AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
X. MOMENTOS INCÓMODOS
Restaurante Lithos, Atenas
Parecía que el tiempo se detuvo de pronto. Saga se quedó boquiabierto al ver a la amiga de Sofía. Sentía como si su corazón se hubiera detenido, y la sangre abandonó totalmente la piel de su rostro. Por inercia, el joven se levantó de su asiento, lentamente, sin quitar su vista de la puerta. La mujer no la había visto, y seguía caminando hacia ellos, guardando las llaves en su bolso.
-No… no es posible…- murmuró Saga con voz ahogada, tanto que nadie más lo escuchó, en el leve bullicio del restaurante y el sonido de las tazas contra la mesa y los tenedores contra los platos.
La hermosa mujer iba vestida con un pantalón de mezclilla ajustado y una blusa color blanco, llevaba zapatos de piso color rojo y un bolso un poco grande. Era alta, casi del tamaño de los dos santos. Sus largos cabellos negros estaban arreglados en una trenza que descansaba en su brazo izquierdo, y sus hermosos ojos grises, idénticos a los de Kostas, lo miraban muy abiertos una vez que se dio cuenta del único hombre que estaba de pie en medio del restaurante. La chica se detuvo junto a donde Aioros y Sofía estaban de pie, mirándolos alternadamente, como si esperara a que le dijeran que se trataba de un error, como si esperaba que Sofía le dijera que se había equivocado de mesa.
"No puede ser…", pensó Saga al verla casi frente a él. El santo movió los labios, sin poder pronunciar las palabras.
El pánico se apoderó de él. ¿Porqué tenía que encontrársela ahí? ¿Porqué tenía que ser la amiga de la chica de Aioros? Era la madre de Kostas, ¿no es así? Y entonces, ese niño, Kostas, él tenía tres años, ¿no es así? Saga había estado con ella hacía cuatro años… ¿eso significa que Kostas era… su hijo?
Saga sacudió la cabeza, meditando en lo ridículo que era ese pensamiento. No, no podía ser. Tenía que haber sido otro hombre, después de él. Casi inmediatamente después de él. Y de solo pensarlo, sentía como si las entrañas se le quemaban. ¡Era su chica! Su hermosa chica. ¿Tan rápido ella lo había superado? ¿Tan rápido lo había olvidado, o tan rápido se había consolado con otro hombre?
¿Porqué tenía que ser ella? ¿Porqué tenía que encontrársela, justo ahora? Y creía que encontrarse a Kostas ahí era la madre de las coincidencias. Del otro lado, Casandra lo miraba como si pensara que era una aparición.
Mientras tanto, Aioros y Sofía no parecían percatarse de la extraña expresión de sus amigos, pues se miraban entre sí, sonriendo. Al ver llegar a su amiga, y sin darse cuenta de la sorpresa en su rostro, Sofía tomó el brazo de Aioros.
-Mira, Cass, te presento a Aioros- dijo Sofía, sonriendo abrazada del brazo del santo de Sagitario- y él es su amigo…-
-Saga…- dijo Casandra sin aliento, antes de que Sofía lo nombrara. Miraba al caballero con una mezcla de sorpresa y horror.
-Casandra…- dijo a su vez Saga, un poco después que ella dijera su nombre, también sin aliento.
-Oh, ¿ustedes dos ya se conocían antes?- preguntó Aioros inocentemente, sorprendido por que la chica haya podido nombrar a su amigo.
-Tú…- dijo Saga en voz baja.
-Tú…- dijo Casandra casi simultáneamente.
Aioros y Sofía los miraron alternadamente, mientras Saga y Casandra se miraban como si el otro fuera un fantasma o una aparición. Al santo de Sagitario le parecía difícil notar si estaban respirando o no.
-Creo que es obvio que ya se conocían- observó Aioros en voz baja, para que solo Sofía lo escuchara, notando la tensión en el ambiente.
"¿Qué hace aquí esta chica?", pensó Saga, horrorizado, repitiendo sus pensamientos pasados, "¿es que los dioses están jugando conmigo? ¡No puede ser que ella sea amiga de la chica de Aioros!"
Casandra no estaba menos horrorizada que Saga. Casi automáticamente, sentó a Kostas en una silla y tomó a Sofía del brazo, tirando de ella para separarla de Aioros, quien no ofreció resistencia en ese momento, tan sorprendida como estaba de que Saga y Casandra se conocieran.
