Capítulo 18: Presagio de Guerra
La lluvia no cesaba ni un momento, las hojas de los árboles dejaban caer paulatinamente gotas de agua, los ríos se llenaban y corrían con mayor ferocidad; un gélido viento soplaba Manwë en el Bosque Negro, las nubes densas y grises como la neblina de un amanecer.
La capa se alborotaba con las ráfagas de viento que se colaban en el palacio; caminaba con cierta alegría y nostalgia, mientras repetía una y otra vez en su mente versos que componía a las estrellas.
Sonrió al recordar aquellos ojos que se perdían entre la caravana de Rivendel; era increíble como solo un destello de ellos lo tenían perdido y flotando en el aire. En la cena donde escolto a la princesa solo buscaba inconscientemente a la dueña de esa mirada, en su deseo creo la imagen de la joven… tenía que ser un espejismo de belleza, apenas la vio y en un parpadeo se esfumo, como si no hubiera estado presente.
Saludo rápidamente a Orel, Annatar y Borlach que no paraban de discutir acerca de los nuevos asechos en las fronteras; continuo su caminata y metros después vio como en el nivel inferior corrían cuatro elfos totalmente empapados, sus ojos se abrieron de más al reconocer a su príncipe y a ¿Lúthien?.
Por extraño que pareciera no se preocupó ni un poco, de hecho todo lo contrario la escena le causaba un poco de risa. Agudizo la mira y entonces vio como los gemelos les indicaban que podían caminar. Tubo que reprimir una risa al ver a uno de los hijos de Elrond sin camisa y como el otro se resbalo en un charco hecho por Legolas… pero sin duda alguna lo más cómico fue ver como Thranduilion corría sosteniendo sus pantalones y abriendo un poco las piernas, mientras con la otra mano agarraba una canasta que parecía no quería que se pegara a su cuerpo.
A pesar de que los elfos ya habían desaparecido de su vista continuaba asomándose a la parte de abajo mientras soltaba pequeñas risitas… retrocedió un par de pasos por el impacto...
-¡Lo siento tanto! –ayudo rápidamente a que la elfa se levantara de su no se haya lastimado.
La joven apoyada en la mano de Barahir se puso de rodillas para después ponerse en pie y alisar la falda de su sencillo vestido azul; sus cabellos castaños no dejaban ver nada del rostro de la joven. El capitán ante el silencio de la elfa pensó que estaría molesta, se apresuró a levantar un libro que estaba unos pasos alejados de ellos.
-¡Le ruego me disculpe!-estaba totalmente nervioso; la elfa solo termino de acomodar en silencio su vestido-; ¡Soy un completo idiota! –Le extendió el ejemplar de pastas azul rey-; Por favor, dígame que no la he lastimado.
De lo último que fue consiente el capitán, fue de como aquella silenciosa elfa tomaba el libro de sus manos; ¡Por los valar! Su mirada… aquellos ojos tan profundamente negros que desde la pasada tarde no abandonaban sus sentidos.
Con el parpadeo de la joven, el capitán regreso del abismo en el cual se había perdido; reparo en la seria expresión de la joven y la extrañeza de su atuendo. No era alta, de cuerpo delgado pero carecía de aquella aura de que en cualquier momento se rompería, su cabello ligeramente ondulado de un tono castaño un poco obscuro, piel blanca con un toque dorado; nariz ligeramente pequeña, cejas finas y pestañas un tanto cortas, labios pequeños y delgados de un color rosa.
Era hermosa a su manera; no era como las demás elfas que aparentaba fragilidad y delicadeza, ella le hacía creer que era lo suficientemente fuerte tanto física como en su forma de ser, podría soportar cualquier adversidad; con la mirada en alto sin tratar de ser una muñeca de cristal. Sin duda alguna era un elfa indomable; una rosa llena de espinas con una belleza sublime.
-Gracias por su ayuda –la voz suave pero sería de la joven lo saco de sus pensamientos-, no me he lastimado; aunque creo, yo fui la culpable. Lo siento. Buena tarde.
