AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
IX. ENCUENTRO INESPERADO
Edificio de Departamentos, Atenas
Tras colgar el teléfono con Aioros, Sofía había buscado a Casandra, quien se acababa de levantar y estaba preparando el desayuno, aprovechando que Kostas aún estaba dormido. Ese día había sido libre, y se había levantado temprano con la esperanza de ver a Aioros. Sabía que hubo un problema en el Santuario el día anterior. Cuando Aioros le explicó la situación y su plan, Sofía sonrió ampliamente: matarían a dos pájaros de un tiro.
-Buongiorno- dijo Sofía, sonriendo con su mejor gesto de inocencia y sentándose a la mesa- esto huele muy bien, ¿qué hiciste de desayunar?-
-Buenos días, Sofia- dijo Casandra, sonriendo mientras cocinaba y servía un poco de comida en el plato frente a la pelirroja- no pude preparar wafles hoy, pero hay huevo con salchicha, y ya se que no puedes tomar jugo de naranja, pero te preparé uno sin azúcar-
-Grazie, Cass- dijo Sofía, comiendo obedientemente lo que su amiga sirvió: tenía que hacer méritos y hacer feliz a su amiga, pues estaba a punto de pedirle un enorme favor- por cierto… ¿tienes planes para el día de hoy?-
-No, ninguno- dijo Casandra distraídamente, mientras le pasaba un pan tostado y servía un vaso de jugo- ¿porqué preguntas? Hoy es tu día libre, ¿cierto?¿Quieres que te acompañe a la librería de nuevo? Sé que ya acabaste el libro que compraste-
"Bingo", pensó Sofía, sonriendo en su fuero interno. Si Casandra se había ofrecido, quizá tenía una posibilidad.
-Sí quiero que me acompañes, Cass, pero no a la librería- dijo Sofía, tras pasar un bocado de comida y sonriendo a su amiga lo mejor que pudo- necesito pedirte un enorme favor-
-¿Entonces?¿a dónde quieres ir?- preguntó la pelinegra. Sofía dudó unos segundos antes de responder.
x-x-x
Templo de Géminis
-¿Que quieres que yo haga QUE?- exclamó Saga, nada contento por la propuesta de Aioros.
Saga no estaba nada feliz con la propuesta de su amigo. Y sabía que Aioros lo necesitaba, pero no estaba dispuesto a hacerle ESE favor en particular. No le gustaban para nada las citas a ciegas. De hecho, ni siquiera había salido con una mujer en… bueno, en 4 años, desde Casandra. Kanon, quien estaba presente cuando Aioros hizo la propuesta, se talló la nariz con el dorso de su mano, y sonrió ampliamente, para estrés de su hermano gemelo.
-Vamos, Saga, creo que la propuesta de Aioros es muy buena- dijo Kanon, quien había escuchado la conversación entre los dos amigos, con una enorme sonrisa, y con una voz mucho menos congestionada que la de los días anteriores- te haría bien salir del templo de Géminis y del Santuario para divertirte un poco, para variar, siempre estás aquí aburrido-
-¿No te mordiste la lengua, Kanon? Yo no te he visto a ti saliendo del Santuario con ninguna chica- siseó Saga, haciendo que su hermano gemelo borrara su sonrisa, y después se volvió a Aioros- y tú, Aioros, no sé como se te ocurrió esto, quizá fumaste algo muy raro o te diste un buen golpe en la cabeza, pero si crees que yo voy a…-
-Por favor, Saga- lo interrumpió Aioros en un tono paciente. No era del tipo que le gustara rogar, pero esta vez realmente necesitaba ese favor de parte de su amigo- realmente quiero ver a esta chica, pero sabes que por las órdenes del maestro Shion, no puedo salir del Santuario si no voy acompañado-
Saga gruñó por lo bajo, pero su hermano y su amigo lo escucharon más que claramente. La idea de Aioros no le gustaba ni un poco, porque incluía que él, Saga, saliera del Santuario, lo cual no era de su agrado, y que saliera con una chica, lo que le daba náuseas de solo imaginarlo, pero sabía que su amigo tenía razón: Aioros no podía salir solo del Santuario para verse con su chica en el presente estado. Kanon los miraba alternadamente, expectante ante la situación.
