¡Holiiiiiii! Capaz y se preguntan "¿Y esta bicha qué?" xD Pues resulta que la musa interrumpió mi sagrado tiempo de descanso para mandarme a patadas a escribir una idea que no había terminado. Y pos aquí me tienen, con una nueva actualización de flor. Se la dedico a Sakura Zala y a Yui Kirigaya :3. En fiiin, los dejo para que lean...
Con tranquilidad se bajó del vehículo plateado, llevándose un ramo de flores muy colorido consigo. Caminó con ligereza, por la acera vacía, mientras hacía su camino por el oscuro lugar hacia una hermosa piedra tallada en un delicado diseño. Se arrodilló frente a ésta, y dejó el ramo de flores en frente de ella, cual si estuviese ofreciéndoselo. Con una sonrisa, levantó el rostro.
-Como prometí, vine a despedirme de ti de la manera apropiada- Dijo a la lápida, cual si tratara de comunicarse con la persona cuyo nombre estaba grabado en su superficie de piedra -Y también te traje un regalo. Es un ramillete. Azucenas y Camelias blancas; ¿Recuerdas su significado? "Te querré por siempre, mi hermosa doncella" Recuerdo que te regalé un ramo de estas en nuestra primera cita. Al escuchar su significado te sonrojaste de una manera tan adorable...- Relató, sonriendo con tristeza -También hay un par de flores de ciruelo y una flor de no-me-olvides, porque mantendré mi palabra de que nunca, pero nunca te olvidaré, sin importar lo que pase... Después de todo, eso es lo que te prometí, recuerdas...?
El ambiente de aquella fría habitación de hospital era bastante pesado, y habían obvias razones para ello. En la blanca camilla, se encontraba recostada una joven de cabello castaño claro, cuya suave tez blanca se encontraba cubierta de moretones, raspones y cortadas. Sus ojos ambarinos se encontraban entreabiertos, y los leves latidos de su corazón eran reflejados en un monitor, a la par de un sonido agudo constante qué los marcaba.
A un lado de la cama, se estaba apoyando una pequeña de alrededor de 8 años, llorando desconsoladamente, y junto a ella, en una silla junto a la cama, se encontraba un joven pelinegro sentado, sosteniendo delicadamente la pálida mano de la señorita, mientras le mandaba ánimos de manera no verbal.
-Mami, por favor no te vayas. No nos dejes solos- Le rogaba una y otra vez la pequeña, repitiendolo como si se tratase de un hechizo qué mantendría a la lastimada joven atada a este mundo.
-Hey, no llores mi Hikari-chan- Le dijo la muchacha dulcemente -Eres muchísimo más hermosa cuando sonríes, mi lucerito. Tu luz brilla de una manera tan cegadora qué hasta los más afligidos ríen y los más serios y fríos dan las más pequeñas de las sonrisas sinceras.- Finalizó, mostrando una sonrisa débil.
Esto solo hizo que la niña sollozara con mucha más fuerza, aferrándose con sus pequeñas manos a la blanca sábana qué cubría la camilla, cual si se tratara de un salvavidas. Seguidamente, la muchacha miro hacia Kazuki, qué se encontraba sosteniendo su mano derecha con cariño y delicadeza, cual si se tratase de la más frágil de las reliquias de cristal, y el fuera la persona encargada de protegerla de todo daño.
Haciendo un enorme esfuerzo, levantó su mano izquierda qué estaba hecha un puño tembloroso, y cuando el estuvo a punto de detenerla, y tal vez decirle que debía descansar, ella negó con la cabeza, y abrió su mano, revelando una pequeña florecilla de color azul con un mínimo centro amarillo.
-Tomala, Kazuki-kun.- Murmuró, en voz baja.
Kazuki asintió, tomando la pequeña planta entre sus manos, y miró a Keiko, interrogandole con su mirada plateada. Ella se rió. Un hermoso y melodioso sonido que muy pronto fue opacado por una horrible tos qué sacudió violentamente el frágil cuerpo de la paciente. Ella intentaba con todas sus fuerzas el detener la tos, para que su familia no se preocupara, y cubrir su boca con la sábana, lo que pronto no logró más que manchar el blanco estéril y puro de la suave manta con un líquido de color rojo oscuro.
