Advertenvia: Este capitulo contiene escenas explicitas de violencia psicologica, física, lenguaje soez, es un capitulo con ANGST y CRIME. Si no gustas de este genero por favor no lo leas, yo respeto tu opinión y te pido amablemente que respetas la mía. El capitulo es para mayores de 17 años si no tienes esa edad por favor cierra esta ventana
Quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón a las personas que no solo leen, sino que se han tomado la molestia de dejar un review para darme su opinión, espero que este nuevo capitulo sea de su agrado. Gracias de todo corazón, a ti Freya, y a la personita anonima que dejo su mensaje.
CAPITULO TRES.
Edificio Wyvern Penthouse 7:23 horas, 1 hora y 23 minutos después del amanecer.
"Espera Rad…¿Estas aún en tu habitación? , sobretodo, ¿Está tu marido cerca?"
-¡¡Si!!-
"Bien escucha con cuidado y sobretodo, mantén el control en todo momento, por nada y sin importar que es lo que te diga vayas a perder la cabeza, lo que tengo que decirte se relaciona con él y con Milo…tu jefe de seguridad. Pero es vital que no te descontroles, por que créeme, si me dejas manejar a mi las cosas, Afrodita no solo va a temerte siempre, sino que de hoy en adelante será el más complaciente y dócil de todos los amantes por siempre, y yo conseguiré lo mismo para mí con Milo. Por cierto se cuanto lo deseas pero prometiste no tocarlo hasta que yo lo posea, quiero ser su primero, quiero ser el que se robe ese espacio virgen tan intimo de su cuerpo, quiero ser el primero en saborear hasta el ultimo centímetro de su piel canela. Y aunque sin duda lo compartiré contigo, a Milo en realidad lo quiero como mi único…tú sabes que mis amantes van y vienen, que a algunos aún los considero, y a otros simplemente he dejado perder de mi memoria su nombre…pero ese niño…¡¡ese niño sencillamente me enloquece!!, por eso lo coloque contigo donde podría tenerlo bien vigilado siempre."
-¡¡Claro que así será príncipe!! Mi promesa se mantiene y de hecho ese era mi regalo, pero me has dejado muy intrigado, no se de que forma podrías relacionar…tu sabes a mi "puta" con…-
"Escucha con mucha atención…yo te puedo dar todos y cada uno de los detalles"…
Me esta matando la incertidumbre, pero soy paciente y escucho con atención a mi pequeño hermano, por momentos contraigo enfadado los dedos, en otras tan solo sonrió, y más que nada me hallo sorprendido gratamente del ingenio y desarrollo de tamaño desafío, un desafío que de no ser por esta, la oportuna llamada de advertencia de mi hermano y dueño real de todo esto, sin lugar a dudas tal desafío habría sido exitoso. Pero es que en realidad es tamaña la osadía de Milo al pensar inteligentemente que no se me ocurriría imaginar el que Afro hubiese tomado el mismo avión que nos separaría temporalmente, y lo de las identificaciones falsas y el celular prepagado. Ese muchacho sin duda ha rendido buen fruto luego de su entrenamiento como miembro especial de la Interpol. Puesto al que renunciara luego de recibir mi oferta de trabajo.
Continuo Mudo, parte por el asombro, parte por la rabia, y parte por el desconcierto de saber que mi dominio sobre Afrodita no es tan profundo y firme como lo creí, eso salta a simple vista cuando a la primera oportunidad que alguien le ofrece se apresta a huir. Cada una de las palabras proferidas por príncipe explicándome con detalle cada fase de su plan supera el efecto de la anterior, más a pesar de mi promesa de escucharlo sin interrumpir, una última frase explota al interior de mi cerebro y pone en marcha la corriente eléctrica necesaria para generar una idea al respecto.
"Y Milo, astutamente debo añadir, consiguió una maleta de doble fondo con todo lo necesario para aparentar que no es sino otra pieza más de tu equipaje, en ella va a ir escondido tu amor, y no la abandonara hasta estar en al aeropuerto a salvo de tu horda de trolls"
-¡¡Espera Príncipe!! , no he conseguido entender eso ultimo…¿Sí la intención es que…? ¿Cómo lo haría, como podría físicamente…?- Su voz juguetona pero al mismo tiempo serena interrumpe mis cavilaciones en voz alta, el razonamiento que quería exponerle para que él lo aclarará.
