AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
III. LA NUEVA SOCIA
Hospital de Atenas
Sofía llevaba todo el resto de la tarde trabajando en el hospital. Todavía faltaba superar la noche. Su previamente impecable bata blanca ahora estaba llena de manchas de varios colores por objetos que habían caído en ella, como sangre, caramelos y resto de comida para bebé, para su total y completo horror. Y aún estaba ese ruidito volviéndola loca. La alarma de su aparato.
Beep-beep, beep-beep.
"Maldita sea", pensó la chica, al ver que el pequeño aparato color morado que tenía prendido de su pantalón mostraba un número 62 "no me deja ni un momento".
Sofía hurgó en los bolsillos de su bata y de su uniforme, sin éxito.
-Mi reino por un dulce…- dijo en voz baja. Por fin, después de dos minutos encontró una paleta y, sin pensarlo, le quitó la envoltura con las manos temblorosas y se la metió a la boca. Sabía que eso la haría sentirse mejor, en lo que salía a cenar.
-¿Doctora Lombardi?- dijo una enfermera, y Sofía dio un respingo-¿está ocupada?-
-Aquí estoy- dijo ella, aún con su paleta en la boca- ¿qué necesita?-
-Disculpe, hay tres suturas esperándola en Urgencias- dijo la enfermera, entregándole tres carpetas. Sofía suspiró. Con la mala suerte que llevaba esa noche, sabía que era muy probable que no alcanzara a cenar.
-Voy enseguida- dijo, resignada, echando un vistazo al aparato. Número 77. Sonrió aliviada y se apresuró a bajar a Urgencias, aún con el dulce en la boca.
-Es contra las reglas comer en el área de trabajo, Sofía- dijo una voz. Sofía se volvió, y vio a otro de los médicos. La chica puso los ojos en blanco y le mostró su aparato.
-Ya sabes que yo tengo permiso, Erick, a menos de que me quieran recoger del suelo y tenerme como paciente- dijo Sofía. El médico sonrió. Era un hombre alto, que estaba sentado en una de las camillas vacías en el pasillo- no te metas en lo que no es tu asunto…-
A diferencia de Oskar, que después de conocerlo en su primer día de trabajo se había vuelto uno de sus mejores, amigos, este chico Erick la fastidiaba sobremanera. Siempre la seguía por todos lados y la criticaba solo para llamar su atención.
-Vamos, Sofía, sal conmigo- dijo Erick- ya sabes que yo soy tu única oportunidad de… ya sabes, salir con alguien, divertirte un rato-
Como si le hubieran electrocutado, Sofía se detuvo de golpe y se volvió hacia el hombre con una expresión furiosa.
-¿Disculpa?- dijo Sofía con un tono indignado, poniendo énfasis en cada sílaba, como retándolo a que repitiera eso.
-Sabes que es verdad. No lo digo yo, lo dicen todos. De seguro ya lo sabes. Es una pena que aún vivas con esa mujerzuela, una madre soltera- dijo el hombre haciendo un gesto de disgusto, haciendo que Sofía lo mire con odio, apretando con enojo la envoltura del dulce que acababa de meterse a la boca- ¿porqué crees que no le atraes a ningún hombre? Todos creen que esa mujer y tú son una pareja-
Sofía mordió la paleta de puro enojo, rompiéndola y tragándosela.
-No me importa lo que otros idiotas como tú opinen o crean. Cass es mi mejor amiga, y es como si fuera de mi propia familia, así que no voy a tolerar que hables mal de ella- dijo Sofía, realmente enfurecida- además, sigue sin ser asunto tuyo. Te agradecería que mantengas esa lengua bífida detrás de tus dientes-
Erick la miró, sonriendo socarronamente mientras Sofía bajaba a urgencias a continuar con su turno. ¡Vaya que ese tipo de gente la hacía rabiar!
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Entrada del Santuario de Athena
Saori iba caminando, escoltada por los dos caballeros dorados, hacia la entrada del Santuario, donde encontraría a su amiga. Mientras bajaba, la joven diosa se iba acomodando el cabello y arreglando su vestido. Saga puso los ojos en blanco, y Aioros solo rió un poco tanto del apuro de Athena para arreglar sus ropas como de la reacción de Saga.
