AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO

XVIII: EPÍLOGO

Mansión Solo, Grecia

Julian esperó pacientemente a Sorento. Sabía lo que tenían que hacer: ya habían repasado ese tipo de emergencias. Con el alma de Poseidón aún sellada en una vasija por Athena, el joven dios no podía hacer mucho cuando estaba bajo ataque. El joven suspiró. ¡Ojalá fuera más útil!

Sorento regresó después de media hora, con su cara cubierta de golpes, pero sin ninguna herida visible.

-¿Sorento?- dijo Julián, dudoso- ¿estás bien?-

-Sí, no se preocupe por mi- dijo Sorento- ¿usted está bien?-

Julián asintió, mirando preocupado a su general.

-¿Qué fue eso, Sorento?- preguntó el joven dios.

-Nos estaban atacando- dijo el general de sirena- varios hombres usuarios de cosmo. Usaban armaduras negras. Pero solo atacaron y huyeron. No pudimos detenerlos-

Julián lo miró.

-Y hay algo más- dijo Sorento- Kanon nos informó que el Santuario de Athena recibió varios ataques también, por los mismos sujetos-

Julián Solo frunció el entrecejo. No sabía quienes serían estos hombres, pero lo averiguaría. Tenía que hablar con Saori Kido.

x-x-x

Edificio de Departamentos

Saga llevó a Casandra y a Kostas a su departamento. Le partía el corazón tener que dejarlos ahí y regresar al templo de Géminis, pero así tenían que ser las cosas por lo pronto. Amaba a Casandra, pero nunca antes habían estado juntos. Además, tenía que pedir primero el permiso de Athena y del Patriarca para llevar a alguien a las Doce Casas a vivir en ellas.

Saga pasó al pequeño departamento. Todo estaba muy limpio y cuidado. Aún quedaban restos de la comida del día anterior, que no se habían terminado por salir corriendo hacia el Santuario.

-Pasa, Saga- dijo Casandra, al ver que el santo se quedaba de pie en la puerta.

Saga obedeció, y entró lentamente al departamento.

-Mira, papá, mira mi habitación- dijo Kostas, tirando del brazo de Saga- mira mis juguetes. Te puedo prestar unos-

Saga sonrió y revolvió sus cabellos.

-En un momento, enano- dijo Saga, siguiendo a su pequeño a la habitación decorada de azul. Después de un rato de darle mostrarle hasta el último juguete en su poder, Kostas comenzó a bostezar.

-Creo que alguien ya tiene que dormirse- dijo Casandra.

-No, mamá- dijo Kostas, sacudiendo la cabeza, intentando reprimir otro bostezo- no quiero…-

Saga sonrió. A pesar de las protestas de Kostas, Saga lo empujó suavemente para que se acostara, y lo arropó. Despejó los cabellos de su frente y sonrió. Saga pasó dos dedos por su frente, de un lado a otro, con suavidad. Kostas bostezó otra vez, siendo finalmente vencido por el sueño.

-¿Cómo hiciste eso?- dijo Casandra. Saga se encogió de hombros. Se inclinó para darle un beso a Kostas en la frente, y ambos salieron, dejando al pequeño dormir en paz.

Casandra cerró con cuidado la puerta del cuarto de Kostas, y después sintió a Saga abrazarla por la espalda. Sonrió. Había olvidado lo que significaba estar atrapada en el abrazo de ese hombre al que amaba tanto. Ella se volvió a verlo, y el santo la tomó de las manos y tiró de ellas.

-¿Qué pretendes hacer, Saga?- dijo Casandra, mientras observaba la sonrisa de Saga. Una sonrisa seductora que había visto, alguna vez, hacía cuatro años.

-¿Qué crees, mi amor?- dijo el santo.

x-x-x

Cuarto 407, Hospitalización, Hospital de Atenas

-Vamos, Aioros, no es tan difícil- le dijo Sofía al santo de Sagitario, quien estaba sentado en la cama a sus pies. La chica estaba intentando enseñarle al joven a ponerle el catéter.

-No te quiero lastimar, Sofi- dijo Aioros, mirando nerviosamente el aplicador y fea aguja con la que se colocaba.

-No lo harás- sonrió Sofía, ofreciéndole el brazo, para que Aioros lo colocara- no me dolerá. Solo tienes que oprimir este botón, y la aguja se inserta sola. Vamos-

Aioros obedeció, aún un poco nervioso, y el catéter quedó bien puesto. Sofía sonrió y conectó su bomba al catéter, aliviada de no tener que usar inyecciones de nuevo. Ese día había sido muy fastidioso, inyectándose cada vez que iba a comer, en vez de oprimir un par de botones a la bomba. Incluso observó la dieta que le habían llevado, e hizo una mueca de fastidio. Solo ensalada de col y un paquete de galletas saladas.

-Buenas noches- dijo alguien en la puerta de la habitación. Los dos se volvieron, y vieron que se trataba de Oskar.

-Hola, Oskar, pasa- dijo Sofía.

El joven médico entró a la habitación, y se acercó a los dos chicos.

-Me da gusto verte bien, niña- dijo el rubio- nos diste un buen susto a todos…-

-Lo lamento mucho- dijo Sofi, cabizbaja. Aioros le apretó la mano.

