…transición, la palabra mejor asociada a padre, proveedor, guardián, quiéralo o no, por impulso, se relacionaba ante todo…
Con Mika.
—Padre –repitió Shinoa, sonriendo hacia él, en tanto Mitsuba se liberaba de su agarre bruscamente, frotándose la muñeca con resentimiento—. Bajaré en seguida, ¿si? Quisiera charlar con Mitsu y dormir un rato juntas como hacíamos antes.
—…no eres como antes –remarcó Mika, con cierta desolación.
—No. Por eso mismo, padre. Debes comprender que necesito…tiempo.
—Yu podría despertar en cualquier momento. Sería terrible para él si lo hiciera y tú no estuvieras. Podría pensar…
—Lo sé. Estaré allí, no te preocupes.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo, padre.
Las manos de Mitsuba temblaban en puños y sus ojos iban, frenéticos, de Mika a Shinoa, bajo su entrecejo doblado con ira.
—Si ella no quisiera ir, tú no podrías obligarla.
—Pero ella quiere. Tú no entiendes nada sobre el lazo que nos une, humana.
—¡¿Crees que no me doy cuenta de que dices "humana" con el mismo tono con el que ellos dicen "ganado"!
Mika jadeó, por toda respuesta y se volvió nuevamente hacia Shinoa.
—Te esperaré. Solo…no tardes. Por Yu.
—Desde luego.
Se fue con una apariencia aliviada, como si la discusión con Mitsu, quien cerró de un portazo a su espalda, no hubiera ocurrido nunca.
—¡Es increíble! Nunca me gustó pero ahora lo detesto…hay que hacer algo con él.
—Puede oírte, Mitsu.
Mitsuba se lamió los labios, incómoda ante ese recordatorio.
—¡Que me oiga! Actúa como un tirano. Toda esta situación es su culpa…—comentó, yendo hacia el tocador, apoyando las manos en los hombros de Shinoa, disimulando un estremecimiento ante el contacto.
—Lo recuerdo –agregó Shinoa, mirando su reflejo, comparando las teces de ambas. Siempre había sido un poco más pálida que Mitsuba, quien tenía un bronceado saludable en las mejillas redondas. Sin embargo, ahora su piel parecía del color de la tiza y el compararla con la de su amiga era como cotejar la de una muchacha viva con otra…que no lo estaba ya—. Una parte, al menos. Él te golpeó, ¿no es así? ¿Estás bien? –preguntó, tomando las manos de Mitsu, genuinamente preocupada.
—Estoy bien. Bastante bien. Dadas las circunstancias –explicó, abrazando a Shinoa, rehusándose a sentir cualquier rechazo por ella en tan terrible situación.
—¿No te sientes segura en compañía de un monstruo? –aventuró Shinoa, aún sonriendo, tan radiante como pudiera aparentar estar.
—El único monstruo aquí es él. Y Yu.
Mitsu dejó escapar algo parecido a una risa pero pronto, la humedad caliente de las lágrimas comenzó a derramarse sobre el hombro de Shinoa, quien frotó su espalda, intentando consolarla, al mismo tiempo que pensaba que le importaba menos de lo que debería. Justo como cuando era humana.
—No deberías decir cosas feas de tu primer amor –intentó reprenderla con dulzura, acariciándole los copiosos cabellos desde las coletas.
—Mi primer amor fue Shiho. Aún lo es –la corrigió ella con cierta violencia, limpiándose una lágrima, ya más compuesta.
—Es bueno ver que ya lo admites…
—¿Recuerdas todo?
—…por partes.
—¿Realmente quieres verlo? No tienes por qué. Si Mika se pone violento, lo doblegaremos. Y si debemos…ir más lejos…
—Puede escucharte, Mii.
—¡Que me escuche, te digo! Que sepa que estamos dispuestos a todo para respaldarte.
—Pero ahora él y yo somos lo mismo.
—¡No puedes compararte! Tal vez lo que Yu dijo hace tiempo no sea imposible y sí exista una manera de volverte a la normalidad.
—Tal vez. Pero si existe, es sumamente escasa. Y él hablaba sobre convertir de nuevo a Mika, no a mí.
—¡Debería ser para ambos! Supongo que si no me excediera tanto en fuerza, no sentiría tanto rechazo. Ni le tendría el pánico que siento.
—Oh, Mii.
—Sigue siendo el que te hizo cambiar. Y no puedo evitar odiarlo. Creo que solo un poco menos que a Yu.
—¿Por qué culpas a Yu? Ni yo lo hago. Estaba hambriento y yo me puse a su alcance.
—¿Qué parte recuerdas?
—…aquello. Doloroso. Y entonces, Mika…
—Ya. Pues no es lo único pero entiendo que hayas cortado todo lo demás. Yo no podría vivir de otro modo.
—¿Hay más, entonces?
—Shinoa, fue lo peor que he visto. No estoy segura de poder contarlo. Tengo la esperanza de despertarme en esa cama, encontrándote dormida al lado mío o despierta y riéndote como antes.
—¡…eso sonó bastante lésbico!
—Vete al diablo.
Shinoa besó a Mitsu en la mejilla y comenzó a desatarle las coletas. La chica Sanguu podría no admitirlo pero ni bien le liberaban las mechas claras, usualmente respiraba con más tranquilidad y era capaz de dormir de corrido, lo cual nunca pasaba de otro modo, propensa al estrés como era.
—¿Puedo preguntarte algo?