Y sin decir más la dueña de aquellos ojos tan hermosos se marchó dejando al capitán completamente atónito.
-Disculpe mi imprudencia –dijo a espaldas de la joven, esta solo se detuvo; Barahir camino al encuentro de la elfa-. ¿Puedo hacerle una pregunta? –mostro una tenue sonrisa apenas la tubo frente a él.
-Ya la ha hecho –nada, ni una sola emoción se reflejó en todo su rostro-. Con permiso –continúo caminando esquivando al capitán.
Barahir no supo cómo reaccionar; antes había pensado que la dueña de aquellos ojos lo dejaran desarmado en el primer encuentro, pues con su simple mirar lo elevaban al firmamento; pero ahora la indiferencia de la joven no le despertaban aquella sensación de estar enamorado, más bien sentía curiosidad por conocerla.
Sin saber muy bien lo que hacía siguió a una distancia prudente a la extraña elfa. Tarareaba algunas canciones mientras caminaba con suma tranquilidad examinando sus uñas, dando pequeños vistazos para saber cuál era la reacción de la elfa. Pero nada, la joven no hacia el menor movimiento de estar molesta o si quiera de sentir la presencia de Barahir.
-¿Cuál es su pregunta? –escucho decir a la elfa después de haber dado vueltas en varios pasillos, pero aun así no dejaba de caminar solo redujo un poco la velocidad a la que iba.
-¿Disculpe? –cuestiono Barahir apenas le había dado alcance.
-¿Eso es todo?, ¿"Disculpe"? –No volteo a mirarlo solo suspiro-. Quería hacerme una pregunta, por eso no paraba de seguirme. Ahora ya he respondido su interrogante, no hay motivo por el cual usted continúe asechándome.
-¿Asechándola? –Estaba grandemente sorprendido y ello se reflejó en su sonrisa-. Yo no la asechaba, da la casualidad de que tengo la corazonada que no sabe a dónde se dirige y como buena caballero (que soy) no he de permitir que esta dama se extravié.
El capitán esperaba ver algún atisbo de sonrisa en la cara de la elfa, pero para su mayor sorpresa está apenas lo vio de reojo y con mirada despectiva dijo con neutralidad:
-Se equivoca, solo doy un paseo por el palacio…
-¡Por Eru! Creí que Thranduil era el único elfo que podía ser tan frio al entablar una conversación –no había cosa que ella hiciera que no lo sorprendiera y aunque muchos estarían desesperados él estaba de lo más divertido.
-¿Thranduil? –esta vez su vos tubo un cambio muy ligero, pero no el que Barahir esperaba-. No solo asecha elfas, además es un cínico. ¡Hablar del rey por su nombre!, baya caballero tengo a mi lado. ¿Y le causa gracias? –Repuso al escuchar las risitas del capitán-. Le ruego –buscaba la manera de dirigirse a él-… señor, no pierda su tiempo conmigo, le aseguro estaré bien si usted se retira –trato de ser lo más amable posible con aquel elfo.
-Barahir –la elfa le interrogo con la mira-. Mi nombre el Barahir…
-Un gusto –tenía que hacer alusión a sus modales aunque "Barahir" no se las mereciera.
-Ahora que lo menciona, tengo que terminar algunas labores –tomo la mano de la joven para besarla; pero ella solo se tensó un poco por lo atrevido del elfo-. Espero por volver a verla.
-Lo mismo digo –retiro su mano con brusquedad mientras mostraba una fingida sonrisa.
El capitán del norte solo comenzó a caminar mientras reprimía su risa; sabía que un día su actitud alegre lo metería en problemas, pero por el momento había tenido una plática muy entretenida con aquella joven misteriosa.
La elfa solo refunfuñaba por lo bajo lo insolente que era Barahir, deseaba no volver a encontrarse con él y francamente no creía volver a hacerlo. Por su facha no debía ser más que un simple levanta copas, un elfo con mucha suerte con las elfas puesto que le sonreía como si tuviera la certeza de que ella le respondería de la misma forma. Y todo esos por dejar que su mente se hundiera en los escritos sobre los Periannath*.