"¡¡Shhhhhhhhhhhhhh!! , ¿En que quedamos Rad? ¡¡Nada de perder los estribos ni ser tan descriptivo!!..." Llama mi atención en un tono de fingida molestia, para continuar explicándome un segundo después con una voz llena de orgullo. "Recuerda que tu marido esta ahí tan solo a unos pasos…y en cuanto a esto, ¿No creerás ni por un segundo que para alguien que se ha tomado la molestia de elaborar algo tan creativo y ha puesto tanta atención a cada detalle esto seria un problema?" Escucho su risa cristalina, calida, vibrante al otro lado de la línea. Son estos detalles los que hacen que yo tanto lo ame, estos, y que es la única persona que comparte mi sangre. Toma aire hasta ser capaz de hablar de corrido nuevamente. "Lo siento, no me lo tomes a mal, pero en verdad estoy orgulloso de Milo, no en balde fui su maestro dentro de la Interpol, y mi cachorrito es en verdad brillante, quisquilloso, metódico sin dejar de lado su esencia salvaje. Lo adiestre bien en verdad, y su mente capto todo lo que era posible captar de mi. Esa es una de las razones que me hacen ansiar tanto el dominarlo, su mente brillante que compite con la mía, que lo ha hecho siempre."
-Concuerdo absolutamente en eso, aunque para mi no hay nadie mas inteligente y astuto que tú, no creo que persona alguna llegue algún día a superarte-
"No lo creas…una de las razones por las que te suplique que lo reclutaras con nosotros a cualquier precio fue que nuestros superiores iban a asignarlo a tu caso…aquel que yace ahora pudriéndose olvidado en cajas de cartón con toneladas de polvo encima. Y él había conseguido identificar un punto de filtración de nuestra organización dentro de la Interpol…"
-¿El mismo trabajo que llevamos a cabo el año pasado para evitar que el show saliera a escena?- le cuestiono con curiosidad, ese trabajo fue complicado y provoco algunas fricciones entre nosotros, príncipe siempre más astuto y cauto que yo, quería que se suprimiera al cantor lo antes posible, yo hacia bilis de pensar que un enlace tan útil desaparecería, que ya no continuaría beneficiándonos. Ni por asomo formule la idea de que Milo fuera el responsable.
"¡¡Exacto!!…mucho lo sentí por Siegfried, pero no habría resistido ni veinte minutos bajo la presión psicológica de mi pupilo. Milo tiene el don de aniquilar almas más débiles que la suya a su paso. En verdad hasta ese momento realmente no me había percatado de cuanto se había desarrollado a mi lado. Ya no estaba a mi sombra, Ya irradiaba su propia luz y para nuestros superiores esto era bien evidente."
-¿Y no te preocupa que algún día todo ese conocimiento pudiera volverse en contra nuestra?-
"La astucia, la inteligencia de Milo solo se ve opacada por algo, otra característica dominante en él, por su amor a los demás. Por su espíritu inmutable de Sacrificio…ese mismo espíritu que lo llevo a servirme de escudo humano aquella tarde cuando el imbécil de tu ex amante me ataco por creer que estaba desplazándole en tu corazón"
No hay un solo trazo de reproche o resentimiento alguno en su voz perfectamente modulada como es su costumbre, más eso no me evita un estremecimiento al recordarlo, es quizás la única verdadera piedra que siempre me pesará en el alma, la única lembranza que me atormenta, la vida de mi hermano, puesta en peligro por alguien con quien en su momento me divertí a lo grande y al que termine desechando como lo hice con tantos. Aioros Sagitarius, un muchacho de teatro de revista, bien formado, encantador y sumamente fino y educado en sus modales y cada una de sus poses. Pero no tenía lo suficiente, lo necesario para que yo lo desease como deseo a Afrodita para siempre en mi cama. Así que simplemente un día lo bote, como se arroja un chicle que luego de masticado por un rato, ya no sabe a nada.
