AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO

XVI: CONSECUENCIAS

Enfermería, Santuario de Athena

Los aprendices que trabajaban en la enfermería se sorprendieron al ver abrirse un portal a otra dimensión justo a la mitad de la misma. Ellos eran todos aprendices de los santos de Athena, y cada cierto tiempo tenían que hacer turnos en la enfermería para aprender a proporcionar primeros auxilios a los demás santos de Athena. Era una parte muy importante de su entrenamiento.

Del portal mencionado, surgió Marín, llevando a Aioria apoyado en sus hombros. El santo de Leo se veía fatal, apenas Marín lograba arrastrarlo a través del portal. Tres de los aprendices, saliendo de su sorpresa, se apresuraron a ayudarla a conducir a Aioria a una de las camillas, y lo acostaron en ella boca abajo con cuidado de no lastimarlo más. Marín les agradeció, y por un segundo, se volvió hacia el portal que aún no se cerraba.

-Gracias por todo, Kanon- dijo Marín en voz baja- me aseguraré de que esté bien-

-Te lo encargo, Marín…- se escuchó la voz de Kanon, mientras el portal desaparecía.

Los aprendices se apresuraron a limpiar las heridas de Aioria y de administrarle medicamentos para el dolor. Marín, por su parte, avisó al Patriarca lo ocurrido por medio de su cosmo. Quería que Athena bajara a la enfermería curar al santo dorado lo más pronto posible. Le estrujaba el corazón verlo sufrir así.

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Sala de espera de la Terapia Intensiva, Hospital de Atenas

-¡Por los dioses! ¿qué le pasó a esta chica?-

-Rápido, pásenla aquí…-

-No responde, apresúrense-

-Hay que intubarla-

-¿Cuánto tiempo estuvo así?-

-Es un milagro que todavía esté viva, en estas condiciones…-

-No he visto a nadie salir de algo así…-

Casandra había escuchado todo lo que los médicos se dijeron entre sí cuando Kanon puso a Sofía delante de ellos, justo antes de desaparecer con ella rápidamente rumbo a la terapia intensiva. Un médico salió a preguntar a Casandra varias cosas sobre su historia médica previa. La chica le explicó lo que sabía, y volvió a entrar a la terapia intensiva.

Más tarde salió otro médico, al que Casandra reconoció como un amigo de Sofía, y le explicó, después de empezar a atenderla, que las posibilidades de que sobreviviera ese estado eran muy pocas, y que ella debía prepararse para lo peor. La joven pelinegra se dejó caer en uno de los sillones de la sala de espera, totalmente derrotada, tan asustada que no podía llorar.

Sintió una mano en su hombro, y se volvió. Kanon estaba ahí con ella, sentado en la silla contigua, y le miraba muy preocupado. Casandra lo miró. Su mirada preocupada era idéntica a la de Saga. Por un momento, deseó que fuera Saga quien estuviera con ella.

-Tranquila, Casandra- le dijo Kanon con voz tranquilo- estará bien. Estoy seguro que todo va a estar bien-

Casandra asintió y, sin que el gemelo se lo esperara, lo abrazó y se puso a llorar. Kanon puso una expresión aterrada, sin saber que hacer. Nunca había estado en esa situación. ¿Cómo se consuela a una chica que llora? No atinó más que pasar su brazo suavemente por la espalda de la chica, y darle un par de palmaditas en la cabeza. La chica, por su parte, notó enseguida la diferencia entre los dos hermanos. No era para nada como abrazar a Saga.

-Lo lamento, Kanon- dijo Casandra, al darse cuenta de que lo había hecho sentir incomodo, y lo soltó, para después limpiarse las lágrimas con el dorso de su mano.

-No… no te preocupes- dijo Kanon, una vez que se le pasó la sorpresa, mirándola con mucha curiosidad- sé que eres muy importante para mi hermano, aunque no me sé la historia de ustedes dos. Además, ese beso que te dio allá fue muy revelador-

Casandra se sonrojó furiosamente al escuchar esto, e incluso Kanon se sonrojó un poco por lo que había dicho, solo de recordar a su hermano besando a la chica.

-¿No te lo dijo Saga?- preguntó Casandra, una vez que pudo controlar la coloración de su rostro, y Kanon sacudió la cabeza- él y yo… estuvimos juntos un tiempo, hace unos cuatro años, cuando estaba como el Patriarca del Santuario. Las cosas no terminaron nada bien entre nosotros. Un día, de la nada, me echó del Santuario y de Rodorio, y me amenazó de muerte si regresaba-

Kanon la miró pensativo, recordando que había pasado en ese tiempo. Kanon se encontraba con los generales marinos en ese entonces, y Saga… Saga estaba poseído por Ares, usurpando el trono del Patriarca.

-Saga no me dijo nada al respecto. En ese entonces, los dos habíamos… peleado, y yo terminé en el templo de Poseidón bajo el mar. Pero hay algo importante que tienes que entender, Casandra- dijo Kanon, explicándole con paciencia- en ese tiempo, Saga había sido poseído por Ares, un dios malvado. Seguramente, si quiso que te alejaras del Santuario, fue para protegerte de él, porque Ares fácilmente habría podido obligarlo a dañarte, sin que Saga pudiera hacer nada al respecto-

-¿Poseído por Ares?- preguntó Casandra, y Kanon asintió- ¿ese dios lo obligaba a hacer cosas contra su voluntad?- y Kanon volvió a asentir.

