20/11/2015
Nota de la autora: Lamento si me tardé, tenía muchos exámenes y tareas y… en fin, ¡aquí está el siguiente capítulo!
Muchas gracias a todos lo que comentan, de verdad no tienen idea de lo mucho que me inspiran a continuar esta historia. Sin más, espero les guste.
Capítulo 6: ¿¡Hijos!?
—Na-Naruto-kun —lo llamó Hinata con preocupación.
Naruto seguía con el rostro ladeado y dándoles las espaldas. Se giró después de unos instantes con una expresión de seriedad pero, para sorpresa de todos, no hizo un alboroto, ni comenzó a maldecir a diestra y siniestra.
Naruto era muchas cosas, entre ellas un impulsivo cabeza hueca, pero si había algo que respetaba en la gente, era la lealtad. Por lo que sí, el chico lo había golpeado, pero no había sido por él, sino por su hermana… a quien no había notado que estaba presente hasta que lloró.
— ¿Boruto, eh?
El aludido sólo frunció el entrecejo cuando su padre lo llamó, mas no respondió.
Sarada sentía las miradas de ambos de sus padres sobre ella. No sabía si Sasuke estaría molesto por haberlo detenido, o en todo caso por haber soltado a Boruto en primer lugar, debido a que su expresión era tan indescifrable como la de ella misma.
—Creo… creo que es suficiente por ahora, pueden retirarse.
Los adultos fruncieron el entrecejo. Es decir, ya habían gastado mucho de su tiempo ahí y ahora que la curiosidad comenzaba a invadirlos, ¿los quería echar?
—Creo que es mejor si sólo lo dice, Hokage-sama.
Tsunade vio a Shikamaru con algo de confusión, preguntándose si él ya lo habría descifrado. Sonrió con levedad, claro que sí, era un Nara.
Tomó valor en un melancólico suspiro antes de continuar.
—Esta información los cambiará por completo —les advirtió primero—. Sus vidas, sus relaciones, su forma de ver las cosas… todo su futuro en general —muchos tragaron saliva en seco—. Si deciden saberla, no habrá marcha atrás, estarán inmediatamente inmiscuidos en un secreto de por vida y en una misión que vaya Dios a saber cuánto durara.
La Hokage avanzó unos cuantos pasos, acercándose a esas personas que conocía desde hacía años.
—No los culpo si deciden irse ahora, pero tienen que hacerlo en este momento.
Ni siquiera voltearon para verse entre ellos con indecisión, todos lucían tan jodidamente determinados a quedarse ahí que incluso vieron a Tsunade con algo de molestia por creer lo contrario.
Ella casi sonríe.
—Última oportunidad —de nuevo, nadie se movió—. Como gusten.
Tsunade volvió a su escritorio y se sentó con tranquilidad. Acto seguido señaló a uno de los chicos, que avanzó unos cuantos pasos con aburrimiento.
—Él es Shikadai Nara. Miembro del clan Nara y futuro hijo de Shikamaru Nara.
— ¿¡Qué!?
Todos gritaron y observaron a Tsunade como si hubiera perdido la razón, antes de ver alternativamente al niño y a Shikamaru. Este último, quien ya se lo veía venir, no pudo evitar sentirse algo conmocionado ante la afirmación; miró a su… ¿hijo? Unos segundos, recayendo que eran idénticos.
—Problemático —dijeron ambos al mismo tiempo.
Tsunade sonrió. Se llevarían bien. Hizo un ademán y otro niño avanzó.
—Chocho Akimichi. Hija de Choji Akimichi —continuó antes de que pudieran hacer preguntas.
Bueno… tenía el cuerpo y el cabello de Choji, definidamente. Estos se quedaron viendo unos segundos antes de que Choji, después de salir de su ensimismamiento y queriendo hacer algún gesto agradable, estirara su bolsa de frituras en su dirección, ofreciéndole una.
—Tsk. Me gustan de consomé, para futuras referencias —dijo la niña con altanería antes de tomar la bolsa entera.
Choji sonrió de oreja a oreja y asintió, fascinado.
