AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
XIV. EL TIEMPO CORRE
Lugar Desconocido
Una vez que se quedaron solos en la oscuridad, Sofía se volvió a ver a Aioros, quien estaba tumbado en el suelo, cabizbajo y apretando sus puños.
-¿Aioros?- susurró Sofía en un tono preocupado, sentándose en el suelo junto a él- ¿qué está pasando aquí?¿quiénes son esas personas?-
Aioros la miró tristemente. En ese momento, Sofía se veía perfectamente bien. Nadie que no la conociera podría sospechar que estaba en un peligro inminente si seguía en las mismas condiciones en las que estaba en ese momento. Estaba asustada, porque no lograba comprender que era lo que había pasado, o porqué estaba ahí.
-¿Aioros?- insistió ella, al ver que el chico no respondía, y poniéndole la mano en su hombro.
-Esas… personas- dijo Aioros, a falta de una mejor palabra- quieren que traicione a mi diosa, que me una a ellos y que les entregue un arma que tiene la princesa Athena en su poder. Y amenazan hacerles daño, a ti y a mi hermano, si no lo hago-
Sofía lo miró, y pasó su vista de Aioria a Aioros, dándose cuenta de que el joven caballero estaba genuinamente mortificado por la situación.
-Es obvio, entonces- dijo Sofía, intentando sonreír y sonar lo más convencida posible- tenemos que salir de aquí lo más pronto posible. Además, no creo que te guste ver cómo me pongo cuando estoy alta… no soy tan agradable como cuando estoy baja-
Aioros se esforzó por sonreír, pero no pudo. Su hermano menor estaba a tres pasos de él, sufriendo con unas horribles quemaduras. Y Sofía estaba a un par de horas de descompensarse. Sofía lo notó, y se volvió a Aioria.
-¿Entonces este chico es tu hermano?- dijo Sofía, señalando a Aioria, y Aioros asintió. La chica hizo una mueca: no se veía muy bien- debe haber alguna manera de salir de aquí- puso sus manos en las caderas, y sintió algo en sus bolsillos. Los vació, y encontró un rollo de cinta adhesiva y unas tijeras- ¿esto sirve de algo?-
Aioros miró las tijeras.
-Creo que…- dijo Aioros, y se interrumpió, mirando hacia la puerta. Sofía entendió y se acercó. No escuchó nada- creo que esas tijeras pueden servir- continuó Aioros- trata de usarlas para desprender las cadenas de la pared-
Sofía se acercó a la pared y miró la cadena.
-La cadena está bien fija a la pared- dijo Sofía, describiendo lo que veía- pero una de las esquinas está un poco levantada-
-¿Crees que puedas usar tus tijeras como una palanca?- pregunto Aioros.
Sofía se mordió el labio. No iba a ser fácil, pero mejor se ponía a trabajar.
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Templo de Aries, Santuario de Athena
-Oh, parece que tu maestro bajó al templo de Géminis, Kiki- dijo Aldebarán, tomando un sorbo a su taza de café- realmente espero que la pequeña Lydia esté mejor-
Desde que Mu regresó al Santuario con Lydia, después del ataque que había sufrido, Kiki había subido al segundo templo, para pedir a Aldebarán que cubriera el templo de Aries mientras que Mu estaba atendiendo ese asunto.
-Eso espero- dijo Kiki, abrazándose- no me gustó ver así a la señorita Lydia-
-No te preocupes, pequeño, seguramente Athena la curó de inmediato- dijo Aldebarán, dando una palmada en la espalda al pequeño, aunque casi lo tumba al suelo- no te preocupes por ella-
Kiki se volvió hacia el templo de Géminis con curiosidad.
-Señor Aldebarán- dijo Kiki, con su mejor cara de inocencia- ¿puedo subir al templo de Géminis? Quisiera saber como está la señorita Lydia-
Aldebarán evaluó a Kiki con la vista, mientras que el pelirrojo cruzaba los dedos detrás de la espalda. Por fin, el caballero de Tauro sonrió y asintió.
-De acuerdo, Kiki- dijo Aldebarán, cruzando sus enormes brazos- solo no te metas en problemas-
Kiki asintió, y se apresuró a subir al templo de Géminis. Una vez que Kiki desapareció, Aldebarán se echó a reír. Le gustaba pasar tiempo con el pequeño torbellino, aunque no fuera su alumno. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Marín, quien iba subiendo a los Doce Templos.
