Disclaimer: The Legend of Zelda Ocarina of Time es propiedad de Nintendo.

THE LEGEND OF ZELDA

OCARINA OF TIME

Por LinkAnd06

Capítulo 5: Kakariko

El Alba cubría los cielos de la ciudadela, dando anuncio al amanecer de un nuevo día. Muchos Hylians ya habían despertado, en esos momentos se encontraban preparando sus puestos de trabajo, mientras que otros solo disfrutaban de la mañana. Una niña en específico, que usaba un vestido amarillo recién salía de su casa junto a su cucco mascota, este cacareó a los cuatro vientos para despertar a los dormilones, lográndolo.

-Jeje, vamos a jugar Cuquito- Le dijo la niña a su Cucco. El ave asintió con su cacareo, pero luego volteó hacia una dirección diferente, mirando a los pies de un árbol solitario, donde aún dormía profundamente un niño vestido de verde. Enojado por no verlo despierto, corrió hacia él, sorprendiendo a su dueña -¡¿A dónde vas?!

Link aún se encontraba dormido, pues su aventura de ayer, más el esfuerzo utilizado para jugar con la Princesa durante la noche lo había agotado. A su lado se encontraba su compañera, dormida dentro del gorro verde que caracterizaba, al chico.

De repente el joven sintió un peso extraño sobre su torso, por lo que abrió lentamente sus ojos, veía a un ave blanca muy cerca de su cabeza, ni tiempo tuvo para reaccionar...

¡KIKIRIKIRIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

-¡Ahhhhhhhhhh!- El rubio brincó por la sorpresa, poniéndose de pie y pegándose de espaldas al árbol. Miró fijamente al recién aparecido animal que lo despertó, que lo miraba a los ojos, notando maldad en ellos... O eso le pareció ver.

-¡Cuquito!- El joven volteó a la dirección de esa voz, era una niña más joven que él -¿Qué haces aquí, que no ves que es peligroso ir solo por ahí como si nada?- El susodicho reprochó con un cacareó y se fue corriendo. La niña encaró al joven -Lo siento, de veras, el nunca hace caso- Se disculpó antes de perseguir a su mascota -¡Cuquiiiii!

Link la observó alejarse entre la multitud que empezaba a salir, ¿Qué acababa de pasar?

La sílfide que ni siquiera se había inmutado despertó, empezó a volar y se colocó frente a su amigo -¡Buenos días Link!- Le dijo alegremente -¿Cuánto tiempo llevas despierto?

El espadachín agitó su cabeza para salir de su impacto -Hace poco, me despertó un Cucco... ¿Cómo no te despertaste?- Le preguntó alzando una ceja.

-Estoy acostumbrada a cualquier sonido de la naturaleza- Explicó -Además un cucco no es nada si lo comparamos al gritó de niña de hace poco- Agregó, mirando por todas las direcciones para saber de dónde provenía dicho escándalo.

El joven bufó -Bueno, debería buscar algo para desayunar, espero vendan algo fresco por aquí- Dijo mientras caminaba hacia la ciudadela, seguido de la sílfide.

Navi negó con su cuerpo -Si de verdad buscas fruta fresca, ¿No deberías buscarla en los árboles?

-Sí, pero quiero probar la de algún puesto- Aseguró sonriendo -Espero no arrepentirme...

La sílfide rió para sí misma, sin duda sería una larga mañana antes de partir.


En el castillo de Hyrule, el amanecer era diferente, a esas horas la mayoría de los habitantes seguían dormidos, la única excepción eran la Princesa y su tutora, que ya llevaban un rato despiertas. En estos momentos ambas se encontraban sentadas sobre una mesa en la biblioteca, donde todos los días la Princesa debía leer libros sobre Hyrule de cualquier tipo, en estos momentos era uno sobre la vegetación, se le veía interesada en el tema.

Zelda llevaba puesto un vestido de color blanco, y en esta ocasión no usaba su gorro, en cambio la Sheikah usaba un traje parecido al que usaba el día anterior.

La guerrera permanecía en silencio todo el tiempo, pues solo debía asegurarse de que su protegida estudiara por lo que no le quitaba el ojo de encima por largo tiempo.

Toda la estancia permanecía en silencio, solo se escuchaban las respiraciones de las presentes.

-Es increíble la cantidad de paciencia que llega a tener Impa- Pensó la Princesa, mientras leía su libro -Es como si ya estuviera acostumbrada a esperar tanto tiempo cualquier cosa- Agregó entrecerrando los ojos, ya iba por la catorceava página de ese día, donde llegó a conocer varios tipos de flores -¿Habrá visto Link alguna de estas?

Se quedó pensativa unos momentos, hasta que su institutriz la sacó de sus pensamientos.

-Princesa- Esta le encaró -Debo salir un momento, esta es la hora que tu padre se despierta y siempre tiene algo que decirme- Explicó rodando los ojos, sacándole una pequeña risa a su protegida -Ya vuelvo.

La regente vio como Impa se iba por la salida de la estancia. Al verla alejarse suspiró, mientras se recostaba en la silla -Al fin un pequeño descanso- Cerró los ojos, sonriendo. Ya llevaban una hora allí y no podía descansar normalmente hasta terminar, o cuando leía algo muy complejo aunque raras veces descansaba por eso, prácticamente le era fácil leer cualquier escrito.

Pensó en su amigo, ¿Ya se habría ido a ver a los Gorons? ¿Estaría bien? Se preguntaba Zelda un poco preocupada, pero sabía que no podía hacer nada después de todo, era algo que debía hacer por su reino, además de que él acepto sin dudarlo.

Lo único que podía hacer por los momentos era cuidar su sagrado instrumento, el cual sacó de su bolsillo, acomodó en sus piernas y lo miró detalladamente. Era una Ocarina azul de siete agujeros, con el símbolo de la Trifuerza en el soplador.

-La Ocarina del Tiempo...- Susurró para sí misma -No dejaré que le pase nada, Link- Pensó mientras una sonrisa se le marcaba en el rostro.

Zelda estaba tan concentrada en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando la persona que menos esperaba había entrado a la habitación y se colocó frente a ella.

-Princesa, que sorpresa verla por aquí- Dijo sarcásticamente, dejando de piedra a la regente, que rápidamente ocultó el instrumento detrás de ella.

-Ga... Ganondorf...- Dijo la joven simplemente, nerviosa por su aparición.

El gerudo rió mordazmente -Oh, lamento asustarte, no era mi intención- Se disculpó sarcásticamente. La Princesa sabía que él estaba fingiendo, pero lo mejor era que el villano creyera que la estaba engañando, por lo que cambió su semblante a uno más serio.

-¿Qué es lo que quieres?- Preguntó tratando de no sonar nerviosa, pues aún tenía la Ocarina oculta detrás de ella.

-Solo pasaba por aquí, tu padre está muy ocupado para hablar en este momento- Explicó seriamente, mirando por la ventana.

Zelda aprovechó la desviación de su mirada y guardó el sagrado instrumento en su bolsillo, luego se levantó de su asiento y adoptó una posición autoritaria.