—Inojin Yamanaka. Hijo de Ino Yamanaka.
Ese chico era… bueno, él era… horrible. Incluso Sakura tenía que admitir que era físicamente extraño. Su piel era pálida, tan pálida que resultaba enfermiza y lucía aún más fuera de lugar con aquel cabello rubio arenoso que tenía. Ino se le quedó viendo con los ojos desorbitados y el niño le sonrió fingidamente.
—Es… —comenzó y los demás se tensaron—… es ¡hermoso!
Acto seguido se lanzó sobre Inojin, comenzando a esparcir besos sobre su rostro. Todos suspiraron con alivio.
—Boruto y Himawari Uzumaki. Hijos de Naruto Uzumaki y Hinata Hyuga.
Ambos se giraron a ver y pestañearon varias veces antes de ver a ambos niños. Repitieron este proceso varias veces hasta que el rostro de Hinata adquirió un tono rojo fuego y soltó un gritillo antes de desmayarse.
— ¡Hinata!—la llamó preocupado Naruto, atrapándola y ayudándole a incorporarse—. ¿Estás bien?—preguntó con preocupación y ella asintió, con el rostro rojo fuego.
Los demás sólo sonrieron con levedad. Les aliviaba saber que Naruto no pudo seguir igual de ignorante toda su vida y había entendido lo que Hinata sentía.
—Espera un momento —dijo Naruto cuando Hinata se hubo recuperado y ambos niños se tensaron—. ¡Golpeaste a tu padre!—gritó con molestia, señalando acusadoramente a Boruto—. ¿¡Qué nunca te enseñé modales, de veras!?
Boruto sintió una ola de alivio recorrerlo, por un momento creyó que lo mandaría a la mierda.
—Ne, sí respeto a mi padre —dijo como quien no quiere la cosa—, pero tú eres un baka, de verdad.
Himawari sonrió y Hinata sintió su corazón acelerarse. Se había casado con Naruto y sus hijos eran hermosos. Nunca creyó poder estar tan feliz de algo tan raro.
Sakura por su parte sólo sintió como su alma dejaba su cuerpo. Ella no debía estar ahí, por lo que ninguno de los chicos era su hijo. Miró a la niña de pelo negro y expresión indiferente. Por unos instantes, sólo por un momento, ella pensó que esa niña era hija suya y, aunque no lo admitiría, se ilusionó más de la cuenta. Pero no lo era. Sakura sobraba en esa habitación.
—Sarada Uchiha, hija de Sasuke Uchiha.
Porque Sarada sólo era hija de él y alguna otra mujer. Sonrió con melancolía al verla avanzar.
Sasuke y Sarada se vieron fijamente, ambos con las manos en sus bolsillos. Sasuke recordó lo rápida que era, definitivamente más que el hijo de Naruto, sin mencionar que tenía su cabello y ojos.
—Hmph —soltó Sarada, girando el rostro en otra dirección evitando que Sasuke siguiera examinándola.
Sí. Ella era su hija.
—Hmph —dijo también Sasuke, reproduciendo el gesto.
Aunque ambos continuaron viendo en direcciones opuestas, Sasuke caminó unos cuantos pasos rumbo a Sarada. Y, muy al estilo Uchiha, esa fue la manera de decir que la aceptaba.
Los demás los veían con una gota corriendo por sus cabezas. Uchihas.
—Bien, esa era la información importante que tenía que informarles —dijo la Hokage, bastante satisfecha de cómo había resultado todo—. Ahora, comenzaremos…
Sakura dejó de escuchar. Tenía la mirada fija sobre Sasuke y Sarada, quienes se habían colocado uno al lado del otro para escuchar a Tsunade.
Sarada estaba a escasos centímetros de Sasuke, cosa que él nunca permitiría ya que lo consideraba una invasión a su espacio… pero, después de todo, una parte de él debía sentir que se trataba de su hija, por lo que eso explicaba que estuviera tan cómodo. Y, para ella, esa escena le resultó mucho más íntima que las demás que había en la habitación… y le dolió.
