El otoño en Nueva York era hermoso. Todos los árboles estaban cambiando sus ropas a bellas hojas amarillas, rojas y anaranjadas, cubriendo el piso como una mullida y colorida alfombra. De vez en cuando una fresca brisa las hacía bailar rítmicamente.

Kurt inhaló profundamente, aspirando todos los deliciosos aromas que el otoño traía con él. Se recargó junto a la puerta principal de NYADA y saludó con la mano a algunas de sus compañeras que pasaban. Sonrió contento y le dio un sorbo a su café con esencia de calabaza. La estación no era lo único que estaba cambiando, toda su vida había dado un giro desde aquel fortuito día de Beltane en el que había ayudado a un lobo en problemas. Ahora la fiesta de Halloween se aproximaba y las cosas no podían ser más diferentes.

—Kurt, ¿ya te vas? Aún es temprano. —Lo llamó Rachel, aproximándose a él.

—Sí, le prometí a Blaine que lo ayudaría a decorar el salón de baile con unos hechizos que he estado practicando. Crearé una neblina permanente que le dará un toque misterioso y al lugar. También he estado pensando en hacer flotar algunas calabazas.

—Sí, claro, ayudarle —. Dijo Mercedes llegando junto a ellos y dándole un suave codazo.

Kurt se sonrojó. Era verdad que se trataba solo de un pretexto para pasar el mayor tiempo posible con Blaine. ¿Acaso podían culparlo? Tenía un novio encantador y guapísimo que lo adoraba, quien desafortunadamente estudiaba en un internado toda la semana, eso solo les dejaba los fines de semana y días festivos para verse.

—Kurt, gracias por la invitación. Nos vemos en la noche —dijo Santana al pasar, llevando de la mano a Brittany.

—De nada, allá las espero. —Respondió Kurt contento. No es que fuera el mejor amigo de Santana, pero desde que salvó a Brittany de un accidente con un dragón "doméstico", se había portado más amable con él. De hecho todas sus compañeras ya lo habían aceptado como uno más del grupo, aun la profesora Sylvester había dejado de llamarlo Elizabeth. Aunque no estaba seguro que "Porcelana" fuera una gran mejoría. Todo el problema con los hombres lobo había ayudado a Kurt a sentirse con más confianza en su magia, y eso se mostraba en su actitud segura y una gran mejoría en su desempeño en clases.

El claxon de un auto lo sacó de sus pensamientos y vio acercase a Blaine en un reluciente auto plateado.

—Bueno, nos vemos al rato, chicas —dijo Kurt despidiéndose alegremente de sus amigas y subiendo al auto con Blaine.

—Hola, novio —lo saludó Blaine, dándole un suave beso en los labios.

—Hola también para ti, novio —respondió Kurt sonriendo.

—¿Todo listo para la fiesta de esta noche? —preguntó Blaine poniendo el auto en marcha.

—Por supuesto.

—Mi hermano Cooper estará de visita y muere por conocerte. Le he hablado tanto de ti que dice que es casi como si te hubiera conocido de toda la vida.

Kurt sonrió complacido. La familia de Blaine había aceptado gustosa su relación y lo habían recibido como uno de los suyos. El padre de Blaine lo apreciaba tanto que había insistido en darle una beca para NYADA. En un inicio Kurt se había negado, pero él había dicho que era lo menos que podía hacer. Después de que se había comportado de manera tan leal y valiente con su clan, ya era prácticamente un Anderson más. Kurt terminó aceptando, en parte por la insistencia del señor Anderson, y en parte porque así sería un gasto menos para su padre.

—¿Quieres comer algo antes de ir a la mansión? La cena se servirá hasta cerca de la media noche.

—Sí, me parece buena idea.

—Leí una reseña de un restaurante elegante, pero acogedor, que acaba de abrir. El chef tiene dos estrellas en su restaurante anterior. Estoy seguro de que te encantará.

—Suena fantástico, no puedo esperar —dijo Kurt complacido. Se recargó en el asiento del auto y miró hacia la ventana, viendo pasar la ciudad pintada de las luces del atardecer. Esta era su vida ahora, nada mal para un chico proveniente de pueblo pequeño a quien todos habían tachado de extraño. En Nueva York, Kurt podía ser él mismo y tener éxito, además del amor de Blaine. No podía desear una mejor vida que esa.

FIN