Capítulo 6: Decisiones

El sol entraba cálido por la gran ventana del rey del bosque; los primeros rayos de luz se filtraron acariciando el suave rostro de Thranduil que dormía plácidamente. El gran elfo se levantó con energías renovadas, estiro cada uno de los músculos de su cuerpo; una sonrisa involuntaria se formó en su rostro… por primera vez en muchos años había logrado dormir plácidamente.

De inmediato recordó los extraños sucesos del día anterior; rápidamente ordeno a uno de los soldados que le hablara a Galion y a Elenna. Así lo hizo el guaria y en pocos minutos ambos elfos aparecieron en la puerta de la habitación del rey un tanto preocupados.

- Pasen – ordeno el rey.

- ¿En qué le podemos servir mi señor? – pregunto Galion mostrando una reverencia; para sorpresa de ambos Thranduil estaba vestido y al parecer de un humos excelente.

- Galion quiero que les subas el desayuno a las habitaciones de los elfos – la elfa se mostró confundida – diles que pueden andar libremente por el palacio; Elenna quiero que tú te encargues personalmente de limpiar los cuartos. No quiero que nadie más se entere por el momento que ellos habitan en el palacio - se quedó pensativo.

- Cuente con la discreción – confirmo la elfa

- ¿Le podemos ayudar en algo más aranya*?

- Sí; Elenna les dices que los quiero ver al medio día en el salón del trono. Galion lo mismo le dices a Orel y Falathar – ordeno – pueden retirarse.

Ambos sirvientes fueron lo más rápido posible a la cocina por tres bandejas de comida; Galion dirigió a la elfa a las tres habitaciones, que para sorpresa de ella eran las del último piso. Thranduil casi nunca mandaba hospedar a elfos a ese lugar, pues las guardaba para los de la nobleza.

Cuando entraron a la primera habitación que correspondía a Annatar; fue grande su asombro cuando entraron a la recamara y la encontraron perfectamente bien recogía y con el joven todo vestido de negro apreciando la vista.

- El rey nos ha mandado a traerles el desayuno – entro primero el mayordomo.

- Se lo agradezco – contesto el príncipe con amabilidad mientras se giraba para ponerles más atención; la elfa no dejaba de sorprenderse al verlo con el rostro cubierto casi por completo y ver unas cuantas hebras de cabello rubio resplandeciente.

- Nos dijo que le informáramos que desea verlo en el salón del trono a medio día – consiguió articular Elenna.

- Son muy amables Hannon le* - Galion coloco la charola en una pequeña mesita.

- También nos dijo que era libre de vagar por el palacio.

- ¿Enserio puedo hacerlo? – la pregunta sorprendió a los dos elfos; por supuesto que ellos nada sabían del veto, por eso Annatar está sorprendido de tanta libertad.

- Así lo ha mandado el rey… si no necesita algo más nos pasamos a retirar.

- Así estoy muy bien; pueden retirarse.

Ambos elfos salieron de la habitación dirigiéndose a la que pertenecía a Joshufel. Al entrar se percataron que esta también estaba muy bien arreglada; pero el elfo al igual que Annatar estaba vestido de negro, pero escribiendo en un encuadernado recargándose en el escritorio. Dieron las mismas indicaciones y a todo el soldado respondía con amabilidad y alegría.

Al llegar a la recamara de Lúthien, al igual que sus compañeros estaba perfectamente bien arreglada. Lo que sorprendió a los elfos fue que ella no estaba vestida de negro, sino que traía puesto un vestido de gasa color rosa pastel con algunos bordados de un rosa un poco más fuerte. A pesar de que Galion ya la había visto la noche anterior no fue hasta ese momento que se percató de lo joven que era y de la extraña y hermosa cabellera que poseía. Estaba en el balcón sentada en una silla mientras leía con tranquilidad.

- Le hemos traído el desayuno señorita – dijo Galion, tratando de cubrir su asombro.

