05/02/2015
Nota de la autora: Así que… desapareci, ¡lo lamento! Me mudé de casa y fue un desastre y… en fin, mis disculpas, chidoris y rasengans bien merecidos u.u pero aquí está la continuación, espero les guste.
¡Por favor, dejen sus reviews y comentarios!
PD: En el primer capítulo se sabe que Sarada y Boruto ya tienen equipo con Mitsuki, sin embargo no se han graduado de la academia, simplemente es un método para entrenar, por lo que aún no son Genins. Mientras que Ino-shika-cho, ellos siempre son equipo por default, pero tampoco se han graduado.
Capítulo 8: Mentiras blancas.
— ¡Un día! ¡No pueden mantenerlos a raya un día!
Tsunade caminaba de un lado para otro en su oficina, furiosa. Es decir, ¡no tenía vidrio por todos los cielos! Y mira que era difícil trabajar cuando una jodida ventisca que entraba por la ventana hacia que tus documentos salieran disparados en todas direcciones.
Y ese día, justo cuando por fin iban a colocar nuevamente el cristal, ¡seis niños salían de la nada y lo rompían como si nada… de nuevo!
— ¡Están locos, de veras!—se defendió Naruto.
Los demás no lo negaron y la Hokage se detuvo para echarles una mirada escéptica.
—Son niños —les recordó—. No es ninguna misión clase S, ni se tratan de criminales del libro bingo, sólo son unos chiquillos.
—Prefiero a los del libro bingo —refutó Naruto, cruzándose de brazos infantilmente—, al menos ellos no comieron tanto helado que tienen una jodida sobredosis de azúcar y…
Sakura le dio un golpe en la cabeza que lo silenció en el acto. Naruto se tomó la nuca, dejando salir un gemido de dolor, y, antes de que pudiera reclamarle, notó el aura asesina que se cernía sobre ellos.
— ¿Les dieron tanto helado?—preguntó Tsunade fantasmagóricamente.
Todos retrocedieron un paso.
—No fue que se los hayamos dado —dijo Shikamaru, sonriendo nerviosamente.
—Hicieron algo así como un asalto a un local… pero ya hemos pagado todo —agregó Ino al notar que a la Hokage le faltaba poco para reventar.
—Son… algo difíciles, Hokage-sama —interfirió Hinata—. Ellos-ellos no nos hacen caso.
— ¡Son niños!—repitió Tsunade, como si fuera más que obvio.
— ¡No le temen a Sakura-chan!—dijo repentinamente Naruto, como si aquella fuera la prueba absoluta—. ¡Todos le temen a Sakura-chan y Sarada ni siquiera la escucha!
Y, apenas terminó la frase, Sakura lo golpeó con más fuerza esta vez, haciendo que Naruto creara un cráter en el suelo debido al impacto mientras a esta le palpitaba la vena de la frente.
—Pues claro que no, es su hija.
— ¡Con más razón!—dijo Naruto, comenzando a despegarse lentamente del piso—. Ella ya debe haber visto el infierno de cerca varias veces, por lo que… ¡Ah!
Y, de nuevo, Naruto estuvo de cara contra el suelo mientras el puño de Sakura humeaba.
—Naruto-kun —dijo Hinata, negando varias veces con la cabeza.
—Oh, te aseguro que Sarada le tiene miedo a su madre, por lo que esta Sakura le resulta un chiste —explicó Tsunade—. Es como si hubiera pasado de las ligas mayores a la de infantes.
— ¿Pero qué dice?—preguntó Sakura con cólera. No le gustó aquella metáfora.
—Ella está acostumbrada a su madre, a la Sakura dentro de quince años que es más madura, fuerte, y atemorizante que tú —todos se helaron ante la mera idea—. Igual pasa con todos ustedes. Ellos respetan y temen a sus padres, pero ustedes son compañeros de juego.
Dejaron que aquella explicación surtiera efecto. Era verdad. Los niños no les tenían ninguna clase de respeto ya que no los veían como personas superiores, para ellos sus padres de esa época no tenían ninguna autoridad y era por eso que estaban comportándose y haciendo lo que nunca podían hacer en su tiempo.
