Capítulo 5: Audiencia con el Rey
El elfo que había estado respondiendo las preguntas era un poco alto, de cabello rubio-ceniza perfectamente lacio y largo, ojos de un verde deslumbrante, piel blanca ligeramente broceada, nariz un poco chata, labios ligeramente gruesos, llevaba puestos unos pantalones de montar negros ajustados al cuerpo, botas de cuero negro, una camisa larga de un gris obscuro, de aproximadamente unos veintitrés años humanos.
El otro elfo que terminaba de quitarse la tela que cubría su rostro era aún más sorprendente: cabello lacio de un rubio muy poco común pues era tan intenso y brillaba como el reflejo del oro puro en plata, ojos de un verde penetrante con detalles de gris en las orillas y dentro de la pupila era como ver el bosque iluminado por la luz de la luna, piel blanca como la nieve, nariz un poco aguileña pero que se adaptaba a la perfección al resto de sus rasgos faciales, labios delgados de un rosa pálido, era ligeramente más delgado que el otro elfo, casi de la misma estatura, vestía exactamente igual que su compañero, aparentaba tener al igual que el otro los veintitrés años humanos.
Pero definitivamente la figura de en medio lo dejo sin palabras: una elfa excesivamente joven como para vagar sola con dos caballeros, aparentaba tener apenas los dieciséis años humanos, ojos azul con mezcla de plata era como ver la noche más estrellada en su mirada, nariz fina, pestañas quilométricas, cejas delgadas, mejillas ligeramente rosadas, la piel de la elfa era tan blanca que parecía porcelana fina Oropherion podría jurar que la piel de la niña brillaba como una estrella muy lejana, su cara era muy fina en toda la extensión de la palabra, su cabello maravillo al rey no era ondulado, ni lacio o chino como el de las demás elfas, no su cabello estaba hermosamente adornado en puros caireles de todos los tamaños le llegaba poco más arriba de la cintura, su silueta se podía ver extremadamente delgada y delicada como una rosa, era un poco más baja que sus compañeros, vestía de la misma forma que ellos.
Thranduil quedó maravillado, no pudo evitar pensar que los tres poseían sangre real… esa palabras resonaron en su cabeza, sintiéndose avergonzado por la forma en como habían sido tratados al ingresar al bosque.
Noto de inmediato que los últimos dos tenían un gran parecido en sus facciones. Le pareció que el elfo guía tenía un porte más agresivo incluso su forma de mirar; en cambio los otros dos tenían la mirada tierna, a pesar de que el otro elfo se veía más grande tenía la misma mirada inocente que la elfa.
- Aranya* yo soy Joshufel – el guía interrumpió de sus pensamientos al rey – soldado de la casa de los Noldor – Thranduil no podía dejar de sorprenderse, pero esta vez oculto su asombro – encargado de la protección de mis señores – hizo una reverencia asía los otros dos elfos.
- ¿Tus señores?, creí que servías al linaje de los Noldor.
- En efecto; ellos son… - el otro elfo hizo un ademan para que dejara de hablar.
- Yo soy Annatar hijo de Ernetor… – el rey puso una mirada indicándoles que no era ningún ingenuo.
- Ernetor murió en un huracán rumbo a Valinor; además si en verdad eres su hijo, por la edad debimos de haberte conocido o por lo menos saber de tu existencia por boca de él.
El rey del Bosque Negro tenía mucha razón en sus palabras, a Annatar se le notaba que tenía por lo menos dos mil quinientos años; y de la guerra de la última alianza habían pasado dos milenios.
- Le suplico me deje terminar – fastidiado Thranduil asintió de mala gana – cierto es que a mi padre lo envolvió un huracán, pero no murió; él y todos los que embarcaron despertaron en una isla solitaria, con los navíos desecho casi por completo. Sin rumbo ni hogar fundaron un nuevo reino "Gildîn" gobernado por el príncipe noldor Ernetor, hijo de Anroel, hijo de Finarfin rey supremo de los Noldor en Valinor.
- ¿Finarfin, padre de Galadriel? – las palabras se escaparon de su boca antes de que las razonara.
- Así es – en la mirada de Oropherion se leía claramente que necesitaba más información – cuando todo el linaje de Finwë se marchó de la tierra bendecida; a excepción de Finarfin; años después nació un nuevo príncipe Anroel, hermano de Galadriel. Por supuesto que nada de estas nuevas llegó a Tierra Media – el rey indico que ya era suficiente.
Por la mente de Thranduil pasaban mil y un pensamientos diferentes; era mucha información por digerir en tan poco tiempo. Sabía de ante mano que el linaje de Ernetor era alto, pero jamás se imaginó que será tan puro y directo; mucho menos paso por su mente alguna vez que sería pariente cercano de la dama blanca, convirtiéndose incluso en familia política de Elrond.
- ¿Quién es la elfa? – Oropherion cada vez sentía más curiosidad por la pequeña.
- Ella es mi hermana gemela Lúthien…
- ¿Gemela has dicho? – Exclamo irónico, pero su rostro seguía serio – le llevas al menos un milenio de diferencia.
- Hîr nîn* Thranduil, sé que aparento tener más edad de la que en verdad tengo – el rey exigía explicaciones con la mirada – desde antes de que naciéramos la maldición de Sauron calló en nosotros – suspiro entristecido – mientras ibas creciendo, mis padres rápidamente notaron que crecía más rápido de lo normal, más sin embargo tenia los conocimientos y la madures propios de la edad que aparento – Annatar bajo ligeramente la mira al piso.
A pesar de que el corazón de Thranduil se comenzó a acongojar por la suerte de ellos, ninguno de sus rasgos fáciles lo demostró ni siquiera su mirada. Comenzaba a notar que el tema le incomodaba al hijo de Ernetor
- Ya está dicho quiénes son y de donde vienen – cambio hábilmente el tema Oropherion – ahora díganme ¿Cuáles son sus motivos para venir a mí reino?
- Desde antes de mi nacimiento el pueblo calló en desgracia, constantes oleadas de trasgos atacaban Gildîn, sin embargo el rey los mantenía al margen. Durante años nos fuimos acoplando a las criaturas malvadas; pero desde hace un siglo las líneas enemigas aumentaron considerablemente – una sombra de dolor se vio en los ojos del príncipe de Gildîn – mi padre nos envió en un barco a nosotros tres y cinco guardias más; los otros no tuvieron tanta suerte y se quedaron en el camino… antes de partir, me dijo que él lugar más seguro en Tierra Media era el Bosque Verde – guardo silencio unos segundos – venimos a pedir asilo en su bosque.
- Sin bien venidos en mí reino– Thranduil intuía que aún faltaba más información por dar sobre su pasado, más sin embargo lo omito por el momento - ¿Qué tienen que decir en su defensa, de los cargos que los acusan? – el rey seguía sereno y totalmente serio.
- Todos o la mayoría de los cargos son ciertos – contesto Joshufel había permanecido en silencio todo la conversación – pero su capitán no conto toda la verdad…
- Y ¿Cuál es toda la verdad?