-Quédate aquí un segundo, Kostas. Ven conmigo afuera, Sofi, necesito hablar contigo un segundo. A solas- dijo Casandra, arrastrando las últimas dos palabras, tirando de ella y arrastrándola hacia afuera, y se volvió a Aioros, evitando mirar a Saga otra vez- no tardamos más que cinco minutos-
-Pero…-comenzó Aioros, a punto de ponerse de pie, pero fue detenido por Saga. De todos modos, Casandra lo ignoró y casi arrastró a su amiga afuera del establecimiento. Sofía le lanzó una mirada de disculpa antes de ser llevada por su amiga hacia la entrada. Una vez que se quedaron los dos santos solos, bueno, solos con Kostas, Aioros dejó escapar un largo suspiro y se volvió a su amigo- ¿se puede saber que rayos está pasando, Saga?-
-Aioros, esa chica es…- dijo Saga, y se mordió el labio. Miró a Kostas, que había sacado de su mochila un cuaderno y unos crayones, y se había puesto a colorear apoyado en la mesa del restaurante. Tras asegurarse de que el pequeño no les estaba prestando atención, el santo de Géminis suspiró- ¿recuerdas, hace cuatro años, cuando estabas muerto, y yo todavía estaba…?-
-Sí- dijo Aioros, sabiendo que Saga se refería a la época en la que estuvo poseído por Ares. No había sido una época muy bonita para su amigo, o para nadie dentro del Santuario. Tampoco para Aioros, considerando que estaba muerto.
-¿Recuerdas que te dije que, aparte de lo que pasó contigo y con Athena, solo me arrepentía de dos cosas?- dijo Saga- una de ellas fue lo que pasó con tu familia, con tus padres, y con Lydia. La otra- añadió el santo de Géminis, bajando la mirada tristemente y señalando hacia la entrada del restaurante- lo que le hice a ella-
Aioros hizo una mueca. Esto no podía ser nada bueno.
-¿Qué fue lo que le hiciste?- preguntó Aioros en voz baja.
-Cuando estaba… poseído por Ares, había momentos en los que yo era quien estaba en control- explicó Saga- Ares… me dejaba ser yo mismo por algún tiempo. Y fue cuando conocí a Casy, en uno de mis paseos en Rodorio. Y… nos enamorados. De hecho, ella ha sido la única mujer a la que he amado en toda mi vida. Ella estuvo conmigo en el Santuario, y sabía que yo había tomado el lugar del Patriarca, aunque nunca supo que tuve que… ya sabes…-
Aioros escuchó atento, y asintió. Recordaba muy bien que Saga, poseído por Ares, había asesinado al maestro Shion poco después de que hubiera proclamado a Aioros como su sucesor.
-Entonces, cuando Casy y yo… nos volvimos muy cercanos, Ares amenazó con tomar el control nuevamente- dijo Saga, jugando con sus dedos- Ares estaba… asustado por la presencia de Casy. Decía que era un peligro para él que ella supera tanto sobre mí. Así que me amenazó: o me deshacía de ella y la desterraba del Santuario y de Rodorio para siempre, o él iba a asumir el control y tomar el asunto en sus propias manos-
El santo de Sagitario lo escuchó, horrorizado, mientras Saga hacía el ademán con sus manos de estrangular a alguien. Por supuesto, Saga hubiera temido que Ares la matara con sus propias manos, y estar obligado a mirarse a sí mismo hacerlo, sin poder detener lo que estaba ocurriendo.
-Entonces lo hice, la desterré y la amenacé, para asegurarme de que ella estuviera a salvo- dijo Saga tristemente- le rompí el corazón, y destruí su vida-
Aioros miró a su amigo y le dio una palmada en el hombro. Y entonces entendió el horror en los ojos de Saga: acababa de ver a la mujer que había tenido que lastimar para salvar.
-Saga, tienes que hablar con ella y contarle todo- le dijo Aioros en un tono preocupado- tienes que decirle la verdad de lo que pasó. Estoy seguro que si se lo explicas, lo entenderá-
Saga bufó. Quizá podía decirle la verdad. Quizá podía explicarle todo y reconciliarse con ella. Con Casy, la mujer que amaba. Pero tras un momento sacudió la cabeza.
-Bah, nunca me creería. A sus ojos, seguramente solo piensa que le rompí el corazón y la abandoné, así nada más- dijo Saga, y señaló a Kostas, que estaba tarareando una canción y seguía muy concentrado en sus dibujos, sin siquiera prestar atención a la conversación entre los dos santos- además, este niño que está sentado a la mesa es la prueba de que, tan pronto como la dejé ir, ella se olvidó de mi-
Aioros iba a decir algo, pero guardó silencio.
x-x-x
Afuera del restaurante Lithos, Atenas.