- Muchas Gracias; son ustedes muy amables – su vos estaba llena de alegría y pureza, mostro una sonrisa.

- No tiene que agradecer nada – Elenna se sorprendió de su tono de voz, era ¿tierno? – Estamos a su servicio – ambos elfos comenzaron a poner la comida en una pequeña mesita.

- El rey solicita su presencia en el salón del trono a medio día; también nos ha dicho que usted tiene el permiso para andar por el reino.

- ¡¿Enserio puedo andar por el palacio a mi gusto?! – Ambos elfos asintieron mientras sonreían por la infantil y tierna exclamación de la pequeña - ¿Dónde puedo encontrar la biblioteca? – se apresuró a decir; claro que esto tomo desprevenidos a los sirvientes que no se esperaban que un elfita buscara la biblioteca.

- Bajando las escaleras hasta llegar al pasillo principal; da vuelta a mono derecha caminando por uno de los jardines – Lúthien puso cara de no entender nada - ¿Si gustas yo te puedo llevar?

- ¿Arias eso por mí? – La elfa asintió con una sonrisa de lado - ¿puedes venir en una hora o dos? Como preferías, para que me lleves.

- Por supuesto estaré aquí en una hora... nos retiramos, con permiso.

- Propio.

Los dos sirvientes salieron de la habitación y comenzaron a comentar sobre este grupito de elfos, pero guardaron silencio casi al ínstate ya que se acercaban a uno de los pasillos donde había guardias.

Como por arte de magia, cuando Galion y Elenna se alejaron lo suficiente; Annatar y Joshufel, tomaron sus bandejas dirigiéndose a la recamara de Lúthien, quien ya los esperaba.

- Tardaron mucho – afirmo la elfa fingiendo estar molesta.

- Lo siento querida – se disculpó Joshufel agachando la cabeza y poniendo una mano en el corazón - ¡Pero mira que hermosa estas hoy! – la princesa se sonrojo.

- Lúthien ¿Por qué no tres tú capa puesta? – cuestiono Annatar en un tomo como de regaño.

- El rey me ha dado permiso de andar por el reino sin cubrirme el rostro… – exclamo orgullosa.

- Pero que suerte la tuya, a nosotros hoy solo nos dio permiso de andar por el palacio – exclamo Joshufel con envidia.

- ¡Ah! Es que a mí me lo dio desde ayer…

- Ves te dije que era buena idea dejar a la pequeña a solas con el rey – Joshufel golpeo el codo de su señor.

- ¿Así que todo ya lo habían planeado? – la elfa miro a ambos penetrantemente.

- No estaba planeado – contesto su hermano tranquilamente – pero sí que me sorprende tu habilidad para que todos te agarren cariño…

-Ni lo menciones; mientras tú y yo nos pelábamos con los guardias, ella – la señalo en afán de reclamar – estaba sentadita en un cómodo sofá frente a un fuego, una tasita de té y galletitas.

Los tres continuaron platicando el resto del desayuno, comentando lo sucedido mientras ella relataba la historia a Thranduil; pero no les menciono todas las veces que rompió en llanto y la carta.

Mientras tanto el rey había bajado al comedor para desayunar en compañía de su hijo; el buen humor de Thranduil se notaba al instante lo cual tomo por sorpresa al príncipe.

- Buenos días ada* - saludo Legolas mientras el rey tomaba asiento - ¿Cómo has amanecido el día de hoy?

- De maravilla – el príncipe abrió muy grandes los ojos – hacia mucho que no dormía tan bien.

- ¿Cómo estuvo la entrevistas? – Hoja verde paso una mano frente a la cara de su padre.

- ¿Qué haces ion*? – cuestiono sin enojo; cosa que impacto aún más al príncipe.

- Solo verifico que no te hayan hechizado los bandidos…

- ¿Cómo se te pueden ocurrir esas cosas? – sonrió.

- Bueno… hace mucho que no estás tan feliz; además supuse que no estarías muy contento por el interrogatorio que realizaste ayer – se excusó – por lo que veo solo fueron exageraciones de los guardias ¿Qué fue lo que paso? – su voz demostró su curiosidad.

