Capítulo 9: El nacimiento de las Justas

─Legolas ─Thranduil llamó a la puerta de su hijo.

─Adelante, adar* ─abrió rápidamente la puerta el príncipe.

─Lamento si te importuné; debes de estar muy cansado por la fiesta –entró Thranduil en la habitación y se sentó en el sillón más próximo.

─No es ninguna molestia que vengas a hablar conmigo –respondió el príncipe con un sonrisa de lado mientras se sentaba en la orilla de su cama.

─Me alegra saberlo –guardó silencio─. ¿Sabes qué más me alegra?

─Mh, no.

─Que te hayas llevado bien con Lúthien –apenas hubo mencionado esto el rey, Legolas rodó los ojos y la cabeza; Thranduil a pesar de sorprenderse no demostró nada─. Creí que te agradaba.

─No me malentiendas, ella me agra mucho, pero… me hubiera gustado que me informaras tu decisión –el gran elfo estuvo a punto de intervenir─; ya sé "eres el rey y no tienes que dar explicaciones a nadie". Pero, pienso que al menos yo como el príncipe, tu hijo y a alguien a quien repercute esta decisión en su vida; merezco una explicación.

─Tú ganas –suspiró con pesadez─. Conocí a su padre durante la guerra de la última alianza; fuimos buenos amigos, sin embargo jamás supe de dónde venía o cuál era su linaje. Después de la batalla no supe nada de él hasta hace poco. Me pidió que cuidara de su hija y a cambio de ello sus súbditos me brindarían protección en mis fronteras. Solo es parte de una estrategia política y militar.

Ada,* no es solo una estrategia política y militar ─agachó la cabeza─, de ser así, no la hubieras adoptado como tu hija. Somos elfos y nosotros no tomamos esas cosas a la ligera; no damos amor a cualquiera y mucho menos convertimos en miembro de la familia a cualquier persona. Ella movió algo en ti ─afirmó con pesadez el joven elfo─; escuché cómo le hablaste, tu voz se tornó tierna ─se levantó de la cama y comenzó a caminar en círculos─. ¡Por Eru, adar*! ¡Jamás te había escuchado usar ese tono en público!... No me vengas a decir que solo es una estrategia política y militar ─cerró los ojos con fuerza y recargó su cabeza en la repisa de la chimenea.

Hasta ese momento Thranduil no se había percatado del tono involuntario que usaba con la elfa. Sin decir una sola palabra más se quedó plantado en el sillón observando a su hijo que pedía explicaciones que no podía dar. Lo primero que pensó fue que su pequeño tenía celos, aunque era algo absurdo en el príncipe.

Mientras Thranduil seguía inmóvil, Legolas solo forzaba sus ojos a no soltar ni una sola lagrima. Quizá el rey pensara que solo eran celos, pero los celos estaban muy alejados de la realidad. Para el príncipe, que su padre usara ese tono con la princesa era una daga en el corazón, pues Hoja Verde no recordaba que Thranduil le hablara así en público. Sin mencionar que las palabras que había escuchado aquella tarde en el estudio de su padre retumbaban en las paredes de su corazón.

Legolas no podía comprender cómo una elfa que apenas conocía había logrado semejante reacción en su rey; una persona que era tan fría y dura como la roca. Lo que el príncipe sentía en ese momento no eran celos, lo que sentía era soledad y rechazo por parte de la persona que hasta hace pocos días amó sin reserva, sin titubeos; la única persona a la cual ha amado.

─Legolas –el príncipe no cambio su postura─. Comprendo lo…

─No; tú no entiendes nada –dijo volteándose a su padre─. No sabes lo que se siente que tu padre prefiera a una desconocida que a ti, que jamás te dedique una sonrisa o una palabra de afecto; mientras que a ella en la primera oportunidad la tratas con cariño… No sabes lo que se siente: cumplir con todas tus labores y tareas a la perfección para que al final del día no recibas ni una palmadita en el hombro –la vista se le comenzó a nublar por las lágrimas, pero no dejó que estas corrieran limpiándoselas de inmediato─. ¿Tan mal hijo soy que necesitas a otro que compense mis errores?

─¿Cómo es posible que pienses eso? –Se acercó hasta donde estaba posando su mano en uno de sus hombros; el príncipe trato de sacudirse pero fue en vano, ante esto sólo bajó la mirada─. Eres lo más importante para mí –comenzó a hablar con dulzura─. Todas las noches agradezco a Eru por darme a tan magnifico espíritu como hijo; tú eres lo único que sostiene lo que tengo por vida –tomó el rostro de Legolas obligándolo a que lo viera a los ojos─. Mi olass*, mi mayor orgullo y tesoro; no puedo ni imaginar mi vida si tú no estás en ella ─sin previo aviso Legolas comenzó a soltar pequeños diamantes cristalinos de sus hermosos ojos.

