Capítulo 7: No hay marcha atrás.
El aire comenzaba a sofocar a Lúthien; todo estaba sucediendo muy rápido. Las palabras de Thranduil fueron tan frías y mecánicas, que estremecieron en lo profundo a la elfa.
Thranduil sabía perfectamente que no fue la manera más adecuada para decir lo que tenía pensado, pero no razonado. En su vida había tomado una decisión sin antes analizarla por completo… pero ahora ya estaba dicho y no podía retractarse.
─Hîr nîn*, no comprendo. Debe haber otra opción… ─atinó a decir Lúthien mientras jugaba con la falda de su vestido debajo del escritorio bajando su mirada casi al mismo tiempo.
─Lúthien ─el rey trató de sonar un poco más relajado─, no te obligare a nada; tú eres libre de escoger lo que más te convenga… Entonces, dime: ¿qué hago contigo? ─Thranduil intentó buscar su mirada.
─Puedo trabajar en el campo ─por más que lo intentaba no podía subir la cabeza─, o servirle en el palacio…
─Si te mando al campo, la mayor parte del tiempo la pasarás sola; Annatar y Joshufel estarán en constantes misiones. ─Recargó los codos en la mesa─. Y como dije antes: me es impensable verte todos los días como una sirvienta. No permitiré que ningún hijo de Ernetor limpien, barran, laven ropa…
─Pero… ─trató de defenderse.
─Comprende: como sirvienta levantarás muchas sospechas; tu solo aspecto físico demuestra tu sangre real. ─Ambos suspiraron.
La princesa de Gildîn entendía a la perfección todos y cada uno de los argumentos del Señor del Bosque; bien sabía que estuviese donde estuviese, siempre llamaba la atención aunque no quisiera.
Durante toda la noche la elfa no se preocupó ni un instante por el rol que fuera a desempeñar, pues la charla con el rey fue tan placentera que confiaba ciegamente en lo que él le encomendara. Ahora sabía que su majestad no sabía ni qué hacer con ella.
─Siendo su hija levantaré aún más habladurías ─soltó finalmente.
─Muy cierto; pero solamente así tendré el poder para controlar cualquier rumor que se propague por el reino. En cambio, si eres campesina no podré hacer nada, sería muy extraño que un rey se preocupe por una simple campesina, ¿no lo crees? ─ella asintió.
Las cosas no pasaban como se lo esperaba Thranduil. Nuevamente su mente comenzó a trabajar a una velocidad impresionante; tenía que encontrar una solución y tenía que ser en ese preciso momento.
─Pequeña ─era la primera vez que la llamaba de aquella forma y la nombró con tanta ternura que por un momento Lúthien pensó que alguien más había entrado en la habitación─. ¿Por qué bajas la mirada? ─No recibió respuesta─. Veme a los ojos, no podemos seguir conversando así. ─Ella obedeció, subiendo lentamente su mirada; en cuanto chocó con la del rey, esté se percató de la tristeza que reflejaban, aunque no entendía por qué─. ¿Qué te atemoriza? ¿Por qué temes tanto mi propuesta?
Un silencio sepulcral se presenció en el despacho del rey. Thranduil sólo la observaba detenidamente; a pesar de todo ella continuaba desviando su mirada a otros lugares como buscando la respuesta en el viento. El gran elfo no quiso ejercer presión sobre la princesa, de lo poco que la conocía había aprendido que ella estaba muy marcada por los recuerdos y todos o la mayoría dolorosos.
─Tengo miedo de que más personas salgan lastimadas ─dos lagrimas amenazaban con salir, su rostro y mirada se voltearon a otra parte evadiendo la mirada de Thranduil─. Todo lo que me rodea desaparece… no quiero ser la culpable de más desgracias; ya no quiero ver morir a más personas por mi causa…
─Tú no puedes estar segura de ser mi desgracia; nadie puede predecir el futuro o las catástrofes que desencadenemos ─trató de consolarla con sus palabras, pero todo fue en vano; ella solo comenzó a llorar.
Sin saber que más decir, Thranduil se decidió por levantarse, posó su antebrazo en sus hombros, se puso en cuclillas con el afán de buscar su mirada. Aquella elfa despertaba en él el deseo por protegerla, abrazarla estrujándola en sus brazos tratando de borrar cualquier rastro de temor o tristeza en Lúthien; verla de aquella forma sólo le traía a la mente la imagen de su Legolas cuando era más pequeño y lo buscaba por las noches al tener una pesadilla.
Ahora lo comprendía todo: la quería como su hija, no tanto por sugerencia de Ernetor; no. La quería como su hija, porque le recordaba a su Legolas, le recordaba lo que se sentía ser necesitado, pero sobre todo su mirada le suplicaba ser protegida.