El personal médico y las enfermeras pronto aparecieron, y les urgieron a ambos qué se retiraran de la habitación para poder estabilizar la salud de la joven en estado crítico. Pero cuando una de las enfermeras volvió a salir, solo les miró de una manera apologética, y les ofreció sus más sinceras disculpas... Pues la paciente conocida como Keiko Kirigaya, lamentablemente había fallecido a pesar de todos sus esfuerzos por mantenerse con vida.
Aquél mismo día, descubrió el nombre de aquella florecilla de tono azulado qué ella misma le había entregado: "No-me-olvides"
-Hikari… ella te extraña muchísimo. No soporta tener que estar cerca de su madre biológica, y debido al viaje no podré estar con ella... Me temo que te tendré que pedir el favor de que cuides de ella mientras no estoy en la ciudad- Con amargura, limpió las lágrimas que habían comenzado a formarse en los bordes de sus ojos, previniendoles caer por sus mejillas en forma de un llanto qué él notablemente necesitaba a manera de desahogarse -Adiós, Keiko.
Y con aquellas últimas palabras, se levantó de su sitio, y se dirigió de vuelta a aquel automóvil gris en el cuál había llegado, pero esta vez con un destino completamente diferente.
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La sonrisa de Kyoko fue suficiente para alertar a la menor de la familia, quién se mantuvo defensiva mientras esperaba lo que sabía que iba a pasar.
-Yui.- Le llamó su madre, una vez que Kyoko hubiera murmurado algo en su oído -Ve a llamar a Hikari. Dile que se requiere su presencia aquí tan pronto como sea posible.
-Si, madre- Respondió monótonamente, mientras se levantaba de su asiento y se retiraba de la habitación.
Con pasos silenciosos entro a su habitación, y utilizó el pasaje qué la conectaba con aquella de su media-hermana como manera de comunicarse con ella.
-Hii-chan, Hii-chan- Le llamó, tocando la puerta -Mi madre y la abuela quieren verte...
La aludida abrió la puerta, y se acercó a Yui.
-Gracias por avisarme...- Le murmuró, tratando de esconder su disgusto ante la situación; Pues al haber sido criada por su padre, no tuvo que lidiar con Kyoko, y la única abuela qué conoció se llamaba Kirigaya Kotori, pero aún así había escuchado anteriormente sobre su increíblemente estricta abuela materna: Yuuki Kyoko.
-No te preocupes, dudo que haya alguien en su sano juicio que quiera reunirse con la abuela aparte del abuelo Shouzou...- Le murmuró de vuelta, mientras caminaban hacia el comedor.
Una vez estuvieron en frente, Yui le instruyó como entrar, y como saludar a su abuela y tío, excluyendo a su madre a propósito, sabiendo el pequeño resentimiento qué había entre ellas.
Poco después, Yui tocó la puerta del comedor con el reverso de su mano qué se hallaba hecha un pequeño puño, y poco después, ingresó a la habitación.
-He regresado, Mamá, Papá, Kyouko-sama. Traje conmigo a Kirigaya Hikari-san.- Declaró la pelinegra, inclinándose en forma de reverencia y haciéndole una señal a la muchacha de cabellos anaranjados para que entrara.
Con pasos lentos y temerosos avanzó hacia la habitación en penumbra qué a duras penas se veía iluminada por la luz de las velas, con los nervios en punta y el corazón yendo a mil por hora.
Sus pasos eran muy ligeros mientras entraba al comedor casi saltando. En el ya se encontraría su padre, leyendo alguno de aquellos interesantes y a la vez tan complicados libros de la estantería; Y su adorada madre adoptiva, Keiko, procedería a colocar los platos sobre la mesa, sonriendoles a ambos mientras agradecía por el alimento, antes de probarlo.
