IX

Todo sucedió tan rápido.

Las personas antes de parecer mortificadas por la muerte del lord se reían y burlaban de la suerte del viejo, y nunca antes lamento tanto el éxito en una de sus bromas, el chico que vio antes tal altivo y vivo tenía un velo de tristezas cubriendo sus ojos, y cuando se fijó en ello su corazón se paró.

¿Por qué no llorar? ¿Qué caso tenia levantarse y ser amable con todos esos hipócritas? ¿Cuál era la razón para continuar con la "fiesta"?

Luego de ese fatídico momento y la desaparición del rubio justo después de sugerir que la fiesta continuara en los jardines el dejo de disfrutar la supuesta fiesta. Todos estaban felices y sonriendo, se comportaban como él quería al llegar, pero nunca llego a disfrutarlo.

Quería huir… de su casa, su familia, de los tontos juegos de niños y las infructíferas romas, nunca en su vida fue el culpable de tanto dolor y la culpa lo aplastaba, porque el sabia, su broma no hizo más que aumentar el dolor de ese ángel que cuando lo vio a él como el demonio que se dice es, no dudo en sonreírle y darle una oportunidad.

Y ahora se ahogaba ¿Qué debía hacer cuando te sientes culpable? ¿Donar tu dinero a la caridad? ¿Correr a llorar a los brazos de mama? ¿Disculparte? Una disculpa simple nunca sería suficiente para el dolor que causo. Por ahora solo se dejaría guiar por sus pies, aun no tenía idea de que hacía en ese largo pasillo si aún se escuchaban las risas de la fiesta que continuaba en el jardín. Bueno al menos esa pregunta si podía responderla, aunque nunca la formulo, ahí estaba el ángel aunque no como él quería.

Era inevitable no verlo tan frágil tirado junto a la gran puerta con destino desconocido, hecho un ovillo con sus piernas abrazadas junto a su pecho y los fuertes temblores mostrándose en sus hombros que parecían llevar una gran carga. Su cara estaba escondida en su enredo de piernas y brazos pero no deseaba verla seguramente cubierta por ese velo de tristeza, roja e hinchada. Y lo supo… solo debía acompañarlo, tomar su dolor, aumentar la carga sobre sus hombros. Prefería tener en alto las alas del ángel que llevar a rastras las suyas negras como la noche, ásperas y llenas de culpa.

Y así lo hizo, fue simple, solo se sentó junto a él y se quedó quito sin reír sin llorar solo estando si en algún momento lo necesitaba, solo debía estar ahí. Aunque no puedo evitar llorar pero lucho para retener los sollozos, evitar respirar muy fuerte o siquiera apoyarse en el otro, pero esta vez no pudo lograr lo que planeaba. Y así ambos quedaron dormidos, sin poder evitarlo, apoyándose el uno en el otro sin poder evitarlo, con la cara surcada de rastros de lágrimas y pesos muy grandes para sus jóvenes hombros. Nunca fue un suyo tranquilo, la culpa los inundaba a ambos y las pesadillas le ganaron al sueño. Pero que mal, cuando al fin despierta esta solo tendido en el suelo junto a una gran habitación, por la ventana aún puede ver la luna y las risas aún se llegan a escuchar. Y siente que en vez de dormir no tuvo más que una tortura.

Sus músculos tensos y agarrotados lo demostraban, las sombras violetas bajo sus ojos lo rectificaban y el dolor en el pecho se lo recordaría por días.