Choji fue el primero en hablar:
—Así que… ¿debemos hacer que nos respeten?
— ¡No me interesa!—gritó la Hokage, haciendo que todos dieran un respingo—. ¡No me importa si los ven como sus padres, sus niñeros, sus mentores, un dolor en el trasero o incluso sus mejores amigos! ¡Sólo asegúrense de que no destruyan mi aldea!
Ellos asintieron.
— ¡Y manténgalos alejados de mi ventana!—finalizó a voz de grito.
— ¡Sí, Tsunade-sama!
Y desaparecieron lo más rápido que pudieron.
Tsunade se recargó con pesadez contra el respaldo de su silla, masajeando sus sienes con suavidad. No habían pasado más de unos cuantos segundos cuando la puerta de su oficina se abrió, dando paso a Shizune, quien la miraba con recelo. La Hokage suspiró, sabedora de que aquel día sería uno jodidamente largo.
— ¿Hiciste lo que te pedí?
—Sí —Shizune guardó silencio unos segundos—. He mandado a los ANBUS más rápidos.
Tsunade asintió, aprobando aquella decisión.
— ¡Suéltame!
Por segunda ocasión en lo que iba del día, los niños estaban siendo acarreados como si se trataran de criminales. Aunque, por lo menos, esta vez no habían sido atrapados por un simple vendedor de helados, sino que eran ANBUS enmascarados que, a juzgar por sus agarres tan apretados, les faltaba poco para desquiciarse y matarlos.
Se notaba a leguas que los chiquillos les habían dado guerra, sus ropas estaban sucias y uno inclusive estaba manchado de pintura, obra de Inojin.
—Eh, que si se trata de lo del helado, ya ha sido pagado —intentó razonar Chocho.
Ellos continuaron guardando un silencio sepulcral y se limitaron a escoltarlos en dirección a la torre del Hokage. A los niños no les sorprendió que los llevaran a la oficina principal y, apenas pusieron un pie en la habitación, los ANBU los arrojaron dentro como si su contacto quemara.
— ¡Pedazos de…!—soltó Boruto, poniéndose de pie como un resorte y remangándose la chaqueta para ir a golpearlos.
Los ANBU hicieron una rápida reverencia a la Hokage y, después de que esta les hiciera una seña, desaparecieron antes de que Boruto lograra alcanzarlos.
— ¡Sí, será mejor que huyan, malditos bas…!
Y, antes de que Boruto lograra concretar su grito de victoria, Sarada le dio un golpe en la cabeza para silenciarlo. Este gruñó pero, antes de que pudiera reclamarle, notó que había algo fuera de lugar.
Todos sus amigos ya se habían alineado delante del escritorio de la Hokage, quien los veía con una expresión tan seria como cuando los acusó de ser espías; tenía las manos entrelazadas delante de sus labios y parecía estar debatiéndose si mandarlos a fusilar. Boruto tragó saliva en seco y se apresuró a tomar lugar junto a Sarada.
—Así que…
La voz que utilizó Tsunade era severa, como si estuviera tratando con bandidos en lugar de simples niñatos.
— ¿Cuántos años tienen? ¿Cinco?—preguntó con curiosidad, perdiendo todo su semblante rígido en un segundo.
Esperaron unos segundos, pero al ver que la pregunta iba enserio una gota de sudor corrió por sus cabezas. ¿Cinco? ¿De verdad? Sabían que se veían pequeños, pero aquello era una exageración.
— ¡Claro que no!—respondió Boruto, inflando sus mejillas—. Tenemos… —justo cuando iba a terminar la oración, Sarada alzó una mano para detenerlo.
— ¿Por qué?—inquirió esta con suspicacia.
Tsunade no estaba acostumbrada a tratar con niños, no desde la muerte de su hermano por lo menos, por lo que había olvidado por completo lo mentirosos y manipuladores que podían ser para conseguir lo que quieren… y no vio el mal en explicarles como quien no quiere la cosa:
—Bueno, estaba pensando en mandarlos a hacer misiones si ya habían salido de la academia.
Y eso fue todo lo que se necesitó.