Días repletos de risas y alegría inmesurable. Aquel momento en el que se encontraba no podía ni siquiera compararse a aquello. Con aquel amargo pensamiento grabado en la mente, dio una reverencia, y tomó asiento junto a Yui.
-Buenas noches, Kazu-oji-san, Kyoko-baa-sama, Asuna-san - Saludó, mientras acomodaba su vestido y se enderezaba, esperando lo que pudiese suceder. Los demás la miraron confundidos, mientras esperaban la reacción de la aludida.
Asuna solo sonrió, colocando una fachada para cubrir sus verdaderos pensamientos y sentimientos, mientras respondía con su propio saludo -Buenas noches, Hikari-chan.
Ella le ofreció una mueca torcida con intención de ser sonrisa, de vuelta, mientras sentía su sangre hervir. Cerca de 2 años completos sin siquiera verle la cara, nunca asumió la más mínima responsabilidad por ella, ¿y aún así se atrevía a referirse a ella de una manera tan informal, tan... cercana?
-Por favor no se refiera a mi persona de una manera tan informal- Dijo Hikari, mientras trataba de mantener la compostura y actuar con toda la diplomacia qué le fuera posible.
Asuna enarco una ceja, y la miró de una falsa manera interrogante -¿Heeh? Pero si esa es la mejor manera en la que me puedo referir a mi adorada hija...- Respondió en su tono dulcemente ponzoñoso.
-Perdiste el derecho a llamarme tu hija desde el día que te deshiciste de todas las responsabilidades que eso conllevaba- Le respondió, en un tono lleno de resentimiento que no parecía llegar a su rostro calmado.
Aquellas palabras si parecieron afectar a la joven adulta, cuyo rostro finalmente mostró su disgusto ante las palabras de la menor -Eres mi hija porque te llevé en mi vientre por 8 meses y 27 días. Porque te dí a luz y te nombré. Nadie puede quitarme ese derecho- Comenzó, pero fue interrumpida por Kyoko.
-Suficiente. Ésta discusión se ha alargado más de lo que debería. Hikari, no seas tan abiertamente hostil hacia Asuna. Y tu- Dijo, luego volteando hacia su hija menor -La niña tiene razón. Si Hikari no quiere que seas tan informal hacia ella, entonces no lo seas. Y las dos, por el amor a Dios, dejen de actuar de una manera tan insolente.
Hikari sintió el impulso de sonreír complacida ante su victoria, pero no dejó qué la sonrisa llegara a su rostro. Después de todo, nunca le había gustado en lo más mínimo el demostrar sus sentimientos abiertamente en frente de aquella mujer que la había engendrado. En su mente todavía se encontraba fresco el recuerdo de la primera vez que la vio, una vez que fue lo suficientemente consciente como para comprender la realidad de su situación.
Aquella reunión había sido solicitada por la mismísima Hikari, qué por primera vez en sus 4 años de vida había comprendido correctamente lo que significaba qué viviera con su padre, y que rara vez viera a su madre, que supuestamente era la persona más cercana y amorosa qué hay para cualquiera. Ella había ido hacia su progenitora, pero a diferencia de las veces anteriores qué la había visto; no corrió, no hubo un saludo enérgico, y mucho menos abrazó a la mujer que tenía delante.
Las lágrimas inundaban su plateada mirada, y por unos segundos no supo que hacer. Pero pronto reunió el valor para mirar a su madre a los ojos y confrontarla directamente -¿Por qué?- Preguntó en su voz quebrada, mirándola como si la hubiera apuñalado por la espalda -¿Por qué no me quisiste, Mamá?
Y aquella mujer pareció de verdad afectada por esas palabras, pero eso fue por una milésima de segundo. Tan pronto como la menor parpadeo, esa pizca de remordimiento desapareció sin rastro de la mirada ambarina de Asuna. -No comprendo a qué te refieres, mi lucerito.
Un nudo se formó en la garganta de Hikari -Me refiero a que me dejaste con mi papi en lugar de llevarme contigo. Me refiero a que te fuiste y ahora apenas y te veo.