-Ares se aprovechó de él- dijo Kanon- porque quería matar a Athena, y Saga era el caballero más poderoso del Santuario. Lo obligó a hacer cosas horribles, y lo esclavizó por trece años. Eso en parte por mi culpa, yo fui quien despertó el mal en él. Hace poco menos de un año que por fin está libre de esa influencia- bajó la mirada- desde entonces, Saga se ha dedicado a pedir perdón por todas las cosas que fue obligado a hacer-

Casandra se sorprendió muchísimo al escuchar eso. Eso explicaba lo que había pasado hacía todo ese tiempo: porqué Saga la había expulsado del Santuario, e incluso de Rodorio, un pueblo que el Patriarca solía visitar con mucha frecuencia.

Kanon, por su parte, sonrió levemente. Eso explicaba muchas cosas para él también sobre esta chica, Casandra. ¡Saga la amaba, y por eso la había alejado! Y Kanon entendió muy bien porqué estaba triste. Seguramente por la presencia del niño, quien era la evidencia de que Casandra rápidamente buscó a alguien más después de Saga.

-Ahora entiendo lo que le pasa a Saga, y porqué ha estado tan triste estos días: te volvió a ver, y se sentir muy culpable por lo que te hizo- le dijo Kanon en voz baja- además, creo que tu hijo lo hace sentirse aún peor , porque la presencia de Kostas le dice que lo superaste demasiado pronto, que te olvidaste de él y que conseguiste a alguien más-

Casandra bajó la cabeza. ¿Sería capaz de decirle al hermano de Saga el secreto que ella había guardado por tanto tiempo, ocultando la verdad de todos, incluso de su mejor amiga?

Al final, la chica llegó a una terrible conclusión. ¡Cuánto se había equivocado con él! Saga siempre la amó. Realmente, el santo de Géminis solo intentaba protegerla de un mal mucho peor. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¡Por supuesto que Saga no podía explicarle eso cuando estaba poseído! Se sintió terrible, sobre todo por su conducta más reciente con respecto al caballero. Todos estos días había estado hiriéndolo con sus palabras, mientras él se guardó sus sentimientos y soportó todos sus reproches.

-Kanon…- dijo Casandra, casi sin aliento, rindiéndose por fin- tengo que confesar algo. Nunca conocí a nadie después de Saga. Nunca hubo nadie después de Saga. No hubo un solo día, en estos cuatro años, que no pensara en él-

Kanon se sorprendió.

-¿De que hablas, Casandra?- preguntó Kanon, ante tal afirmación- si no conociste a nadie más, si no hubo nadie más después de Saga, eso significa que Kostas…-

Casandra asintió, y Kanon se puso pálido.

-No… ¡no puede ser!- dijo el gemelo menor, llevándose la mano derecha a la boca y abriendo los ojos desmesuradamente.

-No le digas nada a Saga, Kanon, por favor- dijo Casandra, tras al menos cinco minutos de ver al gemelo con una expresión pasmada, y que no parecía que fuera a cambiar- nadie más lo sabe, ni siquiera… ni siquiera Sofía. Pero creo que sería sensato que yo se lo dijera-

Kanon asintió torpemente. Ni en sueños quería ser quien le diera esa noticia a su hermano.

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Cámara principal, Catacumbas, Isla de Milos

Mu y Lydia estaban preparándose a pelear contra Henry y Greta, respectivamente. Mientras lo hacían, el santo de Aries sintió lo que pasaba en la superficie: Saga había encendido su cosmo, y estaba peleando también en la superficie. El cosmo de Aioria había desaparecido junto con el de Marín y Kanon, quien sorpresivamente había llegado a ayudar. Eso era buena señal: seguramente Aioria y la chica de Aioros estarían a salvo.

Los enemigos fueron los primeros en hacer movimiento. Henry se lanzó hacia Mu con dos gruesos cuchillos de caza, pero a pesar de tener entrenamiento parecido al de los santos, y de que Mu no podía usar su cosmo ahí dentro, Henry no pudo vencerlo. El joven lemuriano, aunque era delgado, era muy fuerte y ágil.

-¡Maldito!- bramó Henry- ¡quédate quieto para poder matarte!-

Mu se cruzó de brazos, con su habitual sonrisa sarcástica. ¡Cómo iba a disfrutar caerle a patadas al inglés! Le iba a dar su merecido por meterse, por segunda vez, con Lydia, lastimándola y lastimando a sus hermanos. El caballero de Aries no olvidaba como había encontrado a su chica, después de haber sido atacada por él.

Henry volvió a atacarlo de frente, estirando la mano con su cuchillo hacia él, y Mu lo esquivó con facilidad. Antes de que se volviera, Mu le propició un fuerte golpe en las costillas con la rodilla. Henry gritó, y Mu sonrió al escuchar un crujido, seguro le había roto una costilla. El inglés, como reflejo, extendió su brazo libre, e hizo un corte superficial en el brazo del santo de Aries. Mu no se inmutó. Henry volvió a lanzarse contra él, y el caballero de Aries volvió a quitarse del camino, para después propiciarle otro fuerte golpe en la cara, lanzando al hombre varios metros hacia atrás, contra la pared de la cámara.

Kiki miraba impresionado la pelea de su maestro. Nunca lo había visto pelear exclusivamente con sus puños, sin usar su cosmo. Por más que Henry intentaba herirlo, no conseguía más que provocarle pequeños rasguños, mientras que Mu fácilmente le estaba dando la paliza de su vida.

