Capítulo 5: Lo que ocurre en la oscuridad.
—Megami... ¿te ha pasado algo? —preguntó cuándo se miraron a los ojos—. Estas pálida, y también estas temblando.
—Mewtwo... —murmuró—. Necesito hablar contigo. Y urgente.
Asintió, dejando que tomara su mano para llevarlo a la cueva. Mewtwo correspondió su apretón de mano, notando su mano sudar; Megami no noto esta reacción de su propio cuerpo, centrándose en llevarlo a la cueva para contarle la noticia de su paternidad. Ella se relajó cuando recordó la primera vez que estuvo embarazada. Megami sonrió con ese recuerdo, ya no encontraba razón para estar asustada. Se dio cuenta de que llegaron, soltando su mano con lentitud. Se miraron, sonriendo con torpeza.
—¿Y? ¿Qué necesitas decirme? —habló.
—Mewtwo, ¿recuerdas lo que hicimos hace unas semanas? —preguntó viendo cómo se sonrojo cuando le recordó "esa noche".
—Por supuesto. —Respondió—. ¿Acaso... te hice daño?
—Claro que no. Mewtwo, lo que sucede es que, hace unos días, comencé a tener síntomas.
—¿Estás enferma? —preguntó acariciando su mejilla, preocupándose por ella. Haciendo que tomara su mano para relajarse.
—No... Hace poco fui con Natsumi a hacerme un examen de sangre, y...
Mewtwo dejo que se acurrucara con él, sin atreverse a mirarle. Megami se llenó de valor, soltando la noticia que estuvo reteniendo durante esos días.
—Estoy encinta, Mewtwo.
Él abrió completamente los ojos, sintiendo un hormigueo en el estómago, nunca se imaginó que algo así pasaría después de que ella dejara claro que no quería más hijos. Mewtwo abrazo su espalda baja con una mano, mientras que, con la otra, tomaba su mentón para que le mirara. Notando la lagrima que se deslizo por su mejilla, le limpio con el pulgar, manteniéndose así hasta que él habló.
—Tranquila, no debes llorar. Yo estoy aquí —murmuró agachándose para apoyar la cabeza en su vientre. Megami le acaricio, sonriendo con torpeza.
—Pero... no sé si...
—Megami, ¿estas temerosa por lo que ocurrió hace un año? —Asintió, reconociéndolo—. No te preocupes, ya estoy aquí, no debes de tener miedo. No te hará bien, y al bebé tampoco.
—Mewtwo... yo... —musitó, pero ya no supo que replicar—. Tengo miedo, lo admito. Ya no sé si pueda soportar otra perdida.
Le vio levantarse, sin dejarle tiempo a reaccionar cuando la estrecho entre sus brazos. Fue cuando entendió que él también sentía miedo, lo supo cuando sintió ese pinchazo en su pecho. Él se dio cuenta, separándose por fin, esperando que ese dolor no era lo suficientemente fuerte como para hacerle daño. Los dos volvieron a mirarse, sonriendo con torpeza. La pareja escuchó algo caerse, se trataba de una cubeta que sus hijos tiraron por accidente.
Megami palideció, esperando que no hubieran escuchado.
—Mamá... —Los dos susurraron, los padres vieron como los dos sonrieron, dirigiéndose hacia Megami.
—¿Es cierto...? ¿Nosotros... tendremos un hermano? —preguntó Amber emocionada.
Megami no supo que contestar, mirando a su pareja. Ella vio que no podía negarlo, asintiendo y recibiendo un abrazo por parte de su hija. Mewtwo vio con el rabillo del ojo a su hijo, notándole un semblante de preocupación. Deimos, en vez de felicitar a su madre, decidió irse de la cueva, ignorando que su padre le estaba viendo.
Mewtwo le siguió, llegando hasta una caverna donde, al parecer, los hermanos dormían. El Pokémon lo encontró sentado en una silla, apoyado en la mesa, sosteniendo una pieza de ajedrez; se trataba de la Reina, la pieza más poderosa del tablero; Deimos suspiro dejándola en su lugar, no esperando que su padre le observara, dando un pequeño salto del susto. Mewtwo se sentó en la otra silla, tomando la misma pieza que él tenía momentos atrás. Ese tablero, Mewtwo lo había encontrado en las ruinas de New Island, por su estado decidió reconstruirlo, no se imaginó que su descendencia se hiciera con él.
