AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO

VI. EN LA FARMACIA

Terrenos, Santuario de Athena

Tras dejar a su hermano, quien estaba febril y tumbado en cama, Saga salió de las Doce Casas, con rumbo a la salida del Santuario. Estaba algo preocupado por su hermano. Recordaba que hubo algunos santos de plata que tuvieron influenza hacía un par de días y tenían los síntomas que Kanon presentaba. Quizá Kanon se contagió de ellos. Eso no tranquilizaba nada al santo de Géminis, ya que le esperaban un par de días de cuidar a su gemelo, quien estaría muy enfermo.

"Eres un idiota, Kanon, preocupándome así…".

De hecho, una vez que se sintiera mejor, Saga le daría un buen sermón sobre la importancia de estar vacunado, y lo llevaría de una oreja al hospital a vacunarse. El santo suspiró. Quizá sería buena idea apresurarse y comprar los medicamentos que Kanon necesitaba. Se apresuró al centro comercial: no le había gustado nada el aspecto que tenía su hermano.

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Tercer piso, Edificio de Departamentos, Atenas

Sofía estaba lista para salir. Se había puesto un vestido color celeste, que tenía un cinturón rojo, con mangas hasta los codos, cuya falda llegaba apenas arriba de la rodilla, y unos zapatos rojos de piso. Se había peinado, ya que cuando conoció a Aioros estaba muy sucia y despeinada después de varias horas de guardia y migajas de su sandwich en la cara.

-Te ves muy linda, tía- dijo el niño, mirándola fijamente, haciendo una pausa para mirarla, ya que estaba jugando con sus cochecitos en el suelo- coff coff-

-Grazie, Kostas- dijo Sofía sonriendo, y mirando al pequeño extrañada- ¿estás enfermo?-

-No tía, no estoy… coff coff- volvió a toser.

-Ven aquí, Kostas- dijo Sofía, abriendo su mochila y sacando un aparato luminoso de su mochila: un otoscopio. Tocó la mejilla del niño- estás ardiendo. Abre la boca-

Kostas obedeció, y Sofía vio una garganta muy infamada. Luego miró los oídos del pequeño con el mismo aparato. El niño hizo una expresión de fastidio cuando Sofía metió el cono del otoscopio en su oído, pero se mantuvo quieto mientras ella lo examinaba.

-Mm… esto no está bien- dijo Sofía, y se volvió a Casandra, quien salió de su habitación y se dirigió a la cocina- Kostas tiene un episodio de otitis media. Tienes que comprarle un antibiótico. Si quieres, yo puedo ir a comprarlo-

-¿Y que ese "Aioros" que conociste se pierda de verte tan bonita? Nunca- dijo Casandra, haciendo que su amiga se ruborizara, mientras que el niño volvía a jugar con sus cochecitos en el suelo tras la pausa que tuvo que hacer mientras Sofía lo revisaba- tú ve a tu cita con ese chico. Ya me las arreglaré con este pequeño. ¿Tienes una receta?-

Sofía asintió, y escribió en la receta el nombre del antibiótico y la dosis que tenía que administrarle a Kostas. Se la entregó a su amiga, junto con un billete para que comprara el medicamento con él.

-¿Estás segura de querer ir tu a comprarlo, Cass?- dijo Sofía, prendiendo la bomba del cinturón de su vestido y tomando su bolso, lista para irse.

-¿Qué haces aún aquí? Vete ya, no lo hagas esperar más- dijo Casandra, sonriendo. Sofía también sonrió.

-Grazie, Cass, nos vemos en un rato- dijo la pelirroja, y salió a toda prisa del departamento. Cassandra miró al pequeño peliazul, que seguía tosiendo, pero no paraba de jugar con sus cochecitos, y le acarició los cabellos.