Joshufel contó todo lo sucedido durante el camino desde que se encontraron a Lilien hasta que los comenzaron a rodear; Thranduil lo escucho con atención disimulando su sorpresa, pues muy pocas veces se había enterado de que elfos extranjeros lograran vencer tan fácilmente a esas alimañas.
- Si el capitán no nos hubiera apuntado con flechas como si fueranos los más despreciables criminales después de matar lo que a ellos se les estaba escapando; le aseguro que ni una falta de respeto de mi parte hubieran recibido los capitanes.
- Claro está que Falathar cometió un error en apuntarlos con armas, pero ¿a qué se debió que amenazaran de muerte al capitán?
- Trató de registrar a la fuerza a mis señores… por supuesto que como el encargado de su seguridad no iba a permitir tal falta de respeto a su persona – suspiro un tanto molesto – además le aseguro que no se percataron de que mí princesa Lúthien era una dama, puesto que la trataron con la misma violencia que a nosotros – en sus ojos se veía con claridad un fuego interno – además desde el principio les dije de la mejor forma que solo ante su excelencia contestaríamos las preguntas, puesto que no son cosas que se tengan que andar divulgando por todo el lugar.
- Este asunto lo arreglaremos mañana a primera hora en presencia de los implicados – sentencio.
- Mi señor – dijo Annatar – me temo que lo que le hemos dicho es tan solo la mitad de lo que tenemos que decir y no lo podemos dejar para mañana – Thranduil asintió un poco cansado pero no lo demostró – hasta el momento solo le hemos proporcionado la información necesaria para responder a sus preguntas, pero es necesario que conozca toda la historia. Pero antes solicitamos su permiso para poder ir por algunas de nuestras pertenencias que ayudaran a la comprensión de tan extraños sucesos.
- Tienen mi permiso; al salir pidan a uno de los soldados que custodian la puerta, que los lleven con Orel o alguno de los capitanes que aun este en servicio, para que recojan lo que sea necesario.
- Se lo agradezco – Annatar hizo una reverencia – para no demorar en explicar lo acontecido, en lo que regresamos Lúthien comenzara a relatar los primeros sucesos – mientras decía esto él y Joshufel volvían a colocarse las capas negras; a Thranduil le pareció ver como de nueva cuenta las perlas de los anillos de Annatar cambiaban de color, esta vez de blancas a negras mientras más se acercaba al entrada.
Tanto Thranduil como Lúthien se sorprendieron de las últimas palabras del príncipe de Gildîn. El rey comenzaba a presentir que sería una noche muy larga; eran aproximadamente las once de la noche.
Cuando los elfos salieron por completo del salón del trono, Oropherion noto como comenzaba a temblar ligeramente la pequeña princesa sin saber cómo comenzar la tarea que le encomendó su hermano.
- ¿Por qué volvieron a cubrirse la cara? – cuestiono para terminar el silencio incomodo; esta acción había desconcertado al gran elfo.
- No pueden mostrar su identidad a nadie hasta que usted nos dé el permiso de caminar libremente por el reino – respondió rápidamente con timidez.
- ¿Pero les he dado el permiso de ir por sus cosas?
- En efecto, pero no ha dado la orden de que podemos salir sin tener que cubrirnos la cara… aunque para Annatar da lo mismo – esto último lo dijo en voz tan baja que apenas el rey la alcanzo a escuchar.
Thranduil noto con facilidad como titubeaba la pequeña cada vez que respondía y como le evadía la mirada; era más que obvio que él le causaba un poco de miedo: sentado orgullosamente en el trono con el rostro serio y la voz imponente; era mucho para la elfa. Así que comenzó a bajar las escaleras lentamente, mientras la princesa seguía con la mirada cada uno de sus movimientos.
- Ven, acompáñame – dijo cuando estuvo más cera de ella, con una voz tan dulce y compresible que Lúthien se sorprendió de sobre manera; la elfa agarro su capa de suelo y comenzó a ponérsela – no es necesaria – la interrumpió poniendo una mano antes de que se colocara la capucha - tienes mi permiso para andar libremente por el palacio – ella obedeció rápidamente doblando por la mitad la capa llevándola en su regazo.
Lúthien iba siguiendo a Thranduil muy de cerca; no dejaba de admirar a tan impotente elfo. Desde que lo vio sentado por primera vez en el trono noto lo orgulloso que era: su cabello deslumbrante como el sol, ojos de un azul zafiro, piel blanca y fina, el cómo portaba en alto su corona de roble; pero cuando se levantó por la carta se asombró de lo alto que era, ahora que lo tenía unos pasos su asombro creció aún más, pues ella apenas lograba llegarle un poco más abajo de los hombros; definitivamente cuando lo escucho dar órdenes le dio un poco de miedo, pero ahora que lo había escuchado hablar tan amablemente cambio por completo el estereotipo que había creado de él cambio por completo.
- En cuanto lleguen – el rey se dirigió a uno de los soldados de que custodiaba el salón - los envías a mi estudio… dile a Galion que apague las antorchas y que en una hora se dirija a mi estudio, si no lo he mandado llamar antes – se dirigió a otro de los soldados.
Los dos soldados no pudieron esconder su asombro al ver salir a la pequeña elfa detrás de su rey, pero no dijeron nada del tema.
El rey continuo caminando silenciosamente por un pasillo largo iluminado por unas pocas antorchas, no había ningún soldado, todo estaba en completo silencio. Thranduil se detuvo frente a una gran puerta de madera tallada finamente; él abrió la puerta e hizo un ademan con la mano invitando a la elfa a pasar primero; bajaron un par de escalones, la pequeña se detuvo en el centro del estudio esperando alguna indicación. Oropherion adelanto sus pasos, encendiendo un par de velas y una linterna para que quedara bien iluminado el amplio estudio; para sorpresa de la princesa, él se quitó la corona colocándola en una almohada de terciopelo rojo, posteriormente se dirigió a una mesita iluminada por la luz de las luna donde habían diferentes tipos de vinos.
- ¿Quieres un poco de agua? – ofreció muy amablemente el rey.
- Me encantaría – su voz apenas se oía – muchas gracias.
Thranduil sirvió un poco de agua en un vaso de cristal y vino en otro; se acercó a su escritorio colocando ambos vasos en la mesa para poder recorrer la silla más fácilmente; se sentó con una delicadeza impresionante, le indico con la mano a la elfa para que tomara asiento frente a él, Lúthien titubeo un poco y con paso indeciso se fue acercando hasta llegar al lugar señalado por el rey. Cuando se sentó Oropherion le extendió el vaso con agua; ella lo tomo rozando las tibias manos del elfo con las suyas frías; esto inquieto un poco al rey, era como si el frio de la noche le afectara, pero no dijo nada por el momento. La elfa tomo un pequeño sorbo de agua.
- Curioso nombre que le dieron al reino de tu padre "Sombra de las estrellas" – comento Thranduil sabiendo que a la elfa le costaría trabajo iniciar una conversación.
