AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO
XV: QUEBRADO
Entrada a las catacumbas, Villa de Tripili, Isla de Milos
Saga y Mu surgieron de un portal a otra dimensión en la playa de la isla de Milos. Los dos santos dorados miraron a su alrededor mientras el portal se cerraba detrás de ellos. Ninguno de los dos llevaba su armadura: estaban conscientes de que, sin cosmo, eran inútil llevarlas con ellos. Sabían muy bien que las armaduras los abandonarían tan pronto entraran a las cuevas que bloquean cualquier cosmo. Los dos santos se encontraron un arco de piedra y, tallado en la pared, el símbolo de la diosa Afrodita. Se dieron cuenta de que frente a ellos estaba la entrada a las catacumbas.
-Ya sabes como es esto, Saga- dijo Mu, suspirando de fastidio- no podremos usar nuestros cosmos cuando estemos ahí dentro. Recuerda que Aioria debe estar muy lastimado, no tenemos tiempo que perder-
-Lo sé- dijo Saga con su habitual seriedad- esperemos que pueda abrir portales ahí dentro, porque si no, va a ser un largo camino para volver a salir-
-¿Sientes el cosmo de Aioros?- dijo Mu, mirando a su alrededor. Una leve pulsación del cosmo de su amigo parecía estar pidiendo ayuda a gritos, pero parecía atenuado por las cuevas subterráneas.
-Sí, lo siento, estoy seguro de que está cerca- dijo Saga, sintiéndolo también. No le gustaba lo que sentía: algo no estaba bien- vamos a….-
Saga se interrumpió al ver una luz. Los dos dieron un brinco hacia atrás, como esperando un ataque, pero se equivocaron: era Kiki, quien llevaba a Marín, Lydia y Casandra por medio de un portal de psicoquinesia. Las dos últimas cayeron al suelo, ya que no estaban acostumbradas a la teletransportación.
Cuando Lydia y Casandra se levantaron, inmediatamente se supieron en problemas: Mu y Saga las miraban, cruzados de brazos, y claramente muy molestos por su presencia. Antes de que Mu pudiera decir algo, Saga habló, alzando la voz.
-¿Se puede saber que está pasando aquí?- dijo Saga en un tono severo e implacable, que hizo que Kiki diera un paso atrás- creí haberles dicho que no debían venir, que era muy peligroso-
-Y yo te dije que no me iba a quedar en Atenas mientras mi mejor amiga está en peligro- dijo Casandra, muy segura de sí misma-
-Sí, si te deberías quedar- dijo Saga en un tono que no admitía réplicas… o que al menos eso pensaba él- es muy peligroso que estés aquí-
-No es de tu incumbencia a donde voy o dejo de ir- dijo Casandra en un tono un poco insolente, haciendo enojar aún más a Saga- ¿qué te interesa si es peligroso para mí o no?-
-Porque yo soy un santo de Athena y, a diferencia de ti, yo sí soy responsable- dijo Saga, comenzando a perder la paciencia.
-Oh, discúlpeme, señor Saga- dijo Casandra en un tono sarcástico, mientras que Saga ponía los ojos en blanco- así es como te hablan tus subordinados, ¿no es así?¿Qué vas a hacer, echarme con amenazas…otra vez?-
Ouch. Tercer golpe bajo en esa semana. La ceja derecha de Saga tembló de enojo. Esa mujer… ¿cómo se atrevía a hablarle así, sobre todo cuando él le estaba haciendo un favor en ayudarla a encontrar a su amiga? Quizá debería dejarla por la paz y retirarse de este asunto. Eso le enseñaría.
Sí, como no. Saga sabía muy bien que no era capaz de dejar a Casandra sin ayudarla.
Mientras esos dos discutían, Mu le lanzó una mirada entre reprobatoria y decepcionada a Kiki.
-Antes de que lo regañes, Mu, yo fui la culpable de que viniéramos las tres. Yo le ordené a Kiki que nos trajera, y él obedeció- dijo Marín, defendiendo al pequeño aprendiz de Aries. Kiki se relajó, y se volvió a ver a Marín. La amazona aún llevaba uno de sus puños cerrados y colocado contra su pecho.
-Marín, eso fue muy irresponsable de tu parte- dijo Mu, aún muy molesto- ¡me sorprende de ti! Entiendo que estés preocupada por Aioria, pero no tenías que traerlas a ellas también-
-¡Yo también estoy preocupada por Aioria, Mu!- dijo Lydia, cruzándose de brazos.
-Tú eres una aprendiz, Lydia, y tienes que obedecer si un caballero dorado te indica que te quedes en el Santuario- dijo Mu en un tono severo. Lydia sintió una fea punzada en su corazón. Mu solo la llamaba así cuando estaba muy enojado.
-Tampoco es culpa de Lydia, Mu- dijo Marín, antes de que Lydia dijera algo- yo recibí personalmente órdenes de Athena de traerlas a ambas. Sabes que no se puede desobedecer una orden directa de la princesa Athena- Mu hizo una mueca, pero Marín lo ignoró- ahora apresurémonos, Aioria nos necesita-
Mu asintió, rindiéndose por fin, y tomó a Lydia del brazo, sorprendiéndola y haciendo que diera un respingo. Aún estaba un poco triste por la severidad con la que Mu le había hablado.
-No me gusta ni un poco que estés aquí, Lydi- dijo Mu en un susurro, volviendo a hablarle con la misma dulzura de siempre, haciendo que ella se relaje de nuevo- entiende que no te quiero ni a cien kilómetros de donde está ese Henry. No quiero que te lastime. Además, si tus hermanos se enteran que te dejé venir aquí, sabiendo que es peligroso, me desollarán vivo-
-Casandra tiene razón, no podíamos quedarnos de brazos cruzados en Atenas mientras ustedes están aquí- dijo Lydia en voz baja- y Marín también tiene razón: son mis dos hermanos quienes están en peligro-
Mu no tuvo más remedio que asentir, resignado. Tendría no solo que buscar a los dos santos desaparecidos, sino cuidar que Lydia no fuera lastimada.