-Vamos a vestirte, Kostas- dijo Casandra, levantando y buscando en el botiquín un jarabe para bajarle la fiebre- tenemos que ir a la farmacia a comprar tu medicina-

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Entrada del Santuario de Athena

Mu y Lydia, una vez que el primero estuvo listo, dejaron a Kiki a cargo del primer Templo, y comenzaron a bajar hacia la salida del Santuario, para dirigirse a la ciudad de Atenas. Ambos iban charlando muy animadamente y riendo, cuando Lydia se detuvo en seco.

-¿Lydi?- dijo Mu, notando que su chica se puso tensa de pronto- ¿pasa algo malo?-

Lydia no contestó, solo señaló hacia la entrada del Santuario. Escoltada por sus cuatro guardaespaldas, con una sonrisa satisfecha, iba subiendo su peor pesadilla. Greta Neuer llevaba un bolso azul y un vestido rojo, el cual correspondía más a una fiesta que a una visita a una amiga, y miraba alrededor como si fuera la reina del sitio donde estaba. Lydia tomó la mano de Mu como reflejo y éste, la verla tan nerviosa, pasó su brazo por la espalda de ella y la atrajo hacia sí mismo.

-Tranquila, Lydi- susurró a su oído el caballero de Aries, tras presionar sus labios contra la frente de ella- estás conmigo. Y mientras estés conmigo, nada malo te va a pasar-

Lydia sonrió y se dejó abrazar por Mu. Mientras iba subiendo, Greta miró a Lydia con una ceja alzada y un poco de envidia, pero se encogió de hombros y se dirigió a las doce casas junto con sus guardaespaldas. Uno de ellos, el más alto y fornido de los cuatro, se volvió a ver a la pareja por un segundo, sonrió y siguió caminando tras ellos.

-Vamos, Lydi- dijo Mu, besándola en la mejilla- demos un paseo en la ciudad, eso te animará un poco más. Además te puedo invitar un helado-

Aún sonriendo, Lydia siguió a Mu a la ciudad.

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Templo de Aries

En la entrada de los Doce Templos, Milo y Camus esperaban junto con Kiki a la invitada de Saori para acompañarla al templo del Patriarca, donde se reunirían ahora, dado el antecedente del ataque al Santuario hacía dos días. Milo parecía entusiasmado, pero Camus parecía molesto. Después de pasarse el día anterior con Saori y las amazonas, no le hacía mucha gracia tener que atender otro asunto "mundano" de Saori.

-Vamos, Camus, anímate, podría ser divertido- dijo Milo, quien se encontraba cruzado de brazos, apoyado en una de las columnas del templo de Aries. Kiki se echó a reír. Milo siempre le había parecido muy gracioso.

-No sé que tendría de divertido escuchar a dos dichas conversar entre ellas… aunque una de ellas sea a señorita Athena- dijo Camus de mal humor, recordando como había tenido que soportar a Saori y a las otras chicas el día anterior.

-Escuché decir a los caballeros de bronce, que la señorita Greta es muy guapa- dijo Milo, levantando las cejas varias veces- y muy atractiva-

Kiki se echó a reír, y Camus puso los ojos en blanco. Ahí iba Milo nuevamente. Antes de que el santo de Acuario pudiera reprender a su compañero, los visitantes llegaron a la entrada del templo de Aries. Camus se irguió, y Milo se separó de la columna, aunque aún seguía cruzado de brazos.

-Buenos días, señorita- dijo Camus, una vez que Greta y sus guardaespaldas se detuvieron frente a los dos caballeros dorados.

-Buenos días- dijo Greta en tono indiferente- Saori me está esperando-

-Por supuesto- dijo Camus, señalando la entrada al templo de Aries- si gusta acompañarnos. Sus guardaespaldas pueden esperar en la entrada del Santuario-

-¿Qué dices?- dijo Greta- ¡cómo te atreves!-

Milo se sorprendió ante la actitud de la chica. Camus, como siempre, no se inmutó, pero la temperatura del ambiente bajó unos cuantos grados. Kiki, quien estaba también presente, dio un par de pasos atrás. Si Camus lo mirara a él como estaba mirando a Greta, él hubiera salido corriendo lo más rápido posible en dirección contraria antes de quedar hecho una paleta de hielo.

