AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
XII. COMPLICACIONES
Centro de Atenas
Mu apareció en el centro de Atenas, y vio horrorizado la escena. Todos los negocios a la redonda estaban destruidos, y tenían los vidrios rotos. Las ambulancias que llegaron habían ya partido, llevándose a los heridos al hospital, y los curiosos habían comenzado a acercarse a los límites marcados por los policías. Ni Lydia ni Aioria estaban a la vista.
El santo de Aries buscó con su cosmo el de Lydia. ¡Tenía que encontrarla! Pero en ese momento Mu no sentía nada. Ningún cosmo. ¿Acaso se la habían llevado junto con los demás heridos? ¿Estaría en el hospital? Se acercó a uno de los policías,y le preguntó por Lydia y por Aioria.
-No, no los he visto- dijo el policía, una vez que escuchó la descripción que Mu les dio- los testigos dicen que vieron a dos hombres, vestidos como santos de Athena, pero con unas extrañas armaduras negras con algunas marcas de color azul oscuro. Dijeron que ellos se llevaron a un chico de cabellos castaños, que estaba herido. Ninguno de ellos mencionó haber visto a una chica como la que usted describe-
Mu sintió un vuelco, y miró a su alrededor. Ya imaginaba que había pasado con Aioria, que estaría herido o incapacitado para luchar, pero nadie había visto a Lydia. Pasó sus ojos a su alrededor. En uno de los locales, en la heladería, cuyas ventanas estaban completamente destruidas, había un pequeño rosal frente al mostrador. Tenía varios botones de rosas color blanco, que Mu reconoció inmediatamente.
-Lydia…- dijo el santo de Aries en un susurro, y se apresuró hacia ese sitio.
Mu corrió hacia el mostrador donde se encontraba el rosal. Detrás de éste y ovillada junto a la pared, con los ojos cerrados y apretando uno de sus brazos contra su cuerpo, estaba Lydia.
-¡Lydia!- exclamó Mu al encontrarla. Ella se esforzó por abrir los ojos y levantar la mirada hacia él- Lydi, ¿estás bien?¿qué pasó?-
-Mu…- dijo ella con una expresión cansada, cerrando los ojos de nuevo y apoyando su cabeza en el suelo- duele mucho…-
Mu la miró. Contra la voluntad de la chica, quien quería mantener su brazo izquierdo aferrado contra su cuerpo, el caballero de Aries la obligó a descubrirlo, y vio con horror que tenía una quemadura azulada, igual que las que tenían los caballeros de plata. La chica tenía un muy mal aspecto, pues el dolor no la dejaba siquiera mantener sus ojos abiertos.
-Lydi, ¿qué te pasó?- dijo Mu, con una mirada llena de horror y pena, quitándose su capa blanca y cubriendo su brazo herido con ella.
-Duele mucho…por favor… haz que pare…- dijo Lydia con dificultad, apoyando su cabeza en la pared- Mu, por favor…-
Mu se sentía como si hubieran tomado su propio corazón y lo hubieran apretado hasta destruirlo. Sentía que moriría al ver a la chica que amaba herida de esa manera. Pero el santo se aguantó todo ese dolor. Sabía que tenía que preguntar lo que pasó, por ella misma y por los otros santos. Tenia que preguntarle.
-Yo sé que duele mucho, Lydi- dijo Mu en un susurro tierno, intentando que no se le quebrara la voz de la pena de verla así- pero necesito que me digas que fue lo que pasó, contigo y con Aioria-
-Nos atacaron… y Aioria…- comenzó a decir ella, mirándolo fijamente, pero se interrumpió, tragó saliva y apretó los ojos- duele demasiado…-
Mu la miró con aprehensión. Estaba sufriendo mucho, pero sabía que tenía que averiguar lo que Lydia había visto. Había muchas cosas que estaban riesgo. Mu la levantó en sus brazos con cuidado, cubriéndola aún con su capa blanca. La chica apoyó su cabeza en el pecho del caballero.
-Lydi, necesito que me digas que pasó- insistió Mu, besándola en la frente.
