Disclaimer: The Legend of Zelda Ocarina of Time es propiedad de Nintendo.
THE LEGEND OF ZELDA
OCARINA OF TIME
Por LinkAnd06
Capítulo 6: La Canción del Bosque
La Luna mostraba su esplendor a esas horas de la noche, iluminando todos los rincones del sagrado reino, específicamente en su lujoso y enorme castillo, donde en sus aposentos se encontraba la Princesa aún despierta.
Zelda se encontraba sentada de piernas cruzadas en el centro de su cama. Estaba descalza, usando una pijama de color rosa, y no llevaba su gorro puesto, dejando a la vista su corto cabello dorado que solo le llegaba al cuello. Leía un libro que apoyaba sobre sus piernas, el mismo que se encontró esa misma mañana cuando le pareció escuchar un ruido;"El Templo del Tiempo". No le fue fácil convencer a su nana para traerlo consigo, pues este era un atlas de la sección prohibida, pero debido a la situación que se encontraban, al final esta aceptó que se lo quedara.
-No puede ser...- Tartamudeó la regente al leer cierto párrafo del escrito, uno que para nada se esperaba que fuese cierto, un destino que nunca le desearía a nadie:
"Al colocar las tres piedras en su lugar, el camino al arma sagrada se abrirá.
El héroe elegido, deberá tomar dicho poderoso objeto. Pero si preparado no está, atrapado en el tiempo se quedará, hasta que físicamente listo se deba encontrar."
Ella sabía el significado de dichas palabras, uno que no estaba dispuesta a aceptar, él no merecía cargar con dicho destino, perder años de su vida, por más que su amigo fuera la única esperanza para el reino.
-¿Debería decírselo?- Se preguntó a sí misma, sin decidir qué hacer. Por primera vez en su joven vida no sabía que opción optar, y lo peor era que el futuro del reino estaba en juego.
Por un lado, si Link completaba su búsqueda y tomaba el arma sagrada podrían acabar con Ganondorf usándola. No creía realmente que se quedara encerrado, después de todo la necesitaban ya. Sería un riesgo demasiado grande si no tomaba esta decisión.
Cerró el libro y lo ocultó bajo su almohada, sin salir de su enorme preocupación, temblaba pero no de frío, sino por no saber qué debería hacer. Se acostó entre sus sabanas y rezó en silencio a las diosas esperando tener una pequeña esperanza tanto para ella misma, como para Link, su mejor amigo.
-Por favor, que el destino no te lleve a eso...- Pensó tratando de conciliar el sueño, abrazada ha sus piernas.
En el balcón de su habitación, oculta entre las sombras, se encontraba la guerrera de las sombras mostrando preocupación, solo pasaba para asegurarse de que su protegida dormía, teniendo la sorpresa de hallarla incrédula tras leer una parte del libro. Ya suponía de cual se trataba, una que revelaba el destino del joven si este quería convertirse en el héroe...
-Zelda, quizás exista una forma para que le ayudes...
Los rayos del astro rey empezaban a aparecer en el límite de la vista hacía el horizonte, recién comenzaba a amanecer. Después de esa tormentosa noche, el joven misterioso y su fantaseadora hada se encontraban en el techo de la casa de la guerrera de las sombras.
La sílfide seguía pensativa, con una sonrisa pícara que si pudiera la podría reflejar en su haz de luz purpura rojizo. No podía simplemente dejar de pensar en aquel joven verdoso, algo en él llamaba su atención y no quería desaprovecharlo así como así. Sobre la otra criatura del bosque, le tenía celos, no solo por ser ella la que acompañara al susodicho, sino porque era la misma hada que fue seleccionada en su lugar para defender los bosques perdidos, junto a otra que no recordaba su nombre. No, no la odiaba, no era su culpa que fuera ella quien la remplazó, los responsables eran los Sheikahs y nadie más que ellos, por entrometerse en su vida. Irónicamente, se encontraba junto a uno en ese momento, el cual miraba con una sonrisa maliciosa.
-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?- Le preguntó a su nueva compañera el joven de las sombras, palpando su propio rostro. Dormir junto a ella no fue nada fácil para él, y no porque esta no le dejara descansar, sino que la extraña criatura en sí le causaba un poco de nervios. Era muy terca, se enojaba fácilmente, tenía fantasías con el ungido a pesar de que aún este era un niño, y escuchar sus comentarios respecto al chico era peor ¡¿Acaso no dormía la muy bocona?! No sabía si fue suerte o casualidad que los de abajo no la escucharan.
La rojiza rió -No querido sombrita, sigues tan guapo como siempre -Respondió sarcásticamente con tono burlón. Molestando al susodicho.
Él joven bufó -Ni se por qué te permití acompañarme- Cruzó los brazos y desvió la mirada, observando el amanecer, el cielo era de un tono morado, su favorito.
-Es porque me adoras, admítelo- Insinuó volando alrededor de la cabeza de su compañero, soltando su brillo violeta y rojo sobre él -¿Te gusta mucho el color violeta, verdad?- Tomó su silencio como un sí-¿De ese color es el símbolo Sheikah de tu pecho?
-No... Ni tampoco rojo.
Se recostó sobre su cabeza -¿Y cuál es? Si se puede saber.
