Capítulo 8: Me perteneces
"vivir la mentira del momento"
Cuando te lo quitan todo, como reaccionas, cuando te dañan y la soledad se mete en tu vida, que futuro vez en un mundo donde ya no queda nadie.
- Aléjate… vete – gritaba histérica intentando huir de él, tropezando y arrastrándose a ningún lugar arrojando objetos al sujeto que solo la miraba.
- Tienes que comer – hablo ante la mujer que solo lloraba haciéndose pequeñita en un rincón lo más lejos posible – por favor hagan que se alimente – dirigió su dura vos a unas mujeres detrás de el
- Señor quien es ella – pregunto la mayor
- Es mi mujer – respondió
Las mujeres la miraban con pena, era una muchacha joven y hermosa, el amo la había traído la tarde anterior, la asearon y cambiaron de ropa, suponían lo que había sucedido
- Come algo por favor – decía la mayor de las mujeres mientras la otra sostenía la bandeja – te sentirás mejor - agregaba la mujer sin tener respuesta de la joven que seguía en llanto en el mismo lugar.
Despertó de nuevo en la cama de antes, en la cama de sus sueños o peores pesadillas, su mente aun no lo asimilaba, donde estaba, donde estaba su familia, donde estaba Kiba, Hanabi que paso de su hermanita. Estaba asustada por ella y por los suyos., lloro con desesperación en la oscuridad de la habitación, las lágrimas no cesaban de sus ojos ni con la llegada del sol que lentamente iluminaba las tinieblas… velaba en ese sueño tan largo, con la mirada perdida y los ojos vidriosos, esperando simplemente despertar y volver a su realidad, porque ese mundo de mentiras que se mueve antes sus ojos solo era una pesadilla. Las mujeres de antes entraban y salían de la habitación, insistiendo siempre en la misma cosa, que comiera, una y otra vez lo mismo, acaso no pueden entender que ella solo quiere despertarse, no quiere comida aunque su estómago le duela, solo quiere despertarse para volver a verlos, para ser libre, para no tener que sufrir.
- Come algo – dijo una voz que conocía bien, y sus latidos hacían doler su pecho por la desesperación
- Aléjate… déjame – volvió a gritar lanzando las almohadas y sabanas – déjame – volvió a gritar rompiendo en llanto cuando ya no pudo retroceder a ningún lado
- Por favor come algo – volvió a decir y quizás la locura del momento denotaba preocupación en esa gruesa vos – lo dejare aquí – el pelinegro dio unos pasos atrás hasta que el sonido de la bandeja en el piso lo detuvo
- Déjame ir – lo amenazo con un cuchillo que tomo de la bandeja
umm... – fue lo único que salió de su boca y sin dudarlo camino hacia ella, encarando el cuchillo a cada paso
Aléjate… por favor aléjate – grito retrocediendo hasta donde la pared le permitió y en desesperación apunto el cuchillo a su cuello, el Uchiha se detuvo. Pero no pudo hacerlo, no podo quitarse la vida, ni el miedo, la desesperación ni la soledad le daban el valor para poder acabarlo todo. Sintió su mano apresada contra la pared tan bruscamente que el cuchillo literalmente se resbalo de su mano, el Uchiha lo miraba cabreado y ella solo pudo llorar por su incompetencia.
No hagas eso… nunca más – dijo la vos masculina molesta y preocupada luchando contra sí mismo y confuso la beso, aprisionándola con su cuerpo.
Déjame – suplico mientras Sasuke la llevaba en la cama entre besos y caricias – déjame – insistió mientras sentía como su cuerpo la traicionaba sin importarle el dolor y su alma lloraba por vergüenza
Esas manos la recorrían llenando de placer esa realidad tan vacía, mientras los labios masculinos la deleitaban en medio de la agonía.
Déjame – suplico sin fuerza sumida en un llanto tan profundo que detuvo al Uchiha
Sasuke se levantó sin despegar la vista de ella, se arregló las prendas intentando controlarse mientras se tomaba la cabeza con culpa, dio unos giros alrededor de la cama donde la chica no dejaba de sollozar
Aliméntate – digo molesto – te prometo que mientras comas y hagas todo lo que vieja kaede te diga no entrare a esta habitación – la chica lo miro sollozando pero con algo de esperanza en sus ojos
El sabor de sus labios aún seguía y el contacto por donde paso su piel aun quemaba, su mente lo torturaba y ni siquiera el trabajo alejaba la figura de esa mujer, si no fuera por su maldito llanto, si no fuera por la maldita culpa. Tiro los papeles pensando en la sonrisa que ese hombre provocaba en ella y las lágrimas que se detuvieron cuando le dijo que se alejaría.