-Lo siento, pero yo también tengo cosas que hacer. Le pido que por favor se vaya de esta sala- Le ordenó firmemente, era la Princesa, podía mandarle si quería... De momento.

El pelirrojo rió sarcásticamente -No se por qué no me tienes confianza, princesita- Cerró los ojos y negó con la cabeza sonriendo mordazmente.

-A diferencia de mi padre, yo no conozco tus intenciones, además ¿qué conseguirías uniendo fuerzas con la realeza de Hyrule?- Preguntó evitando decir directamente su presentimiento.

-Lo que hago es por el bien de mi pueblo- Aseguró -El clima del desierto es desgarrador todo el tiempo, solo quiero que sientan la calidez de las praderas y la calidad de vivir en un lugar de clima seguro.

La regente no supo que responder, tenía buenas razones para hacer aquel trato, ahora sabia porque su padre quería aceptarlo y en cierta manera ella también lo aceptaría por eso. Pero la mirada y esencia del Gerudo eran contradictorias. Por un lado parecía decir la verdad, pero por otro solo usaba sus palabras como excusa para acercarse al castillo, y seguramente conseguir la Trifuerza. Pues él también poseía enormes deseos de Poder., además de su colosal aura maligna.

El pelirrojo suspiró -De acuerdo, de todos modos no tengo nada que hacer aquí- Se dirigió hasta la salida -Ya nos veremos Princesa.

Zelda suspiró de alivio, logró sacar a su enemigo de su presencia con la Ocarina a salvo. Sus palabras le dejaron un poco confundida, pero de todas formas no había marcha atrás, él quería dominar Hyrule y para nada iba a permitirlo, así fuese lo último que hiciera.

Un extraño ruido resonó en toda la sala, sorprendiendo a la Princesa, quién colocó sus dos manos cubriendo su boca.

-¿Quién anda ahí?

A varias estanterías de donde se encontraba la regente, estaba una figura oculta entre las pocas sombras de la habitación, buscando un libro. Gruño por su descuido, pero le sorprendió que ella le escuchará, aunque antes ni sabía que se encontraba allí.

-Debo buscarlo rápido...- Susurró para sí mismo, buscando en la sección exclusiva para la realeza, que se encontraba en las estanterías altas de la biblioteca. El sujeto estaba literalmente escalando el enorme estante.

La Princesa caminó hacia el lugar de origen de aquel ruido, notó que un libro había caído al suelo, si alguien buscaba en esa sección sin permiso se metería en problemas, pero le daba curiosidad saber de quién se trataba, aunque también le daba nervios, nunca vio a nadie pasar desde que ella entró a la estancia.

-No... No... ¡NO!- Pensó el infiltrado, buscando el libro, totalmente angustiado a estado buscándolo toda la noche desde que dejó de espiar a aquel muchacho verde, que de alguna forma era capaz de escucharle y quizás verle. Si su teoría era cierta, la Princesa también podría sin problemas.

Zelda estaba más cerca de llegar a la sección. Si durante sus estudios no vió pasar a nadie, seguramente ya llevaba en la sala mucho tiempo, ¿Habría escuchado su conversación?

-Extremos de Hyrule... Tierra Dorada... Escrituras del Cielo... Origen del Reino- Leyó mentalmente al pasar por cada libro, sin éxito en el que buscaba -¡¿Pero qué tanta historia tiene este maldito reino?! A este paso no sería extraño encontrar el relato de los Titanes- Pensó harto de no acertar con su objetivo. Poco después paró en seco, mientras empezaba a sonreír mordazmente al finalmente encontrarlo- Mudora...

Rápidamente sacó un extraño artefacto de su cinturón, presionó su centro iluminándose de azul, y lo colocó sobre el dichoso libro, al hacerlo, lanzó una extraña luz celeste que lo cubrió por unos segundos, hasta que finalmente se apagó. El sujeto sonrió, riendo para sí mismo.

-Completado...

Finalmente, la regente llegó al pasillo donde escuchó aquel ruido.

-¿Hola?- Preguntó la Princesa mirando de izquierda a derecha en la entrada, luego miró el libro que antes había caído y lo tomó, sorprendiéndose al leer su nombre -El Templo del Tiempo...

Un libro que cayó de repente a su derecha la sacó de sus pensamientos, distrayéndola unos instantes. Cortesía del incógnito invitado.

-Jeje, que fácil, entonces sí puede escucharme... Pero tengo una misión más por hacer- Sacó una esfera del bolsillo de su pecho, se soltó de su agarre y cayó detrás de la Princesa, pero antes de que esta girara lanzó su objeto contra el suelo iluminando la zona con una extraña luz por unos segundos, cegando a la princesa momentáneamente, quien ahogó un grito por la sorpresa.

-¡¿Qué fue eso?!- Miró nerviosa por todas las direcciones, pero no logró encontrar nada. Suspiró -Debí imaginármelo, solo estoy un poco nerviosa por la situación- Se explicó a sí misma. Observó el libro que tenía en sus manos, podría ser de gran ayuda. Caminó de regreso a su puesto de estudio, con el libro en sus manos, solo le quedaba explicar a Impa por qué lo necesitaba.

Tomó de nuevo el libro sobre la vegetación y lo siguió leyendo, quería distraerse de la situación un rato.


-¡Pero si te di las rupias exactas!

Le aseguró el joven al vendedor que se negaba a venderle la manzana, porque según él le faltaban rupias.

-¿Me crees tonto? ¡La Manzana cuesta catorce rupias y solo me diste doce!- Exclamó el propietario, furioso con el muchacho por no pagar completo.

-Pero el letrero dice "Doce Rupias, una Manzana"- Le aseguró señalando dicho objeto -Si dices la verdad, ¿Por qué hay otro número?

El vendedor se cubrió el rostro y dio un largo suspiro, en efecto los precios habían subido un poco ese día, no había tenido tiempo para actualizar su anuncio. Estaba a punto de contestarle al chico, pero una mujer apareció a su lado colocando dos rupias verdes al frente suyo.

-¿Contento? Ahora si déjelo en paz- Advirtió firmemente la Sheikah, dejando enmudecido al propietario que solo asintió con la cabeza.

-¡Impa!- Dijo Link sorprendido, al verla aparecer de la nada y defenderle. Esta le dio una señal para que le siguiera, sin dudarlo la siguió.

La guerrera le sonrió -Hola chico del bosque.

-¿Cómo supo que estábamos en este lío?- Preguntó curiosa la Sílfide, volando sobre ambos.

-El Rey me mandó a buscar un recado que se había retrasado, y como estaba de regreso pasé cerca del puesto, los reconocí y les ayudé- Explicó serenamente. Navi asintió entendiendo.

El joven se extrañó un poco por lo que dijo -¿Y Zelda? ¿cómo está?- Preguntó un poco confundido. La sílfide rió un poco por la pregunta.

