AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
V. RESFRIADOS
Terrenos del Santuario
A la mañana siguiente, el santo de Géminis levantó muy temprano. Tras escuchar a Kanon regresar al templo y dejarse caer en su cama tan pronto como entró a su habitación, quien había pasado una larga noche de supervisión de los otros santos por el pasado ataque, Saga se preparó a salir para continuar con la vigilancia. Una vez que su gemelo se hubo desplomado en su cama, fatigado por el desvelo y el resfrío que tenía, Saga se puso la armadura de Géminis y salió a organizar a sus guardias.
Ese día, Camus había tenido que subir al templo del Patriarca, a vigilar más de cerca a Athena durante el día. Mu había sigo asignado a cuidar la entrada a los doce templos, lo cual podía hacer desde el templo de Aries. Y Shura, Aioros y Saga habían sido designados para vigilar las entradas al Santuario.
Los tres dorados mayores ya habían organizado a los guardias, quienes obedecieron sin chistar las órdenes de los caballeros, pues sabían que no les convenía hacerlos enojar a alguno de ellos. Una vez que se dispersaron para tomar sus puestos, Shura se volvió a los otros dos.
-Todos han estado hablando de lo que sucedió ayer- dijo el santo de Capricornio, cruzándose de brazos, mirando a su compañeros con interés- ustedes dos fueron los que estuvieron ahí, ¿no es así? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Es cierto que intentaron atacar a la señorita Athena?-
Aioros y Saga asintieron.
-No sabemos que pasó exactamente- explicó el santo de Sagitario- tan pronto como se fue la amiga de la señorita Athena y sus guaruras del Santuario, sentimos un cosmo maligno, y una bola de fuego azul salió disparada hacia nosotros y ella en la entrada del Santuario. La esquivamos con relativa facilidad. Saga se llevó a la princesa a un lugar seguro, y yo fui a perseguir ese cosmo-
-¿Y bien?- dijo Shura con interés- ¿al final supiste quien era?-
-Ya te dijo Aioros que no lo sabemos- dijo Saga en tono cortante, impaciente de que Shura no pusiera la suficiente atención- no necesitas seguir preguntando lo mismo-
-No lo alcancé a atrapar, Shura, por lo que no supimos quien está detrás de esto- dijo Aioros en un tono calmado, para tranquilizar la situación- al parecer, apagó y escondió muy bien su cosmo antes de que pudiera encontrarlo-
-Basta de charlas- dijo Saga cuando Aioros hubo terminado de hablar, y Shura asentía- debemos dividirnos para buscar cualquier cosa sospechosa-
Pero las palabras de Saga no fueron escuchadas por ninguno de sus dos compañeros. Mientras Shura pensaba en lo que habían dicho, intentando deducir quien los había atacado, Aioros sonreía levemente al recordar que había pasado la noche anterior cuando perdió el rastro de ese cosmo maligno. Su sonrisa pasó desapercibida por Shura, pero no por Saga, quien miró a su amigo con el ceño fruncido, tan serio como siempre, y poniendo los ojos en blanco. Podía deducir que, a pesar de que su persecución no fue un éxito, había algo que lo tenía así de contento. Aioros no notó la mirada constante de Saga, pues estaba dividiendo su atención entre vigilar a los guardias y recordar lo que había pasado la noche anterior.
x-x-x
Edificio de Departamentos, Atenas
Al mismo tiempo que el Santuario despertaba, y tras subir las interminables escaleras que daban a su departamento, Sofía llegaba por fin a casa a descansar después de una larga noche de atender heridas, vómitos y gripas de cinco días que decidían llevar a consultar en la madrugada los dioses sepan por que razón.
-Buongiorno…- dijo una despeinada Sofía en un tono cansado, abriendo la puerta de su departamento. Iba arrastrando los pies, con su bata colgada en uno de sus hombros y su mochila en otro- ya llegué…-
Al no obtener respuesta, Sofía cruzó la sala rápidamente y se dirigió a su cuarto. Dejó caer lo que traía cargando en el suelo y, sin siquiera quitarse los zapatos, se dejó caer sobre la cama, completamente fatigada. Iba a quedarse dormida, cuando sintió que algo le cayó encima. O mejor dicho, alguien.
-¡Mamá!- escuchó la conocida vocecita de Kostas- mamá, tía Sofía ya llegó, y se va a dormir-
-Ah, no, no te puedes dormir así nada más, y lo sabes- Sofía escuchó la voz de Casandra- sabes que no te puedes dormir sin desayunar-
-Beeeeeep, beeeeeep- la alarma de la bomba, indicándole que tenía que rellenarla de insulina, se unió a los ruidos que no la dejaban dormir.
-No tengo hambre…- gruñó entre dientes Sofía- tengo sueño…-
Beeeeeeeep, beeeeeep.
