Oh! hola ;D no os he oído llegar (?)

Bueno bueno, por fin llegó el esperado capítulo de la cita. Creo que no os he hecho esperar demasiado, ¿no?

Espero no haberme salido mucho de los personajes (esto debería decirlo siempre), pero tengo debilidad por Chorito siendo adorable.

Disfrutad del capítulo! Nos leemos debajo

{Red}


Capítulo 7 - La cita

Después de la charla con Todomatsu tuve que volver a terminar mi turno sirviendo mesas. Todos los clientes que habían estado presentes durante mi actuación me felicitaban cuando pasaba cerca de ellos, incluido Osomatsu, quien me miraba constantemente con una de sus encantadoras clásicas sonrisas y trataba de convencerme para que me sentara con él cada vez que pasaba por su lado.

Como compensación por la actuación extra, mi jefa me dio la mañana y parte de la tarde del día siguiente libres (los sábados trabajaba todo el día), por lo que se podría decir que solo tendría que hacer el turno de noche. Yendo por la calle de camino a casa suspiré pensando en qué podría hacer para aprovechar el día libre. Estoy seguro de que se reflejó en mi rostro la emoción que se apoderó de mí al pensar que podría ir a comprar aquel manga que tanto tiempo llevaba esperando para comprar, porque Todomatsu me miró raro, casi decidido a cruzar la calle para que no le vieran conmigo.

No tardamos mucho en llegar a casa, justo a tiempo para cenar con los demás. Después de la cena me quedé leyendo una revista en el salón mientras Ichimatsu salía a dar comida a alguno de los gatos que venían habitualmente a la casa. Todomatsu había subido a la habitación con Osomatsu y Jyushimatsu, y Karamatsu… No estoy muy seguro de dónde se encontraba.

Noté una corta vibración en mi bolsillo, seguramente un mensaje de mi jefa o alguna de mis compañeras. Ignoré el teléfono, optando por continuar el interesante artículo que había estado leyendo segundos antes de sentir la vibración, pero antes de poder seguir, el teléfono volvió a molestarme con lo que sería seguramente otro mensaje. Suspirando, saqué el aparato de mi bolsillo y abrí los mensajes, sorprendiéndome al ver quién los había enviado.

From: Osomatsu

Hola Choromi-chan! :D Me preguntaba si podíamos quedar un día de estos para la cita de la que hablamos. Puedes mañana? :)) Si no puedes podemos quedar otro día. Cuando te venga bien. Yo puedo cuando me digas. Quizá el lunes? O el martes? O el miércoles?

From: Osomatsu

Olvidé decir que soy Osomatsu, el chico del camerino, aunque imagino que lo habrás deducido. Hehe ;)

Tardé un rato en darme cuenta, pero estaba sonriendo como un tonto mientras leía los mensajes. Después de pensarlo un poco y razonar conmigo mismo, decidí responder.

To: Osomatsu

Mañana tengo libre casi todo el día. Si te parece bien, podemos quedar hasta que tenga que entrar a trabajar.

Casi al segundo, ya me estaba respondiendo.

From: Osomatsu

PERFECTO! A las 10 te parece bien? :DD

To: Osomatsu

Las 10 está bien.

Era un plan bien razonado. Me levantaría temprano para ir a arreglarme al club, quedaría con Osomatsu, y como él querría acompañarme a casa, evitaba tener que mentirle al entrar a trabajar justo después de la cita. Era un plan perfecto. Soy un genio.

From: Osomatsu

Genial! Paso por ti a esa hora :D Dime dónde vives para que pueda ir xD

Mierda. Miré nervioso la pantalla. No había pensado que también querría recogerme en casa. ¿Qué podía hacer? Mi perfecto plan se había venido abajo. ¿Por qué todo tenía que salirme mal?

Tras unos segundos de pánico, mi cerebro decidió volver a activarse, dándome una solución extremadamente sencilla. A veces puedo llegar a ser tan idiota como el mayor de mis hermanos.

To: Osomatsu

Quedamos directamente en la puerta del club. Nos vemos

Y así de fácil fue solucionar mi crisis. Enterré la cara en uno de los cojines que tenía a mano, gruñendo por mi estupidez.

