Kurt se deslizaba feliz, volando por los aires del salón de baile. Blaine lo tomaba de la mano y lo conducía diestramente por el vals, siguiendo perfectamente el compás de la música.

Todo era maravilloso para Kurt, el lugar estaba bellamente iluminado con estrellas doradas que emitían una cálida luz. La gente que lo rodeaba estaba vestida con las más hermosas ropas, y él mismo lucía un traje finísimo de seda y terciopelo como el que había visto en el último número de Vogue. Y por supuesto, su pareja de baile era nadie más que Blaine, quien no tenía ojos más que para él y lo colmaba de atenciones.
La orquesta tocó las últimas notas y Kurt y Blaine descendieron al suelo.

—¿Salimos a la terraza a descansar un rato?

—Claro —respondió Kurt y tomó la mano que Blaine le ofrecía.

La terraza estaba adornada con hermosas flores multicolores que despedían deliciosos perfumes llevados por la brisa suave que soplaba.

Kurt se sentó en un banco a reposar. Blaine permaneció de pie frente a él.

—Kurt, me da tanto gusto que hayas venido. ¿Te estás divirtiendo?

—Claro, todo es maravilloso. Gracias por invitarme.

—Al contrario, es un placer para mí que estés aquí porque… —Blaine titubeó y bajó la vista, finalmente, la alzó nuevamente, decidido—, porque, Kurt, desde el primer momento en que te vi me enamoré de ti. Eres tan apuesto y valiente. ¿Me harías el honor de ser mi novio?

Kurt no cabía en sí de felicidad, se levantó de un salto para abrazar a Blaine y… ¡Pum! Se encontró de espaldas en el duro piso de su habitación.

—¿Qué…?

—¡Kurt! ¿Te encuentras bien? —dijo Rachel descorriendo la cortina que rodeaba su cama.

—Sí, no todo bien. Se me acabó la cama. Je, je.

—Bueno, de todos modos ya es hora de levantarse —. Dijo Rachel y tomó sus cosas para bañarse.

Kurt se levantó adolorido y se sentó en su cama. Se sentía tan tonto y avergonzando. Apenas y había cruzado palabra con Blaine y ya estaba soñando con él. ¿Pero alguien podía culparlo? Blaine era encantador, guapo, amable y además de una rica familia de alcurnia que lo había invitado a un elegante baile. Poco le faltaba para ser un príncipe.

—¡Espabílate, Kurt Hummel! —se regañó a sí mismo dándose palmadas en los cachetes. Él había viajado a Nueva York para cumplir su sueño de ser un gran brujo. No podía distraerse tanto por un chico al que apenas conocía.

XXX

El día transcurrió normalmente con clases y trabajos escolares.

Todos estaban emocionados por comenzar a crear su varita en la clase de la profesora Phillsbury.

—Muy bien, recuerden que lo primero es preparar la base que fundirá los ingredientes, sigan la receta que les escribí en el pizarrón. Cuando cambie de color, echen los ingredientes a la mezcla, menos la gema, esa la colocan directo en el molde. Después den tres vueltas a la derecha y tres a la izquierda repitiendo las palabras mágicas, cuando comience a brillar, vacíen la mezcla en el molde para que se solidifique. Recuerden que es muy importante dejarlo reposar toda la noche a la luz de la luna. ¿Entendido? Bien, ¡comiencen! Iré pasando por sus lugares para revisar su procedimiento. —Les indicó la maestra Phillsbury.

Un murmullo de excitación recorrió a los alumnos. Todos sacaron sus calderos y se prepararon para comenzar crear su varita.

Kurt miró tristemente lo que quedaba de su ralladura de cuerno de unicornio. ¿Sería suficiente para crear su varita? El humo de los calderos que comenzaban a arder le picó en los ojos. Buscó un pañuelo en su bolsillo y encontró la cajita que le había dado Blaine. Con la emoción del baile se le había olvidado que la tenía en el bolsillo del pantalón. La abrió y encontró un recorte de garra. ¿De qué sería?