Asuna suspiró, rompiendo el contacto visual -Sabía que alguna vez preguntarías eso...- Ante estas palabras, la niña la miró expectante, por lo que continuó -Verás, lo hice porque pensé que sería lo mejor para ti...
Hikari bajo la mirada -¿... Y aún piensas eso?- Sus mechones anaranjados eclipsaron sus orbes grises, Ocultando su expresión -¿Aún piensas que lo mejor para una pequeña es crecer con el menor contacto con su mamá posible?
Asuna mordió su labio, y se agachó a la altura de la pequeña, extendiendo sus brazos, como diciéndole qué era bienvenida a refugiarse allí. Empero, la niña no dio ni un paso adelante, sino más bien lo contrario. Retrocedió instintivamente, y eso inevitablemente hizo que Asuna sintiera un dolor inmenso en el pecho.
-¿L-luce...rito? - Preguntó, extendiendo una mano temblorosa hacia su única hija.
En respuesta, esta solo levantó la mirada. Y Asuna casi sintió ganas de llorar ante lo que vio. Su dulce e inocente mirada qué previamente había estado repleta de luz y esperanza, se veía eclipsada por una fina expresión que solo reflejaba emociones negativas, qué parecían estar casi completamente dirigidas hacia ella.
Pero lo que Asuna no sabía, era que la mayor parte del desprecio, de aquel rencor, y esa aversión qué casi llegaba a rozar la repugnancia; No estaban dirigidas a ella, sino a la mismísima Hikari.
Se sentía poco importante, se sentía... Rechazada; Pues ella creía que su madre la había dejado por no cumplir con sus expectativas. Y eso la llevó a dar su mejor esfuerzo, y cuando después de eso su madre aún no mostraba interés en ella, aquellas palabras no dichas se quedaron grabadas en su mente durante muchísimo tiempo, aún perdurado hasta el momento que presenció a su madre adoptiva fallecer por culpa suya...
"Nunca será suficiente"
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Después de aquel cierre a la discusión, Kyoko se excusó a sí misma, y se retiró, diciendo que tenía asuntos importantes pendientes. Kazuto se disculpó, y dijo que iría a atender a Aiko, qué se había despertado unos momentos antes, y Yui siguió justo detrás de él. Esto dejo a aquel singular par de madre e hija solas en el comedor, sumidas en completo silencio. Silencio qué fue interrumpido por la suave voz de Asuna.
-Yo... Lo siento- Soltó, haciendo que los ojos de Hikari-chan se abrieran por la sorpresa. -Si te molesta mucho que te llame "Hikari-chan", no lo volveré a hacer.
-¿En serio?- Preguntó, repentinamente desconfiando de los motivos detrás de tan sincera disculpa que se le había ofrecido.
Asuna asintió, sin mirar directamente a Hikari, eligiendo a la ventana como el objetivo de su mirada -Es en serio. Es que... Quería encontrar una manera de llamarte qué no fuera "Lucerito". Porque sé que ese apodo te trae malos recuerdos... Pero lo siento mucho, no se me ocurrió algo que no te incomodara.
Hikari le miró, negando con la cabeza -No son malos recuerdos, solo son... Dolorosos. Pero no en el sentido de que son muy malos, qué me duele recordarlos; Sino porque son tan felices, qué me duele el considerar que tal vez nunca vuelva a experimentar una alegría que se compare a aquella que tuve.
Asuna sonrió con tristeza -En cierta manera comprendo eso... Cuando mi hermano mayor falleció, y me obligaron a casarme con tu padre, yo estaba tan sumida en la depresión qué sentía que ya nada valía la pena. Había perdido al ser más cercano a mi, y sentí que también había perdido al ser qué más amaba. Y cegada por toda la negatividad, me perdí de lo que pudo haber sido la época más feliz de mi vida: Un esposo qué me amaba con todo su corazón y hacia lo imposible por tan solo traerme la más pequeña de las sonrisas al rostro, y una hermosisima y dulce hija a la cual le di la espalda por pensar tan solo en mi misma y en lo que creía, era un futuro realmente horrible...
