Capítulo 1: Lamento

La mañana era deliciosa, una fresca brisa de otoño se respiraba alrededor; el viento agitaba suavemente las hojas de los árboles, no había otro ruido. Una figura alta encapuchada de andar ligero y elegante, con cabellos dorados, ojos penetrantes de un azul celestial, con piel de porcelana fina; caminaba solo sin dirección; sin previo aviso vio correr frente a él a una joven muy hermosa de cabello castaño claro, ojos verdes, piel blanca como la nieve, llevaba un vestido blanco descubierto de los hombros, con falda suelta que se movía al compás del viento.

-¡Fíjate por dónde cami…! –Se sonrojó al ver que la persona a quien le estaba gritando no era otro que su rey- ¡Oh! Lo siento majestad en verdad no era mi intención gritarle de esa forma, mucho menos chocar con usted… ¿se encuentra bien? – preguntó un poco temerosa al notar la tristeza en los ojos de Thranduil.

-Estoy bien, no es nada –se levantó diciendo en un tono orgulloso sacudiéndose sus ropas, no le agradaba que los demás se dieran cuenta de su estado emocional. Al levantarse las miradas se cruzaron, se quedó viendo sus hermosos ojos verdes tan profundos como el bosque, lo veían con preocupación y a la vez con un poco de enojo por su fría respuesta.

─Gracias por la preocupación ─ella le sonrió alegre, la frase tubo el resultado que él esperaba─ ¿Cómo te llamas? ─preguntó Thranduil con una voz suave y profunda.

─Luinil, para servirle ─mostró una reverencia

- Estrella de luz Azulada – se rasco un poco la barbilla recordando la belleza de la estrella que en verdad se reflejaba en ella – tienes un hermoso nombre –

Luinil se sonrojó un poco.

─Perdone mi atrevimiento ─bajó un poco la mirada─, pero no está bien que el gran señor del Bosque Verde pasee solo a las afueras del palacio –.subió su rostro delicadamente y se topó con los claros ojos del elfo; se perdió por un instante. Sus ojos azul zafiro tenían un brillo extraño hasta para un elfo, creyó ver una noche estrellada con una luz fría bajo la luna.

─Tranquila, sé cuidarme bien… ¿Gustas acompañarme? –La pregunta tomó por sorpresa a la elfa, haciendo que se sobresaltara un poco. Thranduil buscó una excusa─: Así ya no vagaría solo por los bosques –una sonrisa cálida y picaresca brotó de su rostro; una sonrisa muy común cuando quería que no se le negaran las cosas.

─No creo que sea debido ─titubeó un poco avergonzada, el rey ladeo un poco la cabeza y se le quedó viendo fijamente –; pero si usted así lo desea me encantaría –Thranduil hizo un ademán con su mano derecha invitándola a caminar.

─Dime: ¿qué hace una hermosa joven como tú corriendo sola por el bosque tan lejos del reino?

─Es que… ─vaciló porque sabía que la verdad haría que el rey se enfadara. Pero al final se decidió a contarle lo sucedido─; bueno, estábamos cabalgando unos amigos y yo, cuando fuimos atacados por un grupo de arañas…

─¿Arañas? ─Interrumpió, sorprendido ante tal información. Hacía meses él mandó destruir los nidos que estaban en su reino, y para asegurarse de que eso haya funcionado enviaba frecuentemente a un grupo de soldados a verificar la zona. Ellos no se encontraban a más de unas quince millas del palacio, una distancia muy cercana para su gusto─. Me va a oír Orel ─pensó en voz alta; el enojo era evidente en su cara, en la voz y bueno, sus ojos ni qué decir-. Oh, lamento que me veas así ─dijo cuando se percató de la cara de repulsión de Luinil─, pero un ataque de arañas tan cerca del palacio, es simplemente inaceptable ─su tono de voz era severo. Cerró los ojos y suspiró─. Te pudo haber pasado algo…

─Estoy bien mi señor, gracias a Eru no pasó nada más.

