3. La sociedad de madres, es eso, una sociedad.
Algo estaba mal, terriblemente mal; el miedo se había quedado estancado en su garganta, formando un doloroso nudo, impidiéndole respirar correctamente.
—Por favor—gimió.
Llevo sus temblorosas manos hasta su garganta, sintiendo bajo sus yemas las ásperas manos ajenas, presiono con poca fuerza.
—No más.
Pero sus suplicas eran en vano, podía sentir las cálidas lagrimas descendiendo por sus mejillas, su vista borrosa y el correr del sudor entre su vivaz cabello. ¿Iba a morir así?, sin haber logrado grabar su nombre en la historia, sin tener suficientes amoríos.
—¡Suéltalo BaKanda, Lavi se está poniendo morado!
—Che.
Lavi no bromeaba cuando pensó que en esos momentos hasta podía besar a su amigo en signo de agradecimiento. Su pequeño lo había salvado de una muerte segura.
—¡Allen! —chilló antes de lanzarse a los brazos de su amigo albino—. ¡Sálvame!
Enterró su nariz entre la unión del cuello y hombro del menor, respirando profusamente la fragante esencia, tratando de recuperar el aliento y buscar un refugio idóneo para combatir la ira del japonés.
—¿Qué hiciste? —preguntó Allen, dando torpes palmadas a la amplia espalda de su mejor amigo.
—N-nada, lo juro Allen.
—No mientas estúpido Conejo —siseó Kanda tras de él—. Y apártate del Moyashi, todavía no termino contigo.
—¡Por favor, no me dejes! —.Lavi levantó el rostro para ver directamente a su amigo, suplicante.
—Ya basta Kanda, creo que Lavi aprendió su lección.
El pelirrojo pensó, que definitivamente podría besar a su amigo después de eso, literalmente le había salvado la vida.
—Moyashi-chan.
Sus labios estrellándose contra los suaves y tersos del otro no se sentía tan mal, pero la fría aura —una asesina vibra— a sus espaldas corto de inmediato el pensamiento. Quizás mostrar su gratitud de esa manera no fue una buena idea.
—L-a-v-i.
¿Entonces Lou Fa sería padre soltero?
.
.
Hay espinas en el camino al éxito; sólo hay que recordar saltarlas.
.
.
Puso la mano bajo su mentón, adoptando una pose pensativa, suspiro brevemente, lanzando una pequeña corriente de aire, lo suficientemente fuerte como para mover aquel mechón rojizo de cabello que obstaculizaba su vista.
A veces la vida podía ser tan aburrida, se dijo así mismo, contemplando sin aparente interés sus uñas; mientras escuchaba a medias la monótona voz de su profesor de historia, reprimió un bostezo. Amaba la historia, claro está, pero ya se sabía el curso y en esa clase no estaban Yuu y Allen, lo que lo hacían las cosas aún más difíciles de sobrellevar.
— Para que un utensilio esté a disposición de todos y sea susceptible de un mejoramiento progresivo, es necesario que su fabricación y su empleo sean concebidos y aprendidos. El mantenimiento de este método se afianzo con el parentesco reconocido a través de las madres, tales sociedades han sido denominadas matrilineales. Incluso en una etapa muy temprana, es posible que las mujeres hayan dirigido al grupo, de tal modo que las sociedades fueran también matriarcales.
Lavi alzó una ceja con interés.
.
.
Cuando Lavi —su mejor amigo, su compadre como a veces al pelirrojo le gusta decir— tenía una idea era como el apocalipsis, porque generalmente involucraba su integridad física y la estabilidad mental de cierto samurái, que Allen desea no recordar por el momento.
Tomo las medidas necesarias escondiendo con rapidez a Tim entre sus brazos, aquella sonrisa maliciosa pintada en el rostro del más alto enviaba mala vibra hacía su persona.
—¡Allen~!
—Hola Lavi —sonrió a medias, expectante.
Vio sus ojos brillar, el joven trago saliva ruidosamente.
—Se me acaba de ocurrir la idea más wow, algo súper-dúper-wooow del mundo Moyashi-chan.
—Mi nombre es Allen, Lavi.
—Sí, sí, pero bueno, ¿me ayudarías?
Vio batir las pestañas de su amigo rápidamente, Allen se preguntó si Lavi sufría algún tipo de tic nervioso, o sí su nivel de idiotez por fin había alcanzado un nivel que afectaría sus habilidades motrices.
—No —sentenció sin preguntar más, nunca era bueno preguntar.
—Pero Allen~, ¿no me quieres?, ¿no soy digno de que me ayudes?
—Sabes perfectamente que no va por ahí, Lavi.
El aludido se quedo callado, Allen le dio una mirada de disculpa antes de tomar sus cosas y marcharse a su próxima clase. No es que él no aprecie a Lavi como su amigo, pero generalmente todos los planes del ojiverde terminan en catástrofe.