-Azul... De ese color era mi clan- Confesó, no habría problema en decírselo, después de todo ella ya conocía a la raza.
-¿Era?- Se inclinó a la derecha.
-Sí, ya todos están muertos, menos yo- Respondió simplemente, mirando a las personas caminar desde su posición.
-¿Y no te afecta?- Preguntó dudosa al ver que no le dolían sus propias palabras.
Sombrita rió -¡Para nada, esa banda de inútiles se lo buscaron! Jamás sentiría compasión por ellos- Confesó sin parar de reír, sorprendiendo a la criatura rojiza.
-Vaya, ¿Tan malos eran?- Preguntó sin poder evitar reírse, hacia ya mucho tiempo que no conversaba así, además su compañero le agradaba a pesar de su odiada raza.
El joven miró el cielo antes de continuar -Vayamos al siguiente destino, te puedo contar en el camino- Dijo sonriendo, mientras se levantaba y saltaba del techo hacía el suelo, aterrizando sin problemas.
-De acuerdo, pero primero ¿Por qué te gusta mucho el violeta?
El descolorado se puso serio ante esa pregunta, era un tema un poco personal -Me recuerda... a mi madre...- Respondió con un tono bajo -No la he visto desde que era muy pequeño, pero no la extraño, porque de cierta forma ella me remplazó...
La hadita se preocupó al ver su semblante -Lo siento, ¿Pero por qué te gusta recordarla?- Miró a su alrededor, viendo a pocas personas pasar al lado del joven, como si no lo vieran. ¿Por qué motivo ella lo podía ver?
-Es la única que me hizo sentir importante- Confesó -Desde que me separaron de ella solo me centré en mi entrenamiento. La odio, sí, pero hubo una vez que me amó y eso es lo que me importa...
-¿Y qué heredaste de ella? Sabes que no puedo ver tu color, ¡Y no me digas que tus ojos, ya me han hecho esa broma antes!- Advirtió bufando.
El sombrío rió tras ese comentario -El color de mi cabello y un poco la forma de mi rostro, de mi padre me imagino que lo demás, no lo recuerdo muy bien, pero sé que él tenía una peculiar actitud, la cual parecían decir que heredé- Rió para sí mismo al recordar como sus compañeros le regañaban por su extraña forma de cambiar de personalidad. La rojiza lo miró con curiosidad sonriendo, su compañero sí que escondía muchos secretos.
-Sabes, tu energía me resulta... Familiar- Lo miró fijamente desde su posición, por alguna razón la vitalidad que él emanaba o al menos parte de esta la recordaba haber presenciado antes, pero la otra mitad nunca la había sentido. A su compañero no le pareció importante el tema, solo continuó hacía su destino.
Tras un rato de larga caminata, llegaron al pozo de Kakariko, el siguiente destino del incógnito, pero se encontraba totalmente lleno de agua, como si ocultara algo.
-¿Cómo se supone que pasemos por allí?- Preguntó exaltada -No me quiero mojar, este fabuloso color podría descomponerse, y no podría volar por un tiempo- Agregó mirando sus oscuras extremidades aéreas.
Sombrita lo pensó por unos momentos, entrecerrando los ojos, su acompañante se creía muy delicada, pero tenía razón. Metió una mano en su alforja -Puedes meterte aquí- Sacó una botella frente al hada.
La sílfide se atemorizó al ver el objeto de cristal -¿Me encerrarás?
El joven alzó una ceja -Solo hasta llegar al otro lado- Aclaró, esperando calmar a su compañera.
Aún dudosa de sus palabras la criatura rojiza entró al frasco, confiando en su sombrío compañero. Este al verla dentro cerró la botella y la colgó con una cuerda en su cinturón, cerca de su misterioso objeto, que llamó la atención de la sílfide. Pero antes de que pudiera decir algo, entraron al inundado pozo, salpicando alrededor de este, asustando a los presentes.
Uno de ellos era el niño del cementerio -¡Fantasma!- Gritó mirando atentamente el lugar -No te tengo miedo, solo mira mi cara- Señaló su careta Redead que llevaba sobre su rostro.
Pero nadie respondió, solo se escuchaba al viento pasar, se quedó ahí esperando. El joven y la sílfide se esforzaron para no reír en ese instante, las intenciones del descolorado de llamar la atención salió exitosa. Sin pensarlo más este se sumergió en el agua, tenía una misión pendiente...
El inicio de aquella mañana no fue complicado para Link y su compañera, tras despertar y explicarle al guardia sobre el repentino desorden, dejaron la casa tal y como estaba, ya algún día descubrirían de quien fue aquella genial idea.
Después de eso compraron algo de fruta asegurándose de que los precios esta vez no "engañaran", desayunaron un poco incómodos, pues el niño del cementerio había comenzado un escándalo junto a otras personas de un supuesto fantasma en el pozo.
Al terminar y confirmarle al guardia del problema ya resuelto de los espectros, se fueron de Kakariko dirigiéndose por el sendero a la montaña de la muerte. El camino era rocoso, normal al ser una colina, siendo una subida bastante larga, de esta caían enormes rocas rodando por el recorrido, las cuales esquivaron rápidamente.
