2. Conociendo al Abuelo, sí, ése ser extraño que te hornea galletas.
Hay ciertas cosas en la vida, que inexplicable e irrevocablemente, se escapan de nuestro conocimiento; o sí lo sabemos—en el 0,01% de los casos—, lo olvidamos…como quien olvida alimentar a su perro, aunque su madre le haya recordado una hora antes de salirse a comprar. Son pequeños pasos metódicos de los que no estamos totalmente seguros, mas hechos por inercia, que por propia habilidad y conciencia.
Así como la fina tinta en el delicado papel, formando trazos inconexos que imposiblemente se unen para dar belleza al cuadro, y tras de éste, él, ese orgulloso artista que enseña al mundo a su pequeño recién nacido.
—Es un hermoso cuadro, señor —dice alguien atrás de él.
Tiedoll, —Froi Tiedoll, consagrado artista y padre, para ser más exactos—, voltea y sonríe; la vieja sonrisa bonachona y llena de buenas intenciones, esa que tanto disgusta a uno de sus pequeños retoños.
—Gracias —gorgorea complacido volteándose para ver con peripecia a su interlocutor.
Se tiene que subir más las gafas para asegurarse que su vista no lo engaña, a pesar del cabello blanco —¿platino?—, un rostro joven es quien le sonríe. El artista después de segundos de escrutinio, decide que es un bello rostro juvenil, más andrógino —cosa que no diría para no ofender a su inesperado espectador—, sería buen modelo, toda aquella extravagancia de colores; y esa peculiar cicatriz en su rostro.
—Froi Tiedoll —decide presentarse, extendiéndole la mano con gusto.
El joven hace unas cuantas maniobras para despejar sus manos y aceptar el gesto, Froi vio con extrañeza el afán de proteger el extraño objeto entre sus brazos, cosa que tenía parecido al de un huevo —uno muy grande como para ser natural.
—Allen Walker.
Ante un enemigo en común, hay que hacer un frente conocido.
Sobre como Kanda aprendió a ser madre.
Mugen (Tim) necesita una katana, así podrá defenderse cuando ciertas personas inútiles [léase Moyashi (¡Allen!), el Conejo, y el viejo (Tiedoll-san)] traten de acercarse; su idiotez puede ser contagiosa.
Había diferentes maneras de connotar eso, tantas, que muchas de ellas eran inútiles por ser demasiado ambiguas, o sutiles dado el caso, para semejante cabeza dura como Allen Walker. Kanda vio con recelo la taza de té frente a él.
De verdad, el japonés nunca había conocido a alguien tan, idiota, inocente como él. Y él ha conocido a mucha gente, a pesar de su finta antisocial, no quiere decir que no observe su entorno; aquello era muy importante, más sí eres un deportista como el joven. Pero aquello no importa ahora, Kanda decanta, el problema radica en el bienestar de su hijo/proyecto, lo que conlleva a que mantuviese su boleta limpia —y no por ello menos importante— también el pase a la universidad deseada.
Su futuro pendía de un huevo, literalmente.
Removió sin apetito la pasta frente a él, nada como su adorada soba; pero dado que aquel día no servían platillos orientales.
—Che.
—Eso es lo único que has dicho los últimos veinte minutos, al menos deberías intentar hablar con Tim.
—Mugen —siseó con veneno.
Allen le lanzó una mirada desafiante, a lo que Kanda respondió con otra de igual intensidad. Él era el campeón para ese tipo de cosas.
—Necesitas demostrarle afecto, lo necesita —insistió el joven, el japonés sólo le hizo un gesto obsceno con la mano—. No veas Tim, tu mami sólo tiene esos síntomas.
—¿Qué síntomas, gusano?
El albino se levanto de la mesa con gracia, recogiendo sus cosas y sosteniendo a su hijo bajo el brazo, para después de acomodarse bien las cosas, ponerlo en las manos de Kanda.
—Cuida de Tim— le dijo dándole una sonrisa dulce, de esas que detesta el mayor.
Y un huevo.
.
.
Kanda siendo pues Kanda, no dudo en aventarle el huevo a Walker al quinto período (dos después del receso). Y es que joder, todas aquellas chicas no paraban de chillar cada vez que veían como cargaba la cosa esa, '¿qué no tienen nada mejor que hacer?'; lo único bueno de aquellas dos clases, era que no las compartía con Walker.
—Tu turno —espetó antes de dar media vuelta y salir a zancadas.
.
.
Allen vio con cierta precaución la cara iracunda de su compañero de proyecto, subrayo unas cuantas oraciones más de su juego de copias, antes de volver a ver a Kanda. Era obvio que el joven japonés estaba enfadado, el agarre a su lápiz y la furia con la que escribía los resultados en su libreta, descubrían que el muchacho estaba en una de sus comunes fases de ira, ó como a Allen le gustaba llamarlas, el tiempo de ser BaKanda.