Cada palabra que decía su padre era una confusión más; sus palabras le decían que era querido pero sus acciones demostraban otras cosas. Antes con esas palabras él hubiera corrido a abrazar a su ada*, pero ahora siempre se preguntaba constantemente si eran verdad las frases de su rey.

Es difícil que un corazón se recupere cuando se ha quebrado en pedazos; quizá pueda sanar, pero no volverá a ser el mismo. La cicatriz siempre estará presente; la mente puede olvidar, pero los sentimientos son eternos. Y el amor que le tenía Legolas a su padre, era tan inmenso y puro, que no existía medida que lo alcanzara, ni los elfos con todos sus eternos años en Valinor igualarían el amor que él tenía por Thranduil.

Poseía un enorme corazón que solo había entregado a la persona que le dio la vida y que a pesar de todo salió adelante. Pero hasta la luz más pura de Elbereth puede ser opacada por la obscuridad; penumbra que fue introducida por su más grande héroe: su padre.

─Mi pequeño –le habló al oído mientras lo abrazaba─, no vuelvas a pensar que te cambiaría por alguien más… me llena de orgullo el solo decir que eres mi hijo –hasta ese momento Legolas de devolvió el abrazo.

Ada, nîn hodo─ninya thalion ar in* ─la única razón por la cual dijo aquello era porque añoraba sentir un abrazo.

─No solo me fortaleces, eres mi vida.

Aquel afectuoso momento solo duro unos segundos más; ambos se separaron. Legolas sonrió; a pesar de todo no podía dejar de sentir cariño por su padre, desde ese momento se juró a sí mismo aprovechar esos momentos que parecían sinceros.

Thranduil tomó asiento en el sillón y Legolas en el borde de la cama, quedando prácticamente frente a frente.

Ada,* ¿qué fue lo que te impulsó a adoptarla? ─Thranduil no se esperaba que su hijo retomara su tema de discusión.

─No lo sé ─respondió un poco pensativo; Hoja Verde lo interrogó enarcando una ceja─; cuando hablé con ella, al ser tan pequeña tuve el instinto de protegerla, conocerla y saber que necesitaba amor, compañía; no dudé ni un momento, sabía perfectamente que solo existe una persona en toda Arda con un corazón tan grande que no le costaría aceptar a una persona más. Legolas, yo sabía que no negarías tu amistad a la princesa… ¿Cómo fue que se conocieron? ¿Y qué fue eso de que la tiraste de las escaleras? –involuntariamente Legolas comenzó a reír por lo bajo.

─No la tiré; solo provoqué que se callera –Thranduil abrió grandes sus ojos por el asombro─. Me reí y ella se resbaló cayendo encima de mí. ─Esta vez el que comenzó a reír fue Thranduil.

─Al menos recibiste tu merecido –el príncipe lo vio penetrantemente─. Continúa.

─Después platicamos durante unas horas. Es muy inteligente, alegre, tierna, sensible y divertida –el rey podía jurar que su pequeño tenía un brillo en los ojos; sólo se le quedó viendo con confidencialidad al príncipe y éste captó de inmediato─ ¡Oh! No es lo que piensas…

─Yo no pienso nada –sonrió despreocupadamente─; solo me alegra que se lleven bien –se levantó del sillón─. Me tengo que ir; tú también necesitas descansar, mañana será un día muy largo.

─Descansa, ada*

─Legolas, mañana pasa por Lúthien para el desayuno –el joven elfo asintió

Sin decir más el rey se retiró de la habitación del príncipe. Con paso ligero se dirigió a su habitación, razonando cada uno de los reclamos de su hijo. Por supuesto que tenía la razón y a pesar de que ya lo sabía, le costaba mucho trabajo hacerle saber que lo amaba.

Indirectamente y aunque le doliera reconocer, no se acercaba mucho a Legolas por miedo a terminar herido cuando formara su propia familia. Prefería levantar un muro invisible entre los dos evitando tener cercanía para no extrañarlo cuando creciera. Pero con sus acciones solamente logra alejar día a día a su único tesoro.

Al llegar a su recámara se quitó todas las galas sustituyéndolas por un pantalón de seda color avellana. Destendió las sabanas metiéndose en medio de ellas. Tenía que descansar, la mañana era prometedora y más problemas se veían venir.

Antes de que Anar* iluminara el bosque; Thranduil ya se encontraba despierto. Había dormido pero desde hacía siglos no descansaba; pasó a su estudio para analizar los pergaminos que hubiera, para su gran sorpresa no encontró más que un informe de la frontera oeste, no encontró nada fuera de lo esperado.