-De acuerdo, Lydi. Pero quédate cerca de Kiki- dijo Mu en voz baja- si las cosas se ponen feas, Kiki te llevará inmediatamente de regreso al Santuario. A ti y a Casandra-
Lydia asintió, aceptando esos términos.
-Bueno, ya basta de tonterías- dijo Saga, exasperado, interrumpiendo un nuevo reclamo de Casandra, frunciendo el entrecejo mientras sentía con más fuerza el cosmo de Aioros pidiendo ayuda desesperadamente- démonos prisa-
El grupo se internó en las catacumbas.
x-x-x
Cámara principal, catacumbas
-No entiendo porqué tienes que hacer tanto drama, Greta- dijo Emmanuelle Bellini, encendiendo un cigarrillo con indiferencia- aunque después de tantos años, debí imaginarme que te gusta todo eso-
Greta y Bellini se encontraban en la habitación más grande de las catacumbas, la cámara principal, donde esperaban a que Henry y otro de sus aliados llevaran a Aioros, a quien procederían a hacerlo sufrir un poco más, hasta que aceptara hacer el juramento y cumplir la tarea que querían encomendarle.
-¿A qué te refieres, Emmanuelle?- quiso saber la alemana, cruzando sus brazos y alzando una ceja. Podría ser muy guapa, si no fuera por esa expresión de fastidio en su rostro.
-A que podrías simplemente matar a los rehenes y forzar la lealtad de tu caballero con métodos mucho más sencillos que esto- dijo Bellini- ¿acaso te gusta jugar con tu comida?-
Greta se echó a reír, y se apoyó contra la pared.
-Tú le quieres quitar toda la diversión al asunto- dijo Greta- ¿no lo entiendes? Para que el santo de Sagitario sea nuestro, para que nos obedezca en todo, o por lo menos, para que le sea inútil a Athena, tenemos que quebrarlo por completo-
-¿Quebrarlo?- preguntó Bellini.
-Quitarle sus ganas de vivir- dijo Greta, haciendo un gesto impaciente- hacerlo creer que merece ser castigado. Romperle el corazón. Una vez que logremos quebrarlo, será muy fácil usarlo a nuestro favor, y después destruirlo-
Bellini sonrió.
-Entonces háganse cargo de él, Henry y tu- dijo Bellini, dándole la espalda para salir- yo iré por otro pez más gordo-
x-x-x
Templo del Patriarca
Milo y Camus se miraron mutuamente. Ambos habían subido al templo del Patriarca por petición de la misma Athena. No podían creer que Marín haya hecho una cosa así, saliendo del Santuario para unirse a Mu y a Saga, usando los poderes telekinéticos de Kiki.
-No sé que le pasa a Marín y a Aioria- dijo Milo, aburrido- ya deberían admitir que están locos el uno por el otro. Mira como se puso ella cuando supo que el cachorro estaba en peligro-
Camus no dijo nada, solo asintió, apoyando lo que dijo su amigo. Ambos se volvieron al Patriarca.
-¿No hay nada que podamos hacer para ayudarlos, maestro?- preguntó Milo al Patriarca. Éste sacudió la cabeza.
-Estarán bien- dijo Shion, casi intentando convencerse a sí mismo- sé que no pueden usar sus cosmos ahí dentro, pero los enemigos tampoco lo pueden usar. De todos modos, estaremos listos en caso de que necesiten ayuda-
Milo asintió, y miró hacia la playa. Aioria era uno de sus mejores amigos, y le causaba un enorme malestar no haber ido con los demás a pelear y ayudarlo. La historia que Lydia les contó le preocupaba sobremanera, sobre todo por lo que dijo sobre la extensión de las heridas del santo de Leo.
-No te preocupes, Milo- dijo Saori en voz baja, sonriendo levemente- sé que estarán bien. Todos ellos-
"Espero que la pequeña ayuda que les envié con Marín les sirva", pensó en secreto Saori. Shion la miró sospechosamente, mientras la joven diosa jugueteaba nerviosamente con sus dedos. Ya lo averiguaría más tarde.
x-x-x
Catacumbas, Isla de Milos
Las tres chicas seguían a los dos santos de Athena entre los complicados pasadizos de las catacumbas, siguiendo el cosmo de Aioros. Daba la impresión de que éste se alejaba aún más en las profundidades de las cuevas. Eso preocupó a los santos: no sabían si se estaba moviendo o si se sentía disminuido porque le estaba pasando algo malo. Obvia y prudentemente, ni Mu ni Saga lo mencionó en voz alta.
De pronto, Marín se detuvo en seco, haciendo que Lydia chocara contra ella: sintió el tenue cosmo de Aioria, en dirección contraria a la que habían estado caminando.
-Aioria- dijo Marín de pronto, volviéndose hacia atrás- Aioria está por allá-
-Yo también lo sentí- dijo Saga, frunciendo el entrecejo- deberíamos separarlos, y buscarlos por separado. No sabemos si están en peligro-
-Aioros está hacia delante, y Aioria hacia atrás- dijo Mu, bajando la mirada. Esa excursión le gustaba cada vez menos, sobre todo por la presencia de las dos chicas- dividámonos entonces, Kiki y Lydia vienen conmigo hacia aquella dirección, hacia donde se encuentra Aioros, y ustedes tres vayan hacia atrás, con Aioria-
Marín asintió rápidamente, y comenzó a caminar hacia donde sentía que estaba Aioria. Saga suspiró, molesto, y comenzó a caminar detrás de una muy acelerada amazona de Aguila, tomando a Casandra por el brazo para que no se quedara atrás. La peligra miró al santo con curiosidad, casi corriendo para aguantarle el paso. No podía negar que tenía miedo, y se sentía como una niña pequeña al ser arrastrada por Saga. Pero no podía negar que era agradable sentir su mano entrelazada con la de él después de tanto tiempo. Sacudió la cabeza para deshacerse de esos pensamientos, y se concentró en lo que estaban haciendo: intentando encontrar a Sofía.