No faltaba mucho, cuando vieron a una chica joven, lujosamente vestida al igual que Saori, esperando en los límites del Santuario, escoltada por sujetos enormes, trajeados y con lentes oscuros. La chica parecía ser un par de años mayor que Saori, sus cabellos eran de un rubio casi imposible y hermoso. Su piel era blanquísima, y sus ojos eran de un tono imposible de azul. La joven era al menos veinte centímetros más alta que Saori, y eso que la diosa usaba zapatos con tacones. Miraba a los caballeros y los alrededores del Santuario por encima del hombro, como si eso no fuera lo suficientemente bueno para ella.
En fin, cuando Saori llegó, las dos sonrieron y se saludaron efusivamente, muy al contrario de lo que había pasado cuando la diosa se había reunido con Lydia hacía unas semanas. Por lo que Saori les había dicho, ellas habían sido amigas siempre.
-¡Saori, querida, que gusto verte!- dijo la recién llegada, abrazando a Saori- hace años, años que no nos vemos…-
-¡Ya sé!- dijo Saori a su vez- ¡que gusto verte, Greta!-
Beso, beso. Saga puso los ojos en blanco nuevamente, sintiéndose nauseoso y, por la expresión que tenía, parecía que no faltaba mucho para que mandara a esas dos a otra dimensión. Solo se contuvo porque se trataba de la diosa Athena. Aioros, por su parte, veía divertido el intercambio, haciendo un esfuerzo por mantener su rostro serio y no sonreír.
-Querida, me siento terrible por no haber venido hace unas semanas, cuando convocaste la reunión- dijo Greta, haciendo un gesto exagerado y, par el gusto de Saga, un tanto ridículo- mis padres me contaron todo, por supuesto. ¡Qué desagradable haber tenido que soportar a la pesada de Lydia!-
Ante la mención negativa de su hermana, esta vez fue Aioros quien se molestó, y era quien ahora tenía una expresión de que iba a hacer explotar a la atrevida en cualquier momento. Pensó que por eso Lydia se había comportado así de preocupada cuando Saori mencionó a esa chica.
-No digas esas cosas, Greta- dijo Saori- sí tuvimos un… momento difícil, pero Lydia realmente es buena persona. De hecho es hermana de dos de mis caballeros, y se va a quedar en el Santuario, al menos por este tiempo…-
La chica llamada Greta hizo una expresión de desdén, como si le hubiera aburrido de pronto el tema de la charla. Incluso a Saga, que estaba contando los segundos para que ese intercambio terminara y poderse ir a descansar, se sintió fastidiado por las expresiones de la recién llegada. Una vez que terminaron las formalidades entre las dos, la atención de Greta pasó de Saori a los caballeros.
-¿Y estos dos fortachones quienes son?- dijo, cambiando completamente de expresión a una conducta más coqueta. Los dos santos se pusieron tensos ante la situación.
Greta se acercó a los santos, y estiró su mano, como queriendo tocar a Aioros. El santo de Sagitario dio discretamente un paso atrás, incómodo por la situación, alejándose. Saga hizo lo mismo preventivamente, por si las dudas a la mujer se le ocurría hacer lo mismo con él. ¡Vaya que eso era muy incómodo!
Saori pareció notarlo, sintiéndose incómoda también ante la situación, así que decidió apresurar las cosas.
-Él es Saga, y él es Aioros, son dos de mis santos- dijo Saori, señalándolos rápidamente y tomando el brazo de su amiga para conducirla al pabellón de los caballeros de bronce- bueno, vamos al pabellón. Supongo que mis santos y tus guardaespaldas pueden esperarnos aquí.
Greta iba a decir algo, pero no pudo, pues Saori la jaló y la condujo al pabellón. Una vez que las dos mujeres hubieron entrado, los guardaespaldas de la señorita Greta se alejaron un poco, y los dos santos se relajaron, y un suspiro de alivio escapó del santo de Sagitario.
-Que mujer tan desagradable…- dijo Saga entre dientes.