—¿Por favor?
No iba a voltear, definitivamente no lo haría. Sabe perfectamente que ahora mismo Lavi estaría haciendo ojitos y muecas, y Allen —aunque odie admitirlo— aún no es inmune a ellas. No iba a voltear, no iba a verlo, no caería…
—Te lo ruego.
Mierda.
.
.
La vida es corta, un pedazo efímero de alguna metáfora dentro de una novela, quizás no una pieza de arte como le hubiese gustado que fuera su vida; pero no se queja. Suspira breve y le dirige una mirada preocupada al pequeño huevo entre sus brazos.
Nunca creyó que fuese tan difícil se padre, quizás de ahí el rechazo a tomar ese tipo de rol por su estúpido guardián, pero no se arrepiente, a pesar de saber quién es la madre. Allen se encuentra agradecido de tener la oportunidad de experimentar eso, al menos sabrá que hacer cuando tenga a sus propios hijos. Se sonroja al imaginarse a una mujer y niños sin rostro a su lado.
Quiere tener a su propia familia y por fin tener un lugar donde pertenecer.
—¿Crees qué es mucho rosa?
Allen se mordió los labios, aquel cartel era la cosa más rosa que hubiese visto en su vida, ni siquiera creía que a alguna mujer le llegase a gustar del todo, y venga que ellas son las que tienden a usar más ese color. Sin embargo se encontró así mismo asintiendo, entre más rápido terminara mejor.
—Ahora falta repartir los volantes.
Se sintió desfallecer, no creía que a Kanda le hiciera feliz lo que estaba a punto de hacer. No porque se preocupara por él, sino por todo lo que acarrearía la fabulosa idea de Lavi, ¿se noto el sarcasmo?
.
.
—Se sostiene una espada no por el simple hecho de agarrarla, cuando decides tomarla es porque has encontrado algo que defender, un motivo para vivir —dijo el maestro de Kendo, él guardo silencio esperando que el mayor terminara—, sin embargo él aún parece no entenderlo, sigue aferrándose a la absurda idea que sólo va a mejorar entrenando duro —. El maestro le vio a los ojos, tratando de transmitirle al más joven lo que realmente deseaba expresar—. Es una pérdida de tiempo.
Él nunca había entendido realmente el arte de la espada, como le gustaba decir a su amigo; y sí estaba ahí era precisamente por apoyarle. Pero el profesor parecía serio y decepcionado, a pesar de que el otro era campeón regional.
—Por eso nunca logrará ganarle —susurró.
—¿Cómo puedo ayudarlo, sensei?
—Lamentablemente no puedes hacer nada Alma-kun —dijo afectuosamente revolviéndole los cabellos al joven—, es algo que Kanda-san tiene que encontrar por sí mismo.
Alma se mordió el labio, a pesar de las palabras del mayor, él no podía evitar pensar en una forma de ayudar a su mejor amigo. Ver entrenar a Kanda día tras día para alcanzar su objetivo era algo que no podía fácilmente ignorar.
Kanda tenía que ganar las nacionales, ganarle a él.
.
.
Los volantes eran de un rosa chillón, Allen dudaba que eso entrará tan siquiera a los cánones femeninos.
—Por favor sea bienvenido a la sociedad de madres —. Escuchó a Lavi gritar más adelante—. Hoy será la primera junta oficial, yo el secretario oficial y Yuu-chan, nuestro presidente, daremos el discurso de bienvenida.
—¡LAVI!
Allen le dijo a su amigo que no era buena idea hacerlo en la cafetería. ¿Qué flores le gustarían a Lavi para su tumba?
Tbc.
N/a: No tengo perdón, pero sí un montón de excusas, desde exámenes que apenas van a terminar este miércoles y eventos desagradables, pero bueno, no he venido a llorarles ni mucho menos. Pero sí para agradecerles todos los reviews/hits/alertas/favoritos que han puesto a esta historia, estoy a sus pies por seguir leyendo a este bicho.
No voy a decir que actualizaré pronto, como he dicho mi último examen (y a mi punto de vista el más difícil) es el miércoles, además tengo que terminar la tabla de 30 días (Yullen) para 30 vicios, ya viene mi fecha de corte y llevo la mitad (en livejournal), quizás los publique aquí, pero será cuando termine todos.
Espero sigan leyendo .o. ; ahora como soy bitchy dejo lo que sigue:
Cinco segundos de caos.
—No creo que siquiera pueda llegar a tocarme Allen.
—Yo creo que Kanda se ha vuelto bastante fuerte —objetó el peliblanco observando atentamente a la persona frente a él—, pero también creo que tu lo eres.
—Entonces no habrá ningún problema, si te tengo a mi lado nada podría salir mal.
Allen quisiera creer eso, suspiró mientras tomaba sus cosas y partía a la casa de Kanda, tenía que recoger a Tim, antes de que su madre olvidará que era su hijo.