—¿Te gusta el ajedrez? —preguntó.
—Sí, un poco. Pero es aburrido ganar siempre, mamá y Amber no son muy buenas estrategas que digamos, siempre terminaba ganando.
†
—Jaque mate. —Pronunció el chico antes de hacer el movimiento final, dejando a su madre sin movimientos.
—Vaya, parece que has ganado. Y eso que tu padre me enseño bastante. —Le respondió su madre.
—¿Papá era bueno jugando?
—Sí, y parece que has heredado su intelecto.
El comentario no hizo nada más que avergonzar al niño. Escuchándola reír cuando sus pómulos se enrojecieron.
—¡Mamá!
—No tienes de que avergonzarte, hijo, tu padre siempre fue alguien inteligente.
†
Cuando él volvió en sí, vio que su padre ordenó las piezas en el tablero, dudoso, miro a Mewtwo. «¿Qué estás haciendo?», le preguntó con la mirada. Aunque le vasto unos segundos en darse cuenta de lo que quería, el chico movió el peón dos casillas hacia adelante con sus poderes psíquicos. Se padre, en cambio movió el peón de la esquina izquierda, dos casillas también.
Tragó cuando su padre comenzó a jugar en serio, y en menos de tres turnos él ya había perdido una pieza. Su padre era bueno jugando, era algo que no podía negar. Mewtwo en menos de media hora termino derrotando a su hijo. Deimos sintió que parte de su orgullo acababa de morir, pero que revivió segundos después al recordar que se trataba de su padre. El joven cerro los ojos, reconociendo que él fue el primero en derrotarle. Mewtwo se levantó de la silla, mirando al chico con paciencia.
—Cuando puedas idear una estrategia para derrotarme, estaré aquí para ti.
Y se fue de la cueva, dejando a su hijo perplejo al escucharle, reaccionando cuando él ya no estaba. «"Estaré... aquí para ti"», pronunció su mente, intentando ordenar sus ideas; una lágrima fugitiva se deslizo por su pómulo, y luego le siguió otra, y otra, hasta limpio su rostro con su antebrazo. Una sonrisa se esbozó en su rostro, preguntándose cuando fue la última vez que su padre se dirigió a él con esas palabras, con ese tono de voz. Ahí se dio cuenta de que extrañaba a su padre, algo que pensó nunca reconocer.
Deimos al recuperarse se levantó de su silla, dirigiéndose hacia donde estaba su madre. Ella le vio sonriendo, dejándola confusa.
—¿Ocurrió algo? —dijo acariciando su mejilla.
—Tenías razón, mamá. Papá es... sorprendente. —Ella parpadeó por su sorpresa, pero fue borrada en cuestión de segundos cuando el chico continúo hablando—. Y es por eso que, a partir de ahora, debo hacerme más fuerte que él.
Megami volvió a sorprenderse, aunque esta vez, termino sonriendo. Su hijo no solo había heredado la terquedad de la pareja, sino que también heredó la actitud competitiva y desafiadora de su madre. Mewtwo les escucho desde el otro lado de la pared, emitiendo una sonrisa que fue escuchada por la Talonflame que estaba a su lado, el ave de fuego entro en la caverna, posándose en el hombro del hijo de su amigo.
Mewtwo, entonces, recordó el momento en el que hizo de Amber su compañera de viaje. Apretando su puño a causa de las circunstancias en las que se volvieron a encontrar.
†
Habían pasado seis meses desde que Mewtwo había dejado su hogar, y al parecer, la vida en el Monte Quena le hizo olvidar parte de sus vivencias en el territorio más allá de casa. Ahora, estaba en la Sala del Origen junto al dios Pokémon; él le había llamado para comunicarle algo importante, Mewtwo no sabía de qué podría tratarse, sintiéndose algo temeroso por lo que podría decirle.
—Qué bueno que hayas venido. ¿Has podido acostumbrarte a tus nuevos poderes? —preguntó.
—No del todo. Y no creo que me haya llamado con tanto ímpetu solo para preguntarme esto. —Replicó mirando a la deidad.
—Y éstas en lo correcto, te he llamado para otro asunto importante. Sígueme.