—Oh, qué selección tan inusual. Unicornio y hombre lobo, sin duda será una gran varita —le dijo la profesora sonriendo y dándole una palmada en el hombro.

Kurt estaba estupefacto. Las garras frescas de hombre lobo también eran muy caras, había visto solo una a la venta en la tienda. Blaine le había regalado una de las suyas para compensar su cuerno perdido. Kurt sonrió, sus ingredientes le daban una vibración chispeante. Confiaba en que su varita sería la mejor para él.

Lleno de optimismo, preparó todo lo que necesitaba para crear su varita. Cuando llegó la hora, realizó el conjuro: Verbisque meis fides sit - Que haya fe en mis palabras. El caldero se iluminó cálidamente y Kurt procedió a verter la mezcla en su molde, cerrando con firmeza la tapa para evitar que se fuera a derramar.

Después de que terminó la clase, Kurt fue a su habitación y dejó el molde en el alféizar de la ventana de su habitación junto al de Rachel. Le daba mucha curiosidad saber cómo iba quedando su varita, pero sabía que lo mejor era dejarla reposar hasta el día siguiente. Cuando salió el sol en la mañana, abrió con cuidado el molde. Un ligero humo salió de él y Kurt extrajo una reluciente varita blanca con el lapislázuli en la punta. La varita vibró en su mano y Kurt la probó con un hechizo: "floter", dijo apuntando a su cama, la cual se levantó sin ningún esfuerzo. Kurt dio un brinquito de contento, su magia era más poderosa gracias a su nueva varita, ¡ya estaba listo para enfrentarse a lo que fuera!

XXX

Tras una ardua semana de clases, ahora más complicadas por el uso de hechizos con varitas, Kurt estaba listo para que llegara el fin de semana, o más bien, el baile de Beltane de los Anderson.

El viernes fue de compras con Rachel y Mercedes para buscar el traje adecuado. Por suerte en Nueva York había tiendas de segunda mano de las mejores marcas y Kurt pudo conseguir un hermoso tuxedo azul oscuro a un excelente precio. Solo necesitaría hacerle unas ligeras modificaciones con ayuda de unos hechizos de costura, y listo, le quedaría perfecto.

Por fin fue el día del baile, todo el día Kurt ayudó a las chicas a arreglarse y él también dedicó tiempo a su atuendo y aspecto, exfoliando con cuidado su piel e hidratándola con sus mejores cremas. Quería lucir impecable ante los ojos de Blaine. También por esa razón entre los tres decidieron gastar en un taxi. No querían arruinar sus ropas de gala viajando en transporte público o en escoba, especialmente porque la mansión de los Anderson estaba en las afueras de la ciudad. Lo mejor era viajar cómoda y seguramente durante el largo trayecto.

—Oh, wow, los Anderson deben de ser muy ricos —dijo Mercedes boquiabierta asomándose por la ventana del taxi. A lo lejos se veía la mansión iluminada en medio de un pequeño bosque.

—Son una de las familias más distinguidas de hombres lobo de todo el país. —Explicó Rachel, quien al parecer lo sabía todo de la alta sociedad de Nueva York. — Tienen un gran peso político y han logrado acuerdos de paz con los cónclaves de vampiros.

—¿Crees que haya vampiros en la fiesta? —preguntó Kurt nervioso. Esos seres no le agradaban nada. Aunque sabía que como brujo era hasta cierto punto inmune a sus poderes, no le agradaba nada la idea de tener cerca sus filosos colmillos.

—Es lo más probable. Al menos estarán los representantes del cónclave Cohen-Chang, quienes dominan esta región. Son los aliados más antiguos de los Anderson.

Kurt tragó saliva y se ajustó el cuello de la camisa. Se preguntó si será de mala educación dejarse la capa y bufanda puestas. A fin de cuentas el sentido de la moda pudo más que su miedo y las dejó en el guardarropas que estaba a la entrada del amplio vestíbulo de la mansión. La fiesta apenas comenzaba, no había mucha gente, pero a Kurt no le importó no llegar elegantemente tarde, lo que quería era poder pasar el mayor tiempo posible con Blaine.