-Mu…- dijo Lydia, retorciéndose de dolor en sus brazos y volviendo a abrir los ojos para mirar al santo- nos atacaron por la espalda… Aioria me salvó, pero… recibió todo el golpe…-volvió a apretar los ojos con fuerza- por favor… haz que pare…-
-Ya va a parar, Lydi, te lo prometo- dijo Mu en voz baja, apretándola hacia su cuerpo- ¿pudiste ver quien fue la persona que los atacó?-
Para sorpresa de Mu, Lydia asintió.
-Eran… dos hombres- dijo Lydia con lágrimas en los ojos. El dolor era tan insoportable que, a pesar de querer mantenerse tranquila, no podía- portaban… armaduras color negro… negro con azul… a uno de ellos… lo reconocí…- las lágrimas en sus ojos empezaban a fluir cada vez más abundantemente- Mu… ya no lo soporto… arráncame el brazo…-
Mu asintió. Sentía que sus brazos temblaban al verla así.
-Solo una última cosa, solo dime a quien reconociste, Lydi- dijo Mu, besándole la frente otra vez- lo estás haciendo muy bien, solo dime eso, ¿a quién reconociste?-
-Fue él…- dijo Lydia, apoyando su cabeza en el pecho del caballero, con lágrimas en los ojos- él dijo… dijo que solo necesitaban… a uno de nosotros dos… fue Henry… Mu, por favor…-
-Por supuesto, mi amor- dijo Mu con cariño- cuando despiertes, te prometo que el dolor habrá desaparecido-
Mu apretó un punto en el cuello de Lydia, quien quedó inconsciente en el acto. Mu la abrazó con cariño y, con cuidado de no lastimarla más, desapareció con ella, teletransportándose rumbo al Santuario, después de jurar que haría pagar a Henry el dolor que le había causado a la mujer que amaba.
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Edificio de Departamentos
Ya era media tarde, y Aioros había sentido también el cosmo maligno en el centro de Atenas. Realmente no estaba muy preocupado, pues sabía que su hermana estaría a salvo con Aioria. Tenía plena confianza en su hermano menor. Además, el cosmo había desaparecido casi inmediatamente. Suspiró. Esperaba que pronto pudieran dar con los culpables.
El santo llegó rápidamente al departamento de Sofía y llamó a la puerta con una sonrisa. Su chica ya debía estar de regreso en casa después del trabajo. Pero para su sorpresa, abrió Casandra.
-¿Aioros?- dijo Casandra, con una expresión asustada. No esperaba, ni en sus peores pesadillas, ver a un santo de Athena en la entrada de su departamento. Pero eso no era lo único que la estaba preocupando- ¿qué estás haciendo aquí?-
-Buenos días, Casandra- dijo Aioros, ignorando la dureza en las palabras de la chica y sonriendo- lamento molestar a esta hora. Vengo a ver a Sofía, quedamos de vernos aquí-
Casandra hizo un gesto impaciente, que le pareció extraño al santo de Sagitario, que lo hizo borrar su sonrisa, y fruncir el entrecejo, preocupado.
-¿Sucedió algo malo?- dijo Aioros.
-Sofía no ha regresado desde en la mañana que fue al hospital- dijo Casandra, mirando al caballero, extrañada- debió haber regresado aquí hace más de una hora. No es su estilo llegar tarde. Nunca llega tarde. Creí que no había regresado porque estaba contigo, y por alguna extraña razón olvidó llamarme-
Aioros sacudió la cabeza, comenzando a preocuparse.
-Bueno, no está conmigo- dijo Aioros, y sacó su teléfono para mirarlo- y no me ha dejado ningún mensaje-
-¿Mamá?- se escuchó la voz de Kostas, desde dentro del departamento- están hablando del hospital de tía Sofi en la tele-
Casandra palideció y entró precipitadamente al departamento. Aioros la siguió, sin siquiera esperar o pedir permiso para entrar. Los dos se detuvieron frente a la televisión. En ella, mostraban imágenes del hospital, el mismo hospital en el que Sofía trabajaba, solo que se encontraba en llamas, y los bomberos y autos de policía los rodeaban.