- Cuando llegaron a la isla – contesto casi de inmediato - lo primero que pensaron fue estar en Mandos; la isla tenía una hermosa vista. Pero rápidamente descartaron la idea al darse cuenta de que ninguna de sus heridas fue curada, además de sentir dolor, cansancio y en los caso más graves frio – suspiro – todos esperaban con ansias la noche, tenían la esperanza de que tal vez Elbereth comunicara algo por medio de las estrellas… pero en la isla no se ven las estrellas, ni el más mínimo destello – Thranduil comprendió de inmediato como se sentían aquellos elfos, pues desde hacía tiempo no veía la luz de las estrellas.
- Y al ser nosotros el pueblo de las estrellas – continuo la princesa - decidieron que lo mejor era ponerle así; ya que la felicidad se redujo casi por completo… durante años esperaron alguna señal de los Valares, pero nada; el más se movía bruscamente después de doscientos metros de la costa, regresando a la orilla a todos los que intentaban partir. A pesar de todo el pueblo nunca se rindió, en lugar de entregarse a Mandos decidieron fundar un nuevo reino, con la esperanza de algún día llegar a Valinor – guardo silencio recordando a la hermosa gente que había dejado atrás.
- ¿Cómo fue que llego Sauron a la isla? – cuestiono en tono amable y a las vez interesado; Lúthien noto su tono de voz quedando impresionada por como la trataba a ella con dulzura, mientras que a sus compañeros los trato con arrogancia y seriedad.
- Durante algunos años todos rehicieron sus vidas, incluso comenzaban a ser felices – suspiro – pero después, poco a poco los guardias fueron encontrando a orcos que espiaban el reino; algunos eran llevados ante mi padre para ser interrogados pero no hacían otra cosa más que burlarse sin parar. Así pasaron unos años hasta que un pequeño ejército de trescientos orcos atacaron Gildîn; todos murieron en el intento, solo dejaron vivo al capitán para ser interrogado… ante el rey confeso entre bufidos que solo era el comienzo, todo estaba planeado desde antes de que llegaran a la isla, su señor nos aria pagar todo lo que nuestra raza le había dicho – en su mirada se vio una chispa de odio – mi padre lo degolló al instante… desde ese momento forzó a todos los soldados a perfeccionar sus tácticas de combate, incluso el mismo invento nuevas formas de combatir – el rey la observaba estupefacto, pero no demostró ninguna emoción como de costumbre.
- ¿Ustedes ya habían nacido? – se llevó la copa de vino a la boca dándole un sorbo.
- No, eso sucedió en los primeros ciento cincuenta años – por poco Thranduil escupe el vino.
Ciento cincuenta años era un tiempo muy corto para los elfos; y ellos habían logrado fundar un reino de la nada, vivir en tranquilidad, esperar respuestas de los valares, detener las fuerzas y vencer a un pequeño ejército. El simple hecho de confirmar que en un año élfico, un reino construido en medio de la nada, sin recursos o aliados, haya sido capaz de vivir sin preocupaciones es muy sorprendente. Eso quería decir que durante poco más de mil ochocientos años el pueblo enfrento al enemigo en su propia morada.
- Durante noventa y dos años más – hablo Lúthien viendo en los ojos del rey que necesitaba más información – mi padre luchaba casi a diario con grupos de cincuenta orcos y guarros; sin más alternativa les enseño su táctica de lucha a todos los elfos – guardo silencio – una noche que el rey paseaba por las costas en busca de respuestas… Irmo* se comunicó por primera vez con él, por medio de sus sueños; le dijo que durante todo ese tiempo trataron de localizarlos sin cansancio, pero ni Manwë* o Ulmo* fueron capaces de sentirlos; no fue hasta que uno de los elfos llego a Mandos que les informo que estaban en una isla, siendo atacados casi a diario. Esa noche el valar no le dijo otra cosa – tomo un poco de agua – al día siguiente en sus sueños se le presentaron siete de los valares: Manwë*, Elbereth*, Ulmo*, Aulë*, Irmo*, Yavanna* y Tulkas*; todos se veían como pequeñas sombras y columnas de humo. Le dijeron lo siguiente:
- Sabemos que tu pueblo sufre – hablo Manwë* con voz de trueno - nosotros no hemos podido localizarlos aun… una magia poderosa protege la isla.
- No podemos hacer nada para sacarlos de ese lugar – sonó la voz de Ulmo*.
- Más no desesperes – lo tranquilizo Elbereth* - tenemos una solución para ti, si la quieres tomar.
- Cualquier cosa que ustedes me ofrezcan será bien venida – contesto mi padre.
- En tu casa nacerá un niño – continuo Manwë* - que ayudara a vencer a la maldad de Gildîn… él tendrá nuestra bendición.
- Yo le ofrezco la habilidad para crear artefactos en momentos de necedad – dijo Aulë*.
- Tendrá un gran conexión con la naturaleza – hablo Yavanna* - escuchando los secretos que esta le pueda revelar.
- El agua lo reconfortara – se escuchó la voz de Ulmo* - siempre que esté cerca de los riachuelos sentirá cuando el mal se acerque… su presencia será fresca, transmitiendo tranquilidad.
- Su corazón le advertirá al tomar las decisiones – declaro Irmo* - analizando las consecuencias del futuro.
- Las estrellas nunca se le negaran él – dijo Elbereth* - será tan amado como una estrella, su propia presencia iluminara las mentes de los soldados agobiados.
- Será tan silencioso como el aire – informo Manwë* -, su vista será penetrante y tendrá la velocidad del viento.
- A pesar de ser el último, no es el menos importante – sonó la voz juguetona de Tulkas* - tendrá astucia, fuerza, habilidad con las armas, temperamento sereno para hacer las mejores estrategias, reconfortara a sus soldados con su alegre forma de ser – en pocas palabras seria como él.
- Se los agradezco de todo corazón – la voz se le quebraba – han brindado una luz de esperanza en este tiempo de crisis.
- Sin decir algo más el sueño termino – continuo relatando Lúthien – el rey se dirigió rápidamente a su habitación, donde se encontró con la sorpresa de que naneth* estaba embarazada…
- Has dicho que los valares bendijeron a un niño, solo a uno – interrumpió Thranduil que escuchaba atento el relato – más tu hermano ha dicho que son gemelos, ¿Cómo es posible que ellos no se dieran cuenta de que eran dos y no uno?
- Al principio solo era un elfo – los ojos del rey se abrieron tan grandes como unos platos – Sauron se enteró del regalo de los valar; trato de matar al niño desde el vientre de mi madre – la mirada se le entristeció – pero no tenía la fuerza suficiente para hacerlo… lo único que logro fue separar el ovulo en dos partes, esperando a que muriera – guardo silencio.
El rubio la veía con ternura, mientras ella bajaba la mirada reteniendo sus lágrimas; Thranduil vio de inmediato que su nacimiento fue un error, nadie la esperaba. Tenía ganas de abrazarla, de decirle que se podía desahogar él la consolaría; más no se atrevió a hacerlo, solo espero a que ella estuviera lista para seguir hablando.