-Saga, ¿crees que Sofía esté ahí?- dijo Casandra en voz baja, mientras ambos seguían a Marín en los complicados túneles de las catacumbas. Saga se encogió de hombros.
-Realmente espero que sí- dijo Saga sinceramente, y agregó en voz baja- no me gustaría que le pasara algo malo. Aioros se pondría triste, y estaría muy insoportable. Y sospecho que tú también… estarías triste, quiero decir-
-Sí, eso pasaría- dijo Casandra, con la voz un poco entrecortada- espero que esté bien. Sofía es mi mejor amiga. Ella me… me salvó la vida una vez. A mí y a Kostas-
Saga la miró, sorprendido
-¿Qué sucedió?- preguntó Saga.
Casandra bajó la mirada. Estuvo a punto de decirle que, por su culpa, casi moría en las calles de Atenas, embarazada y sin nadie que la ayudara, todo por culpa de que Saga la echó de Rodorio. Pero se contuvo. No podía decirle que Kostas era su hijo. No quería.
-Era cuando estaba embarazada- explicó ella- llevaba días comiendo sobras y sin dormir en un lugar que no fuera el suelo de un callejón. Ella me encontró y me refugió en su casa. Si no fuera por ella, Kostas y yo…- y se interrumpió.
Saga asintió sin sonreír. Había comprendido. La verdad, en sus escasos encuentros con Kostas, Saga le había tomado un cariño especial al niño, a pesar que su presencia le daba un poco de enojo. Su existencia era la prueba de que, tan pronto como terminó su relación con Casandra, ella conoció al padre de Kostas. No podía evitar calcular que apenas fueron uno o dos meses entre ambos eventos.
-¿Casy?- preguntó Saga, suavizando su mirada, mientras caminaban en las oscuras cuevas, siguiendo a Marín, quien iba casi quince pasos más adelante- ¿me puedes decir quién es el padre de Kostas?¿lo conozco?-
-No es tu asunto, Saga- dijo Casandra, regresando a su tono un poco cortante- y no me llames así, sabes que lo detesto-
-Si mal no recuerdo, te gustaba mucho que te llamara así- dijo Saga. No pudo evitar recordar la hermosa sonrisa que ponía su Casy cada vez que la llamaba así, hace todos esos años- ¿lo recuerdas?-
Casandra lo recordaba. Y era muy doloroso para ella. Sentía un vuelco cada vez que Saga la llamaba así. Pero no, tampoco eso le podía decir al caballero de Athena.
-Tiempo pasado- dijo Casandra simplemente.
Marín, quien iba escuchando todo lo que decían, puso los ojos en blanco debajo de su máscara. No se sabía la historia de esos dos, pero era evidente que ahí había algo. La amazona sacudió la cabeza y se apresuró. Sentía el dolido cosmo de Aioria cada vez más y más cerca. Tenía que encontrarlo pronto.
x-x-x
Cueva profunda, Catacumbas, Isla de Milos
Los tres hombres miraron a los prisioneros, como evaluándolos, para decidir a cual iban a despachar primero. La chica pelirroja completamente letárgica, excepto porque murmuraba casi sin aliento. Ella aún respiraba, pero lo hacía muy agitadamente. Su apariencia era muy enferma y pálida. Los hombres lo sabían muy bien: incluso si no hacían nada, la chica viviría solo unos minutos más.
Se volvieron al joven santo de Leo. Aún se encontraba semiconsciente, luchando por sobrevivir. Apretaba los puños, y movía de un lado al otro la cabeza, intentando levantarse, a pesar de su condición. Decidieron que ese era a quien tenían que eliminar primero.
-Vamos, córtale la garganta de una vez- dijo uno de los hombres- ya oíste lo que dijo Northumberland. Tenemos que matarlo. Lastima por la chica, pero no tendremos que hacer nada, ella sola morirá-
Otro de los hombres asintió, y sacó su cuchillo. Pero jamás pudo llegar siquiera cerca de Aioria. Un pie cubierto por un zapato negro chocó violentamente contra su cara, y lo tiró al suelo, para sorpresa de ellos. La amazona de águila había llegado y, aunque no pudiera usar su cosmo, no se iba a quedar de brazos cruzados. Una vez que noqueó al hombre del cuchillo, los otros se acercaron a ella pare pelear. Uno la atrapó por la espalda, y el otro se dispuso a golpearla en el abdomen. Marín aprovechó ello, y usó al hombre que la tenía atrapada para apoyar su espalda y darle una buena patada en la cara al que se había acercado. Luego se volvió y golpeó al hombre restante.
Mientras Marín peleaba, Saga y Casandra apenas llegaban a la puerta de esa habitación, y el santo de Géminis miró sorprendido la fiereza con la que Marín estaba luchando. Hizo una nota mental de no hacerla enojar: era un oponente temible. Una vez que los tres maleantes estaban en el suelo, Marín se inclinó en el suelo, donde se encontraba Aioria.
-¿Aioria?- dijo la amazona con aprehensión, tomándole la mano derecha, la que no estaba afectada por esas horribles quemaduras, con sus dos manos.
