Capítulo 2: La llegada del invierno
─¡Luinil, espera! ─gritó Thranduil desesperado mientras corría detrás de ella─; no te alejes ─corrió con todas sus fuerza, ella era veloz pero él, al ser un gran guerrero de musculosas extremidades inferiores, le alcanzó fácilmente; ya a un metro de distancia se lanzó sobre la elfa dejándose caer hacia atrás para no lastimarla─. Meleth in* ¿Por qué corres? ─le preguntó mientras se acomodaban en el pasto─. Me haces tanta falta ─suspiró el rey.
─Thranduil ─en su voz había un tono de tristeza combinado con felicidad. Se sentó recargándose en su antebrazo cubriendo con sus cabellos los rayos de sol en el rostro de su amado─, yo también te extraño…, pero…
─Basta ─colocó su dedo índice en sus labios para evitar que continuara hablando─; no sigas, por favor ─su voz era casi un susurro─. Meleth in* quédate con migo, no te vuelvas a ir, te lo ruego… los días son cada vez más obscuros; desde que te fuiste, no encuentro estrella alguna en el firmamento… Tú, mi única estel*… rayo de luz en el amanecer. ¿Por qué no vuelves a mí y me libras de esta obscuridad?…─su voz se quebraba, sus ojos se nublaban de lágrimas, Luinil no decía nada, solo se quedó inmóvil─ meleth in*… meleth in* desde que te fuiste se acabó mi risa pero no mis lágrimas… lo que un día te dije de amarte una eternidad se me hizo realidad y es que es imposible dar el corazón cuando en verdad no hay nada, tú te lo llevaste… No hay nadie como tú: que tenga tu calor, tu corazón, tu cuerpo… ─Su voz apenas se escuchaba, el rostro lo tenía rojo de tanto llorar, de tratar de calmarse pero no lograrlo─. Vuelve por favor, meleth in*… Luinil, sólo contigo estoy completo ─la elfa se quedó inmóvil, casi petrificada, como si no lo escuchara─. Por lo menos di algo… ─él estaba totalmente desecho.
─Thranduil ─dijo finalmente después de varios segundos─, esto no puede seguir así ─tapo los labios del elfo con su dedo índice.
El rey no podía creer lo que estaba escuchando ¿En realidad era ella la elfa que él amaba? Se sentó apartándose un poco de Luinil.
─Aquí estoy yo, tú también… pero es sólo la imaginación, tan sólo un sueño… Tienes que dejar ir a mi fëar*, no puedo continuar en este mundo… tienes que dejarme ir… ─le suplicó con el corazón comprimido de tristeza y dolor.
─¿Por qué?, ¿por qué me pides esto? ─bajó su mirada al suelo─. Sólo te tengo en sueños, sólo así puedo aliviar un poco mi pena… No pidas que te deje ir, no me apartes de tu lado…
─No hagas esto más difícil ─sus ojos comenzaron a derramar lágrimas, se puso de pie y Thranduil la imitó. Puso una mano en su mejilla─. Escucha: jamás te dejaré solo… Elbereth* una estrella iluminará tu camino; te acompañará adonde tú quieras… debes creer en verdad que parte de mí está en ella…
─Llévame contigo ─la interrumpió bruscamente sin escuchar lo que ella le dijo anteriormente.
─No puedo hacer eso… No te permitiré que abandones al fruto de nuestro amor ─Thranduil bajó la mirada, pero Luinil lo tomó por la barbilla obligándolo a que la viera a los ojos─. Prométeme que lo cuidaras; prométeme que serás un padre cariñoso y comprensible, no dejarás que nada malo le suceda.
El elfo no respondió.
─Promételo Thranduil; él no debe sufrir ─insistió ella.
─Te lo prometo, no dejaré que nada malo le suceda…
─Ahora ya me puedo ir en paz ─se apartó de él y comenzó a caminar. Thranduil tardó una milésima de segundo en reaccionar y se echó a correr detrás de ella. Pero a cada paso que daba parecía que se alejaba más y más, su figura se empezaba a perder entre los árboles.
─¡Vanimelda*! ─Gritó desesperadamente mientras corría detrás de ella─ ¡No te vayas! ¡Espera por favor!
Luinil no volteó ni una vez. Su silueta se perdió por fin entre los árboles; el rey la buscó pero no encontró nada.