-¡Marín!- dijo Aldebarán, sorprendido de verla ahí- ¿qué sucede?-
Marín se detuvo a recuperar el aliento. Había corrido sin parar desde el recinto.
-Lo siento, Aldebarán…- dijo Marín- solo vine a… ver si había noticias-
Aldebarán sonrió.
-Claro, pasa- dijo Aldebarán- creo que tu amiga Lydia está en el templo de Géminis. Ahí a puedes encontrar-
Marín parpadeó, pero sonrió. Al parecer, Aldebarán creía que estaba preocupada por Lydia. La amazona asintió y se apresuró al templo de Géminis.
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Lugar Desconocido
El plan de desprender las cadenas con las tijeras era bueno, es esencia. Pero las tijeras redondas primero se rompieron antes de que las cadenas cedieran, y Aioros tuvo que desechar ese plan.
Llevaban un par de horas ahí, y Aioros estaba muy preocupado por la situación en la que estaban. Para empezar, Aioria se encontraba muy lastimado, con su espalda cubierta de quemaduras, y con un estado de conciencia rápidamente cambiante. En una de las veces que estuvo consciente, intentó en vano levantarse hacia su hermano.
-¿Aioros?- dijo el santo de Leo, sin abrir los ojos, y apretando sus dientes de dolor- ¿eres tú?-
-Aquí estoy, cachorro- dijo su hermano- trata de no moverte para que no te lastimes más. ¿Cómo te encuentras?-
-Podría estar mejor- gruñó Aioria, apretando los ojos y apretando los dientes de dolor- esto duele.. horrible… ¿sabes donde… donde está Lydia?-
-Henry dijo que escapó, gracias a ti- sonrió Aioros- dijo que la querían a ella, pero tú desviaste el impacto destinado a ella, y la ayudaste a escapar-
Aioria sonrió levemente.
-Espero… que no esté lastimada…- dijo Aioria con dificultad- Lydia no quería dejarme…menos mal… que me escuchó…-
-Lo sé, y me sorprende que así haya sido, Aioria- observó Aioros, esforzándose por sonar tranquilo y optimista- Lydia parece ser tan testaruda como tú-
Aioria iba a reír, pero le dolía mucho.
-Lo lamento, Aioros- dijo Aioria, en un tono lleno de enojo- me atraparon… lo lamento…-
-No lo lamentes- dijo su hermano mayor- hiciste lo que tenías que hacer: proteger a Lydia. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo-
-Sí…-
Aioria no dijo nada más, se relajó y quedó inconsciente de nuevo. Sofía estaba tranquila, a pesar del predicamento en el que se encontraban. Había optado por apagar todas las alarmas de su bomba, ya que éstas no paraban de sonar por la falta de insulina y por sus niveles altos de azúcar. La última vez que los vio, marcaba 400. Ella estaba, dentro de lo que cabe, sin ninguna molestia más que un poco de sed y un leve dolor de cabeza. Lo bueno del asunto es que, a diferencia de Aioros, ella estaba libre, y se podía mover en la pequeña y oscura habitación.
-Aioros, tu hermano…- dijo Sofía tras examinar las quemaduras de Aioria con cuidado. El santo de Leo no había reaccionado- creo que deberíamos cubrirlo. Buscaré algo para cubrir su espalda-
Aioros miró a la chica buscando en la habitación alguna tela u otra cosa para cubrir a Aioria, pero no había nada en la celda más que ellos mismos.
-Nada- dijo Sofía, y miró el uniforme que traía puesto, y señaló la pieza superior del mismo- quizá esto servirá…-
-No, Sofía, pero creo que ya sé que nos puede servir- dijo el santo de Sagitario- mi camisa… puedes usar mi camisa para cubrirlo. Tendrás que quitármela-
Sofía se ruborizó ante aquella orden. Aioros también se sintió un poco incómodo, pero no era momento para esas cosas. Si podía ayudar a su hermano, aunque sea en lo más mínimo, lo haría.
-Vamos, Sofía, hazlo- insistió Aioros, tan apenado como ella- no hay otra cosa con qué cubrirlo, y yo estoy encadenado, no puedo quitármela solo-
La chica pelirroja suspiró algo nerviosa, y asintió. Se acercó a Aioros y extendió sus manos hacia él. Dudosa, tocó suavemente la tela y tocó el primero botón con la yema de sus dedos. Sofía comenzó a desabrochar la camisa blanca que el joven caballero traía puesta. Aioros notó su nerviosismo y que sus manos temblaban un poco, y sonrió levemente. El roce de sus manos era muy suave, delicado y agradable.