-Ma… Marín- dijo Aioria, mirando hacia ella e intentando sonreír, para después hacer otro gesto de dolor- viniste…-
-Shhh, no digas nada, Aioria- dijo Marín en voz baja, pasando su pulgar por el dorso de la mano del caballero- ya estás a salvo-
-Marín…- volvió a decir Aioria, y la amazona sonrió bajo su máscara.
-¡Marín!- escuchó la voz de Casandra. La amazona se volvió, pero era demasiado tarde. El hombre se había lanzado contra ella, cuchillo en mano. La amazona sabía que en las catacumbas no podía usar su cosmo, y palideció. Sabía que no alcanzaría a hacer nada, pero no podía permitir que lastimara más a Aioria, así que no se movió.
Por suerte, no fue necesario hacer nada, pues Saga detuvo al hombre antes de que atacara a Marín, y le dio un golpe seco en la cabeza que lo dejó inconsciente en el suelo junto con los otros dos.
-Gracias, Saga- dijo la amazona. Saga solo gruñó.
Marín se volvió de nuevo a Aioria, y abrió el puño que había mantenido cerrado todo el tiempo. Eran dos pulsera de flores. Con cuidado de no lastimar más a Aioria, le puso una al santo de Leo en la muñeca.
-La princesa Athena te envía esto, Aioria- dijo Marín en voz baja, mientras le pasaba la pulsera de la mano a la muñeca con cuidado- es una pulsera hecha con sus oraciones. No es lo suficientemente fuerte para curarte, pero evitará que te duela y que sigas empeorando-
Aioria sonrió levemente, y miró a la amazona. El joven caballero se soltó de las manos de Marín, y torpemente acarició la mejilla de la máscara de la amazona. En ese momento, lo que habría dado ella por no traer su máscara.
-Gracias… Marín…- dijo Aioria.
Casandra, por su parte, se apresuró a donde se encontraba Sofía, y se arrodilló junto a ella. Se alarmó al ver el catéter de su bomba desprendido, y la alarma apagada manualmente. El aspecto de su amiga era horrible, y ya estaba irreconocible. Estaba pálida, con una horrible respiración agitada, y completamente sumida en un estado estuporoso, no reaccionó a su voz ni a cuando la movió levemente para intentar levantarla. Nunca la había visto así. Incluso Saga la miró con horror. No podía creer lo crueles que habían sido esos hombres al dejarla en esas condiciones. Si no fuera por sus respiraciones agitadas, hubiera creído que ya estaba muerta.
-Sofía- insistió Casandra en intentar despertarla, comenzando a llorar- no, no, Sofía, por favor, despierta…-
-¿Qué le pasa, Casy?- preguntó Saga, arrodillándose junto a ella- ¿esas pobres excusas de seres humanos le hicieron daño?-
-Sí y no- le dijo Casandra, derramando profusas lágrimas- le quitaron la insulina, y Sofi no puede vivir sin ella. Está muy descompensada. Si sigue así…-
Saga la miró, conmovido. Ni siquiera en ese evento desagradable de hacia cuatro años, cuando había roto su corazón y la había echado del Santuario, ni siquiera en ese entonces había visto llorar a Casandra. Era muy fuerte. Hasta entonces entendió lo importante que era esa chica para Casandra. Por no decir para Aioros. Se levantó y fue hacia Marín, quien intentaba ayudar a Aioria a levantarse, y tomó la otra pulsera de flores que Athena le había dado.
-¿Saga?- dijo Casandra, limpiándose las lágrimas.
-Es una pulsera que envió la señorita Athena- dijo Saga, poniendo la pulsera en la muñeca de Sofía, de la misma forma que Marín había hecho con Aioria- no sé si será suficiente, pero será de ayuda-
Casandra asintió tristemente.
-No le queda mucho tiempo, Saga- dijo Casandra.
-Entonces démonos prisa, no podemos perder más tiempo- dijo Saga, e intentó en vano abrir un portal a otra dimensión. El caballero de Géminis hizo una mueca- vamos, Casy, suéltala, yo la llevaré. Marín puede ayudar a Aioria- Marín asintió- vamos, démonos prisa-
Saga tomó a la chica en sus brazos, y junto con Marín, Aioria y Casandra, se apresuraron a regresar hacia la superficie.
x-x-x
Otra parte de las Catacumbas, isla de Milos
Mu y Lydia iban corriendo por los pasillos, seguidos de Kiki. No le gustaba la idea de que su chica estuviera ahí, pero no tenía opción. Eran órdenes de la princesa Athena. Ya no la podía dejar sola ni hacerla regresar.
-Tranquilo, Mu- dijo Lydia, adivinando su pensamiento- estaré bien, ellos tampoco pueden usar su cosmo aquí dentro. Además, Greta… esa mujer tiene que pagar por maltratar a mis hermanos, y por hacer llorar a Saori-
-La señorita Lydia tiene razón, maestro…- comenzó Kiki, pero una mirada molesta de Mu lo hizo callar.
-Mu…- comenzó a decir Lydia.
-Estoy muy preocupado por ti, Lydi- dijo Mu, bajando la mirada y hablando antes de que ella continuara- ¿sabes que me moriría si te pasara algo?-
-Lo…lo lamento mucho- dijo Lydia. Mu sonrió y tomó su mano. Pero su sonrisa se borró de inmediato.