─No me abandones, por favor espera… ¡Luinil…! ─gritó su nombre una y otra vez con la voz desgarrada por el dolor. Estaba solo en aquel bosque perdido en el pensamiento.
Thranduil se despertó bruscamente al sentir que una infantil voz le llamaba. Tenía el rostro sonrojado y empapado. Distinguió a la pequeña figurita, era su pequeño Legolas en pijama, aparentaba tener entre cuatro y cinco años humanos.
─Ada*, no puedo dormir ─el pequeño, para la sorpresa de Thranduil, estaba llorando─ ella me ha abandonado, se fue ada* y nunca más volverá ─arrastraba un pequeño oso de peluche color café obscuro y se enjugaba una lágrima con las mangas.
─¿Quién es "ella", mi pequeño? ─Thranduil se limpió rápidamente las lágrimas; al parecer el principito no se había percatado de ello pues estaba muy obscuro.
Se levantó y tomó en brazos al pequeño metiéndolo a la cama junto a él. Limpió las lágrimas que aún estaban en los ojos de su hijo.
─Una elfa muy bonita de cabellos castaños y ojos como las hojas… siempre me cuida y me hace reír mucho en mis sueños… Pero esta vez se fue y se perdió entre los árboles… me dijo que me quería mucho, pero que se tenía que ir ─reanudó el llanto─. No quiero que se vaya, ada*…
Thranduil comprendió al instante que su esposa no sólo se había despedido de él, sino también del pequeño.
─Tranquilo mi pequeña hojita, ella siempre estará contigo… jamás te dejará ─abrazaba al elfito─. Cuando tengas necesidad de verla, siempre recuerda que ella es la estrella más hermosa que bajó al mundo… ─los ojos azules del rey elfo estaban llorosos─ es una reina… es la reina de las estrellas; cuando la necesites, siempre la encontrarás en lo más alto, será la estrella más brillante del firmamento ─esto último era más como un consuelo para él que para el principito. El pequeño saltó de la cama, abrió el gran ventanal de madera y se dirigió al balcón.
─¡Ada…*! ¡Ada…*! ─gritó con gran asombro Legolas─, ella está en el cielo, tenías razón, es la más brillante de todas, ¡ven a verla!
Thranduil hizo caso al pequeño, pero temía en su corazón que no la lograra ver; hacía tanto tiempo que no veía una estrella. Ni en las noches más estrelladas había logrado verlas desde la partida de Luinil. Se dirigió a paso lento a su balcón; estando a lado de su pequeño cerró los ojos y con gran esfuerzo subió su mirada al firmamento.
─¡Oh…! ─para su sorpresa esta vez logró ver a las estrellas, pero vio con especial belleza a una desconocida hasta el momento; tan hermosa, pero muy lejana con un brillo intenso y frío. No pudo evitar derramar lágrimas de alegría y tristeza, recordó las palabras de su amada Luinil. Tomó a Legolas en sus brazos alzándolo. El pequeño se sobresaltó ante la prueba de afecto de su padre, pero no la rechazó─. Mi pequeño, te prometo que no dejare que sufras jamás, no dejaré que nadie te lastime ─su voz era entrecortada por el llanto─; no dejaré que nadie te separe de mi lado, tú siempre serás mi más grande tesoro; la estrella que ilumine mi camino… ─suspiró─. Mi corazón ya no está adentro de mí… mi pequeña hojita, tú eres mi corazón…
─No llores ada* ─el pequeño secó tiernamente las lágrimas de su padre con las mangas de su pijama. Él no comprendida por qué lloraba, pero sabía que no era común verlo en ese estado y menos haciendo promesas con un hilo de voz; siempre lo había visto como un gran elfo inquebrantable─, siempre vamos a estar juntos… tú eres mi más grande héroe –Legolas lo abrazo fuertemente. Thranduil quedó sorprendido, pocas veces el pequeño mostraba ese tipo de pruebas de afecto, él era más de tratarse de separar de sus brazos─ ¿Puedo dormir contigo? ─esto lo sorprendió aún más, tenía años que el pequeño no se lo pedía.
─Claro que sí, mi pequeña hojita ─le besó la frente y con su hijo en brazos se fueron a acostar en la cama.