- En realidad no exagero Orel…

- ¿Entonces porque estas de tan buen humor? O espera ¿Quién eres tú y que le hiciste a mi padre? – amenazo el príncipe con un tenedor.

- Baja eso – ordeno tratando de controlar sus carcajadas – si me dejas terminar, tal vez te puedas dejar de jueguitos tontos; – Legolas obedeció y le indico a Thranduil con la mirada que continuará – los elfos si cometieron algunas infracciones, pero al parecer Falathar no tenía ni un poco de paciencia, obligando a que ellos cometieran más imprudencias – Legolas comenzaba a aburrirse – ¿para qué me pides que te cuente si te aburre la política?

- Porque creí que sería más interesante; algo debió de pasar para que te pusieran de esta forma – afirmo el joven.

- Tienes razón; en resumen los elfos tienen la protección de Galadriel – Hoja Verde no lo podía creer.

- ¿Cómo…? ¿La dama blanca…? – El joven inundo de preguntas sin concluir a su padre - ¿Y qué hesite? – consiguió decir.

- Los libere, pero aún quedan cosas por arreglar con los generales…

- ¿Y porque vinieron para el reino?

- Eso es confidencial…

- Ada*- suplico.

- Hoy no tienes entrenamiento – corto la conversación de golpe cambiando el tema por completo – así que después de desayunar, vas a la biblioteca a terminar tu encomienda – Legolas comenzó a jugar con un guisante; hasta ese momento no se había percatado de que la comida ya estaba en la mesa – si me muestras un avance considerable talvez deje que salgas a distraerte un rato en la tarde.

- No te referirás a que te muestre medio libro ¿O sí?

- Un avance considerable

El resto del desayuno transcurrió tranquilo, con alguno que otro comentario. Al terminar Legolas fue a la biblioteca como su padre le había ordenado; Thranduil fue a su despacho esperando encontrar nuevamente tumultos de papeles.

Para su sorpresa solo había unos cuantos pergaminos por firmar; cosa que termino en menos de media hora. Sin nada más que hacer volvió a leer la carta que le había escrito su amigo. A pesar de todas la palabras aun no sabía que hacer; estaba más que claro que ellos tres no pasarían desapercibidos, en especial Annatar y Lúthien.

Sin una idea clara volvió a releer la misiva, esperando encontrar respuestas.

- ¿Qué es lo mejor? – hablo para sí mismo mientras veía atreves de su ventana con una copa de vino en mano – claro está que a ellos los puedo poner en la guardia… pero aún así no pasaran desapercibidos, en especial tu hijo – le hablo al cuadro donde ellos estaban juntos – con el rostro eternamente cubierto despertara curiosidad en todos los elfos.

Hundido en sus pensamientos, de la nada comenzó a pensar en Legolas; en como sufriría él si el reino callera en desgracias… ahora más que nunca le preocupaba su seguridad.

En la biblioteca estaba el príncipe del Bosque Negro rodeado de libros en una mesa bien iluminada por velas. Sumido en un mundo de palabras, buscando una y mil veces más la traducción de algunas palabras a Eldarin; su paciencia estaba a punto de flaquear cuando… oyó a unos tres corredores que sacaban y metían libros, movían las escaleras y desaprobaban los ejemplares; cosa que distrajo por completo al inquieto elfo.

En cuanto llego al lugar proveniente de los ruidos se encontró con una elfa encapuchada que trataba de sacar un libro del último estante, haciendo mucho esfuerzo pues estaba de puntitas sin conseguir su objetivo. Legolas solo se quedó observando los malabares que hacia la joven olvidando por completo sus modales para ayudarla a sacar aquel encuadernado.

Una risita se escapó de sus labios haciendo que la elfa se percatara de su presencia volteando bruscamente, la escalera comenzó a tambalearse y el joven príncipe se acercó corriendo para tratar de acomodar en vano las escaleras, provocando que la joven perdiera el equilibrio y callera al piso; con movimientos rápidos Legolas dejo la escalera y trato de amortiguar la caída de la elfa.