-En un evento sin precedentes en Atenas, un ataque terrorista a uno de sus más grandes hospitales públicos de la ciudad- decía el anunciador- un grupo de cuatro hombres, vestidos con lo que parecían ser armaduras de color negro y azul, atacaron el hospital. Hay cientos de heridos, entre pacientes y personal del hospital. Hay una persona desaparecida, testigos dicen que se trata de una joven doctora, que fue sacada del hospital por los terroristas…-
-¡No!- exclamó Aioros, y antes de que Casandra pudiera decir algo, el santo salió precipitadamente del departamento, dejando a una muy preocupada chica aún mirando fijamente el televisor sin reaccionar ni poder creer lo que estaba sucediendo- no, no, no…-
Aioros salió del edificio, bajó las escaleras y corrió rumbo al hospital. En su mente, estaba repasando lo que había escuchado, y rezaba a los dioses por que Sofía no estuviera herida o fuera la persona desaparecida. Seguramente Sofía estaría bien, y se habría quedado a ayudar en lo que pudiera. ¿No sería eso lo más probable? El estómago de Aioros se retorció, y su corazón dio un vuelco mientras iban corriendo.
No tardó mucho en llegar al hospital. Se quedó viendo, incrédulo, al ver como la entrada del mismo, donde varias veces había visto entrar y salir a Sofía, estaba completamente destruída. Era todo un caos. Bomberos intentaban sofocar las llamas, mientras las personas que estaban alrededor lloraban y gritaban histéricas. El santo se quedó mirando la escena desde la acera de enfrente, donde había conocido a Sofía.
El joven santo se puso a buscar con su mirada, intentando verla, lo cual no sería tan difícil, ya que Sofía tenía los cabellos rojos y sobresalían entre los demás. Nada. Dio un paso atrás, casi contra la pared.
-No puede ser…- dijo Aioros, buscándola con la mirada- Sofía, por favor…-
Vio al amigo de Sofía, Oskar, quien estaba siendo atendido en una ambulancia, hizo contacto visual con Aioros. El joven médico se acercó a él, con un gesto preocupado. Aioros iba a decir algo, pero se detuvo. Oskar tenía una horrible herida en la frente.
-Tú eres Aioros, ¿no es así?- dijo Oskar, deteniendo una compresa contra su frente para detener el sangrado- conoces a Sofía. Te vi con ella una vez-
-Sí- dijo Aioros- ¿dónde está…?-
-Uno de los terroristas la secuestró- dijo Oskar, antes de que Aioros terminaba su pregunta- era un hombre… italiano, que vestía un traje fino. Se hizo pasar por uno de los heridos. La obligó a ir con él a punta de pistola. Intenté detenerlo, pero…- y señaló la herida en su frente. Miró fijamente al santo- por favor, Aioros, tienes que ayudarla…-
Aioros lo miró, horrorizado, sin poder creer lo que estaba pasando. Asintió torpemente, y el joven médico se fue para ayudar a los demás, dejando solo al caballero con sus pensamientos.
-Sofía…- dijo Aioros, dando unos pasos atrás, casi haciendo que quedara de espaldas con la pared, y pasando su mano por sus cabellos. Tenía que hacer algo. Tenía que pensar. Quizá Athena sabría algo del ataque. Quizá ella podría decirle algo.
Tan concentrado estaba el santo de Sagitario, que no se percató el peligro en el que estaba hasta que fue demasiado tarde. Aioros sintió un dolor agudo en la parte posterior de su cabeza, e inmediatamente su vista se nubló. El hospital, los bomberos y toda la gente desapareció en la oscuridad. Los fuertes ruidos de las ambulancias y los gritos se convirtieron en silencio. Y Aioros cayó hacia delante, completamente inconsciente antes de golpear el suelo.
-Levántenlo- dijo uno de los hombres que estaban de pie a su alrededor- ya saben lo que quiere el jefe. Tenemos que entregárselo sin daño alguno-
Dos pares de manos levantaron al inerte joven, y desaparecieron con él en un callejón.