Después de la celebración por su cumpleaños, todos los capitanes habían doblado esfuerzos para mantener a raya a las arañas; los últimos informes que le daban expresaban que las alimañas se habían alejado de los lindes del palacio. Por el momento estaban aseguradas cuarenta leguas a la redonda del reino.

Sin más que hacer dirigió sus pasos al comedor; el sol tenía escasos minutos de haber salido por completo. Tomó asiento en la mesa y rápidamente Fairil salió a atenderlo; de inmediato el rey reconoció a la cocinera que había comenzado las habladurías de hace algunos días.

─Comienza a preparar el desayuno para tres personas –la elfa solo temblaba─; no sirvas los platos hasta que hayan llegado mis hijos –Fairil abrió un poco los ojos por el asombro─, pretendo esperarlos. Dile a Nienna que avise a Legolas que lo estoy esperando. Puedes retirarte –la elfa solo asintió─. Y cuida tus palabras –añadió con una frialdad que solo él podía utilizar.

Pocos segundos después entro uno de los mensajeros; informándole que todos los sectores estaban enterados de la nueva evaluación, pues la tarde anterior antes de la celebración ya había mandado a los mensajeros a todas las fronteras, para que todos los elfos aspirantes a capitanes asistieran.

─Buenos días ada* ─saludó Legolas de su lado izquierdo; apenas habían pasado unos minutos de que se marchara el mensajero.

El príncipe arrimó la silla a Lúthien para después ponerse del lado derecho del rey.

─Buenos días –saludó por lo bajo la princesa; no sabía cómo dirigirse al elfo que tenía al lado.

─Buen día –respondió el rey sin ninguna emoción─. Hoy será un día muy ocupado, se revaluarán a todos los capitanes, tenientes, subtenientes y generales. Ustedes tendrán que estar presentes.

─¡Tan pronto! –exclamó Legolas muy sorprendido─. Creí que sería dentro de unas semanas.

─Cuando se trata de la seguridad del reino no hay tiempo que perder.

Los alimentos comenzaron a llegar; las cocineras no evitaron inspeccionar rápidamente a su nueva princesa, cosa que no pasó desapercibido por el rey sin embargo no dijo nada, solo observaba.

Los tres elfos comenzaron a comer en silencio; se podía sentir en el aire la incomodidad. Para Lúthien, era algo nuevo comer con alguien que no fuera su hermano; su padre nunca se sentó a la mesa a acompañarla en los alimentos, además de que estaba sentada con una familia desconocida, una que pronto sería la suya. El rey no podía encontrar un tema de conversación; era fácil hablar con la princesa, pero siempre estaban solos y con su hijo de lo único que hablaban era de los entrenamientos; no había tema que compartieran los tres. Legolas tan solo al sentir la incomodidad entre los otros dos elfos, sin saber por qué él también comenzaba a creer que las cosas serían muy difíciles estando los tres juntos.

─¿Durmieron bien? –rompió el silencio Thranduil; los dos elfos levantaron su mirada de los guisantes.

─Estupendamente –contestó el príncipe acompañado de una sonrisa─, me quitó mucho el estrés la fiesta de ayer.

─Tienes razón, hacía tiempo que una celebración no salía tan bien –comentó el rey─. Esta vez Galion y Borlach acomodaron muy bien los arreglos.

─Ya lo creo; suelen exageran mucho con estas cosas –Legolas tomó un poco de agua─. Como en tu cumpleaños; en plena llanura pusieron flores blancas por todo el camino y en las orillas.

─¿Qué te pareció a ti la fiesta, Lúthien? –cuestionó Thranduil metiéndose unos guisantes a la boca.

─Magnífica –habló en voz baja─, tenía tiempo que no disfrutaba de la alegría de los elfos.

─Hablas como si hubiera sucedido hace siglos –dijo en tono medio burlón el príncipe; Thranduil sabía perfectamente que era así pero no podía dejar que el secreto de la princesa saliera a la luz.

─¿Ya has escogido que arte estudiar? –cambió de tema el rey para evitar la incomodidad de la princesa.

─Puedes estudiar conmigo el arte de la arquería –dijo con gran amabilidad Legolas─, yo te enseñaré lo que llevamos hasta el momento para que no estés atrasada.

─Muchas gracias ─habló la princesa antes que el rey─; pero no me gustan las armas. Sé tocar el violín, pero ayer me di cuenta que las canciones son diferentes y dudo mucho que les agrade el estilo de rey de Gildîn. Sin embargo me interesa mucho la medicina. Hîr nîn* me gustaría aprender el arte de sanar.