Sofía había sido arrastrada por Casandra, y miraba a su amiga, sorprendida. ¿Qué rayos estaba pasándole por su cabeza? ¿Porqué estaba tan molesta? Casandra solo la soltó en la entrada del establecimiento, y la miró con una expresión furiosa. Sofía le iba a preguntar que le sucedía, pero lo pensó mejor.
-Sofía, ¿qué hace ese hombre ahí? ¿esto es una broma?- preguntó Casandra, muy enojada, como Sofía nunca la había visto desde que la conocía- ¡si lo es, es una de muy mal gusto!-
-No sé de que estás hablando- dijo Sofía, asustada por la reacción de su amiga- Cass, ¿qué te está pasando? ¿De dónde conoces a…?-
-¡No me dijiste que estabas saliendo con un santo de Athena!- la interrumpió Casandra, alzando un poco el volumen de su voz- ¡dijiste que habías conocido a un chico DEL HOSPITAL!-
-No, no dije eso, dije que lo había conocido AFUERA del hospital- dijo Sofía, y Casandra hizo una mueca: era cierto que Sofía había dicho eso. Ella había asumido que era otro de los doctores, pero jamás se había imaginado que sería un santo de Athena- Cass, per favore, ¿qué está pasando? ¿porqué reaccionaste así?-
La chica pelinegra tardó un poco en responder. Tomó aire y comenzó a hablar.
-Saga es… mi exnovio- explicó Casandra con cuidado, como si tuviera miedo de hablar de más- salí de mi hogar en Rodorio, y fui al Santuario de Athena, porque me enamoré de él. Y perdí todo por su culpa. Me ilusionó y me engañó de la manera más vil-
-No puedo creerlo- dijo Sofía, sacudiendo la cabeza con incredulidad- los santos de Athena no son así…-
-Te lo digo en serio, Sofía- dijo Casandra, intentando tranquilizarse y hablar un poco mas racionalmente. No le gustó nada el hecho de ver a Saga, y no le gustó el hecho de que Sofía estuviera saliendo con un santo de Athena- yo estuve dentro del Santuario. Saga me enamoró en Rodorio, y me llevó al Santuario. Después de engañarme y… divertirse conmigo, me echó del Santuario y me amenazó: me dijo que si me quedaba en mi pueblo, iba a mandar asesinar a todos sus habitantes-
Sofía no podía creer lo que estaba escuchando, y se abrazó, asustada. ¿Un santo de Athena, capaz de hacer algo tan vil? Por lo que había escuchado, los santos protegían al mundo de las injusticias, no hacían maldades. ¿O estaba equivocada? Además, Casandra le había dicho que había dejado Rodorio varios meses antes de conocerla, hacía unos cuatro años.
-Casandra- dijo Sofía sin aliento, olvidándose de llamarla "Cass", llevándose las manos a la boca- ¡no puede ser! No me digas que… ¿Ese chico, Saga, él es el padre de Kostas?-
Casandra palideció, como si toda la sangre abandonara su rostro, pero después se ruborizó. Por un momento, ablandó su expresión, pero después volvió a fruncir el entrecejo, mucho más enojada que antes.
-¡Por supuesto que no!- gritó Casandra sin contenerse, cruzándose de brazos como si su amiga la acabara de insultar- ¡por supuesto que no es su padre, Sofía! ¿Qué te hizo pensar en semejante tontería?-
-Mi dispiace- dijo Sofía, apenada. Era realmente la primera vez en poco más de tres años que llevaban de conocerse, veía a su amiga tan ofendida y furiosa. Casandra relajó su mirada, y volvió a respirar profundamente para calmarse.
-Lo siento, lo siento, Sofía, no es tu culpa- dijo la pelinegra, con una expresión arrepentida de haberle gritado así a su mejor amiga- es que… volver a ver a Saga, me…-
Sofía le puso la mano en el hombro.
-Lo entiendo, mia amica- dijo la pelirroja, mirando hacia el interior del restaurante a Aioros, quien a pesar de todo aún le sonreía, aunque se le notaba un poco preocupado. Al ver eso, Casandra suspiró.
-Realmente te gusta este santo de Athena, ¿verdad?- le dijo Casandra, y Sofía asintió- está bien, lo haré por ti. Pero no quiero que digas nada al respecto a nadie. Ni siquiera a Aioros, y mucho menos menciones algo a Kostas, ¿entendido?-
Sofía asintió y sonrió. Ambas volvieron a entrar al restaurante, y miraron a los caballeros como si nada hubiera pasado.
