AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO

IV. ENCUENTRO CASUAL

Templo de Leo

Milo y Aioria se encontraban en el quinto templo cuando el aviso de Aioros llegó por medio de sus cosmos. El santo de Escorpión había estado importunando a Aioria sobre Marín y lo que había pasado más temprano en el Coliseo.

-¿Qué habrá pasado, Aioria?- dijo Milo de pronto, mirando hacia la ciudad de Atenas.

-Ni idea- dijo el santo de Leo- Aioros dijo algo sobre un ataque en la entrada del Santuario, pero Saga avisó que la princesa Athena ya está a salvo en el templo del Patriarca. Espero que no sea nada grave-

Milo se quedó mirando a la ciudad por un minuto, y se encogió de hombros.

-Bueno, supongo que el deber llama- dijo Milo, dándole la espalda para volver a su propio templo- más vale que vuelva a Escorpión. No está de más estar alertas, por si deciden atacar el Santuario-

Aioria asintió, aliviado de haberse desecho del inquisidor Milo por fin, al menos por esa noche, ya que su amigo lo tenía harto con preguntas sobre Marín. El santo de Escorpión pareció haberse dado cuenta de ello, porque sonrió maliciosamente.

-No creas que esta conversación está terminada, cachorro- dijo Milo, mirándolo de reojo- mañana continuará…-

Aioria puso los ojos en blanco. Al parecer, Milo no iba a dejar de molestarlo. El santo de Escorpión, por su parte, regresó a su templo sonriendo. El día siguiente comenzaría su misión: no descansaría hasta ver a Aioria confesarle sus sentimientos a Marín.

x-x-x

Recinto de las Amazonas

Tan pronto como el santo de Sagitario hubo dado la alarma, Kanon, quien aún se sentía con dolor de cabeza y su nariz comenzaba a escurrir, bajó al recinto de las amazonas a organizar rondas en los terrenos del Santuario, debido al estado de alerta en el que estaban. Envió a Shaina y a Marín a recorrer los terrenos del Santuario, y June fue asignada a vigilar la entrada del recinto. Una vez que cumplió con la organización, Kanon regresó a las casas de los santos de plata, para asignarles tareas a ellos también.

Marín y Shaina comenzaron a patrullar el área que les fue asignada.

-Vaya, ya habíamos tenido un par de meses de tranquilidad- dijo Marín casualmente, deteniéndose por un momento y poniendo una mano en su cadera- me pregunto quien estará detrás de este ataque-

-No lo sabremos, hasta que tu cuñado atrape al culpable- dijo Shaina. Si no hubiera traído máscara, se hubiera podido ver la sonrisa astuta de la amazona.

-No sé de qué estás hablando- dijo Marín, pretendiendo no haber entendido lo que Shaina implicó.

-Como digas, Marín- dijo Shaina en un tono incrédulo, y rió tras su máscara. A Marín no le hizo ninguna gracia- por cierto, y hablando de ese mismo tema, creo que no le caíste muy bien a tu cuñada hace un rato…-

-Eso no es mi culpa, Shaina- dijo Marín, cruzándose de brazos, en una actitud molesta- tú te pusiste agresiva queriendo darle una paliza y afilar tus garras con Lydia. Era obvio que no le íbamos a caer bien así-

Al parecer Marín no negó que Lydia era su cuñada, por lo que Shaina volvió a reírse de ella.

-Ya basta, Shaina, ¡no es hora de estar jugando!- dijo Marín, enfurruñada- ¡se supone que tenemos que estar alerta!-

Las dos amazonas continuaron patrullando el Santuario. Marín se mordió el labio bajo su máscara: sabía que Shaina tenía razón, y que era probable que a la hermana de Aioria no le cayera muy bien. Quizá sería buena idea intentar llevarse bien con ella, para variar.

x-x-x

Hospital en Atenas

Sofía había terminado con la mayoría de las emergencias que se presentaron en urgencias de pediatría. Era casi media noche, y sentía un enorme hueco en el estómago. Además, un ligero temblor había comenzado a aparecer en sus manos. La chica pelirroja miró el pequeño aparato que llevaba siempre con ella. El número que marcaba era 68, y la alarma había vuelto a sonar. Hizo una mueca. Sabía que estaría en problemas si no comía algo ya.

Beep-beep, beep-beep, beep-beep

Sofría abrió su mochila en busca de sus snacks de manzanas deshidratadas, pero no los encontró. Recordó que, nuevamente, los había olvidado sobre el refrigerador en el departamento. Bufó frustrada: Casandra la iba a matar cuando se diera cuenta.