Hikari procesó la información, sintiéndose por primera vez en los zapatos de aquella mujer por la cual había sentido tanto resentimiento, y asintió, mirándola. No con lástima, ni pena, sino como entendimiento, por primera vez en seis largos años.
-Ya veo...- Le murmuró, colocando su pequeña mano sobre la de su madre biológica, sorprendiendola en el proceso -Pero eso ya está en el pasado. Si queremos mejorar las cosas, nos tenemos que centrar siempre en el presente. De nada sirve llorar por leche derramada.
Y aquella noche, ambas se fueron a dormir con una sonrisa adornando sus rostros. La diferencia era, qué solo una de ellas era una sonrisa que claramente demostraba la leve pero discreta alegría que su portadora sentía por el progreso qué había logrado, mientras que la otra tenia un toque irremediablemente complacido; Cual la expresión de un depredador qué había logrado localizar a su presa...
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Con pasos lentos, avanzó adentro de aquel pequeño departamento que había rentado. No era muy espacioso, y los muebles tampoco eran muchos ni muy extravagantes. En cierta manera le recordaba la apariencia del apartamento al cual se había mudado con la muchacha que ocupaba sus pensamientos cuando aún estaban recién casados, y del cual se habían ido cuando llevaban casi un año de casados y se habían enterado de que Asuna estaba esperando una bebé.
Con un suspiro de nostalgia, se dejó caer sobre el sofá, y consideró llamar a su hija. Después de todo, ya era de mañana, y en algún momento tenia que avisarle que había llegado bien. Había pasado la noche en un hotel que quedaba en una ciudad cercana, para descansar, y aquella misma mañana había retomado el camino.
Sacó el dichoso aparato de su bolsillo, y buscó entre los contactos aquél número qué le pertenecía a su hija. Una vez lo hubo ubicado, presionó el botón de llamar y espero un momento. El leve sonido de repique que generaba el teléfono en señal de que ella aún no contestaba le ponía nervioso en sobremanera. Pero en algún momento, ese sonido se cortó, y pudo oír la adormilada voz de su pequeña y única hija.
-¿...Alo?- Se escuchó desde el otro lado de la línea, seguido por un pequeño bostezo.
-Buenos días, pequeña. ¿Dormiste bien?- Habló dulcemente al teléfono.
Enseguida el tono de Hikari cambió radicalmente a uno más enérgico -¡Papá! ¿Ya llegaste? ¿Todo bien? ¿Como estás?
El rió -Una pregunta a la vez, mi lucero.
-... ¿Ya llegaste?
-Sip. Estoy en el apartamento ahora mismo.
-¿...Llegaste bien?- Prosiguió, siguiendo la misma línea de preguntas que había realizado inicialmente.
-Correcto. Ahora, me toca hacer preguntas a mi.
-... De acuerdo- Respondió ella, soltando una risita.
-¿Cómo está Kazu-nii?
-Está bien, creo. Pero no he tenido la oportunidad de hablar directamente con el.
-¿Y Asuna?- Preguntó, sabiendo que algo probablemente había sucedido.
-Está igual que siempre- Suspiró -Ahora mismo está preparando el desayuno.
-Ya veo. ¿Y te gusta tu habitación?
-Sip. Es muy bonita. Y la cama es tan suave qué caí dormida enseguida.
El sonrió, aliviado -Me alegro. Bueno, te dejo para que sigas descansando. Hasta luego, Hikari. Te quiero.
-Adiós, papá. También te quiero- Respondió ella, y cortó la llamada.
El paso una mano por su cabello, y suspiró frustrado. Tal parecía que después de todo no iba a lograr soportar todo un año sin ver a su pequeña luz…
Eso es todo. Ojalá les haya gustado, dejen un review si quieren hacerme saber algo referente a esta historia (opiniones, quejas, etc), y nos leemos luego.
~Orchid