El pequeño no tardó mucho en quedar dormido acurrucado al costado de su padre. Por otro lado, para el rey no fue tan fácil conciliar el sueño; ¿y cómo hacerlo si la razón de ello se había marchado de sus sueños? ¿Cómo poder soñar si no era con ella? Se levantó de la cama y salió a su balcón a admirar a las estrellas. Habían pasado ciento ocho años desde la muerte de Luinil y aún le costaba separarse de su recuerdo. Temía que con el tiempo se fuera desvaneciendo de su memoria y perderla para siempre.
Era una de las primeras noches de invierno; pequeños copos comenzaron a caer, cubriendo con una delgada capa de nieve las copas de los árboles. Thranduil tomó un copo en sus manos y jugueteó con él. Desde la muerte de su esposa no había nevado en el bosque. Tiempo después se metió a su habitación y se colocó a lado del pequeño cuidando de no despertarlo.
Era una hermosa y blanca mañana de invierno. Elenna, que era la niñera de Legolas y la sirvienta de mayor confianza del rey, se dispuso a comenzar sus labores así que se fue a despertar al pequeño príncipe. Al entrar en la habitación se percató de que no estaba el pequeño, de inmediato una preocupación se vio en la cara de la elfa, muy raramente el príncipe se despertaba temprano y cuando lo hacía, una o dos travesuras lo acompañaban, eso significaba más trabajo para la pobre elfa. Lo buscó por todas partes pero nadie lo había visto.
Después se puso a buscar al rey, que por lo regular a esa hora ya estaba en el comedor esperando al príncipe para el desayuno, pero no estaba ahí. Lo buscó en la biblioteca, la vinoteca, los salones, su estudio, los jardines…, bueno, hasta se le ocurrió bajar a las mazmorras. En su desesperación se encontró con Orel. Le preguntó si había visto al rey o al príncipe y él negó con la cabeza un poco preocupado por la repentina desaparición.
Por fin, ya cansada de tanto buscar, se dirigió a la habitación del rey. Tocó varias veces la puerta pero no recibió respuesta, jamás había entrado sin permiso pero era tan urgente lo que le tenía que decir que después de unos segundos de titubeo se dispuso a entrar. Al abrir la puerta se encontró con una tierna escena: el rey elfo tenía a su pequeño acorrucado a su costado mientras lo abrazaba por la cintura; era un cuadro hermoso, pocas veces Elenna había visto tal cosa.
Se quedó parada un minuto frente a la cama admirando la escena, pero rápidamente recordó lo que estos dos la hicieron pasar, toda su mañana buscando por todo el castillo y encontrarlos aun dormidos, no era justo.
─Conque aquí han estado los dos… ─dijo indignada haciendo que tanto el príncipe como el rey se despertaran sobresaltados─, no tienen ni idea de la mañana que me han hecho pasar. ─Thranduil, aún un poco adormilado, se quedó viendo a la elfa con sorpresa─. Los he buscado como loca por todo el castillo y me los encuentro durmiendo plácidamente ─no tomaba en cuenta que era a su rey y príncipe a quienes regañaba, se cruzó de brazos esperando una respuesta.
─¡Ada*! ¿Ya viste? ¡Hay nieve! ─dijo Legolas al ver caer copos por la ventana un poco empañada.
Elenna se asombró de la poca atención que le había puesto el pequeño. Thranduil sonrió divertido al ver el rostro de la elfa; el rey hiso un gesto para que el príncipe saludara.
─¡Ah! Buenos días Elenna ─el pequeño no dejaba de ver la ventana, era su primera nevada, todo eso era nuevo para él. Thranduil se rio más fuertemente.
─Buenos días Elenna, lamento la mala mañana que te he hecho pasar ─Thranduil aún tenía la sonrisa en su rosto.
─Si para verte sonreír así es necesario destruir el palacio entero, con gusto lo haría todos los días ─la elfa sonrió levemente.
En verdad había paso muchos años sin que Thranduil sonriera de corazón; Legolas le sacaba una sonrisa de vez en cuando pero era falsa, en cambio, hoy su risa llenaba de alegría toda la habitación. Estaba sentado cruzado de piernas en la cama como si fuera un adolescente; su hijo estaba hincado a su lado apenas conteniéndose por salir.
─Le iré a decir al cocinero que empiece a preparar el desayuno ─diciendo esto hizo una reverencia y se retiró de la habitación.