-Por favor- insistió Aioros, con su mejor sonrisa, y cruzando los dedos detrás de su espalda- esta chica, Sofía… me late bastante- suspiró- realmente necesito tu ayuda, Saga. Si pudiera ir solo y sin molestarte, sabes que no te lo pediría-
Saga suspiró, derrotado. Ya sabía la respuesta que tenía que dar.
-Bah, está bien- dijo Saga, poniendo los ojos en blanco, rindiéndose por fin- me debes una-
Tanto Aioros como Kanon sonrieron ampliamente. El santo de Sagitario estaba realmente feliz. No solo vería Sofía, sino sacaría del Santuario al huraño de su amigo Saga al menos por un rato, y le presentaría una chica. ¿Qué podría salir mal?
x-x-x
Edificio de Departamentos, Atenas
Por su parte, Sofía no estaba teniendo mucha suerte con Casandra.
-¿Estás mal del pienso, Sofía? No, ¡estás operada del cerebro!- dijo Casandra, alzando un poco la voz, sorprendida de que Sofía haya tenido la osadía de pedir eso, y después la miró sospechosamente, recordando su condición- ¿no estás baja de azúcar, verdad?-
Sofía frunció el entrecejo, ofendida por el comentario de su amiga.
-No, en este momento traigo 110, ¡y no metas mi diabetes en esto!- dijo la pelirroja, frunciendo el entrecejo y enseñándole su bomba, para después poner ojos de cachorro regañado- por favor, por favor Cass, es solo una pequeña cita y ya-
-No, definitivamente no- dijo Casandra, sin volver a mirarla, cruzándose de brazos y lanzando una mirada furtiva a la habitación de Kostas, donde el niño aún estaba durmiendo- y no me pongas esos ojos, que me ponen nerviosa. Sabes que hoy no tengo donde dejar a Kostas, y además, ya sabes que no me gusta esto de las citas a ciegas-
-Por favor, Cass, yo solo…-comenzó Sofía, intentando convencerla.
-No es no, Sofía- la interrumpió Casandra en un tono que parecía definitivo, aún negándose a mirarla- no quiero tener citas. No quiero ilusionarme. No entiendes…- añadió, bajando la mirada, y a Sofía le pareció que se le quebraba su voz.
-Tienes razón- dijo Sofía- no entiendo. Te conocí cuando estabas huyendo de alguien. ¿Del padre de Kostas? Porque nunca me has contado que pasó antes de que nos conociéramos… a parte de lo obvio. ¿Qué sucede?-
Casandra se cruzó de brazos, y sacudió la cabeza varias veces. No, no estaba preparada para contarle la verdad a Sofía. Nunca se lo había dicho a nadie. Ni siquiera lo había repetido en voz alta, para nadie, ni siquiera para ella misma. Además, no sabía si era seguro repetirlo.
-Ya sabes mi situación, Sofía- dijo Casandra, cabizbaja y en un tono derrotada- yo tengo a Kostas conmigo. ¿Quien me va a querer, con un niño y todo? No sabes que me pasó antes. Ya tuve suficiente de… de decepciones-
Sofía hizo una mueca, pero después sonrió.
-Quien no te quiera así como eres, es porque no te merece- dijo Sofía, citando las palabras que hacía un par de días la misma Casandra le había dicho- eso me dijiste sobre mi diabetes, ¿o no?-
Casandra se volvió a mirar a Sofía, y mordió el labio. Era cierto que ella misma había dicho eso. Observó bien a su amiga. Estaba muy feliz y emocionada con ese chico, Aioros.
-Por favor, Cass- dijo Sofía, volviendo a poner cara de cachorro regañado- es que este chico, Aioros, me late muchísimo. Solo por una vez. ¿Por favor?-
Casandra suspiró, derrotada. No tenía opción. Sabía lo que tenía que hacer.