-Lamento mucho eso, chicos- dijo Casandra casualmente, sentándose a la mesa junto a Kostas. Sofía se sentó junto a Aioros, y Saga no tuvo más remedio que sentarse entre Casandra y el niño, en la última silla vacía que quedaba. La pelinegra se volvió a Aioros, ignorando por completo a Saga, y volviendo a sonreír como si nada hubiera pasado- así que tu eres Aioros, el chico del que Sofía me ha hablado tanto…-
Saga suspiró, derrotado. Iba a ser una larga tarde.
x-x-x
Templo de Acuario
Milo y Camus se encontraban descansando en el Onceavo templo. No les había hecho mucha gracia lo sucedido con la amiga de Athena, así como también les molestaba grandemente lo que pasó con los santos de plata. Ambos estaban más ariscos que de costumbre. Nadie se atrevía a molestarlos esos días, pues si lo hacían era seguro que iban a terminar en un bloque de hielo lleno de agujeros.
-No puedo creer que esa chica hubiera bajado los doce templos despotricando contra la princesa Athena, haberla dejado llorando, y que tú la hubieras sacado del Santuario intacta y no en un cubo de hielo- dijo Milo, cruzándose de brazos- si hubiera sido yo, la hubiera dejado como queso gruyere por hacer llorar a Athena-
-Por eso mismo me ofrecí a llevarla yo- dijo Camus con su habitual fría calma- y créeme que no me gustó ni un poco ese trabajo-
-Bah, eres muy aburrido, Camus- dijo Milo, encogiéndose de hombros- por mi parte, me gustaría que los cobardes que han estado atacándonos por fin den la cara. Me gustaría tener un poco de acción, para variar-
Camus gruñó.
-Algo me dice que pronto la tendremos, Milo- dijo Camus- no te impacientes-
x-x-x
Villa de Athena
Kiki subió al templo del Patriarca, pues había llegado un mensaje para Lydia. Como, por órdenes del Patriarca, todo lo que llegaba al Santuario dirigido a Athena o a su amiga Lydia tenía que pasar por manos de Shion primero y ser revisado exhaustivamente. Kiki llegó a su presencia, y le entregó el mensaje al Patriarca. Éste abrió el sobre y encontró una carta. La leyó rápidamente y sonrió.
-Ven, Kiki, llevaremos esto con Lydia- dijo Shion, sonriendo- necesitamos buenas noticias, para variar, y creo que esto va a mejorar las cosas-
-¿Entonces no es algo malo, maestro?- preguntó Kiki, y Shion sacudió la cabeza.
-¿Recuerdas que Lydia fue adoptada y llevada a Inglaterra cuando era pequeña?- preguntó Shion, y Kiki asintió- Lydia es aún menor de edad, y la familia de lord Castlehaven quería llevarla de regreso a Londres. Teníamos que comprobar que ella era hermana de dos santos dorados, para que les dieran la custodia a ellos-
-¿Y como hicieron eso, maestro?- preguntó Kiki.
-Pues… requirió que ellos hicieran algo- explicó Shion.
FLASHBACK
El laboratorio clínico más cercano al Santuario no era un lugar agradable. No era más que un cuarto completamente blanco, con varias sillas colocadas contra las paredes, y varios "instrumentos de tortura", como los había denominado el santo de Leo.
-No me gustan las agujas- dijo Aioria, haciendo un aspaviento al ver las jeringas en la clínica.
-No me digas que tienes miedo a esto, hermanito- dijo Aioros con una mirada astuta, echándose a reír y dándole un codazo.
Al ver a la enfermera entrar, Aioria palideció, para total diversión de su hermano mayor. La mujer solo tomó un par de jeringas y volvió a salir, haciendo que el santo de Leo volviera a respirar tranquilo.
-Bah, solo lo hago por Lydia- dijo Aioria, cruzándose de brazos- además, ahora que lo pienso, bastaría que solo uno de nosotros dos se hiciera la prueba, ¿no?-
-Técnicamente, sí- dijo Aioros, encogiéndose de hombros- pero el maestro Shion insistió en que fuéramos los dos. De hecho, él la pagó y todo-
-¿Y eso porqué?- dijo Aioria.
No pudieron seguir, pues llegó una química, vestida toda de blanco, y tenía una mirada de pocos amigos. Aioria tragó saliva, y Aioros volvió a sonreír. La mujer se dirigió al menor de los dos, y Aioria palideció. Prefería volver a enfrentarse a Radamanthys en el castillo de Hades, con barrera y todo, que lo que estaba a punto de pasar.
