Hola a todos, aquí Kitten con un nuevo capítulo de Flor de Fuego. Tengo una increíble flojera de escribir, asi que, feliz semana santa, y nos leemos abajo.
En el complejo de apartamentos, cuando ya estaba casi pasada la hora del conticinio y todo lo que no estaba iluminado era preso del calígine nocturno; se podía distinguir el sonido de pasos, el de las ruedas de una maleta, y el eco que ocasionaban en los pasillos del sitio. La causa de ellos, era una jovencita, no mayor de 11 años, con larga cabellera roja cual fuego, y ojos plateados cuyo brillo parecía algo apagado. Después de un momento, sus pasos se detuvieron al igual que las ruedas de la maleta rosa que arrastraba consigo.
Frente a ella se extendía una larga hilera de puertas de apartamentos, y por un momento pareció considerar el pedir refugio en cualquiera de aquellos apartamentos, con tal de no acercarse a aquel en el que se estaría quedando. Sacudió su cabeza para espantar el pensamiento, y en su lugar se escuchó la voz de su adorado padre, en alguna de aquellas ocasiones en las que le había contado historias sobre su pasado.
–En la segunda planta, el apartamento al final del pasillo. Con una puerta de madera blanca, y una refinada reja de color rojo apagado y diseños en espiral. Simple, ordinario, pero a la vez era el vivo reflejo de la personalidad de ella.
A la par de las palabras de aquel recuerdo, Hikari avanzaba hacia el final del pasillo, donde se encontraba aquella imagen que tantas veces había imaginado, preguntándose como se sentiría abrir aquella puerta cada día después del colegio, para llegar a un acogedor hogar en el cual aquella mujer de apariencia sorprendentemente similar a la suya, le recibiría con un abrazo, una sonrisa y un "Bienvenida a casa, Hikari-chan", para luego llevarla al comedor en el cual, junto a su padre, degustarían alguno de aquellos magníficos platos de los cuales su padre siempre le contaba. Pero la realidad no podía ser mas diferente de la imaginación de una niña. Respiro hondo y parpadeo repetidas veces para espantar las pequeñas lágrimas que habían hecho presencia ante el pensamiento, y se detuvo.
Allí se encontraba. De pie frente a la puerta, que a pesar de haber pasado tantos años imaginando, nunca había visto en su vida... hasta ahora...
Tal como se la habían descrito, era una reja metalica de color rojo, con hermosos y espiralados diseños que casi llegaban a asemejarse a la forma de una lemniscata. Detrás de élla, había una antigua puerta de madera de tilo. Junto a la reja se encontraba un pequeño interruptor de color blanco con una figura de campana pintada sobre ella; un timbre.
Hikari levanto su mano con cautela, y con todo el cuidado del mundo, presionó el timbre, rogando porque fuera muy silencioso, y que no lo escucharan. Pero para su mala suerte, alguien pareció darse cuenta, ya que muy pronto escuchó una respuesta, y pasos veloces en su dirección. El pensamiento de esconderse y luego huir pasó efímero por su mente, pero negó con la cabeza. Enfrentaría aquello cara a cara; se lo debía a su padre. Al escuchar el quejido de la madera de la puerta, y la luz iluminar su rostro, supo que era muy tarde para arrepentirse, así que tragó el nudo de su garganta, y ddo un paso adelante.
–¿H-hola?– Preguntó, mientras sus ojos se acostumbraban a la luz, y la pequeña silueta enfrente suyo se hacía cada vez más clara. Era una jovencita de su edad, con una larga melena de un color oscuro como la noche, y brillantes ojos color onyx que brillaban con un toque curioso.
–¡Hola!– Saludó ella, en una dulce voz –Tu debes ser Hikari-san.
–¿Eh? ¿Sabes mi nombre?
–Por supuesto, me avisaron que vendrías hoy. Es un placer, mi nombre es Yui Kirigaya, y soy tu hermanastra. Puedes llamarme Yui– Dijo, y sonrió dulcemente.
Hikari le sonrió nerviosamente –Entonces llámame Hikari. Me gustaría saber que quieres decir con hermanastra, hasta donde yo se mi media-hermana es Aiko-chan...
–Te lo explicaré luego. Por ahora vamos adentro.
*Ser hermosa no significa no poder ser inteligente o fuerte. Siempre recuerda que las rosas también tienen espinas*
Hikari caminaba por los pasillos de aquella morada desconocida, guiada por su autoproclamada hermanastra, Yui. A decir verdad, ella le comenzaba a caer un poco bien...
Aquella niña era todo menos lo que Hikari esperaba que sería alguien criada por su madre. Parecía una muñeca con su tez blanca de porcelana y sus brillantes ojos, ademas de que parecia muy dulce. Pero Hikari no bajo sus defensas. Su padre le había enseñado que hay mil y un maneras de engañar y ser engañado.