Continúo caminando, pero no fue capaz de despegar sus ojos de aquel libro tan místico sobre esas pequeñas criaturas. Dio un par de vueltas en los pasillos para ir a su habitación provisional; continuaba caminando mientras en su mente ilustraba cada una de las palabras, incluso podía jurar escuchar aquellas canciones llenas de alegría…
-¡Discúlpeme, por favor! –Exclamo uno de los gemelos cuando chocó contra la elfa por correr y patinarse en la loza-. Lo siento, perdón… Ainariël –ayudo a que la joven se pusiera de pie.
-Descuide mi señor –sacudió su falda-, no me ha pasado nada…
-Lo siento tanto; ya te deje un poco mojada…
-…vamos Elrohir, apresúrate o el rey esta vez sí nos matara –paso corriendo Elladan que venía detrás de su hermano y lo empujaba para dejar a la joven.
-Lo siento –se volvió a disculpar el príncipe mientras regresaba a su carrera.
Ainariël solo negó con la cabeza y fue hasta entonces que se dio cuenta de que Elladan no lleva camisa; no los había tratado mucho durante su estancia en Rivendel, pero pudo platicar con ellos en todo el camino.
Los príncipes comenzaban a subir a grandes zancadas las escaleras resbalando un par de veces. Llegaron a sus respectivas habitaciones; para ambos la tina ya estaba llena con agua tibia, se dieron un rápido baño y minutos después de que Thranduil abandonara su habitación –después de cambiarse la ropa que su pequeña empapo un poco- salieron los príncipes como si un hubiera pasado nada.
Bajaron con elegancia las escaleras y al llegar al comedor, se sentaron con propiedad mientras con tranquilidad veían a su padre y al rey; casi en seguida llego Legolas y minutos más tarde Lúthien con un gran abrigo.
La cena fue sumamente silenciosa; los mayores aún continuaban molestos, pero cada uno se había guardado sus palabras para después discutir "tranquilamente" con sus hijitos.
Apenas se terminaron los alimentos los príncipes se retiraron de inmediato con el protocolo requerido; casi en seguida les siguieron Thranduil y Elrond. La noche continuó lluviosa y fría.
El Bosque despertó con una densa neblina y un clima frio; los elfos de la realeza desayunaron a gusto, por la cara de los príncipes sus padre los habían reprendido y ni los gemelos tenían ganas de hacer alguna "expedición" ese día.
Acabado los alimentos los más jóvenes se dirigieron al campo de entrenamiento donde seguramente ya los esperaría Annatar para dar su tercer lección de armas a Legolas.
-No se atreverán a poner un pie fuera de las cavernas –aseguro Elrond ante la mirada perdida de Thranduil-. Mis hijos tienen una curiosidad incorregible; pero por el bien de la joven, no saldrán por miedo a que le pase algo. Se asustaron mucho con la reacción de… Lúthien.
-Eso espero –se levantó de su lugar, el moreno lo imito y comenzaron a caminar rumbo al despacho del rey-; corrompieron muchas reglas que dictan los modales.
-No fueron los únicos –sentencio poniendo sus agudos ojos grises en los de Thranduil, pero este solo giro su mirada sin inmutarse un poco.
-Sé muy bien que mis hijos no se comportaron a la altura; aún les falta aprender mucho.
Elrond no continuaría con aquella conversación, no por el momento; por ahora otros temas merecían prioridad y no podían comenzar tan pronto con disputas. Continuaron caminando en silencio.
No habían tenido oportunidad de tratar temas en específicos; el día en que llego el señor de Rivendel solo se organizó un pequeño banquete y al día siguiente Elrond dio un vistazo rápido a la boticaria, no sin evaluar rápidamente a los sanadores. En realidad los temas fueron muy diversos y poco centrados; nada más que vagos comentarios y pequeñas observaciones.