- De la artimaña del señor obscuro no se enteraron mis padres – continuo Lúthien con la voz un poco ronca – no fue hasta… el día de nuestro nacimiento; mi hermano nació en una tarde de principios de diciembre – la profunda tristeza se demostró en sus ojos de cielo – de inmediato le pusieron Annatar* "Señor de dones", pues había sido dotado de dones por los valares – respiro profundamente – mi minutos después tuvo más contracciones… el rey se preocupó por ella y no fue hasta bien entrada la noche que nací – una diminuta lagrima broto de sus ojos - sin previo aviso, nada – esto confirmaba las sospechas de Thranduil, pero aun no lograba comprender por qué se entristecía tanto por ese hecho – según mi madre en cuanto di mi primer chillido el cielo nocturno mostro por primera vez las estrellas en la isla…
- Por eso te pusieron Lúthien* "Reina de las estrellas" – ella asintió.
- Después de nuestro nacimiento las cosas mejoraron notablemente – sus ojos volvieron a cristalizarse – pero con el paso del tiempo todos se percataron de lo rápido que crecía Annatar y de… la perdida de algunos de sus dones – pequeñas lagrimas escaparon de sus hermosos ojos; Thranduil estaba conmovido pero no sabía qué hacer, no comprendía lo que le sucedía a la pequeña – por otra parte yo… soy… vulnerable a la temperatura, soy débil y por… por mi culpa mi hermano perdió sus dones para tenerlos yo – rompió en llanto – yo soy la culpable de la desgracia del reino, si no hubiera sido tan débil… si hubiera seguido luchando… si no hubiera nacido…
- No ha sido tu culpa – consoló Thranduil completamente enternecido.
El rey se levantó de su silla rápidamente colocándose de rodillas al lado de la pequeña, acariciando con ternura sus hombros; ella se sobresaltó por tan dulce caricia queriendo zafarse, pero no la rechazó necesitaba tanto ese roce mientras desahogaba sus penas. Thranduil comprendió de inmediato que aquellos cargos no los dedujo ella sola, por supuesto que no, alguien la ha culpado sin piedad… haciéndola responsable del derrocamiento del reino.
Ahora más que nunca quería abrazarla, cantarle hasta que se durmiera; como lo hacía con Legolas cuando era un elfito y no podía dormir. Más no se atrevió a tomarla entre sus brazos, cobijándola con su calos… su calor; lo había olvidado la noche era fría a pesar de ser verano, ella sentía el frio, por eso sus manos estaban frías. Se levantó y con suma velocidad se dirigió a un pequeño mueble en donde tenía algunas capas que usaba cuando tenía juntas de consejo sin previo aviso; saco una que utilizaba en invierno y se la coloco en los hombros.
- Hannon le* - pronuncio en voz baja.
A pesar de todo el rey no dejo de acariciar cariñosamente los hombros de la pequeña. Un mechón del dorado cabello de la elfa se salió de su lugar, Thranduil con delicadeza lo coloco detrás de su oreja, que también estaba fría. Continúo frotando sus hombros con dulzura hasta que su llanto se fue convirtiendo en pequeños sollozos; poso su mano en ambos hombros y con la otra la tomo con delicadeza de la barbilla obligándola a levantar la mirada para encontrarse con sus ojos; Lúthien con la mirada tímida fue subiendo lentamente su rostro… cuando se encontró con los ojos del rey se sorprendió de ver confianza, calidez, comprensión y si algo de cariño, indicándole que todo estaba bien, que no dejaría que nada la dañara; le dieron una ganas inmensas de abrazarlo, nadie jamás a excepción de Annatar y Joshufel la habían visto de tal forma. Cuando Oropherion choco con la mirada de la pequeña lo inquieto, algo que no había visto, algo en ella era diferente, hermoso… algo conocido, pero no sabía que era.
- Tranquila – su voz era sumamente reconfortante - ¿ya estas mejor? – ella asintió con la mirada.
- Lamento… - trato de disculparse por sus lloriqueos.
- No tienes por qué disculparte – su voz era tierna y comprensible; ella tomo mucho aire.
- Después de que se dieron…
- No es necesario que continúes la historia – el seguía de rodillas a un costado de la pequeña, mientras la veía a los ojos.
- Tengo que hacerlo – él asintió, se levantó acercando una de las sillas para sentarse frente a ella - cuando se dieron cuenta de no todos los dones los tenia Annatar; mi adar* forzó a entrenar aún más duro a todos los soldados… incluso comenzó a entrenar a todos los elfos y elfas capaces de levantar un puñal – Thranduil se sorprendió de las acciones de amigo – mi hermano a los pocos años comenzó a entrenar duro, entre él y mi padre crearon nuevas formas de atacar y estrategias. Yo también tuve que entrenar, el rey no me dejo que practicara de la misma forma que Annatar, ni siquiera igual que los demás soldados – nuevamente una nube de tristeza cruzo por su mirada – cuando tenía mil quinientos años, un ejército enorme ataco Gildîn… muchos elfos murieron tratando de defendernos, por mi culpa Annatar no lucho como debería en esa guerra.
Una lagrima corrió por sus las rosadas mejillas de la elfa, haciendo que bajara la mirada; el rey poso su mano en su hombro demostrando su apoyo.
- Tenía la espada en mano – la voz de Lúthien era casi un susurro - y aun así no pude matar a ninguna criatura – sollozo en silencio; Thranduil trato de tranquilizarla con la mirada – presa del pánico un grupo de orcos me tomo como rehén… mi madre y hermano bajaron las armas para evitar que me hicieran daño; a los tres nos tomaron como prisioneros… durante dos años nos torturaron sin descanso…
- Lúthien – Thranduil tomo el delicado rostro de la elfa en sus dos manos, mientras le hablaba con ternura; la princesa al sentir ese rose se sobresaltó, aún más por venir de tan imponente elfo - es suficiente, no requiero detalles; puedes saltarte esa parte.
- Le agradezco el gesto; pero lamentablemente es una parte crucial de que yo esté aquí.
- Puedes continuar – lo dijo de mala gana – pero antes – la interrumpió ante de que pudiera articular palabra alguna – ven, te estas congelando – le señalo un sofá que estaba cerca de un fuego casi extinto; el rey le extendió una mano para que se levantara, la pequeña la acepto de buen grado - ¿Cómo te gusta tú té?
- ¿El té? – se había distraído viendo las pinturas que estaban sobre la chimenea – muy caliente y con miel; gracias.
Ella continuo observando los retratos: en una estaba Luinil sentada alado del rio, ella pensó que era su hermana; en otra Legolas estaba dormido en el troco de un árbol cuando aún era un elfito muy joven, la princesa pensó que era él, pues el parecido era extraordinario; en otra estaba sentado Oropher con orgullo en su trono, de inmediato supo que era el padre de Thranduil; pero el ultimo la sorprendió aún más era su padre y él cabalgando felices por el bosque, esto la sorprendió nunca en su vida había visto sonreír a Ernetor.
- Tú adar* y yo fuimos grandes amigos – intervino el rey cuando vio como se le quedaba viendo a aquel cuadro – por eso no podía creer que Annatar fuera su hijo, él me lo hubiera contado… ahora sé por qué se ve mucho más grande – se hundió en sus recuerdos – se oyó que tocaron la puerta; la elfa esperaba con ansias a que fueran sus compañeros – pueden pasar – su voz fue potente, él también esperaba a los elfos.
