Recuerdo todo de ti como si hubiese sido ayer la última vez que te vi. Conmemoro cada día de mi vida tus hermosos ojos suplicantes de amor, tus suaves manos, tu sonrisa y todo con referencia a ti. Me es imposible olvidar que siempre estuviste para mí a pesar de las circunstancias; actuaste como mi hermana, consejera, amiga y maestra. Tenemos madres diferentes, pero el sentimiento de hermandad nos envolvió desde el primer momento en que nos conocimos.
Quererte nunca me resultó imposible; estoy satisfecho por haberte dedicado toda mi atención durante todo el tiempo que estuvimos juntos. Han transcurrido bastantes cosas desde que moriste: hubo una nueva guerra, se revelaron secretos de la humanidad y dioses amenazaron con destruir el mundo que conocemos. Si estuvieras aquí no dudarías en corregirme por lo siguiente que diré, pero es necesario que lo diga: no me arrepiento de haber escogido el bando opuesto al tuyo.
Según entiendo soy culpable en cierta parte de tu muerte, y es algo con lo que estoy dispuesto a vivir aunque duela enormemente. Aceptaste la armadura dorada que te ofreció mi madre sabiendo que teniéndola bajo tu poder podrías redimirme y devolverme al «camino correcto», todo ese sacrificio fue porque estabas anhelando convertirme en el príncipe del nuevo mundo. Lo único que deseabas, hermana, era mi éxito y que tomara en cuenta que mis acciones perjudicarían mi futuro. Te dejaste maltratar, manipular e infravalorar porque deseaste que yo, un chiquillo inmaduro en ese entonces que apenas comparte mitad de tu sangre, triunfase en tu lugar.
No puedo decírtelo ahora frente a frente, pero sí puedo desahogarme pensándolo: eres todo lo que siempre quise admirar y por mi culpa falleciste con la intención de redimirme y voltearme a Athena. Tu cosmos se confundió gracias a que no pude salvarte de ti misma; fue mi error no haber estado allí para ti. Lo único que puedo decirte ahora es que te amo. Te amo como un hermano amaría a su hermana. No existe día en que no te extrañe, Sonia de Avispón, o si prefieres de Escorpión, o tal vez solo Sonia, mi hermana mayor.
Debes saber que Soma de León Menor visita tu lápida todos los días porque no quiere ni pretende dejarte sola. Te lee cuentos absurdos y te cuenta anécdotas, además de que se están haciendo costumbre sus chistes malísimos. Es algo tierno, supongo. Definitivamente a ti no te gustaría y le habrías arrebatado los cinco sentidos sin pensártelos dos veces, esa sería la acción más predecible que tengo sobre ti ahora. ¿Tú sabías, Sonia, que él estuvo allí contigo horas después de tu muerte?
Aguardó todo el tiempo que fue necesario porque yo apareciera para dejarte marchas libremente, un gesto bastante cursi. Lo encontré allí tomando tus manos, lloriqueando sobre tu cuerpo inerte y besando tu frente conforme se repetía a sí mismo en voz baja que debió hacer hasta lo imposible por salvarte. Recuerdo sus ojos cada vez que pienso en esa fatídica escena, esa mirada que casi siempre estuvo cargada de seguridad reflejaba dolor y tristeza. Las lágrimas caían por sus mejillas como un diluvio que parecía eterno; tu rostro estaba empapado gracias a que él no despegaba la atención de ti. Soma tenía y continúa teniendo el corazón roto. No solo yo te amo, él lo hace también, Sonia.
Estás con tu madre ahora, ¿verdad? Supongo que también avanzas por un tranquilo jardín en compañía de Medea, la mujer que te manipuló todo este tiempo, y también con mi padre Mars, el dios que arremetió contra el mundo entero a mi favor y no al de su familia. Y probablemente Aria, tan esplendorosa y hermosa como de costumbre, se halla junto a ti brindándote un cosmos de luz encantador. No estás sola, Sonia, ahora estás rodeada de personas que se preocupan por ti.
Me duele ir a tu habitación y no verte. Me duele ver tu asiento desolado. Me duele ver tus flores marchitas. Me duele ver tu taza vacía. Me duele ver tu cuerpo en una tumba. Me mata no tenerte a mi lado y esa es la única verdad. Tal vez no seamos hijos de la misma madre, pero tú me cuidaste desde que tengo memoria, te preocupaste por mí anteponiendo mi vida sobre la tuya y me hiciste reír en un montón de ocasiones de la forma más divertida posible. Esos momentos jamás se irán de mi mente.
No estás sola. Es momento que, en donde quiera o con quienquiera que estés, seas feliz bajo tus propios escrúpulos. Te amo, Sonia, y te amaré por el resto de mi existencia. Ahora puedes dormitar en un sueño eterno sin preocuparte por nadie que no seas tú misma. Tu felicidad es mi felicidad ahora.