-Vamos, no me gusta como se siente el cosmo de Aioros- añadió Mu. Sentía algo extraño en el cosmo del santo de Sagitario. Como si estuviera herido. Como si estuviera a punto de romperse. No sabía como explicárselo. Mu se apresuró, seguido de Lydia y de Kiki.
x-x-x
Cámara principal, catacumbas, isla de Milos
Aioros había sido arrastrado por Henry y otros dos de sus secuaces hacia la cámara principal de las catacumbas. Al parecer, Greta la había acondicionado como si fuera una sala de estar. Había un enorme sofá, dos sillones a los lados, dos mesitas con floreros, y varias lámparas. En medio de la sala, estaba un gran espacio vacío, y fue donde Henry y el otro hombre dejaron caer a Aioros, aún enredado en las cadenas y luchando para soltarse.
Greta estaba en el sofá, con una mirada astuta que francamente no le gustó ni un poco a Aioros. Otros dos hombres la estaban escoltando. Además, el cuerpo del caballero estaba dolido: los hombres no habían perdido la oportunidad de golpearlo, sobre todo Henry, pues recordaba bastante bien cuando él y otros santos habían protegido a Lydia cuando él quería llevarla consigo. Finalmente lo habían dejado caer al suelo.
-Bienvenido, Aioros- dijo Greta, con una sonrisa astuta- creo que ya tomaste tu decisión, aunque esta es la última oportunidad. Júrame lealtad, o sufrirás un horrible destino, al igual que tu hermano y tu noviecita-
Aioros frunció el entrecejo y se negó a responderle.
-Greta te está hablando, estúpido- dijo Henry, golpeándolo en el abdomen. Aioros apretó los dientes, no quería que lo vieran hacer ningún gesto de dolor. Logró desenredar sus piernas de las cadenas, y se puso torpemente de pie.
-Mi lealtad esta solo con la princesa Athena- dijo Aioros en un tono cansado y triste, aunque muy decidido- tendrás que matarme-
-¿Crees que te voy a dejar morir, Aioros?- dijo Greta, ampliando su sonrisa malvada- no, querido, te voy a mantener con vida, aquí, arrepintiéndote de que tu Sofía y tu hermano murieron por tu culpa-
Aioros no respondió. Sentía que su corazón estaba partido en dos. ¿Sería que aún tenía oportunidad de salvarla? Podría aceptar sus condiciones. No, no podía. Lo había prometido. Le había dado su palabra a Sofi. Pero, ¿de qué servía su palabra, si ella estaría muerta si la cumplía? No, Sofi dijo que pasara lo que pasara. Pero Sofí no sabía lo que decía, ¿o sí? No, Aioros había dado su palabra, no iba a romper su promesa.
Las cadenas se desenredaron y cayeron pesadamente al suelo, aunque seguían aún sujetas de las muñecas de Aioros. Pero el joven santo no se dio cuenta de ello. Se llevó las manos a la cabeza, y tiró de sus cabellos con desesperación.
No había manera de negar lo que había pasado. Sofi, su Sofi, ya estaba muerta. Él mismo la había visto progresar de estar perfectamente bien, la había visto agonizar lentamente, sin poder hacer nada para ayudarla o librarla de su sufrimiento. Y no le había dicho lo mucho que la amaba, solo se lo había dicho una vez: αγάπη μου. ¡Se lo debió haber repetido hasta quedarse sin voz! ¡Él, Aioros, debió haber sido más fuerte! Y ahora, ya no tenía la oportunidad. Su Sofi ya no estaba. Su Sofi ya no existía.
-No…no…- murmuró Aioros. Sintió sus piernas claudicar, y cayó de rodillas, aún con sus manos en su cabeza, apretando los ojos. Nunca se lo iba a perdonar. Todo había sido su culpa. Él la había dejado morir.
Al ver a Aioros de esa manera, Greta y Henry sonrieron.
-Por fin…- dijo Henry en voz baja, para que solo Greta lo escuchara- lo logramos. Lo hemos quebrado-
Greta asintió, y se volvió de nuevo hacia Aioros.
-Muy bien, para que no digas que soy compasiva, ahora sí morirás- dijo la mujer rubia, y le hizo una señal al hombre que estaba a su derecha. El hombre dejó caer su gran puño sobre la cabeza de Aioros, haciéndolo caer al suelo como un bulto, y haciéndolo perder por un momento su visión. El santo de Sagitario cerró los ojos mientras esperaba el golpe final. Por segunda vez iba a morir, y no había nada que pudiera hacer al respecto. Los demás no sabían donde estaba: nadie iba a ayudarle. Pronto se reuniría con Sofi en el Inframundo.
Aioros suspiró, resignado. Escuchó la risa malvada de Greta. Eso lo hizo pensar en su hermana, que seguramente estaba en Atenas, esperándolo. Aioros esperaba que Lydia no sufriera mucho, pues perdería a sus dos hermanos recién encontrados, y deseaba que no se sintiera culpable por lo ocurrido. Estaría bien, Mu cuidaría de ella.
El joven santo esperó resignado el siguiente golpe, pero éste nunca llegó. En vez de eso, escuchó un golpe seco, y a uno de los hombres caer al suelo. Otro golpe. Y otro.
Aioros abrió los ojos, confundido, y se vio atrapado en un abrazo de oso, de parte de su hermana.
-¡Aioros!- dijo Lydia, abrazándolo con fuerza, aliviada de verlo. Mu y Kiki estaban ocupados dando una paliza a los tres hombres que estaban con Greta y Henry.
-Ly.. Lydia- dijo Aioros, sin poder creer que su hermana estuviera ahí. Le tocó la cara, para confirmar que en verdad era ella. Aioros hizo una mueca de dolor. Un doloroso vuelco en su corazón no lo dejaba respirar, y sentía una horrible opresión en su pecho- ¿cómo es posible que estés aquí?-
-No podíamos abandonarte, Aioros. Estarás bien- dijo Lydia, y le puso una pulsera de flores en la muñeca, para después besar a su hermano en la frente- esta pulsera la envía la princesa Athena. Le entregó a Marín otras dos, para Aioria y para esa chica tuya-
Aioros miró la pulsera de Athena que Lydia puso en su mano. Sintió un momentáneo alivio del dolor en su corazón. Pero volvió a sentir un vuelco al recordar a su Sofi.