Al mismo tiempo, Lydia había empezado a pelear con Greta solo con sus puños, mientras la rubia tenía un par de cuchillos, no tan gruesos como los de caza de Henry, pero ambos se veían bastante afilados. Lydia, por su parte, también comenzó a ver que su entrenamiento en el Santuario, aunque llevaba apenas unas semanas, había sido de gran utilidad, pues Greta no había podido siquiera acercarse un poco a ella, y los cuchillos que le lanzó se habían clavado en la pared. La chica agradeció en silencio a Marín por haberla ayudado a mejorar tanto.

Greta parecía molesta, pues no se esperaba que Lydia se la pusiera difícil. Cada golpe que deba, Lydia lograba esquivarlo y regresárselo. La chica castaña no se contuvo: la haría pagar todas y cada una de las cosas que había hecho.

Kiki se mantenía junto a Aioros, y muy cerca de donde luchaba Lydia, en caso de la chica que necesitara su ayuda. El pequeño pelirrojo ya había logrado abrir las cadenas de las muñecas del santo de Sagitario. Aioros seguía de rodillas, dolido por la paliza que le habían dado antes de que llegaran, y con un dolor agudo en su corazón. El joven no se atrevía a ponerse de pie.

Después de pelear por un poco de tiempo y darle una buena paliza a Henry, Mu lo venció fácilmente, dandole una patada en el abdomen y lanzándolo lejos, contra la pared, donde el inglés se golpeó en la cabeza y cayó al suelo, aturdido. Una vez que vio que Henry no se movía, Mu volvió su vista a la otra pelea.

Greta aún le daba pelea a Lydia, pero aún no lograba siquiera tocarla. La chica rubia bufó de coraje, pero miró a Aioros y a Kiki, y sonrió maléficamente. Si no podía lastimarla a ella, podía lastimar al caballero y al niño que estaba con él. Levantó su cuchillo y se dispuso a lanzarlo contra Aioros, pero Lydia se acercó y, de un manotazo, tumbó el arma de su mano.

-¡Ah, maldita!- gritó Greta, empujándola por los hombros. Lydia, que no se esperaba esto, cayó de espaldas al suelo. Antes de que pudiera levantarse, Greta se lanzó sobre ella, con una rodilla en su pecho para evitar que se moviera. Tomó el cuchillo restante y lo puso en el cuello de Lydia.

-¡No!- dijo Mu, intentando detenerla, pero Henry se levantó detrás de él y lo atrapó por la espalda. El caballero de Aries comenzó a forcejear para liberarse, pero no iba a lograrlo a tiempo.

Greta sonrió maléficamente, y levantó su vista, para atrapar la mirada de Aioros.

-Pon mucha atención, Aioros- dijo Greta con una sonrisa malvada, empujando su rodilla en la boca del estómago de Lydia, sacándole un gesto de dolor, y sin separar el arma de su cuello. Una pequeña herida se abrió debajo del cuchillo, y hilo de sangre fluyó por su cuello- tu hermana vino aquí a salvarte, y morirá por tu culpa-

Aioros palideció y sintió de nuevo el horrible vuelco en su corazón. Kiki se dio cuenta de que el santo de Sagitario comenzó a esforzarse por levantarse del suelo, pero también sería demasiado tarde. Lydia extendió el cuello para mirar hacia atrás, hacia donde estaba su hermano. Una vez que capturó la mirada horrorizada de su hermano, Lydia guió un ojo y sonrió ampliamente, para sorpresa de Aioros. Con un movimiento rápido, Lydia se giró a la izquierda y, con su mano derecha, golpeó con fuerza a la chica en la cara, al mismo tiempo que le propiciaba otro fuerte golpe con su rodilla derecha en el costado.

Greta gritó de dolor mientras que Lydia se levantaba del suelo. La rubia se volvió a levantar, y se lanzó contra ella. De una patada, Lydia lanzó a Greta contra la pared.

-Me rindo, me rindo…- dijo Greta, levantando una mano, ya que con la otra estaba se estaba deteniendo el sangrado de su probablemente rota nariz- ¡ya deja de golpearme, niña salvaje!-

-Te lo mereces- dijo Lydia, y se volvió a Mu, quien había golpeado a Henry de nuevo, dejándolo inconsciente, y se había acercado a Aioros, inclinándose hacia él- ¿podemos irnos?-

-Creo que sería buena idea- dijo Mu, sonriendo, y volviéndose a Aioros- Aioros, ¿puedes levantarte?-

Aioros no respondió. Tenía su vista fija frente a ellos. Se volvió a llevar las manos a la cabeza, para sorpresa de ellos, y cerró los ojos, como si le doliera la cabeza. Sacudió la cabeza de un lado al otro.

-¿Aioros?¿qué te pasa?- dijo Lydia, inclinándose hacia su hermano mayor.

-Fue mi culpa, todo fue mi culpa…- dijo Aioros en voz baja, sacudiendo la cabeza- Sofi… Sofi se ha ido para siempre, y todo fue mi culpa-

-Aioros, no es así- dijo Lydia en voz baja- de seguro lo debiste haber sentido. Saga logró sacar a Aioria y a tu chica, y Kanon los llevó de regreso a Athenas. Están a salvo-

Pero Aioros no la escuchaba, solo sacudía la cabeza de un lado al otro, tirando de sus cabellos y apretando los ojos.

-Mi culpa, todo mi culpa…- repetía el santo de Sagitario.