-Abre la boca, ¡ahora!- ladró la mujer. Aioria obedeció, asustado. La mujer le puso un hisopo en su carrillo, y lo guardó en un tubo de vidrio. Tomó otro hisopo y se volvió a Aioros, quien obedientemente abrió la boca. La mujer hizo lo mismo con el santo de Sagitario. Una vez que tuvo las dos muestras, la mujer salió.
-¿Qué? ¿Eso fue todo?- dijo Aioria, sorprendido. Su hermano se echó a reír otra vez- ¿porqué no me dijiste que nos tomarían una muestra de la mucosa de la boca?-
-¿Qué, y perderme tu mirada de terror?- dijo Aioros entre risas.
FIN DEL FLASHBACK
Shion y Kiki subieron a la villa de Athena. Kiki no dijo nada, era muy serio y reservado cuando se encontraba con el maestro de su maestro, y se cuidaba de hacer travesuras o de ser respondón cuando Shion estaba cerca.
Saori y Lydia estaban en la biblioteca. Ambas estaban leyendo, pasando hojas de grandes libros, intentando encontrar una pista sobre lo que estaba pasando.
-Buenas tardes, princesa Athena, señorita Lydia- dijo Shion, inclinándose.
-Hola, Shion- dijo Saori, levantando la mirada y cerrando su libro, aburrida, para abrir el siguiente.
-Buenas tardes, maestro Shion- dijo Lydia, levantando la mirada y sonriendo, para ver después mirar al travieso alumno de Mu- hola Kiki-
-Hola, señorita Lydia- dijo Kiki, sonriendo también.
-Lydia, llegó esto para ti- dijo Shion, entregándole la carta. Lydia la abrió y la leyó con una sonrisa- creo que te dará gusto leerlo, hija-
Lydia tomó la carta de manos de Shion y la abrió. Alzó las cejas al ver los sellos que llevaba, pero después sonrió ampliamente al terminar de leer su contenido.
-Mira, Saori- dijo Lydia, haciendo que la diosa quitara su atención de los libros y mirara la carta que le enseñaba la otra chica- aceptaron la petición de Aioros, de que él y Aioria sean mis tutores legales-
-Menos mal- dijo Saori, sonriendo también- aunque eso significa que tendré que soportarte por un largo tiempo-
Lydia asintió, y releyó la carta.
-Maestro Shion- dijo Lydia- la carta dice que uno de mis hermanos y yo debemos presentarnos en las oficinas mañana temprano. ¿Cómo lo haremos, dado que tenemos prohibido salir del Santuario?-
-Lo sé, no te preocupes, hija- dijo Shion, sonriendo- arreglaré que mañana Aioria te acompañe a hacer ese trámite. Felicidades-
-Gracias, maestro- dijo Lydia sonriendo.
x-x-x
Restaurante Lithos, Atenas
Después de dos largas y torturantes horas para Saga en ese restaurante, mientras Aioros y Sofía charlaban animadamente, él y Casandra se lanzaban miradas furtivas ocasionales, pero la mayor parte del tiempo la pasaron en silencio, si no es que de repente respondiendo las preguntas de Kostas sobre cuanto helado de chocolate podía tomar, o sobre sus opiniones en los dibujos del niño.
De pronto, Aioros se levantó, tomando a Lydia de la mano, y salió con ella del restaurante por unos minutos, dejando solos a Saga y a Casandra. También parecía que Kostas, sin saber que estaba pasando entre su mami y el caballero, se paró de su silla y se puso a jugar con otro niño que estaba ahí cerca, mostrándole sus carritos.
-Tu hijo parece ser un buen niño- le comentó Saga después de un rato de incómodo silencio, viendo a Kostas prestar sus carritos a otro niño que estaba con ellos.
Casandra no le respondió, se limitó a mirar también a Kostas, asegurándose que el pequeño no les pusiera atención. Saga suspiró, y volvió a tomar el valor de hablar.
-Lamento mucho lo que sucedió entre nosotros hace cuatro años, Casy- dijo Saga.
-¡No me llames así!- siseó ella entre dientes. Hubiera querido gritar, pero no quería que Kostas se diera cuenta de lo que estaba pasando.