Aioros asintió, y no sabía porqué, pero tenía un mal presentimiento.
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Templo de Géminis
Kanon se encontraba en el templo de Géminis, mortalmente aburrido. Saga se había ido temprano, probablemente a algún encargo de Saori. El gemelo menor se encontraba, además de aburrido, un poco triste. Ya habían pasado varios meses desde que habían revivido, y aún no tenía noticias de su amiga Tethis, o de los generales de Poseidón. Nada. Ni una sola palabra.
"Quizá te odia porque manipulaste a Poseidón para tu propio beneficio", pensó Kanon "¿qué esperabas?"
El gemelo bufó. ¿Para qué rayos servía una conciencia, si le hacía sentir así?
Además, había algo en el Santuario que no le hacía sentirse cómodo. Claro, había hecho las pases con Saga, y ambos compartían la armadura de Géminis. No, corrección, la armadura seguía siendo de Saga, solo que a Kanon le permitían usarla en algunas ocasiones. No tenía un buen amigo, como Saga tenía a Aioros y a Shura. Bah. Saga sí había hecho las pases con él, pero faltaba algo: aún no se tenían la confianza que, como hermanos y como gemelos, uno esperaría. Casi envidiaba a Aioros y Aioria.
Y había otra cosa. Desde hacía un par de días sentía que el cuerpo le dolía, y su nariz comenzaba a congestionarse. Quizá se iba a enfermar pronto. Kanon pensó que tal vez sería buena idea bajar a la ciudad por un antigripal. O mínimo consumir un poco más de vitamina C.
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Templo de Leo
Aioria puso los ojos en blanco. No podía creer que había soportado a Milo desde que dejaron el Coliseo y mientras subían hacia el templo de Leo. A pesar de que le había dejado bien claro al peliazul que no quería hablar con él, parecía que Milo no entendía razones.
-Aioria, soy tu mejor amigo, y te lo digo por tu bien- dijo Milo, caminando de lado a lado en la habitación del santo de Leo- esto no puede seguir así. Si no te aplicas, alguien más te va a ganar a Marín-
Aioria levantó la cabeza, orgulloso.
-No sé de que…- comenzó el santo de Leo.
-¡Por favor!- exclamó Milo, interrumpiendo a su compañero- no me vengas con ese cuento de que no sabes de lo que hablo, cachorro. ¡Lo sabes muy bien! Te gusta Marín y no sabes como decirle. ¡Hemos estado observando ese drama por varios años!-
-Ten cuidado con lo que dices, bicho sobrealimentado- dijo Aioria, frunciendo el entrecejo y cruzándose de brazos, como si no pasara nada- yo no tengo ningún problema diciéndole a Marín como me siento con respecto a ella, y…-
Milo sonrió ampliamente. Como dicen, admitirlo es el primer paso. Y al menos Aioria admitió que sentía algo por Marín. Eso ya era avance.
-¿Qué no sentiste su cosmo antes de saber que Lydia era tu hermana?- dijo Milo, alzando las cejas- ¡estaba celosa! Y Lydia se dio cuenta de inmediato. No es posible que tú no-
-No sé de que estás hablando- dijo Aioria, sacudiendo la cabeza- se puso así porque es una amazona, le gusta pelear, igual que Shaina-
-Vamos, Aioria- insistió Milo, ignorando el último comentario de su amigo, y dándole un amistoso codazo- invítala a tomar algo…-
Aioria ya tuvo suficiente.
-Ya basta, Milo- dijo el león dorado en un tono que no admitía réplica- no es tu asunto-
Pero ni siquiera Aioria creía que Milo fuera capaz de dejar un asunto tan importante como ese. Milo, como el resto de los santos que vivían en el Santuario, estaba harto de ver como Marín y Aioria se gustaban pero no hacían nada al respecto. Ya vería Aioria, las cosas no se quedarían así.
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Templo de Aries
Mu escuchó atentamente la descripción que hizo su chica de esa mujer, Greta Neuer. Era una chica alemana, cuyos padres habían estado hacía unas semanas en el Santuario, el día que Lydia llevó la propuesta de buscar la esfera de Arquímedes. Sus padres eran buenos socios, en lo poco que Lydia entendía de ello. Al igual que Saori, Lydia había pasado la mayor parte de su infancia con otros niños hijos de millonarios como Julián Solo.
