DISCLAIMER: Los personajes de D. gray-man no me pertenecen, son propiedad de su creadora Katsura Hoshino.
DEPARTAMENTO CUATROCIENTOS SEIS
"CAPITULO III"
– ¿Y bien? – Preguntó la peliverde.
Allen recargó la espalda sobre el barandal y apoyó los codos.
– Fotografiaba a esa familia que pasea en lancha… – Giró la cabeza en dirección a l estanque – Pero algo… se atravesó – La miró sonriente.
– Ya veo… – Arqueó una ceja.
– ¿Me pregunto que habrá sido? – Dijo divertido – Nunca antes había visto algo igual – Echó la cabeza hacia atrás y miró el cielo. – Era… hermoso – Dibujó una sonrisa de lado.
Las mejillas de Lenalee se sonrojaron, pero trató de mantener la compostura.
– Qué será… ¿Un pájaro tal vez? – Soltó una risita.
– ¿Un pájaro? No, no creo… lo que yo vi desde el lente de la cámara fueron un par de brillantes ojos lila. – Sonrió – ¡Mira que coincidencia! Se parecen a los tuyos – Lenalee esbozó una sonrisa tímida.
– Soy Allen Walker, trabajo como fotógrafo. No soy ningún tipo de acosador si eso es lo que piensas… – Lenlee rio ante el comentario.
– Yo soy Lenalee Lee y lamento haber estorbado en tu trabajo, A-co-sa-dor-kun… – Lo miró de reojo y sonrió traviesa.
– ¿Are? ¡Pero no soy ningún acosador! – Ambos rieron – Puedo demostrártelo. Acompáñame a los jardines botánicos – Los labios de Allen se curvearon formando una dulce sonrisa que sonrojo a Lenalee.
– Esta bien, te sigo… – Sonrió. Ambos caminaron hacia los jardines.
Paseaban por el jardín, deteniéndose de vez en cuando algo llamaba la atención de Allen. Tomaba fotografías tanto de las flores como de las personas que pasean por ahí.
– Así que…. Joven Walker. Te dedicas a la fotografía, ¿Tienes un estudio? – Preguntó Lenalee mientras observa a Allen detenerse frente a un rosal.
Se inclinó un poco y acomodó el lente de la cámara, enfocando una frondosa rosa que tenia pequeñas motitas de rocío. Lenalee se paró junto a él observando la misma rosa que él.
– No realmente… – Le contestó con ojo puesto tras el lente – Trabajo para una revista de espectáculos y eventos. Suelen hacer artículos sobre lugares a donde ir en la ciudad… – Oprimió el botón y se escuchó un Click – También ayudo en el estudio, haciendo sesiones a las modelos o productos para la revista – Bajo la cámara y le sonrió.
– Ya veo… – Lenalee lo miró con curiosidad.
Continuaron caminando por los alrededores. Allen traía colgada la cámara en el costado izquierdo y llevaba las manos dentro de los bolcillos del pantalón. Mientras que Lenalee caminaba con las manos hacia el frente sujetando su bolso de mano.
– ¿Es difícil? Me refiero a tu trabajo… – Preguntó con timidez sin voltearlo a ver.
– ¿Difícil? – Allen la miró de reojo y luego miró al cielo – Yo no diría que es difícil, más bien es… apasionante… – Suspiró.
– ¿Apasionante? – Lenlee giró el rostro y lo miró fijamente.
– Si, veras… – Allen se detuvo un momento. Un colibrí revoloteaba cerca de una flor violeta – Es como ver al mundo de una forma distinta… – Prosiguió – Es decir, ser consciente de todo lo que te rodea, incluso de las cosas más pequeñas. Ver más allá para luego capturar el momento… – Allen se acercó sigilosamente al colibrí y se paró con cautela, a una distancia prudente para que la pequeña ave no se espantara con su presencia.
Con cuidado tomó su cámara y enfocó la violeta junto al colibrí.
– Sólo es paciencia. Tomarte el tiempo necesario para… – Giró la lente con cuidado – Hacer el encuadre perfecto y luego… – Colocó su dedo sobre el botón y aguardó.
