Tiempo de ponerle un fin a esta historia que creo debí haber planeado mejor antes de publicarla (parece que no aprendo de mi errores). Ya he escrito algunos capítulos adicionales, me faltan detalles del último para darle un cierre decente.

No saben cuánto me molesta la sensación de que he perdido el control de este fic.

pd: para las pocas personas que vean, este será el único fic que Owari no Seraph que este publicando por problemas técnicos, he logrado subir estos capítulos a la página y hacer malabares para subirlos pero realmente no tengo donde escribir el final o editar estos si tienen errores. Estos capítulos se publicaran a lo largo de este mes porque realmente quiero terminar con esta historia antes de seguir con mis otros mini proyectos. Disculpen las molestias.


Preparativos finales

"Toca la trompeta… Tocaras la trompeta. Es tiempo que el agua purificadora caiga sobre estos pecadores, sobre las abominaciones que no debieron de existir."

Tanto Kureto como la chica rubia que lo acompañaban se habían marcado hace tiempo dejándolo a solas en aquella prisión de metal, atado a una silla y con aquella dulce voz como única compañía en la oscuridad. Incluso si Mikaela intentaba ignorarla se encontraba cada vez más atraído por su petición.

"Es tiempo de que hagas pagar a aquellos que cometieron el gran pecado años atrás y cuyo castigo parece ha sido insuficiente. Es tiempo de que hagas pagar a quienes se atreven a romper el ciclo de vida y muerte."

Cerrando los ojos vio un cielo naranja donde un grupo de ángeles se encontraban volando alrededor de una trompeta la cual le tendían. Sus sonrisas, poseedoras de una calidez que sentía falsa, hacían que se sintiera tentado a retroceder pero su versión mental seguía acercándose a la trompeta.

– Quienes se atreven a jugar con los poderes sagrados deben pagar y tú debes ser quien interponga el castigo. La primera trompeta ya sonó, usada por seres mezquinos que quieren forzar su uso nuevamente, pero tú tocaras tu trompeta para hacerles pagar. Acaba con los pecadores, es tu misión

La siguiente voz provino de una fuente distinta. Dándose la vuelta en aquel espacio que parecía ser su mente se encontró nuevamente con el hombre encapuchado que permanecía mirándolo con su tétrica sonrisa mientras en el fondo los ángeles seguían pidiéndole que tomara la trompeta.

– ¿Quién eres? – Preguntó Mikaela tomando una postura defensiva a lo cual el encapuchado desapareció. Cuando se percató de su presencia detrás de suyo fue demasiado tarde y se encontraba atrapado entre sus brazos a lo que comenzó a forcejear sin obtener resultados – ¿Qué quieres?

– Cruel. ¿Tan pronto te olvidaste de mí? – Respondió el encapuchado riéndose en su hombro, una sensación que le produjo un escalofrío a Mikaela por lo familiar que le resultaba – Lo único que quiero es que cumplas el papel que se te fue asignado en tu nacimiento. He reunido a los verdaderos jinetes para que acomoden el terreno para tu ascenso como mi serafín.

– ¿De qué estás hablando?

Se encontraba confundido por sus palabras e inmovilizado por una creciente sensación de pánico. El sudor comenzó a recorrer su cuerpo real conforme su respiración se volvía más laboriosa y el cantar de los ángeles comenzaba a volverse un eco inentendible. La combinación de familiaridad con desorientación empezaba a marearlo mientras que poco a poco sentía que su imagen mental iba perdiendo las fuerzas hasta volverse un cuerpo tan inútil como el real.

En ese estado el encapuchado volvió a reírse tomándolo de las manos comenzando a guiarlo hacia donde se encontraba la trompeta tarareando una melodía que solo había escuchado durante su tiempo con los vampiros. Para cuando finalmente pudo reconocerlo se encontraba agachado frente a la trompeta con el encapuchado, Saitou, reacomodando el agarre en una de sus manos para hacerle sujetar la trompeta.

– Se feliz. Durante tu tiempo a mi cuidado te agarré cierto cariño por lo que te concederé un deseo – Dijo Saitou a su oído llevando la trompeta a los labios de Mikaela – Liberé a otro serafín para que juzgue a los humanos mientras tú te encargas de los vampiros. Si mi plan se antepone a los designios divinos que solo quieren acabar con la humanidad podrías volver a reunirte con tus familia, libres de guerra… por eso, lucha contra la atadura de Kureto y cede ante la mía. Yo te guiaré al mundo que deseas.

Debía ser una trampa. Mikaela sentía que no podía ceder ante ninguno de los dos bandos pero conforme el sonido de la trompeta hacía eco en aquel espacio de su mente encontraba difícil resistirse. Había sido una marioneta la mayor parte de su vida había sido que su voluntad se encontraba diezmada hasta el punto que lo único que podía hacer era decidir quién lo controlaría.

"Sus planes son opuesto…Si quiero que Kureto pierda… ¿debo ir con Saitou?"