-Oye, tranquila, Sofi- le dijo Aioros- lo estás haciendo bien-
Sofía sonrió al levantar la vista, y fijar sus ojos en los de Aioros. Después regresó su atención a sus manos, para seguir desabrochando la camisa.
-Debo confesarte que no esperaba que nuestra cita de hoy terminara así, Aioros- dijo Sofía en voz baja, intentando sonar optimista- definitivamente no esperaba el secuestro, pero tampoco terminar la noche quitándote la camisa-
-Lo lamento muchísimo, Sofía- dijo Aioros, bajando su mirada- todo esto es mi culpa-
-No es tu culpa, y no te preocupes, Aioros- dijo Sofía, levantando los ojos hacia él- sé que saldremos de ésta, juntos-
Aioros asintió, y se inclinó para darle un beso en la mejilla. Sofía sonrió también, y terminó de desabotonar la camisa. La chica tuvo que romper las mangas para poder sacársela, ayudándose del escaso filo de las tijeras rotas. Una vez que lo hizo, caminó hacia Aioria y le cubrió la espalda con la camisa blanca, con mucho cuidado para no lastimarlo más.
Una vez que terminó, Sofía regresó al lado de Aioros, y se sentó a sus pies, junto a él. El santo también se sentó en el suelo. La pelirroja apoyó su cabeza en el hombro del santo. Aioros no pudo evitar notar que las respiraciones de la chica se habían vuelto más frecuentes y profundas que antes. Adivinando su preocupación, Sofía lo besó en la mejilla con una sonrisa.
-No te preocupes por mi… Aioros- dijo Sofía en un susurro- estaremos bien-
Aioros iba a decir algo, pero el ruido de la puerta abriéndose los interrumpió. Los dos se volvieron, y vieron que volvieron a entrar Greta y Henry.
-Vaya, que ternura- dijo ella, en un tono que hizo que Aioros frunciera el entrecejo. Sofía, que tenía su bomba, inservible, en su mano, la apretó con fuerza- en serio deberías apurarte, Aioros, no le queda mucho tiempo a tu novia. No que vayas a poder volver a verla de una u otra manera-
El hombre que acompañaba a Greta tomó a Sofía y la forzó a levantarse, para luego empujarla contra la pared contraria a la puerta. Aioros se levantó también.
-Déjala ir- dijo Aioros, intentando avanzar hacia él- Sofía no tiene nada que ver con este asunto. No tienes porqué lastimarla-
-Ya te he dicho mis condiciones, Aioros- dijo Greta, acercándosele con una expresión que no le gustó nada.
Greta tomó a Aioros de los hombros, y éste no pudo evitar sentir una horrible sensación. ¡Qué diferencia había entre las dos chicas! El toque de esta mujer le era muy desagradable. Intentó quitarse esas frías e insensibles manos de encima, pero las cadenas se lo impedían apartarse.
-Suéltame- dijo Aioros, apretando los dientes, con una expresión de fastidio.
Greta no le respondió, al menos no con palabras. Sonrió maléficamente y bajó sus manos al pecho descubierto del caballero. Aioros se retiró tanto como las cadenas se lo permitían y cerró los ojos, completamente disgustado.
-¡Te dijo que lo sueltes, baggiana!- escuchó la voz de Sofía casi de inmediato. Aioros sintió que Greta lo soltó de pronto, y se escuchó el sonido de un objeto plástico cayendo al suelo. El joven santo abrió para ver lo que había pasado.
Molesta por lo que estaba sucediendo, y a pesar de sentirse un poco mareada por estar a punto de descompensarse, Sofía se había soltado de Henry, dandole una bofetada, y había lanzado su bomba a la cabeza de Greta, quien soltó a Aioros, molesta, y se volvió a ella. Henry la volvió a atrapar, y la rubia le dio un golpe la mejilla con todas sus fuerzas. Sofía cayó al suelo, cubriéndose la mejilla golpeada con las dos manos.
-¡Sofía!- exclamó Aioros, intentando dar un paso adelante, hacia ella, pero las cadenas se lo impidieron otra vez.