Beep-beep, beep-beep, beep-beep

"Rayos, 61", pensó Sofía, molesta al recordar que ya se había comido el único dulce que llevaba consigo. Se volvió a un grupo de enfermeras que repartía los expedientes.

-Chicas, discúlpenme un momento, voy a salir una media hora a cenar- dijo la joven doctora a las enfermeras- no tardo, si hay algo urgente llámenme-

-¡Doctora Lombardi!- dijo una de las enfermeras, la más gordita del grupo- de seguro está baja otra vez. ¡Váyase a comer de inmediato!

El resto de las enfermeras apoyó la moción. Sofía sonrió y asintió, apresurándose a salir de urgencias y dirigirse a la puerta trasera del hospital.

Beep-beep, beep-beep, beep-beep

La chica salió por la pequeña puerta trasera del hospital, la cual era la salida de empleados, ya que justo frente a ella, cruzando la calle, había un pequeño local de comidas. El local era pequeño, un poco estrecho, por lo que había que comer en la acera, y era frecuentado por la mayoría del personal del hospital.

Sofía saludó al dueño y pidió dos sandwiches de atún y una botella de jugo. Una vez que se los dieron, se apresuró a tomar la mitad del vaso de jugo. Se quedó de pie, en un escalón sobre la acera, apoyada contra la pared. Sonrió al sentir la suave brisa nocturna golpear su cara. Antes de comenzar a comer, Sofía tomó su pequeño aparato, ignorando la alarma y el número 52 en su pantalla, y oprimió un par de botones. Sonrió y desenvolvió el primer sandwich, guardando el otro aún envuelto en el bolsillo de su bata. Pero no alcanzó a darle siquiera una mordida.

x-x-x

Calles de Atenas, cerca del hospital

Aioros seguía corriendo por las calles de la ciudad, rastreando el cosmo que había estado persiguiendo desde la entrada del Santuario. Se sentía muy frustrado con la situación. Nunca la había tenido tan difícil como esa vez. El cosmo maligno había casi desaparecido por completo, pero aún podía sentir rastros del mismo por esa área. El joven santo se apresuraba, mirando rápidamente por todos lados, sin alcanzar a ver nada sospechoso. De pronto, el cosmo desapareció, y no pudo volver a detectarlo.

-No, no…- dijo Aioros, apretando los puños frustrado, mirando incesantemente a su alrededor. No había nada ni nadie sospechoso, solo autos y personas cruzando la calle de un lado al otro- no ahora, estaba tan cerca de encontrarlo…-

Aioros se dio cuenta mientras miraba a su alrededor: los transeúntes comenzaron a murmurar al verlo ahí, cubierto con su armadura dorada, la cual sobra decir que era muy llamativa.

-¿Qué está pasando?-

-¿Porqué hay un santo de Athena aquí?-

-¿Estamos en peligro?-

-¿Qué hace aquí?-

-Esos santos solo traen problemas-

-Mejor nos vamos, no vaya a pasar una tragedia…-

Dándose cuenta que su armadura llamaba mucho la atención, con el color dorado y brillante, el arco y las alas, el santo de Sagitario pensó en irse a un callejón y quitarse la armadura, cuando volvió a sentir la pulsación del cosmo que estaba rastreando. El joven caballero corrió por la calle, a espaldas del hospital. En su loca carrera por alcanzar al culpable chocó con alguien que estaba apoyado en la pared junto a la acera.

Era una chica pelirroja quien estaba apoyada en la pared, mirando algo en sus manos, cuando el santo de Sagitario chocó con ella y casi la tumba al suelo. La chica estuvo a punto de caer pesadamente, abrazando lo que tenía en sus manos para que no se fuera a caer al suelo. Como reflejo, Aioros la detuvo para evitar que cayera, y miró alrededor, ignorándola por un momento y intentando concentrarse para localizar el cosmo maligno, pero éste había desaparecido por completo de nuevo. Aioros hizo una mueca de frustración.

-Por todos los dioses, realmente estoy más baja de lo le creí- dijo la chica pelirroja que se encontraba en sus brazos, mirando fijamente a Aioros, con los ojos grandes como platos- estoy viendo angelitos…-

Aioros la miró, sorprendido de su afirmación de la chica. La joven pelirroja estaba vestida con un uniforme quirúrgico y una bata sobre éste, y el caballero pensó que tendría que ser una doctora del hospital cercano. Ella tenía unos enormes ojos marrones, y miraba embelesada al caballero. Además, parecía como si no estuviera pensando bien.