─No me hables de usted, ¿no ves que casi tenemos la misma edad? ─En verdad Thranduil era un elfo muy joven, aparentaba tener apenas unos veinticinco años humanos, pero en su cuerpo había ya varios milenios─ No me hagas sentir viejo ─Volteó a verla con una sonrisa apenas perceptible.

Hablaron durante algunas horas mientras caminaban por la vereda rumbo al reino. En muchas ocasiones Thranduil hizo comentarios graciosos haciendo que Luinil soltara una carcajada de vez en cuando. Estaba realmente sorprendida de el buen humor de Thranduil, no era como se lo había imaginado: frío y sin sentimientos.

Se acercaban a los muros del reino. Thranduil se colocó la capucha hasta cubrirle por completo el rostro.

─Mi señor ─Thranduil la volteó a ver recordándole que no era necesaria tanta formalidad. Ella captó ─. Perdón Thranduil. Es extraño verte encapuchado y vestido de negro… ¿Temes acaso que te vean caminando con una elfa cualquiera? ─bajó la mirada avergonzada; era muy bien sabido en el reino que el rey tenía un carácter muy orgulloso; ella creyó que su invitación era pura cortesía nada más y que por eso se colocaba la capucha para que nadie lo viera caminando con una simple elfa.

─No ¿Cómo puedes pensar eso? ─la volteó a ver casi al instante esperando un respuesta que no llegó; era claro que se había ofendido por su acto ─. Es que no quiero que me vean los consejeros y me quiten este momento en que estoy a tu lado. ─Sin darse cuenta tomó su mano derecha obligándola a que se detuviera. Acarició suave y lentamente su rostro, levantándole la barbilla para obligarla a que lo viera a los ojos. Luinil subió lentamente el rostro y se detuvo en sus ojos que reflejaban la verdad y profundidad de sus palabras.

Nadie sabe por cuánto tiempo permanecieron así, viéndose fijamente el uno al otro, dejando al descubierto sus más profundos sentimientos; no necesitaban palabras para decir que no querían que eso terminara. De la nada una lágrima brotó de los ojos de Thranduil obligándolo a bajar la mirada y voltearse para limpiarla.

─Está bien, no te avergüences ─Luinil colocó su mano derecha en su hombro haciendo que se volteara y con la otra limpió la lágrima que aún estaba en su mejilla- no es necesario que ocultes tus sentimientos, pues ya lo he visto todo ─dijo suavemente─ sé que sufres y que la culpa carcome tu alma… Puedes confiar en mí, no diré nada… puedes desahogarte –acomodó un mechón de cabellos tras su oreja, posando su mano en su mejilla.

Thranduil involuntariamente rompió en llanto; por alguna rara razón con ella no le apenaba mostrar lo que en verdad había en su corazón. Había pasado apenas un año desde la muerte de su padre, que murió por protegerlo en el campo de batalla. Él vio cómo su madre se fue apagando lentamente, lamentándose por el destino de su amado; hacía apenas unos meses había fallecido. Había llorado amargamente a solas, pero ahora había llorado frente a ella por un tiempo que no supo definir.

Tomó con ambas manos el delicado rostro de Luinil; subió la mirada para ver cada uno de los detalles de sus facciones: sus ojos, sus cejas, la fina nariz que poseía, sus labios color carmín… se detuvo en este punto y lentamente acercó su rostro al de ella, sintiendo su delicada respiración a escasos milímetros de él. Posó sus labios sobre los de ella, dándole un delicado beso apretando su labio inferior esperando a que Luinil se alejara, pero para su sorpresa se lo volvió apasionadamente.

Una hoja cayó sobre el rostro de Thranduil; abrió los ojos y se dio cuenta de que todo fue un espejismo. Nada de eso volvería a ocurrir, sólo era el recuerdo de un hermoso momento.

Hacía apenas unas horas que Thranduil había escapado del palacio, no quería que nadie lo viera llorar, no era justo que lo dejaran padecer su pena. Ya no era ni la sombra de la felicidad que mostraba el día anterior.