-¡Cómo te atreves, estúpida!- exclamó Greta, ignorando a Aioros y volviéndose a Sofía con su puño en alto- te voy a…-
-No, no debes hacerle nada, Greta- dijo Henry, deteniéndola- ya sabes el plan, ya sabes que ella va a morir de todos modos-
Greta sonrió y asintió, para después volverse a Aioros.
-Se te acaba el tiempo, caballero. Toma tu decisión, antes de que los dos mueran por tu culpa- dijo Greta, antes de salir, seguida de Henry, y cerraron la puerta tras ellos.
Una vez que se quedaron solos, Aioros se volvió hacia Sofía.
-Sofía, ¿estás bien?- dijo Aioros.
-Sí, creo que… estoy bien- dijo ella, apretando los dientes de dolor, cubriéndose la mejilla herida con una de sus manos. Sentía el calor en su mejilla, y además ya estaba empezando a tener dificultad para respirar- ¿y tú?-
-Bien- dijo Aioros, mirándola- no tenías que hacerlo, pero gracias por lo que hiciste-
-Sí tenía… ¡me revienta la gente… que hace eso!- dijo ella, recogiendo la bomba, poniéndose de pie frente a él y sonriéndole.
Aioros sonrió también, olvidándose un poco de lo que había ocurrido antes. Ambos se sentaron juntos en el suelo, y ella apoyó su cabeza en el hombro de él otra vez. El joven pudo escuchar que sus respiraciones se habían vuelto mucho más elaboradas, y borró su sonrisa.
-Esto no puede seguir así, Sofía. Voy a terminar cediendo a sus exigencias- se lamentó Aioros, cabizbajo, apoyando su cabeza en la de ella- no puedo permitir que tú sufras así por mi culpa-
-No me pasa… nada- dijo Sofía con esfuerzo.
-No mientas- dijo Aioros en voz baja- te estoy viendo, te estoy escuchando respirar así. ¡Necesitas recibir insulina, y pronto! Lo voy a hacer…-
-No, Aioros…- dijo Sofía, respirando con más dificultad- no puedes renunciar… a tu honor de caballero para… convertirte en su esclavo. Porque aunque lo hagas… no nos dejarán ir… no puedes confiar en su palabra… ellos no son… personas honorables…-
Aioros la miró, sorprendido. Sofía hizo una mueca, y se ovilló. Le dolía el estómago. Y ella sabía muy bien lo que le estaba pasando en ese momento. Ya le había pasado una vez. Pero decidió no decir nada al respecto: no quería alarmar a Aioros más de lo que ya estaba. No quería que renunciara a su honor de caballero por culpa de ella.
-No puedes… perder tu honor de caballero, Aioros… por personas como ellos…- dijo Sofía- no lo merecen…-
-Sofía- dijo Aioros, notando que cada vez estaba peor. Le echó un vistazo a la bomba, que milagrosamente no se había descompuesto tras tremendos golpes en la cabeza de Greta y en el suelo, respectivamente. Ya no decía números, solo decía HI- ¿qué significa esto?-
-El máximo que marca… es 400…- le explicó- esto significa… que estoy… arriba de eso…-
Aioros se alarmó. Entonces estaba muy mal. No podía permitir que ella muriera. ¡Iba a ser su culpa! Estuvo a punto de levantarse, pero Sofía se lo impidió. Lo abrazó y recargó su cabeza en el pecho de él. La chica tardó un poco en recuperar el aliento.
-Sofía, sabes que tengo que hacerlo- dijo Aioros- no puedo dejar…-
-Prométeme… que no lo harás…- dijo Sofía, mirándolo con un poco de somnolencia- pase lo que pase conmigo… promételo…-
-No puedo, no me pidas eso- dijo Aioros, sacudiendo la cabeza. Le dolía el corazón. Le dolía no poder hacer nada para salvarla.
-Promételo…- dijo Sofía, con lágrimas en los ojos, tomando una de las manos del santo entre las suyas- promételo, Aioros… por favor-
-Está bien, αγάπη μου- dijo Aioros en un susurro- te lo prometo-
-Tu palabra- dijo Sofía.
-Mi palabra- dijo Aioros, para después besarla en la mejilla.