Lydia nunca había visto así a Aioros. A pesar de ser una persona cálida, no dejaba que sus emociones nublaran su pensamiento. Pero esto no era normal. Incluso Mu lo miraba sorprendido. Lydia se volvió a Greta, furiosa, y la tomó del cuello de su blusa.

-¿Qué le hiciste a Aioros, maldita?- rugió la chica, sus ojos brillando con la misma fiereza tan típica de Aioria. Greta, quien estaba furiosa porque Lydia le había roto la nariz, borró su mueca y la cambió por una sonrisa.

-Tu hermano ya está quebrado, Lydia- dijo Greta con una sonrisa malvada- la culpa ya ha lastimado irreversiblemente su corazón-

Lydia soltó a Greta, y se acercó a su hermano. Lo tomó de los hombros y lo miró fijamente tras sacudirlo un poco. Aioros fijó su vista en su hermana.

-Aioros, nada de esto es tu culpa- dijo Mu, señalando al inconsciente Henry y a Greta- ellos fueron quienes hicieron todo. Ellos dos son los culpables de todo-

-Aioros, Sofía está viva- dijo Lydia, obligándolo a soltar sus cabellos y relajar sus brazos, para después tomar el rostro de su hermano con cuidado- Aioria también. Athena también les envió pulseras con sus oraciones. No pueden… simplemente no pueden fallar. Lo sabes. Y Sofía está en Atenas. No puedes abandonarla-

Aioros miró a Lydia, y estuvo a punto de sonreír. Antes de que pudieran reaccionar, Greta había sacado otro cuchillo y se disponía a atacar a Mu y a Lydia por la espalda. Aioros se dio cuenta, se levantó, y de un golpe con su mano, le quitó el cuchillo y lo hizo caer al suelo. Mu y Lydia se volvieron sorprendidos. Greta cayó al suelo, gritando asustada. Incluso Kiki dio un paso atrás.

-Le has hecho daño a todas y cada una de las personas que son importantes para mí- dijo Aioros, con una furia inusual en él- yo nunca he matado a una mujer, pero contigo estoy dispuesto a hacer una excepción-

Lydia tomó el brazo de su hermano, intentando tranquilizarlo.

-No vale la pena, Aioros- dijo Lydia.

-Lydi tiene razón- le dijo Mu, poniéndole una mano en el hombro- no vale la pena ensuciarte las manos por alguien como ella. Además, tienes que regresar rápidamente a Atenas. Sofía te está esperando…-

Aioros sintió ese vuelco otra vez, y asintió. Se acercó a la mujer y le arrebató su banda roja de las manos.

-Esto me pertenece. Por esta vez te perdono la vida, mujer- dijo Aioros con severidad- si vuelves a meterte conmigo o con la gente que me importa, será lo último que hagas. Estás advertida-

Y tras decir eso, salió junto con Mu, Lydia y Kiki, rumbo a la superficie, no sin dar una patada "accidental" al inconsciente Henry justo antes de salir.

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Salida de las Catacumbas, Isla de Milos

-No se diga más- había dicho Bellini, encendiendo su cosmo, al igual que sus otros cuatro hombres- prepárate a morir, Saga de Géminis-

Saga los miró, impasible. Sonrió levemente. Aún podía sentir la dulzura de los labios de su Casy. Debió haber hecho eso antes, debió haberla callado así hacía muchísimo tiempo. Había valido la pena. El joven caballero de Géminis encendió su cosmo y se tronó los nudillos.

-Bien, vengan, si se atreven- dijo Saga en un tono despreocupado, que hizo enfurecer a los hombres.

Bellini sonrió, arrogante, y dio la orden. Dos de los hombres se acercaron a él, con sus cosmos encendidos. Ambos atacaron al santo al mismo tiempo, lanzándole idénticas bolas de fuego azul, las cuales se unieron, formando una sola. Saga no se inmutó. Encendió su cosmo levemente, y la detuvo con sus manos con bastante facilidad.

-¿Qué?- exclamaron los dos hombres. Saga los miró con desdén.

Bellini borró su sonrisa, y ordenó a los cuatro atacarlo al mismo tiempo, con el mismo resultado. El caballero ni siquiera tuvo que mover un cabello para detener sus ataques con facilidad.

-¿Qué está pasando?- gruñó Bellini.

-Debería ya ser del dominio público- dijo Saga con fría calma, sin siquiera mirarlo- ya había visto su ataque. No pueden usar el mismo ataque dos veces con un santo de Athena-

Bellini se enfureció.

-¡Atáquenlo con todo!- dijo el italiano.

Los cuatro hombres se lanzaron contra Saga, con sus puños envueltos en llamas azules, dispuestos a golpearlo con ellos. El santo de Géminis abrió un portal a otra dimensión, y uno de los enemigos cayó dentro. Después lo abrió nuevamente sobre Bellini, y el hombre cayó sobre el italiano y quemando su cara con el fuego azul. Bellini gritó de dolor. Saga siguió tan impasible como siempre.

Los otros tres hombres intentaron golpearlo, y Saga simplemente hizo lo mismo, abriendo portales a otra dimensión y haciéndolos caer encima de Bellini. Éste, furioso, se olvidó de que los usuarios de cosmos no podían ser heridos con armas comunes, y vació su arma, disparando hacia Saga, que ni siquiera se molestó en detener las balas. Éstas simplemente rebotaron en su armadura como si fueran mosquitos.

-¿Ya terminaste?- dijo Saga con calma, casi aburrido. Ya no iba a seguir jugando con ellos. Quería regresar a Atenas, con Casandra. Encendió su cosmo de nuevo.