Continuaron por unas horas hasta llegar a un cruce, el cual tenía de por medio una cueva, pero esta tenía una enorme piedra cubriendo el paso. Al frente de esta se encontraba una criatura de color amarillo oscuro, la cual trataba de destruir dicho obstáculo usando sus puños. Con curiosidad se acercaron a él.
-¡¿Qué acaso esto no se destruirá?!- Gritó la criatura, notablemente cansada, probablemente de tanto golpear la enorme roca.
-¿Cómo pasó esto?- Preguntó Link, sorprendiendo al presente.
-¿Ustedes quiénes son?- Preguntó este extrañado, hacía tiempo que ningún Hyliano pasaba por allí.
-Yo soy Navi, un hada del bosque kokiri- Se presentó adelantándose a su amigo- Y él es mi protegido, Link- Este saludó -¿Sabes dónde se encuentra la ciudad goron?
-¡Por supuesto!- miró hacía la subida -Se encuentra al final del camino, tras seguir subiendo la montaña- Los encaró -Bueno, seguiré trabajando, llevo tres días en esto y necesito abrir el paso lo antes posible. Sino el jefe me matará.
Tras despedirse, el joven siguió subiendo la montaña, a lo lejos podía ver el pueblo de kakariko, vaya que habían avanzado mucho. Al girar por otro cruce, vieron unas estructuras formando un camino para subir, pero unas grandes piedras evitaban dicha posibilidad, sin más opción siguieron por el camino principal, a la izquierda había una vista hacía el camino que habían pasado, junto a la cueva. En dicha vista, un goron trataba de levantar una flor de peculiar forma, sin mucho éxito. Se acercaron por curiosidad.
-¿Qué tratas de hacer?- Preguntó el joven al goron.
-Trato de destruir esa roca que bloquea el paso- Explicó jadeando, estuvo todo el día en lo mismo -Los Gorons nos alimentamos de rocas, pero en dicha caverna se encuentran las mejores de esta montaña- Agregó -Todo es culpa de un Gerudo de oscura armadura, no tengo idea de por qué lo hizo.
-Ganondorf...- Susurró el espadachín cabizbajo -Ese malvado sí que busca atormentar a todos.
-Vayamos a la ciudad, seguramente él buscaba la piedra espiritual, tenemos suerte de que no se la haya llevado- Aconsejó la sílfide.
-¡¿Suerte dices?!- Exclamó enojado la rocosa criatura -¡Llevamos varios días sin comer! Si esto sigue así podríamos extinguirnos por el hambre.
Link retrocedió sorprendido, no se esperaba aquello -¡Tranquilo! Tal vez pueda ayudarlos- Aseguró tratando de calmarlo.
Al goron se le iluminó el rostro de la felicidad -¡¿Lo harías?!- Se acercó al chico, sonriendo. Este solo asintió riendo nerviosamente -¡Muchas Gracias! Pero lo mejor es que vayas a ver a nuestro jefe primero, lleva varios días preocupado. Se encuentra en la ciudad Goron- Apuntó a su izquierda -Por allá, en la cueva.
-¡De acuerdo! Gracias- Agradeció Navi tratando de empujar a su amigo sin éxito, quería evitar problemas.
Link sin comprender a su amiga se dirigió hacia la ciudad, la veía un poco apresurada -¿Qué sucede Navi? Te ves muy inquieta.
-¡Nada!- Aseguró esta -Solo quiero evitar que te retrases un poco más.
-Vale, pero tampoco es para que te pongas así.
Navi suspiró -Lo siento, no sé porque desde anoche me siento así- Explicó -Es como si alguien nos hubiera observado, sentí una extraña energía familiar hasta esta mañana.
-Tranquila, a veces sentía lo mismo cuando dormía en mi casa- Explicó frotando su nuca -Ya sabes, en el bosque todo puede pasar, esta aventura es un ejemplo de ello.
-Si tú lo dices...- Dijo no muy convencida, aquella presencia le había causado un poco de nervios.
Sin más que decir ambos siguieron por el camino, llegando hasta una cueva siendo esta la entrada de la ciudad Goron.
Durante el trayecto la sílfide se mantuvo cerca de su amigo, pensativa, tratando de recordar donde había sentido aquella energía, hasta que un fugaz recuerdo llego a su mente...
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-¿Fui seleccionada? ¿De verdad?
-¡Por supuesto que sí Navi! Pero lo mejor, ¡Es que nos escogieron a los dos!
-¡Asombroso! Pero... ¿Qué pasó con la otra? ¿No se supone que ya habían seleccionado a una?
-No me explicaron mucho... Pero parece que unas personas de extrañas vestimentas se la llevaron lejos, ¿No sientes su energía alejarse?
-Si... Su vitalidad es extraña, no podría confundirla. Recuerdo que siempre nos molestaba pero... ¿Cómo se llamaba?
-Raican, o Rijan creo, era un poco complicado, ella era tan orgullosa que casi nadie la conocía bien...
-Ya veo...
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-¿Navi, qué tanto piensas?- Preguntó el rubio al verla tan pensativa. Sacándola de sus pensamientos.
-¿Ah?- Miró a su amigo confundida -¡Oh, lo siento! Pensaba en todo lo que pasó- Mintió tratando de no preocupar a su compañero.