Todos seguían en la academia, por supuesto, eran muy pequeños para ascender siquiera a Genins, pero ahí estaba ella, ofreciéndoles una oportunidad de oro para saltearse todas aquellas horas de estudio y constantes evaluaciones e ir directamente por la acción.
Casi querían llorar de la felicidad… sin embargo, uno de ellos no entendió la oportunidad de oro que tenía en sus narices.
—Nope, seguimos en la academia —respondió Inojin con una gran sonrisa.
Todos se giraron a verlo y, si las miradas pudiesen matar, Inojin Yamanaka hubiera caído fusilado ahí mismo. Incluso Shikadai, quien era su mejor amigo y por lo general el más tranquilo del grupo, sintió el impulso de meterle un golpe.
¿Por qué? ¿Por qué tenía tan poca intuición?
—Muy bien —siguió la Hokage, ignorante de que iban a cometer un homicidio en su oficina—. Entonces me encargaré de meterlos…
—Inojin se refería… —tajó Sarada, logrando que todos la vieran con confusión— a que su equipo sigue en la academia.
Es decir, ya no había manera de salvarlos a ellos, pero Sarada no tenía intención de ir a la Academia incluso en otra jodida época sólo porque él era un tonto.
Boruto, por su parte, la miraba con los ojos abiertos de par en par, sin poder creerlo por completo. ¿Acaso…? ¿Acaso la gran Sarada Uchiha estaba… mintiendo?
—Mi equipo ascendió hace tiempo —continuó con tranquilidad.
¡Sarada Uchiha estaba mintiendo!
—Así es, ¡somos Jonin!—exageró Boruto con suficiencia y una gota volvió a correr por las cabezas de sus amigos.
Tsunade arqueó una ceja, sabedora que por más fuertes que fueran era imposible que estuvieran a ese nivel a tan temprana edad, el consejo nunca lo permitiría. Sarada suspiró, lamentándose que Boruto fuera tan estúpido, pero, si quería salirse con la suya, tendría que manejar la situación con inteligencia y no su Chidori, como quería.
—No somos Jonin —intercedió—, pero tampoco estamos en la academia —y, de nuevo, todos lucieron confundidos—. Comenzamos acompañar a mi padre en sus misiones de investigación, hasta que el Hokage nos permitió ir solos.
—Cómo un escuadrón de exploración —comprendió Tsunade, antes de hacerle un gesto para que continuara.
Shikadai sonrió torcidamente. Dirían muchas cosas de los Uchiha, pero en definitiva eran inteligentes y, cuando se lo proponían, tenían una labia impresionante. Era claro que la Hokage había mordido el anzuelo.
Y Boruto también notó que su compañera no necesitaba ayuda, por lo que optó por guardar silencio.
—Hai. Entiendo si aquí no podemos ir a otras aldeas o cosas parecidas, pero puede confiar en nosotros para misiones verdaderas Hokage-sama —aseguró Sarada, y esta vez no mentía. Ellos estaban listos para misiones.
— ¡Somos parte del clan Uzumaki y Uchiha! —finalizó Boruto, esbozando aquella sonrisa zorruna característica de su padre.
Tsunade los observó unos segundos. No necesitaba ser Sannin para saber que esos dos eran, en definitiva, los más poderosos.
Primero estaba Boruto, quien debía tener una porción del chakra del zorro de nueve colas a juzgar por los dos bigotes dibujados en sus mejillas. Al ser parte del clan Uzumaki y Hyuga, asumía que era un gran ninja sensor… sin mencionar sus técnicas, dominar el Rasengan a esa edad –y sin necesidad de un clon de sombra como Naruto- era ya en sí un gran logro, por lo que no quería ni imaginar que otros jutsus tenía bajo la manga.
Y luego estaba Sarada… hija de dos de los ninjas más poderosos de la historia, la primera Uchiha desde la masacre. Sólo había visto que era rápida, endemoniadamente rápida, y que tenía el jodido sharingan a pesar de su edad. Tsunade no sabía si podía hacer el Chidori, o si tenía la fuerza bruta de Sakura, o quizá ambas… de lo que estaba segura, era que la chica era igual o más peligrosa que Boruto.
Se quedó en silencio unos segundos, observándolos, haciendo que los chicos se tensaran. Entonces Tsunade asintió con suavidad.