Los ojos de Lenalee se posaron sobre Allen. Recorrieron el contorno de su cabeza, donde las puntas de su cabello claro se alzaban ligeramente despeinándose con la brisa, jugando con la piel de su cuello y orejas. De ahí, su mirada se paso hacia su rostro, una cortina de finas y largas pestañas cubrían parcialmente sus ojos grises tan brillantes y profundos como la plata.
Observó la respingada y pequeña nariz masculina, que la guió hacia su boca. Estaba ligeramente abierta, invitándola a contemplar el pálido rosa de sus labios y el brillo que producía la humedad en ellos dándoles sensación suave.
Los ojos de Lenalee se dilataron. La extraña atracción que sentia hacia Allen, hacia palpitar su corazón, era excitante, había tanta química entre los dos, que sus violáceas pupilas no lograban desprenderse de él.
Se preguntaba por qué, aquel extraño al cual acababa de conocer, le parecía tan atractivo y misterioso.
– Y … Haces la toma… – ¡Click! Se escuchó el sonido de la cámara. Segundos después el colibrí se elevó mudándose hacia otra flor – ¿Quieres ver?– Lenalee asintió con la cabeza y se acercó a Allen, inclinándose junto a él para poder ver la pantalla.
Sus ojos se iluminaron al ver la hermosa fotografía del colibrí sobre la flor. La nitidez con la que se apreciaba el brillante plumaje del ave era asombrosa. Sus plumas eran de un tono verde que se degradaba en tonalidades amarillas con varios destellos purpura en las alas. La fotografía mostraba al colibrí extendiendo sus alas, acercando su largo y puntiagudo pico sobre la flor de violeta, sus pétalos relucían con el brillo de los rayos de sol.
– Es hermosa… –Dijo asombrada.
– Puedes ver el contraste que hace el plumaje del colibrí… – Allen le señaló a Lenalee las plumas verdes del colibrí sobre la pantalla, pero sus plateados ojos estaban puestos sobre su cabello, que brillaban con un verde tan profundo como el de aquel colibrí. – Con los pétalos purpura de la violeta – Prosiguió. Su mirada se detuvo sobre las pupilas lila de Lenalee que voltearon a verlo – Es… es lo que hace que la composición tenga armonía… La violeta resalta sobre el verde… asi como lo hacen tus ojos… – Allen sonrió para Lenalee.
Hizo ¡Click! Pero esta vez no había sido el sonido de la cámara, sino el sonido de su corazón. Ambos habían caído presa el uno del otro, se miraron con un ligero rubor en sus mejillas. Y como si el tiempo se hubiese detenido, todo a su alrededor desapareció, dejándolos solos en aquel lugar de ensueño. Donde un par de almas gemelas se contemplaron por primera vez, después de una incansable búsqueda.
Un ruido a su alrededor, les hizo recordar donde se encontraban en aquel instante.
– JAJAJAJAJA ¡MAMÁ VEN! ¡ES POR AQUÍ! –Un niño pasó corriendo junto a ellos, sacándolos de trance.
Ambos se echaron a reír sin saber por qué.
– ¿Te gustaría ir a tomar algo? – Allen pasó su mano por detrás de su nuca. Siempre sintió una absoluta confianza para hablar con las chicas e invitarlas a salir, pero Lenalee era diferente. Ella lo ponía nervioso, algo que no sentía desde hace mucho tiempo – Podemos ir a algún lugar cerca de aquí, si quieres… – Sonrió.
Lenalee estuvo a punto de aceptar la invitación, cuando vio que su chofer se acercaba hacia ellos.
– Me encantaría, de verdad, pero… Me temo que me están esperando para cenar en mi casa… – Agachó la mirada – Mi padre es muy estricto… y justo hoy acabo de regresar de un viaje…
Lenalee percibió la decepción en los ojos de Allen, sintiéndose culpable. Siendo que ella también ella deseaba pasar más tiempo con el peliblanco.