Había paso un día desde que su amada esposa se encontraba en la sala de partos, él no podía estar adentro así que no tuvo más remedio que salir sin presentar mayor problema. Habían transcurrido por lo menos tres horas en que Luinil estaba en ese lugar, horas que al rey le parecieron milenios. Ahora estaba sentado afuera de la sala escuchando los gemidos de dolor de su amada, cada uno de ellos era una puñalada en su corazón, sabía que sufría pero no podía hacer nada, sólo esperar. No recibía noticia alguna y la duda lo carcomía internamente, sabía que un parto era difícil pero no comprendía la tardanza. Nienna era la mejor curandera del reino y ella se estaba encargando personalmente del parto.

Preocupación, felicidad, frustración, desesperación e impotencia se reflejaban en su rostro. Los gemidos cesaron, pero no se escuchó nada más. La puerta se abrió y una elfa salió corriendo con un bebe envuelto en sabanas; Thranduil se sintió desfallecer al ver tal escena: Nienna lo vio de reojo sin detenerse indicándole que no la siguiera, mientras otras dos elfas la seguían. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había silencio? ¿Adónde se llevaban a su hijo? ¿Y su esposa?

Se decidió a entrar en la habitación, pero una elfa lo detuvo antes de entrar.

-Hîr nîn*, es mejor que tome asiento ─su rostro era grave─; hemos tenido varias complicaciones ─el rey se sobresaltó y trató de empujar a la elfa. Ella lo tomó por los hombros y lo obligó a sentase─. Su esposa está bien, pero su hijo… –suspiró- Han tenido que llevárselo para atenderlo urgentemente al nacer tardó un minuto en mostrar alguna señal de vida… La reina está muy alarmada, terminó muy agotada.

Thranduil trató de ponerse en pie pero ella lo volvió a detener.

─Antes de entrar es importante que se serene y le trasmita tranquilidad ─continuó la elfa─; no es bueno preocuparla en estos momentos… no se preocupe, los mejores curanderos están atendiendo a su hijo ─ el rey no esperó ni un segundo cuando se levantó bruscamente, se detuvo frente a la puerta, suspiró y forzó una sonrisa.

Al entrar la vio recostada con la cara de lado, los rayos del sol le acariciaban la piel. Se comenzó a acercar lentamente si hacer ningún ruido pero Luinil volteó al sentir su presencia. Su rostro estaba empapado de lágrimas.

─¡Nues…!

─Shss, sh… Tranquila, él está bien ─Tomó su mano entrelazando sus dedos─. Todo estará bien ─No sabía si esas palabras eran para tranquilizarla a ella o a sí mismo.

─Pero…

─Tienes que descansar para recuperar fuerzas ─acarició su cabello suavemente y besó su frente. Limpió con su dedo índice las lágrimas que aún estaban en sus mejillas. Se sentó a lado de ella, la acurrucó en su regazo y comenzó a arrullarla contándole dulcemente─: descansa meleth nîn*

Mientras dormía él velaba su sueño, le cantaba en murmullos dulces nanas; no quiso separarse ni un sólo momento, en esos momentos sólo importaba ella.

La luna ya estaba alumbrando la tierra y aún no tenía noticias de su hijo. Luinil no había despertado en todo el día, Thranduil apenas y probó bocado a la hora de la comida, incluso después de que Orel, su mejor amigo y capitán de la guardia, le rogara durante un buen rato.

Estaba sentado a lado de la cama de su amada en una silla cruzado de piernas; traía un pantalón color café obscuro y una camisa de seda castaña, zapatos de cuero y raramente no llevaba joya alguna.

─Hola ─le sonrió Thranduil a Luinil cuando vio que se despertó, acariciando su mejilla con ternura mientras acomodaba sus cabellos

─Hola. Y mi hojita verde, ¿dónde está?

En la cara del rey se mostraba confusión, mientras dormía había mencionado varias veces a su hojita verde, pero, ¿qué o quién era su hojita verde?

─¿Dónde está nuestro hijo? ─corrigió inmediatamente al ver la cara de su marido.