Sofía sonrió, y cerró los ojos, abrazando a Aioros. Éste la abrazó también, a pesar de las molestas cadenas, y la atrajo a sí mismo. No sabía como lo iba a hacer, pero iba a sacarla de ahí. Las cosas no podían terminar así.
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Templo de Géminis
Tras llamar a Shaka al tercer templo y después de explicarle la situación, el santo aceptó utilizar sus habilidades psíquicas para encontrar a Aioria. Cuando Lydia y Mu le explicaron exactamente donde fue la última vez que fue visto, y de ahí busco la pista de su cosmo, aunque estuviera debilitado. El santo de Virgo se sentó en el suelo y se puso a meditar.
Saori caminaba en círculos, muy preocupada por sus dos santos dorados ausentes. Shion le hizo una señal para que se siente y no desconcentre a Shaka con sus constantes movimientos.
-¿Qué se supone que está haciendo?- le preguntó Casandra a Saga en un susurro. no sabía que pensar del santo de Virgo.
-Buscando el cosmo de Aioria- le explicó Saga- como escuchaste, el hermano menor de Aioros, y su hermana, fueron atacado por los mismos sujetos con armaduras color negro y azul. Shaka puede, entre otras cosas, detectar los pulsos más finos de cosmos, incluso si están en un lugar remoto-
Shaka dejó escapar una exclamación de dolor. Se dejó caer al suelo, apretando los ojos, y tembló ligeramente. Lydia se acercó a él y le puso una mano en el hombro. Shaka levantó la vista hacia Lydia, y la miró sorprendido. El santo de Virgo volvió a cerrar los ojos y respiró profundo, como si acabara de pasar más de cinco minutos debajo del agua. Shaka se tocó torpemente los brazos.
-¿Qué pasó, Shaka?- dijo Lydia- ¿estás bien?-
Shaka asintió, y se incorporó, para volver a sentarse en el suelo.
-Lo lamento- dijo Shaka, volviéndose a poner en posición para meditar- entré a la mente de Aioria por un momento. Está vivo, pero con mucho dolor. Y también está lleno de preocupación. Está en un lugar salado y húmedo, debe ser cerca del mar. Es una cueva. No pude averiguar mucho, en su mente solo siente dolor-
Lydia se llevó las manos a la boca. Mu se acercó a abrazarla, pero ella lo empujó.
-No, todo esto es mi culpa- dijo Lydia, cerrando los ojos y llevándose las manos a la cabeza- Aioria fue herido por intentar salvarme. Y ahora está sufriendo por mi culpa-
Mu se volvió a acercar a ella y la abrazó. Lydia se esforzó por no ponerse a llorar. Sabía que no podía llorar, tenía que ser fuerte, y tenía que ser útil para encontrar a sus hermanos.
Shaka volvió a meditar, y comenzó a quemar su cosmo, levitando levemente del suelo, intentando localizar el cosmo del santo de Leo. Por fin lo encontró, y se dio cuenta de que estaba muy cerca de Aioros. Y lo encontró. Ya sabía donde estaban.
Shaka dejó de levitar. Volvió a quedar sentado en el suelo, y posteriormente se puso de pie.
-Los encontré- dijo Shaka con calma- los dos están en el mismo sitio. En el mar Egeo… en la isla de Milos… en las catacumbas a las afueras de la villa de Tripiti-
-Gracias, Shaka- dijo Saga- ahora ya sabemos a donde tenemos que ir-
-Shaka, ¿porqué no podemos sentir sus cosmos?- preguntó Mu. Fue Shion quien contestó.
-Hay algo en esas catacumbas- dijo el Patriarca- esas catacumbas están dedicadas a la diosa Afrodita, y el cosmo de la diosa bloquea todos los cosmos que entren a las cuevas… es el escondite perfecto para que no los encontráramos-
-¿Quiere decir que el enemigo tampoco puede usarlo, maestro?- preguntó Saga.
-En teoría- dijo Shion.
Guardaron silencio un momento. Saori, quien estaba muy nerviosa, se excusó para ir a la cocina del templo de Géminis por una taza para servirse un poco de té. Mientras que la diosa no estaba, los santos y el Patriarca formularon su plan.
-Entonces yo iré- dijo Saga de pronto- puedo abrir un portal de otra dimensión, que llegue directo a la superficie de la isla, y de ahí bajaré a pie-
-Yo también iré contigo- dijo Mu, cruzándose de brazos y apretando el puño de su mano derecha- si es cierto que Henry está involucrado, va a pagar por haberse metido con Lydia otra vez-
-Yo también iré con ustedes- dijo Casandra con decisión- no puedo dejar que…-
-No, de ninguna manera- la interrumpió Saga.