-Está bien, iré contigo a esta… esta tonta… ridícula… "cita" con ese chico tuyo- dijo Casandra con mucha dificultad, y con un gesto de fastidio, mientras Sofía sonreía- pero tendremos que llevar a Kostas, porque la guardería de tu hospital no abrirá el día de hoy. Y que conste que solo lo hago por ti, para que puedas salir con ese chico, no porque quiera conseguir una pareja-
Sofía sonrió como si fuera una niña de cinco años abriendo regalos de Navidad.
-Grazie, Cass, eres la mejor- dijo Sofía, abrazando a su amiga, y después corriendo a su habitación a visar a Aioros, y después al cuarto de baño para darse una ducha y prepararse. Casandra miró a su amiga desaparecer detrás de la puerta del baño, y sonrió.
-A ésta chica le pegó duro…- dijo la pelinegra, encogiéndose de hombros y suspiró, para dirigirse al cuarto de Kostas, levantarlo y vestirlo. Ese iba a ser un largo día.
x-x-x
Templo de Tauro, Santuario de Atena
Aldebarán estaba a cargo de Kiki desde y mientras que estuviera el estado de emergencia el en Santuario. El santo de Tauro sabía que Mu era muy hábil y podría detener a cualquier invasor en el templo de Aries, pero sabía también que tenía mucho cariño al diablillo de su alumno, y no quería que ningún daño cayera sobre él. Y sobre todo después de ver lo que les pasó a los santos de plata, se volvió más protector con Kiki. Y con Lydia.
-Vamos, Kiki- dijo Aldebarán, dándole una "palmadita" en la espalda al pequeño aprendiz pelirrojo, haciendo que casi se caiga de su silla- el hecho de que Mu no pueda entrenarte no quiere decir que vas a atrasarte en tu entrenamiento…-
Kiki bufó, aburrido. Cuando Mu le dijo que se iría un tiempo al templo de Tauro, se emocionó: creyó que serían vacaciones. Pero el pequeño pelirrojo no podía estar más equivocado. A falta de aprendiz propio, Aldebarán estaba dispuesto a hacer trabajar a Kiki como si fuera su propio estudiante.
-Señor Alde- dijo Kiki, esperando poder distraer a Aldebarán como solía distraer a Mu, poniendo su mejor cara de inocencia- ¿usted cree que mi maestro está muy enamorado de la señorita Lydia?-
Alde alzó las cejas.
-Por supuesto, Kiki- dijo el santo de Tauro, cruzándose de brazos y caminando en círculos alrededor de él- ahora no te distraigas.
Kiki se mordió el labio. No sería tan fácil como pensó.
-Pero, ¿porqué el maestro Mu…?- continuó Kiki, intentando distraer al santo de Tauro.
-No te distraigas, Kiki- dijo Aldebarán, sin caer en su juego.
Kiki hiizo una mueca. Distraer al santo de Tauro no iba a ser tan sencillo como creyó en un principio. Bufó y continuó haciendo su tarea. Le esperaba un largo día.
x-x-x
Terrenos del Santuario cerca de la entrada Principal
-¿Estás seguro que no tendremos problemas si pones estos jardines aquí?- preguntó Death Mask. Afrodita asintió.
-El maestro Shion está preocupado por lo que está pasando- dijo Afrodita con paciencia, sin sonreír. Estaba furioso por lo que les había pasado en el último ataque al Santuario- no es lo usual que ataquen y venzan a tres caballeros de plata de un solo golpe, y que no podamos encontrar el culpable…-
-Fueron atacados a traición, Afro- se quejó Death Mask, haciendo un gesto de fastidio y mirando hacia otro lado- eso no cuenta-
-Lo sé, pero el resultado es igual, Death Mask- dijo Afrodita- no pudieron detectar el cosmo de su atacante hasta que fue demasiado tarde. Y después el cosmo enemigo desapareció, tan misteriosamente como antes de atacar-
-¿Y por eso nos rodeas con tus rosas?- preguntó el santo de Cancer.