Mewtwo empezó a caminar a su lado, observando que a unos pasos el paisaje cambio completamente, sin evitar ver una especie de prado en el que, en vez de flores, solo se podían ver flamas azules, como fuegos fatuos en un manto blanquecino. Mewtwo no sabía de la existencia de ese lugar. Y dudaba que algún otro Pokémon legendario supiera de su existencia. Aunque no era una molestia, podía escuchar pequeños murmullos, cuyos mensajes no podía comprender.
—¿Dónde estamos? —interrogó girando la cabeza para tener un mejor panorama.
—Este lugar es un limbo. —Contestó el dios.
—¿Limbo?
—Sí, ¿vez esas pequeñas almas? —El clon asintió—. Todas ellas, alguna vez fueron humanos, sin embargo, el destino fue cruel y perdieron su vida de forma injusta. Mewtwo, todas las almas que hay aquí, son personas que querían seguir viviendo. Todos ellos vagan entre el mundo de los vivos, y el de los muertos.
—Pero... ¿qué tienen que ver conmigo? —volvió a preguntar.
—Sígueme —habló empezando a levitar sobre esas almas.
»Al tener poderes de un dios, no solos entras a la categoría de deidad, sino que también, hay nuevas responsabilidades, y una de ellas, es compartir tu vida con una de estas almas. —Vio que Mewtwo levantó una ceja—. Mewtwo, todos aquellos legendarios que tuvieron la misma suerte que tú, han tenido que escoger a un compañero.
»Cuando vi que conocías a una de estas almas, no dude en restringir su elección, ya que creí que solo era tu misión encargarse de ella.
—No lo entiendo, ¿a quién se refiere? —preguntó.
Arceus se detuvo ladeando su cabeza, haciendo que Mewtwo girara su mirada a un fuego fatuo en específico. Esa era un poco diferente, a él le dio la impresión de que eran dos almas en una por la forma irregular de la flama, él la siguió mirando, dándose cuenta de que, por algún motivo, le era familiar.
—Intenta acercarte...
Él obedeció, acercándose lo suficiente como para sentir su calor., y entonces lo vio... Un accidente, con un fuerte sonido que no dejaba a la imaginación lo que ocurrió, una voz desesperada llamando a alguien, una pequeña mano estirándose, pero no llegaba a nada, unos ojos cerrándose, dejando todo en negro... Ese fue un accidente automovilístico, no tuvo duda de ello.
Mewtwo se alejó de forma instantánea, mirando a Arceus, preguntando con la mirada de que se trató esa visión.
—Lo que acabas de ver, fue la causa de su primera muerte.
—¿Primera? —interrogó mirándole.
—Un humano, su padre, intento jugar a ser dios y traerla de vuelta. Pero volvió a morir. Sus últimas palabras fueron: "La vida es maravillosa".
Algo hizo click en la mente de Mewtwo al recordar esas palabras, y quien las había dicho. No lo podía creer.
—No puede ser... Esta alma es de...
—Sí, esta alma es de la pequeña Amber Fuji.
Mewtwo se quedó en silencio.
—Sé que hubieses preferido que ella descansara en paz, pero las circunstancias de su muerte no lo permiten, a no ser, que estés dispuesto a hacerla tu compañera de viaje. Pero es tu decisión.
Mewtwo se quedó estático mirando a la pequeña. No sabía que decidir, frente a sí estaba la niña que tan amable había sido con él, que no logro el descanso eterno. El clon pensó en su propia hija, logrando finalmente ponerse en el lugar del hombre que lo creo. Arrugo el ceño decidido, mirando fijamente al dios Pokémon.
—Me haré cargo de ella, como si fuera una hija más.
Tragó sintiendo que el corazón le palpitaba con fuerza. No espero que finalmente, después de tantos años, se reencontraría con su vieja amiga de infancia, esperaba que ella viera lo mucho que ha crecido; y al final, asintió ante el dios.
—Buena decisión. Ahora intenta comunicarte con ella mediante tu aura.
Mewtwo se quedó en silencio, estirando su mano para que su energía llegara a ella. El fuego fatuo comenzó a brillar, sintiendo un aura cálida, haciéndole formar una pequeña sonrisa.
—Escúchame, Amber, soy yo. —La pequeña flama titiló, haciéndole ver que le escuchaba.