La Sheikah cerró los ojos y sonrió -¿Qué tanto te interesa tu Princesa?- Preguntó sarcásticamente, le había preguntado lo mismo a Zelda en la mañana, ella se había puesto nerviosa, ahora quería ver la reacción del joven.

Link se puso nervioso, no sabía que responderle, por lo que solo se rascó la nuca cabizbajo. No se esperaba para nada esa pregunta, pero más bien no sabia que decirle.

-Tranquilo, no tienes porqué responderme ahora- Le aseguró, luego se puso seria -Ella está bien, la dejé sola a la en la biblioteca del castillo estudiando, casi nadie de allí está despierto a estas horas, por eso el Rey me pidió el favor a mí.

-Ya veo- Dijo el espadachín preocupado, ¿Y si Ganondorf seguía allí y la encontraba? Preferiría no imaginárselo, esperaba que él se encontrara dormido.

Continuaron su caminata hasta la salida del castillo, pues ya era hora de que el joven continuara con su misión.

-Bien, llegamos a la salida de la ciudadela- Aseguró Impa sacando al joven de sus pensamientos, luego encaró al chico- Debes ir a Kakariko, por allí podrás llegar a la montaña de la muerte, espero hayas guardado la carta de la Princesa...- Advirtió lo último.

-Descuida, la tengo conmigo- Le dijo sonriendo -Gracias Impa, por ayudarme.

-No hay de que, bueno, debo volver con la Princesa. Contamos contigo Link- Se despidió mientras regresaba al interior de la estancia.

El espadachín suspiró, ya era hora de seguir su aventura, no sabía que encontraría ahora, pero lo que si sabía es que no iba a detenerse por nada, le prometió a Zelda que juntos completarían el destino de detener a Ganondorf, y así sería.

¿Pero dónde queda Kakariko?

-Debemos ir hasta el volcán- Señaló dicha montaña con su cuerpo, explicándole al joven -Hay un pueblo a sus pies, seguramente sea aquél que nos dijo Impa. ¡En marcha!- voló hacia esa dirección. Dejando a su amigo atrás.

Link corrió para no perderla de vista -¡No de nuevo Navi, espérame!- Le gritó persiguiéndola, esperando no quedarse atrás. Esperaba que de verdad esa fuera la dirección.

Ninguno de los dos notó al misterioso joven que los miraba desde las sombras. Sonriendo mordazmente.


Tras dos horas de largo recorrido, atravesar el puente y recorrer el estrecho camino, Link y su compañera llegaron a Kakariko, el pueblo era más grande que el de los kokiri, pero más pequeño que la ciudadela. Solo podía divisar unas pocas casas alrededor, un molino al frente con un pozo de bajo de este, y un árbol solitario en el centro de todo el lugar.

Un grupo de hombres corrían hacía donde el rubio se encontraba, estaban huyendo de algo.

-¡A un lado!- Gritaron los susodichos al unísono.

El joven rápidamente se apartó del camino, dejándolos pasar. Cuando todos finalmente pasaron, apareció un hombre más viejo que parecía perseguirles.

-¡Imbéciles, vuelvan aquí!- Gritó mientras movía su puño derecho -¡Le prometimos a Impa completar las construcciones, no huyan!- Y continuó siguiéndolos.

-¿Que rayos pasó?- Preguntó el joven.

-Son los constructores queriendo flojear de nuevo- Dijo simplemente un guardia cercano, riendo un poco.

-Ya veo- Encaró al soldado -¿Qué lugar es este?

-Estas en Kakariko, un pueblo fundado por la señorita Impa, anteriormente aquí vivían los Sheikah, pero cuando estos se extinguieron, ella decidió abrirlo para cualquier habitante del reino- Respondió con devoción, mirando el letrero del pueblo que decía el nombre de este.

-Vaya, y yo que solo conocía el bosque todos estos años- Admitió asombrado.

-¿Pues que esperamos? ¡Vamos a ver que hay por aquí! Debemos buscar el camino a la montaña de la muerte- Aseguró la pequeña hada, Link le asintió antes de adentrarse al pueblo.

El guardia los vio alejarse, mientras tatareaba el sonido del reloj, algo que le gustaba hacer al estar parado todo el día.

-¿Cómo es que llegaste a conseguir este trabajo?- Se preguntó el sujeto, mirándole de frente extrañado, no tenía preocupaciones este de todas formas no podía verle. Luego miró hacia el pueblo -¿Un antiguo pueblo Sheikah dices? ¿Estará aquí lo que busco?...


Alejados de la entrada, el espadachín miraba los alrededores del pueblo durante su caminata, era más tranquilo que la ciudadela debía admitirlo, notó que varias casas seguían en construcción seguramente por culpa de los flojos constructores, frente a una se encontraba un señor gritando "Son todos unos inservibles" mientras hacía unos movimientos con sus brazos.

Divisó el pozo del pueblo el cual le causó curiosidad, este se encontraba lleno, pero tenía un presentimiento de que algo o alguien se encontraba allí. Lo miró por varios segundos hasta que un grito lo sacó de su trance.

-¡Mis Cuccos! ¡Qué hago ahora!

Inmediatamente, el ojiazul buscó el origen de aquel gritó el cual provenía de un camino a su derecha el cual decidió encontrar.

Al llegar al origen, se dio cuenta que provenían de una mujer, que gritaba dichas palabras cada ciertos segundos, era pelirroja y usaba un vestido sencillo blanco con una chaqueta sin mangas marrón y la falda azul. El joven se acercó a ella.

-¿Señora, qué pasa?

Esta miró al rubio -Perdón por gritar, pero es que mis cuccos huyeron del corral, y los necesito para poder trabajar- Explicó tratando de sonar calmada.

-¿Y por qué no los buscas?- Preguntó curiosa la sílfide.

La pelirroja bajó la mirada, apenada -Es que soy alérgica a ellos...

Link y su compañera quedaron estupefactos,

-¡¿Qué?!- Gritaron al unísono.

-Sí, es por eso- Se rascó la mejilla.

El joven sacudió su cabeza -Bueno, no importa, yo los buscaré- Le confirmó con determinación, siempre estaba dispuesto ayudar a quien lo necesitara.

-Muchas gracias, niño- Le agradeció sonriendo, este le asintió antes de comenzar su búsqueda.

-Uf, algo me dice que tardaremos en continuar la misión- Negó la sílfide con su cuerpo mientras seguía a su amigo -Bueno, así es él.

Link buscó por los alrededores del pueblo, logrando encontrar tres cuccos cerca de una construcción, se acercó a las aves ofreciéndoles semillas Deku, estaba nervioso pues esa mañana no tuvo una buena experiencia con uno de estos animales.

Las aves aceptaron su oferta, gustosamente. Al ver que funcionó su plan dejó un camino de semillas para que estos le siguieran, lo cual no tardaron en hacer, gracias a la bolsa que le regalo Zelda, ahora podía guardar más unidades.

Cuando llegó a atraerlos hasta el corral, tomó con cuidado a uno por uno y los metió a este.

Link suspiró, fue un poco pesado asegurar que le siguieran- ¿Son todos?