─Lúthien ─él la tomo por la barbilla con su mano libre obligándola a verlo a los ojos─; créeme que he pensado muchos las cosas. ─Sus palabras eran susurros tiernos y llenos de comprensión─. Como te dije y te vuelvo a repetir: no sólo tengo la obligación de protegerte, tengo la necesidad de hacerlo. No me puedo ni imaginar lo mucho que has sufrido… las muertes presenciadas… el dolor, la tristeza, ni mucho menos la soledad que has vivido. ─La elfa trató de bajar la mirada, pero el rey no se lo permitió─. No me veas como un rey; veme como a un elfo que busca y está dispuesto a protegerte. No solo a ti, sino también a tu hermano. ─Los ojos de Lúthien reflejaron un brillo extraño al escuchar aquellas palabras─. No, no pienso adoptarlo ─una tenue sonrisa se formó en sus labios─, pero sé que mientras tú estés bien, él también lo estará, ¿o me equivoco?
La princesa negó con una sonrisa en los labios; aún no alcanzaba a comprender cómo aquél imponente elfo podía llegar a ser tan tierno, el cómo podía pasar de ser tan frío como la nieve a ser cálido como un sol de verano. No podía negar que por un momento se imaginó a ella siendo su hija, recibiendo sus abrazos y esa comprensión que siempre escasearon en el rey de Gildîn.
Quizá ahora se le estaba abriendo una puerta a la felicidad: el ejército del bosque era considerablemente más grande que el de su padre, en el palacio se respiraba la libertad, los sirvientes eran muy amables, pero sobre todo había notado que Annatar no estaba tan tenso como de costumbre. Sin importar las demás razones, lo más importante para los mellizos, era la felicidad del otro.
─Quiero adoptarte como mi hija ─eran las mismas palabras, pero ahora eran otras circunstancias─. Eres libre de elegir lo que más te convenga; solo recuerda: éste es el único momento en el cual podrás decidir, después de hoy, sea cual sea tu elección, no habrá marcha atrás. Ahora solo queda saber qué decisión tomará Lúthien Ernetoriel, princesa de las costas de Gildîn…
Éste era un momento de suma importancia, por tanto el rey pronunció todo aquello con seriedad pero sin resultar frío. Thranduil veía la lucha interna que tenía la elfa, pues sus ojos eran incapaces de mentir.
Se levantó dándole la privacidad para que ella razonara las cosas; se dirigió a la mesita para servirse un poco de vino. Dirigió su mirada al aire, reflexionando lo mucho que había cambiado su vida en tan pocas horas; ahora sólo le quedaba esperar la respuesta de una elfa para que se vida cambiara radicalmente.
¿Cómo fue que acabó así? ¿Acaso él, el gran rey elfo, había dejado en las manos de una "niña" su futuro? ¿Por qué sus lágrimas no le irritaban? Sin importar cuantas veces le daba vueltas al asunto, sus preguntas seguían sin respuesta. Para él todo eso era un misterio, lo único que tenía muy en claro era que: Lúthien poseía la bendición de Elbereth, era imposible no encariñarse con ella y no compararla con una estrella. Sí, eso debía de ser.
Ya habían pasado aproximadamente diez minutos, tiempo suficiente para razonar las cosas; pensaba Thranduil. Decidido a conocer la respuesta, se dirigió hacia la pequeña y se sentó frente a ella para formalizar más las cosas, a pesar de que sabía que todo aquello no debía de tomarse como un negocio.
─¿Ha tomado una decisión, aranel*? ─cuestionó el rey con solemnidad; de inmediato Lúthien comprendió que todo tenía que ser manejado con seriedad.
─Así es, aranya* ─levantó la mirada con orgullo, sin rastro de tristeza o de pesar. A Thranduil no dejaba de sorprenderle lo madura que podía llegar a ser la pequeña que tenía enfrente, mas supo ocultar bien su asombro─. He decidido que aceptaré su oferta; acepto ser reconocida como su hija.
Jamás pensó que esas palabras fueran dichas con tanta formalidad; una sonrisa tenue se dibujó en sus labios. A pesar de que esperaba aquella respuesta, la voz y las palabras adquiridas por Lúthien le produjeron un escalofrío ante sus porte frío y calculador; alegría, pues desea que ella se convirtiera en parte de su familia y… ¿miedo? No sabría definir aquello, ahora tenía que cuidar no sólo de su hijo, sino también del bienestar de su nueva hija; ya no tenía únicamente un hijo al cual proteger, ahora eran dos y temía el fracaso; si fracasaba o algo salía mal, ellos se verían muy afectados.
─Perfecto ─dijo sin inmutarse─. Mañana por la noche te presentaré como mi hija…
─¿Pero… y…? ─la forma tan rápida en cómo resolvió las cosas el rey la dejó estupefacta.
─Descuida, no pienso separarte de Annatar ─comprendió de inmediato su pregunta gracias a sus ojos tan claros como el agua─, podrás estar con él todo el tiempo que desees, mientras él no esté en servicio.