─¿Quieres salir a jugar? – preguntó el rey inclinándose hacia adelante para ver la expresión de su hijo. El principito reaccionó al instante y una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
─¡¿Es en serio?! ─el pequeño apenas ocultaba su entusiasmo. Thranduil asintió cerrando un poco los ojos y ladeando su cabeza hacia enfrente─. ¡Oh!, ada*… ¿Me puedes acompañar? ¡Por favoooooor! ─se acercó de rodillas hasta quedar frente a su padre; juntó sus pequeñas manitas y abrió más su hermosos ojos azules.
Thranduil sonrió tiernamente al ver la cara de súplica del pequeño.
─Está bien, hoy me dedicaré a ti por completo.
Legolas se lanzó sobre su padre tirándolo en la cama.
─Te quiero ada* ─el príncipe abrazó al elfo subiéndose encima de él.
El rey le devolvió fuertemente el abrazo. Pocas veces su hijo le decía que lo quería, y cada vez que lo hacía su humor era muy alegre durante semanas.
Pocos minutos los dos bajaron a desayunar o, mejor dicho, a almorzar. Legolas iba de la mano de su padre. Traía un lindo traje azul cielo; Thranduil por otra parte vestía unos pantalones café obscuro con un abrigo bronce, una vestimenta muy común para sorpresa de los sirvientes ya que no llevaba corona, ni joyas, sólo portaba su anillo con una perla no muy grande en el dedo índice, era el anillo con el cual le pidió matrimonio a Luinil.
Era una de las primeras mañanas de invierno, una delgada capa de nieve cubría al Bosque Verde.
Thranduil y Luinil cabalgaban tranquilamente en lo profundo del bosque por un hermoso sendero revestido de blanco. Luinil montaba una yegua gris, traía un vestido de manga larga verde esmeralda haciendo que sus ojos resaltaran maravillosamente, un capa café obscuro cubría su fina silueta; Thranduil cabalgaba encima de un caballo blanco, vestía unos pantalones gris obscuro, una camisa verde fuerte, botas de cuero café obscuro, armadura de cuero, en la espalda llevaba un arco finamente tallado en roble y carcaj lleno de flechas, de la cintura le colgaba una espada larga enfundada, era el uniforme que alguna vez uso mientras comandaba las tropas del norte; se había negado a que un escuadrón los acompañara.
El elfo se detuvo frente a unos arbustos; bajó de su caballo y agarrando a Luinil por la cintura la ayudo a desmontar, ataron los caballos a un árbol. Thranduil tapó sus ojos con un pañuelo blanco de seda, susurrándole al oído "tranquila meleth in* no te va a pasar nada… confía en mí… no digas nada"; aquel lugar era desconocido para la elfa.
El rey la agarro de la mano y la condujo entre los arbustos, caminaron un par de metros y Thranduil le pidió que se agarrara de su cuello, la tomó entre sus brazos y continuó caminando. Después de unos minutos la bajó delicadamente.
─Ya puedes quitarte la venda estel in* ─gritó Thranduil después de unos minutos, la elfa hizo caso inmediatamente y se sorprendió al ver el hermoso paisaje en el que se encontraba: un estanque congelado estaba frente a ella; una pequeña cascada congelada que salía entre la pared de piedras (se encontraba un poco más lejos) en la que se podía ver como corría el agua bajo el hielo; una frondosa arboleda blanca rodeaba el lugar, entre la arboleda había numerosos arbustos que hacían que el lugar fuera más difícil de encontrar. Se llevó ambas manos a la boca de la sorpresa parecía como si hubiera aparecido en el lugar por arte de magia, pues no encontraba el sendero por donde habían pasado y además en la nieve no se veía ni una solo huella; fue hasta entonces que se percató de que Thranduil no estaba visible en ese lugar.
─¡Thranduil! ─Lo llamó un poco asustada al no verlo─. ¿Dónde estás? ─empezó a buscarlo en todo el lugar con la vista.
─Tranquila aranel* ─dijo mientras salía de entre los arbustos acercándose lentamente─. Es un hermoso lugar ¿no lo crees?, lo encontré hace ya muchos años cuando aún era capitán de la guardia ─la tomó de las manos acercándola a él─ ¿Acaso crees que te abandonaría en medio del bosque? ─Sonrió picarescamente, ella negó con la cabeza. Thranduil acarició sus mejillas buscando su mirada, Luinil subió lentamente la cara encontrándose con los ojos zafiro de su rey.