-No vamos a dejar sola a la señorita Greta- dijo el guardaespaldas más grande, el que hacía unos momentos se había volteado para mirar a Mu y a Lydia.

-La princesa Athena y el Patriarca nos dieron esas instrucciones- dijo Camus con un tono calmando, pero frío- ustedes que son invitados deben atenerse a ellas o salir del Santuario-

Greta frunció en entrecejo, y los guardaespaldas se agitaron y se prepararon para pelear. Milo casi se echa a reír. Incluso Kiki los podía mandar a volar fácilmente con los brazos cruzados. Por fin, la chica rubia levantó la mano.

-Está bien, si Saori dio esa instrucción, ustedes no tienen más remedio que obedecerla- dijo Greta, y se volvió a los guardaespaldas- espérenme en la entrada del Santuario. No queremos causarle problemas a Saori con sus sirvientes, ¿verdad?-

Nuevamente los dos santos y el aprendiz la miraron ofendidos. Los guardaespaldas aceptaron, y se retiraron del frente del templo de Aries. Greta los miró alejarse, y se volvió hacia los caballeros, mostrándoles una sonrisa encantadora, pero ni siquiera Milo pudo olvidar su anterior comportamiento.

-Entonces, chicos, por favor llévenme con Saori- dijo Greta, y los dos caballeros dorados asintieron y la condujeron al interior del templo de Aries. Kiki los miró, extrañado, y se encogió de hombros, quedándose atrás para vigilar el primer templo.

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Cafetería Sokolata

Aioros llegó a la cafetería treinta minutos antes de la hora acordada con Sofía. Sonrió un poco ansioso, esperando a que llegara la chica en la entrada del establecimiento. Era una pequeña cafetería localizada en una esquina, con paredes de vidrio transparente y hermosas decoraciones, y con una bella vista al Santuario y a la Acrópolis. El caballero sonrió al ver el lugar. Era perfecto.

Aioros caminaba de lado a lado justo fuera del local, mirando nerviosamente de un lado a otro. Se apoyó en una de las paredes y suspiró. No podía creer que estuviera haciendo eso.

-Ciao, Aioros- escuchó la voz detrás de él. El santo sonrió y se volvió hacia ella. Ahí estaba la chica, con una amplia sonrisa. Traía puesto un vestido color celeste, que hacía que sus cabellos rojos se vieran aún más brillantes, y sus ojos marrones parecían ser de fuego al reflejar la luz del sol. A diferencia de hacía dos noches, no tenía la mirada cansada ni los cabellos despeinados. Se veía mucho más hermosa de lo que Aioros la recordaba.

-Hola, Sofía- dijo Aioros, inclinándose, para después observarla. El caballero tenía una sonrisa nerviosa, y exhaló nerviosamente todo el aire que aún tenía guardado en los pulmones- te ves muy hermosa..-

Sofía bajó la mirada, algo apenada por el cumplido, sus mejillas se tiñeron de rosa, pero sin no dejó de sonreír. La chica pateó el suelo suavemente con la punta de su pie, en un intento por tranquilizar su nerviosismo también.

-Grazie, tú también te ves muy bien- dijo ella, levantando tímidamente la mirada.

-Me… me da mucho gusto que vinieras, en serio- dijo el santo de Sagitario, tomando la mano de la chica y presionando sus labios contra ella- estoy feliz de volverte a ver-

Aioros le ofreció su brazo, y Sofía lo tomó sin pensarlo. Al joven le gustó la sensación de la chica aferrada a su brazo, teniéndola tan cerca de él que podía incluso oler su perfume y sentir los latidos acelerados de su corazón. ¿O eran los suyos? No estaba muy seguro.

Ambos entraron juntos, y el delicioso aroma del chocolate caliente del establecimiento llegó hacia ellos. Ambos aspiraron el aroma y se volvieron para mirarse, sonriendo.