-¿Se… se encuentra bien, señorita?- dijo Aioros, ayudándola a ponerse de pie de nuevo, para notar que la chica se tambaleaba un poco- lamento mucho haber chocado con usted. Permítame ayudarla, no se ve muy bien-

-No, es obvio que no me encuentro bien, non sto bene- dijo ella, mirándolo con sus ojos marrones un poco brillantes, apoyándose de la pared con su hombro, y Aioros vio que tenía un sandwich en sus manos, así como una botella de jugo a medio beber- me siento mal porque estoy baja…- la chica miró el aparato que tenía prendido de la cintura- ¿ves? ya estoy en 42 y me pasé un bolo- y dicho esto, dio una mordida al sandwich y comenzó a masticar.

-¿Qué tienes ahí?- dijo Aioros, parpadeando confundido, sin entender absolutamente nada de lo que estaba pasando. Observaba el pequeño aparato en el que la chica, preguntándose que sería y que significaría el número que le acababa de mostrar.

-Sandwich- dijo ella al terminar de masticar y tragar el primer bocado, mostrándoselo- sandwich de atún-

-No, no me refería al sandwich- dijo Aioros, pues se refería al extraño aparato. El caballero miró extrañado como la chica devoraba el sandwich como si no hubiera comido nada en varios días, para luego sacar otro de su bolsillo y comenzar a comerlo también.

-Oh, perdona, que grosera soy- dijo ella, dándose cuenta de la mirada confundida de Aioros y ofreciéndole parte del segundo sandwich mordido- ¿gustas?-

-No, muchas gracias- dijo Aioros, sacudiendo la cabeza, divertido ante aquella chica tan peculiar, que por un momento había olvidado que estaba haciendo ahí- veo que tienes bastante hambre, ¿no es así?-

-Por supuesto- dijo ella, una vez que terminó de comerse los dos sandwiches, relamiéndose los labios, sacudiéndose las migajas y sonriendo- cuando estoy baja, me da mucha hambre-

Aioros alzó las cejas. La chica ya había dicho eso.

-¿Qué significa eso de que estás baja?- preguntó el santo de Sagitario- ya lo has repetido varias veces, pero no sé que significa-

-Baja de azúcar. Tengo diabetes tipo 1- dijo la chica pelirroja, señalando el aparato cuadrado que tenía en la cintura, prendido de su pantalón, y apurándose a beber el resto del jugo- este aparato es mi bomba de insulina. Cuando bajan mis niveles de azúcar me da mucha hambre, y debo comer para que no siga bajando y me desmaye… o pase algo peor. Scusami si digo o hago alguna tontería, me pasa muy seguido cuando estoy baja-

Aioros se quedó helado. Miró a la chica con un poco tristeza. Lo cierto es que él no sabía mucho de que era eso, pero sonaba grave. La chica no se inmutó, y siguió sonriendo, dando un codazo en las costillas al santo.

-¡Oye! No me mires así- dijo la pelirroja, sonriendo ampliamente- es un poco fastidioso, pero no es nada grave. Excepto cuando digo tonterías estando baja, mi cerebro no funciona bien en esos casos, así que eso es un poco vergonzoso-

Aioros sonrió al verla sonreír. Quizá sería buena idea esperar a que los niveles subieran, no quería saber que se desmayara en plena calle y nadie pudiera ayudarla. Por su parte, la chica lo miró fijamente, y puso atención en su armadura.

-¿Y tú porqué estás vestido de ángel?- preguntó la chica, señalando las alas doradas- te ves muy guapo así, pero creo que es un poco extraño que cruces corriendo las calles de Atenas con ese atuendo, ¿no crees?-

-No estoy vestido de ángel- la corrigió Aioros, algo apenado, pero divertido de la conclusión que había sacado la chica en su estado- soy un santo de Athena, y esta es mi armadura. Me llamo Aioros, caballero dorado de Sagitario, a su servicio, señorita-

La chica le sonrió, mientras terminaba de masticar el último trozo del sandwich.

-Mucho gusto, Aioros- dijo ella, tragando y tomando el pequeño aparato y mirándolo más tranquila, sus niveles ya estaban mucho mejor que antes- me llamo Sofía Lombardi. Soy pediatra en este hospital-

-Mucho gusto en conocerla, señorita- dijo Aioros, inclinándose, y se corrigió- Sofía-

-¿Se puede saber que hacía un santo de Athena aquí?- dijo Sofía, mirándolo curiosamente con sus brazos en la espalda, después de una pausa de silencio- estás un poco lejos del Santuario, ¿no es así?-

Aioros hizo una mueca al recordar que estaba haciendo ahí. El cosmo que se le había escapado.