De los nervios, apenas pude dormir aquella noche, mirando de vez en cuando a mi hermano mayor dormir de forma ruidosa a mi lado como si nada. Cuando me desperté, me encontré con que Jyushimatsu se había movido durante la noche, empujándome hacia el otro lado del futon, lo que aprovechó Osomatsu en sus sueños para atraparme entre sus brazos. Estaba aplastado entre dos de mis hermanos, por lo que me ví obligado a apartarlos a ambos de un empujón si quería salir de allí antes de que despertara el mayor. Jyushimatsu se movió sin ningún problema, aprovechando el cambio de posición para estirarse aún más en el espacio que quedaba bajo el futon. Por otro lado, Osomatsu había sido más complicado. Estuve mínimo diez minutos hasta que conseguí que me soltara, acto seguido quitándomelo de encima para que no pudiera volver a atraparme. El pequeño empujón que le di fue suficiente para hacerle chocar con Todomatsu y despertarlo.

El menor de mis hermanos se sentó, aún entre las mantas, mirándome mientras se frotaba los ojos -¿Dónde vas a estas horas, Choromatsu nii-san? –Me acerqué a él, hablando bajito para no despertar a los demás. No sé por qué, pero me pareció buena idea decirle que Choromi tenía una cita. Obviamente, no fue buena idea. Al momento ya estaba en pie, casi gritando que por qué no había avisado a mi (y cito textualmente) "maravilloso estilista sin el que no podrías sacar el máximo partido a la bella Choromi" para que eligiera la ropa para la cita, el maquillaje y todo lo demás. Solo para que se callara, le dejé venir conmigo para que me ayudara. La verdad es que un poco de ayuda no me vendría nada mal.

Una vez en mi camerino, empezamos a buscar entre toda la ropa que tenía mientras Totty me interrogaba sobre los detalles de la cita. Solo le dije que uno de mis clientes-admiradores me había pedido la cita unos días atrás, y se me escapó que era posible que sintiera algo por él, a lo que Todomatsu respondió como una estudiante de secundaria a la que su mejor amiga acaba de confesarle que le gusta un chico, gritando emocionado y poniendo aún más empeño en que tenía que estar "preciosa" para ese misterioso hombre.

Cuando salí por la puerta del club eran las diez menos cinco. Llevaba mi habitual peluca verde y un maquillaje sencillo. Tras una larga discusión con mi hermanito, acordamos la ropa que llevaba puesta, una camisa blanca acompañada de una chaqueta verde oscuro, una falda sencilla en color negro que me llegaba hasta bastante por encima de las rodillas y unas botas blancas hasta la rodilla. Por algún motivo, también llevaba puestas mis gafas (las cuales casi nunca utilizaba a diario, solo para leer). Imagino que Totty solo quería tocarme las narices haciéndome llevarlas, pero de todos modos algo me dijo que debía hacerle caso.

Osomatsu llegó a las diez en punto, jamás le había visto ser tan puntual en toda su vida, vestido con una camisa a cuadros rojos y negros, unos vaqueros desgastados y unas zapatillas negras que no sé de dónde había sacado. Cuando me vio, no pudo contener una de esas enormes sonrisas que le iluminaban el rostro, acercándose en seguida y besándome la mano como saludo antes de darme los buenos días y elogiarme, destacando lo bien que me quedaban las gafas. Sonrojado por el beso en la mano y los cumplidos, le respondí con un hilito de voz, sonriendo tímidamente. ¡Dios mío, sí que era una colegiala enamorada!

Comenzamos a caminar hacia el distrito comercial, iniciando él una conversación tranquila sobre cosas aleatorias. Podía notar lo nervioso que estaba realmente Osomatsu, y el gran esfuerzo que estaba haciendo para que no se le notara. No como yo, que seguía con las mejillas completamente rojas y respondiendo casi con monosílabos a los intentos de establecer una conversación de Osomatsu.

Se hizo un silencio incómodo. Yo traté de distraerme mirando alguno de los escaparates de las tiendas por las que estábamos pasando, el mayor haciendo lo mismo. Más de una vez cruzamos la mirada, ambos un poco cortados, en seguida devolviendo la vista a las tiendas totalmente rojos. En una de esas veces, decidí mantener un poco más la mirada y sonreírle de forma más dulce, siendo correspondido con una gran sonrisa algo avergonzada por su parte.

Pasamos unos segundos así, Osomatsu estuvo a punto de decir algo, pero le interrumpí sin darme cuenta al salir corriendo hacia una de las tiendas.