-Me encanta el chocolate- dijo Sofía de pronto.

-A mí también. ¿Tienes permitido tomar chocolate?- preguntó Aioros con una sonrisa, alzando las cejas. Sofía asintió, y le mostró su bomba.

-No te preocupes. Tengo insulina, y no dudaré en usarla- dijo la pelirroja. Aioros se echó a reír, y ambos buscaron una mesa vacía en la cafetería.

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Farmacia, Centro Comercial cerca del Santuario de Athena

Saga se acercó al contador donde despachaban los medicamentos en la farmacia. Estaba buscando un antigripal para su hermano gemelo, que tenía un aspecto semejante al que habría tenido si le hubiera pasado un tren encima. Suspiró. A pesar de que había muchos por escoger, tomó uno que le pareció bien y se dirigió a la caja a pagar.

El santo de Gémenis hizo una mueca de fastidio al ver que la fila para pagar estaba horriblemente larga. ¡Había al menos nueve personas delante de él! Saga gruñó y se cruzó de brazos, enfurruñado. Lo que hacía por su gemelo. Ya se lo recordaría cada vez que Kanon le dijera que es un mal hermano.

Saga sacudió la cabeza y miró la fila con desdén. Había una señora al principio de la fila, en la caja, que iba con sus tres hijos, que no se podía decidir que dulce iba a comprar para ellos. Saga puso los ojos en blanco ante la situación. Debería ser legal matar a esas personas que hacen una hora de fila y cuando llegan a pagar no saben ni que van a comprar. Se contuvo las ganas de mandar a todos a otra dimensión.

Una vez que la señora se decidió sobre que iba a comprar y pagó, la fila comenzó a avanzar con más velocidad. De pronto, y mientras estaba esperando, Saga sintió un pequeño golpe en su pierna. El caballero se volvió, sorprendido, a ver que había pasado. Un niño pequeño, de aproximadamente tres años, había estado corriendo, y había chocado accidentalmente con la pierna del caballero, había rebotado y caído al suelo sentado. Saga se inclinó hacia él para verlo mejor.

El niño parecía asustado, mirando a su alrededor incesantemente. Tenia sus cabellos un poco largos y alborotados, de color azul, y unos enormes ojos grises que a Saga le parecía haberlos visto antes en otra persona.

-¿Que te sucedió, pequeño?¿estás bien?- dijo el caballero y el niño asintió, se puso de pie de golpe y se abrazó de la pierna de Saga. Confundido, el caballero se quedó helado.

-¿Dónde está mamá?- lloriqueó el pequeño. Saga dejó escapar un suspiro exasperado y se puso de rodillas, para estar al mismo nivel que el pequeño, empujándolo un poco para hacer que soltase su pierna.

-¿Perdiste a tu mamá, pequeño?- preguntó Saga, mientras el niño se volvía a abrazar de él, aún en contra de su voluntad. Saga sintió las pequeñas manitas aferrándose a su camisa y, como reflejo, lo rodeó con sus brazos para tranquilizarlo- tranquilo, enano, no te asustes-

Antes de que el pequeño pudiera responder, vio a dos personas acercándose a ellos. Corriendo detrás del niño, venían dos de los guardias del centro comercial. Se detuvieron al verlo abrazando al caballero de Géminis. Los guardias se cruzaron de brazos al verlos.

-Ah, ahí estás, y veo que ya encontraste a tu padre, pequeño- dijo uno de los guardias del centro comercial, acercándose a ellos y revolviéndole los cabellos al niño, mientras éste sepultaba su cara en el pecho de Saga- no deberías separarte de él así-

-Usted debería tener más cuidado con su hijo, señor, y no dejar que salga corriendo así. Puede perderse muy fácilmente en el centro comercial- dijo el otro guardia en tono de regaño, mientras ambos les daban la espalda y se alejaban.