- Necesita algo hîr nîn* - entro Galion, con un aire de soñolencia.
- ¿Ya ha pasado una hora? – cuestionó un tanto sorprendido.
- No… se le ofrece algo.
- Necesito que encendías el fuego – señalo la chimenea – y que traigas dos tés, uno muy caliente y con mil, y el otro ya sabes cómo me gusta – rápidamente el mayordomo encendió el fuego – puedes retirarte – invito a Lúthien a que tomaran asiento en el sofá.
- ¿Puedo continuar? – Él asintió con la cabeza – durante dos años nos torturaron sin descansó; primero a mi madre obligándonos a ver como sufría – su voz era más seria, para evitar caer en llanto – luego a mi… Annatar vio como nos torturaban, yo solo escuche el me tapaba los ojos con sus manos; las torturas de Annatar eran aún más atroces. Todo fue igual durante largo tiempo – gurdo silencio y tomo mucho aire – un día llego un orco deferente a los demás, diciendo:
- Que si son duros el linaje de los noldor ¿he? – se mofo – tranquilos su sufrimiento acabara pronto – se comenzó a reír a carcajadas – mi señor es un genio; puso la trampa para cuando ganara todos los elfos que fueran al mar llegarían a esta isla… pero miren después de todo no perdió – decía entre risas – si ustedes se hubieran esperado un mes, un mísero mes la trampa no les hubiera afectado – se nos quedó viendo a mi hermano y a mí, atados a la pared; me tomo de la cara - ¿Dónde eta el bendecido que libraría el mal de la isla de Morgoth?
- Así fue como nos enteramos de él porque había esas criatura ahí – prosiguió la elfa – al parecer la isla fue rodeada por el poder del primer señor obscuro, pero después fue abandona para atacar la tierra media. Sauron la quería utilizar para torturar a todos los elfos; como la isla era muy grande tuvimos la suerte de caer en la parte donde no estaban situados un pequeño grupo de orcos; pues todos serían enviados al lugar después de la guerra… ahí había vivido en paz Sauron sin ser detectado todos estos años – tomo aire – continuo diciendo:
- Si mi amo hubiera tenido la fuerza necesaria los hubiera hecho trizas dentro de su madre; pero no solo consiguió partirlos a la mitad – termino de burlarse y agarro una espada larga – acabemos con esto de una vez – sin aviso, corto a mi madre desde el cuello hasta finalizar el estómago; la princesa escupió sus palabras con una mueca de odio.
- Cuando mi madre murió desangrada casi al instante… mi padre consiguió entrar a su territorio y nos rescató. Su fuera fue inmensa al encontrar a mi madre en ese estado – su voz se entrecorto – abandono su cuerpo y nos fuimos a toda prisa al reino.
Thranduil no se podía ni imaginar el dolor que Ernetor debió de sentir al perder a su esposa de tal forma y ver los cuerpos masacrados de sus hijos; por un momento la imagen de Luinil casi partida en dos y la de Legolas masacrado ocupo su mente, haciendo que sintiera un escalofrió por toda la espalda.
- Después de eso – continuo Lúthien – me dedique a entrenar sin descansó, perfeccionando habilidades; pero para el rey no era suficiente. Todo continuo igual, grupos de orcos atacaban a diario a Gildîn… no fue hasta hace cinco años que un nuevo ataque de gran numero dejo devastado a casi medio reino – su voz comenzó a oírse golpeada – con el único propósito de secuestrarnos a Annatar y a mí… en cuanto nos encontraron todas las fuerzas se retiraron.
- No entres en detalle – el relato comenzaba a encogerle el corazón, no sabía si él sería capaz de aguantar ver las escenas en los ojos de la elfita, ahora la veía aún más pequeña – solo di que fue lo que paso lo más superficial posible – Lúthien se le quedo viendo un tanto incrédula – veo que todo esto te duele, no quiero hacerte revivir el pasado – añadió rápidamente ocultando el verdadero propósito.
- Esta vez no nos torturaron; no lo que nos hicieron fue mucho peor – tomo mucho aire – Sauron comienza a recuperar fuerza y ustedes también lo notan en sus tierras – afirmo – pero el primer golpe lo dio en silencio en un lugar donde nadie se enterara.
- ¿Qué fue lo que pasó? – la pregunta lo carcomía pero le temía a la respuesta.
- Nos quitó la libertad – los ojos del rey exigían respuestas – nos vetó de por vida, no podíamos: hablar, usar armas, mostrar nuestro rostro, aparecer en público durante mucho tiempo, cantar, bailar, salir de la habitación, mostrar emociones, ¡Nada nos estaba permitido hacer!
- ¡¿Cómo puede ser eso posible?! – no culto su asombro.
- Nos hechizó… si hacíamos algo de lo anterior solo nos torturábamos nosotros mismos; matándonos lentamente – suspiro profundamente – por eso esa vez nos dejó apenas termino el trabajo, dejándonos a nuestra suerte… Annatar logro llevarnos a ambos hasta el reino; que aparentemente no había vuelto a ser atacado desde nuestra desaparición. Rápidamente uno de los soldados reconoció los ojos de mi hermano y nos llevó ante la presencia del rey… a pesar de que él abrazo con desesperación a Annatar, él no le respondió permaneció inmóvil… por medio de nuestra única forma de comunicación; escribimos todo lo sucedido. Fue cuando nos dimos cuenta de que esta no era una tortura solo para nosotros, sino también una forma de que mi padre se entregara poco a poco a las tinieblas, enloqueciendo hasta el límite... durante dos años duramos los dos con ese veto, mientras mi padre encontraba una solución pidiendo ayuda a los valares. Hace tres años los valar se comunicaron por última vez con el rey dándole una solución que tardaría un año entero en estar lista… encontraron la forma de revertir el veto, pero solo a uno de los dos… para Annatar; cuando nos enteramos él no lo acepto:
- No seré libre mientras ella está condenada a un calabozo – escribo Annatar.
- Solo puedo liberar a uno de los dos; ese eres tú – respondió Ernetor un tanto molesto.
- No lo acepto; al menos de que comparta la mitad de mi libertad con ella.
- Eso es una locura – estaba muy furioso – suficiente te ha quitado ella como para darle este privilegio – ahora comprendía Thranduil quien la había inculpado sin piedad, aunque le costaba mucho creerlo, tarto de que su rostro siguiera pasivo.
- Es mi última palabra, si no comparto con mi hermana la mitad de mi libertad, no aceptare nada.
- Durante meses a diario era la misma discusión – continuo Lúthien – hasta que el rey acepto de mala gana – alguien toco la puerta.
- Pueden entrar – contesto el rey esperando a los jinetes.
- Lamento haberme tardado tanto – entro Galion con dos tazas calientes y galletas en una bandeja.
- Déjalas en la mesa – ordeno Thranduil indicando una mesita que esta entre ellos y el fuego.
- ¿Se le ofrece algo más señor? – pregunto amablemente el mayordomo.