Link la observó dudoso -De acuerdo, ya casi llegamos- Siguió caminando, seguido de la sílfide.
Continuaron por un largo recorrido, adentrándose más en la montaña, esperando llegar al hogar de los Gorons...
Al final de su camino, llegaron a una enorme zona rocosa en forma de trompo con alrededor de tres pisos. Al frente de ellos se encontraba un camino formado por una cuerda, que conectaba a una plataforma de madera. Habían muchos gorons alrededor de toda la zona.
Siguieron su camino hasta la dichosa plataforma, cruzando la cuerda con cuidado, al llegar al sitio, Navi se acercó al pedestal del centro, que tenía el símbolo de una huella, que representaba a los Gorons.
-Tengo la sensación de que aquí antes había algo...- Insinuó la sílfide.
-¿La roca brillante?- Agregó el goron cercano -La tiene el jefe consigo, pero está de malhumor debido al bloqueo de la entrada a la caverna Dodongo.- Negó con su cabeza -Nos volvimos exigentes con dichas rocas.
-¿Dónde se encuentra su líder?- Preguntó Link pasando su mano por su cabello, desordenándolo.
-En el último piso, pero por su actual estado no creo que pueda hablarles- Aclaró -Pero conozco la forma de animarlo, es su secreto- Rió tapando su boca con el puño.
-¿Y cuál es? Es urgente para nosotros conseguir la piedra espiritual- Aseguró Navi.
-¡A nuestro líder le encanta bailar!- Confesó riendo –Sobre todo una canción que se llega a escuchar en una de las salidas hacía un bosque, la llamamos la canción del bosque.
El rubio se quedó pensativo al escuchar aquel nombre, por alguna razón recordó haberlo escuchado antes...
-Link, debemos aprender la melodía- Le aseguró su compañera -¿Dónde se encuentra la salida?- El goron les señaló a uno de los pisos de abajo -Allá.
-Bueno, vayamos- Dijo Link
Tras cruzar la cuerda de nuevo, bajaron por unas escaleras al piso de abajo, tratando de hallar la dichosa entrada. Al finalmente encontrarla, se sentaron a descansar un poco cerca de esta, pues ya habían avanzado sin parar por horas.
-Link... Creo que este camino lleva al bosque perdido- Insinuó la sílfide.
-¿De verdad?- Preguntó asombrado, luego miró fijamente la entrada, logrando escuchar unas pocas notas de una melodía -¿Será la canción de Saria?
Link se quedó pensando unos momentos,tratando de recordar dicha entonada, hasta que una extraña figura apareció detrás de él y se arrojó a su espalda, sorprendiéndolo
-¡Te tengo!
-¡Ahhhhh!- Gritó sorprendido al sentir una criatura sobre él -¡¿Oye, qué haces?!
La susodicha husmeaba en la alforja del chico, sacando la máscara stallchild de esta, luego saltó del espadachín hacía la entrada del bosque.
-Je, je, je, je, je, ¡Ahora si tendré un rostro!
-¡Un Skullkid!- Gritó Navi al verlo detalladamente.
-¡Debes pagar por eso!- Le gritó Link, no le gustaba ser sorprendido de esa manera.
Pero el ladronzuelo solo rió fuertemente y se fue corriendo hasta el bosque.
-¡Vuelve aquí cobarde!- Le persiguió el espadachín, seguido de su compañera.
-¡Espérame!- Dijo Navi siguiéndolo, entrando por el camino hacia los bosques perdidos.
Corrieron con mucha prisa por todo el recorrido, tardaron alrededor de algunas horas atravesarlo, persiguiendo sin descanso al Skullkid ladronzuelo que solo se reía de ellos a cada paso.
Al final del recorrido, saliendo de la cueva se encontraron en lo más profundo de un frondoso bosque, el mismo donde el joven inició su aventura, o al menos el que estaba al lado de este, los Bosques Perdidos. Era muy fácil perderse en aquel lugar, pero no para Link, el ya conocía el lugar como la palma de su mano, siempre visitaba aquel sitio con su amiga Saria. La sílfide por su parte ya era una de sus guardianas, no tendría problemas al explorarlo.
El ambiente era silencioso, solo el ruido de algunos animales le daban vida a la zona, pero si escuchaban bien se podía oír muy ligeramente el sonido de una melodía, una muy conocida para el espadachín.
-¿A dónde se fue el Skull kid?- Preguntó Navi, mirando por todas las direcciones.
-¿No sientes su energía?- Dijo el rubio rascándose la nuca.
-Sí, pero todos los de su raza tienen la misma vitalidad...- Aclaró -Es como buscar un Cucco con un punto en su panza entre muchos otros casi iguales.
Al no saber cómo encontrar al ladronzuelo, se quedaron viendo todas las direcciones, pensando en cual buscar primero...
-¡Ehh, aquí! ¡Buu, buu!- Les llamó una conocida voz desde un árbol cercano.
Link miró hacía el origen de aquel llamado, encontrándose con aquél misterioso búho.
-Link... ¡Me alegro de volver a verte!- Asintió con su cabeza -¿Estás buscando a aquella criatura del bosque? Pues se dirigió hacia la pradera sagrada, solo siguió aquella melodía que se puede escuchar cuando solo hay silencio...