Al entrar al gran salón de baile, Kurt se sorprendió al ver lo hermoso que estaba, todo iluminado con un monumental candelabro dorado que colgaba del techo. Pero todo el esplendor quedó eclipsado por la radiante sonrisa de Blaine, quien lo vio de inmediato al entrar y se acercó a saludarlo.

—¡Kurt! ¡Me alegra tanto que pudieras venir! —dijo Blaine dándole un abrazo.

—Gracias por invitarme. —Respondió Kurt intentando mantener la calma. Blaine se veía tan guapo esa noche con un tuxedo negro con detalles en dorado que resaltaban sus hermosos ojos. Kurt habría podido pasar la noche contemplándolo, pero una tos lo sacó que sus pensamientos. — Oh, permíteme presentarte a Mercedes y Rachel, mis amigas de NYADA.

—Es un honor tener de invitadas a tan encantadoras brujas —las saludó Blaine dándoles la mano amablemente.

—Gracias, Blaine, es un honor ser invitadas —dijo Mercedes—. ¿Tendrás algo de beber? El viaje nos dio sed.

—¿Sí?

—Sí, Rachel.

—Claro, el bar está por allá, permítanme traerles una copa.

—No te molestes, nosotras vamos solas. —Dijo Mercedes y se llevó a Rachel tomándola del brazo.
"Qué sutiles", pensó Kurt, pero también se alegró de que Mercedes hubiera actuado antes de que Rachel intentara acaparar la plática. Quería a su amiga, pero en esos momentos solo tenía ganas de estar con Blaine.

—Y bien…

—¿Sí?

—¿Te gustaría que te mostrara el lugar? —Ofreció Blaine con sonrisa algo tímida, como si temiera que Kurt lo rechazara.

—¡Por supuesto que sí!

El rostro de Blaine se iluminó con una sonrisa y le indicó a Kurt que lo siguiera.

Caminaron por las partes principales de la mansión. Además del salón principal visitaron la biblioteca y las áreas privadas de la familia como el segundo salón, el comedor, el gimnasio, y salieron por la atareada cocina rumbo a los jardines. Todo el tiempo Blaine deleitó a Kurt con encantadoras anécdotas de su infancia que lo dejaron riendo al imaginarse al pequeño Blaine metiéndose en problemas. En el jardín se sentaron en una banca de mármol enfrente de una fuente hermosamente iluminada de dorado.

—Kurt, no sabes el gusto que me da que hayas venido al baile.

—¡No me lo perdería por nada del mundo! Es decir, no por el baile, sino porque tú me invitaste.

Blaine sonrió y se acercó más a él.

—Sé que no hemos tenido mucho tiempo de platicar y conocernos, pero deseo que podamos hacerlo más de ahora en adelante. Y espero que no te parezca que estoy siendo muy impulsivo pero…

—¿Sí? —Dijo Kurt con el corazón latiéndole rápidamente.

—Quiero darte algo. Cierra los ojos.

"¡Siií!" Gritó Kurt en su interior, listo para lo que venía. Sintió que Blaine tomaba su mano y de repente ponía algo en ella.

—¿Eh? —dijo abriendo los ojos confundido al ver una caja pequeña envuelta en papel dorado.

-Ábrelo —lo animó Blaine.

Kurt desenvolvió la caja y se encontró con un reluciente teléfono móvil plateado de última generación. Era la mejor marca que garantizaba una recepción superior aun en zonas de alta concentración mágica.

—Oh, Blaine, es hermoso.

—Es lo menos que puedo hacer por ti después de que salvaste mi vida. Ya le programé mi número. Espero que puedas enviarme mensajes y me llames todas las veces que necesites, o que quieras.

—Claro que lo haré —dijo Kurt sonriendo.

En eso un timbre los interrumpió.

—Disculpa un momento —dijo Blaine sacando su teléfono del bolsillo de su saco.

Kurt asintió y mientras tanto se puso a revisar las diferentes funciones de su teléfono. Era muy moderno, tenía también cámara de foto y video.

—Kurt, mi padre quiere hablarme en persona. ¿Me esperas un momento?