—Mewtwo, escribe su nombre, con un kanji es suficiente. Pero no debe ser su verdadero nombre.
Mewtwo asintió, y con su dedo comenzó a trazar unas líneas, formando el kanji, frunció el ceño, algo dudoso, pero lo terminó, pronunciando:
—A partir de hoy, tu nombre será Ai. —Vio que un brillo le cegaba, obligándole a cerrar los ojos.
Al momento de volver a ver, observo que ella estaba frente a sí, la niña le sonrió como siempre la recordaba. Vestía de un vestido blanco con bordes dorados, estaba descalza, y debajo de su ojo derecho, tenía una cicatriz que no pasó desapercibido para Mewtwo.
—Hola, Mewtwo, han pasado casi treinta años.
Sonrió mirando a Arceus, aunque su sonrisa fue borrada cuando se dio cuenta de que la niña lo recordaba perfectamente. Arceus le tuvo que explicar:
—Los espíritus de los niños son más propensos a recordar algunos fragmentos de su vida pasada.
—¿Qué hay de la cicatriz? —preguntó apoyando su mano en el hombro de la pequeña.
—Es una herida del accidente —murmuró procurando no ser escuchado por Amber.
Mewtwo no entendió ese momento de sigilo, pero luego un extraño libro llego a sus manos «Es una lengua que no puedo entender», pensó al leer el título. Él y Amber lo miraron extrañados, intentando preguntarle al dios de que se trataba, pero al momento de levantar la mirada los dos se dieron cuenta de que ya no estaban en ese limbo, sino que ahora estaban en un bosque lejos de la Sala del Origen. Mewtwo, todavía con el libro en brazos, vio a su compañera, dándose cuenta de que en su hombro tenía el kanji que él hacia escrito. "愛".
†
Mewtwo volvió a la realidad, viendo que madre e hijo seguían hablando. El ave estaba siendo acariciada por Megami, quien le tenía plena confianza por lo ocurrido hace unos años; cuando Megami sucumbió ante la sobredosis, la primera en intentar hacerla volver fue Amber. Cosa que la Mewtwo siempre agradecía.
Mewtwo entro a la caverna, recibiendo a la Talonflame en su hombro. Fue ahí cuando su pareja le hizo una seña para que pudieran hablar, el pájaro se terminó posando en la cabeza de su hijo, haciéndole cosquillas con su pico. Sin decir nada más, se dirigieron hacia un lugar apartado, sabiendo que a Mewtwo no le iba a gustar eso.
—¿Ocurre algo más? —preguntó mirándola.
—Mewtwo, anoche ocurrió algo... un poco extraño.
Él frunció el ceño, no entendiendo lo que ella quería decir.
—Verás, cuando regrese del examen, había entrado alguien. Amber estaba con los Genesect, así que no estuvo en peligro. —Aclaró cuando vio que casi pregunta por su hija—. Al principio lo encerré, pero Amber confió en él, porque no sintió maldad en su corazón, y tuve que soltarlo. Se llamaba... Envy, creo.
Mewtwo fruncido más el ceño, haciéndole ver que no le estaba gustando esa información. Megami emitió una pequeña sonrisa, divertida.
—El asunto es... que al parecer nuestra niña tiene un pretendiente.
Mewtwo abrió los ojos con sorpresa. Que su hija... ¿qué? El clon de Mew esperaba que hubiera entendido mal, pero no fue así. Por un motivo, el nombre Envy se le hizo familiar «siento que lo he escuchado antes... espero que no sea quien creo que es». Mewtwo arrugó el entrecejo, respirando antes de que el instinto "asesino-paternal" saliera a flote. Su pareja le siguió mirando, esperando su reacción.
—¿No crees que Amber aún es muy pequeña para pensar en esas cosas? —preguntó incrédulo.
—Lo sé —contestó erguida, sonriendo al saber que predijo perfectamente su respuesta—, como también sé que, más temprano que tarde, dejara de serlo; ninguno de los dos es eterno, y... —Tomo sus manos, y Mewtwo pudo sentir que estaba temblando—. Y eso también me atemoriza. Siento que, aunque Amber y Deimos logren ser independientes, seguirán necesitando de mí.
Ella se detuvo al ver que él esbozó una pequeña sonrisa.
