Al fin termine este capitulo
Capítulo 5: obsesión parte 3
"desear algo que trascienda al cuerpo"
Desde que la conoció las noches le parecían eternas, despertaba con la respiración agitada, sudando frio y con la mala sensación de ver su cama vacía después de poseerla en sueños, acaricio suavemente la funda de las sabanas recordando imágenes de su apasionado sueños, donde todo era tan real y la poseía etéreamente como una fiera fuera de control, irracional y totalmente inmerso en la locura que negaba inconscientemente esa realidad que lo consumía al no tenerla. Sus músculos se tensaban con cada recuerdo y bufo molesto, insatisfecho, tomo algo de agua y respiro profundamente, se levantó de la cama aun cansado, esa noche tampoco dormiría. Recorrió los pasillos del enorme palacio asustado de sí mismo, lo asustaba sentir tanta necesidad por alguien no que fuese Sakura, Se sentó en uno de los muebles de la sala, iluminada solo por el débil resplandor de las velas del día anterior, suspiro cansado y quedo meditando en ese lugar hasta que el ruido de una taza rota en el piso llamo su atención, era una de las nuevas empleadas que acababa de ingresar, al parecer se había asustado por su presencia, y lo miraba con algo de temor en su rostro, anticipando quizás un reproche que nunca llegaría, era joven, de ojos azules y un hermoso cabello largo rubio, llevaba puesto una ropa para dormir mucho más grande que ella pero a pesar de eso se podía apreciar un buen formado cuerpo debajo, una media sonrisa se formó en su rostro – tampoco puedes dormir – dijo mientras ella solo le sonrió tímidamente.
- me asustas cuando sonríes, siempre cometes imprudencias– recordó las palabras de su antiguo maestro mientras besaba los suaves labios de la rubia e introducía su lengua.
- cállate Kakashi – rememoro metiendo mano dentro de la holgada prenda sacando varios gemidos a la mujer
- solo no te arrepientas –esas palabras retumbaron en su mente cuando devoraba los senos de la jovencita quien reprimía sus gemidos por la vergüenza a ser oída.
La mujer debajo suyo gritaba y gemía, lo besaba y pedía que no parara. Era la primera vez que se acostaba con alguien de servicio, pero estaba desesperado, la beso salvajemente mientras sentía su miembro ser estrujado cuando esta llegaba a su segundo orgasmo, continuo envistiéndola sin darle respiro para luego obligarla a inclinarse por una de las ventanas de su habitación, ella respiraba jadeante intentando recuperar aire cuando la tomo de los glúteos y la penetro sin previo aviso con rudeza y sin compasión, los gemidos y gritos no se hicieron esperar y escapaban fervientemente de los labios femeninos al ritmo del vaivén que se producía en su trasero. El joven tomo entre sus manos el largo cabello rubio que caía por la espalda de su amante e imaginaba otra figura, Hinata, imagino que ella era, "su Hinata" y que esos gemidos eran la distorsión de su dulce vos, su cuerpo ardía ante tales pensamientos mientras la mujer gritaba cada vez más fuerte ya con lágrimas en los ojos, cada vez la embestía más duro, con más fuerza, más profundo, motivado por sus insanos pensamientos. La joven apretaba los muslos sintiendo sus entrañas destrozarse de placer, llevándola a una locura hasta ahora desconocida, se sintió levantada y atrapada por esos fuerte brazos que juntaban sus sudorosos cuerpos, las manos de su amante la recorrían, apretando y masajeando sus pechos o bajaba para jugar con su clítoris, mientras esos labios cargados con una respiración vahosa besaban y recorrían su espalda probando el sabor de la salada piel mientras ella botaba de arriba abajo cada vez más rápido con cada envestida – más por favor no se detenga – suplicaba tímidamente la mujer con la voz quebrada entre el placer y la vergüenza. Aumento el ritmo de sus envestidas sabiendo que ya no aguantarían mucho y sintiendo el final clavo sus diente en el hombro femenino marcándola, saboreando su sangre y dolor mientras ella gritaba fuertemente sintiendo un líquido caliente que la llenaban completamente,
Se sentó en la cama, estaba exhausto y cubierto de sudor, respiro pausadamente observando a la joven tendida en el piso, desnuda y temblando sin siquiera poder recuperar el aliento, el camisón que antes llevaba puesto ahora está destrozado y su tela antes blancas ahora estaban cubierta con algunas manchas de sangre, se tomó la cabeza frustrado y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
- Maldición – mascullo por lo bajo golpeando la pared – era virgen – dijo en vos baja arrepentido y enfado – maldito Kakashi – refunfuño recordando las palabras de su maestro.