– Ya veo… – Allen sonrio de lado – Hmmm… ¡Es verdad! – Recordó algo y sacó un panfleto de su bolsillo – Esta noche la banda con la que toco, dará un concierto en el "Black Cat", es un bar cerca de aquí, toma… Ahí viene la dirección y la hora… – Le entregó el folleto – Espero… que puedas ir.
– ¿Tocas en una banda? – Lenalee parpadeó un par de veces asombrada.
– Jajajaja si, por las noches… – Allen sonrió.
– Quien lo iba a pensar, eres realmente un estuche de monerías, pero… – Lenalee sonrió traviesa – Estaré ahí – Confirmo, haciendo sonreír a Allen.
– Entonces, te veré después, Lenalee… – Se despidió de ella con un gesto de la mano.
Lenalee se dirigió hacia donde la esperaba su chofer. Se detuvo y volteó hacia atrás, le sonrió a Allen y siguió su camino. Allen suspiró llevándose las manos al bolcillo, dio media vuelta y caminó hacia el lado contrario al que se había ido Lenalee.
-o-o-o-o-
– ¡Hey, Allen! – Un joven pelirrojo sentado sobre un banquito detrás de la batería, saludó a Allen en cuanto lo vio entrar a la habitación. – ¡Al fin llegas! – Sonrió de oreja a oreja.
Allen cerró la puerta tras de él y recargó el estuche de la guitarra en la pared.
– Hola Lavi – Saludó al pelirrojo, quitándose el saco y colgándolo en el perchero.
– Llegas tarde Moyashi – Un tipo con el cabello azul oscuro, amarrado en una coleta y de mirada fría estaba recargado en la pared con los brazos cruzados.
– Hola a ti también, Kanda… – Dijo con desgano sacando la guitarra de su estuche.
– Tsk – Kanda hizo una mueca de desagrado y conectó su bajo al amplificador.
Allen también conectó la guitarra al amplificador y acomodó el micrófono.
– ¡1, 2, 3! – Lavi contó hasta tres marcando el ritmo con las baquetas.
"Moshimo Kanashimi ga tsume o toide anata no koto o hikasakou to chikadzuitemo
Boku ga soko de owaraseru kitto sono akumu o
Rakutenka kidori de itanaida nanigenai tsuyosa ga hoshiinda
Kimi no tame ni boku no tame ni tamashii datte tatakiutte iinda…"
Al terminar el ensayo, los tres jóvenes tomaron un descanso. Allen estaba sentado sobre un sofá, con la cabeza hacia atrás, tenía una mano recargada en el respaldo y la otra la tenía sobre su frente cubriéndole los ojos.
Lavi estaba sentado junto a él, su cuerpo estaba ligeramente inclinado hacia el frente y tenía las manos apoyadas sobre sus rodillas, sujetando un botellón de agua. Mientras que Kanda, limpiaba meticulosamente su bajo con un trapo especial antes de guardarlo en su estuche.
– Hoy… conocí a alguien… – Dijo Allen sin apartar la mano de su frente.
– ¿Alguien? ¿Quién? – Lavi lo miró con curiosidad.
– Una chica… – Allen retiró la mano de la frente y miró hacia el techo pensativo. Lavi lo miraba sin comprender. – Su nombre es Lenalee… La conocí hace rato en el parque central. No puedo dejar de pensar en ella… – Se enderezó apoyando el antebrazo sobre sus rodillas. Sus manos quedaron colgando entre sus piernas, agachó la cabeza y el flequillo le cubrió la frente y los ojos.
– ¡Jooo! ¡Eso sí que es nuevo! ¿Así que te han flechado, ehhh? – Lavi sonrió ampliamente.
– Hacia mucho que no sentía algo así, desde… – Allen una sonrisa triste se dibujó en su rostro – Bueno, desde ella... – Dijo con amargura.
– ¡Vamos hombre! ¡Que siempre se puede volver a amar! – Lavi le dio una palmada en la espalda.
– ¿Y quien dijo que estaba enamorado? – Allen le dio un empujón en las costillas al pelirojo.
– ¿Y no lo estás? – Lo miró suspicaz.