Entraron al gran despacho del rey del Bosque Negro; Thranduil sirvió dos copas de vino para después con su peculiar elegancia tomar asiento extendiéndole una copa a su invitado. El medio-elfo examino un poco aquel líquido rojizo, que con el simple olor dedujo que no era élfico; con un poco de mesura dirigió la copa a sus labios dando un pequeño sorbo.
-Lo fabrica la gente de la Ciudad del Lago –el rubio dio un sorbo a su copa-. Y aunque me pesé reconocer, es de los mejores que he probado.
-Concuerdo contigo –relamió un poco sus labios-; una fuerte concentración, pero resulta dulce… espero que no le des esto a Legolas; eso explicaría lo alegre de su carácter.
-Por supuesto que no; es muy fuerte para él –se acomodó en su silla dejando la copa en el escritorio-. Es parte de mi reserva, nadie en el reino tiene acceso a él –dijo con recelo.
-Me imagino las razones –enderezo su postura-. Pediste mi ayuda y no entendía por qué hasta hace dos meses que Gandalf visito la última Morada –Thranduil frunció ligeramente el entrecejo-, veo que en efecto las cosas son como él dijo…
-Los magos se la pasan errando por toda Arda; buscando problemas donde no los hay…
-Pero aquí sí los hay –confirmo el Eldar con voz potente-; no puedes continuar ignorándolos. El bosque se obscurece cada día; nadie se atreve a pisar tus tierras (no solo por tus hábiles guerreros) a los hombres se les hiela la sangre con solo verlo. Y no es mejor apenas te internes unos metros; el aire es putrefacto.
-¡Soy consciente de lo que sucede! –Soltó con gran ferocidad, no estaba dispuesto a que lo vinieran a reprender como a un niño por no mantener limpio su reino-. Un sinfín de cuadrillas han tratado de limpiar el bosque, pero solo se arregla pero el mal no se va –por primera vez dejo que su máscara callera y demostró ante otra persona lo vulnerable que en realidad estaba-. Quiero recuperar la gloria de antaño… pero todos los días llegan informes de la obscuridad creciente; ya ha habido bajas en mis filas.
-Las fronteras de Lórien son peligrosas; el este agoniza… toda Arda comienza a caer en un hoyo de ruina y desesperación –suspiro-. Mellon*, no te dejes derrotar; aún hay esperanza.
Iba a poner su mano en el hombro del rey pero la puerta sonó y rápidamente Thranduil recobro su semblante imperturbable y con un ligero ademán le indico a los elfos que entraran.
Orel y Annatar realizaron una reverencia; a pesar de que el general tenía toda la semana libre sabía que ese tipo de conversaciones no se podían aplazar, incluso Thranduil le había cedido a él y su esposa una de las alcobas para que su familia no estuviera muy lejos de él en esos momentos.
Tanto Thranduil como Elrond se levantaron de sus lugares para dirigirse a una mesa donde ya habían dispuestos algunos mapas, el general y el comandante les siguieron de cerca.
-Aranya* -comenzó a hablar Annatar apenas estuvo en uno de los lados de la mesa; el rey indico que continuara hablando-; los orcos cada vez se acercan más a los lindes del palacio… ayer fuimos atacados por un reducido grupo de orcos y tres arañas; la vida del príncipe corre peligro fuera de estos muros –el rostro de Thranduil se ensombreció-… una flecha iba directo a su cabeza –no quería decirle semejante noticia al rey, pero tarde o temprano se enteraría, además esa información era crucial para poder tomar una decisión; los ojos del rey apenas demostraron la preocupación que lo carcomía.
-Se recogió el informe del norte –continuo Orel-; se detectó la presencia de una centena de orcos acercándose a Dol Guldur. Las arañas se reagrupan en el noroeste –señalo una parte del mapa- se confirma que han abandonado el este y oeste. Arodel encontró vestigios en el oeste del paso de un número grupo de wargo con rumbo al Norte… Berefor retiro a su cuadrilla, no se reportan muertes, pero hay dos heridos de gravedad.