-¡Los cuatro, mátenlo!- gritó Bellini.

Los cuatro hombres con armaduras negras se lanzaron contra él, con sus puños encendidos con ese fuego azul. Saga incluso sonrió levemente antes de lanzar su propio ataque.

-GALAXIAN EXPLOSION-

Los cuatro enemigos dejaron escapar un grito de horror, siendo golpeados de lleno por el ataque del santo de Athena. Incluso Bellini, que estaba a varios metros de él, recibió parte del impacto del ataque de Saga, y fue despedido hacia atrás. Las armaduras negras se trozaron en pedazos, y los cuatro enemigos cayeron al suelo, vencidos.

Saga apagó su cosmo por un momento, y volvió sus ojos hacia Bellini, quien lo miró horrorizado por primera vez.

-Tu turno…- comenzó a decir Saga, cuando sintió varios cosmos acercándose a él. Mu y Lydia ayudaban a Aioros a salir de las catacumbas, seguidos de Kiki. Los cuatro recién llegados sintieron un gran alivio al salir y poder sentir su cosmo por completo restaurado.

-Saga- dijo Mu con calma, tras respirar profundamente y disfrutar la sensación de su cosmo rodeando su cuerpo de nuevo, y volviéndose al santo de Géminis - ¿ya terminaste?-

-Solo me falta terminar con este pedazo de basura- dijo Saga, señalando a Bellini. Éste se arrastró hacia atrás, alejándose de ellos, asustado. Pero por un segundo, su atención dejó al italiano y se concentró en su amigo.

A diferencia de Mu y Lydia, quienes estaban aliviados de haber encontrado a Aioros y haber salido ilesos de las catacumbas, el santo de Sagitario parecía que habían sufrido una derrota espantosa. El joven caballero de Sagitario se dejó caer al suelo, con sus manos en la cabeza otra vez. Estaba muy preocupado por lo que había pasado con Sofía y con Aioria, y lo que casi pasaba con Lydia.

-Todo fue mi culpa…- repetía el santo de Sagitario en voz baja, haciendo que Saga frunciera el entrecejo- todo fue mi culpa…-

-¿Aioros?- preguntó Mu, volviéndose hacia él, alarmado de que volviera a estar en esa actitud, igual que dentro de las catacumbas- ¿qué está pasando?-

-Es mi culpa, todo es mi culpa…- repetía Aioros, cerrando los ojos y con sus manos sobre la cabeza.

-Aioros, no es…- comenzó a decir Lydia, pero Mu la detuvo, poniéndole una mano en su hombro y sacudiendo la cabeza.

Saga, al ver lo que estaba pasando, se olvidó de Bellini por un segundo, y éste se introdujo nuevamente en las catacumbas para huir de ellos. El caballero de Géminis se acercó a Aioros, lo tomó de los hombros, sacudiéndolo con firmeza y después, con el dorso de la mano, le dijo una fuerte bofetada, que lo tiró al suelo, haciéndolo caer sentado y mirando a Saga, sorprendido por lo que había hecho.

-¡Saga!- exclamó Lydia, furiosa de que el santo de Géminis golpeara a su hermano. Saga la ignoró por completo, y se inclinó frente a su amigo, tomándolo por los hombros de nuevo.

-¿Se puede saber qué demonios te pasa, Aioros?- dijo Saga.

-Todo esto fue mi culpa, Saga- dijo Aioros, apretando los ojos, lleno de dolor, pero no físico, sino como si tuviera un vacío en su corazón- esa mujer lastimó a Aioria por mi culpa. Y casi hace otro tanto con Lydia. Y Sofía… Sofi está a punto de morir, y todo por mi culpa-

-No fue tu culpa…- comenzó Lydia, pero Saga la hizo callar con una mirada. Mu hizo una mueca al ver la manera en la que Saga miró a Lydia, pero no dijo nada, se limitó a abrazarla y hacerla dar un paso atrás, para darle un poco de espacio a Aioros.

-Aioros, esto es tanto tu culpa como fue la mía lo que hice cuando estaba poseído por Ares, todos y cada uno de los crímenes que cometí- dijo Saga.

-Eso es diferente, Saga- dijo Aioros, sacudiendo la cabeza- todas esas maldades, las hizo Ares usando tu cuerpo, eras obligado a hacerlo. En cambio, yo no acepté el trato de Greta, de traicionar a Athena a cambio de dejarlos ir…- Aioros cerró los ojos- no acepté salvarla. Ella me hizo prometer que no lo haría, y yo no acepté salvarla-

-No recuerdo que les hayas hecho daño directamente a ninguno de ellos- dijo Saga, dándole un golpe en el hombro, en señal de apoyo, y ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse- vamos, Aioros. No es demasiado tarde. Sofía te está esperando, y no te puedes presentar ante ella así-

Aioros asintió, y se levantó, tocándose el pecho. El dolor de su corazón había disminuido. Lydia se acercó y abrazó a su hermano, y éste la abrazó de vuelta. Le acarició sus cabellos como solía hacer.

-Lo lamento muchísimo, Lydia- dijo Aioros en voz baja, respirando hondo y borrando su expresión sombría casi por completo, mientras ella lo abrazaba con fuerza- hice mal en desesperar-

-Vamos, Aioros- dijo Mu, una vez que Lydia lo soltó, poniendo una mano en el hombro del santo de Sagitario- Saga…-

Saga asintió, y abrió el portal a otra dimensión, y los cinco regresaron a Atenas.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Shion por fin respiró tranquilo después de un buen rato en suspenso. Había sentido los cosmos de todos los caballeros dorados regresando a Atenas, poco antes de que se pusiera el sol. Se volvió a Saori, quien también sonreía, aliviada, y a Milo y a Camus, que también se habían percatado de lo ocurrido.