-No, aún queda uno- Le aseguró apenada.

-¿Quieres que lo busque? Puedo sentir su energía- Le dijo Navi a su amigo, este le asintió, no quería retrasarse mucho. La sílfide se concentró unos momentos, hasta finalmente detectar al ave -Se encuentra hacia el Sur, ¡Por aquí!- Se dirigió hacia las escaleras seguida de su compañero.

Al subir las escaleras, vieron que se encontraba una salida del pueblo, que llevaba a una zona más rocosa, pero una reja bloqueaba el camino, junto a un guardia. Al frente de él se hallaba el último cucco.

-La entrada a la montaña de la muerte- Dijo Navi alegremente -Llevemos rápido el cucco para ya irnos, Link.

-De acuerdo- Confirmó sonriendo, mientras tomaba al ave y regresaba al corral.

El guardia de la entrada los vio alejarse, se quedó pensativo un momento, pues recordaba ciertas palabras que escuchó de la Princesa en una de sus visitas a la ciudadela. Eran sobre una luz verde junto a un hada. ¿Sería solo una coincidencia?

Link finalmente metió al último cucco en el corral, alegrando a la dueña de dichas aves.

-¡Gracias por la ayuda!- Dijo sonriente con los brazos en jarra -Normalmente mi hermano se encarga de eso, pero no sé dónde está. Bueno, quiero darte esto como recompensa- Le extendió una mano, ofreciéndole una botella vacía. La cual aceptó.

-Me será útil- Agradeció asintiendo.

-Bueno, ya la ayudamos, ahora debemos continuar- Aseguró la pequeña hada.

El joven le asintió, regresaron a la entrada de la montaña de la muerte, el guardia los miraba fijamente. Link no esperaba tener que pasar por la misma situación del castillo, aunque si ese fuera el caso de todas maneras tenía la autorización de la Princesa.

-¡El camino está cerrado!- Dijo el soldado fuertemente -¿No ves el cartel de ahí?- Le señalo a dicho objeto.

El ojiazul miró el cartel, decía que solo se podía pasar con autorización real. Sonrió tras leer lo último desde el día de ayer tenía dicha confirmación.

-¡Oh, ya entiendo! Eres solo un niño y no sabes leer- Estalló en carcajadas, el joven lo dejó reír todo lo que quisiera, ya le mostraría la carta después de todo. Aún se preguntaba cómo estos señores conseguían este trabajo...

Cuando el soldado dejo de reír le extendió la mano sujetando con la carta.

-¿Te refieres a esta?- Preguntó sonriente.

El soldado alzó una ceja tras tomar el papel -¡Es la letra de la Princesa Zelda!- Exclamó sorprendido -No tengo duda de que lo sea. Vamos a ver que dice:

"Este es Link

Está bajo mi mando para salvar Hyrule.

Tiene la autorización para pasar a cualquier lugar que la requiera.

No puedo dar más detalles..."

-Zelda, la Princesa de Hyrule.

El guardia rió un poco al terminar de leer -¿Qué clase de juego se le ocurrió ahora a nuestra Princesa?- Preguntó burlonamente.

-Es complicado...- Explicó la sílfide -Pero en serio debemos pasar...

El señor puso una mano en su mentón pensativo -Bueno, si de verdad eres un héroe, ¿podrías hacerme un favor? Si lo cumples te dejare pasar.

-De acuerdo ¿Qué favor?- Preguntó el ojiazul.

Su compañera suspiró, algo le decía que ese día tampoco llegarían a la montaña. Pero después de todo debía seguir a su amigo sin importar qué.

-Mi hijo se la pasa todo el día en el cementerio- Explicó -Cada vez que regresa a casa, siempre nos dice que ve unas extrañas sombras entrar a una tumba. No dudamos que existan fantasmas en este mundo donde hasta existe un pueblo de puras mujeres- Aseguró negando con la cabeza y sonriendo maliciosamente. Dejando confundido al rubio, e incomoda a la sílfide. -Bueno, solo quiero que vayan a ver si es verdad lo que dice y si pueden ayudarlo con el problema. Solo así me demostraran que la Princesa no se equivoca.

Link se molestó ante ese comentario -¿Insinúas que ella está mintiendo?

-¡No lo digo yo!- Aclaró -Son órdenes del Rey, nos especificó que no le hagamos caso a la Princesa, a no ser que lo que nos ordene, sea verdad y nos lo demuestre. Aunque no sé por qué nos ordenó esto, ella no parece una niña mentirosa- Explicó dudoso de las palabras que había escuchado.

-¿Qué clase de padre trata así a su hija?- Insinuó Navi, molesta con el susodicho Rey.

Link no supo que decir, parecía que el problema de Zelda con su padre era peor de lo que imaginaba, aunque no sabía lo que era tener un padre. Apretó sus puños, no sabía por qué, pero le molestaba que trataran así a su amiga, si debía demostrar que ella decía la verdad, obviamente lo haría sin dudarlo.

-¿Dónde queda el cementerio?- Preguntó seriamente, sorprendiendo a su compañera y al guardia.

-Se encuentra siguiendo recto desde la entrada del pueblo, a la derecha del molino, detrás de la casa de Impa y el corral de cuccos de Anju- Señaló la dirección.

El joven se giró para ir hacia allá -Ya regreso, ayudaré a su hijo- Aclaró antes correr hacía el cementerio, seguido de su hada.

El guardia tras verlo desaparecer entre la poca multitud, entrecerró los ojos -Algo me dice que ella es más que una Princesa para ti, demuéstrame que de verdad te importa...


Un rato después, tras seguir las indicaciones del guardia, Link llegó hasta la entrada del cementerio. El ambiente parecía un poco tenebroso, la entrada era parecida a la del pueblo solo que esta decía "Cementerio" en el enorme cartel.

Entraron por dicha entrada, habían tumbas por todas partes dándole un poco de escalofríos al joven por la tensión que había en el ambiente. Se detuvo frente a una enorme lápida que se encontraba en el centro del lugar. La sílfide decidió leer lo que decía.

"Q.E.P.D

Aquí yacen las almas de quienes juraron lealtad a la Familia Real de Hyrule.

Los Sheikah, guardianes de la Familia Real y fundadores de Kakariko, velan a estos espíritus en su descanso eterno."

-Sheikahs... ¿La raza de Impa?- Preguntó el ojiazul a su compañera.

Esta asintió –Sí, esa misma, hace años habían bastantes de ellos, pero muchos reinos vecinos querían apoderarse del reino, a tal punto de iniciar catastróficas guerras. Los Sheikahs no lo permitirían, su deber con el reino les hizo participantes de dicha batalla- Explicó seriamente -El Árbol Deku también velaba por ellos... todos los seres del bosque que sentimos aquella enorme pérdida de energía, velamos por ellos- Finalizó cabizbaja, no podía olvidar ese trágico día.