—Creo que ya entiendo porque dicen que el instinto materno es universal. Bueno, no siempre... —habló tomándola de los hombros—. Tú eres una buena madre, que no te quepa duda.
Asintió de acuerdo, hasta que recordó algo más. Tomo su mano con más fuerza, preocupando un poco a su compañero, correspondiendo ese apretón de mano para tranquilizarla, aunque sea el mínimo, y evitar presionarla.
—Mewtwo —musitó—, también, he querido saber algo... algo que me ha picado desde que estamos juntos.
Mewtwo ladeo la cabeza, listo para escuchar lo que tuviera que decir.
—Pregunta sin miedo. —Respondió acariciándole la mejilla—. Soy todo oídos.
—Yo... siempre he querido saber... si Amber hubiese seguido viva, ¿habría pasado algo entre ustedes? —preguntó con el temor de que su pareja tomara mal la pregunta, mas sólo le vio relajar el ceño.
—En realidad, no sabría que decirte. Amber fue una buena amiga en su momento, pero nunca me imaginé si podría llegar a más. ¿Por qué preguntas algo así? —interrogó mostrando un semblante de confusión.
—N-No, por nada importante. —Declaró algo tartamuda, pero Mewtwo se dio cuenta de su nerviosismo.
—Megami, yo conozco muy bien a mi mujer como para saber que algo le molesta. Si te sientes incomoda por su cercanía yo puedo hablar con ella... —dejo de hablar al ver que ella negó con su cabeza.
—No, a ella también le tengo cariño, si Amber no se hubiera acercado a mí ya estaría muerta hace mucho tiempo.
—Escucha, tal vez Amber fue mi primera amiga, pero tú... eres algo mucho más que eso. —Vio que una pequeña lágrima se asomaba por su mejilla, limpiándola inmediatamente—: Eres mi compañera representando a mi especie, eres fuerte, eres veloz, eres algo desafiadora y competitiva (algo que siempre me preocupó), la madre de mis hijos, y el más importante...
Megami se estremeció por completo cuando sintió sus labios tan cerca de los suyos, como si quisiera susurrarle algo antes de unirlos por completo. Esto hizo que apoyara ambas manos en su espalda, aferrándose a su pareja con algo de fuerza; a él no le pareció raro, sabiendo que era algo que siempre extrañó de ella.
—Fuiste... mi primer amor. —Susurró manteniendo esa cercanía.
No le dio tiempo de responder, sintiéndose temblar cuando comenzó el beso, aunque se separaron antes de que ella respondiera del todo. Recibiendo, además, un abrazo de su parte, ella esta vez correspondió, sintiendo ese aroma que tanto extrañó.
—Yo... siento haber pensado tonterías —se disculpó acariciando su vientre—. No cuando estoy en un estado algo delicado.
—Ya no te disculpes, que yo pude estar en tu lugar. —Ella arqueo una ceja confundida—. Ya sabes, si nunca me hubieras conocido, tal vez le habrías dado una oportunidad a Genesect.
—¡Mewtwo! —exclamó golpeándole en el hombro. Riendo al ver que los dos tenían un dilema parecido.
Los dos sonrieron, ignorando que su hijo ya estaba empezando a asquearse por tanta "cursilería", aunque su hermana tenía la reacción contraria. El ave, no dijo nada, sólo mantuvo su sonrisa al ver que sentía una calidez familiar que se le hacía completamente conocido. Megami vio de forma directa al Pokémon de fuego, dedicándose una sonrisa. Mewtwo interrumpió la conversación, mirando a su compañera emplumada
—Bueno, creo que ya has pasado mucho tiempo con esa forma... Ai —nombró causando que el Pokémon brillara, sus hijos miraron sorprendidos como ella cambiaba drásticamente de tamaño y de forma.
Todos miraron a la forma blanca desaparecer para dejar en su lugar a una niña de no más de ocho años, con el cabello más largo que antes, e incluso Megami noto que era un poco más alta que la última vez que la vio, Mewtwo no se vio sorprendido; él había notado ese extraño crecimiento la última vez que volvió a su forma humana, era como si poco a poco se adaptaba a la edad que debía tener si siguiera viva.
—Ya comenzaba a acostumbrarme a las plumas —habló la muchacha estirándose—, pero esta forma no me es una molestia.