─Hannon le* ─mostró una sonrisa de lado mientras suspiraba de alivio─. Solo tengo una pregunta ─el rey le indicó con la mirada que continuara─: ¿Cuál es mi pasado? ¿Quién soy?
─Ya he resuelto eso. ─La rubia abrió muy grandes sus ojos ante el asombro de lo rápido que maquinaba la mente de Thranduil; él solamente se limitó a sonreír ─. Tu historia es la siguiente: vienes de un pueblo de elfos oscuros oculto a los demás; un numeroso grupo ubicado entre Rivendel y el reino de Lothlórien. Tu padre mantuvo un trato con la Dama Blanca y lord Elrond: ellos los dejarían vivir en paz y no mencionarían a nadie de su existencia a cambio de que cuidaran las fronteras que colindaban. En los últimos años, debido al constante crecimiento de los grupos de orcos, tu pueblo se vio obligado a abandonar sus tierras. Gracias al trato con lord Elrond, tú y dos de los mejores guardias pudieron trasladarse a Imladris y posteriormente, a los dominios de los Galadrim. En el tiempo que estuviste en Lórien, la reina descubrió que posees sangre real; tu línea de linaje está casi extinta, pues tu bisabuelo es un pariente lejano de Elwë. Celeborn te envió a mi reino debido al lejano parentesco que compartimos. El gobernante de Gildîn me pidió tu cuidado y que te recibiera como mi hija; a cambio de ello mandaba a sus mejores guerreros a formar parte del ejército del bosque, además de que los pocos sobrevivientes de Gildîn brindarían protección en mis fronteras.
Lúthien se quedó observándolo atónita. No comprendía cómo Thranduil podía crear historias de la nada y armarlas tan perfectamente bien que nadie se atrevería a contradecir los hechos; hasta ella misma creía que la historia era verdadera.
Por su parte, el rey elfo estaba muy satisfecho con su relato inventado. Con una sonrisa de lado veía a la elfita; sabía perfectamente que la pequeña que tenía enfrente estaba muy sorprendida y por el momento no podría romper el silencio.
─Esa es la historia que contarás a aquél que te la pregunte ─sorbió un poco de vino─ pero, cuando te presente solamente me limitaré a decir algunas cosas… Ahora como la princesa del bosque negro, no solo serás mi hija, sino que como tal tendrás algunos privilegios y obligaciones; no va más allá de notificarme tu entrada y salida de palacio; cada vez que salgas estarás acompañada de por lo menos tres guardias; siempre debes de informarme a mí en donde estás, o en su defecto a Galion, Elenna, Orel o alguno de los capitanes; además, debes aprender algún tipo de arte. Puedes hacer lo que quieras con tu tiempo libre.
Thranduil pronunció todo aquello como un mandato irrompible; él creyó que todo eso sería una exageración para ella. Se imaginó qué diría su Legolas si le impusiera todas aquellas reglas; seguramente sería capaz de elegir levantar el estiércol a vivir bajo tanta vigilancia. El rey sonrió para sus adentros con tan solo imaginar las caras de su muy inquieto hijo.
─¿Es todo? ─dijo Lúthien al ver que el rey no imponía más reglas.
La pregunta no era con temor como se lo esperaba Thranduil, sino que estaba llena de asombro; de inmediato se percató que quizá todo aquello sólo era algo insignificante al lado de todas las veces que se vio la pequeña en la obligación de permanecer encerrada durante años sin poder hablar con nadie. Era increíble como la elfa lo podía sorprender con tan solo hacer una pregunta; no cabía duda que toda ella era un misterio.
─Así es ─en su rostro no demostró ni el menor de los cambios; cosa en la que era todo un experto.
A los pocos instantes se escuchó que llamaban a la puerta; el rey les permitió la entrada a Annatar y Joshufel, casi al instante de su llegada les informó acerca de su decisión respecto a la princesa. Thranduil esperó alguna pregunta por parte de los elfos, pero en lugar de eso ellos asintieron como si se tratase de aceptar una misión.
No era necesario preguntar lo que era muy obvio: ninguno de los dos podía cuestionar una orden o imposición. Thranduil sabía que eso era una gran característica en un soldado, pues no contradeciría sus palabras, pero, ¿qué consecuencias negativas podría llegar a tener?
─El anuncio lo daré mañana en la cena con los generales y capitanes del reino ─habló con solemnidad─, ustedes deberán asistir puesto que los presentaré como soldados recomendados por la reina de Lórien ─los dos guerreros asintieron─. Bien, pueden retirarse, son libres de vagar por el reino sin necesidad de cubrirse ─repuso al recordar que ellos no tenían dicho permiso.
─Aranya*, requiero de una audiencia a solas con usted ─pidió Annatar enseguida de que el rey diera su permiso.