-Y yo no quiero tener que llevarte al hospital de urgencia otra vez- dijo Casandra- vamos, el desayuno está listo-
-El desayuno está listo- dijo Kostas, brincando en la cama, evitando que la pelirroja se durmiera. Sofía gruñó- el desayuno está listo, tía Sofía. Mamá hizo wafles-
Al escuchar la palabra wafles, ni lenta ni perezosa Sofía se levantó de golpe. Casandra y Kostas se echaron a reír, pues sabían que los wafles eran los favoritos de la chica pelirroja.
-Además, tienes que cambiarte el catéter- añadió Casandra- ya pasaron tres días, ¿recuerdas?-
Beeeeeeeeep, beeeeep
Sofía asintió, un poco enfurruñada. Ya lo sabía, la bomba estaba sonando como loca. No le gustaba que le dijeran que tenía que hacer, pero en el fondo agradecía la preocupación de su amiga. Fue a la cocina siguiendo a Casandra y al niño.
Mientras su compañera ponía la mesa y servía el desayuno, Sofía sacó del refrigerador un pequeño cartucho de insulina, para después tomar su bomba y cambiar el cartucho viejo por ese que acababa de tomar. Desconectó la manguera y se levantó un poco la blusa para dejar su abdomen expuesto, y se cambió el parche viejo por uno nuevo. Una vez que terminó, volvió a conectar la manguera y sonrió. La alarma por fin dejó de sonar.
-Tía Sofía- dijo Kostas- ¿qué haces?-
Sofía miró a Casandra de reojo mientras se acomodaba la blusa nuevamente, y ésta le regresó una mirada triste. Sofía sonrió, y se volvió a Kostas.
-Estoy rellenando la bomba de insulina- le dijo a Kostas, mostrándole el aparato.
-¿Te duele?- preguntó Kostas, mirándola con ojos enormes. Sofía sonrió.
-No, no duele- dijo ella. "No mucho", iba a agregar, pero prefirió no hacerlo.
Kostas sonrió y asintió. Sofía le revolvió los cabellos azules, y lo animó a irse a sentar. Ella también se sentó y, tras oprimir un par de botones en su aparato, y comenzaron a comer. Mientras masticaba, pensaba en lo que había pasado en la noche, y el incidente con Aioros. ¡Quizá ese día la llamaría! Sonrió y se sonrojó levemente al recordarlo.
-Te ves muy contenta, Sofía- observó Casandra, mientras la chica masticaba el desayuno con una enorme sonrisa- ¿tuviste una guardia especial?-
-Por supuesto que estoy contenta, Cass- dijo Sofía entre bocados, acercándose el frasco de miel de maple sin azúcar para servirse- los wafles siempre me ponen de buen humor-
-Los wafles nos ponen felices, mamá- dijo Kostas en voz alta, mientras su mamá le servía un poco de miel de maple regular.
Era cierto que Sofía y Kostas disfrutaban los wafles. Además, con esa cantidad de azúcar, la pelirroja sabía que a su amiga le esperaba un pesado día con su hijo. Sofía asintió y sonrió, agradeciendo que ella estaría inconsciente durante el episodio de hiperactividad que les esperaba.
-Sí, claro, y yo soy la reina de Inglaterra- dijo Casandra, limpiando la boca de Kostas con una servilleta, pues estaba embarrada de mantequilla y jarabe de maple- vamos, dime-
Sofía sonrió, un poco apenada, y bajó la mirada para concentrarse en su plato.
-Está bien, está bien, te lo diré, pero no vayas a decir nada, Cass… y no te vayas a reír- dijo Sofía, sonrojándose un poco- cuando salí a cenar, conocí a un chico que iba pasando. Bueno, iba corriendo. La verdad, chocamos y casi caigo al suelo, pero caí en sus brazos… quiero decir… argg-
Sofía se puso las manos en la cara, y Casandra se echó a reír al ver que su amiga se ponía más roja que un tomate.
-Que vergüenza- dijo Sofía, cubriéndose la cara, pues sentía sus mejillas muy calientes- seguro debió pensar que estaba loca, dije muchas tonterías porque estaba baja- sonrió- pero al final me invitó a tomar un café-
-Vaya, entonces no pensó que estabas tan loca- dijo Casandra, alzando las cejas y sonriendo de manera significativa- si no, no te hubiera invitado-
-¿Tía Sofía tiene novio, mamá?- dijo Kostas.
-No, Kostas. No hables con la boca llena- dijo Casandra, sonriendo levemente. Sofía también sonrió- me da gusto, Sofía. Ya es hora de que conozcas a alguien bueno. El hospital está lleno de chicos de lo más desagradables, excepto quizá tu amigo Oskar. ¿No será él?-
-¡No! Por supuesto que no- dijo Sofía- Oskar es mi amigo. Además, te dije que había conocido a alguien, y…-
-Ah, sí, lo dijiste- dijo Casandra- de todos modos, ese hospital está lleno de chicos que… bah. De todos tus compañeros, solo Oskar me cae bien-
-A mí también, pero no así- dijo Sofía.