-Solo cubro los sitios por donde se podrían colar al Santuario- explicó el santo de Piscis- si tratan de entrar por cualquier otra parte, serán detenidos por las rosas. Si las destruyen o las queman, lo sabré y podré dar la alarma-
Death Mask asintió. Su plan no sonaba nada descabellado. Observó a Afrodita seguir colocando sus rosas en todas las fronteras del Santuario, y se tronó los nudillos. No podía esperar para empezar a dar patadas de nuevo.
x-x-x
Villa de Athena
Lydia estaba tirada en su sillón favorito de la biblioteca de la villa de Athena. Tomó una de las cinco manzanas que estaban en la mesita frente a ella y la mordió. Comenzaba a creer que ella utilizaba la biblioteca mucho más que Saori. Y mucho más ahora que tenía que pasar mucho tiempo en ese sitio, protegida junto con Athena por los santos. Miró hacia la entrada. Milo se encontraba de pie en la puerta de la biblioteca. Al parecer el maestro Shion le había encargado cuidar a Athena.
Lydia terminó la manzana y se dio dos golpecitos en la cabeza con el libro, frustrada. Sentía que se le retorcían las tripas de solo pensar que sus hermanos podían estar peleando. Y Mu también. Sobre todo, que podían terminar con esas horríficas heridas como las de los santos de plata. Se abrazó al pensarlo. No, no podía pasar eso. Mu era fuerte, como ya lo había demostrado antes. Seguro estaría bien.
La chica sonrió involuntariamente al pensar en el santo de Aries. Realmente había sido muy afortunada en conocerlo. ¡Lo amaba tanto!
-¿Lydia?- dijo Saori, entrando a la biblioteca, seguida de Milo y de Camus.
-Aquí estoy, Saori- dijo Lydia, levantando la mano para indicarle donde se encontraba.
-Shion no está, y estoy muy preocupada por los santos de plata- dijo Saori- ¿hay algo que podamos hacer?-
Lydia señaló la biblioteca.
-Tienes libros muy interesantes en esta biblioteca- dijo la chica- ¿porqué no la usas? Podemos encontrar un buen libro-
Saori puso los ojos en blanco, y Lydia se echó a reír.
-Está bien, si no quieres no- dijo Lydia entre risas- era solo una idea-
Saori sonrió también. Desde el incidente con Greta, Saori había adquirido un nuevo sentido de gratitud hacia Lydia. Era una buena amiga. Se preguntaba porqué no había querido ser su amiga cuando eran pequeñas. Ambas estaban en las mismas condiciones: las dos habían sido adoptadas por una familia millonaria. Bueno, Saori no sabía que era adoptada. Y hablando de eso…
-Por cierto- dijo Saori- ¿los ingleses siguen intentando regresarte a Inglaterra?-
Lydia hizo una mueca de fastidio.
-Sí, por supuesto- dijo Lydia, cruzándose de brazos, un tanto molesta- no lo lograrán…-
Saori sonrió. Ella tampoco lo permitiría, si es que podía. Como Lydia era menor de edad, los parientes de lord Castlehaven en Inglaterra querían llevarla de regreso, pero ninguno de los santos lo iba a permitir. Shion ya había comenzado a arreglar ese asunto con Aioros.
Los santos estaban de pie, uno de cada lado, y mirándose un poco más tensos que la última vez que habían estado ahí. Lydia sabia que estaban preocupado por lo que había pasado con los ataques.
Lydia tomó una manzana y se la lanzó a Milo, quien la atrapó levantando la mano, casi perezosamente.
-Anímate, Milo- dijo Lydia, sonriendo. Milo sonrió también, y le dio un mordisco a la manzana, provocando una mirada de reprobación de Camus- necesito tu ayuda en un asunto. La de ustedes dos- añadió, mirando a Saori también.
-¿Qué estás pensando?- quiso saber Saori. Milo la miró con curiosidad.