Él no lo resistió y tras haber cometido el error de hablarle de príncipe, a quien equivocadamente creyó mi amante más reciente, lo buscó y amenazó para finalmente encañonarle y tirar a quema ropa contra su pecho. Lo único que salvo a príncipe en ese momento fue que Milo se interpuso entre las balas y su cuerpo, absorbiéndolas a cambio, pero si no hubiera sido por eso, príncipe no hubiese podido reaccionar en su defensa, tomar su pistola y acribillar al pobre diablo de Aioros, él seguramente no seguiría conmigo. En parte es también por ello por lo que le tengo cierta estima, cariño a Milo. Aún recuerdo el enfado, el reproche velado en la mirada de mi hermano, una angustia que nunca quiso admitir al no saber si el joven griego resistiría aquello, al tener que esperar como buen mentor y compañero a las afueras del quirófano los resultados obtenidos por los médicos. Tan profundo caigo en los recuerdos que príncipe debe toser con fuerza en el auricular para recuperar mi atención y mi habla.
"Cof…Coff…Cofff…¡¡Vamos Rad!!, hicimos un pacto aquella tarde luego de que Milo lo superara. ¡¡Jamás volveríamos a concederle importancia, ni pensaríamos en esos días ni en la bestia estúpida que los provocara. Afortunadamente y gracias a alguna ayuda divina que siempre idealizo como del Hades mismo, mi querido alumno sobrevivió, feliz de que a mí no me hubiese sucedido nada, y tu pendejo amante se fue al infierno sin poder decirle a nadie sobre lo nuestro, sobre la relación que nos hermana. Apropósito, ¿Sabes quien fue transferido recientemente a esta área?..."
-No tengo idea…pero por tu tono infiero que podría ser de interés para nosotros…-
"Asi es Rad…puesto que uno de los nuevos oficiales con quienes trabajo…es el frustrado y resentido hermano de tu antigua puta, el pequeño Aioria. ¿Te lo imaginas?"
Mis dedos se engarfian aún con mayor fuerza sobre al aparato telefónico, Aioria odio a mi hermano por mucho tiempo, lo culpo de asesino, juzgo de excesiva su respuesta al defender su vida, puesto que Aioros no contaba con ninguna clase de entrenamiento, mientras que príncipe ha obtenido un sinnúmero de condecoraciones debidas a su buen pulso y contundencia con las armas. Y esta nueva cercanía…mi corazón palpita molesto, como fue que no seguí vigilando a ese necio, debí anticipar lo que haría, ¿será que…? Quizás lucho tanto por llegar al puesto que tiene para…cobrar venganza por la muerte de mi amante. ¡¡Ahhh malditos perros holgazanes del infierno!! ¡¡No me son útiles, en nada confiables!! ¿Cómo es que no previnieron esto, que no me lo informaron mucho antes?. Siento la cara roja, hirviendo por la rabia, y no consigo contenerme, de cuatro zancadas ágiles y fuertes tomo a Aiacos de la camisa y reviento mi puño sobre su estomago, dejándolo encogido por la falta de aire. Lo tomó del cabello y lo obligo a mirarme, lo zarandeo inclemente, abofeteándole, hasta que una de las comisuras de sus labios se rompen.
-¡¡Idiota…Imbécil…Estúpido!! ¿Acaso no te pago bien y te permito muchas otras clases de placeres? ¡¡En ningún lado, sirviendo a nadie, tendrías lo mismo que conmigo tienes!! ¡¡Y no cumples!! ¡¡Simplemente no cumples!! ¡¡Imbécil…Haragán…Perro Traicionero del infierno!! ¿Por qué no me lo informaste, por que no me mantienes al tanto como te lo encomendé?. ¡¡Es tu deber maldito infeliz!! ¡¡El más importante que tienes, cuidar la espalda de príncipe, imbécil pedazo de mierda!!-
Estoy fuera de control, y lo peor es que se que ni matándolo a golpes sentiré alivio, al saber que una vez más he puesto a mi única familia, a mi hermano en peligro.