La duda causaba una gran presión en él pero sabiendo que tenía tiempo que perder tomó su decisión.

Cuando el sonido de la trompeta se detuvo se encontró solo en aquel espacio vacío de su mente con dos pares de cadenas, unas negras y otras rojas, dirigiéndose en su dirección a lo cual Mikaela dejó que una pequeña sonrisa se formara en su rostro. Incluso si era la primera vez que era consciente de cómo era poseído no tenía dudas de que las rojas eran el verdadero método con el cual Saitou lo controlaba. Así, murmurando una disculpa a su familia fallecida, se arrojó a las cadenas rojas.

En el momento en que fue sujeto dejó de tener consciencia de sus alrededores.

….


El aeropuerto se encontraba a la vista cuando vieron al ejército comenzar a reunirse dentro de él. Aunque la distancia les impedía estar seguros, los miembros del escuadrón Shinoa consideraron que debían de estar agotados para que tanto sus presencias como las de Mirai no hubieran sido descubiertas.

"¿Todavía no?"

Pensó Shinoa con su guadaña en alto viendo a Mirai descender con algunos jinetes del apocalipsis del tejado continuando su camino directo al aeropuerto. Detener los impulsos de Kimizuki de ir por ella estaba comenzando a ser más complicados pero cada vez que intentaba dar la orden de ir a buscarla, algo en su interior la retenía.

"¿Qué estoy esperando? Si no actuó ahora será atacada"

Se regañó apretando el agarre en su guadaña sin embargo la voluntad para moverse seguía sin presentarse desperdiciando la única oportunidad que tenían. Incluso Yoichi comenzó a llamarla preguntándole porque no seguían ocultos en esa esquina cuando debían movilizarse.

El sonido de aviones acercándose y descendiendo revelando a Kureto quien comenzó a dar un discurso que no alcanzaron a escuchar conforme una gran caja era bajada de uno de los aviones. Rugido a la distancia que aprendió a reconocer como los jinetes del apocalipsis arrojándose hambrientos a los humanos se hicieron presentes desde detrás de su ubicación. Desde la ruta de escape que planearon, la única que seguía libre, apareció un grupo de vampiros por cuyas vestimentas era posible saber que al menos había cinco nobles entre ellos.

Todo eso estaba pasando y le era mostrado por su guadaña sin que Shinoa pudiera moverse. Incluso los comentarios de su compañeros que comenzaron a teñirse con preocupación parecían lejanos en la neblina de indiferencia que comenzó a formarse a su alrededor.

– ¡¿Qué estás haciendo?! Si no das la orden, dejaremos de reconocerte como la líder de este grupo y avaneceremos por nuestra cuenta.

Un grito de ira, teñido de angustia, vino de una voz cuyo dueño ya no era capaz de reconocer sin embargo debía darle una respuesta apropiada, tal como su hermana le enseñó antes de su muerte. Por eso apoyando el extremo de su guadaña al suelo se dio la vuelta para confrontar a los humanos que la acompañaban.

– Está bien, pueden actuar como deseen – Dijo en un tono monótono apenas reconociéndose de haber hablado. Su reflejo en los ojos de la otra chica del grupo le revelaron que su propia mirada se había vuelto vacía y marcas comenzaron a extenderse por todo su cuerpo – De todos modos es tiempo de que el apocalipsis termine de tomar lugar.

– ¡¿Qué estás hablando?! Shinoa, ¡Shinoa!

No tenía tiempo para perder por lo que ignoró al chico de ojos verdes que le habló. Era el único jinete que faltaba por aparecer por lo que sujetando la guadaña que anteriormente separaba la consciencia de humana y demonio corrió rumbo al punto donde el renacer de ese mundo tendría lugar. En su camino observó como el quinto serafín caía de rodillas dejando escapar alaridos de dolor mientras era rodeada por Conquista que vigilaba que su transformación se completara.

"La Muerte tiene que asegurar la victoria. La rebelión de los pecadores debe detenerse"

Con ese pensamiento se dirigió al grupo liderado por Hambre quienes parecían no darse cuenta de su presencia al estar ocupados con su enfrentamiento contra otros los pecadores en una batalla que no era de su interés. Aprovechando el caos se colocó detrás de Hambre colocando su guadaña en su cuello para impedirle movilizarse.

– Cuando Guerra aparezca, el pago por sus servicios será dado.

Informó sin abandonar su tono monótono a lo cual Hambre se giró mirándola con un desdén que solo era un intento de ocultar su temor. No teniendo interés en lo que pensara permanecieron quietas conforme una guerra se revolvía a su alrededor por seres demasiado llenos por su sed de sangre para darse cuenta de ello así como tampoco por los gritos de agonía tanto de vampiros como humanos conforme cadenas cayeron del cielo devorando a quien alcanzaran.

– ¿El serafín se está alimentando?

Ante la pregunta de Hambre asintió lentamente dándose cuenta de que los preparativos finales estaban tomando lugar.