- ¡Por Eru! ¿Estás bien? – pregunto Lúthien preocupada en cuanto se dio cuenta de que había caído encima del elfo, quedando prácticamente acostada sobre él.

- Si – Legolas ahogo sus gemidos de dolor - ¿Y tú te encuentras bien? – trato de sentarse.

- Gracias a ti si – ayudo a que se pusiera de pie - ¿Pero tú no te ves muy bien?

- No te preocupes solo fue una pequeña caída – dijo cuando por fin pudo ponerse de pie - ¡Tu cabello!... – exclamo el príncipe sorprendido cuando ella se quitó la capucha dejando al descubierto sus deslumbrantes caireles.

- ¡¿Qué?! ¡¿Tengo una araña?! – Comenzó a sacudirse el cabello - ¡Quítamela, quítamela! – chillo; Legolas solo comenzó a reír.

- No tienes ninguna araña – consiguió decir entre risas; Lúthien lo vio penetrantemente – es que, tienes un cabello muy extraño – se excusó.

- Pudiste haberlo dicho antes de que me despeinara.

- Veo que también te castigaron mandándote a la biblioteca ¿he? – el príncipe cambio de tema de la nada.

- ¿Castigarme?

- Si; nadie tan joven viene a la biblioteca por iniciativa propia y menos buscando libros de venenos de orcos – señalo los tomos de hasta arriba.

- Te equivocas yo vine por iniciativa propia ¿a ti si te reprendieron?

- Si – contesto apesadumbrado - ¿Qué buscas?

- Un libro donde vengan los venenos más antiguos y otro donde venga su antídoto… pero no he tenido mucha suerte, alguien los ha tomado.

- Yo te puedo ayudar con eso.

- ¿Cómo? Si no están los libros genio – colocó amabas ambas en la cintura.

- Yo los tengo… de eso se trata mi castigo.

- ¿Qué tienes que hacer?

- Poner todos los venenos, cura, dibujo y lo peor de todo escribirlo en Eldarin, ¿Sabes lo difícil que es traducir Sindarin a Noldorin y luego a Eldarin? – Se quejó Legolas; la elfa comenzó a reírse - ¿Te resulta gracioso mi sufrimiento? – fingió estar molesto y ofendido.

- Algo – contesto divertida – no es tan difícil si lo traduces de Sindarin a Eldarin directamente…

- Sería más fácil; pero no he encontrado un libro que me ayude a traducir.

-Yo te puedo ayudar con eso – lo imito.

- ¿Cómo? Si no está el libro genio – imito su voz.

- Yo se Eldarin…

- ¿Enserio estas dispuesta a ayudarme con mi laboriosa tarea? – cuestiono Legolas.

- Si; tú lo haces por obligación y yo lo hago por gusto… si puedo ayudar a alguien mientras hago lo que me gusta, lo are.

- Hannon le*.

Hoja Verde hizo un ademan para que la siguiera a su mesa llena de libros; le arrimo una silla y la ayudo a sentarse.

- ¿Qué es lo que llevas? – Lúthien comenzó a examinar los libros.

- No mucho – le extendió un pedazo de pergamino a menos de la mitad – solo esto.

- Si necesitas ayuda – dijo con sarcasmo – por lo que veo te dejaron también la creación de los orcos… para que este mejor ordenado debe de seguir las sustancias que más utilizan.

- Supongo que tienes razón – se sentó al lado de ella hojeando un encuadernado con desdén – sabía que había visto algo de eso por aquí – exclamo con triunfo mientras señalaba un párrafo.

- Perfecto – tomo el ejemplar entre sus manos - ¿te parece si yo te dicto y tu escribes y dibujas?

- Por supuesto que sí, es una excelente idea.