-Me da gusto verte tan feliz, Sofía- dijo Casandra- realmente espero que este chico sea diferente-
Sofía sonrió, y se levantó. Ya había terminado de comer y, tras tomarse el vaso de leche casi de un solo trago, se limpió los labios con una servilleta.
-Grazie por el desayuno, Cass- dijo la pelirroja, levantando sus trastos de la mesa, y guardando su miel de maple en el refrigerador- voy a dormir un rato. Nos vemos en la tarde-
-Descansa, Sofía- dijo la otra chica, volviendo a limpiar la cara de Kostas con una servilleta- me aseguraré de que ya sabes quien no haga mucho ruido-
-¿Quién, mamá?- quiso saber Kostas, abriendo los ojos grandemente.
-Shhhh- le dijo Casandra en voz baja- tía Sofía va a dormir-
-Shhhh- repitió Kostas, poniéndose un dedo sobre los labios, imitando a su mamá.
Sofía asintió, y se retiró a su cuarto. Tras lavarse los dientes, de nueva cuenta se dejó caer sobre su cama. Se quedó profundamente dormida antes de que su cabeza siquiera tocara la almohada.
x-x-x
Templo de Aries
Mu estaba en el templo de Aries, de pie frente a la puerta, vigilando los alrededores. Aquel día estaba un poco decepcionado, y quizá un poco de mal humor. Dada la alerta que habían decretado, Lydia no podía abandonar el templo de Athena. Por supuesto, él tampoco podía dejar su puesto de vigilancia para subir a verla. El joven caballero bufó molesto.
-Buenos días, maestro Mu- Kiki interrumpió sus pensamientos, teletransportándose frente a él en la fachada del templo de Aries. Mu se cruzó de brazos al verlo.
-Kiki, sabes muy bien que no puedes estar en los Doce Templos cuando el Santuario está en alerta, ¿no es así?- dijo Mu en un tono algo malhumorado- deberías estar en este momento con el resto de los aprendices y con los santos de bronce- añadió, pensando que debía hablar con Seiya al respecto. Quizá sería mejor hablar con Shun, no estaba muy seguro que hablar con Seiya y dejarlo a cargo de Kiki fuera buena idea.
Kiki, por su parte, no pareció molestarse por eso. Buscó en su bolsillo y sacó un papel.
-Maestro, yo estaba con los caballeros de bronce- dijo Kiki, mostrándole el papel que había sacado- estábamos patrullando la entrada principal, cuando llegó un hombre en un auto. Dijo que era uno de los guardaespaldas de la señorita Greta Neuer, y que tenía este billete para entregar a la señorita Saori-
Mu miró el billete. Recordaba que Lydia había mencionado que esa chica amiga de Saori no era una persona en la que se pudiera confiar. Mu tomó el papel de manos de Kiki y lo inspeccionó. Suspiró.
-De acuerdo, Kiki- dijo Mu, devolviéndole el papel a Kiki- ve al templo del Patriarca y entrégaselo directamente a él. Mi maestro va a decidir si es seguro que se le entregue a la señorita Athena o no-
Kiki asintió, y sonrió con travesura.
-Y ya que estoy allá, le diré a la señorita Lydia lo mucho que la extraña, maestro- dijo Kiki y, antes de que Mu pudiera reprenderlo por su indiscreción, desapareció teletransportándose. Mu se volvió a mirar la gran estatua de Athena, pensó en su chica y no pudo evitar sonreír.
x-x-x
Villa de Athena
Camus estaba un poco fastidiado, ahora que estaba rodeado de aquel grupo de mujeres. No me malinterpreten, el santo de Acuario no es misógino ni nada por el estilo, pero estar rodeado tanto estrógeno reconcentrado en una pequeña biblioteca no le estaba haciendo mucho bien, sobre todo porque eran cinco mujeres con caracteres completamente diferentes.
Saori se encontraba charlando animadamente con las otras cuatro chicas. June estaba escuchando atentamente lo que Saori estaba diciendo. Lydia, por su parte, estaba tirada en un sillón, con sus piernas sobre uno de los descansabrazos y su cabeza en el otro, con sus ojos clavados en un libro, bastante interesante a juzgar de su expresión absorta. Marín tenía otro libro, y estaba sentada muy cerca de Lydia y parecía voltear a verla a momentos, pero ésta parecía ignorarla. Y Shaina estaba de pie, en la puerta de la biblioteca, como si alguien de pronto fuera a atacarlos.
De pronto, Kiki apareció. Tanto Camus como Shaina se pusieron en guardia, pero se relajaron al ver al aprendiz de Aries.