-Estaba… en una misión- dijo el santo de Sagitario- pero lamento decir que fallé. Tenía que encontrar a… alguien, y fallé. Al final, perdí la pista y casi te hago caer junto con tu jugo y tus sandwiches-

Sofía Lombardi lo miró con una sonrisa comprensiva.

-No te atormentes- dijo ella, un poco apenada de ver al santo cabizbajo- no es tan grave. Yo sola me caigo caminando en línea recta, no hubiera sido nada extraordinario si me tumbabas. Si hubieras tumbado mis sandwiches sí me hubiera enojado-

-Lo lamento de todos modos, Sofía- dijo Aioros, mirando de reojo a la gente que caminaba cerca de ahí, y mirando después su armadura- creo que yo no debería estar aquí, llamo demasiado la atención con la armadura…-

-Claro que sí llamas bastante la atención con eso. Ven, sígueme- dijo Sofía, tomándolo de la mano y tirando de ella para conducir al caballero a un pequeño callejón dentro del estacionamiento del hospital. Sofía lo metió ahí a empujones, dejándolo solo dentro del callejón y ella se quedó fuera del mismo.

-Ahí te puedes cambiar, quitarte tu armadura, ya sabes- dijo Sofía, dándole la espalda- te puedes cambiar mientras yo vigilo que no venga nadie. No voltearé, lo prometo-

-Pero…- comenzó Aioros.

-Presto!- lo apuró ella- ¡apresúrate!-

Aioros obedeció, confundido, y se quitó la armadura. Bajo ella, el santo de Sagitario tenía una camisa blanca, sin mangas, y un pantalón de mezclilla. El santo guardó la armadura en la caja dorada, y se la colgó en la espalda.

-¿Listo?- dijo Sofía al verlo salir del callejón.

-Listo- dijo Aioros, un poco apenado ante la situación. La chica se volvió hacia él y le sonrió. Sofía se sonrojó un poco al verlo, y agradeció que la luz mercurial no era suficiente para que el santo lo notara. Éste le pareció muy apuesto.

-Bueno, me dio gusto conocerte, Aioros. O mejor dicho, me dio gusto que chocaras conmigo- dijo Sofía, saliendo de su ensimismamiento y mirando su reloj- debo regresar al trabajo. Espero que puedas encontrar pronto a la persona que estabas buscando-

Aioros sonrió también, sin poder dejar de mirarla. La chica era hermosa, a pesar de ser un poco extraña. Sintió un vuelco extraño en su corazón, un nudo extraño en su estómago. ¿Era así como Aioria se sentía cuando miraba a Marín? No, Aioria se debería sentir mil veces peor, a juzgar todos los años que tenía de conocerla, sin siquiera atreverse a decirle nada.

El santo se quedó pensando. ¿Qué iba a hacer él? La chica ya se había despedido. ¿La dejaría ir para no volverla a ver nunca? ¿Y si le pasaba igual que a Aioria? ¡Quería conocerla! Aioros sacudió la cabeza. Cuando Sofía se dio la vuelta para volver al hospital, el joven santo se estiró y la detuvo, tomándola de la mano.

-¿Sofía?- dijo el santo, sin soltar su mano y sonriendo nerviosamente- espera un minuto-

-¿Sí?- dijo ella, volviéndose hacia él y mirándolo algo esperanzada.

-Me preguntaba si… podía invitarte a tomar un café algún día- dijo Aioros, esforzándose por no tartamudear, ya que estaba un poco nervioso- ya sabes, si quieres-

Sofía lo miró, evaluándolo con la mirada. Después de unos segundos sonrió también y asintió.

-Me encantaría, Aioros- dijo Sofía.

-¿Trabajarás esta noche?- dijo Aioros, y ella asintió- yo tengo que hacer las rondas de vigilancia mañana en el Santuario. ¿Que te parece si nos vemos el día después de mañana?-

Sofía lo pensó unos momentos, y después asintió.

-Por supuesto que sí- dijo ella. Sacó del bolsillo de su bata una hoja de papel, y escribió un número- toma, llámame mañana y nos pondremos de acuerdo-

Aioros sonrió y tomó el papel, guardándoselo en el bolsillo de su camisa. Tomó la mano de Sofía y presionó sus labios contra ella.

-Ha sido un honor conocerte, Sofía- dijo Aioros.

Sofía asintió, algo sonrojada, y se apresuró a regresar al hospital. Una vez que Aioros la vio desaparecer por la entrada del personal del hospital, el santo de Sagitario sonrió. Después de unos minutos, sacudió la cabeza.