—Están dentro.
Boruto por poco da un brinco de la felicidad, pero logró mantener un exterior calmado. Estaban dentro. ¡Estaban dentro! ¡Podrían hacer misiones!
—Pueden retirarse.
Antes de que pudiera reconsiderar, los niños desaparecieron de la oficina. Una vez fuera Boruto no pudo evitar dar un brinco de la felicidad.
— ¡Eso es! ¡Haremos misiones! ¡Misiones!
—Hmph —soltó Sarada, pero también tenía el amago de una sonrisa bailando en los labios.
—Eso no es gusto —se quejó Chocho, comiendo sus frituras con agresividad—. Yo no podre por culpa de este imbécil —acusó en dirección a Inojin.
—Déjame en paz, gordinflona.
A partir de ahí comenzaron a pelear, sin embargo su compañero de equipo no se molestó en intervenir esta vez.
Shikadai tenía la mirada fija sobre Boruto y Sarada, quienes iban caminando unos pasos más adelante. Sentía envidia, sí, pero también estaba consciente que él y su equipo, a pesar de superarlos en cantidad, no podrían llegarles a los talones.
Sarada y Boruto tenían una especie de sincronía, como si supieran a la perfección lo que el otro pensaba y reaccionaran en consecuencia. Ni siquiera era parecido a la formación Ino-Shika-Cho, esta era más… natural.
Sonrió. Quizá estar en esta época no sería tan problemático.
—Ne, estoy aburrido —se quejó Boruto.
Él, Shikadai e Inojin estaban sentados sobre los postes para pelear, a la mitad del campo de entrenamiento, mientras que las niñas estaban sentadas en el césped, lanzando piedras al lago.
— ¿Quieres ir a pintar algo en los rostros del Hokage?—ofreció Inojin.
—No tenemos pintura —rebatió.
— ¿Ir a molestar a Lee-sensei?—ofreció Shikadai.
—Ya lo hicimos.
— ¿Recolectar flores?—él sólo negó con la cabeza y Himawari hizo un puchero.
— ¿Comer?—sugirió Chocho y una gota de sudor corrió por la cabeza de Boruto.
—Acabamos de comer.
— ¿Qué hay de una pelea?
Ante aquella propuesta de Sarada, Boruto por fin se mostró interesado. Bajó la vista, viéndola recargada tranquilamente contra el poste donde él estaba.
— ¿Es un reto?—preguntó, sus rubias cejas fruncidas.
Sarada alzó la cabeza para verlo y le sonrió con altivez.
—Hn.
Boruto, que se sabía de cabo a rabo los gruñidos de Sarada por lo que estaba seguro que aquel significa un "sí", se bajó de un salto de su posición, quedando frente a ella. Alzó una mano en su dirección y le hizo una seña para que se acercase, y Sarada, lejos de cohibirse, se puso de pie con aquella sonrisa aun bailando en sus labios.
— ¡Yo seré el juez!—saltó Inojin, alzando su puño.
—Sólo alguien con la capacidad de detener el encuentro puede ser el juez —intervino Shikadai antes de hacer una mueca burlona—. ¿Y qué mejor que un usuario del jutsu de posesión de sombras?
Inojin hizo un puchero y se cruzó de brazos. Shikadai siempre utilizaba aquella carta… y ganaba.
Se apresuraron a quitar a Himawari del camino y dejaron a Chocho seguir comiendo sus frituras en el piso, al fin y al cabo, si la llegaban a golpear su grasa la protegería.
—El premio de esta tarde será… —Shikadai vio a todos lados, intentando encontrar algo—. ¡Los calentadores de Gai y Lee-sensei! —sentenció, levantándolos en el aire.
A Sarada y a Boruto no parecía importarles en lo absoluto aquello, era como si sólo quisieran pelear por el mero placer de existir… eso, y a la rivalidad que habían tenido desde el primer segundo que se conocieron.
—Saben las reglas. Ninguna técnica mortal, nada de aparatos electrónicos y no pueden salir del perímetro del campo —enumeró Shikadai y alzó su mano como barrera entre Boruto y Sarada—. Uno… dos… ¡comiencen!
