Tantas cosas, se aglomeraban, estaba cayendo por un vórtice oscuro y el peso sobre su espalda no hacía más que empujarlo cada vez más rápido y profundo, cubriendo cualquier salida, una salvación. Dejando solo frente a sus ojos el vacío infinito, solitario y negro sin escapatoria.
Todo ocurrió tan rápido, paso de estar es su propia burbuja de felicidad y perfección, tan distraído y embelesado con su propio reflejo de belleza y la promesa de una vida perfecta que al final quedo ciego, no lo vio, al bufón aquel que se acercó con su porte adocenado y destruyo todo con un toque de alfiler.
Pero esto no era un cuento de hadas muggle para antes de dormir, aunque lo deseara así… con un felices para siempre esperando por él luego de unas cuantas páginas, sin un ahogado lamento final e infinitas burlas al que no regresara. Ahora solo deseaba que su nombre fuera Aurora y todo lo acontecido una pesadilla que atormenta su sueño eterno, y así que a la llegada de su príncipe azul todo esté solucionado, tan perfecto y claro, sin muertes ni penas.
Una huida Segura.
Podría correr, hasta lo más profundo de su castillo de naipes llegar a la rueca más cercana y caer en un sueño profundo, simplemente eterno, nada más que él y su propio mundo de fantasía junto a sus padres y aquel juguete infantil que lo acompaño en sus mejores recuerdos, un final maravilloso.
También estaría la opción de tomar las alas can las que tanto sueñan los muggles, pero ¿si es verdad? ¿Un dios esperando? ¿El paraíso prometido? Aunque no necesitaba las respuestas, con tal grado de desesperación Merlín o un supuesto Dios muggle entrarían entre sus opciones de salvación y…
Que buena canción, alguien debió pedir a los elfos que colocaran algo más animado, música de cantina. Qué clase de cosas podrían pensar sus invitados del hecho de que su inesperados y joven anfitrión se ausente para estar tirado en el suelo tal mendigo en uno de los mas profundos pasillos de su mansión, como una simple mascota que espera al amo en su puerta a la espera de que salga y tomando su correa lo guie por el camino. De seguro no pensarían nada malo, ni siquiera podrían conectar dos pensamientos coherentes bajo tantas pociones y artículos de bromas.
Ese chico lo logro, llevo su fiesta a otro nivel galardonándola en un lugar que ninguno, ni anfitrión o invitado, olvidaría. No querría ver la página del Profeta mañana, de eso era lo único que estaba seguro.
-Seguro… seguro
Sus parpados pesan pero dormir no es una opción, claro que no, no saldría de una pesadilla creada a la fuerza para entrar a una de la que él es el artista, de todo un cuadro de desesperación, soledad y tristeza, desolación.
Quizá los Valar si lo escucharon, si es que existían porque sacar dioses de un libro de fantasía no suena muy convincente, aunque ¿ellos no lo hacen todo el tiempo?
Un suave quejido funciono mejor que cualquier alarma, diez tazas de café y una poción revitalizante. Es ese chico extraño de la fiesta, el eterno bromista.
-Sirius Black – y el tono soñador que noto en su voz solo fue un pequeño síntoma, tendría la peor de las enfermedades pronto y la siempre fiel locura de compañía. Ver a ese chico que se muestra tan libre y despreocupado no hacía más que sacar algo desconcertante de su interior, Celos.
Y profundos deseos se apoderaban de su cuerpo, es mejor hacer único que hasta ahora es su mejor opción; levantarse y huir. Dejando atrás a la luna próxima e esconderse y a la peor de las bestias próximas a despertar.
Ahora estaba seguro de algo y aunque fuera una idea fundada por algo tan desconocido y oscuro lo lograría, de eso no tenía duda, y el discreto movimiento de varita no hacía más que reafirmarlo al marcar lentamente su destino en la gran puerta de roble, con la más hermosa de las caligrafías claro, era un Malfoy al fin y al cabo.
"Feliz pasa siempre"