-¿Qué me pasa?- dijo el caballero, confundido- tengo que volver al Santuario inmediatamente. Los demás deben estar preocupados-

Aioros se dio media vuelta y se apresuró a regresar al Santuario de Athena. No había conseguido completar su misión, pero la noche no había sido un completo fracaso. No dejó de sonreír en todo el camino de regreso.

x-x-x

Templo del Patriarca, Santuario de Athena

-Saori, por favor, tranquilízate, o me obligarás a lanzarte un par de rosas para noquearte- dijo Lydia en tono amable, pero firme, mirando a Saori con los brazos cruzados. Era una amenaza vacía, ya que Lydia aún no lograba producir rosas lo suficientemente venenosas como para compararse con las de Afrodita.

La joven diosa caminaba en círculos en la sala del trono del templo del Patriarca, mordiéndose las uñas nerviosamente y constantemente preguntando por el santo de Sagitario. Habían pasado ya varias horas, y Aioros no había vuelto ni se había reportado con ellos. Shion y Saga estaban ahí, mirando a Saori con algo de preocupación también.

-¿Cómo puedes estar tan tranquila, Lydia?- dijo Saori nerviosamente- ¡si nos atacaron hace un par de horas! Y tu hermano no ha regresado, ni ha reportado nada-

-Señorita Athena, la señorita Lydia tiene razón: necesita tranquilizarse- dijo Shion, intentando tranquilizar a la diosa- no tiene porqué preocuparse. Si Aioros no se ha reportado, debe ser porque no tiene nada que reportar aún-

Saga asintió, apoyado en una de las columnas con los brazos cruzados. Desde que había llegado al templo del Patriarca con Saori, vía portal de otra dimensión, se había quedado ahí, esperando noticias del santo de Sagitario. Mientras tanto, Kanon estaba organizando a los santos de plata y bronce, así como a los guardias, y revisando que todos estuvieran en sus puestos. El resto de los santos dorados habían regresado a sus respectivos templos.

Por fin, después de un rato, Aioros regresó. Subió al templo del Patriarca y se inclinó ante Athena y Shion. Antes de que éste le diera la bienvenida, Saori se apresuró a hacerlo.

-¡Aioros!- dijo Saori- ¿qué sucedió? ¿qué averiguaste?¿quienes estaban detrás del ataque?-

Aioros agachó la cabeza.

-Lo lamento mucho, princesa Athena- dijo Aioros, muy apenado- rastree el cosmo por toda la ciudad, pero no encontré a la persona que está detrás del ataque. Desapareció por completo cuando lo rastreaba por el norte de la ciudad. Creo que la persona culpable de este ataque es capaz de ocultar su cosmo a voluntad-

El Patriarca guardó silencio un rato, al igual hicieron todos los presentes.

-No importa- dijo Shion por fin- no te preocupes más por esto, Aioros. A partir de mañana haremos rondas más estrictas, hasta que encontremos la identidad del atacante. Y Athena- añadió, volviéndose hacia Saori- por favor no salga de las Doce Casas sin avisarnos, y sin compañía-

Saori iba a reclamar la indicación, pero al ver la expresión seria de Shion, lo pensó mejor y no lo hizo. El Patriarca no parecía estar de humor para reclamos.

-Vuelvan a sus templos, los dos- dijo Shion, dirigiéndose a Saga y a Aioros- y estén pendientes a cualquier cosa extraña. Los enemigos podrían atacar en cualquier momento. Y Lydia- añadió, volviéndose a la chica- no creo que sea conveniente que bajes al templo de Aries en este momento. Quédate con Athena por esta noche, por favor-

Lydia asintió, y miró curiosa a Aioros quien, a pesar de haber perdido su objetivo, no parecía tan triste ni preocupado. Tenía poco tiempo de conocerlo, pero sabía que su hermano tenía algo extraño. Sexto sentido arácnido fraternal, si gustan. Ya le preguntaría más tarde.

-Buenas noches a todos- dijo Shion, y los dos santos se despidieron y se fueron a sus respectivos templos.

-Vamos, Lydia, estoy cansadísima- dijo Saori, bostezando sonoramente y tirando de su brazo para que se apurara- espero que mañana sea un día más normal-

Lydia asintió, y la siguió hacia la villa de Athena. Una vez que se quedó solo, Shion suspiró de cansancio, y se fue a descansar.

x-x-x

Templo de Athena

Shion había hecho colocar una cama extra en la habitación donde Athena dormía, por si alguien tenía que acompañar a la diosa en la noche. Lydia se metió a la cama sin decir nada, y Saori, aún preocupada por la situación, se puso su pijama y se metió a su cama, murmurando algo para sí misma en voz baja.

