Disclaimer: Por mucho que llore, DGM sigue sin ser mío.


1. El nombre, es aquella cosa que va antes del apellido.


Aquel era un silencio tenso, impenetrable y ligeramente embarazoso. Pero él no era el tipo de persona que rompe el hielo, ni siquiera le gustaba conversar, lo que tenía que ser dicho se debía de hacer con palabras cortas y claras; pero en estos momentos su amado silencio, se estaba volviendo absurdamente desquiciante. Volvió a ver con rencor al objeto en medio de la mesa.

—Nuestro hijo no tiene la culpa de tu mal genio, Kanda— reprendió Allen.

Kanda alzó la vista, ahora lanzado una mirada asesina al temerario frijol que estaba sentado frente a él, con el pequeño huevo fuertemente sostenido entre sus manos, casi protector. Chasqueo la lengua y volteó su cara hacía el otro lado, observando que la biblioteca estaba casi vacía. Cosa obvia, la mayoría ya había terminado sus actividades extracurriculares, ahora sólo quedaban los que estaban en detención ó tenían un proyecto que entregar mañana.

—Imbécil, a ti te queda más el papel de madre—siseó con despreció.

Todo su plan de pasar el último período de su tercer año de preparatoria tranquilo, se había ido a la basura, ahora tendría que estar pegado a una de las personas más exasperantes que conocía. Entrecerró los ojos, echándole la culpa a aquel estúpido huevo y al idiota de Walker.

Sí Walker no se hubiese saltado grados—porque era jodidamente inteligente para su edad, gracias a su maniático tutor que le enseñaba cosas avanzadas—, ahora mismo podría ignorar a su compañero de equipo y pasar sin problemas el estúpido proyecto. Pero no, el jodido frijol tenía que estar en su curso, y estar en casi todas sus clases.

—Nah—. Allen hizo un gesto con la mano, enfatizando su negación—. Con tu cabello, bien te puedes hacer pasar por una adorable mami, sólo necesitamos hacer algo con tú carácter de los mil demonios.

—¿Qué has dicho im…

Kanda vio con furia aquella mano que osaba tocarlo, más bien evitar que continuara hablando. Allen lo veía serio, el garbanzo se había levantado de su lugar y le había tapado la boca con una de sus manos, cuidando que el huevo no cayera durante el trayecto.

—No te atrevas a decir malas palabras frente al niño, ¿qué clase de madre eres? —lo reprendió.

Decir que sus ojos casi se salían de orbita al escuchar la declaración del otro, era una exageración. Pero Kanda había quedado entre estupefacto y rabioso.

¿En qué mierda se había metido?

.

.

Después de varias riñas, e interrupciones de parte de Allen hacía Kanda, el joven japonés se las había arreglado para que el otro se quedará a cargo por aquel día del huevo; cosa que no le complacía al otro, pero no quería iniciar una nueva discusión.

No es bueno para él.

Había dicho el albino mirando con aprensión el objeto inanimado entre sus brazos. Kanda tuvo que apretar su tabique nasal, quitándose los lentes de lectura, para tratar de mermar el punzante dolor en sus sienes.

El famoso huevo no era más que un ovalo de a lo mucho nos quince centímetro de largo por diez de ancho, tenía un rostro aburrido, dos simples líneas rectas de modo horizontal que simulaban ser sus ojos, y una tercera más chica y al centro (sólo unos pocos centímetros más abajo que las otras dos) siendo su boca. Aún así, el Moyashi parecía tomarse muy enserio el papel de padre.

Kanda aún recordaba el brillo en los ojos grises del menor, y como aquella sonrisa que odiaba tanto, parecía ampliarse aún más por momentos. Después de todo el frijol seguía siendo un niño aunque su cabello blanco parecía decir lo contrario, se dijo Kanda, tratando de concentrarse en su maldito problema de estadística.

Bufó y se recargo en el respaldo de su silla, dejando botada la tarea sobre su escritorio; aquel estúpido pensamiento no dejaba de taladrarle el cerebro, una voz—bastante parecida a la de Allen—, recordándole que el proyecto también era suyo. Él no era irresponsable, quizás debió haber tomado el cuadernillo de las instrucciones, o al menos sacarle copia; Walker era demasiado atolondrado y despistado para su propio bien.

—Joder.

Se inclinó para tomar su mochila a un lado de la mesa, recordando que aquel garbanzo le había dado el número de su celular; al principio lo había visto mal y estaba a punto de tirarlo, ahora agradecía que no hubiera cedido al impulso. Vio con odio la hilera de números, escritos en la limpia y ordenada caligrafía de Allen Walker.

Marco el número desde el teléfono junto a su portátil, tuvo que esperar bastante para que aquel tonto le contestara.

¿Hola?—preguntó la otra voz con cautela.

'Desde luego', pensó el japonés, después de todo era la primera vez que le marcaba, su número debía aparecer como desconocido en el celular del otro.

—Soy yo, estúpido Moyashi—respondió agrió, imaginándose el rostro enojado que debió haber puesto Allen al otro lado de la línea.

Mi nombre es Allen, retardado—siseó el menor, Kanda curvo un poco sus labios en un gesto malicioso—. ¿Qué deseas?

—¿Cómo está?

¿Cómo está qué?—replicó el otro, el pelinegro pudo jurar que el tono que había utilizado era burlesco.

—La cosa esa, tch—dijo tronando la lengua, hastiado de tener que gastar su tiempo llamando a su compañero—, ¿no lo has roto?, ¿cierto frijol?