Lúthien comenzó a dictarle algunas cosas en Eldarin; como Legolas no estaba acostumbrado al idioma le pidió con amabilidad que le dijera como se escribe, lo cual la elfa explico con paciencia. A veces se quedaba durante segundos sin decir nada buscando en su memoria la traducción; Legolas la veía detenidamente examinando los rasgos de su cara. Todo en ella le parecía hermoso y puro, como si acabara de nacer y la maldad no la hubiera tocado… fue entonces cuando se percató de que no sabía su nombre.

- Legolas – dijo cuándo la elfa termino de dictar un párrafo.

- ¿Qué? – estaba confundida.

- Me llamo Legolas – mostro una sonrisa de lado ante su desconcierto.

- Lindo nombre Hoja Verde.

El príncipe no menciono su puesto como el hijo del rey, ya que no le agradaba ser tratado así todo el tiempo y sabía perfectamente que la elfa era nueva por el bosque así que no sabría nada de él.

- ¿Cómo te llamas? – cuestiono al darse cuenta de que ella no decía nada pues estaba metida en uno de los libros.

- Lithgurth* - musito por lo bajo mientras leía sobre este veneno ignorando por completo la pregunta del joven; Por supuesto que Legolas pensó que era su nombre y pensó que lo decía por lo bajo porque no le gustaba y a quien le iba a gustar ser llamado como un veneno mortal de orco.

Durante aproximadamente una hora los dos estaban redactando el nuevo libro que el rey quería. De ratos Legolas la observaba como se entretenía y perdía en un mundo solo para ella y cuando esta se giraba fingía haber estado perfeccionando uno de los dibujos.

- Querida te he estado buscando – recrimino Joshufel que acababa de entrar sobresaltando a los dos elfos – y por alguna extraña razón… pensé que talvez, talvez – puso énfasis en sus palabras – estarías en la biblioteca.

- Que extraño ¿No lo crees? – contesto juguetona.

- Ya casi son las doce, tenemos que irnos.

- Dame un segundo ahorita te alcanzo – señalo la puerta; Joshufel obedeció su mandato, aunque sabía porque lo mandaba lejos, claro que se percató de la presencia de cierto rubio – Lo siento tengo que irme – se disculpó en cuanto su compañero se alejó lo suficiente.

- Eso he oído. – De cierta forma le causaba tristeza el saber que se marcharía – Espero que te valla muy bien en tu viaje…

- ¿Mi viaje? – Sonrió – yo no voy a ningún lado, tonto; solo tengo que acompañar al caballero – señalo a su amigo en la puerta; estas palabras alegraron al príncipe.

- ¿Entonces no te vas del bosque? – Lúthien asintió con la cabeza – y ¿Crees que… no se… pensé que talvez…?

- ¿Qué si te pudo seguir ayudando? – Movió su cabeza afirmativamente el príncipe – encantada… pero hasta mañana, nos vemos aquí a la misma hora ¿Entendido?

- Entendido – sonrió de lado.

- Me tengo que ir – dijo mientras se dirigía a toda prisa a la entrada.

- ¿Nos vamos preciosa? – Legolas escucho a lo lejos la voz del elfo.

- Vámonos.

- ¿Qué fue eso de "nos vemos mañana?

- Solo trato de ser amable – dijo sin emoción alguna en su voz.

- Como prefieras mi dulzura… yo solo digo que no le agradara a Ann…

- ¿Nos vamos ya? – Lúthien tomo del brazo a su compañero jalándolo; este sonrió.

- Vámonos mi vida – ambos comenzaron a caminar hacia afuera de la biblioteca.

- ¿Joshufel?

- Dime hermosa.

- ¿Algún día me llamaras por mi nombre? – el elfo paro en seco, no avían avanzado ni un metro.

- ¿Te molesta que te diga el cómo te veo y lo que siento por ti? Mi preciada.

- No, pero…

- ¿Entonces porque reclamas querida? – dijo con sarcasmo; ambos rieron y siguieron su camino.