-¿Quién crees que nos haya atacado?- dijo Saori de pronto.

-No tengo idea, Saori- dijo Lydia, pensativa- según tenía entendido, los otros dioses, Poseidón y Hades, habían aceptado firmar la paz contigo, ¿no es así?-

-Por eso me preocupo- dijo Saori- ¿alguno de los dioses intentará traicionar a los demás?-

Lydia guardó silencio por unos momentos. No tenía esa respuesta. Cuando se quedó a vivir al Santuario, Mu le había explicado que Zeus había ordenado a Poseidón y a Hades firmar la paz con Athena, y dejar de atacar la tierra. Además, a Lydia no le gustaba el hecho de que el ataque había sido un par de minutos después de la visita que recibió Saori.

-Solo es un poco curioso- dijo Lydia, pensativa, mirando al techo mientras se arropaba- que haya ocurrido casi inmediatamente después de que Greta se fue-

-No sigas, Lydia, ya se a donde vas con eso que estás diciendo- dijo Saori, sacudiendo la cabeza- sé que ustedes no se agradaron nunca, pero no creo que ella tenga la capacidad de… oye, Lydia, eso me recuerda- añadió, incorporándose y mirándola- nunca me disculpé contigo… por lo que hice hace todos esos años-

-¿De qué hablas?- dijo Lydia, con un tono como si no le importara lo que había pasado en el pasado, aún mirando el techo como si fuera lo más interesante del mundo.

-De la broma que te jugamos, Greta y yo- dijo Saori, jugando con sus dedos nerviosa- no sabes como me arrepiento de eso-

Flashback

Ya había caído la noche en Tokio, y en la mansión Kido habían llamado a los niños del patio al interior para la merienda. Julian Solo entró a la mansión detrás de la pequeña Elizabeth y su amiga Cathy, después los demás niños. Greta y Saori se quedaron atrás, y vieron que Lydia no había escuchado a Tatsumi llamándolos para la cena, pues estaba absorta en su libro, el cual leía sentada junto a la fuente en el jardín de la mansión Kido. Las dos niñas se acercaron a la más pequeña, y Greta le dijo algo en voz baja.

-¿Están seguras de que lady Margarett dijo eso?- preguntó la pequeña niña castaña una vez que escuchó a Greta, con una expresión preocupada- ella nunca me deja alejarme menos de medio metro cuando estamos fuera, no creo que…-

La niña rubia, Greta, le había dicho que su institutriz la buscaba en la taberna cercana, y miraba a Lydia con una sonrisa aparentemente inocente, mientras que Saori se veía ligeramente preocupada, jugando nerviosamente con sus dedos.

-Deberías apresurarte, Lydia- dijo Greta, quien al menos veinte centímetros más alta que ella- sabes que si no la obedeces, lady Margarett te acusará con tu padre-

Lydia puso una expresión llena de preocupación. Su institutriz era una buena persona, pero cualquier queja de ella a su padre le costaba a Lydia una semana en su casa, sin salir con sus amigos en Londres.

-Esta bien- dijo Lydia, rindiéndose y cerrando su libro, para dejarlo junto a la fuente y levantándose- si eso tengo que hacer…-

Y comenzó a caminar hacia la reja que rodeaba la mansión Kido y, con paso decidido, salió de los terrenos y comenzó a caminar en la acera frente a la mansión. Greta se echó a reír, y Saori la miró, preocupada.

-Jajaja… esa niña es más tonta de lo que pensé- dijo Greta.

-No estoy segura de esto, Greta- dijo Saori, una vez que la niña castaña se perdió de vista en la calle- que Lydia salga sola de la mansión puede ser peligroso. Mi abuelo dice que los hombres de esa taberna son…-

-Vamos, Saori, solo nos estamos divirtiendo un poco- la interrumpió Greta, haciendo un gesto despreocupado- no me digas que quieres ser amiga de esa niña tonta-

Antes de que Saori respondiera, una enorme sombra las cubrió. Las dos niñas se volvieron, y vieron que se trataba de Tatsumi, quien se detuvo justo frente a ellas. Vestía su uniforme de kendo, y tenía su espada de madera en la mano. Parecía muy nervioso y preocupado.

-Por fin, aquí están ustedes dos- dijo el mayordomo, aliviando de encontrarlas- ¿dónde está la señorita Castlehaven? Es la única que me falta encontrar, y ya es hora de cenar-

Greta se cruzó de brazos y sacudió la cabeza, poniendo cara de inocencia. Saori, quien se sentía muy culpable, fue quien habló.

-Ta… Tatsumi- dijo Saori.