¡Ahí estaba! ¡El manga que tanto tiempo había estado esperando! No pude evitar los brillitos que seguramente habría a mi alrededor, totalmente ilusionado de haberlo encontrado. Estuve a punto de entrar corriendo a comprarlo, pero me detuve al oír la suave risa de Osomatsu tras de mí. Oh, no. Había olvidado completamente lo que estaba haciendo en primer lugar. Hoy no era Choromatsu, tenía que actuar como Choromi. Me giré hacia mi hermano, intentando inventar alguna excusa que justificara mis acciones, pero no se me ocurrió nada –No sabía que te gustaran estas cosas, Choromi-chan –volvió a reír suavemente, mirando el manga que tanto me había ilusionado –Uno de mis hermanos también está enamorado de ese manga, hehe. No se lo digas, pero a mí también me encanta. Más de una vez le he robado algún tomo para releerlo –me guiño un ojo, haciéndome cómplice de su secreto. Ahora ya entendía por qué me desaparecían los manga… ¡Era él el ladrón que me los robaba! Aunque he de admitir que me alegró bastante saber que a él también le había gustado tanto como a mí esta historia.

Bastante más tranquilo, le pregunté si le importaba que entrara a comprármelo, ofreciéndome a prestárselo cuando yo lo acabara. Entramos a la tienda y antes de que me diera tiempo a darme cuenta, él ya lo había comprado para mí. Esto se me hacía raro, tener a Osomatsu ofreciéndose a pagarme cosas con SU dinero por voluntad propia. Era un cambio enorme de lo que estaba acostumbrado a ver.

Pasamos el resto de la mañana riendo y hablando mientras caminábamos, disfrutando de la compañía del otro. De forma no muy disimulada, Osomatsu trató de tomarme la mano un par de veces, arrepintiéndose siempre en el último segundo. Una de estas veces, desvié la mirada hacia el lado contrario mientras cerraba yo mismo el espacio que quedaba entre nuestras manos, entrelazando nuestros dedos poco después de que el mayor fuera consciente de que había logrado su objetivo.

La verdad, es que este lado tan dulce de mi hermano me estaba haciendo enamorarme aún más de él. No era habitual ver al mayor de mis hermanos comportarse de forma tan encantadora con nadie, y mucho menos conmigo o uno de nuestros hermanos.

Cuando se hizo la hora de comer, Osomatsu me llevó hasta la puerta de un restaurante que parecía realmente caro en un intento de impresionarme. Aprovechando que nuestras manos aún seguían unidas, tiré suavemente de él, haciendo que me mirara y le dediqué la más dulce de las sonrisas que Choromi había esbozado jamás –No necesitas llevarme a ningún sitio caro para ganarme. Con un bol de ramen yo tengo de sobra –continué sonriendo mientras le conducía hacia uno de los locales a los que solíamos ir cuando no estábamos timando al pobre Chibita.

Al entrar nos sentamos en una mesa alejada de la entrada, pidiendo un par de boles de ramen. Durante la comida no dejamos de reírnos con diferentes anécdotas y tonterías que se nos ocurrían y dándonos pataditas bajo la mesa. Estar así con Osomatsu me recordaba mucho a cuando éramos pequeños y pasábamos todo el día juntos, riendo y planeando trastadas. Echaba de menos aquellos tiempos…

Cuando terminamos, él se ofreció a pagar la comida de ambos. Pensé que no llegaría el día en que me pelearía con mi hermano mayor por pagar la cuenta, pero finalmente logré convencerle de que me dejara pagar mi parte.

Poco después de haber salido a la calle, la mano de Osomatsu ya estaba de nuevo unida a la mía. Se notaba que ambos estábamos mucho más cómodos y relajados que por la mañana. Casi de forma inconsciente, acabamos frente a un arcade, entrando casi corriendo tras compartir una mirada que ambos sabíamos significaba que queríamos entrar.

Hacía ya varios meses que no venía por esta zona, y la mayoría de máquinas habían sido cambiadas de sitio o reemplazadas. Empezamos con el juego más básico del mundo, echando un par de partidas al Air Hockey para ver quién elegía a que jugar luego. Tuvimos que hacer una partida de desempate para ver quién era el ganador, que acabó siendo Osomatsu por solo tres puntos. Lo siguiente fue una máquina relativamente nueva de matar zombies, lo cual se me dio bastante bien. Seguimos probando máquina tras máquina de juegos, hasta que Osomatsu me detuvo frente a la máquina de baile –No se me da muy bien este juego –dije tratando de evitar jugar. La verdad es que me gustaba mucho, pero mi coordinación era casi nula la mayoría del tiempo, pero tras ver que me estaba poniendo ojos de cachorrito, acabé aceptando.