Thranduil realizó un ademán con su mano indicando que tomara asiento y que los demás se marcharan; estaba muy intrigado con la petición del hijo de Ernetor, sería la primera vez que hablaría con él a solas. Annatar se descubrió el rostro en cuanto todos se marcharon.
─Escucho ─pronunció con seriedad el gran rey elfo.
─Trataré de ser lo más breve posible ─el rey le indicó con la mirada que continuara─. Sé que mi padre le hizo llegar una carta por medio de mi hermana ─realmente Thranduil estaba sorprendido, en la misiva Ernetor mencionó que el príncipe nada sabía de dicho escrito─ puesto que él me comisionó a entregar una carta por gobernante y de usted no me dio ninguna ─explico rápidamente─. No sé el verdadero contenido, pero por sus decisiones deduzco que le informó y me atrevo a afirmar que exageró acerca de la debilidad de mi hermana; también casi estoy seguro de que le pidió que nos mantuviera lo más juntos posibles, puesto que no decidió cambiarnos de habitación a Joshufel y a mí. Ignoro las explicaciones que dio mi padre, pero yo le pido que por el bien de mi familia nos mantenga lo más separados posibles… No es nada coherente que dos elfos que nada tienen que ver con la realeza se hospeden en habitaciones tan lujosas. No malinterprete mis palabras, solo quiero que no me relacionen en lo más mínimo con mi hermana. Si usted fuera tan amable de proporcionarme alguna habitación que me lleve secretamente a la de Lúthien le estaré eternamente agradecido… no deseo separarme de ella, pero como ya le he dicho, si puedo evitar ser visto públicamente a su lado lo evitaré, yo prefiero poder estar con ella a solas.
Mientras el príncipe de Gildîn hablaba, el rey razonaba cada una de sus palabras. Se sorprendió al darse cuenta de lo acertada que había sido la suposición del elfo, también comprendió lo lógica que era la petición del príncipe.
─Complaceré tu pedido ─en los ojos de Annatar se podía ver la alegría y asombro que su rostro se negaba a mostrar─. Hoy por la tarde Galion les mostrará a ti y Joshufel sus nuevas habitaciones; justamente la recámara de Lúthien lleva a una habitación de la servidumbre. Nadie a excepción de mi conoce el pasadizo. Podrás hacer uso de él cuando desees ─nada en el rey cambió, todo lo pronunció con su típico tono de superioridad.
─Le agradezco de corazón todos los cuidados que ha tenido con mi familia ─posó su mano derecha a la altura del corazón─. Si no es mucho pedir, me gustaría que Lúthien y yo pasáramos juntos lo que resta del día y hasta mañana por la tarde.
─No tengo mayor problema con ello. Ordenaré que les suban la comida y cena a sus habitaciones actuales; hasta mañana por la mañana deberán cambiarse de aposentos.
─Hannon le, hîr nîn*; solo una cosa más ─Thranduil asintió con la mirada─: quiero que me trate como el soldado que soy y el puesto que ocupo en la guardia, de ser posible olvídese de quién es mi padre… no quiero que tenga ciertas consideraciones conmigo.
─Así se hará ─su voz resonó por el estudio─. Puedes retirarte.
Annatar acató rápidamente la orden del rey. Así de corta y concreta había sido la conversación con el hijo de Ernetor.
En cuanto se hubo machado Annatar, el rey mandó llamar a Borlach y Galion para termina de fijar los últimos preparativos para la cena del día siguiente; Thranduil acostumbraba a brindar una pequeña fiesta a sus generales y capitanes con sus respectivas familias; lo hacía como agradecimiento por mantener bien resguardado el reino. No importaba si había más celebraciones para ese mes, él siempre les preparaba una especial.
En ocasiones invitaba a su consejero y algunas familias destacadas; en esta ocasión también asistirían los representantes de Gildîn, así que tenía que mandar acomodar más mesas para sus nuevos invitados, pues no tenía contemplado invitar a familias destacadas.
Casi al instante llegó el consejero del rey y el mayordomo; sin dar explicaciones les informó los nuevos cambios y pidió a Galion que mandara las demás invitaciones; mas no mencionó nada de la asistencia de los elfos de Gildîn.
Borlach se percató de inmediato que el rey había mencionado a tres personas de más; ya que el número que dio no concordaba con los integrantes de la nobleza que mencionó; pero no dijo nada pues bien sabía que en ese tipo de cosas Thranduil jamás se equivocaba. Lo más seguro es que llegaran visitas el día siguiente, pensó el consejero.
Les tomó poco más de una hora terminar de arreglar los últimos de talles de la cena. En cuanto acabaron, Thranduil pidió a Galion que se retirara y que regresara en media hora, ya que tenía cosas que hablar con Borlach.
─¿Y bien? ─cuestionó el rey mientras dirigía el vino a su boca.