Se vieron detenidamente durante unos minutos; Thranduil no dejaba de acariciar cada parte de su rostro admirando sus ojos, cejas, nariz, mejillas… sus labios. Se detuvo en éstos dibujando con sus dedos su delicada silueta. Luinil cerró los ojos esperando que la besara, el elfo se acercó a ella respirando su aliento, la estrujó contra su pecho y le besó la nariz. Se apartó de ella; la elfa abrió los ojos al notar el alejamiento de su pareja y se encontró con su rey de rodillas frente a ella.
─Vanimelda*, eres el más bello amanecer, pintas en mi rostro una sonrisa al volverte a ver. Como lluvia en el desierto te impregnaste en mí, el mundo cambió desde el momento en que te conocí.
Luinil se llevó ambas manos a la boca tratando de cubrir en vano su rubor, sus ojos comenzaron a nublarse de lágrimas; el simple hecho de ver a Thranduil a los ojos mientras esbozaba una sonrisa le era increíblemente conmovedor.
─Somos cuerpo y alma, par de gotas de agua ─continuó─. Somos noche y luna, como mar y espuma tú y yo ─las lágrimas de Luinil comenzaron a correr por sus mejillas mientras se cubría con una mano la boca; Thranduil tomó su mano libre entre las suyas, la elfa le evadió la mirada─. Mírame a los ojos, corazón; dime que lo nuestro no es un sueño, que esto es más que amor… ¿Sabes?, yo nunca estuve tan seguro de amar así sin condición, mirándote meleth in*, te juro cuidar por siempre nuestra unión. Lo mejor que me ha pasado fue verte por primera vez y estar así de mano en mano es lo que, amor, siempre soñé… Tú lugar es a mi lado, eres la única que puede cambiarme, la única capaz de hacerme inmensamente feliz… Mi complemento. Tú eres mi única debilidad…
Luinil no dejaba de sollozar.
─Hoy te prometo amor eterno, ser para siempre tuyo en el bien y en el mal. Hoy te demuestro cuánto te quiero, amándote hasta mi final ─Thranduil metió una mano en el bolsillo del pantalón para sacar una cajita de plata con entretejidos de oro. La abrió y dentro tenía un hermoso anillo con una perla blanca─. Aglareb in fëar*, ¿me harías el gran honor de ser mi esposa? ─El rey besó la mano de la elfa y ella volteó la mira a otro lado.
─¿Qué he hecho yo para merecer esto? ─dijo apenas con un hilo de voz haciendo su mayor esfuerzo por mantenerle la mirada─. Nada me haría más feliz que estar eternamente a tu lado… Es contigo con quien deseo compartir todas las edades del mundo así que sí, sí acepto ser tu esposa.
Thranduil se puso de pie y le colocó el anillo, acercó a su ahora prometida a él y la besó muy apasionadamente.
─El anillo es muy hermoso ─se separó un poco del elfo y observó la joya.
─Era de mi nana*, antes de morir me lo dio. Me dijo que se lo diera a la persona con la que yo deseara pasar toda la eternidad ─la agarró del mentón─; y la única a la que le he entregado mi corazón es a ti.
El rey despertó de su recuerdo al sentir una bola de nieve chocar contra su cabeza, se volteó y vio que el propietario del proyectil no fue otro más que su hijo. Sacudió su cabeza lentamente y mostró una sonrisa divertida. El pequeño comenzó a reír al ver que su padre no se molestó.
─¡Ada*! ─reclamó el pequeño cuando sintió una bola de nieve en la espalda apenas se dio la vuelta.
─Ya estamos a mano ─dijo entre risas al ver la expresión de sorpresa de Legolas─. Ven, Legolas ─su voz cambió a ser un poco imponente y nerviosa.
Había escuchado un ruido proveniente de los arbustos, era algo más que el movimiento de una ardilla. El príncipe se acercó rápidamente a su padre al saber lo que estaba sucediendo.
─Ponte detrás de mí ─el elfo desenfundó su espada y se fue acercando al arbusto sin hacer el menor ruido; como de costumbre cuando salía con su hijo no dejó que ni un soldado lo acompañara. Rodeó el arbusto sigilosamente─. ¡Sal de ahí, pequeña! ─Thranduil bajó la espada y soltó un suspiro de alivio al ver que sólo era una pequeña elfita de cabellos rojizos con pequeños rizos al final, piel pálida y ojos verdes obscuro─. Ven, no te haré daño ─el elfo le tendió una mano, la pequeña la tomó; tenía aproximadamente la misma edad que Legolas─. ¿Cómo te llamas, pequeña?