- Por el momento no; regresa dentro de media hora… espera si necesito que busques a dos elfos totalmente encapuchados y los dirijas a mi presencia – el mayordomo se retiró haciendo una pequeña reverencia.
Thranduil se estiro un poco hasta tomar las dos tazas en sus manos y extenderle una a la elfa.
- Espero no equivocarme – sonrió levemente el rey - ¿Si gustas podemos esperar a tus compañeros para continuar?
- ¡Oh! No; ya casi acabo – dijo mientras pasaba rápidamente un trago de té – en cuanto ellos lleguen; por lo que veo solo quedara explicar unas cuantas cosas.
- Veo que tienes mucha determinación – esbozo una leve sonrisa, tratando de quitarle la densidad del aire – a pesar de todos mi esfuerzos por dejarle la historia a Annatar; los logras evadir y no me dejas otra opción – el rey logro lo que quería, pues Lúthien sonrió momentáneamente – si no hay remedio puedes continuar.
- ¿En qué me quede? – Con solo esos breves instantes y esas sonrisas, lograron distraerla por completo, regresándola a su dulzura de siempre; el rey movió la cabeza negativamente sonriendo para sus adentros – ya recuerdo – exclamo triunfal – hace dos años mi hermano y yo; no sé ni como pero mediante varias pruebas, brebajes y hechizos, nos quitaron medio veto; de forma que entre los dos se quedara un veto completo. Así que Annatar por petición de rey se quedó con: no poder mostrar el rostro, no mostrar emociones a excepción de enojo, no hablar, no aparecer por mucho tiempo en público, nada de cantar, bailar y no salir de la habitación si yo estoy afuera. Yo no puedo: usar armas, defenderme, enojarme – el rey la vio con mucha confusión.
- Por lo que veo te dio más libertad a ti que a él.
- Si y no; Annatar tiene lo necesario para ser un fiero guerrero, es obediente a cualquier mandato, tiene la libertad de defenderse; yo en cambio aunque puedo hacer casi lo que quiera, si me atacan es mi fin, no podre hacer nada para defenderme; ni tirar rocas o agarrar una rama para que les golpee por inercia.
- Por eso tiene una tela que oculta su cara – afirmó - ¿Pero cómo es que si pudo hablar con migo sin que fuera torturado?
- Eso es lo complicado de explicar – tomo un poco del líquido caliente – en algunas ocasiones los dos podemos hablar y/o aparecer en público; pero jamás sabemos cuándo puede ser eso… al terminar la labor para quitarnos el veto; se crearon varias perlas que nos indicaran que es lo que podemos hacer y que no, "Las Perlas del Destino" mayoría o mejor dicho todas son de Annatar y algunas las comparte con migo.
- ¿Eso es lo que fue a buscar?
- Si – respondió rápidamente – pero estoy segura de que usted ya vio dos de las nueve.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? – su voz era un tanto juguetona.
- Porque cuando nos quitamos las capas vi cómo se le quedo viendo a los anillos de Annatar y de la misma forma tan discreta las volvió a ver cuándo se pusieron las capuchas.
- Entonces tú tienes la vista penetrante – afirmo divertido.
- No, ambos compartimos es don, aunque creo que Annatar un poco más que yo – sonrió de lado – pero yo puedo leer muy fácil la vista.
- Por lo que entiendo – cambio el tema con agilidad – las parlas les indican que pueden hacer y qué no.
- En efecto – comió un trozo de un panecillo – en lo que llega mi hermano, continuare el relato.
- No servirá de nada si te digo que ya lo esperemos ¿Verdad?
- No – contesto juguetona – después de que nos explicaron para que sirve cada perla, no mandaron en un barco: a mí, Annatar, Joshufel y cinco guardias más. No sé como pero por unos minutos se abrió una pequeña trecha para que saliéramos de la muralla invisible que nos regresara… pero nunca tomaron en cuanta de que los que salieran con nosotros también tendrían vetos; más leves, pero finalmente prohibiciones. Los otros cinco guardias murieron: uno no podía tocar agua salada, en una ola murió sin más; otro – el rey la miro indicando que esos detalles no eran necesarios; ella asintió – Joshufel no puede desobedecer ninguna orden y no puede enamorarse o demostrarlo.
- ¿Entonces porque no fueron a Valinor?
- ¡Que descuido! – Exclamo, el rey sonrió ante su expresión – los vetos se nos quitaran al menos de que Sauron sea vencido por completo y no quede nada de él… si teníamos la opción de ir a la tierra Bendecida, pero Annatar decidió que si él podía hacer algo para librarnos más rápido de esa maldición lo aria. Desde antes se lo dijimos al rey; él nos mandó al reino del Bosque Verde, dijo que aquí estaríamos más seguros que en otro de los países Elficos – eso si sorprendió a Thranduil; si antes fue un lugar seguro pero de los tres el más seguro siempre fue Lothlórien – ahora recuerdo; antes de irnos nos entregó varias cartas y la única que me dio a mí fue esta, va dirigida al rey Thranduil – saco un sobre de entre sus ropas y se la extendió – me dijo que se la entregara en cuanto llegáramos a esta parte de la historia.
- Gracias – tomo el sobre entre sus manos y lo abrió, leyendo lo siguiente:
Thranduil mellon nîn*
Sé que talvez hasta hace unas horas me creías muerto y todo este te debe de ser complicado de entender. Créeme a mí también me es difícil el comprender los sucesos y eso que yo los vi y viví en carne propia. – Thranduil sonrió recordando el siempre buen humor de su querido amigo – No sabes cuánto lamento ahora el haber rechazado tu oferta y no quedarme a acompañarte en el momento que más me necesitabas; te pido una disculpa con todo el corazón; tantas cosas hubieran sido distintas… no, no te hablare de ese doloroso error.
Como rey espero y comprendas algunas de mis decisiones; no sé si tengas esposa o hijos (aunque con esa carita de princesa no me cabe la menor duda de que tienes familia) - volvió a sonreír mientras negaba con la cabeza… una lagrima se escapó de sus ojos, no sabía si por los recuerdos de Ernetor o por el ya no tener a su esposa; esto no paso desapercibido por Lúthien, pero no dijo nada – desde que te conozco las elfas siempre han estado detrás de ti… pero tampoco tocare el tema de tu buena suerte con la mujeres; ya mucho me he desviado del tema principal.
Como te iba diciendo; algunos de mis mandatos los veras un tanto excesivos o lunáticos, pero sé que tal vez me comprendas… no podía dejar que mi esposa muriera en ese lugar o el simpe hecho de no pelear por la vida y dejarnos arrastrar a mandos; me era una idea insoportable. Cuando me llegó la noticia de un hijo, estaba feliz pero a la vez lleno de temor porque le pasara algo… veo que no me equivoque en vez de uno fueron dos…
Annatar es el mejor guerrero; a pesar de su maldición de nacimiento, tenía los conocimientos y habilidades de la edad que aparenta; siempre ha sido tratado de esa forma; nunca le ha gustado ser tratado por los años que en verdad tiene, dice que de algo tiene que servir esa maldición… te aseguro que jamás tendrás un problema con mi hijo, obedecerá cualquier cosa y te dará sugerencias para mejorar; a veces son cosas tan sencillas pero el cambio se nota desde el primer momento.