─Él está durmiendo ─mintió.

─¡Por los Valar! ¿Qué hora es? ─Exclamó mientras veía la luna tras la ventana.

─Son apenas pasadas las diez de la noche.

─¿Y? ¿Cómo es? ─preguntó Luinil cambiando de tema repentinamente con tanto entusiasmo que Thranduil sonrió sorprendido al verla casi totalmente recuperada, pero a la vez nervioso pues no tenía respuesta a su pregunta

─Mmm…

─¡¿Tiene tu color de ojos?! ─El rey suspiro aliviado por la intervención de su esposa que le evitó dar más explicaciones─. ¡¿Es castaño o rubio?! ¡¿Es una elfita o un elfito?! ¡¿Se parce…?! ─La frase quedó en el aire cuando un dolor punzante le dio en el vientre, haciéndola retorcerse un poco; un gemido de dolor brotó de sus labios.

─¿Estás bien? ─le preguntó preocupado, ella sólo cerró los ojos por la intensidad del dolor. La tomó entre sus brazos con fuerza─ ¡Nien…!

─Estoy bien ─dijo con un hilo de voz. Inhaló profundamente─. Sólo fue un pequeño dolor.

Thranduil dudó un poco pero luego asintió.

─Iré a buscar a alguien para que te revise.

─No, no es necesario; ya me siento mejor ─le hizo un ademán para que se metiera entre las sabanas con ella. No queriendo pero aceptando de todos modos, se quitó su ligero calzado y obedeció. Una vez dentro la abrazó y ella se recostó en su pecho inhalando su perfume─ ¿Sabes? ─Alzó el rostro y se encontró con los ojos de su amado─; son momentos como este los que quisiera congelar y vivir para siempre en ellos.

Thranduil la beso dulce y lentamente.

─No sé qué haría yo si te perdiera, Estel nîn* ─Luinil se volvió a acurrucar en su pecho acariciándolo; él suspiro de placer y besó su frente.

Al poco rato ella se volvió a quedar dormida. El rey no quiso moverse a pesar de que estaba algo incómodo: temía despertarla; además de que le encantaba tenerla entre sus brazos y verla dormir mientras sentía su respiración cerca de él. Acarició sus cabellos y los besó; al poco tiempo él también se durmió.

Thranduil se despertó al sentir un rayo de sol colándose por la ventana. Todo seguía igual que en la noche. Sonrió al ver a su esposa aun en sus brazos, era un hermoso amanecer. Acarició su rostro y lo sintió frio. Se percató entonces de que ya no sentía la respiración de Luinil. La movió un poco pero no recibió respuesta. Quitó la cortina de cabellos que tenía en la cara y vio su piel más pálida de lo normal, sus labios morados.

Ella había partido a Mandos en silencio durante la noche. Lágrimas de dolor brotaron de los ojos del rey, la llamó desesperadamente a gritos, la besó… pero no recibió respuesta alguna. Se arrodilló a un lado de la cama acariciando su mano bañándola de lágrimas.

Nienna entró a la habitación tras haber oído los alaridos de Thranduil, y al entrar se acercó silenciosamente e hizo un gran esfuerzo para controlar su llanto.

─Mi señor ─el elfo se sobresaltó y sin decir nada salió de la habitación. Se fue a su recamara y se colocó una capa negra que lo cubría por completo y salió de palacio a toda prisa.

Así fue como Thranduil llegó a las profundidades del bosque y al lugar donde la había conocido, buscando un murmullo que se había perdido para siempre.

─¡Luinil, vanimelda*! ¿Dónde estás? ¡Estel nîn*! ─Llamó desesperado. La voz se le quebraba, era apenas un susurro al viento, varias lágrimas corrían ya por sus mejillas.

Se recargó sobre el tronco de un árbol.

─Meleth nîn*… ─Sintió que algo tocó su mejilla─. Sé que estas aquí, puedo escuchar el susurro de tu voz en el viento, puedo sentir tu respiración en mi mejilla. No me abandones así. ¡¿Por qué?! ¿Por qué te fuiste y me dejaste solo? ─No pronuncio otra palabra, su voz se le cortaba.