─Inesperado en realidad, pero como gustes ─tomó un poco de vino─. Aun así tendrás que versarte en la música Sindarin.

Hannon le* ─mostró por primera vez en todo el desayuno una sonrisa.

Minutos después los tres elfos se levantaron de la mesa; Thranduil iba al frente y le seguían muy de cerca Legolas y Lúthien. Los más jóvenes solo se limitaron a compartir unas cuantas miradas. Mientras el rey pensaba en la sonrisa de la princesa; siempre que hablaba con ella sonreía constantemente, pero ahora parecía que todo eso era una tortura para la princesa. Mientras avanzaban por los pasillos Thranduil no se dejaba de cuestionar la manera de hacer que la relación entre los tres fuera más fluida.

En silencio llegó la familia real al campo de entrenamiento; todo estaba dispuesto para la nueva evaluación. El pequeño claro estaba rodeado de gradas; en el centro había diversas dianas y en las orillas se podía ver los materiales que utilizarían posteriormente. Los tres elfos tomaron asiento en sus respectivas sillas: Thranduil en la más grande, Legolas a su derecha y Lúthien a su izquierda.

Apenas fue notada su presencia el heraldo llamó la atención del público y Thranduil pasó al frente.

─No es un secreto que el reino ha sufrido muchos ataques –su voz era potente y altiva─; por ello he decidido evaluar al ejercito de diferente manera. En este momento ninguno de los presentes tiene asegurado su puesto; solo los mejores estarán al frente de mis tropas. Todos tendrán que participar en las diversas modalidades. Comenzaremos con arquería, seguido de uso de lanza, posteriormente combate con espada, combate con dagas, combate cuerpo a cuerpo y finalmente ajedrez. Se irán eliminando conforme avance la evaluación.

A unos metros del entarimado estaban escuchando todos los aspirantes a un puesto; había cincuenta elfos de los cuales solo trece terminarían con un cargo.

Se formaron de diez en diez; a cada elfo le dieron: arco, carcaj y cinco flechas. A la orden de un elfo los primeros diez acomodaron la flecha y a su orden dispararon; así sucesivamente hasta acabar con las cinco flechas. Entre los primeros a tirar estaban Orel, Barahir y Falathar.

El rey repasó rápidamente a todos los candidatos buscando en vano entre ellos a Annatar y Joshufel. Sin perder tiempo mandó a uno de sus sirvientes a buscarlos.

─El capitán Barahir posee buena puntería –comentó Lúthien que estaba muy atenta a todos los movimientos del mencionado─. Lanza las flechas de manera limpia, no titubea y además se nota la rigidez de su postura –tanto el rey como su hijo quedaron atónitos.

─Creí que no te gustaban las armas ─el príncipe se estiró un poco hacia ella con los ojos muy abiertos; nuevamente el rey se quedó en medio de su conversación.

─Así es –se encogió de hombros, dirigiendo la vista a su hermano─, pero el rey de Gildîn evaluaba de la misma manera a los soldados y siempre tenía que estar presente cuando emitía su crítica a cada uno de los elfos; supongo que me acostumbré a observar con detalle la ejecución del arma.

─¿Solo Barahir tiene buena puntería? ─Thranduil giró su cabeza para ponerle más atención; a pesar de que su voz era fría se alcanzaba a notar un poco de… ¿celos?

─No; pero es al único que conozco…

─¿Solicitó nuestra presencia? –interrumpió Annatar mostrando una reverencia, no sin antes clavar la mira en su hermana.

─En efecto –llamó la atención del joven─. Yo evaluaré sus habilidades y les asignaré un puesto.

─Como desee –respondió Joshufel interrumpiendo la oposición de Annatar.

Ambos elfos se marcharon al momento y bajaron a prepararse para tirar. Al príncipe de Gildîn, al ver a su hermana platicando con el rey, el corazón le dio un vuelco; la amaba más que a su propia vida y verla feliz lo alegraba de sobremanera, pero no podía evitar sentirse mal al saber que ya no compartiría más momentos con su mejor amiga, confidente, consejera, hermana y compañera.

Todo su mundo giraba en torno a ella; y aunque le encantaba dirigir, sabía que con un cargo mayor estaría más tiempo fuera del palacio. Si por el fuera, lavaría los baños con tal de tenerla unos segundo a su lado; quizá todos pensaran que las perlas se adaptaban a los intereses de cada uno, pero solo ellos sabían que Annatar cantaba en todo momento, baila bajo la luz de ithil* y abrazaba todo el tiempo a su más grande joya.