El rubio bajó la mirada -Ya veo... Esto es justo lo que Zelda quiere evitar, que Hyrule tenga otra desgracia como esta, y eso ni ella ni yo queremos que suceda- Dijo firmemente, recordando a su amiga y a su enemigo venido del desierto.

La sílfide lo miró fijamente, se mostraba decidido a completar su misión, algo totalmente distinto a como se veía el día de ayer, dudoso si era el indicado para el peso de ese destino.

Link quedó pensativo tras sus palabras, solo le nacieron decirlas, a pesar de que nadie llegó a aceptarlo en toda su infancia, él para nada iba a dejar que algo malo les pasara a todos, menos a Saria que era su única amiga en el bosque, ni a Zelda... la que si llegó a aceptarlo como era.

-Disculpe, ¿quién eres?- Escucharon detrás de ellos.

El rubio volteó encontrándose con un niño más joven que él, de cabello castaño, ojos azules, usaba una camisa blanca, con un short azul y botas marrones. Llevaba un palo en su mano derecha, seguramente lo usaba como arma.

-Soy Link, he venido por petición de un soldado, acerca de su hijo y fantasmas- Respondió simplemente.

-Ese soy yo- Aclaró, golpeando su pecho con la mano que tenía libre -Es cierto, a ciertas horas por aquí aparecen fantasmas. Siempre molestan al señor Dampe, impidiendo que él haga su trabajo- Agregó cabizbajo.

-¿Y cómo se veían esos fantasmas?- Preguntó Navi, ya tenía una idea de cómo podrían ser.

-Eran... Grandes, y... y tenebrosos. Como sea, están dentro de aquella tumba- Señaló a las últimas dos tumbas, que se encontraban al límite del cementerio -Como me gustaría verme más tenebroso, solo así los espantaría.

El espadachín tuvo una idea con esas últimas palabras, no pudo evitar esbozar una media sonrisa -Iremos a revisar- Aseguró -¡Ya regresamos!- Se despidió mientras se dirigía a las dichosas tumbas.

Al acercarse notaron una enorme lápida entre ambas tumbas, el joven curioso se acercó a leerla.

¨Panteón Real

Donde descansan en paz las ya fallecidas generaciones de la Familia Real de Hyrule.

-¡Link, estás sobre un símbolo de tres triángulos!- Indicó la Sílfide.

Al bajar la mirada el susodicho, lo notó, era el símbolo de la Trifuerza, el emblema del castillo de Hyrule.

-¿Ahora qué?- Pensó en voz alta la pequeña hada.

Link miró el símbolo por unos momentos, si ese era el emblema de la Familia Real, tal vez tendría que hacer algo relacionado a esta.

Recordó unas palabras que le había dicho Impa, cierta nana que le enseñó probaba su relación con la realeza. Sin dudarlo ni un instante, sacó la Ocarina de las Hadas de su alforja y la colocó en sus labios. Empezó a entonar la Nana de Zelda, aquella melodía que representaba a su amiga.

Naví se relajó con la entonada, sin duda sus notas eran muy poderosas.

Cerca de ellos, estaba expectante el hijo del soldado, curioso por lo que intentaba aquel joven de verde, que terminó de tocar el instrumento.

El cielo comenzó a oscurecerse, dejando confundidos a los presentes. Empezó a llover, alrededor de todo el cementerio, mojando toda la zona.

Un rayo cayó sobre la lápida real, sobrecargando la estructura, sorprendiendo al espadachín que ni tiempo tuvo para reaccionar.

¡BOOOOOOOM!

-¡Ahhhhhhhhhhh!- La explosión lo sacó volando varios metros atrás, cayendo sobre el niño del cementerio que se había asombrado ante tal escena.

-¡Link!- Se acercó a su amigo, preocupada.

Este se levantó sacudiendo su túnica, totalmente sorprendido -Impa no mentía con lo de poder misterioso- Aseguró rascándose la nuca, riendo.

-¡Ay, oye eso dolió! ¡Ten más cuidado!- Le gritó el pequeño niño, sobándose la cabeza.

-Uy, lo siento- Se disculpó apenado el joven.

Navi se colocó entre ellos -Bueno, supongo que debemos entrar por allí- Le explicó, señalando detrás de él.

El ojiazul volteó a donde antes se encontraba la lápida, en su lugar ahora había un agujero con unas escaleras, simulando un pasaje secreto. Se acercó a la entrada, seguido de su compañera y el niño.

-Siento una extraña energía adentro, deben ser espectros- Agregó, confirmando las anteriores palabras del niño.

-Vamos- Dijo sonriendo, dispuesto a superar esto, empezó a adentrarse al pasadizo, seguido de sus acompañantes.

-Iré contigo, quiero ver cómo los derrotarás- Aclaró el pequeño chico, agradecido con el rubio. Este le devolvió la sonrisa asintiendo. Aceptando su compañía.

Navi decidió ir al frente, pues al estar muy oscuro su tenue luz serviría de linterna.

Los tres rezaron silenciosamente deseando no tardarse demasiado...


La luz del ocaso iluminaba el pequeño pueblo de Kakariko, específicamente en cierta casa que se encontraba alejada de las demás, que poseía una Trifuerza de adorno arriba de la puerta. Un guardia parecía vigilar la entrada, aunque en realidad se encontraba dormido con los ojos abiertos. Dicho acto hizo que el extraño presente riera para sí mismo.

-Estos guardias sí que son especiales- Aseguró negando con la cabeza el incógnito, sonriendo.

Él no tenía preocupaciones, aunque el soldado siguiera despierto no podría verle después de todo, se acercó a la puerta de la casa y tomó la perilla, pero antes de abrirla miró atrás suyo esperando que nadie le viera pasar. Tras no visualizar a ningún curioso, entró.

Dentro de la casa, visualizó sus alrededores, tenía una forma rectangular, habían varias estanterías en los costados, varios dibujos en las paredes, frascos de experimentos por alguna razón. Y una vaca en una pequeña zona que disimulaba un establo, cerrado.

-Bien, aquí antes vivió una Sheikah, no sé cuál exactamente. Espero tenga algo que me sirva de ayuda- Sonrió mordazmente mientras buscaba en cada rincón del lugar, evitando hacer desorden.

En las estanterías solo encontraba libros que parecían tener años de no abrirse, algunos dibujos con armas extrañas, leyendas antiguas y algún que otro libro sobre los supuestamente extintos Sheikahs. A la derecha había un solitario baúl, que llamó la atención del invasor.

Se acercó al objeto, rompió la cerradura con su kunai y buscó dentro de dicho cofre -Diario, kunais, alforja... ¿Un hada embotellada?- Se preguntó al tomar dicha botella con la dichosa criatura, pero lo que más dudas le causaba era el color de la sílfide.

Era un turquesa con bordes purpuras, y poseía un diseño curioso en las alas, que eran negras con líneas rosa brillante. El brillo que dejaba a su paso era entre el rojo y el morado. Se veía fabulosa en cierto sentido, debía admitirlo.

Con cuidado colocó la botella a un lado, esperando que el hada no se hubiera dado cuenta del cambio de posición de su prisión de cristal.