-Lo lamento- repitió Saga, cabizbajo- de verdad lamento mucho lo que pasó-
-¿Qué cosa?- dijo ella, apretando los dientes, furiosa- ¿que te deshiciste de mi?¿que me echaste del Santuario, y de mi hogar, solo por tu capricho? ¡No tienes idea de lo que tuve que pasar por tu culpa! Me corrieron de Rodorio como si trajera la peste, y me lanzaron piedras para sacarme de ahí. ¡Poco faltó para que me quemaran como una bruja!-
-De verdad lo lamento- dijo Saga por tercera vez, bajando la mirada- se que fui muy cruel. Pero lo que dije era la verdad: eres la única mujer a la que he amado. Lo que hice, lo hice por una buena razón-
-Ja, seguramente muy buena- dijo Casandra sarcásticamente- ¿y que buena razón pudiste haber tenido para hacerme algo tan vil?-
-Digo la verdad, Casy- dijo Saga impacientemente, volviendo a mirarla- lo que pasó…-
-¡Que no me llames así!- siseó ella nuevamente- y no me importa que absurdo pretexto has formulado en estos cuatro años. Sabes que yo nunca, nunca te perdonaré por lo que me hiciste, Saga-
Saga se enfureció. Y cuando el santo de Géminis se enfurecía, hacía o decía cosas sin pensar. Sabía que en algún momento se iba a tragar sus palabras, pero eso no lo detuvo.
-Bah, además no creo que haya sido para tanto, lo que hice- dijo Saga, cruzándose de brazos y recargándose en el respaldo de la silla. Estaba enojado, y no planeaba callarse lo que tenía para decir. Con su voz cargada de sarcasmo continuó- evidentemente no te costó ningún trabajo superar la decepción que te causé, ¿no es así?-
-¿De que hablas?- dijo Casandra, aún furiosa.
-Lo que escuchaste, Casandra- dijo Saga, cuidando de no decirle por su diminutivo, señalando a Kostas- seguramente te consolaste rápido con el padre de este niño-
-No metas a Kostas en esto- dijo Casandra en un tono severo- y sí, me consolé rápidamente con su padre. No que sea tu asunto-
-Ya me lo imaginaba- dijo Saga, pretendiendo que no le había dolido lo que la chica acababa de decir.
-Así fue, y déjame decirte algo, Saga- dijo Casandra, mirándolo como si pudiera fulminarlo con sus ojos- ni siquiera pensé en ti una sola vez en estos cuatro años-
Profundamente herido, Saga se maldijo por lo bajo. Su "disculpa" a Casandra no le había salido para nada como la tenía planeada. ¡Cómo había querido explicarle la razón por la que la había tenido que abandonar! Pero también Saga era volátil y orgulloso, y optó por la peor alternativa.
Antes de que pasara algo más, Aioros y Sofía regresaron. El santo de Sagitario miró la escena, a Saga y Casandra furiosos, y le lanzó a Saga una mirada de advertencia para que se calmara, pues parecía que iba a enviar a todos a otra dimensión en ese momento. Sofía volvió sonriente y un poco sonrojada, pero su sonrisa se borró al ver la expresión de su amiga.
-Creo que será mejor que nos vayamos, Sofía- dijo Casandra, poniéndose de pie sin mirarlos- fue un placer haberte conocido, Aioros. Vámonos, Kostas, recoge tus cosas-
-Sí, mami- dijo Kostas, levantándose y recogiendo sus carritos. Los guardó en su mochila y se volvió a Saga- que bueno que te volví a ver, Saga- y, tras darle un rápido abrazo al caballero, se apresuró a seguir a Casandra.
Sofía sonrió, a modo de disculpa.
-Piacere, Saga- dijo Sofía, y se volvió a Aioros y volvió a sonreírle, nerviosa- nos vemos luego. Ciao, Aioros-
Saga asintió, y Aioros le dio un beso en la mejilla. Sofía volvió a sonrojarse, y se despidió de ellos, apresurándose a seguir a Casandra. Una vez que desapareció, Aioros se volvió a Saga, con una mezcla de curiosidad y molestia.
-¿Se puede saber que rayos pasó entre ustedes dos en los cinco minutos que se quedaron solos?- preguntó el santo de Sagitario, cruzándose de brazos.
Saga se levantó de su silla, arrojó un billete sobre la mesa, y se dirigió hacia la salida.
-No molestes, Aioros- dijo Saga sin mirarlo.
x-x-x
Templo de Géminis
Debido a su sexto sentido arácnido, o como se llame la conexión que existe entre los gemelos, Kanon sintió que algo había molestado a Saga. No molestado: lo había herido, profundamente, como quizá nunca antes había sido herido. El menor de los gemelos se llevó la mano a su pecho, para calmar el dolor que sentía. Su corazón latía con fuerza, como si se le fuera a salir del pecho. Casi sentía, en su propio cuerpo, las náuseas y el dolor en el corazón que sentía su hermano mayor.