─¿Qué cargo tenía Annatar? –cuestionó el rey mientras veía cómo la última fila de diez disparaba flechas.

Hîr nîn,* es un elfo sumamente hábil y comprometido –trató de quitarle importancia a la pregunta─; para él es lo mismo estar en la última fila que ser general, lo único que le interesa es el bienestar del reino.

─Pareces conocerlo bien –Legolas interrogó con indiferencia.

─Desde siempre me ha cuidado –no pudo evitar referirse a él con cariño─; prácticamente él me crió, es como mi hermano; sabe todo sobre mí y gracias a él sigo aquí. Le debo más que mi vida –los ojos se le cristalizaron.

Una gran nostalgia recorrió por completo al rey; imperceptiblemente tomó la mano de la joven entre la suya y la acarició dándole su apoyo. La princesa solo le mostró una sonrisa de lado.

Por su parte Legolas no comprendió mucho de la respuesta de la princesa y mucho menos entendió el porqué de su sonrisa.

Los últimos en tirar fueron Annatar y Joshufel; que al ser cincuenta y dos aspirantes les tocó hacer su demostración solos. Con gran asombro, Thranduil y Legolas observaron la maestría con la tiraban; solo Orel y Barahir era capaces de lanzar de esa manera. Sus flechas se clavaban en las dianas casi sin tocar el aire. Lúthien solo sonreía; se sentía orgullosa del gran potencial de su hermano.

En cuanto estos terminaron; rápidamente los elfos encargados de anotar los puntos realizados por cada participante, se encargaron de mandarle la lista al rey para que éste acomodara a los competidores a su criterio.

A pesar de que todos los elfos tenían una excelente puntería, a Thranduil no le tomó mucho tiempo acomodar a cada competidor según sus habilidades. En voz alta dio a conocer a los primeros cinco lugares: Orel, Barahir, Annatar, Falathar y Joshufel. Prosiguió con los nombres de los doce elfos eliminados para esta sesión.

El Señor del Bosque pidió que acomodaran el lugar para la siguiente prueba; en ese tiempo, tanto los aspirantes como los espectadores, podían hacer lo que quisieran. Algunos se quedaron entrenando, otros fueron con sus familiares a celebrar el paso a la siguiente prueba.

Uno de los sirvientes le comunicó a la princesa que la buscaban; pidiendo permiso con la mirada se retiró del lugar y a los pocos instantes se le vio cerca del campo de entrenamiento; el viento agitaba su vestido verde olivo y sus cabellos de oro. Bajo un árbol estaban dos figuras que se podían reconocer como Annatar y Joshufel.

─Es muy extraño –comentó el príncipe en voz alta.

─¿Quién? –Thranduil sólo se limitó a observar cómo su hijo clavaba la mirada en la princesa.

─El tal Annatar –el rey fijó su vista en los elfos que entrenaban quitándole importancia al comentario de su hijo─; nunca lo he visto sin la cara descubierta. ¿A ti no se te hace extraño?

─Le juró a Eru que no se mostraría a la sociedad hasta haber destruido a Sauron ─no todo era mentira, pero si no daba una explicación rápida su hijo continuaría haciendo preguntas cada vez más difíciles de responder.

Para la prueba de lanza se tenían que evaluar tres cosas: fuerza, puntería y velocidad. La fuerza y puntería se evaluarían en un mismo tiro; Thranduil ordenó que a diez metros de la línea de lanzamiento colocaran tablas de madera con aproximadamente dos centímetros de grueso y en el centro estaba pintado un tiro al blanco. La prueba de velocidad consintió básicamente en lo que hoy en día conocemos como lanzamiento de jabalina.

Nuevamente se acomodaron de diez en diez, pero esta vez conforme a los puntos acumulados: de mayor a menor puntaje. Lo primero en evaluar sería fuerza y puntería. A la señal de un elfo todos lanzaron.

Cuando todos terminaron de tirar, enseguida volvieron a su formación para realizar la prueba de velocidad. Muchos de los lanzamientos realmente fueron asombroso y otros no tanto. Elfos que no habían destacado grandemente en pruebas anteriores esta vez se hicieron notar.

Rápidamente le llevaron los nuevos resultados al rey; fue su asombro al ver que tanto Annatar como Joshufel bajaron varias posiciones. De ser de los primeros cinco, pasaron a estar por encima del vigésimo quinto lugar. Estudio rápidamente el semblante de la princesa y no había asombro alguno en su rostro.

En cuanto el rey hubo emitido los resultados eliminando a diez de los participantes; toda el área se despejó para dar paso a los combates iniciando por espada. Cada elfo tendría tres contrincantes diferentes; el lugar se dividiría en cuatro partes para agilizar las evaluaciones.