-Lydi, eso me pone a pensar- dijo Mu- ¿acaso Athena no tiene socios más… normales?-
Lydia se cruzó de brazos, mirándolo un poco molesta.
-¡Por supuesto que sí!- dijo Lydia a manera de reclamo- empezando por mí-
-Tú no cuentas- dijo Mu, sonriendo astutamente- el socio era tu padre adoptivo, y resultó ser…-
-Ok, ok, entiendo tu punto- dijo Lydia, sacudiendo la cabeza- bueno, alguien decente podría ser Julian Solo-
Mu ahora sí se echó a reír.
-Sí sabes que Julian Solo es Poseidón, ¿verdad?- dijo Mu, y Lydia lo miró molesta, dandole un codazo en las costillas- ¡oye!-
-Ya no es enemigo de Athena, según me dijiste- dijo Lydia- y Julián es una buena persona. Era la única persona que mantenía a Greta a raya. Además hay muchos otros que eran buenos, pero no los has conocido: los padres de Elizabeth Stuart y Catherine Tilney, el señor Mitsumasa Kido…-
-De acuerdo- dijo Mu, abrazándola para que no se enojara- no me quejo. Gracias a ello te conocí-
Y le dio un beso en la mejilla, al que ella respondió sonrojándose.
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Pabellón de los Caballeros de Bronce
Saori y Greta hablaron largo y tendido sobre su negocio pendiente, así como de su pasado. Habían decidido que la compañía de Saori iba a patrocinar un negocio millonario que estaba impulsando la chica alemana. Una vez que cerraron el trato, Saori se puso de pie para retirarse.
-Bueno, supongo que esto significa que nos estaremos viendo mas o menos seguido- dijo la diosa, feliz por el encuentro- porque aún falta afinar algunos detalles-
-Puedes apostarlo, Saori- dijo a su vez Greta, sin levantarse, oprimiendo obsesivamente la pantalla de su celular, que estaba sobre la mesa- ¡vaya, sí que te envidio!-
Saori miró a Greta, confundida, y volvió a sentarse. Al parecer, Greta aún no había considerado que la conversación había terminado, como Saori había creído. No le molestaba, le gustaba charlar con su querida amiga.
-¿A qué te refieres, Greta?- dijo Saori, alzando las cejas.
-A que eres una diosa, y vives en este hermoso lugar, rodeada de hombres tan apuestos que te cuidan y protegen- dijo Greta- como uno de esos dos chicos de afuera, que te acompañaban hace un momento. ¿Cómo dijiste que se llamaba? El guapo de cabellos castaños…-
-Se llama Aioros- dijo Saori sin muchas ganas, cruzando sus brazos y alzando una ceja. No sabía a donde iba esa conversación, pero sentía una extraña acidez en el estómago que no presagiaba nada bueno.
-Sí, ese precisamente- dijo Greta con un suspiro. Vaya que el joven caballero de Sagitario había sido de su agrado, y eso que ella era difícil de complacer- te envidio, Saori, porque tienes un grupo de hombres así a tu disposición…-
Saori se sonrojó con lo que su amiga estaba insinuando.
-Espera, espera, claro que no es así- dijo la diosa, moviendo las manos nerviosamente y enrojeciendo sus mejillas furiosamente- no es como tú dices. Ellos no son… ¡no insinúes esas cosas! Ellos son santos de Athena, y están aquí exclusivamente para protegerme y cumplir su misión, no por ninguna otra cosa-
Greta miró a Saori un momento, con una expresión entre escéptica y aburrida.
-Bah, que apretada eres, Saori, no seas así- dijo la alemana, y se encogió de hombros, para después aclararse la garganta- entonces, si ese es el caso, no te importaría prestarme a ese chico, Aioros, por un par de noches, ¿verdad? Tiene muy buen aspecto, es de mi agrado- añadió, alzando las cejas de manera significativa.