-¡Kiki! ¿Qué haces aquí?- preguntó Shaina. Camus no dijo nada, solo le dirigió una fría mirada al pequeño aprendiz.
-El señor Shion me envió, señor Camus, señorita Shaina- dijo Kiki, sonriendo, levantando el papel en el aire- llegó al Santuario un mensaje para la señorita Athena-
-¡Un mensaje para mí!- exclamó Saori, poniendo de pie y corriendo hacia Kiki. Tomó el papel de manos de Kiki y lo abrió- ¡es de Greta! Mañana vendrá a continuar lo del negocio…-
Las amazonas se dieron cuenta: parecía una nube negra pasar por los ojos de Saori por un momento. Pero finalmente la diosa sacudió la cabeza y volvió a sonreír. Lydia, por su parte, quitó un momento la atención de su libro, y se volvió a Saori.
-Saori, recuerda lo que te dije anoche- dijo la chica castaña- sigo opinando lo mismo…-
Saori la miró por un par de segundos, pero finalmente decidió ignorarla.
-Tengo que hablar con Shion, pedirle permiso…- dijo la diosa, volviéndose a Camus.
-Yo la acompaño a ver al maestro Shion, señorita Athena- dijo Camus, ofreciendo su brazo a Saori para acompañarla a bajar al templo del Patriarca. Saori lo tomó, contenta, y salió junto con el caballero. Kiki también desapareció, para regresar con los caballeros de bronce.
Lydia miró a Saori de reojo, mientras ésta salía de la biblioteca. Con un suspiro decepcionado, volvió a su lectura. Al parecer Saori no la escucharía. Lydia sabía que, muy en el fondo, Saori estaba consciente de que tenía razón. Bufó fastidiada, dándose un par de golpes en la cabeza con su libro abierto: era una costumbre que tenía cuando se sentía frustrada.
"En el fondo el hombre no es más que malo, pero la mujer es perversa, dijo Nietzsche", pensó Lydia.
-Tú conoces a esa chica, Greta Neuer, ¿verdad?- le preguntó Marín directamente. Lydia se volvió hacia la amazona pelirroja, un poco sorprendida de que le haya hablado tan directamente. Y para aumentar la sorpresa de la chica, Marín se quitó la máscara y la miró fijamente- tu eras su amiga también, ¿verdad?-
Lydia la miró, tan asombrada que automáticamente cerró su libro. ¿Así eran las amazonas debajo de su máscara? Si Marín era una chica muy hermosa, con una mirada llena de… no sabía como describirlo. ¿Acaso Aioria la había visto así? Si así era, entendía perfectamente como su hermano podía estar cacheteando banquetas por la amazona. Sacudió la cabeza para sacarse ese pensamiento.
-No, no era su amiga, ni ella mía- dijo Lydia, bajando sus piernas del descansabrazos y sentándose de manera normal sobre el sillón. Puso su libro a un lado- Greta era solo amiga de Saori-
Mientras ella hablaba, Shaina cerraba la puerta de la biblioteca y se quitaba su máscara también. June hizo lo mismo. Lydia se sorprendió de ver a las tres chicas sin sus máscaras. Las tres eran muy hermosas. Obviamente se veían muy agresivas y poco atractivas con sus máscaras. Incluso Shaina, la que le parecía la más violenta de las tres.
-¿Qué pasa, Lydia?- dijo Marín, notando su sorpresa.
-Nada- dijo ella- nunca me había imaginado que todas ustedes se ven así… de normales- añadió, intentado no herir sentimientos- se ven más atemorizantes con las máscaras puestas-
-Esa es la idea, niña- dijo Shaina en un tono agresivo- que no nos subestimen por ser chicas-
-No le hagas caso a Shaina, Lydia- dijo Marín, lanzándole una mirada de advertencia a Shaina- y tú, Shaina, no la asustes. Somos pocas las mujeres que estamos al servicio de Athena. Tenemos que ser unidas-
June asintió, apoyando lo que había dicho la pelirroja. Lydia miró a Marín. ¿Esa era la chica de la que estaba enamorado Aioria? Ahora que la volvía a ver, no parecía ser tan mala. Y su rostro era realmente hermoso. Se volvió a preguntar si…
-Marín, perdona la pregunta, pero ¿Aioria ha visto tu rostro?- preguntó Lydia, pero pronto se dio cuenta de que no debería haber preguntado eso. Marín se puso de todos los tonos de rojo posibles.
-No, por supuesto que no- dijo Marín, mirando al suelo nerviosa- ¿cómo preguntas eso? No, por supuesto…-
Lydia la miró confundida, arrepintiéndose inmediatamente de su pregunta, pues no quería hacer sentir mal a ninguna. June sonrió levemente, y Shaina se cubrió la boca para reprimir una carcajada.
-Lo siento, Marín, no sabía que no debía preguntar eso- dijo Lydia apenada.