- Dios Sasuke te vez terrible – dijo una voz conocida en la entrada de su oficina
- Kakashi
- te vez como si alguien te hubiese apaleado – decía con gracia mientras refugiaba su rostro en uno de sus libros eróticos, era uno de los pocos que podía hablarle así, y era uno de los pocos con quien el realmente hablaba
- Una mujer me golpeó la cabeza con una piedra, abuse de ella y ahora la tengo raptada – dijo sin inmutarse, a lo que el peligris solo levanto una ceja.
- Debió ser una piedra grande para que eso te incitara, hiciste bien en raptarla tendrás la cabeza molida si esa mujer revela tus gustos masoquistas – lo miraba riendo por lo bajo
- … - bufo fastidiado mientras ojeaba unos papeles
- Es una historia interesante – dijo sin ningún interés – pero eres el lord de este lugar y puedes hacer lo que quieras, rapta una, dos o tres mujeres, puedes tener un haren que te destroce la cabeza si eso te hace feliz, te aseguro que nadie protestara un poco de egoísmo de tu parte– el Uchiha hiso caso omiso y siguió con sus documentos - aparte no es la historia más interesante que he escuchado y sabes a lo que me refiero… - el ojinegro lo miro por sobre los papeles – si esperabas un golpe o reproche de mi parte, buscas a la persona equivocada, quizás ese estúpido amigo rubio tuyo sea el único con la moral lo suficientemente intacta para darte ese golpe que tanto esperas, de mis manos no esperes mucho, por años han saludado y servido a verdaderos demonios…
- Quien dijo que esperaba algo de usted - dijo áspero - solo estoy relatando mi historia como los demás mi antiguo comandante – dijo con los dientes apretado carcomido por una culpa escondida que no puede mostrar
- Sasuke no eres una mala persona – sonrió detrás de su máscara – eres un buen líder y confió en ti y hasta en tus demonios así que no preguntare razones – agrego mirando su libro –antes de irme y hablando de demonios… Suna ha enviado un representante, se trata de Kabuto, vino varias veces preguntando por ti, así que no te sorprendas si llega de improviso.
Vio la puerta cerrada y los recuerdos de un infierno en las palabras de Kakashi, escuchar historias de violaciones y asesinatos entre soldados es un tema muy común, historias narradas como trofeos de guerras, historias narradas por compañeros a quienes confías la vida y estrechas la manos a diario, historias narradas por personas convertidas en bestias en el calvario y la locura de la guerra o historias narradas por bestias que simplemente buscaban a la guerra – Kabuto – resoplo recordando a una serpiente.
El tiempo parecía no avanzar, no tenía animo de estar en su oficina, no tenía animo de volver a su casa, solo quería ir corriendo donde dejo a Hinata y por eso seguía allí, en la oficina trabajando.
- los años no te han cambiado en lo más mínimo pequeño Sasuke – escuchar esa hipócrita voz fue como tomar veneno
- Kabuto – replico enfadado tratando de contener la compostura – que quieres
- No sabias, ahora soy uno de los representantes de Suna y vengo a ver algunos asuntos – menciono con una sonrisa sínica
- no tengo ningún asunto contigo – resoplo el Uchiha- lárgate
- Por qué tanta crueldad hacia un ex camarada- dijo risueño - tu rostro sigue siendo igual a la de ese pequeño niño asustado – agrego acercándose al Uchiha, midiendo distancia a cada paso, viendo hasta donde era seguro llegar – siii… el pequeño juguete de Orochimaru - tiro venenoso para luego retroceder rápidamente para no de recibir el golpe del Uchiha
- ¿Qué quieres? – pregunto furioso tratando de calmarse para no causar más conflicto con la ya delicada relación que se tiene con Suna
- Veo que te acuerdas de nuestro comandante- dijo mirándolo con una sonrisa – sabes durante todo este tiempo he buscado a su asesino
- Orochimaru cayó en batalla, posiblemente su asesino murió con el – agrego Sasuke molesto por la repulsiva presencia de ese sujeto.