-Shion, vamos de prisa a la enfermería- dijo Saori con insistencia- no quiero que Aioria sufra por sus heridas ni un minuto más-

Shion asintió. Sabía que no podía dejar mas tiempo a Aioria en esa situación. Miró de nuevo a Saori, sospechosamente, pues sabía que ella había hecho algo para ayudarlos, aunque aún no sabía que. Ya lo descubriría.

-Yo puedo escoltarlos, maestro, porque tengo que decirle un par de cosas al cachorro- dijo Milo, aliviado de saber que su amigo estaba de regreso en el Santuario. Camus asintió también.

Los dos santos dorados y el Patriarca escoltaron a Saori hacia la enfermería.

Al llegar, encontraron a Marín junto al santo de Leo. La amazona se cohibió al ver a los recién llegados, y se retiró a una esquina de la habitación. Saori, al ver las heridas de Aioria, se llevó las manos a la boca de la impresión. Casi todo el cuerpo de Aioria estaba cubierto por horribles quemaduras, que evidentemente le causaban mucho dolor. La pulsera de oraciones que le había puesto Marín ayudaba, pero no lo podía curar por completo.

Incluso Milo y Camus palidecieron al verlo. Shion, por su parte, vio la pulsera de flores en la muñeca del santo, miró alternadamente a Athena y a la pulsera, ató cabos y se dio cuenta de lo ocurrido. Saori se la había dado a Marín, y había sido ella quien había enviado también a Lydia y a Casandra.

Al llegar y ver a su santo de Leo, Saori inmediatamente encendió su cosmo, y éste cubrió a Aioria. Las quemaduras en todo su cuerpo comenzaron a cerrarse, hasta que quedaron completamente cerradas y curadas. Saori apagó su cosmo, y le sonrió.

-Ya estarás mejor, Aioria- dijo Saori, sonriendo. Aioria se incorporó e iba a agradecerle, cuando las puertas de la enfermería se abrieron, y por ellas cruzó Lydia, seguida rápidamente de Mu, quien no tenía puesta su camisa, y de Kiki. Ni bien Aioria estaba incorporándose, ahora curado, cuando Lydia se arrojó a su cuello y lo abrazó con fuerza.

-¡Eres un tonto, Aioria!- dijo Lydia mientras lo abrazaba, sorprendiendo a todos- te sacrificaste por mi, ¿cómo se te ocurrió hacer eso?-

El primero en salir de su sorpresa fue el santo de Escorpión.

-Estoy de acuerdo con tu hermanita, cachorro, con eso de que eres un tonto- dijo Milo, riendo divertido y aliviado de verlo mejor- ya te lo había dicho antes-

Aioria, sorprendido, sonrió levemente. Se volvió a recostar y cerró los ojos. Milo y Camus miraron a Mu, confundidos.

-¿Qué pasó con tu camisa, Mu?- dijo Milo, sorprendido.

-Aioros la necesitaba más que yo- dijo Mu, encogiéndose de hombros- de todos modos, yo ya venía de regreso aquí-

-¿Dónde está Aioros?¿está bien?- dijo el santo de Leo en voz baja- y esa chica, Sofía, ¿ella está bien?-

-Aún no sabemos si Sofía estará bien, Aioria- dijo Mu tras una pausa, ya que la expresión de Lydia se ensombreció ante la mención de la chica- Aioros está con ella, en el hospital. Saga y Kanon también están allá-

Aioria asintió, y se levantó por fin. Se sentía cansado, como si acabara de recibir una paliza, pero sabía que pronto se sentiría mejor. Se volvió a Saori.

-Gracias por curarme, señorita Athena- dijo Aioria, inclinándose, tras lo cual se dirigió a la amazona que los observaba desde un extremo, sin decir nada hasta ese momento- eh… gracias por… ir a ayudarme, Marín-

Todos los presentes de pronto recordaron que Marín estaba ahí, y se volvieron hacia ella. La amazona estaba cruzada de brazos en una esquina, sin saber su expresión, ya que estaba aún cubierta por su máscara.

-De nada, Aioria- dijo ella, bajando la cabeza, sin moverse de donde se encontraba.

-Creo que necesitas descansar, Aioria- dijo Milo de pronto, sorprendiendo a los demás- Marín, ¿serías tan amable de acompañarlo al templo de Leo? Aún se ve un poco débil-

Aioria frunció el entrecejo, y Marín se sorprendió ante esto, e iba a decir algo, cuando Saori la interrumpió.

-Pero…-

-Yo también pienso lo mismo, Aioria debería descansar, y sería bueno que tuviera algo de compañía, por si se llega a sentir mal- dijo la diosa con un tono que no admitiría ninguna réplica- por favor, Marín-

Mu abrazó a Lydia y tras despedirse de Aioria, salió rumbo al templo de Aries junto con ella. También el Patriarca y Saori se retiraron, de regreso al templo del Patriarca. Camus se aclaró la garganta, y Milo le dio un codazo en las costillas a Aioria antes de irse, dejando solo al santo de Leo con Marín.

Los dos se miraron en silencio unos minutos, una vez que se quedaron solos.