-Sofi…- dijo Aioros- estaba con Aioria, ¿Sofía está bien?-
-Saga y Marín se dirigían hacia donde se encontraba Aioria- dijo Lydia, mirando los golpes que le habían propiciado a su hermano con el ceño fruncido- estoy segura de que ya los encontraron-
Lydia se levantó, volviéndose a Greta. Ésta estaba riendo sonoramente, escoltada por Henry. Llevaba en la mano un objeto que Lydia conocía bien: la banda roja de Aioros. Eso la hizo enfurecer.
-Eso no te pertenece, Greta, devuélvelo- dijo Lydia en voz alta.
-¡Cuanto tiempo, Lydia!- dijo Henry, sonriendo astutamente. Lydia lo ignoró.
-Es mío ahora- dijo Greta, y se echó a reír al verla extendiendo su mano hacia ella- vaya, Lydia, realmente no esperaba ver a una niña llorona como tú aquí-
-Vine a asegurarme de que vas a pagar todo lo que le has hecho a mi hermano- dijo Lydia, frunciendo el entrecejo- a mis dos hermanos-
-Bah, no te preocupes, te adoptarán nuevamente en todo caso- dijo Greta, mirándola fijamente- eres igual de patética e ingenua que cuando éramos niñas-
Lydia sintió un movimiento. Se dio cuenta que Greta la distraía para darle oportunidad a Henry de atacar, pero eso no iba a pasar. Cuando Henry lo intentó, Lydia brincó hacia atrás, y su antiguo pretendiente terminó con su cara chocando contra el puño del santo de Aries, quien no se había perdido detalle de lo que estaba sucediendo.
-Vaya, ya veo que te convertiste en una salvaje, como las demás amazonas- dijo Greta, riéndose de ella y jugueteando con la banda roja de Aioros en sus manos. Lydia no cambió su expresión.
-Quizá, en algún momento, lo que decías me llegó a importar o a lastimar- dijo Lydia sin inmutarse- ese momento pasó hace muchos años-
-Entonces- dijo Greta, poniéndose de pie y sacando un par de cuchillos- no hay nada más que decir, Lydia. Si hay algo que puede quebrar aún más el espíritu de Aioros es ver a su hermanita morir frente a él. Henry-
Henry se levantó y asintió. Los otros hombres estaba demasiado golpeados para hacer algo. Mu y Lydia se prepararon para pelear, con Kiki cerca de ella por instrucciones del caballero de Aries, en caso de que lo necesite. Aioros seguía en el suelo, de rodillas y cabizbajo. El corazón le dolía.
x-x-x
Cavernas cercanas a la superficie, catacumbas, isla de Milos
Saga y sus acompañantes casi llegaban a la superficie, cuando el caballero de Géminis se detuvo un momento.
-¿Qué sucede, Saga?- preguntó Casandra al verlo detenerse.
-Mu y los otros llegaron donde está Aioros- dijo Saga- pero no siento el cosmo agresivo que nos atacó en el Santuario o a los caballeros de plata-
-Démonos prisa- dijo Marín, mirando aprehensivamente a Aioria y a la chica pelirroja- ninguno de los dos va a resistir mucho tiempo más, aún con las pulseras con las oraciones de Athena-
Casandra miró a la amazona con una expresión asustada.
-Vamos- dijo Saga, y continuaron hacia la superficie. Una vez que llegaron a la solitaria salida de las catacumbas de la isla de Milos, Saga miró a su alrededor. Encendió su cosmo por el solo gusto de hacerlo: estando e las catacumbas, donde no podía usarlo, cosa que le había fastidiado bastante.
De pronto, y sin previo aviso, los presentes vieron abrirse un portal a otra dimensión. Saga dio varios pasos atrás, obligando a los presentes a hacer lo mismo. Para sorpresa de ellos, fue Kanon quien apareció por el portal, vistiendo la armadura de Géminis.
-¿Kanon?- gruñó Saga. ¿Porqué nadie hacía lo que se suponía que tenían que hacer? Kanon tenía que quedarse en Atenas con Kostas- ¿qué estás haciendo aquí?-
-Tuve un mal presentimiento, y vine a ayudar- dijo el gemelo menor, con la armadura de Géminis puesta, y mirando a los alrededores decepcionado. Su corazonada había sido que necesitarían ayuda. ¿Qué estaba pasando?
-¿Viniste así nada más?- preguntó Casandra, alarmada- ¿dónde dejaste a Kostas?-
-No lo dejé solo- dijo Kanon a la defensiva, antes de que la chica y su hermano comenzaran a regañarlo- lo dejé con alguien responsable-
FLASHBACK
Kanon miró aprensivamente a Kostas, quien aún estaba jugando en la cocina. El problema es que los carritos se habían quedado olvidados en una esquina, y el pequeño había procedido a ponerse a jugar con otros objetos en la cocina de la casa de Géminis.
-En serio, Kostas, no estoy seguro de que debas jugar con esa harina- dijo Kanon, viendo al pequeño completamente cubierto de harina, de la cabeza a los pies.
-¿Porqué no, tío Kanon?- dijo el niño, mirándolo con esos enormes ojos grises
-No soy tu tío, enano- dijo Kanon fastidiado- y Saga me va a matar si se da cuenta de lo que acaba de pasar. Y no quiero imaginar lo que tu mamá va a decir cuando te vea todo polvoriento…-
Kostas siguió jugando, ignorando al gemelo menor, y Kanon suspiró.