Saori casi se va de espaldas en su silla. ¿Qué clase de sugerencia era esa? ¿Qué creía Greta que eran los caballeros? No, la verdad no quería saber.
-¡Por supuesto que no!- exclamó Saori, escandalizada ante la sugerencia de su amiga- ¿cómo puedes decir eso? Aioros no es un objeto para que te lo "preste" o como le digas. Es una persona que me es muy querida, al igual que el resto de los caballeros-
-Bah- se limitó a decir Greta.
-Además, creo que no estás enterada, ¿verdad? Aioros es el hermano mayor de Lydia- dijo Saori, intentando desanimarla de poner sus ojos en el santo de Sagitario.
-No me digas- dijo Greta, sorprendida- ¿esa chiquilla desagradable es hermana de ese bombón? Que desperdicio…- hizo un gesto de fastidio- por cierto, supe lo que pasó hace unas semanas, que tuviste que soportarla en tu Santuario por varios días. Pobre de ti-
Saori no dijo nada, y Greta se echó a reír.
-¿Recuerdas la broma que le jugamos a Lydia hace todos esos años?- dijo Greta, con una sonrisa un poco malvada para el gusto de Saori.
-La broma que tú le jugaste, Greta- dijo Saori, tensándose un poco, ya que no era un recuerdo bonito que digamos- y por la que mi abuelo casi me castiga toda mi infancia. Estuvo muy mal. Eso fue muy peligroso, pudimos haber arruinado toda su vida para siempre-
Saori lo recordaba muy bien, y estaba bien plasmado en su conciencia, que por mucho tiempo no la había dejado dormir tan sonoramente como le gustaba. La broma consistió en que Greta sacó a Lydia de la mansión Kido con engaños, haciéndola pasar muy cerca de una taberna donde se rumoraba se reunían varios traficantes quienes, al ver a una niña bien vestida saliendo de una mansión, no dudaron en intentar raptarla. Solo Tatsumi, quien había sido dejado al cuidado de las niñas, y temeroso de que lo despidieran por perder a una de ellas, había salvado a Lydia de que esos sujetos se la llevaran. Obviamente, Mitsumasa Kido se enteró de lo sucedido al ver llegar a Lydia llorosa en brazos de su mayordomo y, aunque Saori no participó en ella, fue testigo y no hizo nada para evitarlo, lo que le ganó un castigo por parte de su abuelo.
-Solo fue una broma. Además, ella es solo una pobre tonta e ilusa- dijo Greta, tomando el celular y escribiendo nuevamente algo, sus dedos moviéndose a la velocidad de la luz. Saori sacudió la cabeza.
-De hecho, creo que Lydia no es tan mala- dijo Saori sinceramente- desde que descubrimos que Aioros y otro de mis caballeros dorados son sus hermanos mayores me llevo mucho mejor con ella. Se quedará en el Santuario por un tiempo, ya que me ayuda a resolver cuestiones diplomáticas gracias a todos sus conocimientos-
Greta la miró, incrédula.
-Bromeas- dijo la alemana.
-No bromeo- dijo Saori, ansiosa por cambiar el tema, ya que la conversación presente la estaba empezando a preocupar- por cierto, ¿cómo te enteraste de que Lydia estuvo aquí? ¿Te lo dijeron tus padres cuando vinieron a las reuniones hace unas semanas?-
-Oh, no, hace meses que no hablo con ellos- dijo Greta simplemente, sin quitar sus ojos del celular- me lo dijo Emmanuelle Bellini-
Una vez que Greta dijo eso, Saori se quedó helada. Uno de los tres hombres que la habían traicionado la última vez, el hombre que la había envenenado para obtener la esfera de Arquímedes de manos de Lydia.
-¿Quien…?- comenzó Saori, confundida. No entendía como había pasado eso- ¿cómo…?-
-¿No te lo había dicho?- continuó Greta, quien al parecer no se había percatado de la expresión horrorizada de Saori- ¡que tonta soy! Emmanuelle y yo estamos comprometidos. ¿Puedes creerlo? ¡Estoy tan feliz!-
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Tercer piso, edificio de departamentos, Athenas, Grecia
-¡No quiero cama!- exclamó un somnoliento Kostas, en pijama, tallándose sus bellos ojos grises- mamá, no quiero…-
Casandra lo miró con paciencia y le puso una mano en la cabeza.