-Estábamos hablando de la señorita Greta- dijo June, intentando aliviar la situación en favor de Marín- ¿porqué dices que solo era amiga de Saori? ¿no crecieron juntas?-
Lydia dejó escapar una risa sarcástica.
-Porque Greta me detesta, y creo que influenció un poco a que Saori también me deteste- dijo Lydia, encogiéndose de hombros- me da pena, porque sé que no es una buena persona, y Saori la quiere mucho, como amiga. Temo que… la haga sentir mal en algún punto-
-¿Realmente crees que es tan mala?- preguntó Shaina, sin poder evitar un cierto tono de incredulidad- ¿qué fue lo que pasó entre ustedes?-
Lydia suspiró. No le gustaba revivir esa historia. Tragó saliva.
-Una vez, cuando éramos niñas, intentó hacer que me raptaran unos criminales, justo afuera de la mansión Kido. No me gusta hablar de eso- dijo Lydia, mirando al suelo para evitar que las chicas vieran lo mucho que aún le asustaba lo que había pasado. Marín lo comprendió.
-No te preocupes, Lydia- dijo Marín con una sonrisa llena de simpatía, poniendo una mano en el hombro de ella- aquí nadie te hará daño. Además, seguro cualquiera que lo intente se lo pensará dos veces, teniendo dos caballeros dorados como hermanos mayores. Yo tendría miedo de meterme contigo-
-Y siendo la chica de otro caballero dorado- añadió June, cruzándose de brazos, pero sin dejar de sonreír- Mu los dejaría como residuos estelares-
-Y no los necesitas, nosotras mismas les daremos una buena paliza- dijo Shaina.
Lydia miró a Marín, y ésta le sonrió. La chica no pudo evitar sonreír. Las amazonas eran mucho más agradables de lo que se había imaginado. Sobre todo Marín. Pensó nuevamente en Aioria, y tomó una decisión. Iba a ayudar a estos dos a decirse lo que tenían años pendiente de decir.
x-x-x
Escaleras hacia el templo de Aries
Una vez que terminó la tarde, y el sol se puso, el maestro Shion avisó a los santos que la alerta había sido suspendida, ordenando a los caballeros dorados a volver a los Doce Templos, y a los caballeros de plata y bronce a relevarlos en las rondas.
Shura se quedó atrás, repartiendo las rondas a los caballeros de plata y de bronce, mientras que Saga y Aioros volvieron juntos a las escaleras al templo de Aries, para regresar a sus respectivos templos.
-Has estado muy extraño todo el día de hoy, Aioros- observó Saga de pronto, alzando una ceja, mientras iban subiendo las escaleras- ¿hay algo que quisieras compartir?-
-¿Raro como?- dijo Aioros, fingiendo demencia, mientras volteaba en dirección contraria a Saga para ocultar su sonrisa de… bueno, su sonrisa de idiota.
-Feliz- dijo Saga. Aioros iba a decir algo, pero el santo de Géminis continuó, haciendo un gesto de exasperación- demasiado feliz, tanto que me dieron náuseas durante todo el día solo de estar cerca de ti-
-No es nada, Saga- dijo Aioros, mostrando su mejor cara de inocencia- yo siempre estoy feliz-
Saga lo miró fijamente.
-Te conozco desde que éramos aprendices, Aioros, y además eres pésimo para mentir- dijo Saga, poniendo los ojos en blanco. Aioros estaba tan desacostumbrado a mentir, que era malísimo cuando lo intentaba y nadie nunca le creía- a mí no me puedes engañar. Dime-
-Después- dijo Aioros. No quería decir nada aún. Acababa de conocer a una chica, y no quería arruinarlo hablando en voz alta de ella. Saga no dijo nada, solo gruñó en voz baja, aceptando lo que Aioros había dicho, aunque no olvidaría volverle a preguntar más tarde.
Los caballeros llegaron al templo de Aries, donde Mu los esperaba de mejor humor.
-¿Cómo les fue hoy en sus rondas?- preguntó el santo de Aries, cruzándose de brazos cuando llegaron.
-Sin novedades- dijo Saga.
-Igual aquí- dijo Mu, encogiéndose de hombros- quien haya sido nuestro atacante de ayer, supongo que debió haberse rendido-
Los santos asintieron, y cada uno regresó a su templo.
x-x-x
Templo del Patriarca
Shion había cerrado los ojos debido a su dolor de cabeza. La discusión con Saori ya lo tenía cansado. Sabía que dejar pasar a una de las amigas de la señorita Athena era casi seguramente inofensivo, pero con el antecedente del ataque del día anterior, no estaba muy seguro de querer ceder. Camus, por su parte, inmediatamente se arrepintió de haberse ofrecido a acompañar a Athena con el Patriarca.