-¿Y dónde está tu papá, pequeño?- preguntó Kanon.
-No tengo papá- dijo Kostas, aún entretenido con la harina y el tazón de agua, haciendo bolitas de masa- pero me gustaría que Saga fuera mi papá-
-¿Y eso porqué?- preguntó Kanon, y Kostas se encogió de hombros, para seguir jugando.
Kanon suspiró. A Saga no le haría mucha gracia, sobre todo porque no parecía llevarse nada bien con la madre del pequeño. Pero por algo había buscado la ayuda de Saga y no de nadie más. Había algo ahí, que Kanon aún no podía descifrar de su hermano gemelo.
Pero fue entonces cuando lo tuvo, un extraño presentimiento. Alguien estaba acechando a Saga, lo iban a atacar a traición…¡Tenía que ir a advertir a su hermano! Pero, ¿con quien podía dejar al niño?
Para su fortuna, o quizá no tanto, los caballeros de bronce estaban cerca, en el templo de Tauro, charlando con Aldebarán. Kanon los llamó y, una vez que llegaron los cuatro (Ikki estaba en algún otro lado, como de costumbre), puso a Kostas en brazos de Shun, aún cubierto de harina.
-¿Pero que…?- comenzó el santo de Andrómeda, sin tener mucho tiempo para preguntar- Kanon, ¿quién es este pequeño?-
-Se llama Kostas. Cuídalo- dijo Kanon rápidamente a un sorprendido Shun, para después ponerse la armadura de Géminis- los cuatro, cuídenlo, y que no se meta en problemas, ahora vuelvo. No salgan de Géminis-
Y antes de que pudieran reclamar, Kanon desapareció en un portal a Otra Dimensión.
Una vez que se quedaron solos, los santos de bronce miraron fijamente al niño.
-Este niño se parece mucho a los gemelos, ¿no les parece?- comentó Seiya.
FIN DEL FLASHBACK
-¿Dejaste a Kostas con Seiya?- preguntó Saga, casi fuera de sí. Ahora sí la había hecho Kanon. Si Casandra no lo mataba después de esa aventura, lo mataría cuando se diera cuenta que tipo de persona era ese Seiya con el que habían dejado a su hijo.
-No con Seiya, ¿no estás escuchando? Lo dejé con Shun. Él es mucho más responsable- dijo Kanon.
-Más responsable que tú, al parecer- dijo Saga, y puso a la inconsciente Sofía en los brazos de su hermano menor con mucho cuidado- toma, tenemos que llevarla al hospital lo más pronto posible, y a Aioria con la señorita Athena-
-Estoy bien…- gruñó Aioria.
-Silencio, cachorro- dijo Saga en un tono fastidiado. ¿Qué tenían todos ese día, dándole la contra? De Casandra se lo esperaba, pero no de los demás- yo estoy a cargo, y digo que irás inmediatamente con la princesa Athena para que te cure. Kanon, ¿puedes hacerlo?- añadió, volviéndose a su hermano.
Kanon hizo una mueca al mirar a la chica que Saga puso en sus brazos. La chica se veía horrible, al igual que Aioria, quien estaba apoyado en los hombros de Marín. El gemelo menor asintió, y estuvo a punto de abrir una puerta a otra dimensión, cuando los dos hermanos sintieron el cosmo agresivo que habían estado sintiendo desde hacía varios días. Y sintieron el ataque hacia ellos. Kanon y Marín brincaron hacia un lado con sus respectivas cargas, quitándose de la línea de fuego. Saga, al ver que Casandra no sentía el cosmo y no se percató de lo que estaba ocurriendo, corrió hacia ella, la tomó en sus brazos y saltó, alejándose del fuego, apenas rozando el fuego con una pequeña parte de su brazo.
-Saga, ¿que sucedió…?- murmuró Casandra, sorprendida, y miró el brazo del santo de Géminis- Saga, estás herido-
Saga no la escuchó. ¡Qué dolor tan horrible! No podía imaginar como Aioria podía haber soportado tantas horas con la extensión de esas quemaduras. Pero se mantuvo con su rostro impasible. Saga puso de nuevo a Casandra de pie sobre el suelo, para después apretarse el brazo, reprimiendo cualquier gesto de dolor. Era como si mil cuchillos abrieran su piel dolorosamente.
El cosmo maligno que lo había atacado no había desaparecido. Saga se volvió a Kanon.
-Kanon, llévatelos de regreso ahora mismo- dijo Saga, empujando suavemente a Casandra hacia su hermano- llévalos a Atenas, y ve que todos estén bien-
-Saga…- comenzó Kanon, pues él también sentía el horrible cosmo acechando. No quería ver a su hermano herido.
-Y dame la armadura de Géminis, la voy a necesitar- dijo Saga, y al ver que su hermano no se movía, insistió- ¡apúrate, Kanon! No hay tiempo que perder. Sofía no está bien-
Una segunda bola de fuego se dirigió hacia ellos, y Saga volvió a tomar a Casandra en sus brazos para quitarla del peligro. Una nueva quemadura apareció en su otro brazo, pero Saga igual la ignoró.
-Saga…- comenzó Casandra, al ver sendas quemaduras, a pesar de que el santo de Géminis no se quejaba ni un poco.
-Casy, no te mentí cuando te dije que no podía arriesgarme a que te pasara algo malo- dijo Saga.