-Hay un asunto pendiente- dijo Lydia- entre Aioria… y Marín-
Los tres presentes sonrieron.
x-x-x
Terrenos del Santuario
Seiya iba acompañado de Hyoga y Shiryu. Los tres estaban patrullando los terrenos del Santuario, entre el bosque y una de las entradas, en busca de algo sospechoso, por órdenes de Marín y Shaina. El santo de Pegaso había visto a Shun desaparecer tan pronto como encontró a June.
-Bah, esos dos han tenido una relación muy rara desde que la conocimos- comentó Seiya.
-Seiya, no te distraigas- lo reprendió Hyoga, poniendo los ojos en blanco- recuerda lo que le pasó a los caballeros de plata-
-Ya sé, ya sé, no molestes- dijo Seiya, moviendo una mano para restarle importancia.
-Hyoga tiene razón- dijo Shiryu- recuerda que el enemigo es alguien que puede ocultar su cosmo muy bien. Nos pueden atacar a traición: por eso tenemos que estar bien atentos-
Y de pronto, Seiya sintió un gran golpe en su cabeza con el puño cerrado. Los otros dos se volvieron: Marín le acababa de dar un buen coscorrón.
-¡Les dije que no se distrajeran!- dijo Marín en un tono exasperado- Seiya, me decepcionas-
-¡Marín!- dijeron Shiryu y Hyoga.
-¡Marín, no tienes porqué hacer esto!- se quejó Seiya, frotándose la cabeza en el sitio donde Marín lo había golpeado- tienes la mano bastante pesada. ¡Me dolió!-
-Bah, tu tienes la cabeza más dura que el muro de los lamentos- dijo Marín en tono sarcástico, y los otros dos santos de bronce se echaron a reír. Después, la amazona de plata cambió su tono a uno mucho más serio- es en serio, no se distraigan. Athena está muy preocupada por los tres santos de plata, no querrán preocuparla más, ¿verdad?-
-¿Saori está preocupada por ellos?- preguntó Seiya- ¿porqué…?-
Pero fue interrumpido por otro coscorrón, cortesía de su maestra.
-¡Marín!- lloriqueó Seiya, frotándose la cabeza en el sitio donde su maestra lo golpeó.
-Te he dicho mil veces que no seas irrespetuoso con la princesa Athena- dijo Marín en tono severo- y ella está preocupada con razón: ha sido muy difícil curarlos, incluso con los poderes de Aioros, Mu y Aioria no lo han logrado. Son heridas bastante misteriosas. Dante aún no recupera la conciencia, y tanto Argol como Dio no paran de decir que es un dolor insoportable-
-Conociendo a Dio, y por sus orígenes, lo ha de estar gritando en un lenguaje bastante amplio y florido- dijo Seiya de pronto, lo que le ganó un nuevo coscorrón, cortesía de su maestra- ¡Marín!-
-No se distraigan- dijo Marín, dándoles la espalda, para dirigirse hacia los Doce Templos, mientras Seiya se frotaba la cabeza otra vez y los otros la miraban, sorprendidos.
-¿Así te entrenó Marín, a base de coscorrones?- preguntó Shiryu.
-No me sorprendería, pero no importa si así fue- dijo Hyoga, echándose a reír- como dijo Marín, Seiya tiene la cabeza bastante dura-
x-x-x
Enfermería del Santuario
Aioria, con ayuda de June y Shun, terminó de vendar las heridas de los tres santos de plata, aplicándoles primero una pomada que les podría ayudar a curar las extrañas quemaduras. Miró preocupado a Dante, que aún no recuperaba la conciencia del todo, y suspiró.
-Aioria, ¿no hay nada más que podamos hacer por ellos?- preguntó Shun, mirando que Argol y Dio se retorcían de dolor- no me gusta el aspecto que tienen-
-Solo pedirle a Shaka que les cortes los sentidos, para que no les duela- dijo Aioria seriamente, encogiéndose de hombros. June y Shun se sorprendieron.
-No puede ser que no haya nada más que…- comenzó June, pero Aioria se acercó a los dos heridos. Uno por uno, les tocó un punto específico en el cuello, y ambos se desmayaron, relajando sus cuerpos.