-Por favor, Shion- insistió Saori por enésima vez- quiero ver a mi amiga. Además, aquí estaré segura de cualquier ataque-
-Esta bien, señorita Athena- dijo Shion, por fin cediendo- pero al menos dos santos dorados deberán acompañarla todo el tiempo, incluso cuando esté charlando con su amiga, ¿de acuerdo?-
-De acuerdo, Shion- dijo Saori alegremente, y regresó feliz a la villa de Athena. El Patriarca suspiró, agotado. Esto no sería bueno para su salud. Camus lo miró, con una expresión llena de simpatía.
x-x-x
Templo de Sagitario
Aioros había regresado a su templo casi al caer la noche, y se tumbó sobre la cama. Miró el techo. Su vista pasó del techo a la pared, de la pared a la ventana, y de la ventana a una silla. Vio la camisa que había usado el día anterior: la había dejado sobre una silla en su habitación. Suspiró.
Recordó el día anterior: como había sido tan tonto y no se había fijado por donde andaba, cuando casi tumba a Sofía al suelo. Sonrió. Le había gustado esa sensación de mariposas en el estómago cuando veía pensaba en ella. ¿Estaba enamorado? Aún no lo sabía. Solo estaba seguro que esa chica a la que había conocido, de alguna manera le había movido el piso. Tenía que averiguarlo. Se levantó.
"No te pongas nervioso, Aioros", pensó el santo de Sagitario para sí mismo. Tomó la camisa y sacó el papel que se encontraba cuidadosamente doblado en el bolsillo de la misma. Suspiró otra vez y tomó su teléfono.
x-x-x
Edificio de Departamentos, Atenas
Unos minutos antes
Casi caía la noche, y Casandra se preocupó al darse cuenta de que su compañera no se había despertado en todo el día. Era normal que Sofía durmiera el día completo después de haber tenido una guardia nocturna, pero casi siempre se levantaba a comer algún snack a la mitad del sueño. Su preocupación creció cuando escuchó un pequeño ruido, proveniente de la habitación de su compañera.
Beep-beeb, beep-beep, beep-beep
Era la alarma bien conocida por Casandra. Incluso Kostas ya sabía que pasaba cuando esa alarma estaba sonando.
-Mamá, tía Sofía…- comenzó el niño, quien entró al cuarto de Sofía detrás de ella.
-Kostas, trae una cajita de jugo de la cocina. Apresúrate- dijo Casandra, mientras entraba a la habitación de Sofía. El niño obedeció y salió corriendo. La mujer de cabellos negros se volvió hacia la chica que dormía y tomó el aparato, que estaba junto a la almohada.
"Dice 29, esto no puede ser bueno", pensó Casandra. La chica respiró hondo para tranquilizarse. Sabía que si entraba en pánico no podría ayudar a Sofía, además de que asustaría mucho a Kostas.
-Sofía, despierta- dijo Casandra, moviéndola con gentileza, pero firmemente- tienes que despertar a comer algo, estas muy baja-
-Non voglio…- murmuró la chica entre dientes.
-Vamos, Sofía, obedece- dijo Casandra en tono firme. Kostas entró, llevando una cajita de jugo de naranja con su pajilla. La mujer abrió el jugo, puso la pajilla, y se lo ofreció a Sofía- vamos, bebe un poco, solo bebe y puedes seguir durmiendo-
-Non voglio…- gruñó Sofía nuevamente.
-Vamos, tía- dijo Kostas, moviéndola suavemente para despertarla. Casandra, por su parte, puso el extremo de la pajilla en los labios de Sofía. Ésta, tras negarse al principio, después comenzó a beber lentamente, y la otra chica se sintió aliviada casi de inmediato. Kostas la abrazó- mamá, ¿tía Sofía está bien?-
-Claro que sí, Kostas- dijo Casandra, una vez que Sofía se terminó el jugo- solo tenemos que tener un poco de paciencia-
Diez minutos después, que a Casandra le parecieron eternos, el número en el aparato subió de 29 a 120, y Sofía se despertó, esta vez normalmente. Miró alternadamente a Kostas y a Casandra, quien seguía sosteniendo la caja de jugo vacío.
-Grazie, amiga- dijo la pelirroja, apenada por lo que acababa de ocurrir, cerrando los ojos y frotándose la frente- gracias por sacarme de eso. No sé que haría sin tu ayuda-
-Ya sabes que estamos a mano- dijo Casandra- Kostas y yo no lo hubiéramos contado si no fuera por ti, aquella vez. Además, yo no sé que haría sin tu ayuda tampoco-
Sofía sonrió, pero rápidamente borró su sonrisa.
-Quizá no sea buena idea salir con ese ragazzo, después de todo- dijo Sofía, aún frotándose la frente. Le dolía un poco la cabeza por lo que acababa de pasar- nadie me va a querer así, soy una carga para quien esté conmigo-
-No digas eso- dijo Casandra con firmeza, cruzándose de brazos- si alguien llega a rechazarte por tu condición, esa persona decididamente no es lo suficientemente buena para ti, ni siquiera aunque no tuvieras diabetes. Además…- iba a continuar, pero el celular de Sofía comenzó a sonar.