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Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Mu había aparecido con Lydia inconsciente en sus brazos en el templo de Aries y, tras darle instrucciones a un asustado Kiki de avisar a Aldebaran para que bajara a proteger el primer templo, se teletransportó al templo del Patriarca. Shion, quien estaba trabajando en su estudio, al ver llegar al caballero en esas condiciones, se levantó alarmado y se acercó a él.
-¡Mu!- exclamó Shion, indicándole a Mu que pusiera a la chica sobre un sillón- pero si… es Lydia. Mu, ¿qué sucedió?-
-No estoy muy seguro, maestro Shion- dijo Mu, colocando a Lydia en un sillón, y descubriéndole el brazo izquierdo para que Shion pudiera verlo. El Patriarca analizó la herida con una mirada grave- la atacaron, al parecer junto con Aioria, en el centro de Atenas, cuando venían de regreso al Santuario-
Shion miró la herida con gravedad.
-La señorita Athena la curará en un segundo, Mu, no te preocupes- dijo Shion en un tono tranquilizador, intentando tranquilizarse también, ya que estaba furioso por lo que estaba mirando. Respiró hondo. Había otro asunto que le preocupaba también- y dime, ¿qué pasó con Aioria?-
Mu hizo una mueca. No tenía buenas noticias para darle al Patriarca.
-No lo pude encontrar en el sitio donde los atacaron, maestro- dijo Mu, bajando la mirada- Lydia dijo que él había recibido la mayor parte del ataque que les lanzaron a los dos, y que dos hombres lo levantaron y se lo llevaron-
-¿Dos hombres?- dijo Shion, alzando las cejas, y Mu asintió- ¿quiénes eran esos dos?-
-Dijo que eran dos hombres que estaban usando una armadura negra y azul- dijo Mu, recordando lo que Lydia le había dicho antes de que él la pusiera a dormir- y hay algo más. Lydia reconoció a uno de los atacantes. Uno de los atacantes era su antiguo pretendiente, Henry Northumberland-
-Mu, ¿estás seguro de eso?- dijo Shion, alarmado.
-Fue lo que dijo Lydia- dijo Mu, mirando aprehensivamente a la chica, que dormía tranquilamente. Shion suspiró. A él tampoco le gustaba lo que estaba pasando.
-Aioros ha sido avisado de lo ocurrido con sus hermanos, ¿no?- dijo el Patriarca. Mu se encogió de hombros- iré por la princesa Athena para pedirle que venga y cure a Lydia. Aún está con Marín y Shaina. Enviaremos a una de ellas al templo de Sagitario para avisar a Aioros-
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Edificio de Departamentos
Casandra caminaba en círculos, nerviosa. No le gustaba lo que acababa de ocurrir. Más aún, uno de los compañeros de Sofía la había llamado, y le había dicho que aún no lograban encontrarla y asegurarse de que estuviera a salvo. También escuchó en la televisión que uno de los testigos vio a un hombre armado, vestido elegantemente, que había tomado de rehén a una chica pelirroja, y había huido con ella. No le fue difícil atar los cabos.
Incluso Kostas sabía que algo no andaba bien, a pesar de que Casandra no había dicho una sola palabra. El pequeño lloriqueaba de tanto en tanto, ovillado en el sillón de la sala, y se había negado a comer en toda la tarde.
Casandra por fin se detuvo frente a la puerta de la habitación de Sofía, y extendió sus dedos hacia la puerta de la misma. No sabía donde estaba su amiga, pero sabía que había una persona que podía ayudarle. La pelinegra suspiró. Era hora de tragarse su orgullo y hacer lo correcto, por su amiga. Se volvió al pequeño.
-Vamos, Kostas, tenemos que salir- dijo Casandra, tomando su bolsa, la mochila de Kostas y ofreciéndole su mano al pequeño, quien la tomó de inmediato.