Los dos jóvenes le miraron con la sorpresa marcada en el rostro, en especial el hijo varón de los clones de Mew; durante toda esa semana, había dormido abrazado con la ex-Talonflame, y ahora, viendo quien era realmente, un sentimiento de vergüenza le invadió el pecho, junto con la sangre que se les fue a las mejillas. Cuando se dieron cuenta, Deimos estaba casi al rojo vivo, parando en seco el ambiente familiar.
—¡¿Es en serio?! —gritó.
—Deimos, relajante —musitó la jovencita—. Sigo siendo yo.
Ai extendió sus manos hasta sus hombros, dedicándole una cálida sonrisa que a Mewtwo se le hizo familiar. Esto en vez de apaciguar la situación, hizo que el chico se sonrojada más y la alejara de él sin hacerle daño. No les hizo caso a las miradas de sus familiares y se fue de la cueva. Dejándolos en silencio.
Ai decidió seguirle, llegando hasta una habitación, donde Deimos estaba sentado en el suelo, jugueteando con una Bola Sombra, la joven decidió acercarse con cuidado. Al notar la presencia de Ai desvió su mirada a la esfera sombría, ninguno dijo algo, sin embargo, la chica se sentó ni tan cerca, ni tan lejos, solo a una distancia prudente para el Mewtwo a su lado. Pasaron unos minutos, y ella pronuncio con una voz suave.
—Fue muy sorpresivo, ¿verdad? —Deimos no respondió, siguiendo con lo suyo—. Sé que no te tomaste muy bien esto, me sorprende; sabiendo que antes solíamos jugar mucho.
Deimos movió sus orejas, escuchándola.
—Creo que lo recuerdas muy bien —continuó—. Los tres siempre jugábamos, pero el tiempo entre la vida y la muerte me era limitado en ese entonces. Ahora estoy aquí, para acompañar a tu padre en su viaje, fue ahí cuando empecé a crecer; ahora soy un poco más alta que tú. —Él gruño ofendido—. No deberías preocuparte, que pronto me superaras en tamaño.
El silencio lúgubre volvió a la cueva, la mente del joven Deimos era un torbellino de confusiones; primero su compañera de sueño resulto ser una niña humana, y ahora dice que siempre jugaron juntos, vaya, pensó, que asunto tan complicado. El Mewtwo se levantó, respirando con lentitud para aclarar por completo su mente, entonces, miro a la niña, sonriéndole. «Lo mejor es empezar de nuevo, sin reacciones exageradas». Ai procedió a pararse, haciendo que ambos infantes se miraran.
—Empecemos como debe ser —Deimos empezó a hablar, carraspeando—. Hola, Ai... Amber, cualquiera de tus nombres, me llamo Deimos.
Ella vio que extendía su mano, esperando que le correspondiera.
—Hola, me llamo Amber. Y soy el espíritu que acompaña a tu padre.
Respondió a su apretón de mano, emitiendo una risita que no pasó desapercibida por su compañero. Él trago tensándose y sonrojándose levemente «tu piel es clara, no te sonrojes, no te sonrojes», se decía, esto hasta ella lo notó, soltando su mano. Amber solo sonrió al ver que era igual a su padre, con la diferencia que tenía menos edad que Deimos cuando se conocieron. Ninguno se dio cuenta cuando, en la entrada, ambos padres estaban observando la escena.
†
Envy nuevamente era molestado, era la hora del almuerzo, y esa era su hora menos favorita. Greed le tomo del hombro, casi tirando su comida, le revolvió el pelaje sin evitar reírse. El más joven de los siete suspiró, sintiéndose infausto; el inconveniente de ser el menor del grupo. Aunque, al recordar a la joven que era hija de su "enemigo", esbozó una sonrisa, haciendo que su compañero le mirara con confusión. Dejando de molestarle.
—Oye, ¿por qué esa sonrisa? —interrogó sacándole de su burbuja— Que le hayas dicho a la chica que es bonita no quiere decir nada, quizá y te mande a la "zona de amigos". El papel de Romeo no es lo tuyo.
—Eso no me importa —bramó—. Amber es... diferente.
—Así que sabes su nombre... —reflexionó—. Bueno, tendré que apoyarte en tu capricho. Pero no quiero soportar a un mocoso con depresión post rechazo.
Envy le miro desconfiado.
—Greed, espero que eso que dijiste no tenga doble sentido —contestó tomando su comida para alejarse de él.