Lúthien… que te puedo decir de ella, es tan frágil y sentimental. Si tuviera un poco más de valor y fuerza, las cosa serian diferentes – de inmediato sintió como si escritura cambio a ser despiadada con la pequeña – como sabrás no puede ni defenderse ella sola, depende totalmente de los guardias y para mi mala suerte de Annatar… él no tiene debilidades físicas o mentales, pero ella… ella es su única debilidad, la protegerá a toda costa – Thranduil no noto en que momento dejo de escribir sobre la elfa, para volver a hablar del príncipe – créeme en su cabeza solo tiene metido el mantenerla a salvo y feliz sin importar las circunstancias; llegado el momento sé que incluso se sacrificaría por ella, no me cabe la menor duda.
Tengo poco tiempo así que seré lo más breve posible; los he mandado a tu reino, no solo porque es seguramente más seguro que este; sino porque se dé sobre que no tienes en tu poder alguno de los anillos mágicos, un medio de Sauron para que hagan su voluntad si llega a encontrar el anillo único. Por eso me he tomado la libertad de mandarlos contigo para que les des asilo en tu país.
Sé que es mucho lo que te pido conociendo su pasado; solo te imploro que los mantengas a salvo, en especial a Lúthien; cuídala como si fuera tu hija, a pesar de todo la quiero. No es necesario que los tengas en palacio; ellos saben cultivar, cocinar e incluso no me molestaría el que los pongas de sirvientes… lo único que me interesa es su bienestar. Te será bien recompensado Annatar es mi mejor guerrero y lo pongo a tu disposición, Joshufel es muy buen guerrero al igual que los otros cinco; te he mandado lo mejor de mi ejército.
Me he encajado mucho contigo, considerando nuestra corta amistad; pero si no es mucho pedir a mis hijos no los presentes como hermanos, ni siquiera como primos… que ellos no tengan ningún lazó familiar, por Joshufel no hay problema; y una cosa más, sonde sea que los vayas a poner que sea lo más alejado posible y que los tres estén juntos; Lúthien tiene algunos problemas…
Lo siento me tengo que despedir; ellos no lo saben pero no nos volveremos a ver, la isla quedara devastada a su partida; luchare hasta el fin, pero aun así me temo que la única forma de reencontrarnos es hasta que nos libere mandos…
Dejo a tu criterio lo que decidas hacer.
Hasta siempre
Ernetor.
Después de terminar de leer la carta se quedó en estado de shock. Como podía decir que fue muy corta su amistad, si por él estaba ahí en ese momento; durante la guerra Thranduil fue atacado por un dragón quemando la mitad de su rostro… de no ser por Ernetor el dragón se lo hubiera comido vivo.
Esa cicatriz lo acompañaba todos los días a pesar de estar oculta por un hechizo e ir sanado con lentitud… eso le recordaba todos los días lo mucho que le debía a su amigo, compañero de armas, consejero y más que nada era como un hermano. En este momento no sabía que era lo mejor, no tenía ni la menor idea de que hacer.
- ¿Cómo llegaron a mi reino? – fue lo único que consiguió articular en voz neutra.
- Los mapas y formas de llegar, por supuesto que eran tan antiguas que en lugar de llegar directamente aquí, nos perdimos y llegamos a Rivendel, explicamos lo mismo; después de seis meses fuimos a Lothlórien donde permanecimos un año; le pedimos a la dama Galadriel que no dijera nada de nosotros, ni siquiera que enviara mensajeros informando nuestra llegada, pues sería un poco arriesgado y podría levantar sospechas.
- Así que fue por eso que no me informo – afirmo divertido, ya había logrado reponerse.
- Lamento mucho los mal entendidos con sus guardias; no fue mi intención…
- No; yo lo te pido una disculpa, los trataron muy mal… como dijo Joshufel ni siquiera se dieron cuenta de que eras un elfa – se oyó como alguien tocaba la puerta – espero que esta vez sean ellos, ya has terminado incluso el relato – sonrió – pasen – ordeno con voz potente.
- Lamento la tardanza hîr nîn* - dijo Galion – pero me ha costado mucho encontrarlos; al parecer Falathar se negaba a entregarles sus cosas, no fue hasta que llegue yo – Thranduil hizo un ademan con la mano para que no diera explicaciones.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que abandonamos la sala del trono? – pregunto con su tono arrogante y orgullos; de inmediato Lúthien noto como cambia con la presencia de sus compañeros.
- Casi dos horas aranya* - contesto el mayordomo – ¿le puedo servir en algo más?
- Prepara tres de las habitaciones de la última planta; que estén juntas por favor… puedes retirarte – Galion obedeció.
Cuando el mayordomo se retiró por completo, por primera vez noto que no venían nadamas los tres sino que más elfos venían cargados con diversas cajas y cofres; ellos se retiraron con el mayordomo dejándolos a solas.
- ¿Para qué necesitan todo esto? – cuestiono sin emoción alguna.
- Es lo que necesitamos para que sea más entendible la narración – contesto Joshufel, pues las perlas de Annatar aún no se ponían blancas - ¿en qué parte van?
- Ya la he terminado toda – su compañero se sorprendió ante la respuesta – incluso ya explique cómo fue que llegamos a su reino; solo faltan explicar las perlas del destino.
- Mi señor solo me queda preguntar si tiene alguna duda – hablo Annatar.
- Todo ha quedado claro – hablo con orgullo.
- Entonces prosigo a explicar que hay dentro de cada cofre – el rey asintió – este es como pago por dejarnos usar el sendero – le entrego un pequeño cofre de madera lleno de monedas de plata y oro; por supuesto que eso era muy excesivo.
- Por usar los caminos no se paga tanto.
- No es solo por usarlos; con esto pagamos todos los mal entendidos y destrozo que hicimos – Thranduil asintió – estos son como ofrenda de paz – le dio dos cofres medianos con algunas gemas preciosas y plata; el rey iba a decir algo – le ruego no los rechacé; tómelo como si nuestro reino estuviera en Tierra Media y fueran aliados. Y estos son para pagar por nuestro traslado y el derecho a una vivienda – entre él y Joshufel colocaron ocho cofres: dos eran más grandes que todos los anteriores, estaba claro que era por el pago de los gemelos; otro era de un tamaño mediano, Thranduil supuso que era el pago de Joshufel y por ultimo cinco cofres más pequeños, deberían de ser el pago por los cinco guerreros. Todos estaban llenos con plata, oro, gemas preciosas y en los más grandes algunas diademas.
- ¿Cómo han podido traer todo esto? – Thranduil no pudo ocultar su asombro.
- Mi padre insistió en que trajéramos toda o por lo menos la mayoría de la riqueza del reino… no solo la que se trajo de Valinor y la que se llevó de aquí… en la isla al estar cerca del mar sacaron algunas perlas y en otra parte fueron encantando algunos metales preciosos.
- Por eso no podía dejar que registraran nuestras pertenecías – repuso Joshufel – en más problemas nos hubiéramos metido con el capitán.