-No voy a dejarte aquí, Saga- dijo Casandra- menos cuando un loco te está atacando-
-No seas tonta, Casy- susurró Saga en un tono cariñoso- recuerda que tu amiga te necesita consigo. Yo puedo agarrarme a golpes con cualquier loco solo. Lo que es más, no puedo pelear contra este enemigo y protegerte al mismo tiempo-
-Eres un tonto, Saga- dijo Casandra, enfurruñada, dando una patada en el suelo- de aquí no me muevo-
-Realmente no tenemos tiempo para esto, Casy- dijo Saga- estamos bajo ataque, y a tu amiga no le queda mucho tiempo-
-Me importa un chicle, Saga. Además, si alguien te va a romper los dientes, esa voy a ser yo, nadie más- dijo Casandra, cruzándose de brazos- como dije, no te voy a…-
Pero algo sorprendente pasó. Saga, harto de discutir con ella, decidió zanjar la discusión de la mejor manera que se le ocurrió. La besó. Así, simplemente. Por un par de segundos, el mundo parecía haberse detenido. No mas ruidos, no mas gritos, no mas tristeza. Solo existían Saga y Casandra.
Ambos parecían envueltos en otro mundo, en otra atmósfera. Casandra había olvidado lo dulces que eran los labios del santo, lo bien que olía, lo segura y feliz y a gusto que se sentía en sus brazos. Ahí no tenía que estar a la defensiva. Ahí todo estaba bien.
Solo duró un par de segundos, pero desconcertó tanto a Casandra, que dejó de discutir. Kanon abrió el portal a otra dimensión, sin dejar de mirar sorprendido a su hermano mayor. Marín y Aioria tenían una expresión tan sorprendida que casi les entran moscas en la boca.
-Vete con mi hermano, por favor, Casy- le dijo Saga al separar sus labios de los de ella, haciendo que Casandra volviera a la realidad- no quiero que te hagan daño. No lo puedo permitir. Por mi honor como caballero de Athena, moriría si algo te pasa-
Casandra iba a decir algo, pero Kanon, estirando los brazos, hizo que se desprendiera de su cuerpo la armadura de Géminis, y ésta voló para cubrir ahora a Saga. La chica pelinegra iba a decir que se quería quedar a asegurarse de que estuviera bien, pero Kanon la tomó de la mano y la obligó a cruzar el portal a otra dimensión, seguidos de Marín y de Aioria. Una vez que desaparecieron, Saga se volvió hacia el origen del cosmo maligno.
-¿Nadie te enseñó que atacar por la espalda es de cobardes?- dijo Saga.
Frente a él por fin apareció el dueño del cosmo que tantos problemas les había dado en el pasado: era Emmanuele Bellini, quien venía seguido de cuatro hombres, los que reconoció como los guardaespaldas de Greta Neuer.
-Vaya, vaya, ese sí que fue todo un beso, Saga de Géminis- dijo Bellini- no esos besitos inocentes de tu amigo Aioros para su novia moribunda. Lástima, que desperdicio-
-Entonces es cierto lo que creíamos- dijo Saga, cruzándose de brazos como si Bellini no hubiera dicho nada- esa maldita mujer fue la responsable de lo ocurrido, de los ataques a los santos de plata… y a la misma princesa Athena-
Bellini sonrió maléficamente.
-Por supuesto- dijo Bellini- todos nosotros sabemos como usar el cosmo, igual que ustedes, santos de Athena. Es graciosa su estupidez. Varias veces, ustedes nos dejaron entrar al Santuario. ¿Sabías que Greta también sabe usar el cosmo? Pudo haber asesinado a tu adorada Athena en un segundo, y ni se habrían dado cuenta-
Saga no dijo nada.
-Por supuesto, el principal objetivo de Greta era conseguir la esfera de Arquímedes que ustedes, santos de Athena, evitaron que obtuviéramos- dijo Bellini- pero resultó que a Greta le gustó tu amigo, Sagitario, y formulamos nuestro plan para obtener lo que queríamos-
-Dos pájaros de un tiro- dijo otro de los hombres, que estaba a la izquierda de Bellini- castigarían a Lydia y a los santos, y la señorita Greta podría hacer que el santo de Sagitario nos consiga la esfera, traicionando a Athena-
-Bueno, pues no lo lograron- dijo Saga, con los brazos cruzados- y ni siquiera lo planearon muy bien. Aioros moriría antes de traicionar a Athena. Ya murió una vez por ella. Y ya rescatamos a todos sus rehenes. No tienen ninguna influencia sobre él-
Bellini se echó a reír, cosa que no le gustó nada al santo de Géminis.
-No importa lo que haya pasado, santo de Athena- dijo Bellini- ¿no te diste cuenta? Los dejamos ir. Y tu amigo Aioros está más dañado por lo que pasó de lo que crees-
-¿A que te refieres?- dijo Saga en un tono frío.
-Estoy seguro que, después de lo que pasó, Greta logró quebrarlo- dijo Bellini, señalando su propio pecho, haciendo que Saga frunciera el entrecejo- él no sabe que los rehenes fueron liberados. Él piensa que están muertos. Es solo cuestión de tiempo-
Saga estaba muy molesto, pero no dijo nada. Solamente encendió su cosmo.
-Oh, ¿quieres pelear, santo de Athena?- dijo Bellini.
-Veamos si ustedes son tan buenos sin necesidad de atacar por la espalda- dijo Saga sin mirarlos- aunque no lo creo, porque tienen que atacarme los cinco al mismo tiempo para tener el valor de dar la cara-
-No se diga más- dijo Bellini, encendiendo su cosmo, al igual que los otros cuatro hombres- prepárate a morir, Saga de Géminis-
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Muchas gracias por todos sus reviews. Realmente me hacen el día cuando los leo. Espero que les esté gustando esta historia, que está a unos dos o tres capítulos más de terminar. Este capítulo está dedicado especialmente a Misao-CG, quien sinceramente espero que no haya caído de once pisos por la ventana. Un abrazo a todos, y nos seguimos leyendo.
Abby L.