—Sí, aquí estaré.

—No tardo —se despidió Blaine.

En lo que Blaine volvía, Kurt comenzó a jugar con su teléfono. Tomó fotos de la fuente y prendió la cámara de video. Retrocedió unos pasos para que saliera completa y no se fijó que había un desnivel en el césped. Tropezó y se le cayó su teléfono, que se deslizó por una pendiente que había en el pasto.

"Oh, no, no". Pensó Kurt preocupado. Blaine le acababa de regalar ese teléfono. No quería perderlo y con él su oportunidad de estar más en contacto con él. Bajó la pendiente y buscó su teléfono. Por suerte seguía prendido y la luz lo guió entre unos arbustos. Kurt tomó su teléfono, que seguía con la cámara prendida, y se agachó para recogerlo. De repente escuchó una voz enojada que lo sobresaltó.

—¡Tenías que haberla secuestrado antes, Sebastian!

—No fue tan fácil como pensamos, Hunter, para ser una chica puso mucha resistencia.

"¿Secuestrado?" Kurt se alarmó y se agachó más tras los arbustos para ocultarse, pero a la vez, intentó ver entre las hojas quienes estaban hablando.

—Bueno, ya no importa. Hoy comenzará la guerra. El clan Anderson se siente muy confiado, nos ha vuelto débiles, pero pronto los hombres lobo del clan Clarington volverán a la cima y dominarán a todos los estúpidos vampiros, como debería haber sido desde el principio en lugar de pactar una inútil alianza.

—No olvides lo que prometiste al clan Smythe.

—Tu clan también tendrá lo que merece una vez que ganemos la guerra. Anda, ve con nuestra "invitada". Yo te llamaré cuando sea momento de transmitir el mensaje.

Kurt se mantuvo oculto hasta que las voces y pasos se alejaron. Una vez que todo estuvo en silencio, corrió hacia arriba de la pendiente. Tenía que avisarle a Blaine.

—Oh, Kurt, pensé que te habías ido —dijo Blaine al verlo aparecer.

—¡Hubo un secuestro! ¡Tienes que ayudarla!

-¿Qué? ¿De qué hablas, Kurt? ¡Tranquilízate!

Kurt respiró profundo y le explicó a Blaine lo que había escuchado.

—¿Dos hombres de los clanes Clarington y Smythe quieren iniciar una guerra con los vampiros? Kurt, es muy serio lo que dices, ¿estás seguro?

—Sí —dijo Kurt apretando el teléfono que aun traía en la mano. ¡Oh, claro! —Mira, te lo mostraré —dijo y le enseñó la grabación. Las caras estaban borrosas, pero el audio era claro.

—Debe de ser Tina, la hija del líder Cohen-Chang. Mi padre me habló para decirme que ella estaba retrasada y que su padre estaba preocupado porque no contestaba su teléfono. Nos pidió que saliéramos a ver si no había tenido problemas en el camino. Ella estuvo estudiando en Europa y no conoce la zona. Venía viajando sola en su auto.

—¿Qué haremos? ¿Le decimos a tu padre?

—No, de momento nadie debe saberlo, ocurriría un gran escándalo que pondría en peligro las relaciones entre los clanes. Kurt, ¿viste si Sebastian tenía algún vehículo cerca?

—No vi ni escuché ningún motor.

—Entonces la tienen en los bosques que rodean a la mansión. Claro, así podrán incriminar más fácilmente a los Anderson y decir que fue nuestra idea.

—¡Puedo llevarte volando en escoba! Desde arriba lo encontraremos más rápido.

—Kurt, es muy peligroso, no puedo pedirte algo así.

—Será más peligrosa la guerra entre los clanes, ¡debemos evitarla!

Blaine lo miró con gran admiración y lo tomó de las manos.

—No podía esperar menos de ti. ¡Vamos!

Corrieron hacia la cocina y tomaron la escoba más grande que encontraron. Kurt la hizo más fuerte para cargar el peso de ambos y la hechizó para que volara. Como nunca se alegró de tener con él su varita. Desde que la había creado no había querido separarse de ella, y dentro de la bolsa invisible, podía cargarla sin problemas.