-No me digas que puedo o que no puedo hacer, Saga- dijo Casandra- ¿no lo entiendes? Mi única amiga está en peligro. No puedes dejarme aquí-
-No puedes ir, porque es muy peligroso, y esos sujetos están locos- dijo Saga, explicándoselo como si se tratara de una niña pequeña- no puedo arriesgarme a que te pase algo malo-
-No pareció importante antes- dijo Casandra.
Golpe bajo. Saga sintió un nudo en el estómago, pero su cara permaneció impasible.
-Siempre me ha importado que no te pase, Casy- dijo Saga.
-Que no me…- comenzó a decir Casandra, pero sacudió la cabeza- es mi mejor amiga. No pienso quedarme de brazos cruzados. Tu hermano o alguien más puede cuidar a Kostas mientras…-
-Ése no es el punto, Casy- le respondió Saga, interrumpiéndola y cruzándose de brazos. Casandra gruñó y, sin olvidar que había más personas presentes, se contuvo. Saga la tomó de las manos, y ella se sorprendió tanto que no dijo nada ni las retiró. El caballero de Géminis la miró fijamente a los ojos- te prometo que haré todo lo que esté en mi poder para traer a tu amiga-
Casandra lo miró, muy sorprendida de sus palabras. Los demás presentes los miraban con curiosidad. Lydia miró a Mu, y el caballero de Aries sacudió la cabeza, adivinando lo que ella le quería decir.
-No, Lydi, tú tampoco deberías ir, es muy peligroso también para ti- dijo Mu, besándola en la mejilla- no te preocupes, yo me encargaré de vengar a tus hermanos por ti-
-De acuerdo- dijo Lydia, dejándose caer sobre uno de los sillones de la casa de Géminis. Saga envidió secretamente a Mu, viendo que Lydia no le hizo ninguna discusión de su decisión. Se volvió a Casandra.
-Te quedarás con Lydia- dijo Saga, señalándola con un gesto de la cabeza, y se volvió a la chica castaña- te la encargo, pequeña- añadió, dirigiéndose a Lydia. A Casandra no le hizo ninguna gracia que Saga la dejara a cargo de una adolescente.
-Te prometo que no dejaré que se separe de mi, Saga- dijo Lydia, ignorando el gesto de Casandra.
Saga asintió y abrió un portal a otra dimensión. Mu lo cruzó primero, y después lo siguió el gemelo mayor. El portal se cerró inmediatamente detrás de ellos.
Saori regresó de la cocina, al parecer sin haber encontrado ninguna taza. Ella y Shion se despidieron por lo pronto, y regresaron al templo del Patriarca. Shaka los acompañó para regresar al templo de Virgo.
Una vez que se quedaron solas, Lydia sonrió sospechosamente, y Casandra la miró con curiosidad.
-¿Qué sucede, niña?- preguntó la pelinegra- ¡estas tramando algo!-
No era una pregunta, pues Casandra reconoció su expresión. Lydia le guiñó un ojo.
-Vamos a seguir a Mu y a Saga- dijo Lydia- bueno, si quieres ir. Espero que sí, porque prometí a Saga que no te separarías de mi-
-¿Pero como?- dijo Casandra, sorprendida ante la afirmación de la chica- a menos de que puedas… abrir un portal como el que abrió Saga…-
-Los portales a otra dimensión no son la única manera de viajar- dijo Lydia con una enorme sonrisa. Después alzó la voz- Kiki, se que estás ahí, ven aquí-
Mientras Lydia aún estaba hablando, se pudo observar una distorsión en el espacio, y después, el pequeño pelirrojo se apareció frente a las dos chicas.
-¿Me llamó, señorita Lydia?- preguntó el pequeño con una sonrisa traviesa, y Lydia asintió.
-¿Cómo…?- comenzó Casandra.
-¿Estabas escuchando todo lo que sucedió?- preguntó Lydia.
-Por supuesto que no, señorita Lydia- dijo Kiki, con su sonrisa de falsa inocencia, que Lydia había aprendido a identificar muy bien.
-Kiki, estoy hablando en serio- dijo Lydia.