Nunca fue un buen hombre pero sus remordimientos pesaban tanto como su dolor y eran pocas las cosas que lo hacían arrepentirse, fue entrando de nuevo a la habitación donde la joven apenas lo vio desvió la mirada apenada y aun respirando agitadamente intentó levantarse sin poder lograrlo.
- lo siento, me marcharme enseguida – susurro avergonzada, hablando más para sí que para la otra persona, conocía su posición pero tenía ganas de llorar, sabía que ese hombre nunca la tomaría enserio y prefería marcharse antes de oír que fue simplemente usada, quería ponerse de pie pero su cuerpo aun no respondía y un agudo dolor en su vientre le dificultaba más las cosas – disculpa… - quedo sin palabras cuando sintió los brazos del joven que la levantaban lentamente del frio suelo, el cuerpo de ese hombre era tan cálido a diferencia esa mirada negra que nunca trasmitía nada, lo miro atónita cuando la deposito delicadamente en la cama y sus miradas se toparon por un instante y sin decir nada la abrazo de forma tan protectora que entre lágrimas quedo dormida en sus brazos..
El quedo allí sin poder dormir, velando por esa mujer que lo hacía rememorar viejas heridas.
La mañana llego y a pesar de lo ocurrido la noche anterior seguía sin poder sacarla de su cabeza, no podía ni trabajar, su cuerpo se tensaba con solo ver la letra de Hinata dentro de la libreta, eso no podía seguir así, noto a Ino, la joven de servicio que lo miraba desde lejos y nuevamente sintió la necesidad de calmarse dentro de ella, sabiendo que eso no era la cura para ese mal.
Sin que nadie se diera cuenta, regreso a ese pequeño espacio de monte y paso gran parte del día buscándola con la mirada hasta que pudo dar con ella, se escondía entre los árboles y la observaba de lejos temiendo acercarse – Hinata – murmuraba mientras la seguía en su labor diaria, su largo día de trabajo, solo quería verla y disfrutar de ella, la siguió durante mucho tiempo, hasta que finalmente se fue hacia el bosque, trago en seco cuando la vio meterse dentro de un pequeño lago que se encontraba en un claro su mente se elevaba con la maravillosa visión que tenía, aprecio la delicadeza de su piel y los detalles de su cuerpo y a pesar de la distancia distinguía con claridad hasta sus pezones erectos por el frio. Sentía el pantalón cada vez más pequeño y la idea de no acercarse le era cada vez más difícil, se relamía los labios mientras gotas de sudor escapaban de su frente y su mano temblaba de mera emoción, esa mujer lo estaba volviendo loco a tal punto que temía lo que hacía crecía en su interior.
La vio sentarse sobre una roca mientras el sol secaba la ropa húmeda que seguía sobre su cuerpo, la mirada perdida de la joven denotaba una profunda tristeza, y por un breve instante la necesidad de abrazarla lo acosaban, a tal punto de casi caer del árbol donde se encontraba, recupero la compostura y la siguió observando, esos ojos tristes lo llamaban y quedo perdido en ellos tanto tiempo que no noto cuando las hebras de cabello que antes se encontraba pegada a su cuerpo ahora ya estaban secas, el mundo parecía detenerse mientras la contemplaba. Unos ruidos la hiso salir de su trance y desvió la mirada hacia un joven quien se aproximaba.
- Kiba – grito alegre Hinata corriendo al encuentro de su amado
- Hinata – respondió feliz mientras la abrazaba y unía sus labios con los de ella
Un dolor agudo apareció en su pecho dejándolo fuera de si - esa mujer no era Sakura - Sakura solo lo tenía a él – Sakura jamás estaría con otro hombre - sus pensamientos balbuceaban incoherencias que rondaban la locura mientras el vacío en su ser sentía unas ganas inmensa de reírse, reírse a carcajadas de ese maldito destino que siempre le juega malas bromas, miro a la pareja ahora sentada bajo un árbol riendo, hablando y de vez en cuando besándose, los miraba como algo ajeno, con una incomodidad evidente que quería borrar y disimular en esa mirada paranoica, los miraba con una envidia nada sana, puesto que él la deseaba con demencia. .