-¿Sí, señorita Saori?- dijo el mayordomo.

Saori se volvió levemente a Greta, quien sacudió la cabeza vigorosoamente, indicándole que no dijera nada al respecto. Saori tragó saliva dolorosamente. Se sentía muy culpable, y Tatsumi, quien la conocía desde que el señor Kido la había adoptado, la conocía muy bien.

-¿Señorita Saori?- insistió Tatsumi, quien tenía un mal presentimiento al ver a la niña tan preocupada- ¿hay algo que me quiera decir?-

-Lydia se salió de la mansión hace un rato- dijo Saori de pronto, para horror del mayordomo- iba camino a la taberna del vecindario…-

-¿Qué dice?- gritó Tatsumi y, tras indicarles que no se movieran de su sitio, salió disparado en ese momento de la mansión.

Greta miró a Saori molesta por haberle dicho la verdad a Tatsumi. Saori la ignoró, ya que se sentía bastante culpable por lo que acababa de pasar. Sabía que había criminales peligrosos en esa taberna. Sabía que si esos criminales veían a Lydia, iba a estar en serios problemas.

Mientras tanto, Lydia iba caminando a paso acelerado. Entre más rápido llegara a la taberna, más rápido llegaría con lady Margarett, y más rápido volvería a la mansión Kido. No le gustaba nada el aspecto de las calles de Tokio alrededor de la mansión.

Después de caminar varias cuadras, identificó la taberna. La música se escuchaba hasta la acera, donde se encontraba la niña. Parecía estar llena de gente. Incluso afuera había un trío de hombres, quienes no parecían ser japoneses, más bien occidentales, riendo con sus cervezas en la mano. Lydia se detuvo en seco, sin atreverse a cruzar la calle y acercarse a la taberna. Demasiado tarde se dio cuenta de que estar ahí había sido una terrible idea.

Los hombres la vieron. Uno de los tres la señaló. La pequeña, dándose cuenta, comenzó a caminar de regreso a la mansión, moviendo las piernas con rapidez. Podía sentir a los hombres siguiéndola. Lydia entró en pánico y comenzó a correr. En menos de cinco segundos, uno de los hombres se atravesó en su camino. Los otros dos la alcanzaron.

-¿A dónde vas, pequeña?- dijo uno de los hombres.

-Se ve que no eres de aquí, ¿verdad?- dijo otro de los hombres.

-Una niña extranjera- dijo el primero que había hablado, señalando su vestido- y rica, al parecer. Seguramente sus padres pagarán buen dinero por ella-

El hombre detrás de ella la atrapó por la espalda, levantándola un poco del suelo, y ella comenzó a patalear y a gritar.

-¡No me toquen!¡Suéltenme!- gritó la pequeña, muy asustada. El hombre que la había atrapado rió junto a su oído, y la niña sintió que el miedo se apoderaba de ella. Empezó a llorar- por favor, déjenme…-

-Grita y llora todo lo que quieras, nadie va a venir por ti, niña- dijo un seguido hombre, con las manos en la cintura, riendo a gusto.

-Por favor… déjenme-

El hombre que la sostenía la dejó caer al suelo. Los tres hombres rieron al ver que la pequeña estaba paralizada del miedo y no se movía de su sitio.

-Ya me aburrí de esto- dijo uno de los hombres- terminemos con este asunto. El jefe estará complacido cuando se la llevemos…-

Lydia estaba demasiado asustada como para decir algo, levantarse, correr o gritar. Se quedó petrificada de terror. No sabía que hacer, sino llorar. Los hombres estuvieron a punto de sujetarla otra vez, cuando uno de los tres cayó al suelo.

-¡No se atrevan a tocarla!- gruñó una voz.

Lydia dio un respingo de sorpresa. Era el mayordomo de los Kido que había acudido en su ayuda. Con su espada de madera de kendo y un par de hábiles movimientos, Tatsumi golpeó e incapacitó a los tres hombres que habían perseguido a la niña. Una vez que los tres maleantes estaban inconscientes en el suelo, Tatsumi se volvió a Lydia.

-¿Está bien, señorita?- preguntó Tatsumi.

Lydia estaba paralizada de miedo, pero alcanzó a asentir torpemente.

-¿Se puede saber qué hace aquí, señorita Castlehaven?- ladró el mayordomo en un tono serio, poniéndose de rodillas para ver a la pequeña a los ojos- sabe muy bien que es peligroso que salga de la mansión usted sola-

Lydia se levantó y vio al enorme y severo hombre que la había salvado de esos maleantes. Había estado tan asustada y ahora estaba muy aliviada. Sin que Tatsumi se lo esperara, Lydia se acercó a él y lo abrazó.