El Mewtwo solo giro los ojos, tomando un trozo de manzana, diciendo:
—Niños, les gusta complicarse la vida —habló antes de darle una mordida.
El clon se sentó con su compañera, Lust le miro preocupada, dedicándole también una mirada fulminante a Greed. Acaricio la cabeza de su "hermanito", preguntándole si las cosas estaban bien. Cuando le contó sobre Amber, la única reacción que tuvo fue el de alegría, Lust era alguien demasiado... romántica, causando que en más de una ocasión el pobre se avergonzara. Pero Envy sabía que ella no lo hacía a propósito, esa era su... naturaleza. Pride solo les miro, a ella no le importaba los problemas de los demás, en su mente solo estaba ella y... ella.
Al no sentir apetito decidió dejar las sobras de su comida en el basurero, no tenían la mejor casa, pero por lo menos tenían cumplidas sus necesidades básicas. Suspiro dejando la sala, sin darse cuenta de que su camino se cruzaría con el de su líder. Como siempre, no se dejó intimidar por los dos metros de estatura del Mewtwo, mas reconocía que él era una autoridad en ese lugar.
Wrath solo le frunció el ceño, aunque siguió su camino, la fémina rezongo cuando le murmuro su nueva orden; tenía que vigilar el perímetro, actividad que no era precisamente su favorita, pero de igual forma tenía que cumplir con sus obligaciones. «Espero que esta vez valga la pena, esa piedra que tiene padre debe ser mía». Caviló al salir del edificio, saltando hacia un árbol para comenzar su patrullaje. Arrugó el entrecejo al ver que Greed salía sin permiso, Arceus, no pasaban ni cinco minutos y ya estaba rompiendo reglas; aun cuando ya había sido castigado tres veces durante la semana.
Pride tuvo que detenerse, bajando del árbol para increparlo. Sin embargo, hubo algo que la detuvo, ella trago al ver que su compañero traía un objeto consigo.
—¿Qué es eso? —preguntó para sí misma.
Greed vio a su alrededor, asegurándose de que nadie le espiara, vio fijamente su reliquia, quitándole el pañuelo que le cubría. Pride se enojó cuando vio lo que era, se trataba de un reloj, plateado de una marca que no reconocía, pero que lo había visto anteriormente en su creador.
—¡Greed! —gritó, haciendo que él saltara del susto—. ¡¿No te da vergüenza?! Sabes que está prohibido tocar las cosas de padre.
—¡Vamos! No seas lamebotas. —Ella le interrumpió.
—Sabes, si no quieres discutir, lo mejor que puedes hacer es entregármelo. —Extendió su mano.
—Oblígame, my lady. —Ella no lo soporto más, dándole un puñetazo en toda la cara.
Esto causo que el reloj cayera, ninguno de los dos vio venir que el aparato se abriera, los dos se asustaron, pensando que este se había roto; nada más lejos de la verdad, no se había roto. Cuando Pride lo tomo se dio cuenta de que había algo más en ese reloj, Greed todavía adolorido se levantó para ver de qué se trataba, notando que había un pequeño compartimento. Pride lo abrió con cuidado, dándose cuenta de que era un marco de fotos.
Ambos se miraron, en esa foto estaba su creador, aunque se veía algo diferente, reconocible para ellos, sin embargo, no reconocían a la mujer que estaba a su lado.
—¿Quién es ella? —preguntó Pride sorprendida.
—Ni idea.
—Lo mejor es devolverlo. Ya nos metimos en suficientes problemas. —Pride se quedó con el reloj, entrando en el inmueble para poder devolverlo.
El Mewtwo refunfuño, molesto por no poder cumplir su cometido. Greed miro de reojo a la fémina, rascándose la nuca. ¿Por qué siempre tenía que llamar su atención a través de travesuras? Sonrió para sí, dándose cuenta de algo importante; los niños no eran los únicos que les gustaba complicarse la vida, y al parecer, Envy no era el único que estaba "encaprichado" por algo, más bien, alguien. «Has caído bajo, avaricioso clon», oyó su subconsciente regañarle.
Ambos Mewtwo estaban tan ocupados en su ensimismamiento, que no se dieron cuenta de que, las dos personas de la fotografía, poseían unos anillos de compromiso.
