El guardián, la portadora de la llave y el rey

Yuichiro no encontraba las palabras para explicar lo que estaba pasando. La primera señal de que algo malo estaba pasando fue la falta de reacción por parte de Shinoa cuando llegaron al aeropuerto cuando Kureto, el ejército, jinetes del apocalipsis y vampiros se reunieron en una gran batalla. Cuando se volvió a ellos tanto sus palabras y apariencia fueron una confirmación de su mal presentimiento pero antes de que pudieran averiguar que sucedía la vieron partir.

Inmovilizados por lo repentino de la situación solo pudieron gritar por ella en unos segundos que lamentaron perder. Durante ese corto periodo de tiempo se percataron de que Mirai también estaba cambiando, aunque el suyo incluía gritos que les helaron la sangre y cadenas hechas de sangre que comenzaron a atravesar a los vampiros y humanos.

Tomando sus armas se dirigieron para cortarlas sin embargo apenas sus ataques no recibieron efecto alguno terminando esquivándolas sin poderse acercársele. Los jinetes del apocalipsis a su alrededor como los recién llegados agacharon sus cadenas revelando como de la espalda de Mirai alas comenzaron a salir cuando las cadenas de sangre desaparecieron.

– ¿También tenía el gen del serafín?

No pudo evitar murmurar Yuichiro a lo cual Kimizuki lo sujetó de la camisa gritándole una mayor explicación a lo cual no respondió. Una mirada a su rostro le recordaba a la que él mismo poseía cuando Mikaela estuvo capturado, por Saitou o por Kureto, haciendo preguntas que en realidad no quería responder porque lo único que deseaba era liberarlo.

– ¡¿Y ahora qué está pasando?!

Todo estaba sucediendo muy rápido. No habían terminado de ajustarse a un cambio cuando otro se estaba presentando por lo que ante el grito de Mitsuba, Yuichiro dirigió su mirada a lo que estaba apuntando sintiendo su propio corazón detenerse. Una de las cajas que Kureto se había abierto revelando a Mikaela quien nuevamente poseía los dos pares de alas y se encontraba encadenado por su cuello y extremidades. Su presencia incluso más intimidante de cuando destruyó aquellos laboratorios.

"Es una gran desastre. Dos serafines se encuentran sueltos y pelean en bandos opuestos"

Las palabras de Asuramaru le hicieron apretar la empuñadura de su espada conforme veía tanto a Mirai y Mikaela volar sobre ellos sin prestar atención a la batalla que se librara a sus pies. A Yuichiro le hubiera gustado escuchar de lo que estaban hablando pero de la espalda de Mirai apareció una criatura gigante la cual con su grito transformó la apariencia de los jientes del apocalipsis prsentes.

– Borrenlos. Todos los pecadores presentes deben ser eliminados.

Fue lo que dijo Mirai extendiendo su brazo a lo cual los jinetes del apocalipsis obedecieron atacando a humanos y vampiros por igual. Siendo su posición revelada tanto Yuichiro como Mitsuba, Yoichi y Kimizuki tuvieron que comenzar a luchar encontrando que la fuerza de los nuevos jinetes superior a la que conocían. Poco a poco tuvieron que retroceder mientras sin quererlo eran separados los uno de los otros volviéndolos más vulnerables.

En el fondo vagamente notó como Kureto parecía no perturbarse por lo sucedido. En su lugar notó una expresión de satisfacción en el segundo que tuvo para observarlo haciendo que Yuichiro gruñera de rabia. Cegado por su sed de venganza, se olvidó de todo lo que le rodeaba pidiéndole poder a Asuramaru conforme se dirigía en su dirección. Ya no le importa perder su humanidad si con eso lograba detener lo que estaba sucediendo.

– Es inesperado que el quinto serafín apareciera pero su poder incompleto es insuficiente para derrotar al segundo. No cuando he arreglado ese defecto que le impedía desplegar todo su poder.

Le escuchó decir señalando a Mikaela. El sonido de un trueno hizo que se detuviera levantando la miraba para ver a Mikaela sosteniendo con dos manos, uno una prótesis metálica, su espada sobre su cabeza. Su postura le recordó la de los libros que leyó cuando todavía estaba en la ciudad de los vampiros teniendo que saltar hacia atrás todo lo que pudo conforme geiseres de lo que parecía ser sangre comenzaron a brotar. Durante su espada observó como todo lo que era tocado por ese líquido terminaba convertido en cenizas conforme el cielo adquiría el color de la sangre.

"¿Qué es esto?... ¿Esto son los serafines?"

La cantidad de poder era abrumadora viendo como los vampiros, los seres que durante tanto tiempo parecieron seres imbatibles, eran destruidos fácilmente. Sin embargo no encontraba ningún regocijo en la vista escuchando simultáneamente a miembros del ejército corriendo el mismo destino, entre ellos sus amigos que ya no era capaz de encontrar.

"Tengo que detenerlos"

Su determinación comenzaba a fortalecerse apretando sus dientes viendo a Mirai fuera de control y a Mikaela, nuevamente, controlado. Si era capaz de derrotar a ambos podría reunirse con sus compañeros y escapar a un lugar donde pudiera protegerlos, incluso si fuera de forma temporal, incluso si sabía que estaba negándose a aceptar la realidad.

"Asuramaru… el poder que puede darme no es suficiente"

Darse cuenta de ello trajo una inesperada sensación de calma conforme cerraba los ojos hiendo al espacio de vacío con el cual se reunía con Asuramaru aunque en esta ocasión su objetivo era distinto. No había nada que le hiciera cambiar de opinión por lo que los ignoró los intentos de Asuramaru para que usara su poder y en su lugar tocó la trompeta.


Manteniendo su distancia del punto donde la acción estaba tomando lugar, Mahiru observó el paisaje con el mentón en alto y una mano lista en su espada en caso de necesitar usarla.

– Kureto logró quitarle a Saitou su serafín y dominar la segunda trompeta, el guardián. – Murmuró para sí misma – Saitou no pareció contentarse con eso y trajo a la quinta trompeta, la portadora de la llave del abismo. Y Yuichiro, tan predecible, ha despertado al rey de la sal.

Contenta con el resultado se preguntó cuánto tiempo tomaría para que entre los tres formaran el mundo que soñaba. Tenía poca importancia quien ganara por lo que seguir interviniendo ya no era necesario.

– Llegaste temprano, hermanita. – Dio la bienvenida a cuerpo de Shinoa quien traía consigo a la reina de los vampiros cuyo rostro mostraba su inconformismo al haber sido arrastrada – No te preocupes Krul. Si miras bien estoy a punto de cumplir con mi parte del trato y cuando la batalla termine sabrás la ubicación exacta de tu hermano. Incluso la forma de recuperarlo.

Su comentario hizo poco para calmarla pero no tenía sentido seguir hablándole. Aun cuando compartían el mismo título la diferencia de poder seguía estando presente por lo que si se había dejado llevar por Shinoa significaba que no pensaba oponerse, de momento.