─No lo comprendo, majestad ─negó suavemente con la cabeza; Thranduil lo vio penetrantemente mientras terminaba de pasar el trago de su bebida.
─No creas que no me he dado cuenta ─Borlach abrió grandes los ojos ante las palabras sin sentido de su rey─, desde que entraste se te notó molesto ─el gran elfo esperaba alguna respuesta por parte de su sirviente, pero de éste no salió ni un soplido─. No es ningún secreto que tú y Falathar son muy buenos amigos; y bien ¿qué fue lo que te pido? ─su voz estaba en tono neutral, era imposible saber si estaba enojado o solamente tenía curiosidad.
─Hîr nîn*, ignoro como supo usted eso ─Thranduil le dirigió una mirada indicándole que era algo obvio─. No lo puedo engañar: me contó todo lo referente con los elfos de Lórien y me pidió que…
─¿Que razonara mi decisión? ─más que una pregunta fue un enorme sarcasmo; Borlach no tuvo más opción que encogerse de hombros.
─Thranduil ─Borlach trató de suavizar un poco las cosas usando su tono de persuasión─, ponte en el lugar del capitán…
─Yo soy el rey y mis órdenes deben de ser acatadas ─alzó el cuello en alto con un aire de superioridad; haciendo que su sirviente se sintiera más pequeño que una hormiga.
─Así es, mi señor ─habló con timidez─, pero al menos escúcheme como el consejero que soy ─sin muchos ánimos Thranduil asintió con la mirada─. Falathar sólo exige una explicación ante su castigo y la recompensa que los extraños obtuvieron.
─El capitán bien sabe las razones ─su entrecejo se frunció un poco, detestaba dar explicaciones a sus vasallos─, no puedo dejar que mis fronteras sean cruzadas sin que mi gente sepa de los desconocidos; ése fue el error de Falathar ─la mirada de Thranduil casi desprendía fuego─. Sobre los elfos: no deseo ganarme la enemistad de los reyes de Lothlórien; además, ellos ya han pagado por los daños.
─Pero…
─Ya he tomado mi decisión. ─Cruzó sus manos poniéndolas encima del escritorio.
─Veo que no lograré nada ─dijo un Borlach muy enfadado
A pesar de que Borlach era el consejero del rey, Thranduil pocas veces le hacía caso o comentaba temas referentes al reino con él. Para ser el único consejero de la corte sabía muy poco acerca de cómo el rey tomaría alguna decisión. En muchas ocasiones se preguntó por qué tenía tal título si no lo desempeñaba; pues más que su consejero parecía el asistente. Siempre se encargaba de hacer y entregar invitaciones; dirigir a las cocineras sobre lo que deben de cocinar y tareas similares.
─¿Se ha corrido el rumor? ─A pesar de que internamente estaba preocupado, como de costumbre no demostró ninguna emoción.
─Los soldados nada saben, pero me temo que no tardarán en correr por todo el reino ─ese tipo de preguntas molestaban a un más a Borlach, pues su principal función era ser sus ojos y oídos en el pueblo.
─Se me olvidaba, quiero que cambies la logística: pondrás la mesa principal y asignarás una mesa para cada familia. ─El consejero asintió.
─¿En qué más puedo servirle?
─Es todo por hoy, mi estimado Borlach. Puedes retirarte, tienes el resto de la tarde libre.
El sirviente se levantó de la silla e hizo una reverencia. En cuanto salió, Galion se dirigía al encuentro del rey. Tocó la puerta y Thranduil le permitió la entrada, indicándole que cerrara la puerta tras él.
─ ¿En qué puedo servirle, aranya*? ─se inclinó un metro antes del escritorio.
─Toma asiento ─indicó con la mano─. ¿Le has hablado a alguien de los tres elfos de Lórien?
─No, mi señor ─sabía a la perfección que el rey solo preguntaba por formalidad.
─Excelente… Quiero que tú y Elenna les suban la comida y la cena; que nadie más se entere de su existencia en el palacio.
─Así se hará ─dijo con una sonrisa en el rostro, pues agradecía la confianza que le tenía.
─Por la tarde, después de los alimentos, mostrarás a Annatar y Joshufel la habitación de servicio, les asignaras las dos del fondo. Annatar tendrá la última ─el mayordomo asintió con la cabeza─. Se mudarán por la mañana y hasta entonces les entregarás el uniforme de soldado.
─¿Solo la armadura de cuero?
─Precisamente es a la que me refiero ─se quedó pensativo unos instantes─. En la cena de mañana tú te encargaras de acomodar a cada familia y deseo que la mesa de Barahir esté en el fondo… Le comentas a Borlach que cada capitán y general tiene el derecho de invitar a nueve elfos…
─Entonces los elfos de más alto rango en el ejército tendrán una mesa pequeña para cada uno ─a pesar de haber interrumpido al rey, habló con elegancia.