- No… no… no- dijo moviendo sus dedos lentamente – Orochimaru era demasiado listo para morir así, una flecha entre los ojos no era algo que hubiese recibido tan fácilmente
- Por qué vienes a decirme eso a mí, como si me importara – espeto sentándose
- Sabes… en ese entonces nunca hubiese sospechado de ti… un niño llorón que lo único que hacía era esconderse de todos – rio levemente del enojo del Uchiha– pero los rumores dicen que tienes una excelente puntería y me puse a pensar
- Lárgate antes de que te eche a patadas – amenazo
- Tranquilo solo estaba bromeando – dijo entre risas - pero sabes algún día me vengare de quien mato a mi maestro - soltó serio
- Umm - sabía a qué se refería, después de todo Kabuto era una víbora igual que Orochimaru y solo vino a mostrarse en el terreno, vino a mostrarse ante el asesino de Orochimaru.
Me había dicho que no entraría aquí si comía todo lo que me mandaban, pero mi estómago se reúsa a ingerir alimento a pesar de que me esfuerce, las arcadas no me dejan consumir
- Por favor señora coma un poco más – dijo la mujer mayor que me hiso recordar mucho a Chiyoba
- No… me digas señora – dije cabizbaja –… ayúdame a salir de aquí – implore
- Señora no puedo hacer eso – entendía a esa mujer quizás más que nadie en toda la casa, pero no podía hacer nada - el señor me ordeno que te cuide
- Por favor... no... me llames señora… dime Hinata – hablo suavemente intentando contenerse y no sollozar
- Come un poco más pequeña Hinata – dijo la mayor sonriendo e inconscientemente abrió la boca y mientras masticaba la mujer lo miraba con algo de cariño – sabes el señor no es tan malo
- El… - quedo en silencio, sentía vergüenza, se sentía destruida y completamente sola
- Por lo menos estas aquí, viva y comiendo en una cama caliente – dijo la mujer – cualquiera solo te hubiese tirado en algún lugar del monte – agrego con la mirada perdida, Hinata observo a la mujer y la comprendió – los hombres son bestias, pero algunas bestias son mejores que otras – dijo la mujer recordando las risas y burlas de sus agresores cuando ella lo había perdido todo - pero eres joven Hinata y sé que el señor es buena persona, no justifico lo que hiso pero por lo menos intenta rectificarlo
- Yo … - el silencio la volvió a callar – no quiero… - dijo pensando en su familia, pensando en su vida y volvió a llorar
- Tranquila, si sigues viviendo algún superaras todo – la abrazo dándole un consejo que la vida le enseño
El tiempo pasaban lentamente en esa habitación, día y noche, venían y desaparecían en ese cautiverio, las ventana al jardín era su único entretenimiento ya que no se animaba a pisar fuera aun cuando Kaede le haya insistido en varias ocasiones. A veces veo al Uchiha en el jardín mirando fijamente la habitación o lo escucho pasar cerca merodeando esa puerta, el tiempo parece que nos ha tratado mal, muchas veces lo oí gruñir y maldecir detrás de las paredes mientras en mi interior la soledad sigue creciendo junto con la ansias que él tiene por entrar. Por las noches las heridas de mi cuerpo me juegan malas pasadas recordándome con dolores las caricias y el placer de ese momento que tanto odio y tanto niego, por eso permanezco en vela, para ahuyentar esos sueños que me maldicen en soledad.
Nuevamente a amanecido, y otra noche ya ha nublado mi juicio, el sonido de la puerta abriéndose siempre me asusta pensando en él, pero él, no rompe su promesa, desde ese entonces no ha entrado a la habitación mientras este alimentándome y aseándome, pero hoy, no tengo ganas de comer y simplemente lo espero -tu cuerpo lo buscara- las palabras de Chiyo parecen tan perfectas en este caos que me carcome.