Finalmente rompió en llanto, ya no podía contenerlo por más tiempo. Se recargó sobre el tronco de un árbol deslizándose lentamente hasta tocar el suelo, se tapó con las manos el rostro, apoyándose sobre sus rodillas; ocultándose del resto del mundo.

La tarde estaba llegando a su fin, no había ni un solo rastro de su rey. Nadie se había percatado de su ausencia hasta pasado medio día. Todo el reino estaba preocupado, temían por la vida de su rey. Si él también se entregaba a Mandos, ¿qué sucedería con el pequeño?... no, él no sería capaz de dejar solo a su pequeño hijo.

Ya se habían mandado numerosos grupos de elfos en busca del rey, pero regresaban sin noticias; lo único que encontraron fue su caballo que andaba libre por el valle. Él único que no había regresado era Orel el más fiel soldado y amigo de Thranduil; Orel lo buscaría hasta el fin del mundo de ser necesario. Había recorrido por lo menos unas mil veces cada sendero. Se detuvo en un hermoso claro.

─¿Dónde podrá estar? ─Se dijo a sí mismo en voz alta─. ¡Ay Thranduil, pobre de ti, la desgracia no te deja!... ¿Por qué ahora?... Apenas comenzabas a ser feliz… me temo que nada te devolverá la felicidad… nadie te regresara a tu estrella… ─Se quedó pesando unos minutos.

─¡Ya sé dónde puedes estar! ─gritó en tono triunfante. Tomó su caballo y se marchó a todo galope.

La luna comenzaba a asomarse cuando Orel lo encontró casi imperceptible en aquel tronco y parecía que se había convertido en parte de éste. Lo movió suavemente para evitar que se espantara pero pese a ello Thranduil se sobresaltó saliendo de un profundo pensamiento. Levantó su rostro totalmente contorsionado por el dolor, sus ojos azules reflejaban todas las horas que había llorado sin parar, su cara estaba totalmente demacrada, la vida parecía haberlo abandonado; reconoció a Orel, aquel soldado alto con porte gallardo, de cabello negro como la noche, piel pálida y ojos grises.

Orel no dijo nada, no porque no tuviera palabras si no porque sabía que en este momento nada de lo que dijera podría entrar en su cabeza. Lo tomó del antebrazo, levantándolo llevándolo prácticamente a rastras hasta su caballo. Ayudó a que se subiera en la parte de atrás de su caballo, tomó las riendas y se echó al galope. En cuestión de una hora el rey estaba de nuevo en el palacio; antes de entrar se colocó la capucha para que nadie lo viera y pasara desapercibido.

Para desgracia del rey, al entrar a palacio media docena de curanderas lo recibieron; todas comenzaron a inspeccionarlo para verificar que nada le hubiera ocurrido y ante eso Thranduil hizo un mohín poco educado, aventó a las curanderas y sin decir una sola palabra se marchó a su habitación con paso veloz.

Al llegar a su alcoba azotó la puerta tras él, se quitó la capa mientras caminaba dejándola caer sobre el piso, se dirigió a su baño y sin quitarse otra prenda se zambulló en una tina llena de agua fría; dentro de esta comenzó a quitarse la ropa con movimientos más bien mecánicos, casi parecía que alguien lo controlaba. Se terminó de bañar y como parte de su rutina se puso un pijama de seda, sólo que esta vez se detuvo frente a la cama y se quedó parado inmóvil frente a ella.

Nienna, que no se encontraba entre la media docena de curanderas que hace unos momentos había rodeado al rey, esperó unos minutos y ordenó a Nariel, la curandera más joven del reino, que trajera al recién nacido. Así lo hizo y en cuestión de minutos él bebe estaba en brazos de Nienna; titubeó unos momentos, tomó valor y por fin se decidió a seguir a su rey.