-Ya es tarde, ya pasan de las nueve de la noche, Kostas- dijo la mujer, señalando el reloj de pared en forma de balón de futbol- ya pasó tu hora de dormir-
El niño, enfurruñado, se metió a la cama no muy convencido, y su madre lo arropó y se sentó junto a él, acariciando su cabeza con una sonrisa.
-¿Mamá?- dijo nuevamente Kostas.
-¿Sí?-
-¿Puedo dormir en cuarto de tía Sofía?- preguntó el niño, y su madre sacudió la cabeza- ¿porqué no?-
-Porque es el cuarto de tu tía, y tu tienes tu propio cuarto. Además, tía Sofía va a venir mañana muy cansada de trabajar- dijo Casandra- y tú eres un pequeño perezoso, que no te levantas temprano…-
Kostas pareció satisfecho con esa explicación, al menos por unos minutos.
-¿Mamá?- volvió a decir el pequeño.
-¿Sí?-
-En la guardería dijeron que tenemos mamá y papá- dijo Kostas, muy serio- yo tengo mamá y tía. ¿Porqué no tengo papá?-
Casandra hizo una mueca. Ella sabía que tarde o temprano Kostas haría esa pregunta, pero aún así no estaba preparada mentalmente para ella. Respiró hondo, y trató de mantener su rostro firme, para que el niño no se alarme.
-Sí tienes un papá, Kostas- dijo Casandra- solo que no puede estar con nosotros-
-¿Porqué no?- preguntó el niño, curioso.
-Porque no puede- dijo Casandra finalmente. El pequeño pareció satisfecho, además de que estaba muy cansado, así que sonrió y cerró los ojos. La chica le besó la frente y salió de la habitación. Cuando estuvo a punto de cerrar la puerta, escuchó la voz de Kostas.
-Quiero conocer… mi papá- escuchó decir al pequeño en tono somnoliento. Casandra cerró la puerta sin hacer ruido.
Ya habían pasado tres años desde que había sido expulsada de ese hogar para señoritas, y había conocido a Sofía. Su joven había le había tomado cariño desde que la conoció. Le había dado refugio en su departamento, y la había cuidado hasta el final de su embarazo. Decidieron compartir los gastos del departamento, y se habían vuelto mejores amigas. No le había dicho a nadie, ni siquiera a Sofía, la identidad del padre de Kostas. Además, no era su padre. ¿No la había echado del Santuario y de Rodorio casi a patadas? ¿No había hecho que pasara un par de noches sola en Atenas, en un callejón, en medio de la lluvia? Si Sofía no la hubiera encontrado… bah, mejor no pensaba en ello.
Casandra se pasó a la cocina, guardando las sobras de la cena. Verificó que hubiera suficiente comida para hacer de desayunar la mañana siguiente, cuando Sofía regresara de su guardia nocturna. Casandra sonrió al recordar que la pobre chica pelirroja era un desastre cocinando: antes de conocerla, había sobrevivido a base de latas de atún, sandwiches, galletas saladas y palitos de queso mozzarella, lo cual no era nada saludable para alguien con su condición.
La joven miró por la ventana, y sonrió. A lo lejos se podía ver el Santuario de Athena. Suspiró, sonriendo ante la hermosa vista, y se retiró a la cama.
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Entrada del Santuario de Athena
Saga y Aioros comenzaban a aburrirse. Ya habían agotado toda la plática y Athena aún no terminaba sus asuntos pendientes. Los guardaespaldas de fraülein Neuer se encontraban frente a ellos, aun charlando animadamente y riendo a carcajadas que se podrían oír hasta el templo del Patriarca. Los santos se rindieron, deduciendo que Saori no terminaría pronto, y se sentaron un rato en las rocas.
-Espero que la señorita Athena se apresure- dijo Aioros, pateando una piedra, notando que la noche había caído hacía un rato, y esa área del Santuario se encontraba completamente oscura, salvo las luces en la entrada del pabellón.