-¿Estás seguro?- Preguntó Navi no muy convencida -Hay muchos Skull kids iguales por aquí...
-Lo juro- Aseguró -Lo vi pasar por el camino correcto, es fácil distinguirlo con aquella máscara- Miró al joven -Link, si eres valiente, llegarás sin problemas a donde él se encuentra. Solo presta atención a los sonidos del bosque...
Este le asintió -De acuerdo, lo intentaré.
Tras decir eso, la sabia ave emprendió vuelo hacía los cielos.
-Lo mejor será apresurarnos, si no nos ganará la noche- Advirtió el hada, su amigo le asintió sonriendo y se adentraron a las profundidades del frondoso lugar, prestando atención a los sonidos, siguiendo la muy leve melodía.
Pasaron por enormes rocas, un extraño lago, un árbol con una extraña forma, y una enorme zona circular, hasta que finalmente tras varios minutos de recorrido, llegaron a la entrada de la pradera sagrada del bosque. La cual se encontraba cerrada.
-Yo la abriré, solo acércate a ella- Aseguró Navi, mirando dicho obstáculo.
Link se acercó a la entrada, pero sin previo aviso una extraña figura saltó desde unos arbustos hasta el chico, aullando fuertemente. Gracias a sus reflejos, logró dar un rápido salto hacia atrás al último momento, esquivando el mortal mordisco.
-¡Un Wolfos! ¡Tienen la piel muy resistente, intenta herirlo cuando baje la guardia!- Aconsejó la sílfide sorprendida, no se esperaba aquella repentina aparición, un descuido de su parte no detectarlo.
Link desenvainó rápidamente su espada y preparó su escudo, poniéndose en posición de defensa, esperando su movimiento. El animal corrió en círculos alrededor del joven, esperando poder distraerlo, tras varias vueltas saltó hacía él preparando su arañazo. El rubio sin pensárselo atacó con una estocada, golpeándole en el pecho, sin embargo esto no frenó el ataque, por lo que se inclinó hacia la izquierda para esquivar el zarpazo. El monstruo al ver que no logró su objetivo dio una voltereta hacía atrás para evitar recibir otro golpe.
El ojiazul lo observó fijamente, muchos de los kokiri aseguraban lo muy peligroso que eran estas bestias, que su mordida era demasiado potente para sobrevivir a una solo de ellas, debía estar atento a cada uno de sus movimientos. El wolfos retrocedió preparando su próximo movimiento, vio como el chico preparó su escudo, cubriéndose, y se abalanzó contra él. Link logró defenderse del ataque, pero la presión del golpe lo empujó hacía atrás, cayendo de espaldas.
-¡Link!- Gritó la sílfide, preocupada, viendo como la bestia volvía a saltar hacia su amigo, indefenso.
Este solo cerró los ojos esperando lo peor, se había descuidado, y gracias a ese descuido iba a perder su vida, y con él toda la esperanza que le quedaba al amado reino de su amiga. Pero solo escuchó un grito de dolor por parte del wolfos, abrió los ojos confundido, el dichoso animal había recibido un misterioso ataque por parte de lo que parecía una rama pequeña y puntiaguda. Sin perder el tiempo, se levantó y lo atacó con su ataque salto, derrotándolo.
El joven suspiró de alivio, prometiéndose prestar más atención al enemigo la próxima vez. Navi se acercó rápidamente a su lado.
-¿Estás bien? ¿No te dañó gravemente?- Preguntó mirándolo completamente, haciéndolo reír.
-Si Navi, tranquila- Aseguró rascándose la nuca -Solo me distraje un poco...
-¡Deberías preocuparte más por ti mismo, niño del bosque!- Interrumpió una curiosa voz desde unos arbustos.
El rubio miró hacía la dirección donde provinieron esas palabras, encontrándose al Skull Kid de hace rato saltando de los arbustos, con la máscara stallchid cubriendo su rostro.
-¿Tú me ayudaste?- Preguntó Link confundido. Pero la criatura solo se acercó más a él.
-¿Eres amigo de Saria?- Miró al joven de lado a lado -Solo ellos son capaces de seguir su canción hasta aquí, je, je, je, je.
-Sí lo soy- Aseguró Link -Pero te buscaba porque tomaste esa careta sin pagar.
El skull kid bajó la mirada -Lo siento, es que me gustan las bromas, y siempre quise algo para cubrir mi rostro, ¡Quiero atemorizar más!- Aclaró moviendo los brazos.
-Te lo puedes quedar por quince rupias- Le ofreció -Pero no vuelvas a robarme así, pensaba acabar contigo.
El chico se asustó al escuchar eso -¡De acuerdo, no lo volveré a hacer! Pero solo tengo diez rupias- Se las dio y retrocedió -¡Lamento no tener más, adiós!- Desapareció saltando hacía atrás, dejando estupefactos ha lo presente.
-Bueno, un problema menos- Aseguró Navi -Ahora vayamos a ver a Saria.
El joven le asintió, aún sin poder creer lo que acababa de pasar.
Tras abrir la reja, cruzaron por un camino en forma de laberinto, evitando a cualquier monstruo que se encontrara allí. No tardaron mucho en adivinar el camino, pues el joven ya lo había superado hace tiempo, y Navi lo conocía muy bien.