-Te daremos de alta por la mañana- le informó el joven rubio- y me llamó un señor Shion, de parte del Santuario de Athena- añadió, captando la atención del caballero, quien no sabía que pensar del llamado del Patriarca- dijo que Aioros tiene permiso de quedarse hasta mañana-

Aioros sonrió, aliviado. Sabía que el maestro Shion estaría al tanto, y estaba preocupado por él, lo mismo que Athena. Mientras que Oskar le daba indicaciones a Sofía para el día siguiente, el joven santo sintió una extraña opresión en el pecho. El joven caballero no dijo nada, y los otros dos no se dieron cuenta. Qué extraño.

-No me gusta dejarte ir tan pronto- dijo Oskar, captando la atención de Aioros- pero no hay nada más que hacer. Tu dosis de insulina es correcta. Lo que te pasó fue por...- y se interrumpió- interrumpir la insulina-

-Lo sé- dijo Sofía, esperanzada de que la dieran de alta.

-Mañana a primera hora te podrás ir a tu casa- dijo Oskar, y ella asintió.

-Gracias por todo, amigo- dijo ella.

-Gracias, Oskar, por todo lo que hiciste por Sofi- le dijo Aioros sinceramente, estrechando su mano. No sabía cómo agradecerle por haber salvado a su Sofi.

-Nada que agradecer- sonrío Oskar- es mi trabajo. Y es mi amiga- suspiró- los veo mañana temprano...-

Y salió, para ir a su casa a descansar, pues también llevaba en el hospital dede la noche anterior, y se veía tan agotado como Aioros. Éste le dedicó una sonrisa cansada a su chica.

-Deberías irte a descansar, Aioros- dijo Sofía, con una mirada igual de fatigada- llevas casi treinta y seis horas sin caer en tu propia cama-

-Igual tu- dijo él, acercando un sillón a la cama de Sofi, colocándolo a su izquierda y tumbándose sobre el. Tomó una manta y se cubrió con ella- además- añadió al ver que Sofía lo miraba- te prometí que no te dejaría sola, y no pienso hacerlo-

Sofia sonrió y, libre como estaba ya de las molestas intravenosas, se giró hacia él y lo beso en la mejilla. Aioros sonrió, sacó su mano de la manta y tomó la de Sofía.

-Buenas noches, amore mio- dijo ella.

-Buenas noches, αγάπη μου-

x-x-x

Templo del Patriarca, Santuario de Athena

La noticia de que Saga tenía un hijo se esparció rápidamente. Nadie podía creerlo. Incluso Seiya, quien ya había visto al mini clon de Saga, pensaba que era una broma de parte de Kanon.

Shion estaba lívido. No en vano tenía más de doscientos años. Pensaba que había enseñado mejor a los santos, para que el serio Saga hubiera metido la pata así. Saori, en cambio, no podía de felicidad. ¡Era el primero de la nueva generación de santos! Y se moría de ganas de ver al niño... hasta sentía que se le calentaba la matriz.

-Tengo que hablar muy seriamente con Saga- dijo Shion, en una línea de pensamiento totalmente diferente que la de Saori.

-¡Yo quiero conocer al pequeño! Dice Kanon que se parece mucho a Saga- dijo Saori.

Shion bufó. Más le valía darle "esa platica" a Aioros también, ahora que tenía novia, sobre todo porque el pobre había pasado la mayor parte de su adolescencia muerto. Y no le haría daño dársela también a Mu y a Lydia, aunque estaba seguro de que su estudiante no sería tan imprudente, sobre todo porque Lydia aún era menor y también porque sus dos hermanos arrasarían con él si se le llegaba a ocurrir.

x-x-x

Jet Privado, sobrevolando Sicilia

-Que chasco- dijo Bellini, mirando furioso sus heridas- ¿cómo ocurrió eso? ¡Ellos dos no van a estar felices! -

-Subestimamos a los caballeros- dijo Greta, igual de furiosa. No le hacía mucha gracia su nariz rota- tenemos que formular otro plan, o acabaremos perdidos en la cuidad subterránea junto con los otros que les han fallado- se volvió a Henry- ¿y a ti qué te pasa?-

Henry no decía nada. Había recibido la pálida de su vida a manos de Mu. ¡Cómo odiaba al caballero de Aries! Siempre se estaba entrometiendo en sus planes. ¡Y le había robado a Lydia! Era suya, él la había visto primero. Precisamente ese asunto lo tenía molesto, pues no sólo era Mu.

-Teníamos un trato, Greta- dijo Henry- teníamos un trato sobre lo que iba a pasar con ella, y tú trataste de matarla...-

Greta lo miró con desdén.

-Por si no te diste cuenta, Henry, trató de matarme. Me rompió la nariz. Y arruinó nuestros planes- dijo Greta- tu odias a los santos de Athena igual que nosotros. ¡Qué mejor manera de herirlos que despachando a esa chica!-

Henry no dijo nada, pero estaba realmente furioso.

-No lo subestimes, Greta- observó Bellini, sacándolo de sus pensamientos- Henry todavía la desea. Y ese también sería un buen escarmiento para Athena y sus santos si terminara de la manera que él desea-

Greta se quedo pensativa por un rato, pero después sonrió.

-Ya tenemos dos ventajas, Greta- dijo Bellini- vamos, ya aterrizó el jet y ellos nos están esperando-

x-x-x

FIN DE ESTA HISTORIA

¡Hola a todos! Con esto se acaba esta historia. Aún estoy trabajando en la continuación de ésta. Muchas gracias a todos los que siguieron este fic, sobre todo a Danimel, Misao-CG y Shadir. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.

Abby L.