-Aioria- dijo Marín en voz baja- me da gusto que estés mejor. Me preocupaste mucho-

-Lo siento, Marín- dijo Aioria, sonriendo levemente- gracias por ir a salvarme-

Marín sonrió, y le ofreció su brazo para ayudarlo a salir de la enfermería y subir al templo de Leo. Sabía que Aiora realmente no necesitaba su ayuda, pero no quería perder la oportunidad de tener contacto con él. El santo de Leo, por su parte, aceptó su ayuda sin pensarlo mucho. Con una última mirada a la ciudad, deseando que Sofía estuviera bien, por el bien de Aioros, caminó junto con Marín hacia el templo de Leo.

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Templo de Géminis

-Seiya, si no dejas de hacer eso, nos meterás en un grave problema con Saga y con Kanon- dijo Hyoga, cruzando los brazos. Shiryu sacudía la cabeza en forma reprobatoria, y Shun, que estaba sentado en un sillón y tenía al pequeño Kostas sentado en su regazo, lo miraba sorprendido. Shun había tenido el suficiente sentido común de limpiar la harina de la cara del pequeño. Y Kostas había pasado la tarde riéndose de Seiya.

Seiya, en su intento por entretener al niño, había hecho un desastre en la sala del tercer templo. Harina, papel higiénico, acuarelas y plastilina, entre otras cosas, regadas por todos lados.

-Kanon dijo que lo cuidáramos, y todo esto fue para cuidarlo y tenerlo entretenido- se justificó Seiya- no se quejará de lo que hemos hecho para lograrlo-

-No sé porqué no han vuelto los gemelos, si ya regresaron Aioria y Mu- dijo Shiryu- tampoco ha vuelto Aioros. Ya me empecé a preocupar…-

-Deben tener sus razones, Shiryu- dijo Hyoga.

Shun no dijo nada. Kostas llevaba un buen tiempo bostezando, así que Shun dejó que el pequeño se apoyara en su pecho. Con la mirada hizo callar a Seiya, se puso a tararear una canción de cuna, y esperó pacientemente a que el niño se durmiera. El santo de Andromeda deseó secretamente que June no llegara sorpresivamente, o esa escena le podría dar ideas raras.

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Hospital de Atenas

Tras dejar a Lydia y a Mu en el Santuario, Saga y Aioros aparecieron en el hospital a donde Kanon había llevado a Sofía. Saga vio a su mejor amigo desconcertado, como si no pudiera creer lo que estaba pasando, y caminaba confundido junto a él. Finalmente llegaron a la sala de espera de la terapia intensiva, y vieron a Casandra, agotada y dormida apoyada en el respaldo del sillón, con la chamarra de Kanon cubriéndola. Saga sonrió suavemente. Su hermano había entendido muy bien lo importante que era esa chica para él.

-Saga, Aioros- dijo Kanon al verlos llegar, aliviado de ver a su hermano bien- que bueno que llegaron. Saga, me da gusto verte…-

Para total sorpresa de los recién llegados, Kanon abrazó a su gemelo con fuerza, y repitió en voz baja que estaba muy aliviado de verlo. Tanto Saga como Aioros estaban completamente confundidos por la actitud del gemelo menor. Cuando lo soltó, Saga decidió ignorar por un momento la extraña conducta de su hermano.

-¿Cómo está Sofía?- Saga hizo la pregunta que sabía que Aioros quería hacer. Kanon bajó la vista, y suspiró.

-Aún la están atendiendo ahí dentro- explicó Kanon- le dijeron a Casandra que está algo delicada. Y también le dijeron que Aioros podía pasar a verla un par de minutos cuando llegara-

Aioros asintió, e iba a pasar, pero Saga lo detuvo.

-Aioros, espera. ¿Quieres que te acompañe?- preguntó el santo de Géminis, y su amigo sacudió la cabeza.

-Gracias, amigo. Pero es algo que tengo que hacer solo- dijo Aioros, mirando la puerta- tengo que disculparme con ella. Tú deberías hacer lo mismo-

Saga se quedó sorprendido ante esa afirmación, pero asintió levemente, mientras veía desaparecer a Aioros a través de la puerta de la terapia intensiva. El gemelo mayor se volvió hacia su hermano.

-¿Qué fue eso, Kanon?- preguntó Saga, confundido- no es tu estilo ser tan… cariñoso- entrecerró los ojos, mirándolo sospechosamente- ¿qué hiciste?-

Kanon sonrió levemente.

-Lo lamento, no puedo decirte, lo prometí- dijo Kanon, encogiéndose de hombros y levantándose para que Saga pudiera sentarse junto a Casandra- regresaré al Santuario. Confío en que ya no me necesitas-

-Gracias por todo, Kanon- dijo Saga secamente, dejándose caer en el sillón junto a la chica.

-Nos vemos pronto, Saga- dijo Kanon, sonriendo mientras habría un portal a otra dimensión, y desaparecía en él.

Saga se encogió de hombros cuando su hermano desapareció. Bah, Kanon siempre había sido algo extraño, no tenía de que preocuparse. Miró a Casandra, quien estaba completamente agotada, dormida en una posición incómoda en la silla. Pasó su brazo por la espalda de la chica y la atrajo a si mismo. Volvió a cubrirla con la chamarra de Kanon, y suspiró. Aquella iba a ser una larga noche.