Legolas pudo escuchar toda la conversación sin necesidad de concentrarse lo suficiente, ya que gozaba de un excelente oído. No pudo evitar sentirse incomodo al escuchar que aquel elfo le dijo a "Lithgurth" que la quería…

- ¿Qué cosas piensas Legolas? – Pensó el príncipe – de seguro lo hace porque a él tampoco le gusta el nombre de la elfa y la quiere tanto que no se lo dice… ¿Quién le va a decir a su amigo Ceniza de la Muerte?... además es muy grande para ella – la pluma y tinta yacían en su mano con pereza – ya deja de estar pensando en babosadas y ponte a trabajar Legolas– se ordenó a sí mismo.

Al poco tiempo llego Tauriel, tan silenciosa y cautelosa, que ha Hoja Verde le costó un poco escuchar su llegada.

- Sé que estas atrás de mí Tauriel – sintió la presencia de la elfa que se preparaba para darle un buen susto.

- ¿Entonces es cierto? Te has puesto a estudiar – se sentó en la silla que estaba al lado de él.

- No tuve elección – contesto apesadumbrado.

- Lamento el castigo mellon nîn* - coloco una mano en su hombro.

- No fue tu culpa, en todo caso toda la culpa la tuve yo – continuo escribiendo.

- Te ayudare – afirmó decidida – veamos, mira que interesante venenos – tomo un libro en su mano y lo hojeo fingiendo profundo interés; Legolas rodo los ojos y soltó una risita.

- Gracias.

Ambos amigos continuaron la fatigosa tarea de redactar pergaminos; constantemente el príncipe le agradecía por hacerle compañía, pues ella siempre lo hacia reír mucho y todo se hacía menos pesado con su presencia.

Minutos antes del mediodía, estaban los tres jinetes en presencia del rey esperando por la llegada de los capitanes, que llegaron a las doce en punto.

- ¿En que podemos servirle majestad? – se inclinaron al mismo tiempo Falathar y Orel.

- Los he mandado llamar, con el único motivo de arreglar los altercados del día de ayer – pronuncio Thranduil con orgullo y serenidad.

- Me parece estupendo – Falathar sonrío - ¿No le parece que deberíamos llamar a los elfos?

- Están detrás de ti.

El capitán del oeste ario muy grandes sus ojos; a pesar de que desde el principio se percató de su presencia jamás se imaginó que fueran ellos, los bandidos encapuchados… menos supuso que uno de ellos sería una dama, por lo que se veía muy delicada.

- El día de ayer por la noche – continuo el rey – relataron lo sucedido, desde diferentes perspectivas. A pesar de las diferencias ambos relataron la misma historia; pero solo hasta llegar a los motivos por el cual Joshufel te amenazó de muerte Falathar. Según los jinetes desde un primer momento fueron atacados con armas por ustedes – dirigió la vista al capitán - ¿es cierto?

- Así es, pero…

- ¿Anteriormente te habías percatado de la presencia de la elfa?

- No hîr nîn*, pero…

- ¿La elfita estaba segura con ellos?

- Cuando la encontramos se veía feliz…

- Entonces ¿Por qué atacarlos con armas? – la mirada del rey era fría y penetrante; Falathar comenzaba a ponerse nervioso.

- Usted nos ha ordenado que interroguemos a cualquier extraño que pise vuestras tierras sin autorización – se excusó rápidamente – cuando los vimos matar a las arañas con facilidad, rápidamente nos dimos cuenta de lo peligrosos que eran; sí hablábamos con ellos y resultaba que si eran bandidos, quizá nos hubieran atacado y se hubieran escapado… solo lo hicimos como prevención.

- Correcto – Falathar pensó que el rey estaría de su lado – pero supongo que sus sospechas debieron de terminar en cuanto Lilien abogo por ellos – el capitán trato de interrumpir – en lugar de eso, los ataron y condijeron al castillo como los más potenciales criminales.

- Son criminales – esta vez hablo Orel – yo mismo fui testigo de sus fechorías; cuando los interrogamos se negaban a responder e incluso me golpearon y causaron daños físicos dentro del país y en el reino – Thranduil lo oía con atención.