El niño se apresuró a volver con Inojin.
— ¡Jutsu clones de sombra!—invocó Boruto rápidamente.
Al instante aparecieron diez Borutos rodeando a Sarada, todos ellos con esa sonrisa zorruna. Ella despertó el sharingan, viendo a su alrededor y tomando una pose de ataque.
— ¡Adelante!
Y, después de ese grito de guerra que vociferaron todos los clones al mismo tiempo, se abalanzaron sobre Sarada. El Boruto real se quedó rezagado, cruzando los brazos mientras veía cómo su amiga era sepultada entre sus clones.
Sin embargo apenas notó que todos estos desaparecían tras una nube de humo y Sarada aparecía en su campo de visión nuevamente, su sonrisa se desvaneció. Sarada tenía un chakra azul rodeándola, el cual se movía en todas direcciones como si se trataran de pequeños rayos y un sonido chirriante embargaba el ambiente.
Tsk. Jodido Chidori Nagashi.
—No deberías descuidarte, dobe.
"¿Cuándo ha hecho un clon de sombras?" se preguntó Boruto con la carne de gallina al escuchar la voz de la niña viniendo de sus espaldas. Se giró con rapidez por mero reflejo, siendo recibido con un golpe en la mejilla que lo mandó disparado hacia un lado.
— ¡Eso es, Sarada!—la felicitó Shikadai al tiempo que el clon de esta desaparecía—. Me debes cinco dólares —le dijo a Inojin y este bufó.
—Aún no se acaba —se limitó a responder, señalando al frente.
Fue cuestión de segundos para que el cuerpo de Boruto se convirtiera en un pedazo de tronco, dejando en claro que había sido capaz de hacer un jutsu de sustitución antes de que Sarada acertara el golpe. El Boruto real apareció de entre los arbustos, corriendo para atacar a Sarada.
Ella no era muy buena defendiéndose con los kunai, después de todo estaba acostumbrada a su espada, pero el sharingan le permitía seguir los movimientos de Boruto a la perfección, creando un sonido metálico cada vez que sus armas se encontraban.
— ¡Te tengo!—gritó Boruto con emoción al notar que Sarada finalmente se había descuidado.
El puño derecho de Boruto se dirigió hacia arriba con fuerza… sin embargo, unos centímetros antes de que impactara la barbilla de Sarada, esta le sonrió con altivez, como si él hubiera caído en su trampa. Boruto abrió los ojos con desmesura, sabedor que aquello era malo, pero ya era muy tarde detenerse.
Sarada saltó, esquivando el golpe de Boruto por meros milímetros, e hizo voltereta hacia atrás. Cuando sus pies estuvieron a la altura correcta, pateó con fuerza a Boruto en el mentón, apoyándose con sus manos contra el suelo para reafirmar el golpe, y este salió disparado hacia arriba, soltando un leve grito de dolor.
En el aire, Sarada se colocó justo debajo de Boruto.
"Está haciendo la sombra de hoja danzante" notó Boruto, maldiciendo. Estaba jodido.
Sabía lo que venía a continuación, Sarada le daría una serie de golpes para conducirlo al suelo y lo remataría con una brutal patada justo a unos centímetros antes de llegar al piso… y Boruto no podía hacer nada, después de todo, la Ráfaga de leones era infalible.
Pero eso nunca llegó ya que, de un momento a otro, Sarada desapareció y, después de unos segundos donde él no cabía en su impresión, Boruto cayó contra el suelo.
— ¿Pero qué carajos te pasa?—dijo a voz de grito, incorporándose lo más rápido que pudo con el rostro incendiado—. ¿¡Por qué no me has golpeado!?
Sarada lo ignoró olímpicamente.
Sarada estaba dándole la espalda, caminando hacia donde estaban sus demás amigos con las manos dentro de sus bolsillos. Inojin lucía molesto y le entregó un par de billetes a Shikadai, quien aplaudía a Sarada. Había sido dinero muy fácil.
— ¡Te estoy hablando, teme!
Sarada finalmente se dignó a detenerse y giró su cabeza lo suficiente como para que Boruto sólo viera la mitad de su rostro.