Alzaron el vuelo a toda velocidad. Con Blaine bien sujeto de su cintura. Aunque ese no era el momento para pensar algo así, Kurt no pudo evitar percibir la cálida sensación de tener a Blaine tan cerca de él.

—Hay una cabaña de guardabosques abandonada cerca de un río en el límite de nuestro bosque. Lo más seguro es que la tengan ahí.

Kurt voló hacia donde le indicó Blaine y pronto encontraron la cabaña. Había luz en su interior y vieron la sombra de una persona caminando adentro. Kurt descendió en silencio y ambos se asomaron por una ventana. Vieron a una chica con un vestido rojo amarrada a una silla, amordazada y con los ojos vendados. A un lado había otro hombre cuidándola, y otros dos más cerca de la puerta.

—¿Cuál es el plan? —susurró Kurt.

—Lo más importante es liberar a Tina. Si algo le pasa, no importa de quién sea la culpa, la guerra será inminente. Yo entraré por la puerta de enfrente para distraerlos, tú entra por la ventana que está atrás de Tina para rescatarla. ¿De acuerdo?

Kurt asintió y pusieron el plan en marcha. Se colocaron en sus posiciones. Kurt estaba cerca de la ventana, con su escoba en una mano y su varita en otra, listo para entrar en acción.

Un fuerte toquido en la puerta resonó en el silencio del bosque. Sebastian se levantó de un salto de la silla donde estaba cerca de Tina. Con un gesto le indicó a uno de sus secuaces que abriera.

—¡Blaine! —Exclamó Sebastian al ver de quien se trataba.

—Sebastian, ¿qué crees que estás haciendo?

—¡Lo que debíamos haber hecho desde hace mucho! ¡Los hombres lobo deben gobernar a los vampiros!

—Sebastian, ¿ya has olvidado todas las guerras que eso ha causado? La paz es lo mejor para todos. ¡Te ordeno que te detengas! ¡A todos, deténgase!

Kurt se asombró del poder que comandaba la voz de Blaine, su presencia era imponente y sus ojos brillaban en la oscuridad. Uno de los hombres se asustó y salió corriendo.

—¡No, Blaine, aunque seas un alfa no te voy a obedecer! —gritó Sebastian y saltó sobre Blaine. Kurt vio todo en una ráfaga, de repente había grandes lobos peleando. Blaine corrió afuera y Sebastian y el otro lobo lo siguieron. Kurt aprovechó para desaparecer la ventana y entrar a la cabaña, donde la chica se movía asustada.

—Sssh, está bien, hemos venido a rescatarte —dijo para tranquilizarla y la desató rápidamente. La ayudó a subir a su escoba y levantó el vuelo.

Kurt sabía que lo más importante era ponerla a salvo, pero no podía dejar de pensar en Blaine. Kurt buscó un árbol con una gruesa rama alta y se acercó.

—Tengo que volver a ayudar a mi amigo, estarás a salvo aquí—. La chica parecía algo aturdida, tal vez la habían drogado, pero asintió y Kurt la depositó con cuidado en la rama. Para mayor seguridad, hechizó una rama delgada para que la rodeara de la cintura y la sujetara al tronco del árbol.

Después voló rápidamente hacia la cabaña. Cerca encontró a Blaine peleando con los otros dos lobos. Estaban demasiado cerca los unos de los otros. Kurt no podía lanzarles un hechizo de manera certera y no quería lastimar a Blaine. Desesperado, Kurt volteó en todas direcciones y vio el río. Eso le dio una idea.

—¡Anegare! —exclamó Kurt apuntando su varita al agua, y levantó una columna del líquido, misma que dirigió en dirección a los lobos y la dejó caer encima de ellos.

Los lobos quedaron nadando en el agua del río. Kurt rápidamente localizó a Blaine y voló por encima de él para llevárselo. Nuevamente, como la primera vez que se encontraron, lo hechizó para que se mantuviera en la escoba, después salió volando para recoger a Tina, quien seguía donde la dejó.