La conversación telefónica de mi marido y su misterioso interlocutor se ha prolongado bastante, en especial considerando que "supuestamente" tiene prisa por tomar un avión. Aunque en realidad no es eso lo que me preocupa, lo que de verdad me inquieta es mi atraso, el saber si tendré el tiempo suficiente de vestirme, introducirme a la maleta y ser transportado al aeropuerto a tiempo para poder viajar a Canadá en el mismo vuelo. Mis ojos se han quedado fijos en las manecillas del reloj de péndulo que adorna nuestra alcoba, herencia familiar, el único lazo que yo le conozco con su familia. El Tic tac, tic tac implacable repica en mis oídos con la intensidad de un campanario. El tiempo pasa, y aunque mi marido ya tiene rato ignorándome, algunos de sus gestos de disgusto, son más que bien conocidos para mí, como para que simplemente los ignore. Su tono no ha variado ni un ápice, lo cual incrementa mi curiosidad por su posible interlocutor, pues aunque su semblante lo delata, no ha explotado contra él, quién al menos para mi, debe ser el motivo de su disgusto.
-¡¡Espera Príncipe!! , no he conseguido entender eso ultimo…¿Sí la intención es que…? ¿Cómo lo haría, como podría físicamente…?-
Esta frase repentina capta toda mi atención, pero no lo demuestro, me cuesta demasiado, pero finjo simplemente que el tenerlos presentes en la habitación, tanto a él como a Aiacos, es un fastidio. En especial a su Guardaespaldas, con quién no disimulo mi molestia, y de tanto en tanto emito gruñidos de fastidio y desagrado para ver si mi marido, por alguno de esos raros y espontáneos milagros de la vida capta mi intención y lo obliga a salir. Pero no sucede así, tomo una de mis tantas "cursis" y "ridículas" revistas de modas y por un momento dejo libre a mi mente para imaginar que es lo que cada uno de los personajes retratados ahí siente, su forma de vida, las cenas intimas con sus amigos, sus viajes… especialmente sus viajes. Debe ser maravilloso salir, mirar un horizonte con un paisaje distinto al que siempre has vivido, respirar un aire diferente, sentir la luz parado sobre un suelo ajeno al tuyo. Y más que nada sentirse libre, tener la libertad de elegir es algo increíble…yo no lo valore hasta que Radamanthys cerro la puerta a mis espaldas, la noche de nuestra boda.
Y por pensar en él le observo con disimulo por el rabillo de mi ojo se ha quedado estático por segunda vez, y cuando el permanece quieto; lo peor esta por suceder. Su rostro esta rojo, seguro esta ardiendo por dentro, con cuidado para no atraer su atención a mi persona, retrocedo sobre la cama, hasta que mi espalda toca a la pared. Me quedo quieto, casi sin respirar, y por reflejo ajusto con mayor fuerza el nudo de la bata de seda a mi cintura, y enrollo la revista como si este débil congregado de páginas pudiera servir en mi defensa. O detenerlo a él de forma alguna, seguro que si lo blandiera entre nosotros, pedazos rasgados, trozos deformes entintados es todo lo que quedaría de ella.
Y mi presentimiento fue el correcto, pues en cuanto la furia se desbordo en su sistema, partió raudo hacia la figura inmóvil de Aiacos, quién a pesar del escrutinio al que lo sometía fue tomado por sorpresa. Mi marido estrella su puño en su vientre, y una y otra vez continua agrediéndole, no se por que, no se que ha sucedido, al mirarlo en tal estado creí que seria contra mi, creí que había sido yo quien detono el limite de su paciencia. Esperaba que viniera contra mi persona como es costumbre entre nosotros.¡¡Pero no lo hace!! ¡¡Por primera vez en cuatro años no lo hace!! Y los insultos con los que acompaña sus salvajes agresiones hacia el miserable de Aiacos son terribles. De más esta señalar que no lo tengo como persona grata, bueno de hecho ni siquiera simpática para mi, pero creo que aún un gusano como él se ve indefenso y humillado ante una agresión tan avasalladora. No se como reaccionar. Tengo miedo de decir algo, estoy conciente de que si alguien no interviene seguro terminara por matarlo, pero me aterra inmiscuirme y que su furia se dirija hacia mi, me aterra pensar en ser yo quien reciba el castigo que esta prodigándole a Aiacos. En especial por que si me golpea no veo forma de que pudiera cumplir con mi parte y hacer lo necesario para escapar de aquí.