-Saga…- dijo Kanon en voz baja, dejándose caer sobre su cama, sentado, y tragando saliva dolorosamente- ¿qué te acaba de pasar?-
Kanon se levantó de nuevo, y salió a la entrada del templo de Géminis, temiendo que su gemelo hubiera sido atacado como lo fueron los santos de plata. No, no era eso. Por medio de su cosmo, se conectó con Saga, y pudo saber que no estaba herido. Al menos no físicamente. Lo que sí estaba era extremadamente triste.
Kanon frunció el entrecejo. ¿Saga, triste? No parecía posible. Su hermano gemelo era igual que él: no era fácil entristecerlo. Por los dioses, si lo había encerrado en cabo Sunion sin siquiera pestañear. Lo que más le intrigaba era ¿quién lo habría puesto así?
x-x-x
Entrada al templo de Aries
Mu esperaba a que regresaran Saga y Aioros, quienes habían salido a la ciudad hacía un par de horas. No podía evitar estar preocupado por los dos santos que no habían regresado. Podía sentir los cosmos de Aioria y Marín muy cerca de él, y no pudo evitar sonreír. Ojalá esos dos tuvieran una plática muy seria sobre sus sentimientos, porque todo el Santuario llevaba años viéndolos gustarse sin hacer nada, y francamente esa rutina ya se había vuelto un poco aburrido.
Pronto se sintió más tranquilo. Aioros y Saga estaban cerca, acercándose a los Doce Templos. Pero había algo extraño en ellos. Saga iba caminando a paso acelerado, y Aioros tenía que correr para mantenerse al mismo paso que él. El santo de Sagitario se veía un poco preocupado, y Saga se veía verdaderamente furioso.
-Buenas noches, chicos. Saga…- dijo Mu al verlo pasar. Saga le lanzó una mirada furiosa, como advirtiéndole que no le molestara, y se pasó de largo. Mu se volvió a Aioros, que se había detenido en la entrada del primer templo, con una expresión interrogante- ¿qué sucedió…?-
-Mal día, Mu, yo no me metería en su camino si fuera tú… quizá en los próximos veinte años- explicó Aioros, a modo de disculpa- no te fijes-
-Tú tuviste un buen día, a diferencia de él, ¿no es así?- dijo Mu, mirándolo sospechosamente, pero con una sonrisa.
-Tal vez- dijo Aioros, sintiendo un poco de calor en sus mejillas, pero sonrió astutamente- no quieras pasarte de listo conmigo, Mu, porque te irá como a Aioria cuando lo intenta-
Mu se echó a reír.
-Está bien- dijo Mu, cruzando los brazos- no diré nada, Aioros. Por cierto- añadió, deteniendo a Aioros, quien ya se dirigía a su templo- mi maestro me dijo que ya llegó a carta de aceptación de tu petición, y que mañana Aioria y Lydia irán a las oficinas en Atenas-
Aioros asintió, sonriente, y tras agradecer a Mu regresó a su templo.
x-x-x
Edificio de Departamentos
Hasta que Kostas se quedó dormido, Sofía y Casandra se mantuvieron en silencio, comunicándose mediante frases cortas y en monosílabos. Las dos se portaron civilizadas, pues no querían alarmar al pequeño. Pero una vez que se aseguraron que Kostas estuviera profundamente dormido, se sentaron en el comedor a charlar.
-¿Qué sucedió allá, Casandra?- preguntó Sofía- ¿peleaste con él cuando Aioros y yo salimos?-
-Sabía que me ibas a preguntar eso, Sofía- dijo la pelinegra- no me agrada ese hombre, Saga. Me lastimó muchísimo en el pasado, ¿si? Ya te dije lo que me hizo. Y además, no me gusta el hecho de que salgas con un santo de Athena-
Beep-beep, beep-beep
La alarma de la bomba de Sofía comenzó a sonar, muy inoportunamente. Sofía la ignoró, y presionó un botón para apagarla. Luego se volvió a Casandra.
-Cass- dijo Sofía con paciencia- ya sé a donde vas con esto. Pero yo estoy segura de que Aioros no es malo…-
-Todos los santos de Athena lo son- dijo Casandra- mira lo que me hicieron a mí-
Beep-beep, beep-beep.