─Tauriel ─respondió con timidez al ver a tan imponente elfo, ella no sabía quién era.
─¿Quiénes son tus padres? ─Thranduil estaba desconcertado al ver a tan pequeña elfa vagar sola por los bosques.
─Soy hija de Falathar, capitán de la guardia del oeste ─inconscientemente se alzó orgullosa. Tauriel pensaba que con decir el puesto de su padre aquel extraño no le haría daño; además, si no se equivocaba, justamente estaban del lado oeste del bosque.
─Ada* ¿Quién es Falathar? ─preguntó Legolas, que hasta entonces había permanecido escondido. Tauriel saltó sorprendida al ver a un elfito salir detrás de tan imponente elfo─. Jamás lo he visto.
─Es uno de los mejores soldados del reino…
─Después de ti y de Orel, ¿verdad, ada*? No hay mejor guerrero que tú ─Tauriel se molestó un poco al ver como el pequeño degradaba a su más grande héroe, se cruzó de brazos y frunció un poco el ceño.
─Los tres somos grandes soldados en nuestro campo ─explicó Thranduil al ver el mohín de la pequeña─. Por ejemplo: yo soy buen espadachín, Orel es el mejor en combate cuerpo a cuerpo y Falathar es de los mejores arqueros del reino.
─Oh… ya veo… ¿Quieres jugar a guerra de bolas de nieve? ─se dirigió a la pequeña, la cual se desconcertó mucho al ver lo rápido que cambiaba de tema (cosa que saco de su nana* sin duda alguna).
─Por supuesto, me encantaría ─la pequeña relajó el rostro y caminó hacia él.
─Me llamo Legolas ─le extendió la mano en forma de saludo mostrando una gran sonrisa.
─Esperen un momento ─Thranduil regreso en sí; se había quedado observando la tierna escena de los pequeños. Ella era la primera elfa con la que jugaba, bueno, en realidad la primera de su edad con la que jugaba─. Tu adar* debe de estar muy preocupado... deberías avisarle dónde estás.
─No hay problema con eso, mi ada* no está muy lejos de aquí. Siempre que lo acompaño en sus expediciones de "cuidado" fuera de su horario de trabajo, me deja pasar no muy lejos de él ─esto sorprendió mucho a Thranduil pero no le dio mayor importancia.
─¿Ya podemos jugar? ─preguntó Legolas impacientemente.
─Sí, ya pueden jugar ─en cuestiones de fracciones de segundo una bola de nieve chocó contra su cara; Legolas tenía la mano escondida y sólo esperaba a que su adar* diera la señal de inicio. El rey se sacudió la nieve de la cara y le lanzó una al elfito.
Durante unos minutos Tauriel sólo observo divertida como se lanzaban la nieve, hasta que Legolas le lanzó un poco en el cabello. Ella se lo sacudió y lanzó una bola contra el principito con tanta fuerza que hasta se cayó de sentón; Thranduil rio a carcajadas por lo que había sucedido.
Pronto se desató una lucha de nieve entre los dos pequeños; el rey sólo era espectador y moría de risa al ver cómo su pequeño era fácilmente superado por una elfita. En lo que Legolas lanzaba una, Tauriel ya le había lanzado un par. Thranduil no pudo más estar de pie y se sentó en una roca.
El fuego cesó durante unos segundos: los pequeños cruzaron miradas y ambos tuvieron el mismo plan. Sin previo aviso ambos comenzaron a emboscar al gran elfo; el rey no sabía si de la risa, de la sorpresa o por la fuerza de los proyectiles cayó de espaldas, situación que aprovecharon al máximo los elfos acorralándolo en el suelo manteniendo un poco de distancia.
Como pudo, Thranduil se levantó y echó una mirada retadora a ambos; esta vez fue él quien comenzó a lanzar bolas de nieve moderando su fuerza hacia ambos elfitos.
Una gran batalla de nieve se desató en aquel lugar; proyectiles eran lanzados de un lado a otro dando en el blanco. El rey tenía una gran puntería, todo esto le recordaba mucho a su niñez y adolescencia; desde que se había convertido en capitán y posteriormente en rey no había jugado con la nieve. Los pequeños retrocedieron buscando refugio entre los árboles; ambos tramaron un plan rápidamente para poder vencer al elfo.