Ahora si ganaban solo recibirían diez puntos ─por combate─ y el perdedor no se llevaría nada. Anteriormente se sumaban los puntos logrados según las dianas y los metros recorridos.

Thranduil recorría la mirada en los cuatro diferentes sectores, encontrándose con una batalla muy interesante: Annatar vs Falathar. Un lucha que lejos de la rivalidad había motivos personales para que los dos desenvainaran espada.

Con una sonrisa confiada, Falathar presumió su habilidad con el arma dando algunos giros en el aire. Las estocadas comenzaron antes de que el antiguo capitán previera; con una habilidad sobrehumana el rubio comenzó a dar rápidos golpes, ante esto el elfo de cabello negro solo usaba el arma como escudo.

Uno, dos, tres golpes y con cada uno el moreno retrocedía un par de pasos; el rubio se movía con elegancia, sin dar a entender que el combate lo cansaba, muy por el contrario, parecía que solo caminaba abanicando el acero sin ser detenido.

Con toda la intención de humillar a Falathar, Annatar se alejó unos pasos para dejarlo respirar; abrió los brazos retando al capitán. La ira corría por las venas del moreno, sentía cómo todas las miradas se clavaban en la batalla; incluso los demás cuadrantes dejaron de luchar al escuchar es estruendo del metal.

Sin meditarlo un segundo más se abalanzó contra el rubio; dio varias embestidas llenas de fuerza, pero Annatar solo se limitó a levantar su espada sin mover nada más que su mano; un movimiento claramente burlón.

El joven de Gildîn, con un mohín de aburrimiento, avanzó dos pasos haciendo que Falathar retrocediera. Golpeó tres veces sin ser detenido en la armadura de cuero, giró sobre sus talones y en un pestañeo tiró al elfo no sin antes quitarle la espada que atrapó en el aire. Annatar se acercó peligrosamente al antiguo capitán apuntándole con ambas espadas.

─Vuelve a faltarle al respeto a la princesa y la próxima vez no me detendré ─amenazó con la voz inyectada de veneno; soltó las armas con fuerza en los costados del elfo.

Sin decir más, Annatar dio la espalda a la escena y caminó con altivez hacia su lugar; haciendo caso omiso de todas las miradas que seguían cada uno de sus pasos. Todo había quedado en completo silencio; como si el tiempo se congelara. Todos habían escuchado a la perfección la amenaza del joven rubio.

Los únicos que no tenían la boca abierta eran el rey y su hija; Thranduil trataba de procesar lo inexplicable, no había forma de aclarar lo que acababa de acontecer. Lo que pasó a continuación nadie lo previó; en cuanto la figura de Annatar se ocultó bajo la sombra de un árbol; todas las miras se dirigieron a la nueva princesa.

─¿Qué fue lo que te hizo Falathar? ─la voz del príncipe representó la pregunta que todos los presentes tenían.

Sin embargo lo único que recibió por respuesta fue un rotundo silencio. Si anteriormente a los elfos silvanos poco les agradaba la noticia de una nueva princesa que se hizo mencionar por causar desastre, ahora la amenaza de uno de sus acompañantes a uno de los suyos los dejó helados.

Sin conocerla o darse el tiempo de tratarla ya la tachaban de débil, una persona intocable, engreída, presumida, altiva, doble cara, serpiente, manipuladora, descarada, sin sentimientos, alguien que se quejaba por el simple rasguño de una hoja, egocéntrica, falsa, mentirosa, embustera, burlona…

Las miradas del pueblo no ocultaron todo lo que pensaban. De inmediato los ojos de Lúthien se cristalizaron; era sumamente perceptiva y sentía como si cada palabra se la escupieran en la cara. Frunció los labios con fuerza tratando de no dejar escapar ninguna lágrima.

Thranduil no se quedaría de brazos cruzados viendo cómo su hija era humillada con un gran silencio. Se levantó de su asiento y con un ademán indicó que todo se retomara de inmediato. De mala gana todos obedecieron, los combates continuaron pero ahora ya no se escuchaba el bullicio del pueblo apoyando a sus favoritos.

En cuanto el rey se sentó tomó la mano de Lúthien acariciándola con su pulgar. Normalmente ella no negaría la caricia de Thranduil, pero esta vez la apartó de inmediato. El gran elfo extrañado buscó su mirada, pero ella la tenía clavada en algún punto; el rey podía ver con claridad cómo cada vez mordía con más fuerza sus labios y sus ojos amenazaban con desbordarse.

─Legolas ─le susurró al oído─, sácala de aquí.