-Refuercen el flanco Norte; a partir de mañana se asignaran dos tenientes y subtenientes más –sopeso aquella decisión precipitada-… recluta a Falathar y asígnalo al noroeste como teniente, Elmonth se encargara del noroeste, Berefor continuara siendo teniente del norte. Cada uno dirigirá tres cuadrillas de veinte elfos cada una.
-Hîr nîn*, no es suficiente con reforzar el área del norte –se atrevió a decir Orel-; de todas las fronteras llegan reportes de un movimiento de alimañas rumbo a la fortaleza. Sin importar cuanto se fortifique la guardia, no aguantara, son vulnerables.
-Los wargos avanzan por el oeste –Annatar tomo un mapa y con su dedo indico la ruta-, arañas del este y orcos del sur; todos se reagrupan en silencio y se disponen a avanzar con dirección a Dol Guldur.
-El enemigo está listo –sentencio Elrond caminando pensativo alrededor de la mesa-; no puedes continuar oculto en tus cuevas. Están comenzado a acorralarte y si no actúas pronto, será demasiado tarde.
-Sauron se oculta en la fortaleza –afirmo con seriedad Annatar recibiendo miradas lascivas de los presentes-; hace media hora llegó el grupo de rastreadores que envió Orel, no son más de quinientos orcos en la fortaleza, pero por los informes podemos asegurar que no es todo su ejército. En su camino encontraron algunos arroyos completamente negruzcos y nauseabundos –saco de sus bolsillos un pequeño frasco con dicho líquido, Lord Elrond lo tomo casi de inmediato-; el agua fue envenenada. Los animales comienzan a camuflarse con la putrefacción del bosque… lo realmente preocupante es que los guardias sienten pánico con solo acercarse a ese lugar, escuchan el susurro de la lengua negra…
Las puertas se abrieron estrepitosamente dejando ver a un viejo con vestiduras grises hechas tirones, un sombrero azul puntiagudo y el báculo astillado.
-Sauron ha regresado –sus ojos grises demostraban la desesperación; Annatar se apresuró a ayudarlo a sostenerse y cerró la puerta para que nadie los escuchara.
Llevo al viejo mago a una silla para que pudiera descansar, se le veía muy agitado y por su aspecto no había dormido en varios días, debió de enfrontar alguna lucha por su demacrado aspecto.
Elrond se acercó a su encuentro examinándolo por si tenía alguna herida grave o quizá fue envenenado; Thranduil permaneció con la vista perdida en los mapas y Orel solo sopesaba las últimas palabras.
-Thranduil –llamo Mithrandir haciendo a un lado a Annatar y Elrond para darle paso libre a la figura inamovible del rey-, Sauron se prepara para atacar –confirmo las palabras de Annatar, el rey solo clavo su mirada en el mago-. Aún es muy débil para mostrase, pero si dejamos que continúe, pronto el bosque lo reducirá a cenizas.
El gran Rey elfo mantuvo durante unos segundo la mira en el mago; analizo con rapidez todos lo últimos informes y las palabras de Gandalf.
Suspiro.
-Orel –el mencionado se puso firme-, manda llamar a todos los capitanes y tenientes; mañana a medio día nos reuniremos en el salón de estrategias y planificaciones –el general hizo una reverencia dispuesto a infórmeles de su nuevo asenso a Falathar y Elmonth; acompaña a Mithrandir con los sanadores –el comandante reverencio a su rey, para después ayudar al mago ponerse de pie.
Pronto el despacho quedo en completo silencio; Elrond continuaba examinando la muestra que habían conseguido los rastreadores. Thranduil continuaba en completo silencio, pero no pensaba en un tema en específico; se encontraba inmerso en un profundo abismo donde solo veía una pequeña luz que cada vez que se intentaba acercar más se alejaba de él.
-Sueño profundo, pérdida de memoria y estado inconsciente –susurro el medio elfo rompiendo el silencio sepulcral que se había formado; el rubio le interrogo con la mirada-; no es un veneno mortal, pero cualquiera que tome o caiga en esos arroyos quedara inconsciente (aunque no sé por cuanto tiempo) y cuando despierte se sentirá somnoliento y habrá perdido parte de su memoria.