Los elfitos salieron detrás de los arboles con una bola de nieve en cada mano, se quedaron parados a unos metros del elfo. Él comprendió el desafío y tomó una bola de nieve en cada mano. Durante unos momentos cruzaron miradas retadoras hasta que Tauriel hizo un movimiento para lanzar la bola de nieve, pero el rey se le adelantó y lanzó las dos bolas de nieve; para su sorpresa ambos esquivaron los proyectiles.
Legolas lanzó su primer bola en el cabello de su ada*, Tauriel le lanzó una otra en la garganta y para finalizar ambos lanzaron su última munición en la cara del rey. Éste cerró los ojos y en cuestión de segundos Legolas se lanzó a sus piernas haciendo que perdiera el equilibrio, Tauriel lo imitó. Ambos elfos estaban encima de Thranduil: Legolas en su pecho y Tauriel en sus piernas. El rey estalló en carcajadas por la sorpresa, no logró hacer otro movimiento en su defensa.
─¡Tauriel! ─gritó molesto un elfo de cabellos negros, piel clara y ojos verdes, que iba saliendo de entre la arboleda─. ¿Qué estás haciendo?... ─levantó a la pequeña de encima del rey─. Hîr in* os ruego perdone a mi hija ─le ayudó a levantarse tomándolo del antebrazo, acción que Thranduil rechazó─. Ella es pequeña y no sabe lo que hace ─replicó Falathar temiendo que Thranduil se molestara con él o con la pequeña.
─Ada*, ¿quién es? ¿Por qué lo llamas hîr in*? ─Tauriel estaba desconcertada por cómo su adar* trataba a aquel elfo.
─Calla ─regañó a la elfa─; él es el rey del Bosque Verde ─Falathar estaba muy nervioso.
─Tranquilo ─Thranduil levantó una mano en señal de paz─; no pasa nada, como dijiste, es sólo una elfita… Además, sólo estaba jugando con Legolas.
─Pero, hîr in* ─replicó el capitán─, estaba tirado en la nieve y ella estaba arriba de usted…
─Eso fue travesura de mi hijo, Tauriel sólo le siguió el juego ─Falathar suspiró no muy convencido de la explicación de su rey─. Además está bien que Legolas juegue con alguien más que no sean los soldados del palacio.
─¿Puedo seguir jugando con Tauriel? ─el pequeño príncipe se empezaba a desesperar─ ¿Puedo jugar con su hija? ─se dirigió al capitán al ver que su adar* no le daba respuesta; Falathar sonrió al ver los ojos azules de Legolas suplicando jugar─. Prometo ser caballeroso, respetuoso y que no le pasará nada ─el principito se irguió, alzó su mano derecha y comenzó a recitar su juramento. Finalmente, Falathar asintió con la cabeza─. ¡Gracias! ─Se dio media vuelta, agarró la mano de la elfa y se echaron a correr juntos.
─No se vayan tan lejos ─sentenció el rey; ambos elfitos asintieron con la cabeza al mismo tiempo.
─¿Eres un príncipe? ─se escuchó preguntar a Tauriel a lo lejos.
─No me preocupa Tauriel ─Thranduil estaba viendo cómo se marchaba su pequeño con la elfa; se volteó a ver al capitán con sorpresa ante su comentario─. En realidad es Legolas quien me preocupa ─se le veía confundido al elfo rubio─. Ella suele ser muy… brusca con los demás ─explicó Falathar.
─Le hará bien ─sonrió Thranduil─; pero, dime: ¿qué es eso de tu misión de "cuidado"? ─el capitán se sobresaltó ante la pregunta─. ¿A quién cuidas? ─el rey miró al capitán escudriñando sus pensamientos.
─En realidad… bueno, es que… ─comenzó a ponerse nervioso el capitán.
─Jamás me dejan a solas en el bosque ─se adelantó Thranduil, no le estaba preguntando sino que afirmaba la situación.
─No podemos dejar que le pase nada a la familia real ─respondió apenado el elfo moreno.
─Sé cuidarme bien ─Thranduil estaba un poco molesto.
─Eso lo sé de sobra, pero no perdonaría el que le pasara algo sabiendo que pude haberlo impedido ─en su voz se notaba preocupación─. ¿Acaso no seguirías al príncipe todo el tiempo para evitar que le suceda algo? ─el capitán le dio en el punto débil; Thranduil suavizó su mirada─. Es lo mismo para nosotros.