De inmediato el príncipe obedeció. Rodeó la silla de su padre, se situó a un costado de ella, le tocó el hombro y la princesa volteó en el acto. Legolas no se esperaba ver sus ojos llenos de lágrimas que luchaban por no salir.

Una sonrisa forzada se figuró en el rostro de la princesa, pero en lugar de tranquilizar a su hermano, una lágrima cayó. Sin perder tiempo Hoja Verde la tomó por los hombros obligándola a salir del lugar. Trató de pasar su brazo por los hombros de Lúthien pero ella se sacudió evitándolo.

En la parte de atrás del entarimado, ocultos de los ojos curiosos, Legolas obligó con ternura a la elfa a quedar frente a él, pero la princesa puso resistencia no dejando otra opción al príncipe más que ponerse él mismo frente a ella. Lúthien volteó la cara a otra parte en el momento.

─No hagas eso ─con suavidad tomó el rostro de su hermana que se oponía a girarse─ ¿Por qué me evades? ─Legolas buscó su mirada encontrándose con su rostro húmedo por silenciosas lágrimas─. Ven –sin pedir permiso la abrazó en contra de su voluntad.

Al principio se resistió, pero poco a poco fue sediento al abrazo soltando sus sollozos. Legolas sólo se limitó a acariciar su cabello y masajear suavemente su espalda; sabía perfectamente que necesitaba desahogarse y él no la molestaría con preguntas.

A pesar de no comprender nada, no la juzgó débil como seguramente su padre haría al verla llorar. Al contrario, su instinto protector se hizo presente; la abrazó con más fuerza como temiendo que el aire la lastimara.

Se despegó un poco sólo para limpiar con sus pulgares las gotas de agua que salían; una sonrisa triste se vislumbró en el rostro de la elfa y sus sollozos pararon casi al instante. Ambos sintieron la presencia de una tercera persona que se acercaba lentamente.

─¿Estás bien? ─se escuchó a un lado de ellos la voz del rey; que ciertamente dejaba mostrar un poco de preocupación; la elfa sólo asintió encogiéndose de hombros─. ¿Qué fue lo que pasó? –esta vez sonó autoritario frunciendo un poco el ceño.

─No es nada –bajó la mirada.

─¿Qué paso? –demandó un respuesta; Lúthien sabía perfectamente que no se refería al porqué de su llanto, sino lo que ocasionó tal comportamiento en Annatar.

─Padre… ─Legolas trató de que Thranduil dejara el tema, pero éste lo silenció y frunció una ceja.

─Cuando fuimos arrestados ─tomó aire; sabía que el rey no la dejaría en paz hasta que respondiera a su pregunta─; el capitán me empujó para que me apurara; como nos había atado también de pies, resbale con una raíz que sobresalía de la tierra. Caí, Annatar intentó ayudarme pero no se lo permitió; me enredé un poco con la capa impidiéndome levantarme.

─¡Levántate! ─me ordeno Falathar─ ¿Qué no has escuchado? ¡He dicho que te levantaras estúpido! ─con fuerza tomo mi antebrazo y me obligo a colocarme de pie con brusquedad.

─Continúe caminando ─Lúthien bajo la mirada─; pero constantemente me golpeaba en la cabeza para acelerar el paso. En más de una ocasión resbale y él repetía sus agresiones… me comparo con un troll: por ser lenta y testaruda; me acuso de no ser un elfo por el escándalo que hacia al caminar.

Thranduil tenía apretada la mandíbula con mucha fuerza; en su larga vida se había enterado que un arresto fuera tan violento. Si alguien hubiera tomado a su hijo de esa forma; muy seguramente esa persona no seguiría con vida.

─¿Te hizo daño? –Legolas no comprendió nada, poco sabía del arresto, pero eso no le impidió preocuparse por su hermana.

─Estoy bien –trató de quitarle importancia al tema.

─¿Segura? ─levanto una ceja─. Enséñame las muñecas.

Sin otra opción la princesa levanto un poco las mangas de su vestido; aún se podía observar con claridad la piel enrojecida por el tacto con tan duras cuerdas. El rey se llenó de ira al ver las marcas en tan hermosas manos; se sintió mal al no darse cuenta antes.

Antes de que Thranduil y Legolas continuarán pidiendo que les mostrara más cicatrices les aseguro que eran las únicas; no había dicho nada porque en Gildîn hacían lo mismo con los presos más letales.

No muy convencidos, los dos elfos creyeron en las palabras de Lúthien; los tres entraron de nuevo juntos al entarimado. Thranduil había dejado que los combates continuaran, confiando por completo en los resultados de los entrenadores.

Las miradas de desaprobación no se hicieron esperar pero esta vez la elfa no les hizo caso, ya estaba acostumbrada a que la odiaran por cosas que no pretendía hacer.