—…sé que ya no soy virgen. Aunque no recuerde del todo…
—¡No eso! Yo…—prosiguió Mitsu, descolocada, sentándose en la cama. Shinoa se carcajeó. Sonaba a amargura pero Mitsuba le sonrió, aún nerviosa y buscando las palabras—. ¿Te es posible…oler mi sangre?
Shinoa se sonrojó vivamente y bajó los ojos con vergüenza.
—En efecto. Aunque trato de no pensar en eso.
Mitsuba imitó su gesto y guardó silencio un instante, como buscando sacar fuerzas para seguir hablando.
—Entonces…
—¿Si?
—¿Podrías…?
—¿Si…?
—¿Crees que mi sangre…?
—¿…huela mal…? Para nada.
—¡No hagas chistes! –exclamó Mitsuba, contrariada, casi llorando de la rabia y nuevamente colorada—. Me refiero a si…
—¿Si…? –repitió Shinoa, ladeando la cabeza, auténticamente desconcertada pero divertida.
—Si…mi sangre…cualquier sangre, digo, no solo la mía…pero la mía ahora…
—¿Qué?
—¿Huele…impura?
Mitsu jadeaba, sin aire, temblando y tan roja que Shinoa temió seriamente que estuviera teniendo alguna clase de ataque.
—¿Impura?
—Como la de una…mala mujer.
La risa de Shinoa fue sincera en esta ocasión. Rompiendo la tensión.
—¡Oh, Mii! ¿Lo dices en serio?
—…sí. No te rías.
—¡No puedo evitarlo!
—No debí preguntarlo…
—Descuida. ¡No, no hueles mal! Tu sangre parece estar bien…apuesto a que es dulce. Como…cerdo…con salsa de frutos rojos.
Shinoa habló dejándose llevar por una gula extraña, de dientes afilados, que parecía vivir ahora en el fondo de su estómago, envenenando con su influjo hasta su garganta, quemándola con sed. No meditó sobre lo poco adecuadas de sus palabras hasta que las dejó salir y chocó con la súbita palidez del miedo en la cara de Mitsuba, como si por un instante, los roles de una y otra se hubieran movido hacia lugares nunca explorados antes pero terroríficos.
—Iré…a ver a Mika. Es probable que me esté esperando abajo –se excusó Shinoa, separándose de Mi, peinándose los cabellos con los dedos y mirándose en el espejo.
—Suena bien, de hecho, Shinoa…si es lo que quieres –aceptó Mitsuba, sobándose los labios—. Yo…—Shinoa llegó hasta la puerta antes de verse interrumpida por las palabras de Mitsu. Se volvió con su atención dispuesta a su amiga—. No odio a Yu, ¿de acuerdo? P-pero…le temo. A él y a todos los hombres desde que presencié lo que presencié. Incluso estoy enojada con Shiho, como si hubiera hecho algo mal y no es así. Soy yo. Y Yu. Y Mika. Y ahora tú, lo que ellos te hicieron.
"No creo que pueda vivir con ellos. No puedo ni verlos sin que se me dé vuelta el estómago.
"Y yo pude haber estado en tu lugar, ¿no? Pude haber sido yo, tranquilamente. Pero, ¿sabes qué es lo peor? –y rompió a llorar con debilidad, provocando que Shinoa volviera a abrazarla, temiendo que se desmayara—. No sé si a mí me hubiera revivido. Creo que fue solo a ti. Ese vampiro siempre te miró de una manera…no me malentiendas, tenía su momento incómodo con todos. Pero cuando nos hablaba…se dirigía sobre todo a ti. Eras la líder y la que se encargó más de Yu.
"¿A mí? Pude haberme muerto desangrada en lo que ese vampiro pedante considera el pasarme su maldición. Casi me lo restregó en la cara, aunque no lo creas. Ella no es prescindible, me dijo con resentimiento, cuando yo intenté hacerme cargo de ti.
"Sobra decir que no nos parecía correcto que estuviera contigo todo el tiempo pero él insistió y para someterlo, hubiéramos tenido que unirnos y pelear en serio. Confundidos y asustados permitimos que te tratara como a una muñeca.
"Pero no tiene que ser así…no ahora que sabemos que estarás bien.
—¿Qué sugieres? –le preguntó finalmente Shinoa.
—Un monstruo ya es demasiado.
—¿Quieres que Mika y yo nos vayamos?
—¡No…! –exclamó Mitsuba, negando fervientemente con la cabeza y tomándole las manos.
—¿Entonces…?
—Cuando Yu mejore…si es que lo hace…
—¿Si…?
—Tendremos que pedirles que se marchen. Encontraremos una cura para ti solos. Incluso podemos volver con la Armada. A Shiho no le gusta la idea pero está dispuesto a conversar al respecto. Él quiere recuperar a su hermana. Pero aunque hiciéramos esa proeza, ¿cómo esa niña podría vivir sin sellos constantes y medicamentos frenando sus impulsos? Debe permanecer con el JIDA, por mucho que nos pese.
—Oh, Mitsu.
—Ellos quieren estar solos. Tal vez habría que dejarlos solos.
Shinoa sonrió y besó las mejillas de Mitsuba. La observó con tristeza y soltó sus manos, con un suspiro.
—Iré a ver a Mika. Y a Yu.
—¿…no estás de acuerdo, entonces?
—Somos familia. Todos nosotros.
—Ya veo.
—Volveré luego.
—Tal vez no esté…
—¿Shiho…?
—¡Tal vez!
—Más tarde, entonces.
—Seguro.