Pareció como si sus deseos fueran escuchados, pues las dos mujeres salieron del pabellón. Greta se veía sonriente y despreocupada, y Saori tenía una expresión sombría.
-Fue hermoso verte, Saori, realmente divino. DIVINO con una diosa como tú- dijo Greta, y se rió de su propio chiste, para después alejarse agitando su mano en el aire- nos veremos pronto para continuar con los asuntos que dejamos pendientes. Hasta pronto, querida-
-Sí, claro…- dijo Saori sin pizca de su entusiasmo previo a aquel encuentro, lo cual captaron rápidamente los dos santos, quienes se veían aliviados de que la mujer se fuera- nos vemos pronto-
La señorita Greta se dirigió rápidamente hacia su auto, que la estaba esperando, seguida de sus fornidos guardaespaldas, mientras que Saori se quedó de pie mirándolos alejarse. El auto fue encendido y rápidamente desapareció de la vista de los presentes.
-¿Princesa Athena?- dijo Aioros, una vez que se quedaron solos los tres, acercándose a ella al ver a Saori con una expresión muy extraña y perpleja- ¿se encuentra bien?-
-Sí, Aioros, gracias- dijo Saori sin moverse. Los dos santos se miraron, preocupados, y volvieron la vista a Saori.
-¿Está segura?- insistió el santo de Sagitario en un tono amable- ¿el negocio no fue lo que esperaba?¿algo no fue de su agrado?-
Saori sacudió la cabeza.
-No, no es eso- dijo Saori, con una expresión mortificada- lo que pasa es que me di cuenta de que Greta…- pero se interrumpió.
Los tres lo sintieron. Un cosmo agresivo, y a todas luces maligno se manifestó muy cerca de donde estaban. Instintivamente, los dos santos rodearon a Saori, uno de cada lado. Saga preparó sus puños, y Aioros preparó su arco, ambos encendiendo su cosmo de batalla. Miraron a su alrededor, buscando el origen de aquel maligno cosmo. De pronto, una bola de fuego azul salió despedida hacia ellos. Saga tomó a Saori en brazos y de un salto hacia atrás la quitó del camino del fuego. Aioros dio un salto hacia delante, sin perder su pose de pelea. Ambos miraron lo sucedido. La bola de fuego azul golpeó pesadamente el suelo, causando una pequeña explosión, llenó de humo el área.
-¡Saga! ¡Llévate inmediatamente a la princesa Athena!- dijo Aioros sin mirarlo, aún pasando su vista por la zona, cosa difícil, ya que estaba completamente oscuro, además del humo que les nublaba la visión- yo buscaré al atacante…-
-¿Qué dices?- dijo Saori, preocupada por el cosmo que los había atacado- espera, ¿qué sucedió? ¡Ten cuidado, Aioros!-
Saga la ignoró, y asintió en dirección al otro caballero.
-Te lo encargo, Aioros- dijo el santo de Géminis, abriendo un portal a Otra Dimensión e introduciéndose a él junto con una muy enojada y combativa Saori.
Una vez que el portal se cerró, con Athena a salvo con Saga, Aioros se relajó y comenzó a buscar ese cosmo. Parecía como si solo hubiera realizado ese ataque asilado y hubiera desaparecido por completo. El santo de Sagitario cerró los ojos y se concentró. Después de uno o dos minutos, lo localizó. El cosmo de esa maligna entidad estaba en la ciudad de Atenas, alejándose del Santuario a gran velocidad.
-Oh, no, no te escaparás…- dijo Aioros y, avisándole a Saga y a los otros santos por medio de su cosmo, se echó a correr tras del enemigo, con la esperanza de atraparlo.
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CONTINUARÁ…
¡Hola! Espero que les esté gustando hasta ahora. Un error en el capítulo pasado fue ya corregido, me disculpo por ese lapsus. Por cierto, no me hago responsables de úlceras o problemas cardiacos derivados de la lectura de estos capítulos (porque es probable que los desarrollen). Por favor, dejen las piedras, palos y tridentes en la puerta.
Muchas gracias por sus reviews. Y muchas gracias por leer.
Abby L.