-¿A dónde vamos, mami?- preguntó Kostas, limpiándose sus lágrimas con el dorso de su mano, y viendo a su mamá con enormes ojos grises.
Casandra suspiró. No le gustaba lo que tenía que hacer, pero sabía que no tenía otra opción. Era la mejor oportunidad que tenía de encontrar a Sofía.
-Al lugar que juré nunca volver a pisar- dijo la mujer, tomando las llaves del auto de Sofía- al Santuario de Athena-
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Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Una vez que Shion y Mu pusieron al tanto a Saori de los eventos que habían acontecido ese día en la ciudad, la joven diosa bajó apresuradamente de su villa al templo del Patriarca, donde Mu había colocado a Lydia, tan pronto como pudo. Marín la acompañó, pues Shaina había bajado al templo de Sagitario a buscar a Aioros e informarle de lo ocurrido: que su hermano había sido secuestrado y su hermana estaba herida.
Saori llegó al templo del Patriarca, y se acercó al sofá donde estaba Lydia. La diosa la miró con tristeza: después de todas las precauciones que había tomado Shion, jamás se había imaginado que ella pudiera ser herida así.
-Lydia…- dijo Saori con tristeza al ver su brazo tan horriblemente quemado.
La diosa encendió su cosmo para que éste la cubriera, y rápidamente la horrible quemadura azulada en su brazo izquierdo se curó por completo, ante la atenta mirada de Shion y de Mu.
-Pobre Lydia- dijo Saori, una vez que terminó de curarla, apagando su cosmo- y estoy muy preocupada por Aioria. ¿Quién pudo haber hecho eso? ¿Quién diría que alguien como Henry Northumberland tenía esos poderes?-
Mu, quien había contenido la respiración durante todo el tiempo en que Athena estaba curando a Lydia, por fin pudo respirar normalmente.
-Mu, creo que será una buena idea que te quedes aquí con Lydia- dijo el Patriarca al caballero de Aries, quien quitaba un mechón de cabello del rostro de su chica y la miraba con aprensión- al menos mientras encontramos a Aioria. No la dejes salir de este templo, bajo ninguna circunstancia. Porque tengo la impresión de que querrá ir a buscar a Aioria cuando despierte-
Dicho eso, Mu asintió. En ese momento, Shaina regresó corriendo del templo de Sagitario.
-Athena, maestro Shion- dijo Shaina, alarmada- la casa de Sagitario está completamente vacía. Aioros no está ahí, ni en ninguna otra parte del Santuario-
-Debió salir a la ciudad y no ha regresado- dijo Mu de pronto, recordando de pronto- yo lo vi cuando salió, hace ya una hora o dos-
Shion frunció el entrecejo.
-Hay que encontrarlo y hacerlo regresar, pronto- dijo Shion, que tenía un mal presentimiento- no solo Aioros, todos los santos de todos los rangos deberán regresar inmediatamente al Santuario. Shaina, da la alerta, por favor. Señorita Athena…- añadió, volviéndose a Saori, quien se veía furiosa- ¿qué es lo que piensa…?-
-¡Hades me va a escuchar!- exclamó Saori furiosa, una vez que Shaina se fue- ¡Lydia dijo armaduras negras! Si esto es cosa de él, le daré de golpes con el báculo de Niké hasta que le entre en la cabeza que debe dejar de atacarnos…-
-Señorita Athena, realmente no creo que sea cosa de Hades- dijo Shion.
Saori se enfurruñó, pero dejó después mostró una expresión preocupada.
-De todos modos necesito hablar con él- dijo Saori, muy decidida- necesito saber si Aioria está… está…-
-Bien- dijo Shion, entendiendo cual era la preocupación de Athena- la acompañaré, y dejaré a cargo del Santuario a Mu mientras no estamos. Y además… necesitamos a Death Mask. Marín, ve al templo de Cáncer y llámalo, por favor-
Marín, que en ese momento solo escuchaba atentamente, sin poder creer que Aioria estuviera en peligro o que alguien lo haya podido vencer tan fácilmente, asintió torpemente y obedeció de inmediato.