-¿Cómo fue que sucedió? –se dejó caer en su alta silla con la mira completamente perdida; sin embargo su interrogante no era por el agua y eso Elrond lo comprendió de inmediato.
-No ha sido culpa tuya –dejo el frasco en la mesa donde estaban todo los mapas-; Dol Guldur es un punto estratégico, una fortaleza que colinda con tus tierras y se acerca al reino de los Galadrim, sin mencionar que ahora está cerca del ultimo reino de los enanos: "Erebor"; y dos ciudades de hombres.
Pero Thranduil parecía no escuchar ni una sola palabra; su mayor anhelo siempre fue mantener a su querida hojita verde lejos del dolor de la guerra y ahora… ahora la guerra había tocado su puerta.
La única opción que le quedaba era defender sus tierras, destruyendo al enemigo antes de que pusiera una sola garra fuera de aquel repugnante lugar; no dejaría que esas escorias pisaran sus tierras, evitaría a toda costa que siquiera se acercaran a su frontera.
Y si fallaba; la llama de esperanza que por un momento inflamo su corazón se extingo con esas simples palabras. La guerra jamás podía ser certera y sin importan que tanto se prepare el ejército o se analice a los contrincantes nunca se podrá saber qué es lo que ocurrirá. Thranduil podría estar dirigiéndose a su muerte… dejaría solo a Legolas…
-Legolas es más fuerte de lo que crees –pudo leer el mido en su mirada; Thranduil solo subió su vista dejando que nuevamente su escudo de frialdad se callera-. Es un elfo excepcional; trata de que tú le des tu aprobación, se comporta con madurez que no es propia de su edad, pero también es alegre, caritativo, honorable y de corazón noble. Ha sabido vivir sin tu cariño y con tus extraordinarias reprimendas. ¡Ya no es un niño!, Thranduil él comprenderá; y tú debes tener fe en que regresaras victorioso, no puedes darte por vencido ahora. Aún hay esperanza –no había tomado asiento en ningún momento, solo iba acercándose de a poco al elfo que se hundía en la desgracia antes de que empezará.
Thranduil se levantó dirigiendo sus pasos a la pequeña ventana que daba vista a uno de los jardines. Tal como si ocurriera en ese preciso instante, su pequeña olass* corría por el verde pasto de ese jardín; sus cortas piernitas, sus cabellos dorados ondeándose en el viento, la risa tan cantarina que llenaba toda él lugar; saltando de un lado a otro persiguiendo una mariposa que se había aventurado hasta sus cuevas… y él simplemente observando desde la ventana.
Se odiaba a sí mismo por privarse de todos esos momentos que pudo haber pasado con su pequeño, pero simplemente le era insoportable. Era como ver a su Luinil corriendo con sus pies descalzos, aquella sonrisa que siempre lo invitaba a acompañarla y que no se podía negar. Legolas poseía el vivo espíritu de su amada elen*.
-Thranduil, tu hijo es el mejor regalo y mayor esperanza –toco el hombro del rubio que le daba la espalda-; deja de lamentarte por las cosas que dejaste pasar. Concéntrate en tu presente y futuro; lucha por su bienestar.
-No solo es su bienestar –el ver pasar a una pequeña elfa le hizo recordar a su hija-; temo fallar y dejarlos solos –se removió dando frente al pelinegro-. Siempre he tratado de mantener la paz en el Bosque para que Legolas quedara exento del dolor de una guerra, no quería que pasara por el mismo sufrimiento que pasé al perder a mi padre… Pero perdí aquella esperanza hace algunas décadas.
-Lúthien –afirmo el señor de Imladris.
-Con su llegada supe que la paz solo era momentánea; y a pesar de todo ella me dio otro motivo para seguir luchando. Es una elfa que está acostumbrada a la guerra, pero mi deseo era que no reviviera la tortura de ver el descenso de nuestra raza.
-En verdad le has tomado cariño –susurro por lo bajo aun sin creerlo.