─Efectivamente. ─Tomó un poco de vino─. Se lo comenté a Borlach pero me temo que no comprendió bien mi instrucción.
─Ha estado bajo mucha presión. ─Galion era hábil con las palabras y sabía cómo manejar a Thranduil─. La cena llegó en mal momento.
─Comprendo ─pronunció secamente─. En cuanto salgas busca a Barahir y dile que me encuentre en el jardín eithel rilfëar* ─el mayordomo un tanto extrañado asintió─. Bien, puedes retirarte.
El vasallo se levantó con elegancia de la silla e hizo una suave reverencia; sin decir más se retiró, aunque su confusión por aquel jardín seguía ocupando su mente, bien sabía que era un lugar muy especial para el rey, pues lo construyó para regalárselo a Luinil… Cuando ella falleció, solo Orel y Barahir estuvieron con el rey a solas, en aquél lugar prohibido a cualquier elfo. Aun con aquel pensamiento se dispuso a obedecer a su señor.
Thranduil solo vio como partió su mayordomo con la cabeza llena de dudas; siguió los pasos de su sirviente, pero antes de irse guardó bien la carta de Ernetor. Esta vez no se puso la corona, ya había acabado con sus labores de rey, ahora solo quería estar un momento a solas con sus pensamientos y eithel rilfëar* era el lugar ideal para estar a solas.
Caminó por los pasillos en silencio, los guardias solo hacían pequeñas reverencias ante su fugaz figura. Cuando llegó a las puertas del jardín, ordenó a los dos soldados que las custodiaban que en cuanto llegara el capitán Barahir le permitieran el paso.
De uno de sus bolsillos sacó una llave y abrió la puerta; así de resguardado era aquel lugar. Entró con cautela y después de cerrar la puerta tras él soltó un gran suspiro, no sabía si de tristeza, cansancio, frustración, enojo… no sabía el significado de aquel profundo suspiro.
Eithel rilfëar* era un lugar realmente hermoso. En el centro estaba coronado con una hermosa fuente de roca tallada delicadamente de un color hueso, el agua que salía de ella era cristalina, dentro de la fuente existían pequeños lirios acuáticos que adornaban de manera hermosa la base de la fuente; era un lugar amurallado, las paredes todas ellas adornadas con enredaderas de un verde vivo, un riachuelo salía de una de las paredes recorriendo casi todo el alrededor, rodaba un gran roble; el pasto gobernaba todo el lugar, flores de distintos colores adornaban las esquinas, una banca de madera estaba en un rincón estratégico donde todo el tiempo daba la sombra.
Solo una persona más podía entrar a aquel lugar y era el jardinero responsable de la creación de ese lugar; era el único que podía darle mantenimiento y eso lo hacía cada dos semanas.
Thranduil se paseó con un aire de melancolía por aquel lugar; era muy grande en realidad, casi como un pequeño valle; pero él conocía cada palmo de ese jardín. Recorrió el sembradío de flores de colores, pasó su mano por la banca de madera tocándola con tanta delicadeza como temiendo se deshiciera con un simple roce.
Con mucho miramiento decidió al fin sentarse en el fino taburete. Lo hizo en uno de los extremos; con la mirada perdida giró su cabeza con delicadeza hacia la derecha. En sus ojos se podía ver con claridad cuánto anhelaba la compañía de aquella elfa que, a pesar de tantos siglos sin verla, su corazón aún se aferraba a lo poco de la esencia que quedaba de ella.
No pudo soportar mucho tiempo ver aquel lugar vacío; apretó un poco los ojos reprimiendo las lágrimas apartando la vista de aquél lugar; en cuanto abrió sus ojos, éstos se centraron en algo nuevo. En ese momento deseó no haber volteado la vista, pues frente a él estaba el gran roble; ese árbol le traía tantos recuerdos…
Ahí la veía sentada bajo el frondoso follaje leyendo, tocando el agua cristalina o jugueteando con los pajarillos. Sin darse cuenta, una lágrima silenciosa bajó por su mejilla.
Todo eso era mucho para él, deseaba poder compartirlo, pero ni él mismo sabía qué pasaba por su mente. Aun no comprendía cómo fue que le propuso eso a Lúthien… esa elfa le traía tantos recuerdos; la noche anterior se negaba a creer que lo veía igual que Luinil. Pero hoy ya no lo podía negar; esa pequeña tenía la misma mirada de su amada esposa.
Cada vez que Lúthien lo evadía, recordaba esa misma mirada de su amada cuando le decía cuánto la amaba; cada vez que la veía llorar, sin duda alguna llegaba a su memoria las pocas veces que su estrella derramó lágrimas de dolor; su sonrisa tan cantarina e inocente, tan parecida a la de Luinil; pero esos ojos tan profundos y claros, eran como… no, ella no era su estrella; quizá solo lo estaba imaginando.