Al llegar a la habitación de Thranduil, tocó la puerta y al no recibir respuesta suspiró mientras abría lentamente la puerta. Al entrar se encontró con la figura del rey con los cabellos aún mojados e inmóvil frente a su cama. Ella se acercó a él y colocó su mano en su hombro y fue hasta ese momento que el elfo se percató de su presencia. Volteó la cara sin ver lo que traía en brazos, casi instantáneamente volvió a girar el rostro.

Hîr nîn* ─suspiró Nienna mostrándole el pequeño bulto-, su hijo ya está mejor ─el elfo volteó ante esta última frase, pero no habiendo emoción alguna en su rostro vio de reojo a la pequeña figura envuelta en mantas.

─Llévatelo, no quiero verlo ─su voz era severa e imponente.

─Thranduil ─Nienna era una de las pocas personas que podía llamarlo por su nombre, pues lo conocía desde que había nacido; ella misma se había encargado de su nacimiento─; él no tiene la culpa, no seas injusto- el rey no mostró señales de haberla escuchado─. Escúchame Thranduil Oropherion ─dijo Nienna molesta-, el niño ya fue despojado de su madre, solamente le quedas tú ─el rey se giró totalmente y Nienna le extendió los brazos dándole al niño y con andar molesto se marchó de la habitación sin esperar respuesta. Por unos momentos dudó que dejarlo solo con un recién nacido fuera buena idea, así que esperó uno momento en la puerta a que saliera el elfo en su búsqueda para entregarle al niño, pero no sucedió y se marchó.

Thranduil se quedó inmóvil, durante diez minutos aproximadamente. Tenía al bebe en brazos pero no se lo había acercado, hasta parecía que sostenía una canasta con los brazos extendidos. Parpadeó un par de veces como despertando de un sueño y se dio cuenta de la peligrosa posición en la que tenía al bebe.

Se sentó en la orilla de su cama, acomodó al bebe en su regazo y lo comenzó a arrullar, pero no lo veía, no se atrevía a ver al fruto de su amor con Luinil. El pequeño príncipe se comenzó a mover tiernamente y fue entonces que Thranduil se animó a descubrirle el rostro que tenía cubierto con las sabanas. El niño abrió sus ojitos y se detuvieron en los de su padre, Thranduil le sonrió mientras nuevas lágrimas de dolor y alegría resbalaban por sus mejillas. Su hijo era hermoso: cabello rubio como el suyo, tenía la suave y pálida piel de su esposa, y sus ojos eran profundos y penetrantes de un color azul celestial. Era la combinación perfecta de Thranduil y Luinil.

─Mi preciosa hojita ─recordó cómo le había llamado su esposa al preguntar por él bebe─: Mi hojita verde ─acaricio su mejilla─. Prometo que no dejaré que nada te suceda ─El pequeño elfito comenzó a llorar─ Shss, shss calla mi niño. Ada* está aquí, ada* no te dejará solo mi pequeño Legolas* ─el pequeño elfo cesó sus sollozos ante el cariño de su padre.

Thranduil destendió la cama, colocó una almohada en el lado que correspondía al de Luinil y acomodó al pequeño bebe; se metió entre la sábana esperando a que el pequeño volviera a dormirse. Pasada medianoche él bebe cedió y Thranduil se dejó caer en un profundo sueño.


Traducciones

Vanimelda*- Hermosa mía

Estel nîn*- Mi estrella

Meleth nîn*- Mi amor

Hîr nîn*- Mi señor

Ada*- Papá

Legolas*- Hoja Verde


Notas de autora

Endoriel: Es pero y les haya gustado este nuevo capítulo espero reviews para saber que les pareció. En cada capítulo explicare sucesos relevantes, en estos primeros se llevaran por varios siglos, después por meses.

Si les gusto le pido lo recomienden, y si no les gusto dejen recomendaciones para mejorarlo; acepto críticas constructivas.

Antes de despedirme le agradezco a Nimbretell por ser mi primer comentario y a Mell-chu mi corectora de estilo que me anima a seguir escribiendo.

Nos vemos hasta el próximo capítulo.

Reeditado