Los elfos le entregaron al rey las nuevas listas con los últimos resultados, dejando de nueva cuenta en primer lugar a Orel y en segundo a Barahir; tanto Annatar como Joshufel habían ascendido algunos lugares.

El combate con dagas y cuerpo a cuerpo fue muy similar al de espada. Pero muchas de las tácticas de combate usadas por Annatar y Joshufel eran realmente extrañas. Durante un cuerpo a cuerpo el hijo de Ernetor dio un mortal hacia atrás golpeando al contrincante con los pies; Joshufel disloco a un elfo tomándolo con fuerza del brazo.

Ahora solo quedaban dieciséis aspirantes. El gran rey Elfo mandó colocar ocho tableros de ajedrez; cada uno jugaría contras tres contrincantes diferentes. Por cada partida ganada recibirían diez puntos; si había empate, cinco; y el perdedor no recibiría nada.

Fueron partidas realmente extensas, llenas de ataque y contra ataques. Los resultados realmente lo asombraron, el hijo de Ernetor había empatado dos y ganado una.

Asimiló cada uno de los resultados y todas las listas. Para su agrado Orel demostró ser el mejor en todo, quizá no en todas las pruebas se mantuvo en primer lugar pero había acumulado puntos que lo situaban al principio de la lista.

Pidió la atención de todos los presentes para poder dar los resultados

─Es grato saber que muchos de los líderes defendieron su puesto –su semblante era frío─; felicitaciones a los nuevos dirigentes que han demostrado ser dignos de tal honor. Es un gusto anunciarles que Orel continúa siendo el general –se escuchan los aplausos de aprobación de la multitud─. Barahir, Arodel, Mirloht y Glorein: son los nuevos capitanes. Annatar, Lior, Belier y Falathar: son los nuevos tenientes. Joshufel, Orther, Clerion y Gilner: son los nuevos subtenientes. El mejor de los capitanes será enviado al lado norte; Barahir, escoge a tu teniente y subteniente. En el orden que los mencioné fue su desempeño.

─Annatar y Joshufel ─no se detuvo a razonar ni un momento; los aplausos otorgados por el público fueron de total desacuerdo.

─Excelente; mañana a primera hora ocuparán su nuevo cargo.

Continuaron nombrando las fronteras y a los líderes; la táctica de Thranduil consistía en mandar al mejor al lado más destrozado y así sucesivamente. Quería saber si eran los líderes o los soldados quienes no podían con las criaturas obscuras.

La noche llegó más pronto de lo esperado; el rey volvió a cenar con sus hijos y esta vez todo transcurrió con menos tensión pero el silencio continuó reinando. Sin decir más que las buenas noches, los tres se retiraron a sus habitaciones.

Thranduil acompañó a Lúthien a su alcoba ─pues estaban separadas por unos metros─; antes de irse le susurró al oído que no tomara en cuenta la opinión de los demás, pronto aprenderían a aceptarla. Con esas palabras la princesa se retiró a dormir.


Traducciones

Adar*─Padre

Olass*─ hojita

Ada*─Papá

Ada, nîn hodo─ninya thalion ar in*: Papá, mi corazón se fortalece cuando estás cerca de mí

Anar*─ Sol

Hîr nîn*─ Mi Señor

Hannon le*─ Muchas Gracias

Ithil*─ Luna


Aquí les dejo otro capítulo, es pero les haya gustado. Quiero agradecer antes que nada a mi querida Mell-chu por editar de manera maravillosa mis escritos. También quiero informarles que de ahora en adelante solo actualizare una vez al mes; lamentablemente me encuentro bajo mucha presión y cada vez encuentro menos tiempo para escribir.

Si les gusto favor de votar y dejar un comentario; siempre es muy grato saber qué es lo que opinan y que es lo que esperan.

A continuación dejo información de años y en qué tiempo se encuentran. Si quieren saber de dónde lo saque es muy sencillo: línea del tiempo que viene al final del libro de "El retorno del rey"

135 C.E – En otoño nace Legolas y muerte de Luinil (esta si me la invente no hay registro alguno de cuando nació)

243 C.E – En diciembre nace Annatar y Lúthien (también me la invente)

1050 C.E – La enfermedad cae en el Gran Bosque Verde, los leñadores comienzan a llamarlo "Bosque Negro" (esta es real; no lo comenzaron a llamar así en el Hobbit; aunque me duela decir, los escritores se equivocaron)

1999 C.E – Los enanos llegan a la montaña solitaria (real)

2002 C.E – Fiesta del rey; llegan los mellizos de Gildîn (inventada por supuesto)