El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus cavilaciones; casi enseguida apareció frente a él Barahir mostrando una reverencia.
─¿Quería verme, majestad? ─el soldado estaba igual o más confundido que el mayordomo al haber sido citado en ese lugar.
─Así es. ─A pesar de querer ocultar su voz ronca por las lágrimas no derramadas, no lo logró.
─¿Se encuentra bien, hîr nîn*? ─el capitán conocía muy bien a su rey y cada vez que se entristecía era de los pocos que se percataba de ello y por tanto uno de los pocos que siempre se preocupaba por él.
─Sí, perfectamente ─dijo secamente regresando a su tono neutral─. Toma asiento por favor ─rápidamente el soldado obedeció─. Quiero hablarte, no como soldado, sino como un amigo.
─Thranduil, sabes que siempre puedes contar conmigo ─posó una mano en uno de los hombros de su señor─, y como amigo te digo que me preocupa tu estado anímico. ¿Qué te sucede? ─Barahir habló con una muy clara preocupación; por su parte, Thranduil trató de negar lo que su amigo bien sabía─. No te atrevas a decir que nada; Thranduil, te conozco desde que éramos elfitos, puedes engañar a los demás pero a mí no ─el rey sonrió tristemente ante las palabras de su compañero.
─Me doy cuenta perfectamente que no te puedo engañar ─Barahir sonrió con expresión de triunfo e indicó a su amigo que continuara─. Me preocupa la seguridad del reino ─el capitán lo vio penetrantemente─; además el problema con Falathar…
─Ya veo por dónde va el asunto ─negó suavemente con la cabeza─. Ya medio reino sabe de la llegada de tres elfos galadrim y tu reprimenda sin sentido contra Orel y Falathar…
─¿Cómo se corrió tan rápido el rumor? ─un ligero asombro se dejó descubrir en la voz del rey.
─Bueno, pues el capitán se ha encargado de eso ─habló como si fuera lo más natural del mundo, bajó un poco la mirada y fingió examinar sus uñas─. Dime algo ¿es el capitán quien te preocupa o son los extranjeros? ─lo volteó a ver de reojo.
A pesar de que el rostro de Thranduil no demostró emoción alguna, sus ojos (que eran unas bóvedas para desconocidos, pero un espejo de su alma para Barahir), le hicieron notar a su amigo que dio en el clavo.
─¡Eureka! Ya decía yo que "el gran rey" ─engrosó un poco más la voz y enfatizó sus últimas palabras─ mostrara doblego ante uno de sus mandatos ─golpeó suavemente el hombro de su señor; éste sólo se le quedó viendo indicándole que ya no estaba acostumbrado a esa pruebas de amistad─. Ellos deben de ser sorprendentes…
─¿A qué te refieres? ─frunció un poco el entrecejo y lo vio penetrantemente.
─Thranduil, ningún elfo insignificante llama tu atención ─una gran sonrisa se vislumbró en el rostro del capitán─. Yo no creo que los tres elfos sean tan malos como dice Falathar…
─¿Tres elfos? ─la pregunta no era para especificar el número, sino más bien el género.
─Sí tres elfos, tres guerreros ─claro que su compañero había entendido el sentido de su pregunta.
─Veo que el capitán del oeste solo contó lo que le convenía ─su tono era pensante, eso significaba que estaba planeando algo.
─¡¿Uno de ellos era una elfa?! ─Barahir gozaba de una lógica impresionante; Thranduil sólo asintió─. ¡Por todos los Valares! ¿Cómo se le ocurre a nuestro buen capitán tratar así a una dama?
─¿Ahora comprendes mis decisiones?
─Por supuesto. ─Ahora él también se puso pensativo─. Ella debe de ser magnifica ─el rey lo vio penetrantemente─. Por favor mi señor, estoy casi seguro que los otros dos también son interesantes, pero ella ─comenzó a hablar soñador─… ella debe de ser impresionante, apostaría a que ella llamó tu atención. Es más, juro por mi vida que ella te tiene de esta forma.
Aún no comprendía Thranduil cómo fue que el elfo que tenía a un lado había descifrado todo con unas cuantas palabras. Era impresionante lo bien que lo conocía, pues estaba casi seguro que su fisonomía no demostró mucho.
Por su parte, Barahir estaba satisfecho con su descubrimiento; le encantaban estos momentos en los que su rey volvía a ser su amigo, solo entonces era cuando podía decirle lo que pensaba y dejar de tratarlo con tanto respeto. Pero esto solo sucedía una vez cada cien años.
─Me encantaría poder conocer a la elfa ─hablaba con añoranza Barahir─, debe de ser muy hermosa…
─La conocerás ─aunque no lo notara, Thranduil se puso más tenso de lo normal; al capitán le brillaron los ojos de asombro─. Quiero pedirte un favor.
─Dime, soy todo oídos ─sonrió ampliamente.