- Este cofre contiene nuestra posesión más sagrada – Annatar traía un cafre mediano – aquí se guardan siete de las nueve perlas del destino – le extendió el cofre al rey que lo tomo y al abrirlo se percató de que eran de distintos colores y una era más grande que las demás.
- Las dos que lleva Annatar son las que más cambian – comento Lúthien – una se transforma de negra a blanca; esa es para poder mostrar el rostro. Solo cambia si se encuentra a solas con la persona o personas indicadas para mostrarlo; hasta el momento solo ha sido ante los reyes y cuando estamos nosotros a solas.
- Esta – el príncipe señalo a uno de los anillos – cambia de negra a gris, un poco platinado… fácilmente se confunde con blanco; cambia cuando puedo hablar. A veces puedo hablar en público pero de la nada cambia.
- Estas tres son de Annatar – la princesa señalo a una fila de tres perlas– pero solo cambian cuando abrimos el cofre y es momento. Esta de la orilla cambia de negro a azul, indica cuando puede cantar… en realidad todas son negras y cabían de color.
- La de en medio cambia a rosa; indica cuando puedo bailar.
- Y esta cambia a amarillo, es cuando él puede demostrar emociones.
- Estas dos son un poco más compleja – explico Annatar – la negra solo cambiara cuando haya guerra; se teñirá de naranja indicando que solo uno de los dos puede ir; pero si se cambia a roja los dos debemos de ir.
- La verde nos dice que los dos podemos estar en público y fuera de la habitación; si cambia a un verde más fuerte solo uno de los dos puede estar en público; si uno está afuera el otro permanece dentro y así sucesivamente. Pero si se pone negra ninguno de los dos puede estar fuera.
- Esta es de Lúthien; se tornara morada si es que ella puede usar armas… pero hasta el momento no ha cambiado.
- Por último la más grande, es la más importante se pondrá blanca cuando todos los vetos desaparezcan; en ese momento todas se pondrán blancas y Annatar tendrá que destaparse el rostro enfrente de todos.
- Cuando una de estas perlas se ponga blanca quiere decir que la libertad es permanente – indico el príncipe.
- Con que se revise una vez al día es suficiente; estas no se tornan rápidamente sino que van cambiando lentamente advirtiéndonos cuanto tiempo nos queda de libertad… se las entregamos usted para que las custodie; mi padre nos dijo que cuando todas sean blancas, usted podría tomar posesión de ellas.
- Sabemos que es mucha responsabilidad y nada tiene que ver con lo que nos sucedió; es por eso que los tres nos ponemos a su servicio – los tres hicieron una profunda reverencia - aremos lo que vos ordene – el rey se quedó pensativo, ahora más que nunca no sabía que hacer – no es necesario que nos responda en este momento, podemos esperar el tiempo que necesite.
- Acepto la responsabilidad de las perlas y lo que conlleva… pero su lugar en la sociedad se los daré mañana después de aclarar los malos entendidos con los capitanes; por ahora pueden retirarse a descansar.
- Le agradezco su hospitalidad.
- No hay nada que agradecer
Pocos minutos después llego Galion, quien dirigió a los tres elfos a sus respectivas habitaciones en la parte más alta del palacio; justo la planta en la que también estaba la habitación de Thranduil, pero él se fue después de ellos.
Ya en su habitación se lavó la cara con agua fría, se puso su pijama, se dirigió a su balcón para apreciar la vista de su bosque, apreciar la tranquilidad que aquí tiene; subió la vista al cielo y observo las estrellas que parecían brillar con más intensidad… la luz que irradian las estrellas… ese brillo le recordó aquel momento en el que vio a Lúthien a los ojos prometiendo le un mejor futuro; ahora sabía que lo había inquietado, la forma en como lo miraba era idéntica a lo forma en como Luinil lo veía y le decía que lo amaba. Mil y un recuerdos llenaron su pensamiento, pero todos terminaban en una sola pregunta.
Acaso ¿Lúthien será la estrella que le mando para cuidarlo?
Traducciones:
Aranya*- Mi Rey
Gildîn*- Sombra de las Estrellas (Gil-estrella(s) dîn- sombra)
Hîr nîn*- Mi Señor
Irmo*- Valar de los sueños y visiones
Manwë*- Valar de los vientos y nueves (es el más grande de todos)
Ulmo*- Valar de los mares, lagos (básicamente está presente en todas las aguas)
Elbereth* - Valar de las estrellas (la más amada por los elfos, esposa de Manwë)
Aulë*- Valar hábil con todos los metales
Yavanna*- Valar de la Tierra
Tulkas*- Valar de la guerra (el más valiente y fiero de todos)
Naneth*- Madre
Annatar* - Señor de Dones
Lúthien*- Reina de las Estrellas
Hannon le*- Muchas Gracias
Adar*- Padre
Mellon nîn*- Amigo mío
Notas de Autor: Se que ha sido un capitulo sumamente largo y debo de admitir complicado e informativo. Antes que nada quiero agradecer a TaurielyLegolas y ha Manzana835 por tomarse la molestia de leer mi fic.
Si no recuerdan a Ernetor; les recuerdo que fue el elfo que aparece en el prologo.
¿Porque no murieron en la separación del ovulo? Hay diferentes tipos de embarazos gemelares, uno es en el que se fecundan dos óvulos; y otro es en el que las primeras semanas de embarazo el ovulo se separa dando paso a dos babys... ademas en algo debe de contar la bendición de los valar.
Si no se han leído el silmarillion; se que este cap. en especial sera complicado. Al principio eran tres clanes de elfos: Vanyar, Noldor y Teleri... hasta ahí de información porque de estos grupos se dividen en más grupos. Los Noldor destacan por ser hábiles en todo lo que se propongan... PARA NO HACERLO MÁS LARGO la mayoría de los noldor se fue a tierra media y de todos los príncipes solo quedo el padre de Galadriel, Finarfin. Aquí yo metí mi cucharota y le añadí un hijo imaginario a Finarfin (por este fic les pido que no sea tan imaginario y que si exista) ya de ahi ya saben que paso.
¿Porque es de preocuparce de que Lúthien tenga las manos frias? pues porque los elfos no sienten el frio asi omo se oye... bueno si lo sienten pero no les importa o mejor dicho no les afecta bajando su temperatura corporal, o castañeando los dientes. Nopiti, nopiti, a los elfos no les hace nada al igual que el calor. Almenos que esten sumente heridos o enfermos; lo cual solo se puede dar por heridas de golpes, caidas, etc. o por una herida en el corazon cuando parte un ser querido a mandos.
Algo se me pasaba... así: Prometo no convertir a Lúthien y Annatar en Mary Sue o Gary Stu, sus papeles si serán importantes pero tratare de no desviarme del tema principal.
Tambien les pido no sean tan crueles por mi falta de imaginación con los nombres; por este fic olvidence que Annatar es el nombre que Sauron se auto dio y que Lúthien es la hija de Thingol y una mia. Se que he sido poco original y creativa.
Ya dejare de molestar; si me falto algo por aclarar diganme y yo lo explico.
Espero les aya gustado; espero sus criticas.
Saluditos a todos desde Mexico