-¡¿Oye, por qué me dejas aquí como si nada?!- Regañó la susodicha criatura, furiosa con el extraño sujeto. Tomándolo desprevenido.

El tipo la miró anonadado -¿Puedes... verme?- Tartamudeó, sin salir de su sorpresa.

-¡Claro que puedo verte, señor descolorado!- Aseguró furiosa -¡¿Por qué motivo no podría verte?! ¿Me crees ciega?- Agregó seriamente.

El sujeto bajó la mirada, frustrado. Ya era el tercer ser viviente que podía verlo, le pareció común con los ungidos, pero esta hada... Lo tomó desprevenido.

-Se supone... Que nadie debe verme... No puedo decirte por qué- Le respondió seriamente.

-¿Por qué estás descolorado?-

El invasor sonrió mordazmente, bajando la mirada mientras cerraba los ojos. Por alguna razón que él sabía, no mostraba un color natural en su piel, ni en su ropa, siendo ambas de color gris, solamente sus ojos eran normales, rojos como la sangre.

-Por el mismo motivo que no te puedo responder la anterior- Rió profundamente, abrió uno de sus ojos y miró fijamente a la cautiva -¿Por qué tu color es tan... Extraño?

La prisionera negó con la cabeza, suponía que debía contestarle después de todo él respondió a sus preguntas -Me llamo Rygan, antes era un hada común como cualquiera del bosque. Mi mas grande deseo era ser una Gran Hada algún día...- Bajó su mirada -Pero... tu raza...

El hombre suspiró, efectivamente sus ropas delataban su origen, el símbolo del centro de su torso específicamente. Además que el color rojo de sus ojos complementaban dicha suposición.

La sílfide le encaró, dispuesta a seguir con su relato -Me usó para sus extraños rituales...- Su voz comenzó a sonar más fría -Me... Torturaron... solo para... jeje- Rió de forma extraña – Descubrir ciertos secretos... Secretos que no deberían saber... Aquél odio que permanece sellado por las Diosas.

El infiltrado sonrió -Así somos nosotros... Bueno algunos...- Aclaró, tomó la botella con su mano izquierda y agarró la tapa con la derecha -Te liberaré, sé lo que se siente ser tratado como objeto- Abrió la botella liberando al hada -Y también la ambición de querer ver sufrir a los demás.

Rygan salió de su prisión sorprendida, revoloteaba alegremente -¡Gracias sombrita! ¡Soy libre!- Agradeció alegremente.

El sujeto se levantó y le dió la espalda a la recién liberada -Bueno, debo seguir mi búsqueda- Caminó a otra estantería cercana.

La rojiza hada se acercó a él -Deja que te ayude, estoy en deuda contigo- Aseguró sensualmente. Confundiendo al incógnito por su tono de voz.

-De acuerdo...- Aceptó dudoso -Pero solo no delates que puedes verme- Aseguró seriamente mientras buscaba en el estante.

-No, no lo haré, presiento que algo muy peligroso pasaría- Aclaró buscando por arriba -¿Cómo te llamas?

-No puedo decírtelo- Buscó en la estantería con su mirada.

-¡Ay por favor!- Bufó harta de tanto misterio -Si tan misterioso quieres ser te llamare Sombrita, jeje- Insinuó riéndose mientras revoloteaba alrededor de su acompañante.

El recién apodado suspiró, para ser pequeña era muy pesada -Como sea- Dijo incomodo -Solo espero que no me estorbes- Agregó concentrado en su búsqueda.

-¿Qué buscas exactamente?

-Un libro sobre proyectos Sheikah, lo necesito urgentemente- Aseguró sin apartar su mirada del estante, viendo varios tipos de escritos.

-Entonces, ¡No perdamos tiempo y busquemos como se debe!- Gritó, desordenando la estantería buscando el dichoso libro.

El anónimo bufó, anonadado con el impulso de la sílfide -¡¿Qué pasó con el sigilo?!

-¡Eres muy lento! Allá tú con el sigilo- Agregó riéndose.

Sombrita suspiró, sin mas opción que aceptar uniendose a su compañera en el desastre.

Sin duda esa sería una larga búsqueda...


Tras bajar por un largo pasillo de puras escaleras, Link y sus dos acompañantes llegaron a una extraña cueva subterránea, habían muchas tumbas en los alrededores, antorchas por las paredes, y murciélagos por el techo.

-¿Por qué pondrían esta entrada secreta?- Preguntó el niño que acompañaba al joven.

-¡Eso ni yo lo sé!- Interrumpió Navi -Pero parece que por aquí se colocan las tumbas de la realeza- Insinuó mirando por los alrededores. Un extraño chillido llamó la atención de los tres.

Varios murciélagos gruñeron mientras volaban hacía los presentes. Link preparó su resortera, si el animal era muy rápido no podría atacarle a tiempo con la espada.

-¡Keese! Odian los proyectiles, bien pensado- Explicó Navi al joven del bosque.

El niño del cementerio, retrocedió unos pasos, tratando de defenderse con el palo.

El atacante se impulsó con sus alas, tratando de embestir al espadachín. Este por acto reflejo giró, haciendo que el monstruo chocara contra su escudo, cayendo aturdido al suelo. El rubio iba a dispararle con su resortera, pero un golpe por parte del castaño con su palo se adelantó, acabando con el Keese.

-¡Eso fue fácil!- Celebró el pequeño, saltando de alegría.

-¡No por mucho!-Aseguró el espadachín al ver que los otros dos monstruos, preparaban su embestida. Preparó su tirachinas y apuntó a uno de ellos, que se acercaba rápidamente hacia él. Disparó la semilla, acertándole al objetivo, este cayó de cabeza contra el suelo.

-¡Queda uno!- Señaló el niño.

El enemigo gritó fuertemente, llamando a tres keese más. Sorprendiendo a los presentes.

-O tal vez no...- Retrocedió alzando su vara.

Los monstruos volaron en círculos sobre Link, preparando su ataque.

-¡Link, piensa algo rápido!- Aconsejó Navi, preocupada.

Rápidamente, el rubio sacó de su alforja una nuez deku y la lanzó contra el suelo, aturdiendo a los rivales voladores, que revoloteaban en el suelo. Sin perder tiempo desenvainó su espada y los atacó con el ataque giratorio, acabando con los tres al mismo tiempo.

-¡¿Pero qué pasa aquí?!- Reclamó una fuerte voz que resonó en toda la zona. Asustando al castaño y sorprendiendo al joven y su compañera.

Al frente de los tres se materializó una figura flotante. Un ser de color negro de ojos verdes con cabello y bigote rubios, usaba un curioso gorro verdoso junto a una extraña ropa roja. Era un espectro.

-¡Es el fantasma!- Gritó el castaño.

-Es un Poe- Aclaró Navi -Son muy traviesos, e impredecibles. ¿Por qué razón está él aquí?

-Lo mismo queremos preguntarles- Aseguró una voz a sus espaldas. Al voltear, encontraron a otro Poe, pero este era más delgado, tenía los ojos rojos y su ropa era azulada, entre el claro y el oscuro.