Bajo del árbol dispuesto a irse, sabiéndose perdedor de una batalla que temía librar y que por el bien de ambos debía terminar, pero la voz de ella resonaba en su cabeza impidiéndole dar paso atrás, obligándolo a ser testigo de algo que ya no aguantaba y así se mantuvo en pie por varios momentos, sin despegar los ojos de la pareja deseando largarse o quedarse ciego pero sus piernas no se movían y sus ojos se negaban a cerrarse y seguía allí contemplándolos martirizándose en vano
- huyamos antes que mi padre nos separe – la escucho decir, su mente hábil en estrategias militares, maquinaba planes con la información que recibía pero su conciencia le decía que solo se largara.
Estaba molesto consigo mismo, por no moverse, por no reaccionar, no soportaba seguir viendo como ese hombre la besaba, no aguantaba verla abrir sus labios para disfrutar de esa lengua ajena, maldecía esa mano que masajeaban esos senos que él no puede tocar. Todo su ser le gritaba que se largase cuando esas manos empezaron a deslizar el sencillo vestido aún húmedo, pero él no podía alejarse, quería ver hasta el final, sus piernas estaban plantadas en el piso.
- Detente Kiba – se retiró asustada tapándose los pechos con la mano mientras él la miraba un poco extrañado.
- Está bien princesa, esperare el momento – dijo con una sonrisa sabiendo que solo necesitaba un poco más de tiempo para su cometido, una sonrisa ganadora que molestaba de sobremanera al tercio oculto en esa relación
Se debatía internamente que hacer, la deseaba de sobremanera pero verla así con otro, despertaba sentimientos que incluso el temía liberar, no deseaba involucrarla en algo que salía de su control, definitivamente no quería lastimarla, pero se negaba a dejarla en manos de otro hombre esa idea lo martirizaba – solo es una campesina, que ama a un campesino, que vivirán su vida de campesinos y tendrán hijos campesinos – gritaba su lado racional que no quería cometer más imprudencias, , la vio sonriendo y feliz y por momentos recordó esos felices momentos que compartía con Sakura – lo mejor será olvidarme de esos campesinos – susurro mirando al cielo apartando forzadamente la vista por primera vez tratando de aclarar su mente antes de que sufra nuevamente un colapso, pero aunque su rostro e incluso su conciencia, reflejase resignación sus puños estaban apretados tan fuerte que hacían sangrar sus manos.
A pesar de todo y ya resignado a dejarla ir, no pudo resistirse a seguir observándola sin importar que sea alado de otro hombre y siguió así lo que quedaba de día, ya llegando la noche la vio despedirse de su acompañante y la acompaño escondido mientras regresaba a su hogar. Contemplo por horas la cabaña conformándose con verla salir de vez en cuando para con el tiempo solo resignarse a poder ver su imagen por unos segundo en alguna de las ventanas y quedo así hasta que ningún movimiento se produjera, hasta que la noche se volviera muy oscura. Suspiro derrotado y dio por finalizada su casería y por perdida a su escurridiza presa, estaba a punto de marcharse, cuando sus ansias le hicieron echar un último vistazo a ese pequeño hogar, estaba extraño nunca fue un buen perdedor y realmente quería verla, y como si fuera obra de dios o del demonio, una sonrisa se formó en sus labios al divisar una pequeña silueta muy conocida escabulléndose de la cabaña en dirección al bosque,
- Así que vienes a llorar aquí por las noches – dijo saliendo de su escondite
- Lord Uchiha – respondió asustada Hinata – que… haces aquí
- Vine por ti… quiero que seas mía– la encaro directamente sin rodeos, quizás fue otra del demonio después de todo porque en ese momento solo tenía en mente tenerla debajo de su cuerpo, después la vida tomaría las riendas de sus arrepentimientos.