¿De qué cosa estás hablando?, sí te refieres a Tim, él ahora está durmiendo.

—…

Después de cenar cayó rendido—aclaró Allen, al no escuchar replica del otro.

—¿Qué mierda es Tim?

Nuestro hijo, no sabía que eras tan lento —contestó soltando una carcajada, Kanda tuvo que retirarse del auricular por unos segundos—. Cada día me sorprendes más.

—Muy gracioso Moyashi—dijo sarcástico—. Pero no dejaré que lleve nombre tan absurdo, ¿además que jodidos es eso de Tim?

Actualmente el diminutivo de Timcanpy.

—…Joder no—escupió, no podía creer lo infantil de su compañero de equipo—. ¿Qué eres?, ¿un niño?, sí esa cosa va a ser algo mío—dijo con desagrado claro en su voz—, al menos tendrá un nombre que signifique algo, como Mugen.

¿Y qué se supone que significa Mugen, Kanda?

—Seis ilusiones.

—…

—Es mejor que la idiotez que pensabas ponerle, Moyashi.

Cierra el pico BaKanda—reprochó de inmediato el joven—. No voy a dejar que lo llames así.

—Ya es un hecho.

Kanda escuchó como única respuesta el tono de la línea muerta, el estúpido frijol se había atrevido a colgarle.

—Che.

Ahora podría concentrarse en su tarea, al menos sabía que Mugen seguía vivo.

.

.

A la mañana siguiente, con un dolor de cuello espantoso—producto de haberse quedado dormido en el escritorio en vez de su confortable cama— y un carácter más explosivo de lo común; Kanda Yuu emprendió su camino hacía su escuela, pulcramente vestido en el uniforme negro de la institución y el maletín a su lado, repleto de las asignaciones que debía entregar hoy.

Por suerte Ética le tocaba hasta dentro de dos días, lo que le daba tiempo suficiente para resolver el inconveniente con el garbanzo. Frunció el ceño al recordar que aquél guisante había sido culpa de su desvelo.

—Joder.

Y es que su puto número había quedado registrado—obviamente—en el celular del otro, permitiéndole al idiota marcarle a las tres de la jodida mañana; sólo para decirle que Mugen no podía dormir.

¿Y cómo mierda se supone que esa cosa duerme, imbécil?—respondió convencido de que sólo era una mentira del menor para joderlo.

Pues eso mismo, tiene un sensor…y ahora mismo está despierto y haciendo ruido.

¿Y qué quieres que haga?

Háblale—siseó el otro, Kanda pudo escuchar en esos momentos el fastidioso pitido al otro lado de la línea, a eso se refería Allen.

Kanda gasto una hora tratando de dormirlo, y diez minutos más tratando de despertar al Moyashi, quién se había quedado dormido a mitad de la jornada, después del intento de cantarle una canción de cuna al huevo.

—¡Yuu!—gritó alguien tras de él.

El japonés se volteó en ipso facto, atestando un certero golpe al estomago del otro con su cartera, sí Lavi hubiese sido menos confiado podría haberlo evitado.

—Eso dolió Yu…

—Vuelve a decir mi nombre y terminarás más que con un ojo morado, conejo.

Kanda le lanzó una mirada helada al joven frente a él; sólo alguien tan idiota, y suicida, como Lavi se arriesgaba a llamarle así. Frunció el ceño al ver que la tonta sonrisa en el rostro de su auto proclamado amigo no lo abandonaba.

—Esto apesta—dijo Lavi en el transcurso de su caminata hacía la escuela, al ver que su amigo parecía más cambiado—. Yoshi no paró de llorar anoche, Lou Fa tuvo suerte de no ser la madre.

El pelirrojo vio de reojo como el otro había alzado la ceja al escuchar eso; una sonrisa maliciosa apareció de inmediato.

—¡Tenemos que unirnos!—exclamó mientras ponía en brazo sobre los hombros de Kanda—. ¡No más represión para las madres!

Había firmado su sentencia de muerte, Kanda se trono los dedos, dispuesto a iniciar el castigo contra aquel conejo.


Cuando son nueve, en realidad hay diez.


Allen observó con orgullo a su pequeño Tim, se veía tan lindo con aquel moño rojo en ¿su cuello?, igual al que el usaba cuando no iba a la escuela. Dio unas pequeñas caricias en la punta—cabeza– de su hijo, y se dispuso a coger sus cosas para marcharse de la escuela.

—¿Ya extrañas a mamá?

Un pequeño resplandor verde broto de un costado del huevo, el menor sonrió.

—Espero que Kanda no esté muy enojado—murmuró Allen al recordar la llamada de anoche—. Pero igual Tim, no creo que lo esté contigo, eres su hijo después de todo.

Sonrió recordando aquel absurdo nombre que el bastardo quería ponerle a su pequeño niño, venga ¿qué clase de nombre era Mugen?

Allen alzó la vista, el cielo estaba nublado…esperaba que fuera un buen día, rogaba que no se pusiera peor.

tbc?


a/N: Gracias a todos por sus lindos comentarios, hacen que brille ¿saben? Espero continúen leyendo ésta locura.

Siguiente: 2. Conociendo al abuelo, sí aquella persona extraña que te hornea galletas.

»—Y una mierda, él no dormirá aquí.

»—Pero Yuu-kun, él es tu hijo—dijo Tiedoll con reproche.

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