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Templo de Géminis
Saga y Kanon estaban comiendo cuando escucharon la alerta emitida por Shaina, llamando a todos los santos de regreso al Santuario de Athena. Saga hizo una mueca. No sabía que había pasado para elevar la alerta al máximo, recluyendo a los santos en el Santuario. Después de la alerta, por medio del cosmo de Mu, todos los santos dorados tuvieron una idea de lo que había pasado: Aioria y Lydia habían sido atacados por dos hombres con armaduras negras. Como si el día no pudiera ponerse peor.
Los gemelos habían notado mucho movimiento en el Santuario, sin saber exactamente de que se trataba. Shaina había bajado a dar la alerta, y Marín había llegado al templo de Cáncer.
No solo eso, un caballero de plata había llegado al templo de Géminis.
-Señor Saga- dijo el santo de plata desde la entrada del tercer templo. Tanto Saga como Kanon se levantaron y se dirigieron a la entrada- señor Saga, necesito hablar con usted-
-¿Sirius?- dijo Saga, sorprendido de verlo- ¿qué haces aquí?-
-Tengo noticias para usted, señor Saga- dijo el santo de plata- acaba de llegar una mujer joven, con un niño pequeño, preguntando por usted en la entrada del Santuario. Dijo que su nombre era Casandra Tadros, y que tenía que era muy importante que la lleváramos con el señor Saga de Géminis inmediatamente-
El corazón de Saga dio un vuelco. ¿Era cierto lo que Sirius había dicho? ¿Casandra estaba en el Santuario?
-¿Y esa señorita dijo que era lo que quería con Saga?- preguntó Kanon, ya que Saga estaba demasiado sorprendido para decir algo.
-No quiso decir, señor Kanon- dijo Sirius- solo insistió en que tenía que ver al señor Saga, y que era urgente, que era un asunto de vida o muerte-
Saga recuperó al compostura.
-Si dice que es urgente creo que entonces no deberíamos hacerla esperar ni un minuto más- dijo Saga tranquilamente, para sorpresa de todos- gracias por el mensaje, Sirius…-
Sirius miró a Saga, confundido, mientras éste bajaba a la entrada del Santuario. Kanon, curioso ante la extraña situación, siguió a su gemelo, pero tenía que correr para aguantarle el paso. Pronto los dos gemelos llegaron a la entrada del Santuario. Saga vio a Casandra, esperándolo de pie, con el pequeño Kostas a su lado. Tenía la mirada firme, pero no podía ocultar que estaba completamente aterrorizada de estar ahí.
Kanon miró a su hermano. Iba caminando seguro, con el rostro sin ninguna expresión en particular. Pero conocía demasiado bien a su hermano. Hasta cierto punto podía sentir lo mismo que él. Y se sentía preocupado, inseguro y ¿esperanzado?
Casandra, por su parte, se sorprendió al ver a Saga. No esperaba que el santo fuera hacia ella así nada más. Mucho menos que fuera a verla con su gemelo.
"¿Son dos iguales?", se preguntó la chica "como si uno solo no fuera suficientemente malo".
-Casandra- dijo Saga al llegar frente a ella, haciendo que la chica diera un respingo de sorpresa- ¿qué sucedió?¿en que te puedo ayudar?-
Su voz era calmada y amable, pero su rostro seguía estando igual de serio que siempre.
-Perdona que te moleste, Saga- dijo Casandra, atrayendo a Kostas hacia sí misma- no te molestaría si no fuera realmente importante-
-¿En qué te puedo ayudar?- repitió Saga. Kanon lo miró, curioso, y fijó su vista en el niño. ¿A quién le recordaba esa cara?
-Es Sofía- dijo Casandra, visiblemente preocupada- hubo un… atentado. Y luego, una explosión, en su hospital. Y después desapareció. Nadie ha podido dar con ella, y solo sé que no está bien, la secuestraron-
Saga se sorprendió. Kanon entendía a medias, pero recordaba haber escuchado a Saga decir que Aioros estaba saliendo con una chica llamada Sofía. Eso no sonaba nada bien.