-Más del que me atrevo a admitir –Elrond era el primero que escuchaba de viva voz del rey que la elfa le era muy preciada-. Lúthien con su inocencia y pequeñas palabras me da razones para sonreír; pero Legolas es todo mi ser, lo único que me queda de… Luinil y lo más hermoso que ha llegado a mi vida; trato de ser distante para no ser indispensable para él, pero me es imposible no amarlo sin mesura… si algo le llagara a pasar, está ves no lo resistiré.
Era un grata sorpresa las palabras de Thranduil; durante mucho tiempo Elrond creía muy difícilmente que el rey podía volver a demostrar amor por otra persona. Recordaba con exactitud el estado de Thranduil después de la muerte de su mujer, era un alma que vagaba sin rumbo, a veces solo y otras con el niño en brazos; se había ido de aquel bosque sin ver una mejoría en su amigo y contantemente su pensamiento se dirigía a ese monarca que había sido marcado por la muerte de las personas que más amaba.
Desde aquella visita ni él ni Celebrant habían regresado al reino de los Elfos Silvanos; con tristeza recibían noticias de que el rey se había vuelto frio, reservado y prepotente, siempre temieron por la felicidad de Legolas.
Elrond no era capaz de comprender el dolor de Thranduil; pero cuando se imaginaba lejos de su amada una penumbra cubría su corazón, él tenía la enorme fortuna de compartir su vida con su esposa… y ahora la apreciaba más de ser posible; aunque el rey nada le había dicho, sabía que no existía día en el cual añorara un solo suspiro de su estrella.
Al poco tiempo los dos salieron del lugar en busca de sus hijos; borraron de su faz cualquier atisbo de nostalgia o temor, no querían preocuparlos; por lo menos hasta que se supiera con exactitud qué es lo que haría el gran Thranduil.
Encontraron a Elladan y Legolas practicando un poco de esgrima, mientras Elrohir y Lúthien sentados bajo la sombra de un árbol discutan sobre el contenido de un libro. Los cuatro apenas notaron la presencia de sus padres se acercaron a ellos esperando alguna indicación.
Elrond solo dijo que necesitaban de la presencia de Lúthien un momento; Legolas y Elladan continuaron con su entrenamiento, ese día a Elrohir no le apetecía entrenar y no tenía otra cosa que hacer así que se unió a cualquier labor que tuviera que hacer la joven.
Comenzaron a caminar en silencio y pronto Lúthien sabía adonde iban, aquellos pasillos no daban a otro lugar que las casas de curación, la sonrisa en su rosto no se hizo esperar y de la emoción estrujo ligeramente el antebrazo de su primo –acción que pasó inadvertida por los mayores, puesto que lo príncipes iban tras ellos-.
En cuanto llegaron algunos sanadores se mostraron en verdad sorprendidos por la presencia de tan altos elfos en las casas de curación, casi de inmediato llego Nienna haciendo una profunda reverencia y con una mirada les indico que la siguieran.
Comenzaron a caminar en silencio y a pesar de que los taburetes estaban vacíos el lugar no estaba solitario, taras las puertas podían sentir como elfos eran tratados por sanadores; cada vez los escuadrones legaban con más heridos y lo peor de tomo con mayor gravedad.
Las manos de los sanadores no habían estado quietas; afortunadamente no había vidas perdidas –no en sus manos-, el envenenamiento de los riachuelos había surtido efecto y varios aún se encontraban inconscientes, no por beber el agua sino por haber caído accidentalmente en el agua. No encontraban que métodos utilizar para regresar la conciencia a los soldados.
Llegaron a la única habitación donde estaba a puerta abierta, en ella estaba Mithrandir de muy mal humor sentado en la cama y aun lado Annatar que impedía que el mago se marchara.
-¿Qué enemistad tengo con los elfos? –refunfuño molesto a la vez que se dirigía a los Señores Elfos.
-Ninguna, amigo mío –dijo Elrond mientras se oponía a la marcha del mago.
-Han perdido la cordura: Mandarme a las casas de curación, pero prohibir que me atiendan ordenando que únicamente me den infusiones.