- Aranya* Thranduil – se escuchó la voz de Joshufel – admito que si llegue a golpear al general; pero usted bien sabe que ninguno de los dos – señalo a Annatar – permitiríamos que siquiera le pusieran una mano encima a mi señora – estas palabras confundieron a los dos capitanes.

El lugar quedo en silencio durante unos momentos. Thranduil resonaba que era lo mejor; sabía que si no los reprendía podría levantar sospechas en el pueblo; pero sabía que la culpa no era toda suya y ya habían pagado por los daños, pero nada de eso lo sabían sus oficiales.

- Claro está que los crímenes de los que los acusas son ciertos – dirigió la mirada a los tres elfos – no puedo enviarlos a las mazmorras puesto que ya han pagado por usar los caminos y para reparar los daños. Mas sin embargo por la falta de respeto sentencio: que ambos brindaran una labor social con los campesinos durante un mes, sin recibir recompensa por el trabajo.

- Así lo aremos – contestaron Joshufel y Annatar; una sonrisa de satisfacción se posó en los labios de Falathar.

- Ustedes – se dirigió a sus capitanes – por ser incompetentes y dejar que tres extranjeros vagaran libremente por mi tierras sin ser detectados por la guardia, también realizaran labor social.

- Como ordene su majestad – refunfuñaron ambos soldados.

- Orel – la voz del rey era potente.

- ¿si aranya*?

- A partir de mañana; Joshufel y Annatar, formaran parte del ejército. Colócalos en donde haga falta seguridad.

- Mi señor, no sabemos cuáles son sus habilidades o si han recibido el entrenamiento adecuado – replico Falathar sabiendo que ellos se irían en automático a su frontera.

- Evalúa sus habilidades y decide cuál será su puesto. – Thranduil comenzaba a fastidiarse, sabía perfectamente que entre los guerreros de Gildîn y Falathar nunca se llevarían bien – En cuanto salgan, Falathar quiero que les enseñes el centro de entrenamiento, donde los veras mañana a primera hora.

- Así lo are – dijo de mala gana el capitán.

- Pueden retirarse. – Ordeno el rey – Annatar y Joshufel, cuando regresan del campo de entrenamiento quiero que vallan directamente a mi despacho. Lúthien acompáñame.

Del salón del trono salieron primero los dos capitanes y los futuros soldados del ejército del Bosque. Tan pronto estuvieron lejos, el rey bajo de su trono y con un ademan con su mano invito a la pequeña elfa a que lo siguiera.

En la cabeza de la princesa solo estaba un solo pensamiento "¿Por qué siempre que tenía que hablar con él tenía que ser a solas?". Estaba sumamente nerviosa, ya sabía que es lo que harían sus compañeros el resto de sus vidas en el Bosque negro, pero ¿Y ella, que es lo que este imponente elfo le aria? El miedo corrió por sus venas, nada era seguro con el rey, todo podía ser una enorme sorpresa e incluso talvez la mandara a las granjas a trabajar.

- ¿Qué te ha parecido el castillo? – hablo Thranduil volteando a su lado para ver a la elfa.

- Es un lugar muy hermoso, su majestad – von ran asombro el rey escucho ese tono de voz tan formal en esa pequeña elfa.

- Me imagino que has tenido mucho tiempo para recorrer los jardines

- ¿Los jardines? – Levanto una ceja demostrando su desconcierto – no, no; he visitado la biblioteca; tengo que decir que me pareció magnifica la gran variedad de libros, volúmenes y temas, que posee.

- ¿Enserio? – subió sus dos cejas mientras mostraba un sonrisa de lado.

No podía creer que Lúthien prefiriera ir a un lugar lleno de libros viejos a pasear por un jardín… se encontraba realmente sorprendido con la alegría que hablaba de los ejemplares, como si hablase de un hermoso vestido o un iluminado prado.