-¿Y Aioros…?- comenzó a preguntar.
-Fue al hospital a buscarla, pero nunca regresó. Nadie más la ha visto- dijo Casandra- además, uno de los otros médicos me dijo que Sofía fue secuestrada, por un hombre vestido con un traje negro, y otros dos hombres con una armadura negra-
Saga y Kanon se quedaron helados. ¿La explosión en el hospital estaba ligada también al ataque en el centro de la ciudad, en el que había sido herida Lydia?
-Saga- dijo Kanon de pronto, golpeándose la frente con la mano- creo que acabo de entender lo que sucedió. Piénsalo, ¿qué tienen en común Lydia, Aioria y esa chica, Sofía?-
-¡Aioros!- dijo Saga de pronto, entendiendo lo que su hermano quería decir. Casandra lo miró sin entender- ¿crees que todo esto es por Aioros?-
-Sí, y tenemos que hablar con la señorita Athena- dijo Kanon, asintiendo- tan pronto como regrese de su audiencia con Hades-
Casandra los miró alternadamente, espantada al escuchar esa conversación. Saga la miró, y vio a Kostas aún abrazándose de su madre, mirándolos confundido, y no tuvo más remedio que asentir.
-Creo que será mejor que pasen al templo de Géminis, la entrada del Santuario no es segura- dijo Saga, señalando el camino hacia los Doce Templos.
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Inframundo
Death Mask había subido al templo del Patriarca, y no podía creer lo que le pidieron Athena y Shion.
-Pero señorita Athena- reclamó Death Mask- ¿está segura de lo que está pidiendo?-
-Sí, Death Mask- dijo Saori- necesito hablar con Hades. Es un asunto de vida o muerte-
El santo de Cáncer no tuvo otra opción más que obedecer. Tras hacer una inclinación respetuosa, dio la espalda al Patriarca y a Saori, y levantó su dedo índice, señalando la pared.
-Seki shiki meika ha- dijo Death Mask. El ataque de Cáncer rodeó todo el templo del Patriarca.
Los tres fueron transportados directamente al Inframundo, a Yomotsu Hirasaka. Una vez que llegaron, Saori reprimió un escalofrío. Realmente odiaba ese lugar en particular. Le traía muchos recuerdos, de como sus santos dorados sacrificándose por ella, y eso la entristecía mucho.
Inmediatamente, al detectar que había tres personas vivas en el Inframundo, todos los espectros se pusieron alertas y avisaron a los tres jueces. Éstos se dirigieron a Yomotsu Hirasaka, y se sorprendieron al ver de quien se trataba.
-¡Athena!- dijo Minos en voz alta, deteniéndose frente a ella y sus dos acompañantes- ¿qué están haciendo ustedes aquí?-
Saori estuvo a punto de decir algo, pero Shion la detuvo.
-Lamentamos mucho molestarlos- dijo Shion en un tono diplomático- tenemos un asunto urgente que discutir con el rey del Inframundo. Por favor, llévenos ante él-
-¿Qué asunto…?- comenzó Aiacos.
-¿Cómo podemos confiar en ustedes?- ladró Radamantys.
Shion suspiró.
-Por favor, solo queremos una audiencia- dijo Saori- Shion no mintió. Es de vida o muerte-
Los jueces se miraron entre ellos, y asintieron. Sin pasar mucho tiempo, los jueces los acompañaron a Giudecca.
Hades se encontraba ahí, sentado en un trono. Junto a él, había otro trono, vacío. Shion y Saori se miraron entre ellos. Sabían muy bien que, por primera vez en casi mil años, Hades estaba buscando a Perséfone en vez de pelear con Athena. A ambos lados de los dos tronos, Hypnos y Thanatos estaban de pie, fastidiados de que hayan interrumpido sus actividades habituales para esa audiencia, y miraban a los recién llegados cruzando los brazos. Pandora llevaba una bandeja con té, y se la ofreció a los recién llegados.