Saga estaba demasiado sorprendido ante la situación como para reaccionar. Cuando por fin cayó en cuenta de lo que había pasado hacea un momento, que los guardias del centro comercial lo habían confundido con el padre del pequeño, éstos ya estaban lejos.

-Esperen, este niño no es mi hijo, yo…- comenzó Saga, pero los guardias no lo escucharon, ya habían desaparecido entre la multitud.

"Rayos", pensó Saga entre dientes. Se levantó y volvió a mirar al pequeño, que estaba asustado y se aferraba nuevamente a su pierna izquierda, no queriendo desprenderse de él. El caballero alzó al pequeño en sus brazos, y avanzó en la fila. Pago los medicamentos y salió de la farmacia.

"¿Qué voy a hacer con este pequeño? No puedo quedarme aquí a esperar a que lo encuentren, tengo que regresar a llevar la medicina a Kanon lo más pronto posible", pensó.

El caballero buscó una banca vacía en el centro comercial, justo frente a la farmacia, y se sentó en ella, sentando al pequeño peliazul junto a él. El pequeño ya estaba un poco más tranquilo, y sonreía mirándolo. Esa sonrisa hizo que Saga sintiera algo, como calorcito, dentro de su pecho. Malditos niños tiernos.

-¿Cómo te llamas, enano?- preguntó Saga, rindiéndose y resignándose a quedarse ahí un buen rato.

-Me llamo Kostas- dijo el niño- coff…coff…-

Saga hizo una mueca. El niño estaba enfermo. Quizá sus padres estaban en la farmacia, comprando medicamento para él. Sonrió. En el lugar donde estaban sentados, los padres de Kostas lo podrían encontrar al salir de la farmacia.

-Kostas- dijo Saga, sonriendo para que el pequeño no se asustara- ¿cuántos años tienes?-

-Tengo… así- dijo Kostas, mostrándole con dificultad 3 deditos, poniéndolos casi en la cara de Saga.

-¿Tres años?- preguntó el santo, y Kostas asintió vigorosamente- entonces ya eres un niño grande, enano. ¿Sabes dónde están tus papás?¿están en la farmacia?-

-No tengo papá- dijo Kostas simplemente, encogiéndose de hombros- solo mamá y tía Sofía-

-¿Dónde está tu mamá?- preguntó Saga.

-Comprando medicina… pero luego me perdí- explicó Kostas- y… y luego, los policías me persiguieron-

-No eran policías, eran guardias del centro comercial. Los guardias intentaban ayudarte, Kostas- le explicó Saga con paciencia- ellos trataban de llevarte con tu mamá, pero te echaste a correr-

Kostas se le quedó mirando fijamente con esos enormes ojos grises. Saga se mordió el labio. Esas miradas de cachorrito a medio morir deberían de ser ilegales, ya que el caballero sintió nuevamente una extraña sensación en su pecho, además de un nudo en el estómago. Suspiró.

-Bueno, Kostas, vamos a hacer algo- dijo Saga, cruzándose de brazos- cuando uno se pierde, se queda en el mismo sitio, sin moverse, para ser encontrado. Nos quedaremos aquí sentados hasta que tu mamá venga por ti, ¿te parece bien, enano?-

Kostas asintió nuevamente con mucha energía.

-¿Saga?- el caballero escuchó una voz femenina. Era Lydia, y venía caminando con Mu, quien llevaba una bolsa de algunas compras que habían hecho. Ambos miraban alternadamente a Saga y al pequeño, un poco confundidos.

"Lo que me faltaba…", pensó Saga, gruñendo por dentro.

-¿Estás bien, Saga?- preguntó Mu- ¿qué haces aquí?-

-¿Y ese niño quién es?- preguntó Lydia

-Podría estar peor- dijo Saga- vine a comprar medicina para el resfriado de Kanon, que estaba muy mal cuando lo dejé, pero me encontré a este enano que estaba perdido, y no puedo regresar al Santuario con Kanon hasta que encontremos a sus padres-

-A mi mamá- lo corrigió Kostas, cruzándose de brazos.