-¡¡Pendejo pedazo de porquería!! ¡¡Hasta un perro de la calle sería más leal que tú inmundicia!!- Sus insultos arrecian lo mismo que sus golpes, ahora ya no le bastan los puños, los cuales intercala con el uso de sus pies. ¡¡Lo va a Matar!! ¡¡Lo va a matar aquí y ahora….y yo soy incapaz de decidirme a hacer algo.
Aiacos lo mira suplicante, tratando de protegerse la cara, con sus maltratadas palmas, que no le sirven de mucho en el estado en que se halla. Y su voz es apenas un murmullo agónico que solo por lo desesperado de su situación comprendo.
-¡¡Pero…pero…jef…jefe…¿Por qué…por…qué? Si yo na…nada le he hecho…a….a él….nada le he…hecho a…prín…príncipe!!-
-¿Y aún así te atreves a cuestionarme idiota? Pues es por ello estúpido animal de mierda, es por eso por lo que has de pagar…¡¡por que no hiciste nada!!…porque no cumpliste con protegerle. ¡¡Dejaste descubierta su espalda idiota y ahora….ahora pesa sobre mi pequeño príncipe un peligro inminente maldito paria hijo de rame…!!-
¡¡Dios mío apiádate!! Nunca como hoy Radamanthys me había causado tanto temor, ¡¡No!!...¡¡Miento!!...no es simple temor lo que ha imposibilitado la más mínima reacción en mis miembros, es terror, la más absoluta histeria, que tan solo se agudiza al ver a mi marido arrojar a su deshecho guardaespaldas boca arriba en el piso, andar hasta la gaveta que siempre mantiene con llave y de un furioso tirón, que parece inconcebible a mi vista, botar la tapa de sus goznes hasta conseguir arrancarla. Arrojándola inconcientemente en mi dirección, apenas alcanzo a esquivarla. Y de pie a un lado de la cama lo contemplo todo; con un sabor acre que parte desde la base de mi estómago hasta la de mis neuronas. Amarga por momentos, acida por otros, y asfixiante en ambos casos.
Aiacos no puede hacer nada más que levantar lo mínimo la cabeza debido al castigo recibido de los puños y pies de mi marido, sus ojos se clavan en mi rostro con toda la desesperación y la angustia que lleva por dentro, pues quizás antes que yo, ha podido deducir lo que mi marido busca dentro de la gaveta…un arma. Su pistola, un arma devastadora que con un solo tiro en el lugar indicado…terminara con su vida sin duda alguna. Sus ojos deformes por los golpes recibidos se clavan en mi alma como aguijones al rojo vivo, en especial cuando estira la mano en mi dirección en un pedido mudo de ayuda alguna. No puedo apartar los míos de lo que queda de su figura, y estoy temblando ahora. Sus ojos me taladran hasta lo más profundo de su interior, no puedo soportarlo, tengo que cerrarlos, tengo que hacerlo ahora…¡¡Y lo hago…cubriendo también con mis palmas mis oídos para no escucharlo!!…para no escuchar sus débiles labios suplicando, implorando por una ayuda mínima, que haga desistir a su verdugo; ¡¡Que haga desistir a mi marido de ejecutarlo!!
El seguro del arma al botarse y el del percutor al ser accionado se abre paso aún con mis palmas sobre mis oídos, revoluciona a mi cerebro y mis ojos se abren hasta lo imposible aterrados, la piel de mi rostro se estira hasta dolerme. Aiacos continúa mirándome, aunque es a mi marido a quien se dirige musitando.
-¡¡Por…po…fav…favor…jefe….no…nnn..no….me…mate!! ¡¡Por fa….por favor!! ¡¡Por pie….piedad!!-
¡¡No puedo soportarlo por más tiempo, de alguna forma esto tiene que acabar, y al fin seré libre!! , ya sea por que me mate o por que simplemente desista y yo pueda continuar con mis planes para escapar. Trato de armarme de valor e inspirando profundo obligo a mis pies a dar dos pasos tratando de no titubear, con lo que no contaba es que Radamanthys mantuviera parte de su atención en mi persona, y al percatarse de mi movimiento, girara en mi dirección la pistola…hasta encañonarme con ella….¡¡Directo a la cabeza!!.