Riiiiiiing, riiiiiiiing
-Debe ser él- dijo Sofía, mirando el teléfono un poco nerviosa.
-¿Qué esperas? ¡Contesta!- dijo Casandra, y se volvió a su hijo- vámonos, Kostas-
-Pero mamá- dijo el niño, decepcionado- yo quiero escuchar-
Sin decir más, Casandra simplemente cargó a Kostas y se lo llevó de la habitación. Por mucho que el niño pataleó y protestó, no pudo hacer nada al respecto. La pelinegra salió con su hijo y guiñó un ojo antes de cerrar la puerta de la habitación. Sofía contestó el teléfono.
-¿Ciao?- dijo la chica nerviosamente.
-Hola, Sofía- dijo la voz masculina del otro lado de la línea- habla Aioros. ¿Aún quieres tomar un café conmigo?-
-Por supuesto que sí, Aioros- dijo Sofía, sonriendo ampliamente.
x-x-x
Templo de Aries
A la mañana siguiente, su día libre, Mu estaba aún dormido cuando salió el sol. Aunque no hubo mucho movimiento, el haber tenido que vigilar todo el día había atrasado sus tareas el día anterior, haciendo que el santo se fuera a dormir muy tarde. Lo que el santo no sabía es que había alguien más acechando en su templo.
Lenta y sigilosamente, la persona extraña entró a la habitación del santo dorado, que dormía sin imaginarse el "peligro" en que se encontraba. De un salto, la persona extraña cayó a su cama, haciendo que el santo dorado despertara de golpe.
-Buenos días, Mu- dijo ella, con una sonrisa enorme.
-Buenos días, Lydi- dijo Mu al reconocerla. A pesar del susto que le había pegado, le daba gusto verla por fin- te extrañé ayer-
-Tu maestro me tenía recluida, sin más compañía que Saori y las amazonas- dijo Lydia, acostándose junto a él, pero sobre las sábanas.
Mu sonrió y se desperezó.
-Vamos, estoy seguro de que no fue tan malo- dijo el santo de Aries, atrayéndola hacia sí mismo y abrazándola- ¿conociste a Marín?-
-Sí, y a Shaina y a June- dijo Lydia, acomodándose muy a gusto, apoyando su cabeza en el pecho del caballero- las tres me agradaron. Sobre todo Marín-
-Sabía que Marín te caería bien, una vez que te permitieras conocerla- dijo Mu, con su sonrisa astuta. Lydia asintió, pensativa.
-Oye, Mu, ¿crees que haya alguna manera de… ayudarlos?- dijo Lydia, y Mu puso cara de interrogación- a Marín y a Aioria, quiero decir-
Mu sacudió la cabeza, aún sonriendo.
-Creo que lo mejor es dejarlos solos, Lydi- dijo Mu sabiamente, acariciando su cabello- creo que es mejor que ellos resuelvan sus diferencias solos, ¿no?-
Lydia no estaba muy segura. Quería ayudar a su hermano a sentirse tan feliz como ella se sentía con Mu. Pero el caballero de Aries también tenía razón. A ella no le hubiera gustado que Aioros o Aioria se entrometieran, aún con las mejores intenciones del mundo. Mientras ella pensaba en todo esto, Mu besó su nariz y sonrió travieso. Lydia iba a devolverle el favor, cuando una voz los interrumpió.
-Vaya, vaya…- dijo Aioros en voz alta desde la puerta del cuarto de Mu, asustándolos y haciendo que su hermana casi se caiga de espaldas al suelo. Si no lo hizo, fue porque Mu la detuvo antes de que sucediera- ¡así los quería encontrar!-
-¡Aioros!- exclamó Lydia, incorporándose enojada y sonrojándose al ver a su hermano presente en esa situación- ¡me asustaste! Además, no estábamos haciendo nada malo. Solo estamos charlando-
Aioros se echó a reír, lo cual solo aumentó la exasperación de su hermana.
-¡Aioros!- volvió a gruñir Lydia, furiosamente sonrojada.
-Lo sé, hermanita, solo los estoy molestando- dijo el santo de Sagitario con su sonrisa traviesa, apoyándose en el marco de la puerta- solo les daré una precaución: si Aioria los llega a ver así, Mu va a quedar hecho trocitos chamuscados, así que tengan cuidado-
-Aioros tiene razón, Lydi- dijo Mu, echándose a reír y atrayéndola hacia sí mismo para hacerla olvidar su enojo.