La jovencita que era tan solo unos centímetros más bajita que ella, la dirigió por un pasillo tenuemente iluminado de paredes color bronce y suelo marmoleado, hasta una habitación. Paredes color marfil, techo de madera y piso de cerámica similar al del pasillo; una cama de enormes proporciones con una cubierta aparentemente flotante de lo que parecía ser tul, junto a una pequeña mesita de noche de madera de tilo, y varios otros muebles como un escritorio, un mini-sofá, y un televisor.
Aquella habitación no era para nada a lo que ella estaba acostumbrada. Su vieja habitación habia sido en una casita ligeramente aislada, una habitación pequeña con muebles modestos.
"Estoy cansado de la vida de lujos," le habia comentado su padre cuando ella preguntó "de ahora en más viviremos una vida sencilla hasta que decidamos que queramos volver a mi vieja casa"
Volvió a mirar la amplia habitación, y notó una puerta en el costado.
–¿Es aquella la puerta a un baño?– Preguntó, confundida.
–No, es la puerta a mi habitación. Por si necesitas cualquier cosa, solo tienes que avisar…
–Muchas gracias. ¿Está bien si pregunto donde están el señor y la señora Kirigaya?
–Están en el comedor cenando con mi abuela... No me agrada mucho, y se que el sentimiento es mutuo, pero tengo que ir. Pero tu debes quedarte aqui hasta que te avise. La abuela Kyouko no sabe que estás aquí. Pero pronto le dirán, y debes estar lista para entonces.– Dijo Yui, mirando a la maleta –¿Tienes algo semi-formal, o algún vestido?
–S-si– Soltó, recostando la maleta, y revolviendola hasta toparse con un vestido plateado matte con blanco.
–Heeeeh, es muy hermoso…– Reiteró, yendo a su habitación y regresando poco después con un vestido lila con blanco –Esto es lo que me voy a poner yo. Bueno, te dejo por un momento. Te sugiero que te vistas ahora y esperes hasta que te busque. Nos vemos entonces. Hasta luego, Hikari-chan.
–Igualmente, Yui-chan.
Luego, la puerta que conectaba sus habitaciones se cerró, y ambas comenzaron a prepararse.
*Siempre que trato de caminar lejos me encuentro corriendo de vuelta hacia ti, y por eso me odio. Me odio por amarte*
Velas decoraban la mesa en la que se escuchaba el chillido de utensilios y la charla entre las personas que estaban comiendo sobre ella. Eran una mujer, junto a la cual se hallaba su esposo, y una mujer mayor. Apenas se distinguían sus siluetas desde la rendija pequeña que había en la puerta.
–Asuna– Comenzó la mujer mayor, Kyouko, dirigiéndose a la señorita enfrente suyo. –Pensaba que tu "hija" iba a estar presente hoy.
–Si, madre. Es solo que está terminando de arreglarse. Deja que la llame-
–No será necesario, mamá. Aquí estoy. Buenas noches, papá; Buenas noches Kyouko-sama.– Soltó en un hilo de voz formal la pequeña de cabellera negra, ya vistiendo su atuendo, mientras tomaba asiento cerca de sus padres. –Disculpen la interrupción.
–Estás seis minutos tarde, ¿En que estabas pensando? O mejor dicho, ¿Que estabas haciendo?
–Mis disculpas, Kyouko-sama. Dudo que mi paradero hasta este momento sea de mucha importancia, asi que permanecere callada, si usted lo permite. – Siguió, inclinando la cabeza ligeramente.
–Muy bien. Te lo permito, ahora, comienza a comer antes de que se enfríe lo que mi hija ha preparado para ti, jovencita.
–Si, mi señora.
–Asuna– Le volvió a llamar, a lo que la aludida volteó –Al menos disciplina a esta joven correctamente. La hora de la cena es las seis de la tarde. Ni un minuto más.– Dijo, en tono serio y estricto.
–Si, madre. Por cierto, me gustaría avisarte de algo. Verás, aún recuerdo cuando te molestaste conmigo por dejar a mi primogénita a cargo de su padre, y divorciarme de el, así que te invité para decirte que debido a un viaje por parte de su padre, Hikari se estará quedando aquí por un tiempo.
–¿Enserio? ¿Por cuanto tiempo?– Preguntó, enarcando una ceja.
–Por alrededor de un año.
–Hmm, y ¿cual es el beneficio de esto?
Asuna se levanto, y suavemente susurró algo en el oído de su madre, quién le miró con una leve, pero vil sonrisa.
–Interesante...
Hasta aquí lo dejo. Dejen reviews si quieren. Nos leemos luego!
~Kitten