Kurt se sentía exhausto, había gastado mucha energía mágica. Aun con la ayuda de su varita, era un estudiante joven que todavía no desarrollaba todo el potencial de su magia. A pesar del enorme cansancio que lo inundaba, se esforzó al máximo, volando lo más rápido que podía, decidido a poner a Blaine y a Tina a salvo cuanto antes. Cuando por fin llegaron a la mansión, Kurt descendió despacio en una parte alejada del jardín para que nadie los viera. Agotado, se recostó en el pasto. Lo último que vio antes de desmayarse fue el cielo brillante lleno de estrellas y unos ojos dorados que lo miraban con gran preocupación.

XXX

¿Ya era hora de ir a clases? Kurt no quería levantarse, estaba totalmente cómodo en su cama, con mullidas mantas y suaves almohadas. Abrió lentamente los ojos y se encontró con un techo alto pintado con estrellas doradas. ¿Eh? El dormitorio de NYADA no tenía ese tipo de techo. Alarmado se incorporó. Estaba en una habitación desconocida. Un suave ronquido lo hizo voltear a su izquierda, donde encontró a Blaine dormido en un sillón.

—¿Blaine? —Dijo Kurt sin creer que fuera real lo que veía. Pero era verdad, y Kurt lo confirmó al ver que Blaine se movía y despertaba.

—¡Kurt! ¿Cómo te sientes? —Exclamó Blaine, poniéndose de pie de inmediato y acercándose a su lado.

—Bien, siento que dormí como nunca. ¿Dónde estoy?

—En una de las habitaciones de huéspedes. Te desmayaste después de que regresamos a la mansión. Me diste un susto terrible. El médico mago que te atendió dijo que habías gastado demasiada energía mágica y que necesitabas descansar. Por cierto que tus amigas también están aquí, insistieron en quedarse contigo hasta que te recuperaras. ¿Quieres que vaya a buscarlas?

—Ahorita no. Primero dime qué ocurrió con Tina. ¿Todo está bien entre los clanes?

—Tina está perfectamente. Le dieron una droga de ajo para adormecerla, pero fuera de eso no sufrió ningún daño. Ella es muy inteligente y está consciente del escándalo que supondría que todos se enteraran de este incidente, por eso acordamos que la versión oficial es que se perdió al ir manejando y cayó en un bache que la hizo chocar y perder su teléfono. Nadie sabe la verdad más que tú, yo, ella y mi padre, quien ya ha tomado medidas para castigar a los traidores.

—Menos mal, me alegra haber podido ayudar a evitar una guerra.

—Kurt, tú eres…—dijo Blaine con voz emocionada, poniendo su mano sobre la suya que descansaba en la cama—. Eres la persona más valiente, leal y generosa que he conocido. Desde que nuestro primer encuentro no has hecho más que ayudarme, y no sé cómo podría pagártelo.

—Oh, no es nada, no lo hice porque quisiera algo a cambio —dijo Kurt sintiendo que se sonrojaba al tener la cálida presencia de Blaine tan cerca de él.

—Kurt… —murmuró Blaine acariciando su mano, mirándolo con ojos humedecidos. Estaba tan cerca de él que podía ver los destellos dorados que salpicaban sus ojos. Sin darse tiempo de arrepentirse, Kurt tomó la cara de Blaine entre sus manos y lo besó suavemente. Blaine pareció sorprendido, pero de inmediato le respondió el beso, que fue subiendo de intensidad hasta que un toquido en la puerta los hizo separase sobresaltados.

Una sirvienta entró a la habitación.

—Buenos días. Joven Blaine, su padre quiere saber cómo se encuentra el joven Kurt y si se quedará más tiempo.

—Dile que se encuentra mejor. Y sí, se va a quedar todo el fin de semana.

La mujer asintió y se fue dejándolos nuevamente solos.

—Dime que te quedarás. —Dijo Blaine tomándolo nuevamente de la mano.

—Claro que sí. —Respondió Kurt apretándole la mano y acariciando sus dedos. "A tu lado, todo el tiempo que quieras".