Finalmente pasaron por un largo recorrido estrecho, que se encontraba rodeado de diversos árboles y plantas, que terminaba frente a unas escaleras de piedra, las cuales empezaron a subir. Al llegar arriba se encontraron con la entrada de un misterioso lugar, al cual no podían acceder por su altura, a su alrededor unos árboles cubrían la zona, impidiendo la entrada por otra ruta. Pero en la esquina derecha de la estancia, sentada sobre un tronco, se encontraba la amiga peliverde del rubio, tocando su característica canción con su ocarina de las hadas, se le notaba feliz en su acción.
Link se acercó a ella sin saber cómo saludarle, no la veía desde hace dos días y en su último encuentro con ella solo se fue tratando de evitar despedirse.
La Kokiri detuvo su acción, pero sin dejar de sonreír, bajo sus brazos abrió sus ojos, mirando fijamente a su amigo, sin borrar su expresión.
-¡Te estaba esperando, Link!- Le saludó -Esta es la pradera sagrada. ¡Es mi lugar secreto! - Miró su instrumento -Tengo la sensación de que este lugar será importante para los dos algún día...
-De alguna forma... También lo presiento- Tartamudeó simplemente.
-Me alegra- le sonrió -Si tocas la ocarina conmigo, te enseñaré a comunicarte con los espíritus del bosque. ¿De acuerdo?
-Claro...- Contestó sonriendo, sacó su ocarina de la alforja y miró fijamente a su amiga, esperando su entonada, siempre la había escuchado, pero nunca intentó aprenderla.
-Bueno, trata de seguir la melodía que voy a tocar. ¿Listo?- Su amigo le asintió.
Saria tocó su instrumento, entonando las notas de la canción que el joven escuchó durante su búsqueda en el bosque perdido, una melodía que ambientaba perfectamente aquél lugar, y que le recordaba fácilmente a la peliverde.
Tras escucharla, colocó su ocarina en sus labios y repitió las notas de su amiga, entonando la misma melodía, aprendiendo así La Canción de Saria. Navi revoloteó a su alrededor al escucharla.
-¡Estupendo!- Le felicitó Saria -¿Me prometes que nunca olvidarás esta melodía?
-Jamás...- Dijo el joven mirando su ocarina, con una leve sonrisa.
-Tócala cuando quieras hablar conmigo- Explicó -No importa cuando la entones, siempre te contestaré, te ayudaré en lo que pueda- Le aseguró, contenta de enseñarle su canción a él en específico.
El espadachín le asintió, feliz de que a pesar de su destino, su amiga seguiría allí para apoyarlo, como siempre lo había hecho.
En las profundidades del pozo de Kakariko, en una misteriosa habitación se encontraban Sombrita y su rojiza sílfide, caminando por un largo, oscuro y tétrico pasillo. Había suciedad por todas partes, arañas y murciélagos por los techos y unas caras extrañas en algunos marcos.
-¿Oye, qué tanto más hay que recorrer?- Preguntó Rygan, exhausta de seguir a su compañero por horas y solo encontrar camino.
El sombrío sonrió -Los Sheikah nunca ponen nada fácil- Aclaró mirándola de reojo, esta volaba inclinada hacia la derecha. Sacó su misterioso objeto y lo activó revelando el símbolo de su raza de color azul en su centro -Según el libro Mudora, por aquí debe estar lo que busco.
-¿Cómo guardas ese tipo de cosas en ese espejo?- Preguntó confundida, nunca había visto algo como eso -Y yo que pensaba que lo más extraño que había visto era a una Sheikah haciendo de niñera...
El joven rió ante ese comentario -¡Por favor, dudo que alguna sea capaz de mantener dicha carga sobre sus hombros!- Dijo apretando con fuerza su artefacto sin darse cuenta.
-¡Te lo digo en serio!- Aseguró acercándose a su acompañante -La propietaria de la casa donde estuve, es la niñera de la Princesa del Reino- Rió -Pobre de ella, de seguro esta la trata muy mal.
-¡Sí, eso espero!- Dijo el descolorado alzando un poco la voz, sorprendiendo a la rojiza.
-¿Oye, qué te sucede?- Endureció su voz -¿Por qué te enojaste tan de repente?
Sombrita suspiró -Por nada, lo lamento- Desvío la mirada hacía su objeto y lo presionó -Me deje llevar por el odio hacia mi raza...
La sílfide negó con su cuerpo, sonriendo maliciosamente, su apodado escondía demasiados secretos -¿Cuándo me dirás tu nombre? Decirte Sombrita es divertido, pero no me dejes con la duda- Reclamó ansiosa.
-¡Ya te dije que no te lo puedo decir!- Respondió duramente, mientras caminaba viendo su artefacto.
El hada hizo un puchero -Sí que eres malo, pero te aseguro que lo descubriré, je je je- Rió para sí misma siguiendo a su compañero, el cual no mostraba ninguna expresión en su rostro, pero sabía que escondía no muchas, sino que demasiadas cosas. Una de ellas era su misteriosa energía, la cual lograba reconocer una parte de esta.
Él solo seguía caminando, soportar a su acompañante no le era nada fácil, jamás estuvo con un ser igual a ella. Pero por alguna razón su actitud le parecía familiar, mas debido a su misión decidió no pensar en eso.