Allen no respondió a su pregunta, en su lugar sonrió para sí mismo.
– Quiero volverla a ver… – Dijo en voz queda.
Lavi lo miró emocionado y dibujo una sonrisa cómplice en su rostro. Era claro que su amigo había sido flechado por Cupido y aun que este intentara ocultarlo, se notaba a simple vista. Kanda, quien pretendía mantenerse ajeno a la conversación de sus amigos, había escuchado todo. Observó con curiosidad a Allen y notó la sonrisa de tonto que este trataba de esconder, ocultando su rostro entre sus manos. Kanda soltó un bufido y rodó los ojos exasperado.
-o-o-o-o-
– Señorita Lenalee. La cena está lista, su padre la espera en el salón… – Llamó a la puerta una de las mucamas de la familia Lee.
– Voy enseguida – Lenalee escuchó la puerta de su habitación cerrarse. Suspiró y dejó sobre la mesita el folleto que Allen le había dado.
Lenalee caminó por los largos pasillos de la mansión. Entró al salón donde su hermano y su padre la esperaban sentados en sus respectivos lugares. Con total tranquilidad ocupó el asiento que estaba a la izquierda de su padre, su hermano se había sentado a la derecha de él, quedando frente a Lenalee.
Los meseros acercaron tres charolas y las colocaron sobre la mesa. Posteriormente acomodaron los platos y los cubiertos. El ambiente se sentía tenso, incluso incomodo, el padre de los hermanos Lee, tenía una mirada severa en su rostro, había permanecido en silencio todo el tiempo, concentrado en terminar su cena.
De vez en cuando intercambiaba palabras con el mayor de los Lee. Le preguntaba cosas acerca de la administración de la empresa y de negocios. A Lenalee le pareció que esto era más una reunión de trabajo que una cena familiar.
No tenía apetito, apenas si probaba bocado y volvía a picotear la comida con su tenedor. El padre de Lenalee se dirigió a ella, tomándola por sorpresa.
– Lenalee. He hablado con el director de la prestigiosa academia de Los Ángeles, mi asistente se está encargando de los preparativos para tu inscripción – Tenia su mirada inexpresiva puesta sobre ella. – Debes comenzar a prepararte para las evaluaciones, con tu promedio no deberías tener problemas. Recuerda que es importante para esta familia que ingreses a esa universidad y continúes con la dirección de la compañía junto con tu hermano… – Lenalee agachó la mirada.
Se sentía intimidada e impotente. La idea de que su padre decidiera por ella que hacer de su vida, a que universidad ir y que estudiar, la atormentaba. Pero no tenía el valor suficiente para hacerle saber lo que pensaba y lo que quería hacer.
– Si… – Contestó en voz baja. Su padre la observó por un momento antes de continuar con su cena.
Komui, quien comprendía los sentimientos de su hermana menor, la miró en silencio. Estaba preocupado por ella, pero creyó que aquel no era el momento más adecuado para discutirlo. Al poco tiempo la cena terminó, habían estado en silencio desde entonces, el padre de Lenalee estaba a punto de retirarse cuando ella lo llamó.
– Pa-Padre… – Lenalee se encogió de hombros nerviosa.
Él la miró expectante. Lenalee tomó aire y levantó el rostro hacia él.
– Me… Me gustaría asistir al concierto de un amigo… es hoy, por la noche… – Lenalee lo miró expectante.
Su padre hizo un gesto de desagrado, se levantó de su asiento y le dio la espalda.
– No – Sentenció y se dispuso a salir de la habitación.
Los ojos de Lenalee temblaron consternados. No comprendía la actitud de su padre, ni la razón de por qué siempre era tan estricto con ella. La poca cordura que le queda a la peliverde se desató en ese momento.
– Por qué… ¡¿Por qué no puedo ir?! – Lenalee alzó la voz.
– No dejare que mi hija desperdicie su tiempo en esas cosas banales – Se detuvo bajo el umbral de la puerta y contestó sin voltearla a ver.
Las palabras de su padre la irritaron de sobre manera.