—No quería que te lastimaras… —hizo una pausa donde sonrió burlonamente— debilucho.
— ¿CÓMO ME HAS LLAMADO?
El grito de Bolt resonó por todos los lugares de la nación del fuego, incluso creando un eco que se repitió varias veces, sin embargo a Sarada no pudo importarle menos y siguió con su camino.
Boruto apretó la mandíbula e, inconscientemente, comenzó desprender energía debido a su ira. Al sentir la irradiación de chakra, Sarada se giró a verlo con interés.
—No seas imbécil, Boruto —reprendió Shikadai, notando que la cosa se estaba poniendo sería—. Acepta tu derrota.
—Las reglas dicen que la batalla acaba hasta que uno de los concursantes quede indispuesto —dijo tercamente Boruto—. Bueno, yo aún estoy jodidamente dispuesto, ¿qué tal tú, Sarada-chan?
Ella entrecerró la mirada peligrosamente ante el mote.
—Hmph.
Y, tomando aquello como una invitación, Boruto se abalanzó sobre ella rápidamente. Sarada parecía molesta, ya que no se quedó esperando a que él llegara y también corrió en su encuentro. Esta vez no tendría compasión de él.
Justo cuando sus puños iban a colisionar contra el rostro del otro, algo los tomó de la muñeca y los cambió de dirección.
Sus respectivos padres los habían detenido, apareciendo de la nada.
— ¿Qué haces, viejo?—preguntó Boruto, intentando librarse—. ¡Suéltame!
Naruto sólo lo levantó en el aire del brazo como respuesta.
Sasuke veía a Sarada con curiosidad, como si tuviera miles de preguntas qué hacerle. Aquello confundió a la niña unos segundos, después de todo ni siquiera en el futuro su padre era fácil de leer. Recordó que había usado una variación del Chidori que él le había enseñado, y seguramente ya llevaban vario rato escondidos mirando su batalla, por lo que lo había visto. Debía preguntarse qué otras técnicas sabía.
— ¿¡Se puede saber qué les ocurre!?
El grito de Sakura hizo que Sasuke y Naruto los soltaran rápidamente, como si no quisieran siquiera estar cerca de ellos por si esta arremetía contra los niños.
Hinata se acercó a Boruto, preocupada debido a que la mejilla de este comenzaba a inflamarse por el golpe. Él se alejó de su madre como si su contacto quemase, creyendo que ya había tenido suficiente humillación por un día, sus ojos azules todavía viendo a Sarada con molestia.
—Entrenando —respondió esta secamente al ver que Sakura esperaba una respuesta.
— ¡Eso no fue un entrenamiento!—rebatió con el entrecejo fruncido—. Se estaban haciendo daño de verdad.
—Yo no creo que Sarada haya salido lastimada —notó Inojin con inocencia.
La mencionada sonrió con altivez y el rostro de Boruto se tornó rojo carmín.
—Sabes que te acabaría con el Rasengan, teme —siseó Boruto.
—Hmph. ¿Por qué no lo intentas, dobe?
En ese momento ambos niños estaban a escasos centímetros uno del otro, mirándose con tanto odio que casi echaban chispas, a punto de reventar nuevamente. Sus respectivos padres se apresuraron a retenerlos, Naruto tomando a Bolt de su chaqueta y levantándolo en el aire mientras Sasuke cargó a su hija sobre su hombro como costal.
— ¡Suéltame!—gritaron ambos, comenzando a patalear y pegar puñetazos.
Sasuke y Naruto tuvieron un leve tic en el ojo, pero no aflojaron su agarre y comenzaron a caminar en direcciones opuestas sin decir nada más, mientras los demás los observaban con una gota de sudor corriendo por sus cabezas. Vaya que aquello traía recuerdos.
—Supongo que esto es todo por hoy —finalizó Sakura, comenzando a caminar en dirección a… ¿su familia?—. Nos vemos mañana.
Y Shikadai se preguntó cómo mierda pudo haber pensado que Boruto Uzumaki y Sarada Uchiha estaban listos para hacer misiones por su cuenta.
Pero, bah, a fin de cuentas sólo eran mentiras blancas... ¿cierto?