-¡Vinimos para enfrentarlos a ustedes!- Explicó el niño del cementerio.

-¡Si eso quieren, adelante!- Dijo el espectro rojo.

Ambos fantasmas rodearon a los presentes, esperando algún movimiento. El rubio se preparó para enfrentarlos, mirando sus movimientos -Déjenmelo a mí- Agregó afirmativo .

-¡De acuerdo! Después de todo mi vara no les afecta- Agradeció nervioso.

Link atacó al espectro rojo con un tajo vertical, este se defendió con su lámpara, contrarrestando el ataque. El joven rápidamente lo golpeó con el escudo, haciéndolo girar. Sin perder el tiempo continuó con una serie de tajos horizontales, hasta hacerlo retroceder un poco.

-¡Que rayos!- Gritó confundido el rojizo. El ojiazul uso su ataque salto contra él, impulsándolo contra la pared, derrotándolo y convirtiéndolo en una cara flotante.

-¡Lo lograste!- Dijo el niño asombrado, saltando de alegría.

Link esbozó una media sonrisa, ahora solo le quedaba uno.

El espectro que quedaba se enfureció -¡Hermano!- El azulado trató de embestir al chico con su lámpara, pero este se defendió con su escudo. El ojiazul Contraatacó con su espada golpeándolo horizontalmente, empujándolo hacía atrás. Sin dudar ni un instante, el rubio repitió el proceso que uso contra el rojizo, consiguiendo el mismo exitoso resultado.

-¡Bien hecho Link!- Felicitó su compañera, acercándose a él.

-¿Ya son todos?- Dijo el susodicho, mirando por todos lados. Al no encontrar más guardó sus armas y suspiró -Bien, ya no quedan fantasmas- Sonrió.

-Eres asombroso- Agregó el niño -Algún día me gustaría espantar fantasmas como tú- cruzó los brazos -Pero con esta cara nadie se asustaría.

Link pensó por un momento sonriendo -¿Te gustaría asustar con tu rostro?- El niño asintió -Pues...- Buscó en su alforja y sacó la máscara ReDead -¿Esto te servirá?

El pequeño miró la careta maravillado -¡Con eso seré idéntico al señor Dampe! Claro que me servirá- Aseguró sonriendo.

El joven le entregó la careta al niño, recibiendo las rupias que costaba.

-¡Gracias por todo! Iré a decirle a papá lo que hiciste- Dijo emocionado.

Tras decir eso se fue del lugar, dejando atrás al rubio y a la sílfide.

-¿En serio ya es todo? Ellos siguen ahí- Preguntó Link confundido, al ver las cabezas fantasmales flotantes. Estas se acercaban lentamente hacia él.

-Creo que quieren decirte algo-Aclaró la sílfide.

El rojizo se elevó un poco mirando pensativo al chico -¿nos conocemos?

-No, nunca te había visto- Aseguró confundido.

El espectro inclino su cabeza -¿Sabes? Me recuerdas un poco a la Princesa Zelda- Insinuó, sorprendiendo al joven -Parece que tienes un vínculo con la Familia Real, te contaré algo interesante... A decir verdad, mi hermano y yo estudiábamos una canción cada uno: Una para invocar al Sol y otra para invocar la Luna.

-¿Y cómo les fue?- Preguntó Link, interesado.

-Si es cierto que te ha enviado la Princesa, no habría problema que lo supieran- Miró a su hermano -¿Cierto?

El azulado se elevó -Lo dejamos escrito en la pared que está a nuestras espaldas- Indicó -Si lograste entrar aquí puedes aprenderla sin problemas. Podría serte de utilidad la melodía- Agregó seriamente.

Lentamente ambos espectros desaparecieron, sin dejar ningún rastro.

Link miró la susodicha pared, se acercó a ella encontrado algo escrito sobre esta.

Navi leyó lo que decía

"Este poema se escribió en memoria de los miembros

de la Familia Real que ya no están con nosotros:

La luz del Sol se disipará sin fin. Un recién nacido encontrará su destín.

El Sol y la Luna se han de destronar... Y los muertos vivientes buscan solaz."

-Que poema tan extravagante, ¿no?- Opinó la sílfide al terminar de leer.

El joven asintió, mirando cada detalle del escrito, hasta que encontró una extraña partitura de bajo de este -Hay algo más inscrito aquí...- Se acercó mas -¡Es la melodía de la que hablaron los espectros!

-¡Exactamente, joven del bosque!- Dijeron al unísono los fantasmas detrás de él, Sorprendiéndolo.

-Queremos que guardes esa canción en tu corazón- Dijo el azulado dando una reverencia.

-Y que la utilices cuando más la necesites- Agregó el rojizo.

Ambos prepararon sus lámparas y misteriosamente las utilizaron para entonar una melodía. Sus notas eran muy tranquilas, pero a la ve tan activas. Como si de un amanecer se tratara.

Link sacó la Ocarina de su alforja, la colocó en sus labios y entonó las notas de la canción. Al igual que la otra vez, no le costó aprender cada nota, misteriosamente mientras tocaba un haz de luz amarilla rodeó al joven del bosque. Aprendiendo La Canción del Sol.

Cuando terminó de entonar, los fantasmas empezaron a desaparecer lentamente mientras decían unas últimas palabras.

-Almas en pena vagando sin rumbo ni control. Dales su merecido descanso con la Canción del Sol- Dijeron al unísono antes de desaparecer definitivamente, terminando con un "Gracias"

De repente apareció un cofre frente al chico, sorprendiéndolo.

-Creo que es un regalo de su parte- Insinuó Navi.

El espadachín, curioso abrió el cofre, encontrando un escudo más grande que el Deku. Era de color azul con los bordes plateados, un ave rojiza en el centro, el símbolo de la Trifuerza arriba de esta y un triángulo invertido de bajo.

Link se sorprendió al ver dicho objeto, le parecía un poco familiar, como si antes lo hubiese portado aunque fuera la primera vez que lo viera.

-Es el Escudo Hylian, el más resistente de todos. Está basado en el diseño de uno que usó un héroe de la antigüedad. La última vez que vi uno fue hace poco, lo llevaba un soldado que estaba en el bosque- Explicó la sílfide, preguntándose como acabó dicho objeto con los hermanos espectros.

El ojiazul lo colocó en su espalda -¡Me queda muy grande!- Reprochó incómodo.

-Lo necesitas para cuando estemos en la montaña- Le aseguró -No querrás perder tu otro escudo exponiéndolo al fuego ¿No?

El rubio se rascó la mejilla, riendo -No, para nada.

Navi suspiró -Ya acabamos aquí, mejor salgamos y vayamos de una vez a la montaña.

Su amigo asintió, con muchas ganas de continuar su misión.

Finalmente ambos abandonaron el lugar, regresando por donde vinieron...


La luna iluminaba con sus luces a todo el poblado de kakariko, el cual estaba un poco vacío debido a la hora, solo pocas personas deambulaban por ahí haciendo sus cosas.