-Yo… gracias, señor Tatsumi- dijo Lydia, llorando de alivio.

-No lo menciones- dijo el mayordomo, sorprendido de lo ocurrido y sintiéndose apenado- dime, ¿porqué estabas afuera de la mansión?-

-Greta y Saori… me dijeron que tenía que… buscar a mi institutriz en… la taberna- dijo Lydia entre sollozos.

Tatsumi frunció el entrecejo. Tendría que hablar con el señor Kido y con frau Neuer sobre el comportamiento de las otras dos niñas, que habían puesto en peligro a esta pequeña, la cual seguía llorando amargamente, abrazada de él.

-Señorita, venga conmigo- dijo el mayordomo, alzándola en brazos. No le gustaba estar fuera de la mansión con la pequeña- será mejor que regresemos. Verá que todo se resuelve…-

Fin del Flashback

-No te atormentes por eso, Saori- dijo Lydia, restándole importancia al evento- tu mayordomo llegó justo a tiempo, y no me pasó nada malo. Además, si mal no recuerdo, no fuiste tú la que me hizo salir de tu casa. Fue Greta quien me engañó. Si no hubieras dicho la verdad de lo que pasó al señor Tatsumi… quizá no estaría aquí en este momento-

Saori guardó silencio.

-Además, supongo que el señor Kido te castigó bastante, ¿no fue así?- dijo Lydia, bromeando para aliviar la tensión que había.

-Y que lo digas- dijo Saori, haciendo una mueca- mi abuelo estaba tan furioso por lo que pasó, que me sorprende que no siga castigada en este momento…-

Las dos chicas rieron.

-Ya te lo había mencionado antes, cuando nos detestábamos mutuamente, pero es la verdad- dijo Lydia, una vez que dejaron de reír, y Saori hizo un ruido de asentimiento- realmente no creo que ella sea una buena persona. Ten cuidado con ella, Saori-

Saori se encogió de hombros. Entendía bien a lo que Lydia se refería. Desde niña, Greta había sido un poco extraña, y quizá un poco más egoísta. Y esa misma tarde lo había visto. Pero sinceramente no creía que fuera para tanto.

-Creo que exageras un poco, Lydia- dijo la diosa, restándole importancia al asunto- claro que estoy consciente de que Greta es un poco… extraña y mimada, pero siempre ha sido mi amiga. No hay nada de qué preocuparse-

Lydia no dijo nada. Simplemente cerró los ojos, cubriéndose con la manta, y se dispuso a dormir.

x-x-x

Terrenos del Santuario

Kanon había terminado de verificar que los santos de bronce Jabú y Nachi estuvieran patrullando el lado oeste del Santuario, cerca de la prisión del mismo. Al comprobar que estuviera todo en orden, se dirigió a la entrada del recinto de las amazonas.

Mientras caminaba, la mente de Kanon vagaba en muchas cosas. ¿Quién habría atacado el Santuario? Los espectros de Hades al parecer no eran culpables de esto. Tampoco podría ser Poseidón, él lo conocía muy bien. ¿Entonces quien sería?

Al no encontrar sospechosos, Kanon dirigió su mente hacia otro tema.

Pensó en Saga. Supo que, por medio de la extraña conexión que tenía con su hermano, y por una fluctuación en el cosmo de Aioros, supuso que ya le había dicho la verdad sobre la muerte de sus familiares. Y si Aioros reaccionó violentamente, no querría estar en los zapatos de su gemelo cuando le dijera la verdad a Lydia o a Aioria. Los dos parecían tener el carácter igual de volátil.

x-x-x

CONTINUARÁ…

Notas de autor:

Diabetes tipo 1: antes llamada diabetes insulinodependiente o diabetes juvenil. Es una enfermedad autoinmune (el cuerpo se ataca a sí mismo) en la que no se produce insulina, una hormona necesaria para regular la glucosa (azúcar). La persona que la padece tiene que inyectarse insulina constantemente.

Bomba de insulina: también llamada "microinfusora de insulina" dispositivo electrónico que funciona como un páncreas artificial, administrando constantemente pequeñas cantidades de insulina a la persona con diabetes. También se le puede adaptar un "sensor", que registra los niveles de glucosa en la sangre cada 5 minutos. Puede sonar cuando hay altas o bajas de azúcar, dependiendo de como se configure el aparato.

¡Hola! Espero que les esté gustando esta historia. Gracias a Misao-CG por los snacks, pero Sofía es un poco olvidadiza y los dejó en casa. Gracias a todos por leer. Hasta pronto.

Abby L.