-Eso- dijo Saga, sonriéndole levemente. Kostas volvió a sonreír y a asentir vigorosamente.

-Si tu hermano está tan mal, quizá deberías regresar con él al Santuario- dijo Lydia, pensativa- nosotros nos podemos quedar aquí con el pequeño mientras encontramos a su mamá, ¿verdad?-

Mu asintió, y Saga meditó sus palabras. Algo extraño dentro de él se resistió un poco a dejar atrás al pequeño. Pero aunque no quisiera admitirlo, sí estaba muy preocupado por su hermano gemelo, que había estado muy febril desde que lo dejó, y ya se había tardado mucho. Por fin, Saga asintió y se volvió al pequeño.

-Kostas, escúchame bien- dijo Saga en un tono paciente- debo irme ahora, pero Mu y Lydia te acompañarán a esperar a tu mamá. Ellos son mis amigos, y puedes confiar en ellos, ¿de acuerdo?-

El niño asintió con una sonrisa y, sin previo aviso, abrazó a Saga por la cintura.

-Gracias- dijo Kostas.

-No hay de qué, enano- dijo Saga, revolviéndole los cabellos, y se volvió a Mu- se los encargo…-

Y salió corriendo de regreso al Santuario, para ver como seguía su hermano. Miró hacia atrás solo una vez, para ver a Mu inclinándose hacia el pequeño y Lydia sacando un chocolate de su bolsa y ofreciéndoselo. Se sorprendió sonrió y, tras sacudir la cabeza, siguió corriendo.

Mu, por su parte, dejó a Lydia con Kostas para entrar a la farmacia, en busca de alguna mujer que hubiera extraviado a su hijo. No fue difícil encontrarla. Vio a una mujer de cabellos negros buscando desesperadamente algo. Mu se acercó a ella.

-Disculpe, señorita- dijo el caballero, llamando la atención de la mujer- ¿usted es la mamá de Kostas?-

-¡Sí!- exclamó la mujer, volviéndose a Mu con una expresión esperanzada. El caballero de Aries vio que tenía los ojos grises, iguales a los de Kostas- ¿sabe donde está? ¡Dígame, por favor!-

-Tranquila, está a salvo, mi novia lo está cuidando- explicó Mu en un tono tranquilizante- ambos están afuera de la farmacia, en una banca del centro comercial. Si gusta seguirme…-

La mujer siguió a Mu sin dudarlo, y rápidamente llegaron a donde Lydia estaba cuidando a Kostas. El niño estaba mordisqueando un chocolate alegremente, y se veía bastante tranquilo.

-¡Kostas!- exclamó la mujer, y el niño levantó la vista y sonrió a su mamá. La mujer corrió hacia él y lo abrazó- Kostas, no vuelvas a irte corriendo así, me asustaste-

-Lo siento, mamá- dijo el niño, apenado.

-Muchas gracias por encontrarlo, a los dos- dijo la chica, volviéndose a Mu y a Lydia.

-Nosotros no lo encontramos- le explicó Mu, sonriendo apenado- uno de mis compañeros lo encontró y lo trajo aquí-

-Sí, mamá- dijo Kostas, orgulloso- dijo que no me moviera para que me encontraras-

-Se los agradezco a ustedes dos- dijo ella, sonriendo a la pareja y dándoles la mano para saludarlos- y agradézcale a su compañero de mi parte. Me llamo Casandra Tadros, soy profesora de lenguas en la Universidad de Atenas-

-Yo soy Mu, caballero de Aries- dijo Mu, sonriente- y ella es mi novia, Lydia-

Entonces algo extraño sucedió. La chica llamada Casandra, quien hasta ese momento había estado sonriendo, palideció de pronto y borró su sonrisa.

-¿Dije algo malo?- preguntó Mu, sorprendido.