-Eso no lo sabes- insistió Sofía- no conoces a Aioros-
-Tú tampoco, Sofía- dijo Casandra, entrecerrando los ojos y cruzándose de brazos- llevas menos de una semana de conocerlo. No puedes conocerlo-
Beep-beep, beep-beep
Sofía bajó la mirada. ¿Porqué Casandra no lo podía ver? Ella sentía que Aioros era una buena persona. Sentía que lo quería.
-Yo también lo sentí. Lo mismo que tú sientes yo lo sentí con Saga- dijo Casandra, adivinando sus pensamientos- sentí todo lo que sientes tú, y mira como terminé-
Beep-beep, beep-beep
-¡Por todos los dioses!- exclamó Casandra, exasperada por el continuo sonar de la bomba- ¡come algo para que se calle esa alarma de una vez por todas!-
-Estás equivocada- dijo Sofía, poniéndose de pie y tomando una manzana de la cocina- buona notte- y se fue a su habitación, cerrando la puerta de golpe.
Casandra la miró, preocupada.
-No quiero que te pase lo mismo que a mí- dijo Casandra en voz baja, para que solo ella misma pudiera escucharlo- no quiero que sufras como yo sufrí-
x-x-x
Templo de Géminis
Saga, por su parte, había llegado a su cuarto en el tercer templo, ignorando a Aldebarán tal y como había hecho con Mu, y se dejó caer sobre la cama. Kanon lo había escuchado tan pronto como llegó, muy preocupado por su hermano, pero dandole su espacio.
Kanon esperó en silencio en su habitación. Podía sentir, cada vez con más fuerza, el agudo dolor en el corazón de su hermano gemelo. Y entonces, un escalofrío lo recorrió. Escuchó, desde el cuarto de su hermano, una tos peculiar, como si Saga estuviera a punto de vomitar. Kanon se levantó y se apresuró a la habitación de su hermano.
Saga estaba ahí, tirado boca abajo en su cama, respirando agitadamente, con sus manos empuñadas y sus ojos llenos de lágrimas. Kanon se sorprendió. Nunca, en toda su vida, habíaa visto a Saga tan descompuesto.
-Saga…- dijo el menor de los gemelos.
-Kanon- dijo Saga, sin mirarlo- vete, quiero estar solo-
-Saga, sabes que no puedo…- comenzó Kanon.
-¡Que te vayas!- gritó Saga, sin mirarlo- ¿no lo entiendes, Kanon?¡Déjame en paz!
-No puedo dejarte solo, y lo sabes, Saga- dijo Kanon, sentándose en la cama junto a su hermano, sin mirarlo tampoco- todo el dolor que sientes, lo siento yo también, aunque no quiera. ¿Qué está sucediendo?-
Saga se incorporó, y se sentó en el lado opuesto de la cama, dándole la espalda a su hermano.
-No tuve un buen día, Kanon- dijo Saga- no quiero hablar de ello, realmente no quiero…-
-Yo no me siento muy bien tampoco- dijo Kanon, cruzándose de brazos, aún sin mirar a su hermano- y lo sabías, ¿no es así? Lo sentías también. Y sientes como me siento. Me siento extraño, como si no fuera un caballero completo, como si fuera solo un repuesto, tu sustituto. Siento que nadie confía en mi por mis errores pasados. ¿Lo entiendes?-
Saga asintió. Claro que sabía como se sentía su hermano gemelo. Él se sentía igual.
-No se lo he dicho a nadie, ni siquiera al maestro- dijo Kanon, suspirando- pero sé que tú, de entre todo el mundo, me entendería. Y sabes que yo te entendería mejor que nadie, ¿no? Vamos, Saga, dime qué te pasa-
Saga se volvió a mirar a su hermano, quien se encontraba cabizbajo, dándole la espalda. Suspiró.
-Creo que lo mismo que tú- dijo Saga, en un tono derrotado- una persona de mi pasado, que aún me juzga por los errores que cometí con ella. Y no he podido explicarle lo que realmente pasó…-
Kanon se volvió hacia él, y le puso una mano en el hombro, con una mirada significativa. Saga asintió y sonrió. Ambos sabían que se querían decir, sin decir palabra. Tras darle una palmada en su espalda, Kanon sonrió y se retiró a su habitación.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Lamento haberlos tenido esperando. Me disculpo porque este capítulo me salió un poco más largo de lo habitual. Espero haber expresado bien los sentimientos de Saga, lo escribí cuatro o cinco veces, porque no me gustaron los anteriores. Muchas gracias por sus reviews, y por seguir mi historia. Nos leemos pronto.
Abby L.