-Sí, señorita Lydia, escuché todo… por accidente, por supuesto, cuando vine a buscar al maestro Mu- dijo Kiki.
Casandra no pudo evitar sonreír al ver a ese niño tan travieso. Esperaba que Kostas no fuera tan travieso a sus ocho o nueve años.
-Llévanos a donde se encuentra tu maestro- dijo Lydia. Kiki la miró, dudoso de si debía obedecer o no. Al ver que el pequeño aprendiz no respondía, la chica insistió- apresúrate, Kiki…-
Antes de que el pequeño pelirrojo dijera o hiciera algo, llegó alguien al templo de Géminis. Era Marín. Parecía llevar algo en la mano derecha, que apretaba contra su pecho con mucho cuidado.
-Kiki, ¿no escuchaste lo que dijo Lydia?- dijo la amazona en tono autoritario. Lydia se sorprendió al verla, y al principió creyó que estaría en problemas, pero no pudo evitar sonreír al escuchar la orden que le dio a Kiki. Al parecer, ella ya sabía de que se trataba la situación, y ella misma quería ir a ayudar a Aioria.
-Señorita Marín- dijo Kiki, dudoso- mi maestro dijo que no…-
-Y ahora yo te digo que sí- dijo Marín en el mismo tono- Kiki, ¿qué estás esperando? Llévanos a las tres, y más te vale que no te tardes. Tengo órdenes de Athena-
Kiki finalmente sonrió y asintió.
-¿Estás lista? Vamos detrás de Mu y de Saga- dijo Lydia, volviéndose a Cassandra sin dejar de sonreír.
Casandra asintió. Las dos chicas, la amazona y Kiki desaparecieron en un portal de teletransportación. Segundos después de que habían desaparecido por completo, Kanon y Kostas salieron de la cocina. El menor de los gemelos había alcanzado a escuchar lo último que las chicas habían dicho, sin poder hacer nada al respecto.
-Por todos los dioses- se lamentó Kanon- Saga me va a matar…-
Miró a su lado, y entró en pánico: lo habían dejado completamente solo con Kostas.
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Templo de Virgo
Shaka apenas acababa de llegar a su templo cuando lo sintió. Miró hacia atrás, hacia el templo de Géminis, y sacudió la cabeza de manera reprobatoria.
"No debiste hacer eso, Marín", pensó Shaka.
-¿Shaka?¿qué sucedio?- preguntó el maestro Shion, quien iba subiendo las escaleras rumbo al templo del Patriarca, acompañando a Athena- ¿porqué pusiste esa cara?-
-¿Sintió lo que acaba de pasar en Géminis?- preguntó Shaka, y Shion asintió.
-Los cosmos de Marín y Kiki desaparecieron- dijo Shion, encogiéndose de hombros- creo que Marín esta preocupada por Aioria, es comprensible. Y sé que Kiki estará bien-
Shaka sacudió la cabeza.
-No solo ellos dos fueron, maestro- dijo Shaka. Shion se sorprendió.
-No me digas que ellas dos…- comenzó el Patriarca, y Shaka asintió. Shion hizo un gesto de enojo.
Saori, por su parte, no dijo nada, solo sonrió cabizbaja para sí misma. Shion se percató de la sonrisa de la diosa, y frunció el entrecejo.
-¿Señorita Athena?- dijo Shion- ¿usted no habrá hecho algo…?-
-¿Yo?- dijo Saori, con una sonrisa inocente.
-¿Señorita?- insistió Shion, mirándola fijamente- ¿qué fue lo que hizo?-
Saori jugueteó con sus dedos, nerviosa. Sí había hecho algo, cuando salió a la cocina, no había ido solo a buscar una taza. Se había encontrado con Marín. Le había entregado algo que la ayudaría en su misión.
-Nada, maestro- dijo Saori- no he hecho nada que no debiera haber hecho-
Lo cual era estrictamente cierto.
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Lugar Desconocido, Lejos de Atenas
Aioros tiraba de sus cadenas con todas sus fuerzas, intentando romperlas o desprenderlas del la pared. Hacía un rato que Sofía estaba en un estado estuporoso, y cada vez le era más dificil recobrar la conciencia. Aioros la había dejado en el suelo junto a él. El joven santo no podía quedarse quieto más tiempo.