-¿Caballero de Athena?- dijo Casandra, y Mu asintió, confundido ante la reacción de la mujer- no, para nada. Gracias por todo de nuevo- la mujer se volvió hacia su hijo- vámonos, Kostas, despídete de ellos y dales las gracias-

-Gracias, Mu- dijo Kostas, mientras su madre lo tomaba de la mano para irse de ahí- gracias Lydia-

Mu y Lydia asintieron sonrientes, y Casandra se llevó a Kostas. Una vez que desaparecieron. Lydia se volvió a Mu.

-¿Qué fue eso? Se puso un poco rara cuando dijiste que eras un caballero de Athena- dijo Lydia, y Mu se encogió de hombros. La chica sacudió la cabeza- creo que ya estoy un poco cansada. Volvamos al Santuario, Mu. Ya llevo el encargo de Saori, y compré chocolates para mis hermanos-

Mu sonrió y asintió. Le ofreció el brazo, y ambos regresaron juntos al Santuario.

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Biblioteca, Villa de Athena

Milo no pudo evitar bostezar abiertamente, sin ningún reparo. Estaban en la reunión de Saori con su amiga, y se arrepentía completamente de haberle dicho a Camus unas horas antes de que eso sería "divertido". ¡Que horror! Si no hablaban de negocios, que de eso Milo sabía casi tanto como un mecánico sabe de física cuántica, hablaban de chismes de personas a las que Milo no conocía, y eso también era mortalmente aburrido. Dejó escapar suspiro de aburrimiento, y Camus lo reprendió con la mirada.

Por su parte, Saori seguía charlando animadamente con su amiga.

-¿Supiste que Elizabeth Stuart tuvo un accidente hace un año?- dijo Greta, al parecer sin darle mucha importancia.

-Sí, lo supe- dijo Saori en un tono triste- me dio mucha pena, por ella y por Cathy, aunque al parecer ya están un poco mejor-

-Cathy sí, pero a Elizabeth le fue muy mal- dijo Greta con franca indiferencia. Saori no dijo nada. Greta se dejó caer en el respaldo de su sillón- por cierto, vi a esa niña malcriada de Lydia cuando iba subiendo para acá. Confieso que no podía creer lo que dijiste- añadió.

-Ya te dije el día antes de ayer que hice las paces con Lydia- dijo Saori con paciencia- ella también es mi amiga y la aprecio mucho-

Greta se echó a reír, como si no creyera ni una palabra de lo que Saori estaba diciendo. Los dos santos de Athena que estaban presentes no dijeron nada, pero Milo frunció el entrecejo, fastidiado. No le había gustado mucho como se había expresado de Lydia. Después de todo, era la hermana de su mejor amigo.

-¿Y cómo fue que esa mosca muerta se consiguió un novio tan guapo?- continuó Greta, ignorando lo que Saori había dicho, haciendo que la la joven diosa diera un respingo, y que Milo empuñara una de sus manos con enojo- pero bueno, debo admitir que todos tus caballeros son bien parecidos- añadió, lanzándole una mirada lasciva a Milo y a Camus.

Incluso el caballero de Escorpión se sintió muy incómodo y nada halagado con esa mirada. Saori siguió sin responder nada, mirando el suelo como si fuera la cosa más interesante del mundo, y comenzando a pensar que esa reunión no había sido una buena idea, y que Lydia había tenido razón sobre Greta todo ese tiempo.

-Aunque realmente hubiera preferido que nos cuidara el chico guapo del otro día. Ese Aioros- dijo Greta, y se volvió a Saori- ¿dónde está ese chico?¿puedes llamarlo? No me molestaría volverlo a admirar-

Saori sacudió la cabeza.

-Hoy es el día libre de Aioros, y en la mañana pidió permiso de salir a la ciudad- dijo Saori, encogiéndose de hombros, y una parte de ella estaba aliviada de que Aioros no estuviera ahí- supongo que no regresará hasta en la noche-

Greta parecía estar muy decepcionada de lo que acababa de decir Saori por un momento, pero después volvió a sonreír como si nada hubiera pasado.