-He de suponer que ya conoces a la princesa Lúthien –Elrond evadió por completo al mago; Gandalf se limitó a asentir y saludo con una mirada al gemelo que estaba un poco más atrás-. Prohibí que te atendieran porque yo mismo me encargare de tus heridas y para eso he traído a la princesa.
-No es necesario, mi buen amigo –estaba más que sorprendido y aunque no estuviera tan bien se reusaría a ser el experimento de una joven-; hay más elfos que requieren de sus conocimientos con mayor urgencia.
-La princesa aún no está preparada para tratar ese tipo de heridas –entro una elfa con los utensilios necesarios para la sanación del mago.
No queriendo Gandalf se volvió a sentar en la cama al momento que Annatar en una reverencia se retiraba del lugar. Elrond iba indicando paso a paso a la joven como es que debía de proceder y para su asombro la pequeña elfa se adelantaba a tomar los utensilios necesarios solo esperaba a que el medio-elfo diera alguna recomendación de cómo tratar aquellas heridas superficiales.
Comenzaron por limpiar las múltiples heridas y los golpes donde no solo habían hematomas sino también alguna llaga. Por supuesto que Elrond no estaba ahí para decirle como purificar una herida sino que Thranduil le había comentado de su trato con Lúthien y solo unos pocos en toda Arda sabían decir si poseían el don o no.
Se acercó al oído de la joven susurrándole unas palabras que nadie más alcanzo a escuchar; tomo las manos de la joven entre las suyas y las coloco encima de un pequeño corte en la piel del mago, sin quitar las suyas.
Lúthien comenzó a repetir las palabras que Elrond le había susurrado; Gandalf comenzó a sentir un ligero cosquilleo. El señor de Rivendel retiro las manos de la joven que ahora se tambaleaba ligeramente, preocupando a Thranduil pero con una rápida mirada del pelinegro se tranquilizó.
Elrond tomo en sus brazos el cuerpo de la joven que parecía se podía caer en cualquier momento; ante os ojos atónitos de todos el corte había desaparecido casi por completo –aunque no era muy grande en un principio-.
Sentaron a la joven en una silla y el gran maestro continuo con la curación de mago, mientras Elrohir le ayudaba. Thranduil se acercó a su hija, con apenas perceptibles movimientos acariciaba los cabellos de su pequeña.
-Es evidente que posees el don de la sanación –comenzó a hablar Elrond apenas termino de curar al mago-; por ahora no posees la suficiente energía para sanar heridas, de no haber puesto mis manos sobre las tuyas el esfuerzo te abría desgastado al grado de provocarte un desmayo. Es peligroso que uses tu don sin supervisión; Nienna es la más apta para instruirte… por hora ve a descansar –se le notaba muy desgastada.
Casi de inmediato Elrohir la llevo en sus brazos por los pasillos, pues sabía que su energía era muy poca y lo más probable era que diera algún traspié al caminar. Los ojos de Thranduil se clavaron en la espalda del joven que no se inmuto ni un poco.
Poco tiempo después salieron del lugar Thranduil, Elrond y Mithrandir, que se había negado rotundamente a continuar en aquel lugar. Los tres evadieron por completo el tema de la guerra; ya habría tiempo suficiente después para discutir cada uno de los pormenores de lo que sucedería a continuación.
Periannath*- Hobbits
Mellon*- Amigo
Aranya*- Mi rey
Hîr nîn*- Mi señor
Olass* Hojita
Elen*- Estrella
Esta es la última parte de los Noldor de Rivendel; espero y la disfrutaran.
Ahora sí, la guerra se acerca solo queda saber cuál es la estrategia del gran Señor del Bosque Negro.
Pd: Mell-chu muchas gracias por hacerme el enorme favor de editar cada uno de mis capítulos...
Pd 2: Dada mi falta de tiempo, me temo que no volveré a actualizar... tranquilos solo en el mes de diciembre; pero les tengo una buena noticia: no subiré otro capitulo a este fic, pero subiré un par de historias más que debo a algunos de los fan's...
Besos y saludos desde México