-¿Tu tez de piel es morena?- Preguntó Rygan curiosa, harta de la completa falta de color del sombrío.
-Un poco, pero es más clara que oscura- Respondió simplemente, si la lograba callar con esas respuestas, poco le importaba.
La sílfide asintió sonriendo con malicia, si Sombrita no le revelaba nada directamente, lograría sacarle información a cualquier costo...
Después de algunas pocas horas regresando por el camino del bosque perdido hasta ciudad goron y llegar a esta, se dirigieron a la entrada de la habitación del jefe, la cual se encontraba cerrada.
Un goron que se encontraba cerca, notó la curiosidad del joven.
-Si no me equivoco... Has venido a comer la piedra roja- Insinuó observándolos detalladamente -¡Que lastima, no está aquí!-
-¡Claro que no! Lo que busco es una piedra espiritual- Aclaró Link, tratando de convencer a la rocosa criatura.
El goron se puso pensativo -¿Te refieres a la roca rojiza de aspecto delicioso que antes estaba en la plataforma?- Preguntó dudoso, el joven le asintió -Pues, tenía tanta hambre que pensé que no pasaría nada si le daba un mordisco...- Se rascó la cabeza -¡Pero cuando llegué ya no estaba!- Miró al cuarto de su jefe -Creo que nuestro líder la tiene, se cansó de que todo el mundo quiera dicha piedra, como aquél hombre del desierto que vino hace unos días.
-¿Y cómo se la pido? Me enviaron hasta aquí para buscarla- Confesó el rubio.
-El gran jefe se encerró diciendo "¡Voy a esperar aquí hasta que llegue el emisario de la Familia Real"- Aclaró el goron imitando al susodicho líder – Si eres tú, debes de tener alguna prueba ¿no?
-Link, esta alfombra parece tener la misma función que aquél dibujo del cementerio- Agregó Navi, mirando dicho objeto.
El joven recordó la función de aquel dibujo, captando lo que tenía que hacer. Se colocó encima de la alfombra, sacó su Ocarina y entonó la Nana de Zelda.
Tras tocar la melodía la puerta se abrió.
-¡Funcionó, ahora entremos!- Dijo Navi emocionada. Mientras ambos entraban a la habitación, cruzando primero un largo pasillo.
Al llegar al final, miraron a su alrededor, la zona tenía algunos dibujos en las paredes, una gran alfombra en el centro de la sala, unas mesas a la izquierda, al frente habían unas antorchas en ambas esquinas, al centro de esta se encontraba una estatua. Pero frente a esta estaba un Goron con una característica distinta, poseía mucho pelo alrededor de su cara, mostrando su avanzada edad. Se le veía enojado.
-¿Pero esto qué es? ¡¿Quién eres tú?!- Vociferó incrédulo el susodicho -Cuando oí la canción de la Familia Real esperaba ver a un emisario... ¡Pero tan solo eres un niño!
-Verás... Te lo puedo...- Intentó explicar Link.
-¿Tanto prestigio ha perdido Darunia, gran jefe de los gorons?- Interrumpió el líder frunciendo el ceño -¡¿Por qué recibo este trato del Rey, aún teniendo un pacto de hermanos?!- Se preguntó alzando la voz -¡Ahora sí que estoy FURIOSO! ¡Fuera de mi habitación! ¡AHORA!
-¡Oye tranquilízate!- Dijo Link tratando de calmarlo, su actitud le recordó un poco a Mido -¿Por qué estás tan molesto?
-¿En serio me preguntas eso?- Golpeó la mesa que estaba a su izquierda, partiéndola en pedazos -¡La cueva de los dodongos está llena de monstruos! ¡Y de paso está bloqueada!- Confesó furioso -¡Tuvimos una pésima cosecha de flores bombas, nuestro cultivo estrella! ¡El hambre nos agobia debido a la escasez de rocas! Y por eso perdimos un poco de fuerza...- Se detuvo y miró fieramente al joven, pero él ni se inmutó, en cambio Navi se escondió en el bolsillo de este -¡Es un problema nuestro, de los goron! ¡No necesitamos ayuda de nadie!- Al terminar de hablar, le dio la espalda al chico, tratando de contenerse de golpearlo.
-¿Link, no habrá alguna una forma de calmarlo?- Preguntó Navi, incomoda de la situación.
El joven lo pensó por un momento, hasta que recordó ciertas palabras que le dijeron al llegar: "Al jefe le encanta bailar, sobretodo la canción del bosque" Sin dudar ni un instante, sacó su ocarina y entonó la dichosa melodía, La Canción de Saria. Navi revoloteó a su alrededor durante su entonada.
Mientras tocaba la canción, el jefe de los gorons se les quedó mirando unos segundos, inmediatamente comenzó a bailar siguiendo el ritmo de la canción, con una sonrisa en su rostro, su furia se había esfumado.
Al ver dicha reacción, Link retrocedió un poco sin dejar de tocar su instrumento. El jefe danzó por varios minutos hasta que el joven dejo de entonar la canción.
-¡Eh! ¡Que melodía más bonita!- Felicitó sonriendo -¿A que les gustó mi baile?
El rubio se quedó estupefacto ante la danza, por lo que decidió decir la verdad-Pues...