-Gracias, Pandora- dijo Hades, sonriendo al ver la bandeja de té. Aparte de la tetera y las tazas, había un pequeño vasito con una pulgada de agua y un ramito de flores de jazmín- ah, el té de jazmín es uno de mis favoritos. Es la flor que más le gusta a mi Persone también- añadió tristemente.
El dios levantó la vista, y volvió a sonreír al ver a los recién llegados.
-¡Athena!- exclamó Hades con una sonrisa- Shion, que gusto verte de nuevo. ¿A qué debo el placer de su visita?-
-¡Hades!- gruñó Saori, cruzándose de brazos, pero sin soltar su báculo- hay un grupo de personas en Atenas usando armaduras negras y atacando a mis santos a traición. ¿Tú tienes algo que ver en eso?-
Los dioses gemelos fruncieron el entrecejo, muy molestos, y Radamantys estuvo a punto de decir algo, si no fuera por la mirada de advertencia de Hades, quien levantó la mano para hacer callar a todos sus súbditos. El rey del Inframundo estaba de buen humor, pues había encontrado una pista para llegar a Perséfone, y no había nada que lo pusiera de malas ese día.
-Al grano, como siempre, Athena- dijo Hades, tranquilo y sonriente, a pesar de que Saori estaba furiosa- no, esos ataques no son cosa mía. Recuerda que prometí no atacarte, y ahora estoy enfocado en encontrar a mi esposa. Pero creo saber algo al respecto-
Shion y Saori esperaron pacientemente. Death Mask parecía aburrido y fastidiado de estar ahí.
-Hace algunas semanas, algunos de mis espectros también fueron atacados a traición en la superficie, en el valle de Enna, muy cerca del volcán. Horribles bolas de fuego azul- explicó Hades- no sobrevivieron, pero bueno, ya sabes a donde se van cuando mueren- se encogió de hombros- dijeron que fueron atacados por hombres con armaduras negras, las cuales tenían marcas azules-
-Así es como Lydia las describió, señorita Athena- dijo Shion- ¿qué hicieron al respecto?-
-Nada- respondió Hades- no encontramos a los culpables. Y no volvieron a atacarme-
-Esas armaduras…- dijo Shion- ¿son sapuris?-
Hades sacudió la cabeza.
-Como sabes, los sapuris están hechos de los minerales del Inframundo. Si lo fueran, sería muy fácil seguirlos- dijo Hades en tono despreocupado- las armaduras de nuestros atacantes no eran sapuris. No son escamas y no son cloths-
Saori frunció el entrecejo. Shion entendió lo que quería decir. No era obra de Poseidón o de Hades. Era obra de alguien más.
-Una ultima cosa- dijo Shion, tomando nuevamente la palabra- dos de nuestros santos han desaparecido tras los ataques. Queríamos ver si alguno de ellos ha… caído, o si estaban en las listas de Lune, en la lista de los que están a punto de morir-
-Ah, querido Patriarca Shion- dijo Hades en tono sarcástico- los santos de Athena SIEMPRE están presentes en las listas de los que están a punto de morir. Incluso tú estás. No podríamos saber si alguno de ellos está a punto de morir o no. En cuanto a las listas de Lune sobre los que han muerto ya, la respuesta es no. No hemos recibido ningún nuevo santo de Athena desde que resucitaron-
Shion se sentía más tranquilo al escuchar que, cuando menos, Aioros y Aioria estaban vivos.
-Gracias por recibirnos, y por tu ayuda, Hades- dijo Saori sinceramente, encogiéndose de hombros- volveremos al Santuario ahora-
Hades asintió.
-Ya saben que aquí son bienvenidos- sonrió el dios del Inframundo. Realmente amaba las visitas, ahora que estaban de tan buen humor.
Después de despedirse, Shion y Saori fueron con Death Mask de regreso a Yomotsu Hirasaka, para regresar al Santuario.
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CONTINUARÁ…
¡Hola chicos! Espero que les esté gustando esto. Ahora iré a esconderme bajo una roca o algo así, antes de que comiencen a caerme encima los tomates. Nos leemos pronto.
Abby L.