-¿Que hiciste, Aioria?- dijo Shun, alarmado.
-Los hice perder la conciencia, Shun, para ayudarles a no sentir dolor- dijo Aioria, agachando la cabeza- es lo único que puedo hacer por ellos, dada la situación-
El santo de Leo les dio la espalda, y salió de la enfermería, regresando a los Doce Templos. No se imaginaba que clase de enemigo había provocado esas heridas tan horribles. Ni Hades ni Poseidón tenían fuerzas con esos poderes, ni era su estilo atacar por la espalda. Suspiró, pensando que al menos las personas que le importaban estaban a salvo. No dejaría que Athena saliera del Santuario. O Lydia. O Marín.
Aioria hizo una mueca. Aún le costaba admitirlo a sí mismo.
x-x-x
Mansión Solo, Grecia
Julián Solo regresaba del templo bajo el Mar a su mansión. Estaba muy fatigado. Reorganizar a las marinas no era sencillo después de que Hades las había resucitado, al igual que a los santos de Athena. Ahora su trabajo se dividía entre organizar el templo del Mar y atender los negocios de su familia. Era como tener dos vidas.
Julián suspiró. Ojalá que Saori se la estuviera pasando mejor que él. Sus negocios eran mucho más extensos que los de ella. Ya tenía todo un imperio marítimo de comercio. Hace poco había perdido a uno de sus más grandes socios, Castlehaven, en un asunto con Saori Kido. No, con Athena. Ya sabía los detalles, ese Patriarca, Shion, se lo había contado todo. Él y otros de sus idióticos socios se habían metido con tres de los santos de Athena más poderosos.
-¿Señor Julián?- dijo Sorrento, interrumpiendo los pensamientos.
-¿Sorrento?- dijo Julián- ¿qué sucede?-
-Disculpe que lo interrumpa. Acaba de llegar una carta para usted, de parte de fräulein Greta Neuer- dijo Sorrento, entregándole una carta.
Julián asintió y tomó la carta. La abrió y comenzó a leer.
Querido Julián:
Hace unos días intenté hacer un negocio con Saori Kido, pero ella probó no ser una buena socia después de todo. He reconsiderado lo que te dije hace unos meses, de no querer hacer negocios contigo. Si lo aceptas, por favor llámame al celular, porque estoy fuera de Alemania. Espero que podamos vernos pronto.
Greta Neuer.
Julián releyó la carta. Suspiró, y la arrugó, para arrojarla a la basura. Él recordaba muy bien lo cruel que era esa chica, incluso desde pequeña, y los turbios que eran los negocios de sus padres. Recordó una vez, hace unos meses, que Greta despreció uno de sus negocios que le eran muy necesarios.
-¿Señor Julián?- dijo Sorrento.
-No haremos negocios con esa bruja, Sorrento, aunque no tengamos ninguna otra opción- dijo Julian.
x-x-x
Restaurante Lithos, Atenas, Grecia
Saga no podía creer que estaba ahí, en un restaurante en el centro de Atenas, vestido de civil, a punto de tener una cita a ciegas con la amiga de la chica de Aioros. Ni en sus peores pesadillas había pasado algo parecido. Puso los ojos en blanco. No podía ser peor que eso. Miró de reojo a su amigo. En contraste a Saga, el santo de Sagitario estaba más que radiante de felicidad y lleno de expectación.
Los dos caballeros solicitaron una mesa para cuatro personas, y llegaron un poco antes de que llegaran las chicas. Saga estaba un poco fastidiado al ver el restaurante lleno de gente, y rogando por que no se encontraran a ningún otro santo, o se vería forzado a mandarlos a otra dimensión para evitar que le cuenten a Kanon o a otro de los santos lo que había pasado.
-Me debes una, Aioros, realmente me debes una- susurró un enojado santo de Géminis, cruzándose de brazos.
