Titulo: Female Academy

Género: Romance/Comedia/Adolescentes.

Rated: T

Advertencia: Escenas "casi" para adultos. Palabras malsonantes. No lemon (¿Límon?). No Yaoi.

Resumen: Tres amigos de la infancia coinciden al ingresar en una escuela que anteriormente fue exclusivamente para chicas. (Pero a causa de la baja natalidad en Japón cambió a una "Mixta). Al ser los primeros chicos rápidamente son conocidos por las demás féminas, captando el interés de alguna, y el odio de otras. Dramas, Triángulos amorosos, escenas "casi" para adultos, ¡Consejo estudiantil!. [Luffy x ¿?][Zoro x ¿?][Sanji x ¿?]

Disclaimer: Los personajes son exclusividad del Anime/Manga One Piece, cuyo creador es Eiichirō Oda-Sama. Yo sólo expongo al público la historia, junto a dichos personajes, sin ánimo de lucro. Sólo para divertirme un poco.

:-:

Un chico dormía profundamente en una posición que no parecía demasiado cómoda. Anoche experimentó por primera vez el vicioso mundo de los vídeojuegos hasta muy tarde, prácticamente hace un par de horas. Considerando que su hermano mayor era un "pro" en ese campo, no durmió hasta que este fue superado.

Fue hasta ese entonces que descubrió que madrugar era lo peor que había hecho en su vida. La alarma comenzó a sonar, armando un escándalo poco saludable para sus tímpanos. Hizo el intento de tapar sus orejas con la almohada, pero ni aún así. ¡ Apagad ese trasto del demonio !

– ¡ Luffy ! –

Una voz profunda se escuchó tras la puerta de la habitación, avisando al muchacho que luchaba contra el sonido intentando tapar sus orejas con lo primero que pillaba. Sábana, Dedos, Palma de la mano. Pero nada sobrepasaba aquél sonido. La única solución fue mandarlo al carajo.

– ¡ Luffy ! Espero que eso que acabo de oír no sea la alarma. –

El muchacho no tenía intención de salir de la cama, sintiendo su cuerpo demasiado cansado para tal acto. Era el deber contra la vagancia, y sólo dios sabe quién gana la batalla. Se tapó de píes a cabeza, intentando evitar la llamada de su padre.

El hombre supo que su hijo disuadiría cualquier intento de aviso simplemente con la ignorancia, y negó resignado ante aquella actitud perezosa. Hoy era su primer día en la secundaría, y ya estaba matriculado en el más cercano de la ciudad. Ayer estuvo toda la tarde entusiasmado con la idea, pero una noche de videojuegos había acabado con el enérgico Monkey D Luffy.

En un par de manzanas hacía el este, en el segundo piso de una casa clásica de Japón, un muchacho de pelo verde desayunaba con las legañas en los ojos. Recién había sido despertado por su hermana mayor, Kuina. Una chica un tanto bruta para realizar dicho acto.

No sólo había recibido un golpe de karate en la frente, también una señal que estrenaría en su primer día de secundaria. Eso ocurría cuando ignoras la alarma, y despiertas a tu "pobre" hermana karateca.

Mientras maldecía por lo bajo, Kuina ingresaba en la habitación con unos platos cubiertos de sopa de miso, arroz blanco, y un zumo de mandarina. El Desayuno tradicional japonés. Algo que en la actualidad se estaba perdiendo poco a poco a causa de la modernez. La brisa del amanecer envolvía la instancia, gracias a la puerta abierta corrediza que daba al patio interior.

Observó con hambre los platillos, y cogió un par de palillos. Algo que también se estaba perdiendo. ¡ Malditos cubiertos ! Estáis acabando con la tradición de este hermoso país. Hizo ademán de probar el arroz, pero Kuina se lo arrebató.

– Oe, Devuelve...

– Dónde están tus modales. ¿ Acaso no sabes agradecerle a tu preciosa hermana lo que ha preparado con tanto esfuerzo y dedicación ?

Zoro enarcó una ceja. Él sabía que todo el desayuno era precocinado. Pero para que sufrir pudiendo corregir su error en un segundo, y así probar un poco de alimento antes de salir destino a la secundaría.

– Gomen*... ¡Itadakimasu*!

Un chico rubio recogió los platos después de haber desayunado. Vivía sólo, sin contar a su gato. Pero a veces recibía visitas inesperadas de su abuelo Zeff. Gracias a sus dotes culinarios había recibido el desayuno con buen pié, y el fregar los platos era su único obstáculo para ir derecho a la escuela femenina.

Una cara de pervertido se creó en su rostro al comenzar a imaginar a todas las chicas recibiéndolo en la entrada principal. Por fin cumpliría su sueño más buscado. ¡Hacer su propio Harem!

Era un manga de libro. Chico va a instituto femenino sólo y sin nadie, conoce a muchas chicas, todas quedan enamoradas del chico. ¡ jijiji ! Su sueño estaba a un kilómetro de ser alcanzado. Las traería a todas a casa, y las agasajaría con su comida de primera clase.

– Miau (Pervertido) –

Sanji sintió algo peludo enroscarse en sus piernas.

– Eres tu, colega. Siento dejarte sólo unas horas, pero mi harem me está esperando. –

– Miau (Pobre iluso)

– No te preocupes, te he dejado la comida lista. –

Después de dejar todo inmaculado echó un último vistazo en el espejo de la entrada. Aseguró que su aspecto estaba bien arreglado. "Sanji estas cómo un queso" pensó dejando atrás a la casa, y al gato.

– ¡ Miau ! ( ¡ Trae leche !)

Tres jóvenes caminaban en dirección a la escuela sin saber que sus vidas pronto iban a reencontrarse.

En la entrada principal del instituto Merry, varias chicas vestidas con el uniforme del consejo estudiantil se cercioraban de que todos los alumnos cumplían a rajatabla las normas del centro. Sobretodo con el aspecto, y las formas de actuar.

Allí firme cómo una roca e imponiendo respeto, se encontraba la presidenta. Su pelo negro caía suelto y perfectamente peinado, su belleza quedaba enmarcada en los pensamientos de las chicas que ingresaban al campus.

– Cero chicos a la vista, Hancock-San –

La mujer siguió impertérrita en su sitio, estudiando con determinación al alumnado. La chica rubia volvió a su puesto después de haberle proporcionado aquella información. La presidenta no estaba muy contenta con la decisión que había tomado el director de la secundaria. Odiaba a los chicos por varias razones. Son sucios, Pervertidos, Brutos, creídos, y un sin fin de calificativos negativos hacía aquél repugnante género. Ahora más que nunca adoptaría la postura de una presidenta estricta y sin ningún punto débil.