Lydia miró a su hermano mayor: también era su día libre, e iba vestido de civil: cosa rara en él, pues nunca lo había visto así. Lo único que quedaba de su usual ropa de entrenamiento como santo de Athena era la banda roja que Aioros siempre llevaba en la frente. El caballero de Sagitario llevaba puesto un pantalón negro, zapatos del mismo color y una camisa blanca, sin fajar y doblada de las mangas hasta abajo de los codos. No lo pensaba solo por que era su hermano, pero se veía muy guapo así vestido.
-¿Y tú a dónde vas vestido así, Aioros?- dijo Lydia de pronto, y entrecerró los ojos sospechosamente- que yo recuerde, tú casi nunca sales del Santuario, ni siquiera en tus días libres…-
Mu lo miró, dándose cuenta de que Lydia tenía razón. Aioros era muy alegre, pero no se caracterizaba por salir del Santuario muy seguido, ni siquiera cuando tenía día libre, y mucho menos solo.
-¿Qué parece, Lydia?- dijo Aioros sin borrar su sonrisa traviesa- solo iré a encontrarme con alguien en la ciudad-
-¿Con quién?- quiso saber ella. El santo de Sagitario solo se encogió de hombros y, con una sonrisa socarrona, se fue sin responder, dirigiéndose hacia la ciudad. Lydia se volvió a Mu- ¿qué rayos le pasa a Aioros?-
-Que extraño- dijo Mu, encogiéndose de hombros, y Lydia asintió. Le dio un beso travieso en la nariz, igual al que Mu le había dado, y se levantó.
-No importa. Vamos, levántate, perezoso- dijo Lydia sonriendo nuevamente- vamos a salir a la ciudad un rato. Tengo un par de cosas que comprar que me pidió Saori-
x-x-x
Templo de Géminis
Saga no estaba tan feliz como los otros esa mañana. El santo de Géminis había despertado para encontrar a Kanon febril y extremadamente congestionado. Saga pensó que su hermano seguramente había pescado un virus de alguno de los caballeros de plata, ya que había un par de ellos enfermos de una gripe particularmente agresiva. En fin, Kanon se veía muy mal.
-¿Necesitas que te traiga algo, Kanon?- preguntó el gemelo mayor, fastidiado, pero muy en el fondo estaba preocupado por su hermano- de verdad tienes un muy mal aspecto-
-No, estoy bien, Saga, en serio- dijo Kanon en un tono no muy convincente, además de un poco gangoso por estar tan congestionado.
El gemelo mayor lo miró. Siendo más precavido que su hermano, Saga fue a su habitación y tomó un par de tabletas para la fiebre, y las puso en la mesita de noche de Kanon, junto a un vaso con agua.
-Te tomarás estas dos tabletas, te ayudarán a bajarte la fiebre- dijo Saga, señalando las tabletas y poniéndose una chaqueta- no me gusta como te ves, voy a bajar al pueblo a comprarte un antigripal-
-No es necesario, hermano, en serio- insistió Kanon, cubriéndose la cara con una almohada. Saga destapó a su hermano, y Kanon gimió de frío. Tembloroso y con las mejillas sonrojadas por la fiebre, se levantó para tomar las sábanas y volverse a cubrir con ellas. Se volvió a poner la almohada sobre la cabeza- no hagas eso, Saga, muero de frío-
-Toma las pastillas que te di, y no seas necio, Kanon- dijo Saga, quitando la almohada, poniéndole una mano en la frente y retirándola inmediatamente: estaba ardiendo- que se puede hervir un huevo en tu frente-
A regañadientes, Kanon obedeció y se tomó la medicina que le dio su hermano, para volverse a acostar y cubrir con las mantas. Saga suavizó la mirada.
-Quédate acostado, iré por el antigripal a la ciudad. Pobre de ti si te levantas de ahí, Kanon- dijo Saga en tono de advertencia- enseguida vuelvo-
Saga se abrochó su chaqueta y, tras una última mirada hacia su hermano para asegurarse de que estuviera en cama con todo lo que necesitaba, salió del templo de Géminis rumbo al pueblo.
-Gracias…Saga- susurró Kanon con los ojos cerrados, pero Saga ya se había ido.
x-x-x
CONTINUARÁ
Notas de autor:
Bomba de insulina: la insulina de las bombas se tiene que cambiar cada 3 días, al igual que el set y el catéter. Tiene una alarma especial para recordar al dueño que ya casi se le acabará la insulina.
Buongiorno: buenos días (italiano)
Grazie: gracias (italiano)
Non voglio: no quiero (italiano)
Ragazzo: muchacho (italiano)
Ciao: hola (italiano)
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia.
Piama: no te preocupes, no la olvido, la historia ya está terminada en mi compu, y actualizo cada 2 días. ¡Que bueno que te gustó como va la historia! Espero que disfrutes este capítulo también.
No me odien por hacer enfermar a Kanon. Todo es por una buena causa, lo juro. Muchas gracias a todos por sus reviews y comentarios. Nos leemos pronto.
Abby L.