-¡Si! ¡Estuvo increíble! Usted es un experto- Interrumpió Navi, antes de que su amigo dijera algo, lo mejor era mantener al goron de buen humor.
-¡Gracias!- Rió el susodicho -¡De repente me siento más animado! ¡Como si unas fuerzas se hubieran apoderado de mí!- Confesó con devoción -¡Ah, lo siento por no presentarme bien!- Se calmó -¡Yo soy Darunia, el gran jefe de los gorons! ¿Querías preguntarme algo?
-Sí, que necesito la piedra espiritual-Preguntó Link, esperando no tener que verlo bailar otra vez.
-¿La piedra espiritual del fuego? Ósea El Rubí Goron, es el tesoro oculto de mi raza...- Se frotó la barba -Obviamente no te la voy a dar así, sin más...
El espadachín rió, ya se lo esperaba -Ya veo, de verdad la necesito ¿Qué podría hacer por ella?
-Si la necesitas de verdad... ¿Por qué no acabas con los monstruos de la Cueva de los Dodongos y demuestras que eres un hombre de verdad?- Preguntó como si nada, sorprendiendo al ojiazul -Estamos débiles por la falta de alimentos... Supongo ya viste a los dos gorons de afuera...- Aclaró -Si lo haces, todo el mundo volverá a estar feliz. Y te daré lo que me pidas. ¡Incluso la piedra espiritual!- Aclaró sonriendo.
-De acuerdo, ¡Lo haré!- Aseguró con determinación-Pero... ¿Cómo destruyo el paso bloqueado?- Preguntó rascando su mejilla.
-Tranquilo, ya lo pensé, te daré esto... -Caminó hasta un baúl que se encontraba cerca y sacó de ahí un pequeño brazalete dorado, con el símbolo Goron en él. Regresó frente al espadachín -Esto es un brazalete Goron, solo podrá usarlo un niño como tú- Aclaró -Con él se aumentará tu fuerza, podrás levantar las pesadas flores bombas, ¡Y quizás algunas rocas de tu tamaño!- Le entregó el objeto al rubio.
Este se lo colocó en la muñeca izquierda, le cupo perfectamente -¿Aumentaría la potencia de mis ataques?- Preguntó curioso, por eso se lo puso en ese brazo en específico.
El goron levantó sus brazos, sonriendo -Probablemente. Bueno... ¡Acaba con los monstruos y hazte un hombre de verdad! Luego hablaremos de la piedra espiritual.
-Prometo acabar con todos- Aseguró el joven con determinación -Tendrán su cueva de regreso.
El jefe sonrió al ver el valor del muchacho, sin duda le recordaba al héroe que relataban las leyendas de su pueblo, y quizás un poco al rey cuando era más pequeño, antes de cambiar a su fría y distante actitud. Tenía toda su confianza en él.
Al despedirse de Darunia, Link y Navi regresaron al sendero, específicamente donde se encontraba el goron que trataba de sacar una flor bomba, el cual estaba totalmente agotado frente a esta. El joven se acercó a la flor, la sujetó y la jaló con todas su fuerzas, haciendo reír a la rocosa criatura.
-Ja, ja, ja, ja, si cómo no, si yo no pude tu men...- Pero no terminó sus palabras al quedar boquiabierto ante la escena que presenciaron sus ojos. Link gracias al aumento de su brazalete logró arrancar la planta de su lugar. Navi se sorprendió ante el efecto del objeto. Sin dudarlo ni un instante, el rubio arrojó la bomba hacía delante, esta cayó por el precipicio hasta al frente de la cueva bloqueada.
El goron de ahí todavía golpeaba las rocas que bloqueaban el paso -¡Destrúyete Ya...
¡BOOOOOOOOOOOOM!
-¡YAAAAAAA!- Gritó mientras rodaba hacía atrás debido a la fuerte e inesperada explosión, continuó recorriendo el camino hasta Kakariko, asustando a los que lo vieron pasar.
-¡Lo siento!- Se disculpó el ojiazul, avergonzado.
Navi negó con su cuerpo riendo un poco -Bueno, ¿Estás listo?
Link le encaró sonriendo -Desde que acepté este destino lo estoy, amiga...
Continuará...
Comentarios Finales: ¡Por fin! El que sigue es el segundo templo, ya podre ver si soy capaz de redactarlo mejor XD
Ahora saben mas de Sombrita y Rygan, esta ultima investigará a fondo al descolorado, pero la enorme duda es ¿Por qué ella, Link y Zelda pueden verlo y los demás no? Algún día lo sabrán jeje.
Quiero agradecer a mi amiga Egrett Williams por ser mi Beta, sino fuera por ella toda esta atrocidad de fic estaría lleno de errores. A Fox McCloude, Sakura XD, Devil-In-My-Shoes y a Kaioshin135 por sus comentarios. Ya casi se acerca el segundo encuentro entre los elegidos, por si lo esperaban XD
Aviso que ya salí de vacaciones, así que ya podré trabajar en mi segundo One-Shot, el cual espero tener listo para finales de este mes o inicios del siguiente, sera otro Zelink pero incluirá otro género que ni yo pensaba usar, pero sucedió: Tragedia.
Bueno, ¡hasta el siguiente! XD