Le tomo otros tres párrafos más de su tarea de literatura, antes de que se decidiera encarar a su susceptible compañero. Es que venga, no era muy cómodo tratar de hacer sus deberes, cuando la persona frente a ti tenía semejante aura asesina.
—¿Qué sucede Kanda?
El aludido levantó la vista de sus propios deberes, y le dirigió una mirada asesina al garbanzo frente a él.
—Llamas demasiado la atención imbécil.
Y con eso se levantó, con Allen Walker corriendo tras él.
.
.
A Kanda Yuu generalmente le interesaba un comino lo que la gente dijera de él, pero la cosa era diferente cuando esos comentarios eran constantes perturbando su paz. Ahora, sí esos comentarios iban dirigidos a Allen—Moyashi—Walker le valían aún más. Pero ahora, con aquella horda de niñas chillonas alrededor de ellos, susurrando y sonrojándose entre risitas molestas, le estaban agotando su escasa paciencia.
Estaban en una biblioteca, la vena en su frente crecía alarmantemente, y después de escuchar la pregunta del frijol exploto. A ese paso nunca terminaría su cuestionario, a ese ritmo no se podría controlar, y él ya tenía la vida suficientemente jodida con aquel estúpido proyecto, como para agregar una detención por amar barullo en la biblioteca.
—Walker se ve tan lindo cargando a su hijo —susurró una joven unas mesas tras de ellos.
—Sería un perfecto padre…
—¡Es tan tierno!
¿Qué tenía de tierno ese jodido moyashi?, era demasiado sensible, quizás esa fachada de caballerosidad era lo que las atraía. No era que estuviese celoso de él, 'joder no', por él que se quedase con toda la atención, le ahorraba molestias. Sin embargo, sus berridos lo desconcentraban.
—Se ve muy guapo, ese ahora parental le agregan puntos a su atractivo.
¿Guapo?, Kanda se le quedo mirando al joven frente a él... ¿de dónde diablos era atractivo?
Siseo una respuesta y se apresuro a salir de ahí, si continuaba en ese lugar no sólo se ganaría una detención, si no también no sería capaz de terminar el reporte para mañana.
.
.
Al final habían terminado en su casa, Allen había dicho algo de 'bastardo mujeriego en casa'. Lo que significaba que su tutor había regresado de su congreso, a Kanda no le caía muy bien el irresponsable profesor Cross Marian.
—No te muevas de aquí Moyashi.
—Mi nombre es Allen.
Kanda subió rápidamente a su cuarto, no quería que él otro causara destrozos en su casa, o peor aún…interactuara con alguno de los demás habitantes de ella.
Pero debía saber que Allen no era de los que precisamente, se quedaban quietos.
Apéndice:
Frijol siendo semilla, termina por germinar.
Lo había dejado tan sólo tres minutos, tres malditos minutos. Kanda gruñó y se dispuso a buscar al enano, no tenía muchos lugares a los cuales ir —pero hablando de Walker lo mejor sería decir 'perderse'—; sólo esperaba que no se encuentre con ninguno de los otros tres habitantes del hogar.
—¡Joder!
Quizás el tres era un número maldito…
¿Por qué mierda no se podía quedar quieto?, algún tipo de complejo de habichuela ¿o qué carajo?, la indicación había sido sencilla, algo fácil de ejecutar. Apretó fuertemente sus manos, mientras se dirigía al patio trasero, aquél era el único lugar al que le faltaba buscar.
—Imbécil, hasta un frijol puede entenderlo —siseó con rabia.
Y lo vio ahí, su mano se congelo sobre el picaporte de la puerta corrediza, el cristal le permitía ver con claridad a ese Moyashi con su tutor. Frunció el ceño y salió con furia hacía su encuentro.
—¡Moyashi!
—Mi nombre es Allen, BaKanda —repuso con tranquilidad el más joven, antes de retomar su charla con el padre de Yuu—. Es un buen paisaje, en realidad esa es la parte que más me gusta de Londres.
—¿De verdad? —preguntó sonriente Tiedoll —. Yo la encuentro de cierta forma tranquila y nostálgica, una especie de representación de un viejo recuerdo.
El viejo hombre toco con cariño los bordes del oleo, sumergiéndose en la vista en su memoria. El amigo de su Yuu era una persona maravillosa.
—Es una forma de decirlo —murmuró Allen—. Pero creo que a Tim también le ha gustado.
—Tim es el huevo ¿cierto?
—Sí.
Kanda rechinó los dientes, estaba siendo totalmente ignorado; cosa que no le importaría viniendo de esos dos, pero las circunstancias eran distintas.
—¡Tú!