– ¡¿Y tú qué sabes sobre desperdiciar el tiempo?! – Se levantó de golpe y colocó con rudeza las manos sobre la mesa. – ¡Si desde que llegamos, no has querido ni pasar el tiempo con tus hijos! ¡Estas todo el tie…!
– ¡TE HE DICHO QUE NO IRAS LENALEE! – Le gritó interrumpiéndola. Lenalee se quedo con la boca semiabierta y con el semblante asustado. – ¿ENTENDISTE? – El señor Lee la miró de reojo con su sombrío y endurecido rostro. Y sin darle oportunidad de que intentara seguir discutiendo, se marchó.
Los ojos de Lenalee se llenaron de lágrimas, se llevó las manos a la boca y corrió hasta su cuarto.
– ¡Lenalee, espera! – Komui intentó detenerla.
Entró a su habitación cerrando de un golpe la puerta y colocándole el seguro. Golpeó su espalda contra la puerta y se dejó caer. Su llanto era desconsolado y desesperado. Escuchó la voz de Komui llamándola desde el otro lado, pero no le hizo casó.
Abrazó sus piernas contra su pecho y hundió el rostro entre ellas. Entonces le bastó un momento para tomar una decisión. Lenalee levantó el rostro, se limpió las lágrimas con la maga de su vestido y miró decidida el folleto que estaba sobre la mesita.
Sin pensarlo dos veces, tomó un saco de su ropero y agarró el folleto de la mesa arrugándolo un poco al meterlo a su bolsillo. Se dirigió hacia el balcón de su habitación y lo abrió. Respiró hondo, se trepó al barandal de mármol y con cuidado se deslizó sobre él, sujetándose de una de las ramas del árbol que estaba cerca de las paredes de su habitación.
Apoyó el pie con firmeza y se deslizó colgándose de una de las ramas, pasó su otro pie hacia las ramas que estaban más abajo y se soltó. Afortunadamente su cuarto se ubicaba en el segundo piso, por lo que la distancia que había entre ella y el suelo no era mucha. Con cuidado se apoyó del tronco antes de soltarse y caer en el césped.
Cayó de rodillas contra el húmedo pasto, se sacudió las manos y echó un último vistazo hacia su ventana antes salir corriendo por el jardín.
El Black Cat se preparaba para presentar a la banda que tocaría esa noche. El escenario estaba listo, los instrumentos ya se encontraban colocados en su lugar. Allen, Lavi y Kanda, esperaban detrás del escenario a que diera la hora para comenzar.
Lavi le daba el último trago a su cerveza para controlar los nervios. Kanda permanecía cruzado de brazos con los ojos cerrados recargado contra la pared, mientras que Allen volteaba constantemente hacia el público buscando a Lenalee. Pero no lograba verla entre la multitud que reía a carcajadas, brindaba o se movía de un lado a otro paseándose entre las mesas.
La mesera rubia con la que había platicado en la tarde lo miró y le mando un beso mientras colocaba un par de cervezas en la mesa de unos clientes. Allen le devolvió el saludo con un gesto de la mano.
El peliblanco suspiró y se llevó las manos a los bolcillos.
– Hey tranquilo, seguro vendrá – Lavi colocó una mano sobre el hombro de su amigo. – Si es que no te rechazó por feo, claro – Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.
– No es gracioso Lavi… – Allen frunció el ceño. Estuvo a punto de decir algo más, cuando las luces del escenario se encendieron y se escuchó una gran ovación. Había llegado la hora.
– Ya es tiempo – Kanda se acercó hacia ellos y los tres subieron al escenario.
-o-o-o-o-
CONTINUARA…
¡Hola! ¡Finalmente pude actualizar! Me llegó mucho trabajo después de las vacaciones, pero logré hacerme espacio para ir escribiendo el capítulo -w-
Espero que les haya gustado, no sé si quedo muy corto… Pero decidí dejarlo hasta aquí y mantenerlos en suspenso xD
Ahora me toca actualizar el fic se sumergido D:
Espero que se la hayan pasado bien en vacaciones. ¡Nos estamos leyendo en el siguiente capítulo! Bye byeee