-Por cierto, Saori- dijo Greta, apoyando sus codos en el descansabrazos del sillón, mirando fijamente a la diosa- ¿qué has pensado de mi proposición del otro día?-

-¿Cuál proposición?- preguntó Saori, pensando que se refería al negocio.

-La propuesta que te hice sobre ese chico Aioros, ya sabes- dijo la rubia, guiñando un ojo como si fuera lo mas natural del mundo- vamos, préstamelo. Te aseguro que solo serán un par de noches y lo trataré muy bien, lo prometo-

A Milo y Camus, quienes no habían estado presentes hacía dos días, les quedó muy claro a que se refería la chica rubia. Milo incluso empuñó sus manos otra vez, furioso. ¿Qué creía que eran los santos de Athena? La temperatura en la biblioteca bajó un par de grados, por lo que Milo supo que también Camus estaba molesto por el comentario.

-Ya te dije que no puedo hacer eso, Greta, y es definitivo- dijo Saori con firmeza- ni Aioros ni ninguno de mis caballeros son objetos para "prestártelos" o tratarlos así. No sé como te atreves siquiera a sugerirlo-

Greta se enfureció ante la negativa de Saori y se puso de pie de golpe. Los dos santos se pusieron en guardia, tensando sus músculos. Aunque fuera una mujer, si atacaba a Athena, ellos tenían que actuar; y después de escuchar como se refería a Lydia y a Aioros, no les molestaría en lo más mínimo. Pero Greta no atacó a Saori ni nada por el estilo. Solo tomó su bolso y le dio la espalda, preparándose para irse de ahí.

-Que lástima, Saori- dijo Greta, dándole la espalda y levantando la nariz- creí que eras mi amiga, pero veo que estaba equivocada. Creo que ya no quiero hacer negocios contigo. ¡Te has juntado tanto con Lydia, que ya eres igual de patética que ella! Adiós, Saori- y se dirigió a la salida de la biblioteca.

Milo tensó los músculos, y estuvo a punto de seguirla, cuando Camus lo detuvo, tomándolo por el brazo.

-Yo la acompañaré- dijo Camus a Milo en voz baja, y le lanzó una mirada significativa- quédate con la princesa Athena-

Camus se apresuró a seguir a Greta Neuer, quien se dirigía hacia el templo del Patriarca, y Milo se volvió hacia Saori. La joven diosa, al ver que su amiga se había ido, se puso a llorar amargamente, escondiendo su cara entre sus malos. A Milo le partió el corazón verla así. El caballero de Escorpión se sentó en la silla donde estaba sentada Greta, y puso sus manos en los hombros de Saori.

-No llore, princesa Athena, no vale la pena- le dijo Milo en un tono cariñoso, que ni siquiera él mismo sabía que lo tenía- esa chica que se acaba de ir no era su amiga. De hecho, es algo bueno el hecho de que se la quitó de encima-

Saori descubrió su cara, y miró llorosa al caballero de Escorpión. Éste le sonrió.

-Usted tiene nuestra lealtad y todo nuestro cariño- continuó Milo, limpiándole una lágrima a su diosa y reprimiendo las ganas de correr tras esa chica y usarla de tiro al blanco- no necesita el de esa chica. Usted hizo bien en ponerla en su lugar…-

Saori asintió, y abrazó a Milo. Éste se asustó por el gesto de la diosa, pero sonrió y la abrazó también, dejándola llorar para que se consolara. Y juró por lo bajo que si no hubiera sido una mujer quien había provocado esas lágrimas en su diosa, Milo ya lo hubiera dejado como queso gruyere.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les haya gustado este capítulo. Por mi parte, estoy al 100% de acuerdo con Saga: si alguien lleva una hora en la fila y al llegar a la caja aún no sabe que va a comprar, debería estar permitido golpearlo… ejem… lo siento, cualquier parecido con mis (frecuentes) compras medicamentosas es mera coincidencia. Gracias por sus reviews, y por seguir leyendo. Espero que sea de su agrado. Nos leemos pronto.

Abby L.