-Por supuesto que te debo una- dijo Aioros, asintiendo y dándole una palmada en el hombro, sin dejar de sonreír ni un poco- y podrás cobrarla cuando quieras-
-Buona sera, chicos- dijo Sofía, sorprendiendo a los dos santos, pues había llegado a sus espaldas. La joven pelirroja llevaba esta vez un vestido blanco con rayas negras, y tenía puesto un par de zapatos negros con un pequeño tacón, aunque aún era un poco mas pequeña que ellos. Aioros se levantó al verla, y la besó en la mejilla, cosa que no pasó desapercibida por Saga.
-Buenas tardes, Sofía. Estoy feliz de verte- dijo Aioros, y señaló al otro santo presente- él es mi amigo, Saga de Géminis-
-Piacere, Saga- dijo Sofía, sonriendo un poco sonrojada- Aioros me ha contado mucho sobre ti. Cosas buenas, por supuesto- añadió al ver al santo levantando las cejas.
-Mucho gusto en conocerte, Sofía- dijo Saga, suavizado su mirada e inclinándose levemente. La chica sonreía demasiado para su gusto, pero en general era agradable, y parecía perfecta para el carácter de Aioros. Además, tenía la impresión de haberla visto en otro lado.
-Mi amiga vendrá en un momento- dijo Sofía, a modo de disculpa- está estacionando el auto, y bajando a su hijo. No pudimos dejar a Kostas en la guardería, pero es un buen niño, se portará bien-
Saga abrió los ojos desmesuradamente.
-¿Kostas?- preguntó Saga. Oh, ¿la madre de todas las coincidencias de nuevo? El pobre santo de Géminis no sabía ni tenía idea de la que le esperaba. Antes de que pudiera preguntar más, el pequeño niño peliazul, bien conocido por el santo de Géminis, llegó corriendo hacia ellos con una pequeña mochila en su espalda, y se acercó a abrazar a Sofía, para después volverse a Saga con una enorme sonrisa.
-Hola, Saga- dijo Kostas, abrazándolo sin ninguna pena.
-Hola, enano- dijo Saga, aún sorprendido por lo que estaba pasando, pero sonriendo levemente al pequeño y revolverle los cabellos- me da gusto volver a verte, Kostas-
-¿Cómo lo conoces, bambino?- le preguntó Sofía, sorprendida de que Kostas tuviera tanta confianza con un extraño.
-Lo conocí cuando se perdió en el centro comercial- explicó Saga, encogiéndose de hombros- y luego…- pero se interrumpió. ¡Ya sabía donde había visto a Sofía! Había chocado con ella el día anterior. Saga no dijo nada más. Seguramente la chica entraría en pánico si le contaba lo que había pasado en la guardería.
Sofía, por su parte, también prefirió no decir nada al respecto, y le sonrió a Aioros.
-¿Tía Sofi?- dijo Kostas- ¿este es tu novio?
Sofía y Aioros se sonrojaron de pronto, y Saga sonrió ampliamente. Ese niño le caía bien, por poner a Aioros en aprietos. No, la verdad fue que le cayó bien desde el primer momento en que lo vio, en el centro comercial. Quizá desde que vio sus enormes ojos grises mirándolo con una sonrisa. Eso le recordaba a alguien.
-Oh, mira, ahí viene mi amiga…- dijo Sofía, interrumpiendo los pensamientos del santo y señalando a una chica pelinegra que estaba entrando al restaurante.
Los dos santos dorados se volvieron para verla. Aioros sonrió amablemente, preparándose para conocer a la amiga de Sofía. Saga se volvió a verla, preguntándose quien y como sería la chica con la que Aioros le había arreglado esa cita a ciegas. La chica comenzó a caminar hacia ellos, y el corazón de Saga se detuvo al verla.
x-x-x
CONTINUARÁ
¡Hola a todos! Espero que hayan disfrutado este capítulo. Sí, sé que soy cruel al haber detenido la historia justo aquí, pero también lo hice para que se refugien en su búnker en contra bombas atómicas por lo que está a punto de pasar. Por su seguridad, ya saben. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