Me puse en posición mientras mi hermano mayor elegía la canción, tras lo cual se colocó a mi lado en la otra plataforma. Miré la pantalla, yo lo tenía puesto en nivel medio y él se había puesto nivel difícil. No sabía que le gustara este juego. Cuando comenzó la canción, la reconocí en seguida, "Hatsune Miku no Shoushitsu", había cogido una canción realmente difícil. No tardé mucho en empezar a tropezarme conmigo mismo y perder un montón de puntos, pero ver a Osomatsu clavar todos los pasos era impresionante. Jamás hubiera imaginado que el vago de mi hermano fuera capaz de moverse a esa velocidad y con tantísima coordinación.

Para cuando acabó la canción, yo apenas había conseguido el mínimo de puntos para no ser eliminado, mientras Osomatsu prácticamente tenía una puntuación perfecta –¡No sabía que fueras tan bueno en este juego! Tienes que enseñarme como lo haces –reí mientras bajábamos de la plataforma.

Apartándome de forma algo brusca, una chica se abrió paso hasta llegar a mi hermano, coqueteando con él aprovechando el espectáculo que acababa de dar en la máquina de baile.

¿¡Desde cuando se acercaban chicas relativamente guapas a uno de nosotros!? Esto debía ser una broma. Pero no lo era. Esa chica que parecía no tener autoestima ni estándares (aunque yo no sea el más indicado para hablar en este momento), estaba realmente ligando con el idiota. ¡¿Pero qué cojones?!

Me acerqué a Osomatsu por el otro lado, tomándole del brazo y no molestándome ni en sonreír mínimamente a la tía esa –Tenemos que irnos ya. Piérdete –contuve las ganas de insultar a la tipa esa, que se fue molesta. De pronto Osomatsu comenzó a reírse como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo, provocando que le mirara con el ceño fruncido -¿Estabas celosa? Hahaha Esa chica era una de las compañeras de trabajo de mi hermano pequeño. Me había confundido con él por un momento –continuó riéndose mientras yo me ponía cada vez más rojo.

Empecé a tirar de él para salir del local, se estaba haciendo tarde y yo tenía que llegar al trabajo a tiempo. Osomatsu miró la hora en su móvil, entendiendo por qué debíamos irnos ya. Me sonrió e iniciamos el camino hacia el club, manteniendo una conversación casual. Hasta poco antes de entrar al club, seguí agarrado al brazo de mi hermano, disfrutando de poder estar tan cerca él. Una vez entramos, me acompañó hasta mi camerino, donde encontré que Totty me había dejado preparado un vestido para la actuación. Me quedé unos minutos hablando con Osomatsu en mi puerta hasta que se acercó demasiado la hora de comenzar mi turno –Debo irme ya… Aún tengo que cambiarme y tendría que estar ya preparada para subir al escenario –bajé la mirada un momento antes de levantar la vista para mirarle a los ojos –Muchas gracias por lo de hoy, Osomatsu –al momento pude ver como su sonrisa se ampliaba, llena de esperanza –Ha sido un placer. Espero que podamos repetirlo pronto –se acercó un poco a mí, acariciando mi mejilla. Por mi parte, yo comencé a acercarme también, entrecerrando los ojos mientras le respondía –Yo… también –nuestros labios estaban a escasos milímetros de juntarse, podía sentir la respiración de Osomatsu sobre mi piel. Apenas se rozaron nuestros labios cuando una de las chicas que saldría esta noche a cantar conmigo vino a buscarme, interrumpiéndonos. Totalmente avergonzado, me separé de Osomatsu y le cerré la puerta del camerino en la cara con la excusa de que tenía que vestirme.

Había besado a Osomatsu. Nuestros labios se habían juntado por casi un segundo. Estaba que me subía por las paredes, esto no podía ser cierto, era demasiado bonito para ser verdad.

Mi compañera tocó un par de veces a la puerta, por lo que terminé de vestirme rápidamente y salí, disculpándome con ella en seguida. Al subir al escenario, lo primero que vi fue a Osomatsu sentado en segunda fila, mirándome con una gran sonrisa sobre sus labios.

Ahora sí que estaba jodido.


¿Qué me decís de la cita de los tortolitos? ¿Era lo que esperabais?

Avisad si se me pasó alguna falta ortográfica y demás

Nos leemos!

PD: estoy teniendo algunos problemas con el portátil, así que me está costando mucho escribir la continuación