El día ya termino y aún no ha entrado, escucho la puerta abrirse esperando con miedo e impaciencia que no sea otra vez alguna de las mujeres que intenta darme alimento, miro con el rabillo del ojo y veo sus piernas acercarse lentamente. Mi corazón dejo de latir mientras fingía un sueño que no existe, aunque me avergüence lo he estado esperándolo todo el día, lo oigo refunfuñar y alejarse pero antes que salga lo miro, no a los ojos, pero lo miro, se me acerca rápidamente como un animal hambriento que no sabe cómo comer, su rostro quedo frente mío observándome, conteniéndose y con muchas dudas mis labios buscaron los suyos. Nos besamos en silencio durante mucho tiempo cada vez con más intensidad, sus manos bajaron directo a mi intimidad acariciando esa zona, por sobre el camisón que llevaba, haciéndome reaccionar a cada estimulo. Lo vi levantarse para deshacerse de su ropa frente a mi avergonzada mirada. Sonrió con malicia, de esas sonrisas que matan, y me arrastro de los pies hasta él. Beso los dedos de mis pies con delicadeza deleitándose con el descontrol que producía mi cuerpo y lentamente fue bajando bajo las telas del camisón abriéndose camino a besos hasta ese lugar, sentí su respiración en esa zona jugando con mi impaciencia mientras mis caderas se movían queriendo provocar el mínimo contacto contra mi voluntad, hundió su rostro con delicadeza, arqueando mi espalda y estremeciendo cada musculo de mi cuerpo, mis manos se aferraban con fuerza a las sabanas mientras la respiración de mi cuerpo se volvía extraña. Los gemidos que se negaban a morir en mis labios llenaban la habitación con cada beso, con cada incursión de esa lengua mientras todo a mi alrededor se descontrolaba, mis pechos subían y bajaban bajo ese descontrolado ritmo mientras mis manos sin saber que hacer solo jugaba con sus cabellos hundiéndolo más en mi misma evitando que se apartara, un último gemido fuerte escapo de mi garganta y mi mente solo dibujaba la sonrisa de esos labios endemoniados mientras sentía mi primer orgasmo.
Verme tendida en la cama con la respiración perdida no fue impedimento para continuar con esta locura, y con cautela fue posicionándose entre mis piernas, lo vi frente a mí con su miembro erecto y un temblor de miedo me invadió, pero él seguía jugando con mi impaciencia frotando su miembro contra mi intimidad que no sabía si lo deseaba o no, su juego parecía torturarlo tanto como a mí, que solo podía gruñir por más. Entro en mi interior con delicadeza saboreando las expresiones que mi rostro y cuerpo mostraba con cada centímetro que avanzaba hasta tocar fondo, donde se detuvo contemplando mi desesperación. Acerco su rostro y me beso con desespero mientras sus manos rompían el camisón que llevaba para poder acariciar y apretar mis senos, siempre haciendo presión en esa unión tan humana que nos volvía locos a ambos. Movió sus caderas sin poder controlarse más desatando toda esa locura contenida, mis gemidos morían en sus labios a cada vaivén, mis uñas rasguñaban su espalda con cada pulsada de placer y mi mente viajaba a un lugar prohibido por los deseos, simplemente no sabía qué hacer, dejaba mi inexperiencia en sus manos, me convertía en su muñeca para poder jugar su juego.
No sé si algo podía detener este momento, ni siquiera esa promesa pudo impedirlo, ni mi temor, ni el rencor que siento, mucho menos sé si esto es correcto o incorrecto, lo escucho gruñir debajo mío mientras mis caderas se mueven sobre su cuerpo. Me observa cuidadosamente, aun con mis ojos cerrados puedo percibir su peligrosa mirada sobre mí ser, mis caderas se mueven más fuerte contra ese miembro desatando gemidos en ambos y solo por un momento, en medio de toda esa locura, donde todas las incertidumbre desaparecen, donde nada importa puedo mirarlo fijamente a los ojos y por primera vez preguntarme … que es lo que se oculta detrás de esos ojos negros - tú lo domaras, y será solo tuyo – esas palabras estallaron en mi, formando una sonrisa que se agrando al verlo desviar la mirada avergonzado, inseguro e invadido. Sentí su cuerpo retorcerse debajo de mis caderas y en medio de ese caos de desenfreno, en medio de todo ese placer cuando ya no podíamos más, lo marque como mío, mordiendo sanguinariamente su cuello. El sabor de su piel quedo en mis labios mientras nuestras respiraciones intentaban controlarse, me desvanecí sobre su cuerpo quedando tendidos uno sobre otro, exhaustos, casi sin poder movernos. No fue el primer orgasmo que había sentido, ni el segundo, ni el tercero había perdido la cuenta de cuantas veces hicimos el amor esa noche, le di la espalda acurrucándome a mi misma mientras los arrepentimientos corrompían mi alma, las lágrimas no tardaron en salir y nuevamente sollozaba en silencio para que no se diera cuenta, el llanto poco a poco fue tomando intensidad sin que pudiera hacer nada, sintiéndome cada vez más sola. Sentí como me abrazaba tímidamente, como si no supiera hacerlo, de una manera torpe, de una manera que él no era y parte de mi quedo reconfortada, amaba esa sensación, amaba estar así, pero los recuerdos de quienes no están, los recuerdos de esos días no me dejan en paz. Se sentía miserable en los brazos de ese hombre.
