Paso obligatorio

El lugar donde se encontraba parecía ser un antiguo hotel. Lo poco que quedaba intacto en las paredes le mostraba que anteriormente estaban decoradas de rojo y dorado con cuadros que desearía poder admirar. Los muebles apenas estaban en pie siendo el sillón donde se encontraba sentada el que en mejor condición se encontraba con manchas de lodo y algunos resortes visibles.

Dejando a un lado un plato con comida a medio terminar Mirai se bajó del sofá. Todavía se encontraba débil por los que sus pasos eran tambaleantes mientras avanzaba rumbo a la salida a buscar al hombre que la rescató. Sujetando el dobladillo de su nuevo vestido rosa intentó mostrarse valiente, demostrándole que ya estaba en condiciones de ir a buscar a su hermano, pero le resultó imposible encontrarlo.

"¿Me abandonó?"

Pensó sin poder evitar que el pánico la invadiera. Tenía miedo de volver a estar con el ejército casi tanto como la idea de estar sola fuera de las murallas que protegían a los humanos tanto de los jinetes del apocalipsis como de los vampiros. No había un lugar seguro para ella.

Como una confirmación de sus temores escuchó un ruido sobresaltándola. Abriendo sus ojos observó inmóvil y temblorosa como uno de los jinetes corría en su dirección con su boca abierta mostrándole su centenar de dientes.

– No… – Murmuró sintiendo como las lágrimas comenzaban a caer – Detente.

Su voz no fue más alta que un suspiro en una petición que no esperaba ser escuchada. Con los ojos cerrados aguardó a lo que creía inevitable siendo que repentinamente el sonido de los pasos desapareció. Lentamente abrió los ojos cayéndose de espaldas al ver al jinete a solo unos metros enfrente de ella con lo que supuso era su cabeza ladeada.

Mirai sabía que era tonto de su parte pensarlo pero no pudo evitar que la imagen de un animal pequeño se superpusiera sobre la de aquella criatura. El miedo que le inspiraba desapareció, incluso se sentía segura a su lado, por lo que se levantó y acercó hasta que tocó con una de las manos al jinete.

– Tienes la piel suave.

Dijo riéndose nerviosa de lo que estaba haciendo. Su mente le decía que debía huir, alejarse de ese lugar, sin embargo la sensación de seguridad que durante tanto tiempo solo podía imaginar junto a su hermano hizo que se quedara.

– Incluso si corriera ahora no podría escapar – Murmuró notando como la sensación de confort crecía en su interior haciéndola abrazar su enorme pata delantera. Una idea cruzó por su mente haciéndola alzar su rostro para tratar de ver el suyo – y si me quedo contigo entonces los hombres malos no me lastimaran, ¿cierto?

Mientras esto ocurría, Saitou observaba con una sonrisa la escena desde lo alto de un edificio cercano. Le agradaba ver como ella estaba en mayor control con su parte serafín que Mikaela y su mentalidad inocente le permitiría usarla con facilidad.

"Pero es mejor prevenir." Pensó viendo como el sol comenzaba a ponerse a lo que comenzó a saltar de un tejado a otro "Si sigue así en una semana seré capaz de ponerles los controladores dándome tiempo suficiente para arreglar cualquier imprevisto. Pronto todos los serafines tocaran sus trompetas y ella me ayudará a lograrlo… aunque supongo que primero debo liberarla"

Con esos pensamientos se dirigió a la base militar más cercana escabulléndose con facilidad hasta la zona donde los criminales más peligrosos eran encarcelados. Era tiempo de liberar a su compañera, aunque ella misma no fuera consciente de su rol en sus planes.

- El jinete de la conquista ya ha avanzado por lo que es tiempo que el jinete de la guerra vuelva a dar un paso al frente – Dijo con una leve sonrisa en su rostro abriendo una puerta de metal. La habitación estaba llena con las armas de los prisioneros y con paso firme fue directo hacía una espada de color negro y rojo – Te devolveré a Guren para que puedas seguir tu naturaleza, Mahiru.

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Desconocía cuanto tiempo estuvo durmiendo. Una vez que fue capaz de derribar a los vampiros que le atacaban Yuichiro había perdido el conocimiento y ahora que era capaz de volver a abrir los ojos vio el familiar techo de su nueva habitación. La presencia de Asuramaru estaba tan fuerte como de costumbre y entre sus dedos podía sentir su espada. Nunca creyó que se sentiría tan aliviado de volver a tenerlo con él.

Obligando a su cuerpo adolorido a levantarse, se sentó en la cama viendo a Mikaela dormir en el otro lado de la habitación. Queriendo tomarlo como una buena señal se alegró al ver que los vendajes en su rostro habían desaparecido y cuando se acercó una sonrisa se formó en su rostro al notar que su fiebre finalmente parecía disminuir.

Estaba preocupado que durante el tiempo que estuvieron separados pudieran haberlo sometido a algo similar a lo que tuvo que pasar pero no veía nada que apoyara esa idea. Si estaba leyéndolos bien, algo que dudaba, podía jurar que incluso las maquinas que controlaban sus signos vitales los mostraban más estables. Su expresión se llenó de seriedad sabiendo que todo podía cambiar.

Pronto Mikaela estaría lo suficientemente fuerte a ojos de los científicos para unirlo a sus experimentos y no soportaba la idea de que eso sucediera. Quería evitarle volver a sufrir sin embargo carecía de las fuerzas o habilidades para lograrlo.

– Serafín, experimento, Hyakuya. Jinetes, fallidos. Humanos, traición. Alianza, vampiro – Susurró el mensaje que había intentado decirle cuando estaban todavía bajo el poder de Saitou – Sigo sin entender lo que me trataste de decir pero…

Sentándose en el borde de la cama se llevó ambas manos al rostro tratando de pensar en el significado de aquellas palabras. Con ayuda de Asuramaru era más fácil tener acceso a sus recuerdos más desagradables y aunque desconocía si fue una ayuda intencional de su parte, le hizo revivir el momento en que Saitou se llevó a Mikaela.

– Mándale saludos a Guren de mi parte – Repitió las palabras que por encontrarlas absurdas en ese momento había pasado por alto durante tanto tiempo. – ¿Durante cuánto tiempo llevan planeando esto?

– Lo han planeado… desde que nacimos… tal vez antes.

Escuchar a Mikaela hablar sorprendió a Yuichiro quien casi se cayó de la cama por la rapidez con la cual se giró para verle al rostro. La mirada de Mikaela parecía perdida, con la cabeza girada a un lado y voz delataba cuanto le costó decir aquellas palabras. Su respiración era agitada, con los labios entreabiertos en un esfuerzo por captar más aire, y su cuerpo inmóvil le hizo pensar que carecía de la energía para intentar moverse.

Bajándose de la cama quería preguntarle si ya se sentía mejor olvidándose por un momento del mensaje. Sin embargo la forma como él fruncía el ceño a sus alrededores, lleno más de ira que de confusión, le hizo darse cuenta de que debía ser quien comenzara primero con las explicaciones.

"Debo tener cuidado"

Pensó mirando de reojo el lugar donde estaba la cámara que los vigilaba. Temía lo que pudieran hacerle a Mikaela si eran descubiertos.

…..


Sinceramente no sabía cómo terminar el capítulo y no creo que quedara como uno muy entretenido de leer.

Me esforzaré más.