Agarró la muñeca del muchacho con fuerza, y lo arrastró, ignorando los gritos sorprendidos de Tiedoll.
.
.
Manual.
El sensor ubicado en el costado derecho de su huevo, indica actividad. Según el color, corresponde a alguna descrita puntos más abajo; también puede ser fe fidedigna del humor de éste.
Aunque el huevo sea un trozo de metal, 'siente', de forma más precisa: reconoce los patrones de conducta torno a él, basado en una secuencia de palabras o movimientos registrados en la base de datos del modelo.
.
.
Los dos se miraban con odio, Allen se sobaba su muñeca, algo roja por la presión ejercida. Kanda frente a él, sostenía de mala gana al inocente Mugen.
—¿Por qué rayos no esperaste como te dije?
—Quería mostrarle a Tim el jardín.
—Es Mugen.
Kanda le dio la espalda para colocar el huevo encima de su cama; el peliblanco aprovecho el momento para observar sus alrededores, la habitación del japonés era fría. 'Como él', pensó amargo Allen. Las paredes de un color azul marino, con la pequeña cama individual, el escritorio negro con su portátil y teléfono sobre el, un closet al fondo, al lado de otra puerta de la que él suponía que era el baño.
Aburrido.
Ningún cuadro, ni afiche, lo único que parecía con vida era la estatuilla de una flor de loto en el buró al lado de la cama.
—¿Qué te dijo? —preguntó Kanda, después de unos minutos de silencio.
—¿Quién?
—El viejo.
Allen lo observo detenidamente, fijando sus ojos grises a los oscuros del otro, en desafío.
—El señor Tiedoll sólo me explicaba la temática de su cuadro.
—Che.
Kanda llevo sus manos a sus sienes para masajearlas, comenzaba a sospechar de una futura cefalea sí seguía a ese paso. De verdad, entre el frijol supiera menos de él, mejor…no quería a alguien metiendo sus narices en su vida; con el conejo era suficiente. El nipón aún maldecía el día en que conoció a Lavi.
—No vuelvas a hablarle —sentenció—, ¿entendido?
—No puedes decidir con quién hablo, Kanda —repuso serenamente Allen, mientras rebuscaba en su mochila su libro de texto, para disponerse a hacer la tarea—. Debes controlar tu ira, ¿qué tal si Tim agarra tus feas costumbres?
—Tendría sentido común, y por última vez: ¡El puto nombre es Mugen!
.
.
No lo entendía, ¿era el karma?, él simplemente intentaba no meterse con nadie, y quería exactamente lo mismo hacía sí. ¿Entonces qué era eso?, ¿qué se suponía que hacía Allen Walker cenando con su supuesta familia?
—A sí que eres el amigo de Kanda, Allen —dijo Marie, tomando un bocado de su pollo, sonriéndole al muchacho frente a él.
—Es una forma de decirlo…
—El Moyashi no es mi amigo.
—¿Ves Marie?, hasta le ha puesto apodo —picó Daisya con una sonrisa burlona—. ¿Quién fue al último que le puso uno?
—A Lavi-kun si no más recuerdo —contestó Tiedoll feliz, mientras le servía más puré a un abochornado Allen.
—Por última vez no es mi amigo.
—¿Entonces es tu novio?, hasta tienen un hijo, que tierno.
A Tiedoll no le sorprendió que su hijo terminara con un ojo morado, producto de la ira de Yuu. Suspiró, hasta el pobre Allen casi se ahogaba con el trozo de pollo que estaba comiendo en ese momento. Kanda tendría que aprender a controlar su temperamento, y el proyecto del huevo podría ayudar.
Vio con una sonrisa como su hijo menor daba torpes —y algo salvajes— golpes a la espalda de su amigo, quizás Tim/Mugen tendría unos buenos padres.
—Tiempo al tiempo —murmuró, para después apresurarse y detener a Kanda, no creía que aquellos 'golpecitos' estuvieran ayudando al pobre Allen.
A/n: ¿Perdón?, se inclina y se disculpa; según yo tendría el capítulo desde la semana pasada, pero con mis inscripciones (porque me he quedado en la universidad, yeah~ ya no soy vaga sin oficio) y con el curso de inducción y comienzo de clases desde el lunes. Porque joder, mi uni es algo matadona, y me hicieron ir de siete de la mañana a cuatro de la tarde por tres días, y eso sin contar que me hago casi dos horas de camino hasta ella.
Estaba drenada de energía como para ponerme a escribir, el punto bueno de la historia es que a pesar de que ya me advirtieron que la carrera está pesada. Creo poder tener tiempo para no retrasarme tanto al actualizar.
Y eso hace a la autora feliz, lo que significaría lectores felices.
Siguiente:
3. La sociedad de madres, es eso, una sociedad.