Por fin, gracias al trabajo que había hecho Sofía con las tijeras en la pared, la cadena de su mano derecha se había desprendido, y Aioros sonrió, aliviado. Miró alternadamente a Aioria y a Sofía, y puso todas sus fuerzas en liberarse de la otra cadena. Si lo lograba, sería mucho más sencillo escapar, y llevarse a los otros dos. Aún no sabía exactamente como lo haría, pero tenía que darse prisa, ya que ninguno de los dos tenía buen aspecto.
Aioros miró la pared: la cadena de su otra mano ya estaba a punto de separar la otra cadena de la pared, la puerta se abrió, y apareció Henry nuevamente con otros cuatro hombres.
-¿Ibas a algún lado, santo de Athena?- dijo Henry. Aioros se limitó a mirarlo con odio. Henry se volvió a los sujetos que iban con él- ¿qué esperan? Vuelvan a encadenarlo a la pared-
Pero al parecer a Aioros no le hizo mucha gracia esto. El santo dio un tirón a la cadena que aún estaba pegada a la pared, desprendiéndola por completo. Con las cadenas aún bien sujetas a sus muñecas, Aioros comenzó a usarlas como armas. Los hombres trataron de someterlo, pero el joven caballero los venció fácilmente, dando latigazos con ellas y tirándolos al suelo. Se volvió a Henry.
-Ya me cansé de este juego de ustedes tres- le dijo Aioros con verdadero enojo- nos dejarás ir inmediatamente. Y pagarán por lo que le hicieron a mis hermanos y a Sofía-
Henry se echó a reír.
-De veras estás muy enamorado de esta chica- dijo Henry en tono burlón- no entiendo como vas a dejarla morir, por su honor de caballero de Athena. El honor no existe-
-Tú no tienes honor, que es diferente- dijo Aioros, aún sujetando las cadenas con sus manos, en guardia, listo para atacar si Henry se acercaba.
-Eres un estúpido- dijo Henry- vas a dejar morir a tu hermano y a la chica que amas por honor-
-No la voy a dejar morir- dijo Aioros- los voy a sacar de aquí-
El problema fue que Aioros no se dio cuenta que toda la charla que le hacían Henry era una distracción para que los cuatro hombres lo rodearan nuevamente. Uno de ellos le arrebató una cadena y la enredó alrededor de su cuello y sus brazos, y otro tomó la otra cadena, enredándole los pies. Aioros cayó al suelo, sin poder siquiera llevarse las manos al cuello para soltar la cadena y poder respirar mejor. Henry se inclinó, lo golpeó en el abdomen y lo tomó de los cabellos, obligándolo a levantar la mirada.
-Uh, muy mal, caballero de Athena, te distrajiste- dijo Henry, burlándose de él- lamentablemente, rechazaste a Greta por última vez. Se te terminó el trato privilegiado que tenías. Te arrepentirás- se volvió a los otros hombres- tráiganlo-
Los hombres obedecieron, y sacaron a un sometido Aioros de la habitación. El joven caballero lanzó una última mirada desesperada a su hermano y a Sofía antes de ser arrastrado.
-Aioros…- el santo escuchó la débil voz de Sofía desde dentro de la habitación. Sin perder detalle, Henry se volvió a los cuatro hombres, mirando despectivamente a Aioria y a Sofía dentro de la habitación.
-Esos dos están prácticamente muertos. Ya no nos sirven de nada. Mátenlos a los dos- dijo el inglés, y tres de los cuatro hombres regresaron a la habitación, para horror de Aioros, quien era arrastrado contra su voluntad, alejándolo de ahí.
-No… ¡no!- exclamó Aioros, forcejeando para liberarse, sin tener éxito- ¡déjenlos!-
-Lo lamento, caballero de Athena- dijo Henry, caminando junto a él mientras lo arrastraban hacia otra parte de las cuevas- debiste aceptar la oferta cuando tuviste la oportunidad-
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CONTINUARÁ…
Notas de Autor:
Isla de Milos (o Milo): isla volcánica griega del mar Egeo. En ella se encontró la famosa Venus de Milo. En ellas existen unas catacumbas dedicadas a la diosa Afrodita.
baggiana: estúpida (italiano)
Y sí, los síntomas de Sofía son los de una cetoacidosis diabética (o coma diabético).
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando la historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Pronto habrá pataditas, lo prometo. Les mando un abrazo enorme a todos. Nos leemos pronto.
Abby L.