─Como sabes, mañana será la cena; he ordenado que cada capitán tenga una mesa propia…
─Pero Thranduil, solo tengo a mi primo, no podré llenar toda una mesa ─su mirada se entristeció un poco.
─Déjame terminar ─sonó algo molesto─. Deseo que ella te acompañe en la cena…
─¡¿Hablas en serio?! ─El rey asintió con la mirada─. Sería un gran honor compartir mesa con una elfa tan especial.
─Bien ─sin razón alguna las palabras de su amigo lo ponían tenso─. Pasarás por ella en el jardín de Elbereth ─el soldado asentía con ilusión─, no quiero que nadie se le acerque. Los otros dos elfos también se sentarán contigo, puedes disponer de los demás lugares como te plazca.
─Así lo haré ─mostró una sonrisa de lado─. ¿Cómo es? ¿Cómo se llama?
─Se llama Lúthien…
─¡¿Lúthien?! ─su asombro creció de golpe.
─Sí, Lúthien ─dijo con soberbia─. La reconocerás en cuanto la veas, le hace justicia al nombre.
─Debe de ser muy hermosa ─su voz demostraba anhelo.
─No le faltarás al respeto, ¿entendido? ─su postura comenzó a erguirse más.
─Thranduil… ─trató de decirle que no era necesario que se preocupara por eso, pero se vio bruscamente interrumpido.
─Se sentarán en el fondo ─seguía hablando con neutralidad─ y cuando sea la hora del brindis la escoltarás a mi lado; no permitirás que la vean.
─Ya entendí: paso por ella, no dejo que nadie la vea y seré su escolta hasta el brindis.
─Perfecto ─no había una sola emoción en su rostro.
Después de unos diez minutos los dos se marcharon. La razón por la cual Barahir se mostraba tan entusiasmado al conocer a la elfa no era otro más que la pura curiosidad de averiguar qué fue lo que ella hizo para cambiar el humor del rey a pensativo. Él no pensaba de una forma romántica en cuanto a ellos; de sobra sabía que no era nada de eso… pero eso no le impedía fantasear con la silueta de la joven.
Cuando Thranduil salió del jardín, uno de los soldados le informó que el príncipe lo aguardaba en la mesa para comenzar a comer. Sin pensarlo dos veces se dirigió al comedor, donde efectivamente ya estaba Legolas esperándolo.
La comida transcurrió en silencio; ambos parecían inmersos en otro mundo. Cuando terminaron los alimentos el príncipe con gran felicidad le mostro los tres pergaminos que Lúthien le había ayudado a redactar, mas no le mencionó la ayuda de dicha elfa.
Thranduil, sorprendido del adelanto de su hijo le dio la tarde libre; pero algo inesperado para Legolas fue el enterarse que su padre quería salir a cabalgar con él por el bosque. El príncipe aceptó con felicidad, pocas veces podía pasar toda la tarde con su ada*.
Durante algunas horas antes de que el sol se metiera, los dos admiraban el panorama y platicaban un poco; Legolas en vano trataba de que su padre le contara lo sucedido con los elfos de Lórien.
Por su parte, Thranduil quería informarle de su decisión, pero al final se decidió por dejarlo hasta la cena del día siguiente.
─Legolas ─su voz fue un estruendo y con una mano le indicó que se acercara─. Legolas ─esta vez fue casi un susurro─. ¿Sabes?, no dejas de sorprenderme cada día… siento que el tiempo pasa muy rápido…
─Ada*…
─Eres muy preciado para mí, olass*.
El príncipe se quedó como estatua, contemplándolo únicamente mientras el Sol se metía tras ellos llevándose el calor de los momentos anteriores.
Endoriel: Primero que nada, quiero pedir una enorme disculpa por no poder actualizar más pronto. No daré pretextos puesto que no sirven de nada ahora.
Ya sé que con cada capitulo que pasa me voy alejando más y más de los lineamientos de Tolkien y a pesar de que prometí que trataría de no volver Mary sue y Gary Stue, no puedo quitarles importancia a mis mellizos.
También lamento si he hecho que se confundan con el comportamiento de Thranduil hacia Lúthien; una mega disculpota por todas mis faltas.
Antes de irme quiero agradecer a mi amiga Mell-chu por ayudarme con la corrección del texto.
Ya, ya los dejare en paz. Espero sus reviews, no importa si son para: felicitarme, odiarme, hacerme bullying virtual, amenazarme de muerte, etc. Todos sus comentarios son bienvenidos.
Saludos desde México :D
Traducciones:
Hîr nîn*Mi señor
Aranel*Princesa
Aranya*Mi Rey
Hannon le*Muchas gracias
Eithel rilfëar* Fuente del espíritu destellante (eithelfuente, rildestellante y fëarespíritu o alma)
Ada* Papá
Olass* Hojita