- Por supuesto – continúo la princesa – tiene una magnífica colección y deje me decirle que: de los pocos ejemplares que tuve el gusto de hojear y leer, vienen muy completos y en casi todos los idiomas elfos – la sonrisa del rey creció aún más por el asombro; sí que era una extraña elfa.

Se detuvieron frente a la misma puerta de la noche anterior. Thranduil la invito a pasar primero, para después cerrar la puerta tras él. Con un ademan le indico que se sentara en una silla frente a su escritorio.

Thranduil se quitó su corona y la enorme capa que le arrastraba de la parte de atrás, dándole un enfoque de superioridad. Sirvió dos vasos de cristal: uno con agua y el otro con su amado vino. Se sentó en su enorme silla, mientras le extendía el vaso con agua.

- ¿Qué piensas de mi reino? – el rey cruzo sus manos colocándolas en el borde de su escritorio; la pregunta tomo muy por sorpresa a Lúthien.

- Es un lugar muy grande…

- No, no… me refiero a ¿Qué es lo que opinas de él? No el cómo es – la elfa se sorprendió aún más.

- Mm… púes – comenzó a titubear – me agrada mucho estar aquí. La tranquilidad con la que se despierta sintiendo los cálidos rayos del sol entrando por la ventana, mientras un aire tan puro te hace sentir en un sueño. Es un lugar muy hermoso.

- ¿Te gusta vivir aquí? – la mirada del rey era penetrante pero no incomoda, era como si de la forma más tierna fueran descifrando cada uno de tus pensamientos.

- Por supuesto – contesto sin dudarlo un momento.

Thranduil tomo un gran sorbo de vino, en cuanto termino un silencio gobernó el lugar. Poco a poco, ese silencio paso de ser como y tranquilo, a ser uno incómodo y lleno de tención. La mirada de Thranduil se comenzó a tornar fría y orgullosa, posándose en ninguna parte, su semblante se tornó serio y severo. Lúthien comenzó a sentir miedo y las manos le empezaron a sudar, obligándola a que jugueteara con ellas debajo de la mesa.

- Sé que te estarás preguntando qué rol te proporcionare en la sociedad. - el rey hablaba como preso de un trance, puesto que hablaba a la nada; cosa que asusto aún más a Lúthien – Si te soy sincero, no sé qué es lo que voy a hacer contigo. No te enviare a trabajar al campo y me es impensable el ponerte como sirvienta. No puedo enviarte al ejército y no quiero hacerlo… tengo la necesidad y encomienda de protegerte – volteo su rostro rápidamente centrándose en la mirada de la pequeña – lo he pensado mucho y soló encuentro una solución.

- Y ¿Cuál és? – pregunto llena de temor, cada segundo que pasaba con el rey era cada vez más incómodo y su mirada fría no ayudaba en mucho.

- Quiero adoptarte como mi hija…


Traducciones:

Aranya*- Mi rey

Hannon le* - Muchas gracias

Ada*- Papá

Ion*-Hijo

Lithgurth* - Ceniza de la Muerte (lith- ceniza, Gurth- muerte)

Hîr nîn*- Mi señor


Notas de autor: Lo se, lo se, he vuelto ha ser cruel dejandolos a media historia... esta vez no tengo pretextos; solo que me pareció mucho tiempo el que ha pasado sin que actualice. Así que decidí darles el privilegio de leer un adelanto o bueno un nuevo cap. Y digo privilegio porque ni en Thranduil Oropherion y Legolas Thranduilio y Wattpat he subido el nuevo capitulo.

Greynr: a tu duda; si todos los elfos van a Valinor cuando mueren. Pero como ellos no han muerto no pueden ir a Valinor. También te quiero agradecer por seguir la historia y que sea de tu agrado.

Espero lo disfruten. Mi queridos lectores/as de Fanfiction.

Saluditos desde Mexico.

Ya saben yo estoy aquí para leer sus palabras; ya sean buenas o malas todas son bien venidas. Y para aclarar su dudas.