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Terapia Intensiva, Hospital de Atenas

Aioros caminó dudoso en la terapia intensiva, entre los cubículos llenos de pacientes, las alarmas y sonidos extraños. Una enfermera le indicó donde se encontraba Sofía. Ella, quien trabajaba en un hospital, había sido visitada por varios de sus colegas en los escasos sesenta minutos que llevaba ahí, muy preocupados por su estado de salud.

El joven santo casi sintió que su alma se caía hasta sus pies: su hermosa chica estaba inconsciente, tumbada en esa fría cama de hospital, no completamente horizontal, sino con su cabeza un poco elevada. Tenía un tubo en la boca, conectada a una máquina que la ayudaba a respirar. Todo tipo de monitores hacían ruidos extraños. Varias bolsas de suero estaban colgadas a su alrededor, una de las cuales seguramente sería la tan necesaria insulina. Sus brazos estaban llenos de moretones, causados por los intentos de las enfermerías de colocarle una intravenosa, con lo deshidratada que estaba.

-Tú debes ser Aioros- dijo una voz masculina detrás de él. El santo se volvió, y vio a un joven médico, rubio, con profundos ojos cafés que se veían visiblemente cansados. Su barba estaba desordenada, al igual que sus cabellos.

-Soy yo- dijo el santo, sorprendido- ¿cómo sabes…?-

-Ya te había visto antes con ella, en el hospital donde trabaja. Además, cuando llegó no paraba de murmurar tu nombre, a pesar de que estaba tan letárgica- dijo el médico- me llamo Oskar, soy un amigo de Sofía. La estoy atendiendo. ¿Quisieras que te dijera como está?-

Aioros asintió dolorosamente.

-No está nada bien- le dijo Oskar sinceramente- Sofía llego muy descompensada, en una cetoacidosis severa. Y lamento informarte también que tiene edema cerebral. Las probabilidades de mejorar son pocas, pero no es imposible- le puso una mano en el hombro- de verdad lo lamento mucho, Aioros-

Aioros asintió.

-Quédate un rato con ella. Estoy seguro que le ayudará saber que estás con ella- dijo el médico, señalándole una silla junto a la cama- les ordenaré que no te molesten-

Aioros obedeció, y se dejó caer pesadamente sobre la silla. Suspiró y estiró su mano izquierda, para tomar la de ella con cariño. La cálida mano de su chica ya no era para nada cálida, sino completamente fría.

-Sofi- susurró Aioros- niña dulce… perdóname. Todo esto que sucedió fue mi culpa. No rompí la promesa que te hice, y por eso estás así-

Aioros bajó la mirada, sintiendo sus ojos humedecidos. Acarició con la punta de sus dedos el brazo de Sofía. Aioros estiró su brazo derecho, y le quitó un mechón rojo de la frente, para después acariciar su mejilla con el dorso de su mano. Su cara estaba tan fría como el resto de su cuerpo.

-No me dejes, αγάπη μου- dijo Aioros, sintiendo las lágrimas escaparse de sus ojos contra su voluntad- por favor, Sofí…-

Aioros se inclinó hacia delante, apoyando sus brazos en la cama junto a ella, y ocultando la cabeza entre sus brazos, intentado detener las lágrimas. Estaba desesperado. Esto no podía terminarse así.

-Te amo, niña dulce…- dijo Aioros en un susurro, apretando la mano de Sofía- no me dejes, por favor-

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Templo de Géminis

Los santos de bronce estaban dormidos, tumbados en los sillones de la sala de estar del tercer templo. Kostas dormía también, apoyado en el pecho del santo de Andrómeda. Con las luces encendidas, Kanon pudo ver, al llegar, el desorden que habían hecho los chicos a quienes había dejado a cargo de Kostas. Frunció el entrecejo, molesto por el desorden que los chicos de bronce habían hecho en el templo de Géminis. Encendiendo su cosmo, despertó a los cuatro caballeros.

-¡Kanon!- exclamó Seiya, levantándose de golpe- ¡ya regresaste!-

-¡Shhh! ¡Seiya, lo vas a despertar…!- comenzó a susurrar Shun en un tono molesto, pero era demasiado tarde: Kostas ya estaba despierto. Volteó su cabecita para ver al recién llegado.

-¿Tío… tío Kanon?- preguntó Kostas, somnoliento, frotándose los ojitos.

Kanon sonrió, enternecido al verlo, y tomó al niño de brazos de Shun con cuidado, pero con firmeza. Kanon dejó que Kostas apoyara su cabecita en su hombro, y el gemelo besó la frente del pequeño, que volvía a dormirse en sus brazos. Kanon suavizó su mirada.

-Sí, enano, tío Kanon está aquí- dijo el gemelo menor con un cariño inusual en un guerrero como él. Se volvió a los santos de bronce, volviendo a endurecer su expresión- los cuatro tienen media hora para limpiar este desastre que hicieron, sin hacer ningún ruido, o todos ustedes van a tener serios problemas con Saga y conmigo-

Y sin decir más ni esperar a que los chicos de bronce le respondan, Kanon les dio la espalda entró a su habitación con Kostas, con la intención de acostarlo para evitar que los santos de bronce lo despertaran. El gemelo acostó al niño en su propia cama, y lo cubrió con las mantas. Kostas gimió levemente en sueños al ser separado de su tío,

-Duerme bien, enano- dijo Kanon con cariño, tumbándose en el sillón que estaba junto a su cama- mañana muchas cosas van a cambiar en nuestras vidas-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia que está llegando a su fin. Muchas gracias a todos por sus reviews, y por aguantar mis locuras. Nos leemos pronto!

Abby L.