El resto de la tarde Legolas se la paso jugando con Tauriel; era su primera amiga, la cuidaba mucho pues al ver su delgada figura pensaba que en cualquier momento se podía romper, pero en lugar de eso fue él quien más veces fue a parar al suelo.
Ya iniciado el crepúsculo, Thranduil y Falathar fueron por los pequeños para llevarlos a sus respectivos hogares. El príncipe quería seguir jugando, pero su cuerpo lo traicionó a medio camino, Thranduil se vio obligado a llevar al pequeño en sus brazos; a los pocos minutos Irmo* lo reclamó. Tauriel, por otro lado, todo el camino se la pasó admirando las hojas de los árboles cubiertas por la nieve.
Al llegar al palacio Elenna ya los esperaba recargada en la puerta del palacio con los brazos cruzados.
─Hoy fue el día de preocuparme al máximo para ustedes dos, ¿verdad? – en su cara se veía un claro enojo. A los pocos segundos de ver al rey a los ojos se le formó una fina sonrisa y sacudió su cabeza hacia los lados─. Dame al pequeño para llevarlo a la cama ─le extendió los brazos al ver que Legolas estaba dormido.
─Tómate el resto de la noche ─rechazó amistosamente─, yo me encargaré de él hoy.
─Muchas gracias ─sonrió aún más Elenna y se dispuso a marcharse─. Si no necesita nada más, me retiro ─Thranduil hizo un movimiento con la cabeza indicando que se marchara.
Al llegar a la habitación de Legolas, el rey destendió la cama con una mano, acostó al pequeño, sacó la pijama de su armario y comenzó a desvestirlo para cambiarlo. El príncipe se medio despertó y con los ojos casi serrados se sentó en la orilla de la cama dejando que su padre lo cambiara. El rey le deshizo las trenzas a Legolas, lo tomó nuevamente en sus brazos y lo acomodó entre las sabanas.
─Hoy me divertí mucho, ada* ─dijo el pequeño entre sueños antes de que el rey lo dejara totalmente acostado en la cama.
─Yo también mi hojita verde, yo también… ─le besó la sien a Legolas y éste respondió con un suspiro. El rey se marchó silenciosamente de la habitación.
Al salir de la recamara de su hijo no se dirigió a la suya, sino a su despacho. Al llegar se encontró con todo su escritorio lleno de papeles por revisar y firmar. Se sentó tranquilamente en su silla, se sirvió una copa de vino tinto y comenzó a leer los pergaminos. "¿Este es el precio por estar con mi hijo todo el día?… lo haría todos los días con gusto, de ser posible", pensaba el rey mientras leía; le esperaba una noche de desvelo.
Ya entrada la media noche se levantó del escritorio para ir a descansar. Se puso una bata de seda café y salió al balcón para ver a las estrellas antes de dormir.
─Buenas noches meleth nin* ─se dirigió a la gran estrella azul.
Meleth in*- Mi amor
Fëar*- alma
Elbereth*- Valar de las estrellas
Vanimelda*- Hermosa mía
Estel nîn*- Estrella mía
Aranel*- Princesa
Aglareb nîn fëar- Brillo de mi alma
Nana*- Mamá
Ada*- Papá
Adar*- Padre
Hîr nîn*- Mi señor
Irmo*- Valar de los sueños y visiones
Notas de autor:
Endoriel: espero y les haya gustado este nuevo capítulo, agradezco la ayuda de mi amiga Mell-chu que es mi correctora de estilo personal.
Sé que me he retrasado mucho con las actualizaciones, espero no me odien por eso. Si tiene alguna duda, sugerencia o simplemente no les gusto les agradecería me lo hagan saber. En este capítulo recompense un poco a Thranduil, por lo mucho que sufrió en el pasado.
Para hacer la escena del principio, cuando el rey elfo esta soñando me inspire en las siguientes canciones (de estas solo saque pequeñas frases):
- "Amor amor" Río Roma
- "Ángel" Belinda
Cuando Thranduil le pide matrimonio a Luinil me inspire en las siguientes canciones (De estas copie casi toda la letra, no me juzguen me encantan):
- "Más que amor" Il Volo
- "Hasta mi final" Il Divo
Saludos .
Reeditado