El joven acababa de regresar del cementerio, un poco confundido respecto a la hora, se supone que apenas atardecía y duró como treinta minutos en la zona secreta. ¿Efectos de la Canción que recién aprendió? Probablemente... Lo malo es que no podría ir a por la piedra a esas horas.

A ambos les benefició venderle al niño aquella máscara, que además no solo les pagó la careta también les dió un pequeño beneficio por "derrotar" a los espectros. Lo usaron para poder comprar la cena, que aunque no fue mucha les pareció suficiente. Comieron sentados en una banca cerca del pozo un rato.

Tras unos minutos de terminar, Navi miró el cielo-Ya que anocheció muy rápido, ¿dónde dormiremos ahora?- Preguntó incrédula con el repentino anochecer.

Link pensó unos instantes -¿En la casa de Impa? No creo que le moleste- Se encogió de hombros, no tenía más opciones.

-Si tú lo dices, pues vamos- Aceptó sin problemas, a diferencia de la ciudadela no tenían un árbol donde dormir, el único que había estaba en el centro del pueblo, y sería incomodo cuando amaneciera.

Sin más que decir se dirigieron a la casa de la Sheikah, esperando poder descansar tranquilamente...


En la casa de Impa, todo se encontraba desordenado, libros abiertos por todos lados, botellas regadas en el suelo, dibujos descolgados y dos figuras acostadas entre todo el desorden, una totalmente alegre por su jugarreta y la otra consternada por el acto sigiloso de su compañera.

-Jajaja, no me divertía tanto en años- Insinuó alegremente la sílfide, el sujeto a su lado se sentó mirándola incrédulamente.

-¡¿Cómo piensas explicar todo el desorden?!- Preguntó Sombrita, agarrando sus cabellos con sus manos, desesperado.

Rygan solo comenzó a volar hasta su altura -Tranquilo compañero, lo que importa es que encontramos tu cosa esa, ¿no es así?- Aseguró burlonamente.

El joven suspiró -Si lo encontramos, pero no quería llegar a esto- Miró y señaló el desorden.

La criatura rió despreocupada -Ay Sombrita... Nadie vino a esta casa más que solo para limpiar en años, será normal para todos verla así- Aseguró asintiendo, satisfecha con su jugarreta.

El susodicho gruño indiferente, cruzando sus brazos mientras desviaba la mirada.

-Vamos no te pongas así- Voló sobre él -Nadie puede verte después de todo ¿Verdad?

Sombrita asintió.

-¿Entonces de qué te preocupas?- Le preguntó acercándose a su mejilla, incomodándolo -Eres un fantasma para todos, de cierta manera.

Él sonrió, riendo para sí mismo -Si supieras...- Negó con la cabeza -Pero eres muy terca para entenderlo.

-¡¿Cómo que terca?!- Gritó enojada, no le gustaba ser tratada así -¡Tú solo te quieres hacer el misterioso, engreído descolorado!

-¡Y tú eres una interesada que no sabe seguir ordenes!- Le reprochó sonriendo, pero aún sin encararle -No me extraña porque los Sheikahs te encerraron en aquella botella.

La criatura quedo enmudecida por las palabras de su sobrenombrado. El tema de por qué había sido encerrada era delicado para ella, le afectaba emocionalmente. Bajó la mirada tratando de aguantar su llanto.

El incógnito notó su cambió de humor, no se sintió mal por lo que dijo, pero no le gustaba ver a los demás así, le irritaba un poco -Lo siento- Se disculpó secamente, tratando de quitarle su repentina tristeza.

Ella solo se quedó callada.

Varios minutos pasaron en silencio, ambos miraron la chimenea sin saber qué decir. Hasta que el joven sintió una conocida presencia acercándose a la puerta. Rápidamente tomó a la sílfide y saltó a una estructura del techo, escondiéndose.

Link y su compañera entraron al lugar, sorprendiéndose al ver el enorme desorden.

-¡¿Pero, que pasó aquí?! ¿Acaso saquearon el lugar?- Se preguntó la sílfide, alarmada.

-Espero que no... Me preocuparía que sería capaz de hacerle Impa al pobre- Insinuó simplemente, adentrándose en la casa, a pesar del desorden igual era mejor que nada.

Navi, miró todo el lugar, literalmente todo estaba fuera de lugar. Jadeó al pensar que fue lo que pasó allí -Mejor durmamos, ya mañana acabemos con la piedra espiritual ¿sí?

-Por supuesto- Aseguró sonriendo, acomodándose en la cama. La sílfide se acostó en la almohada que estaba al la primera vez que ambos dormían en algo así de cómodo.

Desde el techo, la misteriosa figura los observaba en silencio. Su compañera volaba a su derecha, fijando su atención en el chico.

-Que lindo se ve ese muchacho, me pregunto como se verá cuando crezca- Dijo lo último seductoramente, incomodando al incógnito.

-Es solo un niño, ¿y ya piensas en esas cosas con él?- Preguntó Sombrita, incrédulo, mirándola impactado.

La criatura rió para sí misma, mientras seguía mirando al chico con deseo -Lo quiero para mí.

El descolorado tragó en seco, al pensar aquello, sin salir de su incomodidad. No podría irse hasta el amanecer si el joven seguía allí con ellos. Por nada del mundo él debía descubrir su presencia.

-Navi, ¿no sientes como si te estuvieran observando?

-No Link, ya te dije que nadie te observa, sino sentiría su presencia- Aseguró casi dormida -Aunque... Sí siento algo familiar, pero seguro es por el cansancio.

Sin decir nada más, ambos quedaron dormidos, esperando el amanecer.

-Maldición...- Susurró Sombrita mirando a su compañera, no tendría más opción que esperar, y lo peor, con un hada con extrañas fantasías a su lado.

Esta solo rió para sí misma, mirando al muchacho. Prometiéndose que algún día tendría su más anhelado deseo...

...

...Continuará...


Comentarios Finales: No por nada dije que este sería mas largo, pero era porque tenía mucho que contar esta vez.

Bien, como vieron la sombra que asechaba por allí en el cap pasado era un joven descolorado, apodado Sombrita y si, tiene un nombre pero no lo voy a decir, jeje. Es un OC que se me ocurrió agregar en esta cronología, un personaje importante, pero no necesariamente para esta historia... Pero su aparición tiene motivos.

En cuanto al hada Rygan, es otro que cumplirá con lo mismo que sombrita, solo que a diferencia de él, esta hadita tendrá un destino algo... Especial, creo. :v

Quiero darles las gracias a EgrettWilliams por ser mi Beta, a Fox McCloude, Sakura XD, Devil-In-My-Shoes, Goddess Artemiss y a Kaioshin135 por sus comentarios, gracias por su apoyo amigos, sin él no continuaría esta atrocidad de fic XD ok no.

Cualquier duda respecto al fic, solo preguntenla por PM.

En fin, ¡Hasta el siguiente! Donde por fin veremos a los Gorons \(:v)/