Sakura quiso sonreír. Lo intentó. Pero no podía. Sólo quería llorar. Ni siquiera se excusó antes de caminar rumbo a la salida, dispuesta a alejarse de ese condenado lugar… pero alguien tomó su camisa por la espalda, impidiéndole continuar.
Se giró, viendo que se trataba de Sarada. La niña la veía con confusión y se negó a soltarla.
— ¡Oh, es verdad! ¿Por qué no presentó a la mamá de Sarada?
La pregunta de Chocho hizo que todos vieran a Tsunade, sin embargo ella lucía inclusive más desconcertada que ellos.
—Ne, olvídelo, yo lo haré —propuso Boruto—. ¡Sarada Uchiha, hija única de Sasuke Uchiha y Sakura Haruno!
Sakura sintió todos sus músculos relajarse y las lágrimas acumularse en sus ojos. Se giró, quedando frente a la niña, y esta le sonrió de manera deslumbrante.
—Olvidé mencionarlo, lo siento —se excusó.
Sakura guardó silencio unos segundos antes de perder su expresión de tristeza y que una vena palpitante apareciera en su frente.
— ¡Cómo pudiste olvidar mencionar algo así!—gritó, levantando un puño en el aire.
La niña retrocedió unos cuantos pasos y parpadeó varias veces.
— ¡Ya dije que lo sentía! ¡Shannaro!—devolvió con el mismo tono y haciendo el mismo gesto de levantar el puño.
De nuevo, todos observaron la escena con una gota el en cabeza. Sí, también era hija de Sakura. Sasuke sólo las miró detenidamente unos segundos antes de sonreír con disimulo y girarse al frente. Así que así era su futuro… no estaba mal, nada mal.
—Como les decía —continuó Tsunade, viendo como Sarada y Sakura se incorporaban nuevamente—, les dije esto porque pensé que merecían estar al tanto. No sabemos cuánto tiempo tardemos en devolverlos a su época original.
— ¿Nosotros qué debemos hacer?—preguntó Shikamaru.
—Ayudarme —respondió con simpleza la Hokage—. Debemos hacer que la aldea crea que son sólo visitantes a los cuales debemos cuidar, o hasta parientes lejanos, pero no deben saber que vienen del futuro.
Todos asintieron con determinación.
—Y, más importante aún… —se tensaron ante el tono tétrico que utilizó—, no tenemos fondos en estos momentos, así que… ¿podrían alimentarlos?—pidió, juntando sus dos dedos índices para hacer un gesto nervioso.
Los presentes tuvieron un leve tic en el ojo.
— ¿Qué? ¡Son sus hijos!—les recordó la Hokage.
— ¿¡No será que se gastó todo el dinero en los casinos, abuela!?—acusó Naruto, señalándola.
Tsunade se sonrojó.
— ¿Significa que… tendrán que vivir… con nosotros?—preguntó Hinata con lentitud.
—Sí —confirmó ante sus miradas aterrorizadas—. Los acogería yo, pero no tengo espacio, así que…
— ¡Vive sola en la mansión del Hokage!—gritó de nuevo Naruto, apuntándola con más énfasis.
—Como dije, falta de ingresos —se excusó, poniéndose de pie rápidamente—. En fin, mucha suerte, adiós.
Y, así como así, la Hokage desapareció.
Todos intercambiaron una mirada confundida, sin saber muy bien cómo proseguir.
Sabían que esos niños eran fuertes, es decir, no cualquiera escapaba de la vigilancia de Kurenai Yuhi como si nada, sin mencionar que la hija de Sasuke y el de Naruto habían mostrado tener una velocidad alucinante.
Sin embargo seguían siendo eso… sólo unos niños. Su edad no debía pasar los diez años, incluso dudaban que se hubieran graduado de la academia, ¿qué iban a hacer ellos con niños? ¡No tenían ni idea de cómo cuidarlos!
Al contemplar sus pequeños rostros, recayendo que eran muy similares a ellos a su edad, soltaron un suspiro derrotado mientras llegaban a la misma conclusión.
Tendrían que aprender a ser padres.
